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-“Mi sucesora tendría que ser varias”.

Y era así porque fue actriz de teatro serio, de teatro musical y de revista, actriz  de cine, recitadora, cantante de todos los géneros, cuplé, zarzuela, canción española, romance, jota, sevillana, tuna, canción hispanoamericana, canción francesa, canción tradicional, chotis, tango, samba,  pasodoble, bolero y todo lo que le echaran. Y todo lo hacía mejor que bien.

Los niños de la calle se le subían a la espalda, agarraban sus trenzas y le decían: “¡Arre, macho!”

Es sabido que ella se llamaba Natividad Macho Álvarez, lo que, como era frecuente en la época, le reportaba abundantes befas y cachondeo. La pobre solía preguntar a su padre si no se podían cambiar el nombre. Pero estaba  orgulloso de estar emparentado con el escultor Victorio Macho, primo hermano de su padre, el abuelo de Nati.

Otra gracieta con la que le obsequiaban, ya de adulta:

-¿Cómo se llama usted?

-Macho

-“M’a hecho gracia”.

Debutó como bailarina.

Con nueve años y en un programa que conducía Boby Deglané. Toda ella era una mujer espectáculo que para todo valía. También para el ballet y para las sevillanas, que bailó  en otras actuaciones.

Novia formal de Tony Leblanc

Se conocieron como actores en el film Currito de la Cruz y hubo flechazo. Al terminar el rodaje ya eran novios y decidieron formar compañía. Ella en el canto y él en el humor. Hicieron una gira por España y les fue regular. En Madrid, decidieron montar un espectáculo “¡Viva el folklore!”, que tampoco maravilló. Luego vino una temporada en que ambos apenas lograban trabajar. Era un noviazgo blanco, de pasear cogidos de la mano y poco más. Ambos seguían viviendo con sus familias, ella en la Ronda de Segovia y él, en el Museo del Prado, donde su padre oficiaba de conserje, aunque Tony se compró una Harley Davidson de 750 c.c. y le gustaba también impresionar con su “paquete”. A pesar de que se gustaban y ya habían hablado de boda, el mucho temperamento de ambos y los continuos enfados les hicieron comprender que era mejor dejarlo de lado. Ninguno habló mal del otro sino que siempre se admiraron.

El 13 era su número.

Nació un 13 de diciembre en la madrileña calle del Águila. Se le bautizó a los 13 días en la iglesia de la Paloma y ganó a los 13 años el concurso de fados “Roupa branca” en Radio Madrid, que la dio a conocer. Se casó el 13 de abril de 1959 con Joaquín Vila Puig

 “Sólo Gardel ha permanecido”.

Sabía que en su profesión no existía la memoria y había que ganarse día a día la fama, que desaparecía en cuanto faltabas una temporada de los escenarios. “El que en esta profesión se duela de que lo olviden está perdido. Tenemos que acostumbrarnos a eso. Yo creo que el único que ha permanecido por encima de muertes y catástrofes es Carlos Gardel”.

Yo le dí la noticia de que le habían concedido el Premio Nacional de Teatro.

En octubre de 1998, estaba invitado a impartir una ponencia en el Festival Hispanoamericano de Teatro, que se celebra todos los años en Cádiz. Por la mañana, al despertarme escuché en la radio que le habían otorgado el galardón y, como tenía previsto –algo tarde, en aquella época trasnochaba- acudí a una mesa redonda en la que ella participaba. Al finalizar, me acerqué a la mesa –ella estaba en un extremo- y la felicité. No sabía nada. Como era tan natural, no disimuló nada su euforia. Se puso contentísima y me dio dos besazos. Uno en cada carrillo, de esos apretados de tía abuela de las de antes. El contentor no era sólo por colmar la inevitable –y en este caso merecida- vanidad del artista sino porque al premio lo acompañaban cinco milloncejos de pesetas de las de antes.

“Me gusta mucho más Putin que Robert Redford”.

En efecto, discrepaba de los blanditos ídolos de galería, que enseñan dentadura. “Putin sabe lo que quiere, como conseguirlo y nada de reír, sino sonreír y de lado”. Por eso le gustaba.

El chiste que le contó a Franco.

Franco visita un pueblo y el alcalde, vestido de gala junto a toda la corporación, lo recibe servil y oficioso, y despliega toda la retórica que trae preparada:

-Don Claudio, para Rasilla del Monte es un honor y un orgullo que su Excelencia se acerque a recibir nuestro homenaje. Nunca olvidará el pueblo esta fecha señera.

-Gracias, alcalde.

-Don Claudio, todos los convecinos están con su Excelencia que nos ha traído, el regadío, el orden y la justicia social…

-Agradecido, alcalde.

-Don Claudio, el pueblo ya le ha dedicado la Plaza Mayor pero ahora estaría muy honrado si aceptara que su nombre figurara en las escuelas como reconocimiento al desarrollo educativo y cultural que el fiel seguimiento de los principios del Movimiento ha deparado.

-De acuerdo, alcalde, pero ¿por qué me llama usted don Claudio?

-Su Excelencia, es que llamarle Claudillo me parecía una falta de respeto.

Fue la actriz española que en más ocasiones representó a Valle-Inclán y García Lorca durante el franquismo.

Lo hizo en 1961 en la pionera versión de José Tamayo, representando el papel protagonista de Mari Gaila. Fue la primera gran producción teatral de Valle-Inclán, que se llevó al escenario durante la Dictadura. A la pregunta de un entrevistador “¿A quién le gustaría defender en el Juicio Universal?, Nati contestó que al autor gallego.

A García Lorca lo representó en España y América, donde realizó gran parte de su carrera. Al menos llevó a los escenarios La zapatera prodigiosa, Bodas de sangre, Yerma La casa de Bernarda Alba, personaje este último que –afirmaba- era el que más le gustaba interpretar.

BIBLIOGRAFÍA

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-, Canciones de nuestra vida. De Antonio Machín a Julio Iglesias, Madrid, Alianza, 1994.

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-VÁZQUEZ DE SOLA,  Nati Mistral, Madrid, Ídolos del cine, 1959.

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Publicado en Aragón Digital, 2-3 de agosto de 2017.

He buscado y no he visto por ningún sitio el dato de que Helena d’Algy haya fallecido. Vivía en 2012, con 106 años, por lo que, nacida en junio de 1906, “el año de la boda del rey”, ahora tendría 111 años. Sería, creo, no sólo el récord entre actrices, sino entre cualquier tipo de artista.

A pesar de que casi todas las fuentes la dan como portuguesa nacida en Lisboa, es española y vino al mundo en la calle Mayor madrileña. Eso sí, hija de un ingeniero portugués, que construyó los ferrocarriles de Angola y una española que quiso ser cantante de ópera. Antonia Guedes Infante fue el verdadero nombre de la futura actriz y, fallecido su padre cuando ella contaba catorce años e instada por su madre, que quiso reiniciar su carrera de cantante, tomó el sobrenombre de su hermano mayor, el también famoso actor Tony d’Algy, latin lover en el Hollywood de los años veinte.

Helena, atraída por el baile, comenzó a tomar clases de danza. En dicha disciplina dio sus primeros pasos teatrales. Acompañada de su madre, marchó a Brasil, con la compañía de Esperanza Iris y, pronto, ayudada por su hermano mayor, Tony d’Algy (Luanda, Angola, 1896), de quien tomó el seudónimo y que había emigrado como actor a América, fue contratada por la Compañía Ziegfield Follies de Nueva York, la que dio vuelo a las revistas musicales de Broadway. Las buenas trazas de Helena dieron paso a que en 1924 el experimentado director, Stuart Blackton, le ofreciese un significativo papel en el film Let No Man Put Asunder, basado en la novela homónima de Basil King y enseguida fue contratada por la Fox para hacer el papel de la Condesa Ferrari en Lend me Your Husband.

 

 

 

 

 

Helena d’Algy no fue una más. En 1924 acompañó a Rodolfo Valentino en el protagonismo de El diablo santificado. En esta película, titulada en inglés A Sainted Devil, baila un tango con el divo, como tres años antes lo habían hecho Beatrice Domínguez y Alice Terry en Los cuatro jinetes del Apocalipsis. También aparece su hermano, por el que, al parecer, Valentino sentía alguna atracción.

Helena trabajó después con directores tan importantes en la historia del cine como Josef Von Stenberg, Franz Borzage, Víctor Sjöstrom, Alan Crosland o John Reinhardt. Con Crosland, participó en el rodaje de Don Juan (1926), al que, por cierto, asesina en este film, el primero de la historia que incorpora algunos efectos sonoros.

Entre 1925 y 1926 rodó diez filmes en Hollywood. En 1931 trabajó con Florián Rey en Lo mejor es reír y, por si fuera poco, en la última de sus películas –ya en el cine sonoro- Helena d’Algy da la réplica a Carlos Gardel en Melodía de arrabal (1933). Ella es a quien, acodado en una mesa, le canta el famoso tango homónimo. Ahí es nada: en diez años de vida cinematográfica, rodar más de veinte películas, empezar con Valentino y terminar con Gardel , ya que, con 27 años, Helena-Antonia compra un piso en Madrid junto a su madre y no vuelve a aparecer en el cine español, cosa que si hizo su hermano Tony, fallecido en 1977, hasta fines de los años cuarenta.

La última vez que pudo verse a Helena d’Algy fue en 1991, cuando se proyectaron en TVE los capítulos de un extraordinario programa, Imágenes perdidas. En el titulado “Estrellas apagadas”, ella aparecía elegantísima y sin darse importancia, hablando de que su película con la estrella italo-americana no había tenido ningún éxito.

Es más que probable que Helena d’Algy haya muerto y es más que triste que nadie  nos diera cuenta de su fallecimiento ni haya rescatado su figura.

BIBLIOGRAFÍA

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ARMERO, Álvaro, Una aventura americana. Españoles en Hollywood, Madríd, Compañía Literaria, 1995.

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GARCÍA DE DUEÑAS, Jesús, ¡Nos vamos a Hollywood! (Abecedario de una frustración), Madrid, Nickel Odeón, 1993.

GONZÁLEZ LÓPEZ, Palmira y Joaquín T. CÁNOVAS BELCHI, Catálogo del cine español. Películas de ficción 1921-1930, Ministerio de Cultura-Filmoteca Española, 1993.

 

FILMOGRAFÍA

Let No Man Put Asunder (Stuart Blackton, 1924)

Lend me Your Husband (Christy Cabanne, 1924)

 It is the Law (J. Gordon Evans, 1924)

A Sainted Devil-El diablo santificado (Joseph Henabery,1924)

Pretty Ladies–El jazz-band del Follies (Monta Bell, 1925)

The fool (Harry F. Millarde, 1925)

La evasión (Josef Von Stenberg,

Daddy’s Gone A-Hunting (Franz Borzage, 1925)

Confessions of queen – (Víctor Sjöstrom, 1925)

Don Juan (Alan Crosland, 1926)

Siberia (Víctor Schetzinger, 1926)

The cowboy and the Countess –  El vaquero y la condesa (Roy William Neill, 1926)

Dominique sister -La elegante pecadora (Josef Von Stenberg-Phil Rossen, 1926)

The silver treassure  (El tesoro de hidalgos,  (Tony d’Algy,1927)

 

Doña Mentiras (Adelqui Millar, 1930)

Un hombre de suerte (Benito Perojo, 1930)

Lo mejor es reír (Florián Rey, 1931)

Marions-nous (Louis Mercanton, 1931)

El hombre que asesinó -versión hispana de Stambul-  (Dimitri Buchowetzki 1931)

Entre noche y día (Albert de Courville, 1932)

Melodía de arrabal (John Reindhart, 1933)

 

 

 

Plus Ultra La gloria del águila

El 10 de febrero se cumplió el 90 aniversario del vuelo del Plus Ultra, acontecimiento que suscitó un desatado entusiasmo tanto en la España gobernada por el general Primo de Rivera, como en la Argentina presidida por Marcelo T. de Alvear. Muy escaso eco ha tenido en los medios de comunicación españoles la hazaña de los cuatro tripulantes, Franco, Durán, Ruiz de Alda y Rada, que, por entonces, alcanzaron la categoría de héroes.

Ya casi solo se recuerda al controvertido Ramón Franco, masón, ferviente republicano y, finalmente, tras muchas dudas, al servicio del ejército mandado por su plus_ultra_02hermano, en el que falleció por accidente aéreo en una misión de guerra. El menos recordado es el teniente de navío jerezano Juan Manuel Durán, tal vez porque hubo de abandonar el hidroavión en cabo Verde, la segunda escala del vuelo, al que hubo de aligerar de peso. O porque falleció sólo cinco meses después del vuelo en una exhibición aérea. También ha pasado la apisonadora del tiempo para Julio Ruiz de Alda, uno de los fundadores de Falange, fusilado por las turbas en el asalto a la Cárcel Modelo en el Madrid revolucionario de agosto de 1936. También navarro, de Caparroso, era el cabo mecánico Pablo Rada, muy lejano en su ideología a su paisano, y el único que sobrevivió a la guerra civil. Aunque hubo de exiliarse en Colombia y Venezuela, en 1969 volvió para morir en Madrid.

plus_ultra_03El vuelo, con seis escalas,  duró 19 días para un total de vuelo de 61 horas y 44 minutos. Fue seguido con inusitada expectación por la prensa y las jovencísimas radios de los dos continentes con la total convicción de que se vivía un hecho histórico. Se erigieron sendos monumentos en los lugares de despeje y aterrizaje, el puerto de Palos y la Costanera Sur de Buenos Aires. El hidroavión fue donado a la Armada argentina y durante un tiempo prestó servicio como correo. Hoy se encuentra en el Museo de Luján.

En plena efervescencia del tango, muchos compositores se lanzaron a componer páginas conmemorativas. La que más ha trascendido, “La gloria del águila” no lo fue por la calidad de su letra o su música sino porque tuvo la fortuna de ser cantada por Gardel: https://www.youtube.com/watch?v=DUQp_4O02D La letra era de Enrique Nieto de Molina (https://javierbarreiro.wordpress.com/2013/07/07/enrique-nieto-de-molina/ y la música de Martín Montserrat Guillemat, que solía firmar sus canciones como Serramont. Aunque Gardel se encontraba en Barcelona cuando se efectuó el vuelo del Plus Ultra, la grabación se llevó a cabo en 1927.

Traigo aquí las carátulas de las partituras de unos cuantos más.

Plus Ultra Franco-Solo003Plus Ultra Oh Galicia!013Plus Ultra Oh Galicia!012Plus Ultra ¡Franco!009Plus Ultra Vencedor001Plus Ultra Plus Ultra pasodoble011Plus Ultra El Plus Ultra008Plus Ultra El Chacal (Gallego lindo)006Plus Ultra El Raid del Plus Ultra005Plus Ultra Pájaro de oro002Plus Ultra La gloria del águilaPlus Ultra Rada-Fox004Plus Ultra Comandante Franco010

 

Cátulo González Bello (Buenos Aires, 6-VIII-1906 / Paso del Rey (Prov. de Buenos Aires, 19-X-1975).

Cátulo Castillo 1928

Nacido en pleno barrio de Boedo, entre San Juan y Castro Barros, se le impuso el nombre de Ovidio Cátulo[1]. Desde 1907 su padre, José González Castillo, hombre ilustrado y de ideas anarquistas, que había raptado sin matrimoniar a Amanda Bello, madre del artista, se consagró a la escritura de obras teatrales de carácter popular, aunque compaginaba esta labor con sus colaboraciones periodísticas –promovió una Tango de Juan Cianciarulovigorosa campaña anticlerical- y su profesión como corredor de comercio, por lo que en 1910 la familia hubo de asentarse en Valparaíso (Chile), escapando del peligro de ser encarcelado. Regresaron en 1913 para afincarse de nuevo en Boedo. Allí, Cátulo  terminó el bachiller, aprendió violín con Juan Cianciarulo, también compositor de tangos, y cursó piano en el Conservatorio de la capital. Sus cinco primeros tangos, con excelentes letras de su padre, fueron “Organito de la tarde”, compuesto a los diecisiete años, “Caminito del taller”, con letra propia de carácter social,  “Silbando”, “Acuarelita del arrabal” y “Juguete de placer”. Todos ellos llevados al disco por Gardel[2] muestran ya su categoría musical.

Castillo, Cátulo al piano en 1925

Como otros autores de tango, se aficionó al boxeo y llegó a ostentar el título del Castillo, Cátulo boxeadorpeso pluma en su etapa juvenil, además de ser preseleccionado para la Olimpiada de Amsterdam (1924). Compatibilizaba esta dedicación con el empleo en una empresa comercial donde seguía en 1925 y tocando el piano en el cine Nilo de su barrio. En este mismo año formó un trío con el que protagonizó varias actuaciones en Radio LOY. En 1926, pudo viajar a Europa y norte de África acompañado por su padre, gracias a los derechos de reproducción de sus ya exitosos tangos. Por su parte, abandonó el segundo apellido de su padre y quedose con el segundo, con el que, junto a su sonoro nombre, ya sería conocido.

En 1928, ya secretario de publicidad de la marca Odeón, había formado una orquesta que tocaba en el cine Splendid y, dado el éxito en España del trío Irusta, Fugazot y Demare, a través del industrial Manuel Gorina, se procuró unos contratos. A fin de año la orquesta viajaba a Barcelona, donde Cátulo fue entrevistado por El tango de moda. En ella se declaraba “muy satisfecho de la travesía y con una confianza ciega en su orquesta”. Ésta se completó rápidamente con Miguel Caló, Pablo E. Flores y Ricardo Malerba, como bandoneones; Carlos Malerba y Estanislao Savarese con los violines y Alfredo Malerba, más el propio Cátulo Castillo, al piano. Como cantor figuraba uno de los grandes, Roberto Maida, del que la citada revista diría en su número 14 del 19 de enero de 1929: “el único que, después de Gardel, supo traer a nuestra  patria los dulces aires de la nación hermana”. También había grandes elogios para Cátulo, a cuya orquesta la revista considera la mejor de las ”típicas”.  A finales de enero de 1929 se incorporaría, también como cantor, Juan B. Giliberti.

El debut europeo de la jovencísima formación se produjo en el Cabaret Excelsior el 16 de noviembre de 1928, actuando junto a la jazz-band del local, dirigida por Fusté y con Carlos Gardel y Enrique Cadícamo, como asistentes. Pasaron después al  Principal Palace y el 23 de diciembre la orquesta ofreció una actuación  en el Teatro Barcelona. Por entonces, había llegado a la Ciudad Condal José González Castillo, padre de Cátulo y, como el gran letrista que fue, ya presidente del círculo de Autores de Buenos Aires.

Cátulo Castillo, Orquesta 1

Tras las fiestas de Navidad, la orquesta actuó en Madrid, donde volvió a repetir el éxito, como en el resto de su gira española. Meses después lo haría en el salón Palermo  y otros lugares de Sevilla, con motivo de la gran Exposición Universal de la capital andaluza.

Viajó después a París, donde volvería a coincidir con Gardel. Regresó  a España, donde dos días antes de embarcar para la Argentina, la orquesta grabaría diez discos para la firma Odeón y Cátulo compraría libros de teatro ruso para su padre. En Madrid frecuentó las famosas tertulias de los cafés de la capital, especialmente, las de La Granja del Henar y del Prado.

Ya en Buenos Aires decidió perfeccionar sus estudios de armonía y composición pero, instado por la compañía del teatro Sarmiento comandada por Luis Bayón Herrera y Manuel Romero para volver a Europa en 1931, volvió a disfrutar del éxito en sus actuaciones. De nuevo en la Argentina, ejerció como profesor de música en el Conservatorio Municipal “Manuel de Falla” de la capital porteña en el que crearía la cátedra de bandoneón, que se otorgó a Pedro Maffia y del que más tarde sería director.

Castillo, Cátulo con su padre 0A partir de la muerte de su padre, el 22 de diciembre de 1937, Cátulo abandonó la interpretación y se dedicó únicamente a escribir. Desde entonces, muchas más letras que música. Entre los autores con los que colaboró figuran los grandes nombres de la música del tango: Pacho, Maffia, Troilo, Piana, Delfino, Demare, Charlo, Teisseire, Manzi, Sureda, Viván, Mores, Pontier, Olivari, Stamponi… 

Los años cuarenta y cincuenta constituyeron otra edad dorada en la calidad de sus composiciones, al tiempo que seguía cultivando el  periodismo y la literatura y se adhería al peronismo. En 1953 ocupó el Castillo, Cátulo con Peróncargo de presidente de la Comisión Nacional de Cultura. Fue también secretario y director de la Sociedad de Autores argentina (SADAIC) en varios periodos. La caída de Perón significó su ostracismo aunque conservó la dirección del Conservatorio y continuó con sus críticas teatrales en el diario Última hora.

Cinco meses antes del golpe de estado encabezado por el general Videla, Cátulo murió a consecuencia de un infarto. Poco antes había sido declarado Ciudadano  Ilustre de Buenos Aires y el Fondo Nacional de las Artes le había entregado el Gran Premio Anual.

[1] El registro no aceptó el nombre de Descanso Dominical, que pretendía imponerle el padre para celebrar la reciente imposición del mismo, por la que había luchado el Anarquismo.

[2] Le grabaría también “Aquella cantina de la ribera”, “Corazón de papel” y “La violeta”.

Castillo,Cátulo dedicada a Bruno

Principales composiciones:

“A Homero”, “Acuarelita de arrabal, “Adiós, te vas”, “Anoche”, “Arrabalera”, “Café de los Angelitos”, “Caminito del taller”, “Camino del Tucumán”, “Caserón de tejas”, “Circo criollo”, “Corazón de papel”, “Cristina”, “Desencuentro”, “Destino”, “Domani”, “El aguacero”, “El circo se va”,  “El patio de la morocha”, “El último café”, “Eufemio Pizarro”, “Invocación al tango”, “Juan Tango”, “Juguete de placer”, “La calesita”, “La cantina”, “La madrugada”, “La mulateada”, “La última curda”, “Luna llena”, “María”, “Mensaje”, “Mi moro”, “Música de calesita”, “Organito de la tarde”, “Papel picado”, “¿Para qué te quiero tanto?”, “Patio mío”, “Quien te ha visto y quien te ve”, “Responso malevo”, “Silbando”, “Sin ella”, “Sos de La Quema”, “Tango sin letra”, “Tinta roja”, “Tortura”, “Tu cariño”, “Una canción”, “Una vez”, “Viejo ciego”, “Y a mí ¿qué?”.

Grabaciones de su orquesta:

“Esta noche me emborracho”, “Invocación al tango”, “¡Qué vachaché!”,  “Lorenzo”,  “Voy pa’viejo”  “Chiqué”, “¡Che, papusa, oí!”, “Caminito del taller”, “Por el camino”, “Caminito”, “Retintín”, “Malevaje”, “Victoria”, “Cachadora”, Mamá… yo quiero un novio”, “Viejo ciego”, “¿Para qué volvés?”  (Odeón, 1929)

Otras creaciones de la orquesta:

“Sobre el pucho”, “Piedad”, “Insomnio”, “Malevaje”, “El carrerito” (el mayor éxito), “Mala junta”, “Chorra”, “El entrerriano”, “Ramona”,  “Suerte loca”, “Haragán”…

Obra literaria

Danzas argentinas (poemas), 1947.

El patio de la morocha (sainete), 1951

Tango en el Odeón (teatro)

La palabra del diablo (farsa para niños), 1959

Amalio Reyes, un hombre (novela), 1970.

                                                            BIBLIOGRAFÍA

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VARELA, Gustavo, Mal de tango. Historia y genealogía moral de la música ciudadana, Buenos Aires, Paidós, 2005.

Varela, Gustavo Mal de tango

VARIOS AUTORES, Los poetas del tango, Buenos Aires, Sophia Ediciones del Río de la Plata, 1986.

A Cátulo Castillo de Héctor Negro001

El martes, 18 de junio, vuelvo al Instituto Cervantes de Dublín, con una conferencia sobre “El tango en su historia”. De lo internacional a lo local, reproduzco aquí este trabajo publicado hace un año en el nº 8 de la revista. Imán. http://revistaiman.es/2013/05/29/el-tango-en-zaragoza/

La inexistencia de hemerotecas digitales de la prensa zaragozana no nos permite acometer investigaciones exhaustivas, cosa que sí puede hacerse, en cambio, en la capital oscense, cuyo Instituto de Estudios Altoaragoneses hace algún tiempo digitalizó el Diario de Huesca, desde su inicio en 1875 hasta la actualidad en la que, tras pasar por distintas épocas y denominaciones, ha devenido en Diario del Alto Aragón. De cualquier manera, la situación geográfica de la ciudad de Zaragoza, equidistante entre Barcelona y Madrid, en tiempos en que los viajes eran mucho más lentos, propició que muchas figuras del mundo del espectáculo recalaran a menudo en su suelo.

argentinas1907parish Sabemos que el primer periodo de difusión internacional del tango se dio a principios de la segunda década del siglo XX, llegando a ser espectacular en el París de 1912-1914, pero a la Península Ibérica había llegado años antes, concretamente, a finales de 1906, cuando una pareja que se hacía llamar Las Argentinas, compuesta por la bonaerense María Cores y la italiana Olimpia d’Avigny, que luego triunfaría como cupletista, importó el tango criollo y dio también motivo a toda suerte de reprobaciones. Que se extendieron a lo personal pues parece claro que en la intimidad seguían proyectando los papeles -María el de varón y Olimpia el de mujer- que desempeñaban en el escenario. Las Argentinas, que también bailaban la machicha brasileña, aún más descocada que el tango, al menos para los tiempos que corrían, tuvieron un gran éxito.

Es problemático aventurar quién sería la primera aragonesa que cantó en público un tango. Pero es Paquita Escribano-2muy probable que se tratara de la cupletista Paquita Escribano, que gozó de gran notoriedad a partir de 1910. A finales de enero de 1914 estrenó el que probablemente es el primer tango español que se cantó en público, “La hora del thé” (sic), con música de Ricardo Yust y letra de Álvaro Retana, que se hizo famosa, sobre todo por los versos que rezaban: “dicen que el tango tiene una gran languidez / por eso lo ha prohibido el Papa, Pío X”. Muy poco después, Paquita incrementaría su repertorio tanguero con “Mi gatito”. Una más

Más sencillo es aventurar la primera aragonesa que registró tangos para el gramófono. Fue, seguramente, la inevitable pero genial Raquel Meller que, en su primer viaje a Buenos Aires (1920), dejó versiones de “Maldito tango”, “Milonguita” y “Una más”.

Durante la década del veinte, también viajaron a la Argentina Ofelia de Aragón, que grabó “A contramano”, y  Elvira de Amaya, que registró “Mecha”. Todas ellas lo hicieron bastante bien pero el intérprete de tangos, no sólo aragonés sino español más reconocido de siempre, es un zaragozano, Mariano Royo Maestro (1908-2000), que tomó el nombre artístico de Mario Visconti. Desde que en 1929 formara el trío Visconti, su larga carrera se desarrolló en torno al tango aunque a partir de los años cuarenta, se acercara también a otros ritmos, especialmente al bolero. En distintas épocas, Mario Visconti_Esta noche me emborracho001Visconti fue cantor de orquestas típicas criollas tan importantes como las de Cruz Mateo-José Melín, Horacio Pettorosi, Eduardo Bianco y Rafael Canaro. Él también llegaría a formar sus propios conjuntos. Con unos y otros viajó por toda Europa y América e, incluso a finales de los cuarenta, estuvo contratado durante un par de años por Radio El Mundo de Buenos Aires, como una de las estrellas de sus programas de tango. En 1960 grabó su último disco, un EP con cuatro tangos y, aunque no se retirara definitivamente, el retroceso del género junto a la irrupción de la música joven anglosajona lo fue relegando al olvido. Todavía a finales de 1979 participó en el programa “Canciones de una vida” de TVE y,  siete años más tarde, en “Toda una vida” de Radio Barcelona. Sus últimas actuaciones ocasionales en la Ciudad Condal se dieron en escenarios de aficionados, hasta que en el verano de 1993 intervino como invitado especial en la sala de baile Festa Major de la calle Viladomat. Poco después ingresó en una residencia de ancianos. Aunque no sean fáciles de encontrar, entre los años 2000 y 2005, las firmas Gardenia y Rama Lama editaron cuatro discos compactos con muchas de sus grabaciones. (V. https://javierbarreiro.wordpress.com/2012/12/15/mario-visconti/)Val, Francisco de001

A Visconti habría que unir el nombre de otro cantor y compositor zaragozano, nacido en Villafeliche y recriado en Sierra de Luna, pueblo al que dedicó el famosísimo pasacalle-jota homónimo. Se trata de Francisco de Val (1897-1984), cuya carrera empezó en los años veinte como cantor de tangos. Este compositor, autor de obras fundamentales de la canción popular española como “Viajera”, “Torito bravo”, “¡Qué bonita que es mi niña!“, “Las palomas del Pilar”, “Una lágrima cayó en la arena”, compuso tangos como “Que camine sola”, grabado por Héctor Maure,”La vuelta del trío argentino Irusta, Fugazot y Demare”, “Maldición” o “Alma de tango”, que cantara la gran Carmelita Aubert en la película Mercedes. Pero él también llevó al disco al menos dos tangos “Compañera de su vida” y “Murió El Zorzal”, también dedicado a Gardel.

Aunque después de la primera época de expansión del tango rioplatense, que fue casi siempre en su vertiente bailable, este no desapareció, en la década de los veinte volvió con la misma o mayor fuerza pero ahora con predominio de la dimensión cantora. De más, por evidente, estaría proclamar a Gardel, que llegó por primera vez a España en 1923, como máximo responsable aunque su mayor resonancia se produjo a partir de su segundo viaje (1925) y de los muchos discos que grabaría en Barcelona, donde fue idolatrado. Gardel no llegó a actuar en Zaragoza. Sí lo haría el otro introductorSpaventa-Celebridades de varietés002 del tango cantado en España, Francisco Spaventa, un intérprete muy mediano que, tras grabar un buen número de discos y triunfar durante unos años, hubo de desaparecer cuando otras orquestas argentinas con destacados cantores empezaron a poblar los escenarios ibéricos. Puede cifrarse entre 1928 y 1933, la época dorada del tango cantado en España, donde circularon al menos tres revistas monográficamente dedicadas a él: El Tango Popular, Tangomanía y El Tango de moda, que llegó a alcanzar 245 números.

Durante esta época pasaron por los escenarios los mejores intérpretes tangueros que viajaron a Europa y cuyos destinos más habituales eran las llamadas segunda y tercera patrias del tango (París y Barcelona) pero también Madrid y, como se apuntó, en calidad de ciudad de paso, Zaragoza. Tuvo especial predicamento el trío Irusta, Fugazot y Demare, que también editó muchos discos en España, Maizani, Azucena-Los grandes del tango001rodó películas y se hizo con un considerable número de fanáticas. Sin embargo, quizá la actuación más importante de un intérprete tanguero en Zaragoza se dio en noviembre de 1931 en el Teatro Principal. En dicha sesión Azucena Maizani, que recorrió en triunfo los escenarios de la vieja Iberia durante nueve meses (entre septiembre de 1931 y junio de 1932), arrebató a los zaragozanos. Aún conservo una libreta de un tío abuelo, Eugenio Bordonaba, en la que apuntó minuciosamente todos los tangos que esa noche cantara la conocida  como “Ñata gaucha”.

Prueba del protagonismo que tuvo el tango en Zaragoza es que a la Carlos Gardel-Partitura editada en Zaragoza 1935001muerte de Carlos Gardel tras el accidente de Medellín, acaecido el día de San Juan de 1935, se editó un tango cuya partitura lleva la firma Ediciones Verlosment, razón sita en el número 1 de la zaragozana calle Manifestación. Son rarísimas las partituras de canción popular publicadas en la capital aragonesa por esa época, lo que nos habla de la pasión por El Zorzal Criollo en cualquier esquina del mundo. En los cines zaragozanos, como sucedía en muchos otros lugares, el público interrumpía las películas de Gardel para que sus intervenciones canoras fueran rebobinadas y repetidas.

Por otra parte, el tango como baile mantuvo su alta estimación desde la época de su arribo pero ya sin los pujos represores que lo recibieron en toda Europa y que en España habían llevado a la reina Victoria Eugenia a proscribirlo en los bailes de palacio, pese a las solicitudes en su favor de damas de la aristocracia. Toda represión engendra atracción y prurito de soslayarla y a ello unió el tango la belleza de su música y lo fascinante y sensual de su danza sinuosa. En Zaragoza se bailó en verbenas callejeras, en salones aristocráticos, en locales de espectáculos, como el Iris Park, en cafés, como el Ambos Mundos, en cabarets como el Aragonés, luego llamado Conga Dancing y, finalmente, El Plata. Y hoy se baila en las numerosas milongas que congregan a los muchos aficionados que tienen la danza tanguera casi como una forma de vida.

En el periodo de postguerra el tango hubo de convivir con la pujante canción española, hoy redenominada copla y, en su vertiente de baile, con otros ritmos americanos, especialmente el bolero, que, como el tango, venía de los finales del siglo XIX pero que hubo de aguardar décadas hasta hacerse universal. El aislamiento de España no favoreció que llegaran al país las grandes orquestas de tango que tuvieron su época de oro en los años cuarenta, a pesar de la buena sintonía del franquismo con el régimen de Perón. Pero estas agrupaciones tenían el cocido bien asegurado en el Río de la Plata y no tenía sentido emprender largos y caros viajes trasatlánticos para tropezar con la vacilante economía de un país autárquico. Al contrario, fueron los artistas españoles los que procurábanse contratos para cruzar el charco, en la seguridad de encontrar allí un público favorable, incrementado por el de los muchos exiliados con necesidad de aligerar su nostalgia. Sólo unos cuantos cantores argentinos arribaron a la península y  lograron cierto predicamento: Uno, Jorge Cardoso (La Pampa, 1914-Alicante, 1994), que llegó con la orquesta de Rafael Canaro a principios de los cuarenta y grabó un buen número de discos, hasta afincarse definitivamente en España. Otro, Agustín Irusta (Santa Fe, 1903-Caracas, 1987), el cantor del famoso trío, que a sus muchos corazones rotos en España había añadido el de la mujer de Jardiel Poncela, que naturalmente, cobró odio eterno al tango. Irusta protagonizó con Carmen Sevilla el film de León Klimovski, La guitarra de Gardel (1948)  Ambos artistas actuaron  en varias ocasiones en la capital del Ebro.

Sin embargo, la auténtica figura del tango en España a partir de los sesenta, fue Carlos Acuña, por Acuña-Primer disco en Españaotra parte, magnífico intérprete que en la Argentina no tuvo el reconocimiento merecido, al menos, a partir de su radicación en España, donde permaneció casi tres décadas. Porteño de ley, su verdadero nombre era Carlos Ernesto di Loreto (1915-1999). Llegado a Madrid en 1961, se acogió al círculo cercano al general Perón y actuó en los mejores locales del país. En Zaragoza estuvo muchas veces en la prestigiosa sala de fiestas Cancela 3, de la calle Royo y, en su última época, actuó en el Teatro del Mercado, acompañado del Pibe Sanjo, de quien pronto se hablará.

La década de los setenta y la primera mitad de los ochenta no fueron especialmente brillantes para el tango. No obstante, habría que recordar la actuación del Cuarteto Cedrón, con sus extraordinarias versiones tangueadas de los textos de Raúl González Tuñón y otros poetas. Estuvieron en Zaragoza actuando en el antiguo Polideportivo del Parque. Habría que citar también al grupo Malevaje, formado hacia 1984, en cuyo elenco se incluyeron varios muy conocidos músicos del rock de la llamada “movida”. Fue capitaneado por Antonio Bartrina, que luego, se desgajó del grupo y actuó durante muchos años con músicos argentinos con guitarra, contrabajo y bandoneón. Con su grupo y en solitario, Bartrina actuó varias veces en Zaragoza.

Durante los meses de noviembre y diciembre de 1986 y con el título, “El tango hasta Gardel”, El tango hasta Gardel-Alma de bohemio002organicé una gran exposición en el Museo de Sástago. Además de partituras de tango, fotografías, proyecciones, decoración, ambientación y música de la época, diversos coleccionistas aportaron material, con especial referencia a Bruno Cespi, que trajo de Buenos Aires distintos objetos personales de Gardel. La cancionista criolla Julia Cosentino y el guitarrista y cantor Carlos Montero  dieron recitales y José Gobello, presidente de la Academia Porteña del Lunfardo, Blas Matamoro, Marcelo Cohen, Tomás Buesa, Ana Basualdo y el comisario Javier Barreiro impartieron sendas conferencias. Además, se programó un ciclo de cine con las películas de Gardel y otras de temática tanguera en la Filmoteca de Zaragoza. Se editó un hermoso affiche sobre una partitura de “Alma de bohemio”, motivo que ilustró también la portada del libro, El tango hasta Gardel, editado con motivo de la exposición y escrito por el firmante.

MauricioUno de los visitantes más habituales de la exposición fue Mauricio Aznar, líder del grupo de rockabilly Más Birras, tan pirrado por el Carlos Gardel y el tango que, frecuentemente, lo incluyó durante esta época en sus recitales. Luego evolucionó hacia los predios de Atahualpa Yupanqui y la chacarera, hasta el punto de que abandonó el rock para dedicarse casi exclusivamente a este último género. (V. https://javierbarreiro.wordpress.com/2012/06/30/mauricio-aznar-buscador/).

Aproximadamente a partir de 1985, tras varias décadas en las que el tango pasó por su fase más oscura, se produjo un nuevo renacimiento, mucho más notable en su vertiente de danza. Algunas voces apuntan a la repercusión del espectáculo “Tango Argentino” de Claudio Segovia, estrenado en París en 1983 y posteriormente en Broadway. Fuera como fuese, cuando, incluso en el Río de la Plata, tan sólo quedaban unas cuantas milongas tradicionales, empezaron a aparecer profesores, academias, locales y aprendices y su crecimiento fue exponencial. Unos años más tarde, las milongas se convirtieron en una moda que no tiene visos de retracción.

Así, en septiembre de 1989 llegó a Zaragoza, Carlos San José “El pibe Sanjo” que, en la calle Zumalacárregui, abrió la primera academia de baile tanguero que se instaló en la ciudad en el último cuarto del siglo XX, con su pareja, Karina y que formó bailarinas tan expertas como Carmen Sanjulián, hoy día, pareja de Brendan Hughes, elegido “milonguero del año” en Dublín, e Isabel Lou, que continúa maravillando cuando, ocasionalmente, se luce en las milongas parisinas.  El pibe Sanjo, morocho, pequeño de estatura y carnicero de profesión, era hombre, sin embargo, de gran iniciativa personal y consiguió la proeza de supervivir unos años de la enseñanza del tango y organizar varios festivales a algunos de los cuales acudió como figura estelar Carlos Acuña. Buscó después fortuna en otras ciudades como Valladolid y Vigo y, finalmente, regresó a Buenos Aires, donde sigue dando clases. Años después y cuando ya la danza criolla empezaba a despegar, llegó José Carlos de la Fuente que, tras una formación como bailarín en la capital argentina, fundó la Milonga del Arrabal, que hoy continúa y ha formado numerosos bailarines. De allí surgió la Asociación El Garage, fundada a fines de 1997 y que también reúne un buen número de bien preparados entusiastas del baile. Luego, varias academias, milongas o asociaciones han proliferado, al arrimo de la vitalidad de esta danza. Por nombrar unas cuantas: La de Domingo Rey, que estuvo en La Galería de la Plaza de Sas y  ahora regenta Rocío Rubio, que continúa perfeccionándose en Buenos Aires, Punto Vital, Tango Zaragoza, Gotán, M&G Zaragoza, El Almacén y, sin duda,  alguna más que no conozco o se me olvida.

Como cantantes que han visitado Zaragoza, además del mentado Carlos Montero, que cada tanto repite, antes con preferencia por el Teatro del Mercado y, ahora, ya  con menor asiduidad, en La Campana de los Perdidos, habría que destacar a Juan Carlos Cáceres, pianista bonaerense afincado en Francia, reivindicador del tango negro, que en junio de 2003 protagonizó una emocionante actuación en el Monasterio de Veruela, donde también expuso sus obras, pues, además, es un cotizado pintor. Si puede, hágase con su disco, “Tango negro”. Dos años después, Cristóbal Repetto, un excelente cantor con voz muy similar a la de Agustín Magaldi  ofreció un exitoso recital en un repleto auditorio Eduardo del Pueyo. Puede que me falle la memoria pero, en los últimos años, no recuerdo en la capital del Ebro ninguna actuación superior a la de los citados.

Pero también ha habido cantantes de tangos zaragozanos que en época reciente han llevado al disco su voz y sus creaciones. El más significado, Gregorio López, con una bella voz de timbre gardeliano, que en 1996 se hizo con la segunda edición del televisivo concurso de Antena 3 “Lluvia de estrellas” y, después, ha actuado frecuentemente en nuestra ciudad y, durante varias temporadas, en la capital del reino. Tiene editado un CD, “Mano a mano con el tango”. Recientemente, se han incorporado dos intérpretes más, Antonio Aguelo, que a finales de 2012 ha sacado a la luz un CD con el título, “13 tangos de color y una bossa desesperada” y Enrique Cavero, polifacético personaje, bien conocido en la noche zaragozana, que en 2013 presentaba un CD, “Doce tangos”, con  las piezas más clásicas.

Zaragoza y el tango. Una historia, venturosamente, sin terminar.  

El tango hasta Gardel-Programa Exposición 1986001 

 

PALMERO, Anita, Ronda (Málaga), 6 IX.1902 – Buenos Aires, 11.I.1987. Cantante de tangos.

Palmero, Anita-Rev. Sintonía

 Su padre trabajó como electricista en diversos teatros, lo que puede vincularse con la vocación de Anita. Fallecida en 1917 la madre, la familia se trasladó a Casablanca, donde se abrió camino como cupletista y actuaría en Gibraltar, Casablanca y Tánger. Tras actuar en varios países americanos, en una gira por el norte de África, se unió a una compañía de varietés y con ella debutó en el madrileño Teatro Romea (1925).

  Llegó a Buenos Aires el cinco de septiembre de 1925 y allí conoció a Gardel, con quien tuvo una amistosa relación, y, también, a su acompañante, José Razzano, que se convirtió en su mentor, y comenzó a cantar tangos de forma muy personal y, generalmente, con un enfoque cómico. En 1930 grabó con el guitarrista que había acompañado a Carlos Gardel, José Ricardo, Botarate y Encantadora, pero Burrero (1931) fue su gran éxito. En total llevó al disco cuarenta y dos temas, en su mayoría, tangos, aunque no se editó más que la mitad. En la Fiesta del Tango celebrada en el Teatro Colón (1931) fue proclamada “Reina del Tango”.

   Muy bella, fue una figura de la radiofonía hasta su primera retirada en Palmero, Anita-21934, por cuestiones sentimentales. Los asuntos amorosos le depararon una ajetreada vida. Incluso uno de sus maridos, el actor Lalo Harbín, le disparó en la calle dos tiros con intención de matarla. En 1938 volvió con éxito a Radio El Mundo y, pronto volvió a abandonar la profesión para retirarse a Brasil con un nuevo admirador. A su regreso  actuó con diversa fortuna, como cantante y actriz de teatro, pero manteniendo su simpatía y su fama de vampiresa. Adicta al peronismo, no le benefició la caída en desgracia del mismo por lo que unido al retroceso de popularidad del tango, por la pujanza de la música popular anglosajona, en sus últimos años su fama se fue apagando hasta provocar su retirada en 1963.

 Como protagonista, Interpretó dos películas: Fúlmine (Bayón Herrera, 1949) y El ladrón canta boleros (Cahen Salaberry, 1950). En la que se considera la primera cinta argentina íntegramente sonora, Mosaico criollo (Edmo Comminetti, 1929), había cantado el tango Botarate, por lo que resulta que una española es la primera intérprete de un tango en el cine.

 Botarate: http://www.youtube.com/watch?v=MvG65N-FfvI

Bigotito: http://www.youtube.com/watch?v=tfNu30LqWss

Burrero: http://www.youtube.com/watch?v=rMVJ8CKBNdw

ito Schippa-Anita Palmero-Ratti052

                                    Anita entre Hugo Ratti y Tito Schippa con guitarras         

                               

                                                                        BIBLIOGRAFÍA

-ABALLE, G., “Anita Palmero”, Cuadernos difusión del tango nº 9, s.. f.

-BARREIRO, Javier, Voz: “Palmero, Anita”, Diccionario del tango, Madrid, SGAE, 2001, p. 120-121.

CERNUDA, Fabio Daniel, “Grabaciones realizadas por Anita Palmero”,  http://discografiasdetango.blogspot.com/2010/03/grabaciones-realizadas-por-anita.html

-OLIVIERI, Ángel, Historias de tango, Buenos Aires, AqL., 2005.

-SANTOS,  Estela dos, La historia del tango, 13, Las cantantes, pp. 2301-2304, Buenos Aires, Corregidor, 1978.

-SIN AUTOR, “Anita Palmero. ‘La gallega de Málaga’”, Los grandes del tango: Tania y Anita Palmero, Buenos Aires, Tango, 1991, pp. 24-29.

-, “Discografía de Anita Palmero”, Club de Tango nº 62, septiembre-octubre 2003, pp. 16-17.

                                                          DISCOGRAFÍA

Araca Corazón-Viejo ciego-Gurrumina-Fumando esperoPara qué vivir (sin difusión comercial), 1927.

Piedad-Marioneta-Alma en pena-Noviecita mía (sin difusión comercial) 1928.

¿Te acordás de aquella vidalita-Caperucita (sin difusión comercial) 1930.

Encantadora-Botarate, Odeón 13600, 1930.

El niño de las monjas-Ilusión marina, Odeón 13601, 1930.

Hasta que ardan los candiles-Ilusión marina Odeón 13602, 1930.

Reza por mí-Burrero (seco), Odeón 13603, 1931.

La carrera de la sortija-La comadreja, Odeón 13604, 1931

Escribile al comisario-Bajando la serranía, Odeón 13605, 1931.

El que con chicos se acuesta-Vuelvo hacia ti, Odeón 13608, 1931.

Poderoso-La mentirosa, Odeón 13609, 1931.

Negrita ¿querés café?-Sentencia gitana, Odeón 13610, 1932.

Palmero, Anita_Botarate

FILMOGRAFÍA

Mosaico criollo (Edmo Comminetti, 1929),

Fúlmine (Bayón Herrera, 1949)

El ladrón canta boleros (Cahen Salaberry, 1950).

Misión en Buenos Aires (Ricardo Gascón, 1954)

Anita Palmero, una suerte de tangos (documental), 2010 (Gaby Beneroso y Enrique de la Vega, 2010).

MEDINA, Rafael (Rafael Jaimez Medina), Las Palmas de Gran Canaria, 11-III-1906 / Las Palmas de Gran Canaria, 20-IV-1978. Cantante, violonchelista y actor.Medina, Foto de Galán002

Hijo de un coronel de artillería, de niño formó parte de una rondalla como primer bandurria e inició estudios de solfeo y piano, que pronto sustituyó por el violoncelo. Terminado el bachillerato en su ciudad natal, se trasladó a Barcelona para estudiar Farmacia, carrera que pronto abandonó por la música. Instruido en el violonchelo por su maestro José Getán,  marchó a Ginebra para perfeccionarse con el profesor Benito Brandía. Ya maestro concertista, fue alabado por Pablo Casals y actuó en distintos lugares pero la fuerza de la radio y el cine sonoro le hicieron emprender otro camino. El 16 de marzo de 1933 se presentó en la sala Studium de Barcelona y cosechó excelentes críticas.

 Antes, había debutado en Masnou (Barcelona) debutó como cantor de tangos en una revista de aficionados. Tuvo éxito y el director de Parlophon, que lo había escuchado, le invitó a impresionar su primer disco: “Peteneras” y “Segovianas”. También, tangos como “La pulpera de Santa Lucía” y “Vecinita”. Llamado por los estudios de la Paramount en Joinville, apareció en la película de Carlos Gardel, Melodía de arrabal y en 1931 acompañó a Imperio Argentina en dos cortometrajes, Cuando te suicidas, cantando a dúo el vals “Ya verás, ya verás”  y Buenos días, en el que el dúo fue en la zamba “Niña graciosa”,  pero la crisis de la productora hizo que Rafael tuviera que buscarse la vida en París, donde prescindió del Jaimez, de difícil pronunciación, y se hizo llamar Rafael Medina. En seguida consiguió actuar en locales tan prestigiosos como el Bovino, el Alcázar y en el Casino, con gran éxito. Del mismo modo, fue llamado para actual en las llamadas “Conférences de Charles Cros”, así llamadas en memoria del inventor francés del fonógrafo, bajo los auspicios de Paul Valery, Ravel y Stravinsky.

 A su vuelta España, se casó con Mercedes Bou, hizo dos películas y siguió, únicamente acompañado por su guitarra, actuando por Europa con muy buena acogida. La guerra mundial hizo que volviera a Barcelona para actuar en las orquestas de Martín de la Rosa y Vicente Montoliu, formar la propia y convertirse en uno de los vocalistas más importantes de la posguerra. Grabó muy numerosos discos y sus especialidades fueron el bolero, el tango y el fox. Su educada voz, excelente presencia y conocimientos musicales lo convirtieron en uno de los ídolos musicales de su tiempo.

Una vez retirado, volvió a su tierra natal se aficionó a la colombofilia, volvió a la Orquesta Filarmónica de su ciudad natal como primer violonchelo y llegó a dirigir el Conservatorio donde se había empezado a formar musicalmente y dejó un gran recuerdo como pedagogo.Medina, Cancionero003

FILMOGRAFÍA

-Louis GASNIER, Melodía de arrabal, 1932.

-Fernando DELGADO, Doce hombres y una mujer, 1934.

-Max NOSSECK, ¡Alegre voy!, 1934. Poderoso caballero, 1935.

A. HUGON, Tres argentinos en Montmartre, 1941.

-José LÓPEZ RUBIO, Rosa de África, 1941.

DISCOGRAFÍAMedina, Rafael-Celebridades del Cancionero

-Rafael Medina Vol. 1 (1931-1942) CDVentura 8431194005021.

-Rafael Medina y su orquesta Rafael Medina y su orquesta. Vol. 2 (1942-1949) CD Rama Lama, RO 52342.

BIBLIOGRAFÍA

-BARREIRO, Javier y José Carlos ORTIZ GARCÍA, Voz: “Jaimez Medina, Rafael”, Diccionario biográfico español. Madrid, Real Academia de la Historia, Tomo XXVI, pp. 639-640.

J. M. RODRÍGUEZ “RODRI”,  “Rafael Medina”, CD Rafael Medina y su orquesta Rafael Medina y su orquesta. Vol. 2 (1942-1949), Madrid, 2003.

http://www.goear.com/listen/1d7d0d8/vals-de-las-velas-rafael-jaimez-medina