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-“Mi sucesora tendría que ser varias”.

Y era así porque fue actriz de teatro serio, de teatro musical y de revista, actriz  de cine, recitadora, cantante de todos los géneros, cuplé, zarzuela, canción española, romance, jota, sevillana, tuna, canción hispanoamericana, canción francesa, canción tradicional, chotis, tango, samba,  pasodoble, bolero y todo lo que le echaran. Y todo lo hacía mejor que bien.

Los niños de la calle se le subían a la espalda, agarraban sus trenzas y le decían: “¡Arre, macho!”

Es sabido que ella se llamaba Natividad Macho Álvarez, lo que, como era frecuente en la época, le reportaba abundantes befas y cachondeo. La pobre solía preguntar a su padre si no se podían cambiar el nombre. Pero estaba  orgulloso de estar emparentado con el escultor Victorio Macho, primo hermano de su padre, el abuelo de Nati.

Otra gracieta con la que le obsequiaban, ya de adulta:

-¿Cómo se llama usted?

-Macho

-“M’a hecho gracia”.

Debutó como bailarina.

Con nueve años y en un programa que conducía Boby Deglané. Toda ella era una mujer espectáculo que para todo valía. También para el ballet y para las sevillanas, que bailó  en otras actuaciones.

Novia formal de Tony Leblanc

Se conocieron como actores en el film Currito de la Cruz y hubo flechazo. Al terminar el rodaje ya eran novios y decidieron formar compañía. Ella en el canto y él en el humor. Hicieron una gira por España y les fue regular. En Madrid, decidieron montar un espectáculo “¡Viva el folklore!”, que tampoco maravilló. Luego vino una temporada en que ambos apenas lograban trabajar. Era un noviazgo blanco, de pasear cogidos de la mano y poco más. Ambos seguían viviendo con sus familias, ella en la Ronda de Segovia y él, en el Museo del Prado, donde su padre oficiaba de conserje, aunque Tony se compró una Harley Davidson de 750 c.c. y le gustaba también impresionar con su “paquete”. A pesar de que se gustaban y ya habían hablado de boda, el mucho temperamento de ambos y los continuos enfados les hicieron comprender que era mejor dejarlo de lado. Ninguno habló mal del otro sino que siempre se admiraron.

El 13 era su número.

Nació un 13 de diciembre en la madrileña calle del Águila. Se le bautizó a los 13 días en la iglesia de la Paloma y ganó a los 13 años el concurso de fados “Roupa branca” en Radio Madrid, que la dio a conocer. Se casó el 13 de abril de 1959 con Joaquín Vila Puig

 “Sólo Gardel ha permanecido”.

Sabía que en su profesión no existía la memoria y había que ganarse día a día la fama, que desaparecía en cuanto faltabas una temporada de los escenarios. “El que en esta profesión se duela de que lo olviden está perdido. Tenemos que acostumbrarnos a eso. Yo creo que el único que ha permanecido por encima de muertes y catástrofes es Carlos Gardel”.

Yo le dí la noticia de que le habían concedido el Premio Nacional de Teatro.

En octubre de 1998, estaba invitado a impartir una ponencia en el Festival Hispanoamericano de Teatro, que se celebra todos los años en Cádiz. Por la mañana, al despertarme escuché en la radio que le habían otorgado el galardón y, como tenía previsto –algo tarde, en aquella época trasnochaba- acudí a una mesa redonda en la que ella participaba. Al finalizar, me acerqué a la mesa –ella estaba en un extremo- y la felicité. No sabía nada. Como era tan natural, no disimuló nada su euforia. Se puso contentísima y me dio dos besazos. Uno en cada carrillo, de esos apretados de tía abuela de las de antes. El contentor no era sólo por colmar la inevitable –y en este caso merecida- vanidad del artista sino porque al premio lo acompañaban cinco milloncejos de pesetas de las de antes.

“Me gusta mucho más Putin que Robert Redford”.

En efecto, discrepaba de los blanditos ídolos de galería, que enseñan dentadura. “Putin sabe lo que quiere, como conseguirlo y nada de reír, sino sonreír y de lado”. Por eso le gustaba.

El chiste que le contó a Franco.

Franco visita un pueblo y el alcalde, vestido de gala junto a toda la corporación, lo recibe servil y oficioso, y despliega toda la retórica que trae preparada:

-Don Claudio, para Rasilla del Monte es un honor y un orgullo que su Excelencia se acerque a recibir nuestro homenaje. Nunca olvidará el pueblo esta fecha señera.

-Gracias, alcalde.

-Don Claudio, todos los convecinos están con su Excelencia que nos ha traído, el regadío, el orden y la justicia social…

-Agradecido, alcalde.

-Don Claudio, el pueblo ya le ha dedicado la Plaza Mayor pero ahora estaría muy honrado si aceptara que su nombre figurara en las escuelas como reconocimiento al desarrollo educativo y cultural que el fiel seguimiento de los principios del Movimiento ha deparado.

-De acuerdo, alcalde, pero ¿por qué me llama usted don Claudio?

-Su Excelencia, es que llamarle Claudillo me parecía una falta de respeto.

Fue la actriz española que en más ocasiones representó a Valle-Inclán y García Lorca durante el franquismo.

Lo hizo en 1961 en la pionera versión de José Tamayo, representando el papel protagonista de Mari Gaila. Fue la primera gran producción teatral de Valle-Inclán, que se llevó al escenario durante la Dictadura. A la pregunta de un entrevistador “¿A quién le gustaría defender en el Juicio Universal?, Nati contestó que al autor gallego.

A García Lorca lo representó en España y América, donde realizó gran parte de su carrera. Al menos llevó a los escenarios La zapatera prodigiosa, Bodas de sangre, Yerma La casa de Bernarda Alba, personaje este último que –afirmaba- era el que más le gustaba interpretar.

BIBLIOGRAFÍA

-BLAS VEGA, José, La canción española (De La Caramba a Isabel Pantoja), Madrid, Taller El Búcaro, 1996.

-CORTÉS-CAVANILLAS, Julián, Psicoanálisis. Diálogos con figuras famosas, Madrid, Prensa Española, 1967.

-ESPÍN, Miguel y Romualdo MOLINA, Quiroga, un genio sevillano. Aniversario del centenario (1899-1999), Madrid, Sociedad General de Autores Españoles-Fundación Autor, 1999, p. 174.

HERRERA, Carlos, “Historias de la copla. Nati Mistral”, El País Semanal, 2-V-1993.

-LEBLANC, Tony, Esta es mi vida (4ª ed.), Madrid, Temas de Hoy, 1999.

-MOIX, Terenci, Suspiros de España. La copla y el cine de nuestro recuerdo, Barcelona, Plaza & Janés, 1993.

-PINEDA NOVO, Daniel, Las folklóricas y el cine, Huelva, Festival de Cine Iberoamericano, 1991.

-RÍO, Ángel del, Libro del casticismo madrileño (2ª ed.), Madrid, Ediciones La Librería, 2000.

-ROMÁN, Manuel, Memoria de la copla. La canción española de Conchita Piquer a Isabel Pantoja, Madrid, Alianza, 1993.

-, Canciones de nuestra vida. De Antonio Machín a Julio Iglesias, Madrid, Alianza, 1994.

-, Los Cómicos, 6. Pioneros de la televisión. Vampiresas y estrellas de los 60, Barcelona, Royal Books, 1996, pp. 41-45.

, La copla, Madrid, Acento, 2000.

-SENDÍN GALIANA, Alfredo, Radiografías poéticas de la Peña Teatral Chicote, Madrid, Autor, 1971.

-VÁZQUEZ DE SOLA,  Nati Mistral, Madrid, Ídolos del cine, 1959.

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Publicado en Aragón Digital, 2-3 de agosto de 2017.

He buscado y no he visto por ningún sitio el dato de que Helena d’Algy haya fallecido. Vivía en 2012, con 106 años, por lo que, nacida en junio de 1906, “el año de la boda del rey”, ahora tendría 111 años. Sería, creo, no sólo el récord entre actrices, sino entre cualquier tipo de artista.

A pesar de que casi todas las fuentes la dan como portuguesa nacida en Lisboa, es española y vino al mundo en la calle Mayor madrileña. Eso sí, hija de un ingeniero portugués, que construyó los ferrocarriles de Angola y una española que quiso ser cantante de ópera. Antonia Guedes Infante fue el verdadero nombre de la futura actriz y, fallecido su padre cuando ella contaba catorce años e instada por su madre, que quiso reiniciar su carrera de cantante, tomó el sobrenombre de su hermano mayor, el también famoso actor Tony d’Algy, latin lover en el Hollywood de los años veinte.

Helena, atraída por el baile, comenzó a tomar clases de danza. En dicha disciplina dio sus primeros pasos teatrales. Acompañada de su madre, marchó a Brasil, con la compañía de Esperanza Iris y, pronto, ayudada por su hermano mayor, Tony d’Algy (Luanda, Angola, 1896), de quien tomó el seudónimo y que había emigrado como actor a América, fue contratada por la Compañía Ziegfield Follies de Nueva York, la que dio vuelo a las revistas musicales de Broadway. Las buenas trazas de Helena dieron paso a que en 1924 el experimentado director, Stuart Blackton, le ofreciese un significativo papel en el film Let No Man Put Asunder, basado en la novela homónima de Basil King y enseguida fue contratada por la Fox para hacer el papel de la Condesa Ferrari en Lend me Your Husband.

 

 

 

 

 

Helena d’Algy no fue una más. En 1924 acompañó a Rodolfo Valentino en el protagonismo de El diablo santificado. En esta película, titulada en inglés A Sainted Devil, baila un tango con el divo, como tres años antes lo habían hecho Beatrice Domínguez y Alice Terry en Los cuatro jinetes del Apocalipsis. También aparece su hermano, por el que, al parecer, Valentino sentía alguna atracción.

Helena trabajó después con directores tan importantes en la historia del cine como Josef Von Stenberg, Franz Borzage, Víctor Sjöstrom, Alan Crosland o John Reinhardt. Con Crosland, participó en el rodaje de Don Juan (1926), al que, por cierto, asesina en este film, el primero de la historia que incorpora algunos efectos sonoros.

Entre 1925 y 1926 rodó diez filmes en Hollywood. En 1931 trabajó con Florián Rey en Lo mejor es reír y, por si fuera poco, en la última de sus películas –ya en el cine sonoro- Helena d’Algy da la réplica a Carlos Gardel en Melodía de arrabal (1933). Ella es a quien, acodado en una mesa, le canta el famoso tango homónimo. Ahí es nada: en diez años de vida cinematográfica, rodar más de veinte películas, empezar con Valentino y terminar con Gardel , ya que, con 27 años, Helena-Antonia compra un piso en Madrid junto a su madre y no vuelve a aparecer en el cine español, cosa que si hizo su hermano Tony, fallecido en 1977, hasta fines de los años cuarenta.

La última vez que pudo verse a Helena d’Algy fue en 1991, cuando se proyectaron en TVE los capítulos de un extraordinario programa, Imágenes perdidas. En el titulado “Estrellas apagadas”, ella aparecía elegantísima y sin darse importancia, hablando de que su película con la estrella italo-americana no había tenido ningún éxito.

Es más que probable que Helena d’Algy haya muerto y es más que triste que nadie  nos diera cuenta de su fallecimiento ni haya rescatado su figura.

BIBLIOGRAFÍA

AGUILAR, Ana, Mujeres de cine. Ecos de Hollywood en España, 1914-1936, Madrid, Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, 2015, pp. 180-181.

ARMERO, Álvaro, Una aventura americana. Españoles en Hollywood, Madríd, Compañía Literaria, 1995.

BALLESTEROS GARCÍA, Rosa María, Con nombre extranjero. Bio-filmografías de actrices en el cine español (1916-1950), 172-173.

GARCÍA DE DUEÑAS, Jesús, ¡Nos vamos a Hollywood! (Abecedario de una frustración), Madrid, Nickel Odeón, 1993.

GONZÁLEZ LÓPEZ, Palmira y Joaquín T. CÁNOVAS BELCHI, Catálogo del cine español. Películas de ficción 1921-1930, Ministerio de Cultura-Filmoteca Española, 1993.

 

FILMOGRAFÍA

Let No Man Put Asunder (Stuart Blackton, 1924)

Lend me Your Husband (Christy Cabanne, 1924)

 It is the Law (J. Gordon Evans, 1924)

A Sainted Devil-El diablo santificado (Joseph Henabery,1924)

Pretty Ladies–El jazz-band del Follies (Monta Bell, 1925)

The fool (Harry F. Millarde, 1925)

La evasión (Josef Von Stenberg,

Daddy’s Gone A-Hunting (Franz Borzage, 1925)

Confessions of queen – (Víctor Sjöstrom, 1925)

Don Juan (Alan Crosland, 1926)

Siberia (Víctor Schetzinger, 1926)

The cowboy and the Countess –  El vaquero y la condesa (Roy William Neill, 1926)

Dominique sister -La elegante pecadora (Josef Von Stenberg-Phil Rossen, 1926)

The silver treassure  (El tesoro de hidalgos,  (Tony d’Algy,1927)

 

Doña Mentiras (Adelqui Millar, 1930)

Un hombre de suerte (Benito Perojo, 1930)

Lo mejor es reír (Florián Rey, 1931)

Marions-nous (Louis Mercanton, 1931)

El hombre que asesinó -versión hispana de Stambul-  (Dimitri Buchowetzki 1931)

Entre noche y día (Albert de Courville, 1932)

Melodía de arrabal (John Reindhart, 1933)

 

 

Rodrigo,  Raquel –Raquel Rodríguez López- La Habana, 11.III.1913-Madrid, 17.III.2004. Cantante y actriz.

Rodrigo, Raquel 2

 Nacida en Cuba, donde su padre había ido a trabajar, hay dudas sobre su fecha de nacimiento que diversos autores sitúan entre 1911 y 1915. A los cinco años su familia regresa a España y Raquel estudia en el Instituto Escuela de Madrid y aprende canto, baile y declamación en el Conservatorio. Aunque comienza a estudiar Medicina, su debut en la comedia musical en 1931 y su inmediata entrada en el cine, de la mano de José Buchs, la conduce hacia los platós y se convierte en una de las grandes estrellas del cine español de la época.

Rodrigo, Raquel 2005Como Imperio Argentina y Estrellita Castro rodó en la Alemania nazi, en su caso, El barbero de Sevilla, bajo las órdenes de Benito Perojo. A partir del fin de la guerra, se inclina más hacia el teatro, aun sin dejar la interpretación cinematográfica y. en su versatilidad, actúa con mucho éxito éxito en la zarzuela y, sobre todo en la revista: Doña Mariquita de mi corazón, El hombre que las enloquece, buscando un millonario, Te espero en Eslava, Ven y ven al Eslava… A principios de los cincuenta emprende una gira por América, donde permanece varios años. En 1962 se casó con Manuel Iglesias Vega y abandonó el mundo del espectáculo, pero tras su separación, diez años más tarde, volvió al cine. Su última película fue Familia, la ópera prima de Fernando León, en 1996, año en que recibió la Medalla de Oro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas.

  Raquel Rodrigo fue una artista completa, dominó todos los registros del espectáculo y, además de cine y teatro, grabó con mucho gusto canciones de variadísimos géneros, hizo comedias musicales, zarzuelas, radio y televisión, adaptándose siempre a las características de la época a lo largo de su tan dilatada carrera artística.

Jueves Santo madrileño: https://www.youtube.com/watch?v=JJVBpAjbcCYRodrigo, Raquel1

El barbero de Sevilla: https://www.youtube.com/watch?v=j7wVRva-7Bg

Triniá: https://www.youtube.com/watch?v=n8ZTbBZD_bA

Herencia gitana: https://www.youtube.com/watch?v=XXNHVa8itoM

                                                                       BIBLIOGRAFÍA

BALLESTEROS GARCÍA, Rosa María, Con nombre extranjero. Bio-filmografías de actrices en el cine español (1916-1950),  Universidad de Málaga, 2014.

BARREIRO, Javier, Diccionario biográfico español, Madrid, Real Academia de la Historia,

GARCÍA CARRETERO, Ernesto, “Raquel Rodrigo. La zarzuela en el cine”,  La Zarzuela, 7, 2003.

SÁNCHEZ SALAS, D., “Raquel Rodrigo”, Memoria viva del cine español, Madrid, Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, 1998, pp. 355-368.

                                                                      FILMOGRAFÍA

J. BUCHS (dir.), Carceleras, 1932; Una morena y una rubia, 1933; Madre Alegría, 1935; El niño de las monjas, 1935; El rey que rabió, 1939; Para ti es el mundo, 1941;

R. HARLAN (dir.), Odio;

H. BEHRENDT (dir.), Doña Francisquita, 1934.Rodrigo, Raquel 1941

M. NOSSECK (dir.), Una semana de felicidad, 1934.

B. PEROJO (dir.), La verbena de La Paloma (1935); El barbero de Sevilla, 1938; F. DELGADO (dir.), Ir por lana, 1935.

E. FERNÁNDEZ ARDAVÍN (dir.), La reina mora, 1936.

F. REY (dir.), La nao capitana, 1946.

E. GÓMEZ (dir.), Extraño amanecer, 1947.

L. ESCOBAR (dir.), La canción de la Malibrán, 1951.

J. M. OCHOA (dir.), Júrame, 1961.

P. OLEA (dir.), No es bueno que el hombre esté solo, 1972; Bandera negra, 1986; Morirás en Chafarinas, 1994.

J. AGUIRRE (dir.), El mejor regalo, 1973.

M. MUR OTI (dir.), Morir, dormir, tal vez soñar, 1975.

V. ESCRIVÁ (dir.), Zorrita Martínez, 1975; La lozana andaluza,1976; Niñas, al salón,  1977.

R. ROMERO MARCHENT (dir.), Cazar un gato negro, 1976.

M. PICAZO (dir.), El hombre que supo amar, 1976.

T. AZNAR (dir.), Viva/Muera Don Juan, 1977.

A. SÁENZ DE  HEREDIA (dir.), Policía, 1987; Aquí huele a muerto (Pues yo no he sido), 1989. El robobo de la jojoya, 1991.

F. LEÓN, (dir.), Familia, 1996.

                                                            DISCOGRAFÍA

El barbero de Sevilla (ópera) Polydor 47142

Triniá-Herencia gitana, Columbia A4172

La verbena de la paloma (zarzuela): “Quinteto” Odeón SO5286pzr -“Mazurka” Odeón SO5287pzr -“Habanera y copncertante 1º”  Odeón SO5287pzr -“Concertante” Odeón SO5289pzr – “Soleares” Odeón SO5295 pzr – “En la reja”  Odeón SO5295pzr

Joy-Joy (revista): “Canción del pájaro” Odeón 102135pzr – “La primera carta del amor” Odeón 102161pzr

CD Doña Mariquita de mi corazón (opereta cómica) Blue Moon BMCD 7545.

Otras canciones grabadas por ella: Amada (blues-canción), Ángela María, Bien se ve (jota), Blonda castiza, Caricia de besos, Cortijera, Échale guindas al pavo, El día que nací yo, El lindo Ramón, Estanislao, Falsa monea, Jueves Santo madrileño (pasosoble), La Celestina, La segadora y el carretero (jota),  Las tocas  (revista): “Caperucita” y “La despedida del torero”, Limón, limonero, María Magdalena zambra-canción), Mulata, No me llores, Ojos negros (romanza rusa), Ojos verdes (zambra), Pena, penita, pena, Triniá.

Rodrigo, Raquel 3

Rosita Díaz Gimeno fue, junto a Imperio Argentina, una de las dos grandes actrices cinematográficas españolas del periodo de la II República[1]. Cuando falleció a finales de agosto de 1986, La Vanguardia tituló la noticia: “Muerte en el exilio de la más grande estrella del cine español antes de la guerra”. “La sonrisa de la República” llegó a llamársele y con ese epígrafe le dedicó un importante trabajo el estudioso Juan Antonio Ríos Carratalá en su libro El tiempo de la desmesura. Historias insólitas del cine y la Guerra Civil española (2010).

Rosita Díez-Cinegramas

Según los datos que habitualmente se habían publicado sobre ella, pertenecía a una acomodada familia madrileña, estudió en el Colegio del Sagrado Corazón  y su debut en las tablas surgió tras ganar un premio de recitación en el Real Conservatorio madrileño, donde estudiaba declamación[2]. Fue la prestigiosa compañía de Martínez Sierra y Catalina Bárcena la que acogió estos inicios teatrales y es cierto que la joven actriz cosechó casi siempre elogios de sus actuaciones. Después pasó a la de Díaz-Artigas, con la que hizo una larga gira por los países americanos. Junto a la citada Imperio Argentina, fue la primera actriz española en trabajar en las películas sonoras que la Paramount rodaba en los parisinos estudios de Joinville (1931). Aparte de sus directores extranjeros, rodó con los más importantes cineastas españoles, como Benito Perojo y Florián Rey. En 1934 interpretó el papel femenino en el tan taquillero film  La Dolorosa (Jean Grèmillon). Con ya diez películas en su haber, fue llamada por Hollywood, como primera estrella hispana de la Fox, para interpretar dos nuevas cintas, Angelina o el honor de un brigadier y Rosa de Francia.

Rosita Díez-Artistas de la Fox 1934-1

En suma, al advenimiento de la guerra civil, Rosita era una estrella que copaba las portadas de las revistas, era perseguida por los periodistas y admiradores y despertaba una gran simpatía por su carácter, a un tiempo despejado y risueño. Era también una mujer moderna, lectora y anticonvencional en sus aficiones y comportamientos. Es decir, una mujer de la República. Tal vez por ello, mantenía relaciones con Juan Negrín, Mijailov, hijo del que poco después sería sucesivamente ministro de Hacienda (septiembre 1936) y presidente del Gobierno (mayo 1937), Juan Negrín López. Rosita había dado a luz en 1926 un hijo de padre desconocido y había estado casada y divorciada con el actor teatral Paco Alagón, aunque de esta unión apenas hay noticias[3].

Al iniciarse la sublevación militar, Rosita se encontraba en Córdoba, rodando con el resto del equipo y Rosita_Francisco Fernández de Córdoba007bajo la dirección de Fernando Delgado, las últimas escenas de El genio alegre, basada en la obra de los Quintero y en la que ella hacía el papel estelar. El galán era Fernando Fernández de Córdoba, después famoso como voz oficial del régimen franquista, locutor del parte de la Victoria y habitual en el NO-DO. Éste, como miembro de Falange, se puso de parte de los sublevados, que se habían impuesto en la ciudad de la Mezquita y denunció como espía a Rosita por haber recibido una llamada de Madrid, seguramente de su novio, Juan Negrín. Fue detenida junto a otros miembros del equipo a los que se suponían simpatías izquierdistas. No sabemos exactamente qué ocurrió en los calabozos de Córdoba y Sevilla, famosos por los sádicos sanguinarios que hacían y deshacían bajo la supervisión de Queipo de Llano, con especial mención a Manuel Díaz Criado, militar famoso por sus dotes de torturador y asesino. Mucho de su dignidad debió dejar Rosita en esas espeluncas pero salió viva aunque siguió detenida durante unos meses. Tampoco sabemos los acuerdos o compromisos[4] a los que pudo llegar con las autoridades del bando faccioso. Lo cierto es que, tras publicarse noticias de su fusilamiento, fue liberada en mayo de 1937 y, desde El Havre, pudo embarcar para Hollywood y rodar allí La vida bohemia. Es muy posible que fuera canjeada por otros presos del campo republicano. Ríos Carratalá sugiere, sin afirmarlo, que Ramón Serrano Suñer pudo entrar en el apaño.

Muy poco antes de salir para el definitivo exilio, volvió a España para casarse con Juan Negrín (hijo), que acogió y dio su apellido al hijo de Rosita, que hasta entonces había vivido con sus abuelos y, desde ahora, llevaría el nombre de Francisco Negrín. El matrimonio fijó su residencia en Nueva York y viajó frecuentemente a Méjico, donde interpretó todavía tres películas: Pepita Jiménez (Emilio “Indio” Fernández, 1946), con Ricardo Montalbán como partenaire, El último amor de Goya (Jaime Salvador, 1946)  y El canto de la sirena (Norman Foster, 1948). Actuó también en el teatro, tanto en Broadway como en Méjico y desarrolló una importante labor de difusión de la cultura española. Rosita falleció en Nueva York, el 23 de agosto de 1986. A la sazón, el Ministerio de Cultura le  estaba preparando un homenaje con la proyección de sus viejas películas en la Semana Cinematográfica de Nueva York y se pretendía que después se estrenaran en las filmotecas españolas y Rosita regresara a su país para la ocasión. Esa España en la que a finales de 1939 se estrenó El genio alegre, con la consigna de eliminar de los títulos de crédito a los actores fieles a la República, como se puede certificar en las copias que se conservan.

Rosita Díez 1933Hasta aquí el resumen de la peripecia conocida de Rosita Díaz. Pero ¿las cosas fueron exactamente así? Como en tantas estrellas del cine y de la canción, hay zonas de sombra que habían hecho escribir a quien más páginas le había dedicado, el citado Ríos Carratalá: “…es evidente su intención de confundir con su fantasía un recuerdo desagradable. Lo hizo a menudo” (209). Por su parte, Carmen de Zulueta había escrito: “Contaba con aplomo cosas que poco tenían que ver con la realidad”. Y esas cosas venían de atrás pues en sus entrevistas de los años treinta, aporta habitualmente datos diferentes, sobre todo de su vida pasada pero también de la presente. Por no hablar de la ficción publicitaria, que ella contaba con la mayor de las convicciones y que se reprodujo insistentemente en la prensa de la época[5], sobre su expedición –sola y a caballo- por la Sierra de Ronda, en busca del último bandolero ¡en 1933! Todo para promocionar su film Sierra de Ronda.

Aunque sea muy normal en las profesiones artísticas, Rosita se quitaba años. 1911 es la fecha de su nacimiento oficial[6] pero ya varias notas biográficas la hacen nacer en 1908, fecha mucho más probable que la primera. Pero Carmen Negrín contó a Ríos Carratalá (201 n.) que la diferencia de edad con Negrín jr. era de diez años, “secreto que ella supo guardar”. Su marido, en un alarde de imaginación o desvergüenza, en otro texto citado por RC (226) dice que contaba 17 años en 1936. Seis menos que él[7], con lo que si hacemos caso a Carmen, sobrina de Negrín jr., éste la rejuvenece ¡15 años!

Generalmente, consta su nacimiento en Madrid un 13 ó 14 de septiembre pero varían los centros de educación. Por ejemplo, en una entrevista en Cinegramas, afirma haber estudiado con los hermanos Carmelitas de Bilbao. Tras esta curiosa ubicación, sostiene que, niña todavía, se colocó de taquimeca pero el jefe de la oficina pidió autorización al padre y éste, ignorante de sus propósitos, no le permitió trabajar. También, que estudió en el Conservatorio a las órdenes de Nieves Suárez[8] y quiso cursar la carrera de Medicina, que no pudo seguir por dificultades económicas. Todo absolutamente incoherente con las fechas de su carrera y la buena posición que, presuntamente, disfrutaba su familia. La Vanguardia (15-III-1936) nos proporciona también una biografía que comienza así: “María de la Cruz Rosario Rosa Díaz Gimeno Petter Manjón nació en Madrid un 14 de septiembre. Sus padres, andaluces. Su abuelo materno, alemán”. Materno, pero el apellido teutón figura en tercer lugar.

De momento, la primera mención de su nombre que he encontrado es de enero de 1924 en que se la cita Rosita Díaz Gimeno_Nuevo Mundo 1924. Primeras actuacionescomo una de las intérpretes de Sonatina, de Martínez Sierra en la Fiesta de la Prensa. En agosto aparece su foto en Nuevo Mundo que la presenta como “damita joven de la compañía de Catalina Bárcena” y aunque se la ve morena y muy jovencita, desde luego, ha superado los trece años. ¿Cuándo estudió, pues, Rosita? Si nació en 1911 y es cierto que se dedicó al teatro a causa del premio citado, las fechas no concuerdan, ni siquiera aceptando que su venida al mundo fuera en 1908. ¿Cuándo ejerció de taquimecanógrafa? ¿Mientras actuaba como actriz? Tampoco parece posible que tras las funciones nocturnas, se levantara temprano para ir a trabajar, aparte de participar en los ensayos y en las numerosas giras por provincias de la compañía. Con la de Martínez Sierra incluso llegó a estar en París y en 1930 viajó por América con la de Díaz-Artigas, donde permaneció hasta enero de 1931. Es por entonces que, ante la enfermedad de Santiago Artigas que la impide debutar en el Infanta Beatriz, acepta la oferta para rodar películas en español en los parisinos estudios de Joinville, adonde viaja acompañada de Imperio Argentina.

 

Todo lo que contó Rosita de su vida anterior hay que ponerlo en solfa. En 1937 su hermana Joaquina fue entrevistada, en la localidad turolense de Urrea de Gaén, por Juan M. Soler, corresponsal en el frente de Aragón de la publicación libertaria Mi revista[9]. La entrevista apareció el 15 de abril de 1937, fecha en la que Rosita debía de estar a punto de ser liberada. Esto es lo que el periodista escribe acerca de lo que le contó Joaquina.

 Rosita_MI revista Joaquina 1005

La hermana de Rosita Díaz

 LA PERSEGUIDA DEL FASCISMO vive feliz e ignorada en un pueblecito de la provincia de Teruel

En un lugar… de Aragón

Estábamos saboreando plácidamente un buen vaso de vino negro de Aragón en casa de Fernando, especie de café, taberna y casa de comidas de Urrea de Gaén, cuando alguien nos dijo:

-Aquí, en este pueblo, vive una hermana de Rosita Díaz

-Pero, ¿es posible? – preguntamos nosotros con el natural asombro.

-Y tan posible – añade nuestro interlocutor – que si sigue usted por esta calle arriba y da con el picaporte en la casa que hay al final de la cuesta junto a una hornacina hoy desmontada, a buen seguro que ella misma le abrirá la puerta.

Dejamos sobre la mesa de madera que el uso ha ennegrecido, el vaso, a medio beber, de vino, y salimos rápidos de la taberna, café y casa de comidas de Fernando, ascendiendo a grandes zancadas por la calle pina, hasta dar con la casa donde nos han dicho vive la hermana de la creadora de “Rosa de Francia”

Llamamos a la puerta y a poco se asoma a un balcón donde comienzan a florecer unos claveles rojos, una mujer joven, de facciones perfectas que nos recuerdan otras que hemos visto innúmeras veces proyectadas en la pantalla.

Hablemos de Valera Jimeno

Al pie del balconcete permanecemos unos momentos, fijos los ojos en aquella mujercita que nos han asegurado ser hermana de una de las más famosas artistas de cine españolas, y a seguido le preguntamos:

-¿Usted se llama…?Sin título-2

-Joaquina Jimeno Blasco – contesta rápido.

-Pero, ¿no es usted hermana de Rosita Díaz?

-Sí lo soy.-

-¿Y los apellidos?

-Mi hermana se llama Valera Jimeno Blasco, pero por lo visto se ha cambiado el nombre, porque a una artista no le cuadra mucho llamarse Valera… ¡digo yo!

Y Joaquina suelta el chorro de su risa, de la que nos contagiamos bien pronto.

Pocos momentos después, y acodados a la baranda del balcón donde emergen en desorden unas clavellinas, charlamos con Joaquina Jimeno y, como es muy natural, nuestra conversación gira alrededor de aquella Valera Jimeno convertida hoy en Rosita Díaz.

-¿Le escribe alguna carta su hermana? – preguntamos a Joaquina.-

¡Quiá!… Hace poco menos de quince años que nada sé de ella.

-¿Y cómo fue el meterse a artista? – seguimos preguntando.-¡Vaya usted a saber! – Y tras de una breve pausa añade -: Valera estaba sirviendo en una casa de la Puerta del Carmen, de Zaragoza, de donde somos las dos, cuando de la noche a la mañana, y próxima a contraer matrimonio, desapareció y nada supe de ella hasta que un buen día, en un cine de Híjar, daban la película “Su noche de bodas” y me di cuenta de que ante mis ojos tenía a mi hermana, que casi la había dado por muerta. ¡Figúrese usted que impresión recibiría yo entonces!

Sin título-1-¿Y era jovencita Valera cuando desapareció de Zaragoza?

-Pues no tendría más allá de diecinueve años.

-Cuéntenos cosas de Valera – rogamos a Joaquina.

-Poco le puedo contar, pues de mu pequeñina me separaron de mis padres.

… y  hablemos también de la hermana de Rosita Díaz

-Pues hablemos de usted.

-¡Ay! ¡qué poco tengo que hablar de mí!

-¿Vive usted feliz?

-Sí, aun cuando ahora me preocupa mucho la suerte que pueden haber corrido mi padre y mis tres hermanos. El primero está en Huesca y los chicos al estallar la guerra vivían en Zaragoza.

-Diga usted – nos dice una mujer que viste de luto y en cuyo rostro los años han dejado ya su imborrable huella – que yo la quiero talmente que si hija mía fuera.

-Es muy buena la señora María – arguye Joaquina.

-Es que la tengo a mi lado desde cuando apenas había cumplido once días y yo la he criado y yo he sido como una madre, pues la suya murió siendo ésta muy cría.

Hay unos momentos de silencio emotivo. Nos vamos enterneciendo todos un poco. Hasta Pilar Mur, la joven y muy gentil maestra de Urrea de Gaén, que vive en casa de la señora María con Joaquina, cierra sus ojos negros que deben fulgurar en la obscuridad de la noche como dos ascuas, para ocultar unos puntitos diamantinos.

Es preciso dar nuevo rumbo a la conversación y proponemos a Joaquina hacer unas fotos.

-¿Así, sin arreglarme un poco y con este vestido? – dice ella.

– Así así mismo, que se vea el contraste entre las dos hermanas.

Y Joaquina pasa ante el objetivo fotográfico sin que le permitamos cambie su vestido pueblerino a cuadros ni deslizar tan siquiera el peine por su cabello endrino.

JUAN M. SOLER

 

Rosita_MI revista Joaquina 2006

En resumen, según este reportaje, Rosita se llamaba Valera Jimeno Blasco y había nacido en Zaragoza de familia muy humilde compuesta por cinco hermanos, tres varones y dos hembras. La madre murió prematuramente y la hermana pequeña quedó a cargo de una familia de Urrea de Gaén, un pueblo turolense; el resto quedó en la capital aragonesa en condiciones precarias. Tan es así que Valera, la futura Rosita, muy joven, entró a servir en una casa muy cercana a la zaragozana Puerta del Carmen, de la que desapareció cuando tenía unos 19 años y estaba a punto de contraer matrimonio. Desde entonces Joaquina no ha vuelto a recibir otra noticia de su hermana, que la que tuvo al reconocerla en el film Rosa de Francia (1935), que se habría proyectado en el cercano pueblo de Híjar no mucho antes de esta interviú. Afirma también: “Hace poco menos de quince años que no sé nada de ella”. Como estamos en 1937, esas últimas noticias debieron producirse en torno a 1922-1923. Si Rosita contaba con 19 años en la fecha de su desaparición, su nacimiento debió de producirse alrededor de 1903-1904, lo que coincide con los diez años que, según Carmen Negrín, la actriz sacaba a su marido.

A partir de aquí se pierde su pista y caben todas las suposiciones pero no deja de ser extraño que una muchacha sin formación aparezca de pronto en una compañía teatral de corte más o menos intelectual y exquisito, como fueron los elencos dirigidos por Gregorio Martínez Sierra, el creador del llamado “Teatro del Arte”, por más que fuese su mujer, la riojana María Lejárraga quien le escribiese los textos y otros, los teóricos más conspicuos.

Es evidente que Rosita poseía, además de una gran simpatía, una gran inteligencia. Así lo constatan tanto sus entrevistadores, como quienes la conocieron y nos han dejado  testimonio. Y lo atestigua su carrera teatral y cinematográfica. Pero, aparte del misterio de su aparición en Madrid tras su experiencia como criada, en seguida sobreviene otro: el hijo habido en 1926, cuyo padre Rosita nunca desveló. Según su hermana, cuando la futura actriz marchó de Zaragoza tenía unos 19 años. No sabemos el año en que se produjo la huida pero, contando con que hubo de formarse para el teatro, en el que, como se dijo, hubo de debutar en enero de 1924 o incluso antes, hay que contar al menos dos o tres años para su formación. Si Rosita escapó de Zaragoza con 19 años, tendría que haber nacido en torno a 1902. En cuanto a su matrimonio con el actor Paco Alagón, sólo conozco una mención de  Rosita al mismo y es bastante estrafalaria: en una entrevista con el escritor Mario Arnold publicada en La Libertad (7-VI-1931) afirma:

Cuando estaba en Méjico, una noche mientras dormía, oí muchos gritos terribles que me hicieron levantarme sobresaltada. Quise salir al pasillo para ver qué ocurría y me fue imposible. Toda la casa estaba ardiendo; las llamas llegaban hasta mí amenazadoras; el humo me impedía respirar. Grité también: pedí auxilio; mis ropas se incendiaron y nadie acudía a salvarme; por la ventana de mi cuarto era imposible arrojarse porque estaba a gran altura. No me quedaba más remedio que resignarme a perecer en el fuego. La puerta de la escalera estaba cerrada y sin llave. Me desmayé. Cuando recobré el conocimiento me hallaba en un hospital con los brazos y las piernas llenos de quemaduras. Alguien me había salvado. No sabía quién. Pregunté a todo el mundo y, por fin un día, junto a mi cabecera, conocí al héroe. Llena de gratitud me casé con él a los dos meses. Era también actor de mi compañía.

Rocambolesca y folletinesca historia, difícil de creer. Ni siquiera da el nombre del actor, del que no sabemos cuándo y por qué se divorció Rosita para entrar en relaciones con Negrín hijo o, tal vez porque ya las tuviera con  Negrín padre. Por cierto, que en esta misma entrevista dice ¡estudiar medicina!  Curiosamente, la profesión de los Negrín, aunque su futuro esposo contase a la sazón con apenas 17 años.

Rosita con Negrín Barcelona 1980Se ha especulado con que el hijo fuera realmente de Negrín padre, lo que se compagina con sus propensiones de mujeriego y vividor, pero parece demasiado novelero, aparte de que él nunca simpatizó con la actriz, probablemente porque conocía asuntos de su pasado que su hijo prefería ignorar[10]. Incluso éste no pudo darle el apellido hasta 1956, año en que el político transitó. Por su parte, el hijo de Rosita quedó en 1936 con los padres de ella (?) cuando marchó a rodar El genio alegre. Tras la boda, en 1939 embarcó con la pareja rumbo a las Américas.

Curiosa resulta también la actitud del esposo respecto a los amores de Rosita. Aparte del desconocido padre de su hijo y del matrimonio con Paco Alagón, la actriz sostuvo un romance con Julio Peña, su partenaire en Rosa de Francia, con escapada incluida a la Costa Azul, bien publicitado por la prensa de su tiempo.

Otro episodio interesante de la vida de Rosita es su amistad con Buñuel, al que pudo conocer en la época de Filmófono, incluso antes[11]. Sin embargo, la relación más intensa se dio durante el exilio neoyorquino de ambos en las que las parejas Luis Buñuel-Jeanne Rucar, Juan Negrín-Rosita entablaron amistad íntima y los segundos ayudaron a los primeros en una época en la que los Buñuel sufrían dificultades económicas. Hace unos años Javier Herrera, bibliotecario de la Filmoteca Española, rescató unas películas filmadas con tomavistas en las que aparecían las parejas con los niños Rafael y Juan Luis, hijos del aragonés. Del primero, Rosita fue la madrina en su bautizo.

Buñuel. que reconoció en carta a Max Aub haber estado enamorado de Rosita, escribía al escritor: : “En Nueva York,  Jeanne  vivía bastante lejos, quiero decir, vivíamos bastante lejos, y se ocupaba de los niños. Teníamos poco dinero. Yo trabajaba en el Museo (MOMA) y me enamoré de R (…) Hoy me alegro de que no pasara nada. Para mí, la mujer de un amigo es sagrada”. Sin embargo Aub recuerda que José Luis Sert los vio apretujados y besándose en el andén del metro de Long Island.

La prueba de que el marido de Rosita cerró los ojos ante su pasado es que, pese a que cedió el importantísimo fondo documental de su padre al Estado español, tras la muerte de la actriz,  destruyó todos recuerdos y documentos que guardaba su esposa. Quizá nuevos testimonios investigaciones y documentos, como el aquí reproducido, contribuyan a proporcionar una perspectiva más ajustada a la realidad de una vida tan apasionante y tan conectada con el devenir histórico del siglo XX español, como la de Rosita Díaz Gimeno.

 

EPÍLOGO

Cuando hace tres o cuatro años encontré el reportaje en Mi revista, traté de documentarme y pedí revisar los datos del registro civil zaragozano entre 1902 y 1908. Se trataba de lograr la partida de nacimiento de alguien llamada Valera Jimeno (o Gimeno, dada la vacilante grafía de dicho apellido) Blasco entre estas fechas. No fue nada fácil conseguirlo[12] pero, al final, apareció.

Rosita_Partida de nacimiento

Efectivamente, existía una persona llamada Valera Gimeno Blasco nacida el 4 de febrero de 1907. Sus padres legítimos, Joaquín y Juana, estaban domiciliados en Miralbueno, barrio, por entonces, de agricultores. No soy capaz de desentrañar en el documento el lugar de origen de los padres, pero ambos abuelos paternos eran nacidos en Híjar, pueblo a menos de cinco kilómetros, de Urrea de Gaén, donde su hermana Joaquina moraba desde la niñez hasta la fecha de la interviú reproducida.

Son, de nuevo, demasiadas casualidades que parecen confirmar el testimonio de Joaquina. La entrevista está perfectamente contextualizada, con la maestra como testigo interviniente y fotografías de vecinos de Urrea de Gaén, que, como los milicianos allí destinados, podrían haber desmentido estas noticias, pues ya se hizo notar (nota 9) que Mi revista, se distribuía con profusión en los frentes. Tampoco se entiende qué propósito podría albergar el bisemanario en propalar informaciones falsas de este cariz, aunque en todo lo que se refiere a los asuntos de la Guerra Civil haya que cogérsela con papel de fumar. El autor del reportaje, Juan M. Soler, que firmó también con el seudónimo Silvio Máximo, era un periodista destacado en el frente de Aragón desde el inicio de la contienda y que escribió un muy interesante volumen, La guerra en el frente de Aragón, publicado por Mi revista en 1937, compuesto principalmente, por sus crónicas de guerra para el quincenal y El Noticiero Universal.

La Libertad publicó en 28 de febrero de 1937 la noticia del fusilamiento de la actriz en Salamanca, según noticias procedentes de Lisboa pero el 11 de marzo el bonaerense diario La Prensa lo desmintió asegurando que se encontraba en la capital rebelde y a disposición de las autoridades, a fin de tomar parte en los espectáculos benéficos, que se organizan para los heridos de guerra, noticia que reprodujo el diario madrileño La Voz, un día después. Tal vez, por no haber llegado esta información a tiempo para su conocimiento por parte de la redacción de Mi Revista, en su número del 15 de marzo, ésta dedicó una página al aludido fusilamiento, un mes antes de aparecer la entrevista en cuestión (15-4), fecha en la que Rosita debía estar a punto de ser liberada por los franquistas. En la interviú no se dice nada respecto a la situación de la actriz en ese momento, supiérase o no de su liberación, por lo que todas las conjeturas son posibles.

Finalmente, hay dos elementos que terminan por añadir más incertidumbre y misterio al asunto. En los Rosita_MI revista Publicida LIBRO sOMACARRERA004últimos números conservados de Mi revista, entre el 10 y el 20 de enero de 1938 se anuncia, en algunos casos a toda página, un libro de Manuel P. De Somacarrera[13], redactor habitual del bisemanario, con el título Rosita Díaz, la perseguida por el fascismo. Con el marbete de “Muy pronto aparecerá a la venta”, se dice también: “He aquí la novela más sensacional y emocionante que refleja la ferocidad del fascismo contra una artista española, prestigio de la pantalla nacional. La vida, la persecución y la producción artística de Rosita Díaz contados por la ágil pluma de Manuel P. DE SOMACARRERA”.

Al parecer, han cambiado  las tornas y Rosita, antes o después de su vuelta a España, ya ha contado su peripecia en el bando fascista. Pero, a pesar de haberlo buscado exhaustivamente,  no he localizado este libro, que, probablemente no llegó a salir a consecuencia del empeoramiento de las condiciones en el campo defensor de la República. Como redactor de Mi revista, Somocarrera habría de conocer la entrevista hecha a Joaquina ¿Se volvería a hablar en él del origen aragonés de la estrella?

Finalmente, en el margen derecho de la partida de nacimiento, aparece un nuevo dato que parece poner en solfa todo lo anterior: La defunción de esta Valera Jimeno Blasco se produjo en la localidad sevillana de Camas, el 17 de diciembre de 1996. ¿Mentía, pues, Joaquina y adjudicó a una hermana desaparecida la identidad de Rosita?

Que Rosita calló y fabuló mucho acerca de su vida pasada parece más que evidente. Que, tanto la entrevista como la partida de nacimiento , aquí reveladas son documentos más que interesantes, también. Falta por desenredar la madeja, tirando de uno y otro hilo. El desafío está lanzado.

                                                            POST-EPÍLOGO

El testimonio de Olga Pérez Gaibar  (V.  Comentario del 7-4-2017), al parecer sobrina-bisnieta de la actriz, que escribió un comentario a esta entrada y con la que después he intercambiado informaciones, parece confirmar la tesis expuesta en este artículo. Sería deseable profundizar en todo ello.

NOTAS

[1] Raquel Rodrigo, Rosita Montenegro y Antoñita Colomé estuvieron en el nivel inmediatamente inferior.

[2] Otras noticias indican que estudió en la Academia de Bellas Artes y que los tres años que duraban los estudios los despachó en uno, además de concedérsele el Premio Fin de Carrera. (Ríos Carratalá:186)

[3] Sabemos que estuvo, como Rosita, en las compañías de Martínez Sierra y Díaz-Artigas y que coincidió con ella en diversas obras, como María del Mar de Juan Ignacio Luca de Tena, estrenada en Madrid el 11 de octubre de 1927. En un reportaje de Nuevo Mundo (14-IV-1933, pp. 32-33), bajo el título “¿Cuál es su hobby?”, se da cuenta de que ambos todavía viven juntos.

[4] Lo único seguro es que durante los meses en los que permaneció con los sublevados, llegó a actuar para ellos en varias ciudades.

[5] V. por ejemplo, La Voz (3-III-1933), que titula: “La artista de ‘cine’ que se ha ido a la Sierra de Ronda en busca del sobrino de Flores Arrocha”

[6] Así aparece en un suelto biográfíco que inserta La Vanguardia (15-III-1936, pp. 16-17): “María de la Cruz Rosario Rosa Díaz Gimeno Petter Manjón nació en Madrid un 14 de septiembre. Sus padres, andaluces; su abuelo materno, alemán…”

[7] Juan Negrín Mijailov había nacido en Leipzig el 22 de noviembre de 1914. Sus padres se habían casado en la misma ciudad, en la que el futuro político perfeccionaba sus estudios, el 9 de febrero. El científico y María Mijailova tuvieron cuatro hijos. Las dos hembras murieron y sobrevivieron Juan y Rómulo. Quizá por ello, María sufrió problemas psicológicos que, entre otras cosas, llevaron al matrimonio a la separación. En los años veinte el doctor se emparejó hasta su muerte con Feliciana López de Dom Pablo.

[8] Famosa actriz, que ostentó la Cátedra de Declamación en el Real Conservatorio desde 1915.

[9] Publicación quincenal, -en sus últimos números decenal-, editada en Barcelona desde el 15 de octubre de 1936 hasta el 20 de febrero de 1938 y dirigida por el periodista Eduardo Rubio Fernández, perteneciente a la CNT pero también con redactores de otras ideologías de izquierda. Extracto las líneas siguientes de la información proporcionada por la Hemeroteca Nacional:

 ”Subtitulada ‘ilustración de actualidades’,  (…) nacía de  un ‘grupo de compañeros’ (…) ‘francamente revolucionarios’ (…) revista de ‘combate antifascista y no partidaria’ (…) apareció los días 1 y 15 de cada mes y su paginación la fue ampliando, desde las 32 hasta casi el centenar de páginas. (…) fue sobre todo un magazine con una gran calidad de edición que, junto a crónicas y reportajes de los frentes y la retaguardia, ofrece otras destacadas informaciones sobre la industria cinematográfica y del teatro. También incluye artículos de política, economía, sociedad y cultura y sobre el desarrollo de la contienda, con páginas también dedicadas al mundo financiero, la ciencia, la educación, la mujer o el deporte, pero dándole especial atención a actrices, actores y películas extranjeras (…) y asimismo españolas, en otra sección titulada ‘Pantalla española’.

 Su portada, a veces coloreada y buscando los tonos rojo y negro del anarquismo, fue ocupada generalmente por actrices o por dibujos de milicianas o alusivos a la contienda, siendo distribuida gratuitamente entre los milicianos que se encontraban en los frentes de batalla. También cuenta con otra sección que, bajo el epígrafe “Panorama sindical”, daba espacio para informar de todas las organizaciones obreras ‘sin distinción’. (…) fueron publicadas numerosas fotografías, dedicándole una sección propia denominada “Vistas del frente’. (…) Dio cabida asimismo a una destacada publicidad comercial”.

[10] Otros, sin embargo,  sostienen que el político siempre estuvo enamorado de la actriz y, probablemente, en público optaba por disimular. Esto parece más verosímil, dado el carácter pastueño de su hijo.

[11] Juan Ruiz Mantilla afirma que se conocieron en 1934 en Los Ángeles, cuando ella hacía doblajes para la Paramount. V. “Buñuel íntimo e inédito”.

[12] Agradezco vivamente a Javier Fernández López, profesor de Derecho y reputado historiador, además de amigo, sus gestiones a este respecto.

[13] Periodista (Barcelona, 1902-Barcelona, 1969), perteneció a la CNT y fue responsable de prensa y propaganda del Comité del Producción Cinematográfica del Sindicato de Espectáculos durante la guerra, por lo que colaboró asiduamente en Mi revista. En 1936 filmó para el sindicato el documental de 16 minutos, Aragón trabaja y lucha. Antes de la guerra había trabajado también en Films selectos, El Día Gráfico y El cine, publicado  novelas cortas como Una Margarita Gauthier. Del Diario de una modistilla, Supo vengarse y un breve Diccionario cinebiográfico ilustrado. Hubo de marchar al exilio pero, a su vuelta, consiguió colaborar de nuevo con España Tánger, La Vanguardia, El Noticiero Universal… 

                                                       FILMOGRAFÍA

Un hombre de suerte (Benito Perojo, 1930)

Un caballero de frac (Roger Capellani-Carlos Sanmartín, 1931)

Su noche de bodas (Louis Mercanton, 1931)

Lo mejor es reír  (E. W. Emo-Florián Rey, 1931)

El hombre que se reía del amor (Benito Perojo, 1932)

Sierra de Ronda (Florián Rey, 1933)

El hombre que se reía del amor  (Benito Perojo, 1933)

La Dolorosa (Jean Grémillon, 1934)

Susana tiene un secreto (Benito Perojo, 1934)

Rosita_Susana tiene un secreto

Se ha fugado un preso (Benito Perojo, 1934)

-Angelina o el Honor de un Brigadier (Louis King, 1935)

Rosa de Francia, (José López Rubio-Gordon Wiles, 1935)

La vida bohemia (John Alton-Josef Berne-Edgar G. Ulmer, 1937)

El genio alegre (Fernando Delgado, 1939)

-Pepita Jiménez (Emilio “Indio” Fernández, 1946)

-El último amor de Goya (Jaime Salvador, 1946)

El canto de la sirena (Norman Foster, 1948)

 

                                                                                 BIBLIOGRAFÍA

 -ARMERO, Álvaro, Una aventura americana. Españoles en Hollywood, Madrid, Compañía literaria, 1995.

Armero, Álvaro Una aventura americana Españoles en Hollywood (1)

-DÍEZ PUERTAS, Emeterio, El montaje del franquismo. La política cinematográfica de las fuerzas sublevadas, Barcelona, Laertes, 2002.

-GARCÍA DE DUEÑAS, Jesús, ¡Nos vamos a Hollywood!, Madrid, Nickel Odeón, 1993.

-HERNÁNDEZ GIRBAL, Florentino, Los que pasaron por Hollywood, Madrid, Verdoux, 1992.

Hernández Girbal, Los que pasaron por Hollywood (2)

-HEININK, Juan B. y Alfonso C. VALLEJO, Catálogo del cine español. Films de ficción 1931-1940, Madrid, Cátedra / Filmoteca española, 2009.

-RÍOS CARRATALÁ, Juan Antonio, El tiempo de la desmesura. Historias insólitas del cine y la Guerra Civil española, Barcelona, Barril & Barral, 2010, pp. 175-258.

Ríos Carratalá El tiempo de la desmesura

-RUIZ MANTILLA, Juan, “Buñuel íntimo e inédito”, El País, 4 diciembre 1911.

-ZULUETA, Carmen de, “Los dos Negrines”, Historia16 nº 311, marzo 2002, pp. 110-121.

Díaz Gimeno, Rosita002

PALMERO, Anita, Ronda (Málaga), 6 IX.1902 – Buenos Aires, 11.I.1987. Cantante de tangos.

Palmero, Anita-Rev. Sintonía

 Su padre trabajó como electricista en diversos teatros, lo que puede vincularse con la vocación de Anita. Fallecida en 1917 la madre, la familia se trasladó a Casablanca, donde se abrió camino como cupletista y actuaría en Gibraltar, Casablanca y Tánger. Tras actuar en varios países americanos, en una gira por el norte de África, se unió a una compañía de varietés y con ella debutó en el madrileño Teatro Romea (1925).

  Llegó a Buenos Aires el cinco de septiembre de 1925 y allí conoció a Gardel, con quien tuvo una amistosa relación, y, también, a su acompañante, José Razzano, que se convirtió en su mentor, y comenzó a cantar tangos de forma muy personal y, generalmente, con un enfoque cómico. En 1930 grabó con el guitarrista que había acompañado a Carlos Gardel, José Ricardo, Botarate y Encantadora, pero Burrero (1931) fue su gran éxito. En total llevó al disco cuarenta y dos temas, en su mayoría, tangos, aunque no se editó más que la mitad. En la Fiesta del Tango celebrada en el Teatro Colón (1931) fue proclamada “Reina del Tango”.

   Muy bella, fue una figura de la radiofonía hasta su primera retirada en Palmero, Anita-21934, por cuestiones sentimentales. Los asuntos amorosos le depararon una ajetreada vida. Incluso uno de sus maridos, el actor Lalo Harbín, le disparó en la calle dos tiros con intención de matarla. En 1938 volvió con éxito a Radio El Mundo y, pronto volvió a abandonar la profesión para retirarse a Brasil con un nuevo admirador. A su regreso  actuó con diversa fortuna, como cantante y actriz de teatro, pero manteniendo su simpatía y su fama de vampiresa. Adicta al peronismo, no le benefició la caída en desgracia del mismo por lo que unido al retroceso de popularidad del tango, por la pujanza de la música popular anglosajona, en sus últimos años su fama se fue apagando hasta provocar su retirada en 1963.

 Como protagonista, Interpretó dos películas: Fúlmine (Bayón Herrera, 1949) y El ladrón canta boleros (Cahen Salaberry, 1950). En la que se considera la primera cinta argentina íntegramente sonora, Mosaico criollo (Edmo Comminetti, 1929), había cantado el tango Botarate, por lo que resulta que una española es la primera intérprete de un tango en el cine.

 Botarate: http://www.youtube.com/watch?v=MvG65N-FfvI

Bigotito: http://www.youtube.com/watch?v=tfNu30LqWss

Burrero: http://www.youtube.com/watch?v=rMVJ8CKBNdw

ito Schippa-Anita Palmero-Ratti052

                                    Anita entre Hugo Ratti y Tito Schippa con guitarras         

                               

                                                                        BIBLIOGRAFÍA

-ABALLE, G., “Anita Palmero”, Cuadernos difusión del tango nº 9, s.. f.

-BARREIRO, Javier, Voz: “Palmero, Anita”, Diccionario del tango, Madrid, SGAE, 2001, p. 120-121.

CERNUDA, Fabio Daniel, “Grabaciones realizadas por Anita Palmero”,  http://discografiasdetango.blogspot.com/2010/03/grabaciones-realizadas-por-anita.html

-OLIVIERI, Ángel, Historias de tango, Buenos Aires, AqL., 2005.

-SANTOS,  Estela dos, La historia del tango, 13, Las cantantes, pp. 2301-2304, Buenos Aires, Corregidor, 1978.

-SIN AUTOR, “Anita Palmero. ‘La gallega de Málaga’”, Los grandes del tango: Tania y Anita Palmero, Buenos Aires, Tango, 1991, pp. 24-29.

-, “Discografía de Anita Palmero”, Club de Tango nº 62, septiembre-octubre 2003, pp. 16-17.

                                                          DISCOGRAFÍA

Araca Corazón-Viejo ciego-Gurrumina-Fumando esperoPara qué vivir (sin difusión comercial), 1927.

Piedad-Marioneta-Alma en pena-Noviecita mía (sin difusión comercial) 1928.

¿Te acordás de aquella vidalita-Caperucita (sin difusión comercial) 1930.

Encantadora-Botarate, Odeón 13600, 1930.

El niño de las monjas-Ilusión marina, Odeón 13601, 1930.

Hasta que ardan los candiles-Ilusión marina Odeón 13602, 1930.

Reza por mí-Burrero (seco), Odeón 13603, 1931.

La carrera de la sortija-La comadreja, Odeón 13604, 1931

Escribile al comisario-Bajando la serranía, Odeón 13605, 1931.

El que con chicos se acuesta-Vuelvo hacia ti, Odeón 13608, 1931.

Poderoso-La mentirosa, Odeón 13609, 1931.

Negrita ¿querés café?-Sentencia gitana, Odeón 13610, 1932.

Palmero, Anita_Botarate

FILMOGRAFÍA

Mosaico criollo (Edmo Comminetti, 1929),

Fúlmine (Bayón Herrera, 1949)

El ladrón canta boleros (Cahen Salaberry, 1950).

Misión en Buenos Aires (Ricardo Gascón, 1954)

Anita Palmero, una suerte de tangos (documental), 2010 (Gaby Beneroso y Enrique de la Vega, 2010).

   Si hace menos de una semana se nos fue Jesús Franco, (V. https://javierbarreiro.wordpress.com/2013/04/03/jesus-franco-cascarrabias-en-campana/)  hoy es Bigas Luna, figura tan relacionada por muchas razones con Zaragoza, quien protagoniza otro tránsito. Reproduzco aquí un artículo que me encargó el también desaparecido -y querido- Alberto Sánchez para una publicación que recorría la filmografía del cineasta, con motivo del  homenaje que le tributó en 1999  el Festival de Huesca. El libro se tituló. Bigas Luna. La fiesta de las imágenes, Huesca, Festival de Cine de Huesca, 1999, pp. 61-65. 

Bigas Luna_La fiesta de las imágenes

 Ell uso de esta frase coloquial como comentario ante el producto cultural -léase exposición, publicación, película o cualquier actividad de ese carácter- de algún conocido cuando no se sabe qué decir, no recuerdo si lo propuso José Luis García Sánchez o Luis Alegre, en todo caso, dos maestros de la ocurrencia festiva. Tiene la ventaja de su ambigüedad en cuanto que sirve lo mismo para celebrar la audacia de una propuesta original y novedosa que para salir del paso ante una producción en la que lo único que destaca es el atrevimiento del autor para dar a la luz su engendro.

 Sea como quiera, la frase viene al pelo para hablar de Huevos de oro, quizá la película más elemental de la llamada “Trilogía ibérica” de Bigas Luna y, probablemente, la que revela una mayor dosis de verdad y, por consiguiente, de amargura. La característica ironía de Bigas aparece aquí en muchas menores proporciones que en otras de sus cintas, en beneficio de un realismo amacarrado y una simbología pedestre, aunque no falten las pequeñas porciones de psicoanálisis y surrealismo.

 Con un buen guión del propio director, junto a su habitual colaboradora la novelista Cuca Canals, la cinta fue diversamente acogida por la crítica aunque predominase la mueca reprobatoria, a pesar del premio en Venecia. Tal vez, la aludida elementalidad, su costumbrismo a ultranza o la típica inferioridad de la segunda mitad de las películas españolas, respecto a la primera, influyeran en tales criterios, pero no puede negarse a la cinta un uso maestro de la elipsis y el propósito de verdad que la alienta. Sin embargo, quisiera referirme aquí con mayor detenimiento al claro concepto de la sexualidad -mejor que erotismo- tan propio del cineasta catalán.

 Pese al libérrimo desmadre del cine español de los últimos veinte años, un aire de novedad impuesta, de transgresión porque sí, de exhibicionismo gratuito puede escarbarse en una buena parte de sus producciones. Es verdad que nada más singular e intransferible que la sexualidad de cada cual, pero se me antoja que la visión de lo sexual en Bigas Luna se corresponde con pulsiones personales auténticas y desprovistas de esnobismo. Aparte de las referencias fálicas evidentes en forma de taladradora, edificio-torre, manguera de riego o pináculo, hay, obviamente, otras que podríamos calificar de metáforas, aunque fáciles, que recurren al Rolex, la barretina, el micrófono o el ascenso social del protagonista. Pero, entre los verdaderos libertinos, es un lugar común que las sensaciones comunicadas por el órgano del oído son las más halagadoras y las que producen impresiones más vivas y hasta podríamos citar una autoridad tan antigua como Sade en Los 120 días de Sodoma y Gomorra. Tanto las canciones incluídas en la banda sonora como la música de Nicola Piovani tienen un propósito claramente sexual. Y ¿por qué no decirlo? también elegiaco: se canta lo que se pierde y la película es la crónica de una pérdida, de una derrota.

  Si toda la base de Huevos de oro tiene que ver con el erotismo -y alguna clave nos da el autor con la fascinación de Javier Bardem, provisto de micrófono, por los ensayos de Karaoke-, la música será fundamental en su discurrir subterráneo. Hay rumores, melodías o palabras que nos erotizan especialmente y todo apunta a que las mujeres privilegian especialmente este sentido, a diferencia de los hombres que se rigen más por lo visual. De una forma u otra la imaginación interviene sin cesar para perfeccionarlo e inventarlo. Los amantes son el amor y no al revés. El amor sólo existe en función del ser amado. Es ésta una de las razones del fracaso de Benito González, el protagonista. Incapaz de transferenciar su energía, su mundo erótico es una mera proyección de sí mismo. Finalmente se derrumbará como se desmorona su personalidad, que funciona a través de iconos subculturales: la admiración por el triunfador sin escrúpulos, el Rolex, el descapotable… 

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 En el terreno de los símbolos, los más evidentes son las hormigas, que invaden tanto el rostro del protagonista como el sexo de la mujer, y los cajones que Benito gusta de pintar en la piel de sus amantes. Símbolo del inconsciente y del cuerpo materno, a un nivel más extremado, podemos ver en tales cajones la pulsión destructora que siempre acompaña al protagonista, es decir, a lo fálico. Conocido es el mito de los tres cofres. Frente a las riquezas de los primeros, el último ofrece tormenta, devastación y muerte. En la línea, pues, del simbolismo global del film que vincula el desastre final del protagonista con el deterioro sexual. Antes, Benito se apuntaba a la idea de que la felicidad consiste en tener muchas pasiones y muchos medios de satisfacerlas. Para eso es precisa la libertad y toda la película contiene alusiones a la misma, sean los espacios elevados y abiertos, la admiración por Dalí o el continuado salto hacia adelante. Hay que volver a citar a Sade:

 “La voluptuosidad no admite ninguna cadena, no goza plenamente más que cuando las rompe todas, cuanto mayor es el ingenio de una persona, más desea ésta destruir sus frenos (…) el hombre de ingenio será más adecuado que cualquier otro para los placeres del libertinaje”.

 El erotismo ni en el cine ni en ningún otro terreno depende de lo comunicado. Lugar común es el que las mejores páginas eróticas están fuera de la literatura que circula con ese nombre. Uno de los máximos momentos de despliegue erótico en el cine lo constituye la secuencia en que Alida Valli peina su larga cabellera al inicio de Senso de Visconti. Huevos de oro no es, pues, una mera disertación sobre lo erótico sino, sobre todo, una narración ejemplar. Con toda la previsibilidad que alberga esta clase de narraciones.

 El erotismo no se deja reducir a un principio, su reino es el de la singularidad, escapa a la razón y constituye un dominio regido por la excepción y el capricho. Si el erotismo es la presencia de la fantasía y la imaginación, siempre será vario. El amor es, por naturaleza, el terreno de lo imaginario y para ver Huevos de oro con algún provecho debemos, probablemente, dejar circular las elipsis con el mismo tino que lo hace su director.

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En la muerte del muy curioso personaje y cineasta, Jesús Franco, recupero esta reseña de su libro, Memorias del tío Jess (Aguilar, 2004), que, bajo el título “Cascarrabias en campaña”, publiqué en Heraldo de Aragón el 10 de febrero de 2005.

 Jesús Franco

  Resulta confortante leer las memorias de alguien que no quiere darnos una imagen sino reivindicar lo suyo con la misma pasión que lo haría en una conversación de bar o en una tenida familiar de Nochebuena. Uno está cansado de tantos ecuánimes consagradillos que al acercarse a los setenta, deciden perdonarse sus desmanes dialécticos juveniles, sus drogadas y sus borracheras y hablarnos ex cátedra -con el distanciamiento que, a lo peor, da el tener nietos- de la novela social, de mayo del 68, de los novísimos, de lo amigos que fueron de Benet, Octavio Paz o Gil de Biedma y de lo amigos que son ahora de Gimferrer –rarillo pero encantador-, de Rosa Regás y, of course, de Juan Cruz, pequeñajo y con esa voz, pero buena gente. A quienes fueron muy amigos suyos pero no están en el canon, se les borra de las memorias y a otra cosa. También conocieron al cura-duque Aguirre, al que siempre dejan entre Pinto y Valdemoro, a la policía franquista, que les fastidiaba pero no les solía pegar porque no eran pobres -¡qué vamos a hacer!- a Cela, que era muy mala persona… Pero sobre todo, y sibilinamente, encajan vaticanas puyas a quienes les hicieron una faena, hablaron mal de ellos en sabe Dios dónde o en, suma, les deben algo.

 Este Jesús Franco, que ya ha sobrepasado los setenta, nos habla, en cambio, desde su verdad, con la pujanza que da el creerse víctima de una injusticia, asumiendo sus excesos y sus carencias, poniendo a parir a Fulanico si lo considera un imbécil y sin pararse a considerar si le conviene o no hablar mal bien de éste y del otro. Porque ¡qué cosa más triste que un consagradillo, alrededor de los setenta, teniendo que adaptar sus fobias y filias a lo que manda la corrección cultural! Jesús Franco está tan poco en esa banda que hasta aparece como emblema en los habitualmente divertidos libros sobre la cultura basura.

 Pero es que la vida de Jesús Franco tiene, además, evidente interés desde su adolescencia de postguerra en el seno de una familia burguesa venida a menos, hasta su colaboración en los sesenta con Orson Welles, que es el periodo que trata el libro, dedicando muy poco espacio a su última etapa, la de furioso realizador de películas pavorosas, que además pueden divertir, por distintas razones, tanto a infradotados como a superdotados. “No sigas por ahí, que te pierdes” me dice mi gusano de la conciencia que es freaky pero sensato. 191 películas, en su mayoría filmadas fuera de España, llevaba el cineasta madrileño el 2 de agosto, y eso que empezó tarde. Ni los realizadores del cine mudo…

 Quizá una de las partes más interesantes de estas memorias sea la que nos habla de su desatada pasión por el jazz, que lo llevó a la radio y a muy diversos conjuntos que se hacían y deshacían para tocar jazz o lo que tocase, si vale la redundancia. Lo precario, improvisado y agrícola, más que pre-industrial, del panorama cultural de la nación queda más claro en estas evocaciones que en sesudos tratados sobre la postguerra cultural. Todo ello debía ser suplido con toneladas de voluntarismo, ingenuidad a paletadas y un entusiasmo por el trabajo que a los nacidos tras los sesenta parecerá inventada. Entre otras muchas cosas nos enteramos de que quien en tales años quisiera pertenecer a una orquesta no podía ser calvo, como dice el autor: “Una orquesta debía dar una sensación de alegría, de dinamismo y juventud”. En todo caso, servía el peluquín, doy fe del dato. Todo eso con verdaderas joyas sobre personajes muy conocidos del ambiente madrileño por el que Jesusito se movía con la celeridad y desparpajo que se atribuye a los cortos de talla.

 Casi a la vez que esta vocación surge la del cine, mucho más compartida, pero que en un apasionado como el tío Jess toma caracteres de riada. Un montón de juicios, generalmente, atinados, de salidas de madre, de personajes en los que reconocemos el Madrid de los años cincuenta, el mismo que nos presenta el cine español de la época, tan maltratado por la censura, por la industria y por los críticos sesudos que querían que, en vez de personajes disparatados y vapuleados por la vida -lo que había en la calle- aparecieran obreros de mural arrasando obstáculos con el ideal, si vale la rima interna. Efectivamente, el mundo en que vive Jesús Franco, que, pese a que nunca fue un muerto de hambre, asume en su propia versión características de pícaro, es un mosaico absurdo pero real, como ese tren cargado de campesinos que a él le lleva a Francia y a ellos a la vendimia en la Rioja. París constituye otra de las claves del libro, una ciudad en la que, frente otras épocas, había muy pocos españoles y que al autor le sirve para zamparse todas esas películas que nunca habría visto en su país y para consolidar su desastrado aprendizaje.

 Hay en Jesús Franco una necesidad de reivindicarse, de demostrar a todos que tenía razón, que hoy es conocido en medio mundo, que sus pintorescas películas, que muchas veces es él el primero en denostar, tienen méritos que le deparan admiradores en todas las ciudades del orbe… una cierta ingenuidad combatiente que le lleva  a presumir constantemente de su trabajo con Orson Welles, de su internacionalismo frente a otros directores españoles, modernos pero casposos –también aduce, por cierto, haber dado cancha a este hoy popular adjetivo-, de su talante libre y poco sujeto a los convencionalismos del tiempo…

Lo que no puede negársele a Franco es oportunismo, zorrería, capacidad de trabajo, talante combativo y desfachatez cuando hace falta y, respecto a lo que nos ocupa,  una capacidad para contar, cercana al estilo verbal, tosca pero efectiva, que nos hace seguir sus peripecias con algún distanciamiento pero con natural simpatía.

  En fin, que acabada la lectura del libro, dan ganas de encontrarse con este vejete –el tío Jess, como cualquier vampiresa, se quita años descaradamente- e invitarle a cenar para que siga contándonos demasías, metiendo el dedo en el ojo a franquistas y comunistas, casposos y pedantes, madrileños, catalanes y canarios y, con el puro y la copa, preguntarle por lo que se deja en el tintero.

La condesa negra

 Jesús Franco instruyendo a una actriz 

Cartel de La comtesse noire. – Tío Jess instruyendo a una actriz