Posts etiquetados ‘Guerra Civil’

A pesar de su interés y valor etnológico, Pascualico o El trovero de Las Bochas es una obra muy poco conocida, entre otras razones, por la dificultad de conseguirla, tanto en su primera edición, como en el facsímil, que apenas ha circulado. Las fiestas del Pilar pueden ser un buen motivo para recordar esta novela, que respira Aragón por todas sus grietas.

Reproduzco aquí la reseña que realicé de la obra en el momento de su reedición, publicada bajo el título, “Cien años del Pascualico” en Heraldo de Aragón (16-XI-2006) y la entrada sobre el autor procedente de mi Diccionario de Autores Aragonese Contemporáneos (1885-2005), Zaragoza, DPZ, 2010, pp. 994-995.

CIEN AÑOS DEL PASCUALICO

Fray Manuel Sancho, Pascualico o El trovero de Las Bochas, Monasterio de El Olivar (Teruel), 2006. Edición facsímil y presentación a cargo de Joaquín Millán.

EPSON scanner image

EPSON scanner image

¿Cuantos lectores se echaron al coleto el Pascualico, en las fechas de su aparición hace cien años? No lo sé pero, desde luego, más que ahora, en que acaba de ser reeditado en facsímil por los mercedarios del Monasterio de El Olivar en Teruel. Su autor, Manuel Sancho Aguilar (1874-1936), el padre Sancho, natural de Castellote, había ingresado a los trece años en dicha orden y en 1893 haría los votos solemnes. La mayor parte de su vida transcurrió en Lérida y en el susodicho monasterio de El Olivar, cercano a Estercuel. Músico y escritor muy prolífico, en la primera década del siglo XX obtuvo algunos premios, entre otros, el concedido en los Juegos Florales de la Zaragoza de 1905 a Pascualico o El trovero de Las Bochas, novela de costumbres aragonesas publicada en 1906 en la tipografía de Manuel Salas, una entretenida narración costumbrista, que sería su obra más conocida y en la que se adivinan muchos ingredientes autobiográficos.

La obra ofrece, además, numerosos elementos interesantes a efectos antropológicos, etnológicos y lingüísticos. Los troveros eran poetas populares, cuya historia es muy poco conocida y, menos, estudiada en nuestra región. No se trataba de improvisadores netos, como los troveros murcianos o los payadores sudamericanos, sino de gentes, de origen muy popular, con facilidad para componer coplas, trovas o jotas, que actuaban en ferias y fiestas y a los que se podían pedir versos, con unos u otros motivos. Uno de ellos es Pascualico y Las Bochas, un pueblo turolense a orillas del río Martín, que tiene todas las pintas de corresponder a alguno bien conocido por Fray Manuel Sancho, aunque no quiera particularizar. Anécdotas, dichos, un rico lenguaje popular, combinado con escenas costumbristas que dan cuenta tanto de la sencillez e ingenuidad como de la brutalidad de la vida cotidiana de hace un siglo en estas poblaciones, conforman el libro que fue laureado en los Juegos Florales de Zaragoza en 1905 y publicado al año siguiente con numerosas ilustraciones de Segundo Cantero. En él aparecen abundantes jotas, muchas de ellas de origen popular y que Manuel Sancho acomodó en su historia, unas conocidas, otras no, por lo que el libro puede servir de complemento a los cancioneros que conocemos y cuyos contenidos algún día habrá que inventariar, ahora que, en vez de gentes como don Francisco Rodríguez Marín, tenemos ordenadores. Unas son amorosas, otras alegóricas, otras religiosas y muchas satíricas, sin pararse en barras en la invectiva, como corresponde al genio del estro regional. Cualquiera que haya visitado las bodegas de hace unas décadas reconocerá perlas como esta: “Tienes la cara de burra, / el pelo de zorra fuina, /orejas de morcegala / y los morros de tocina”.

Aparte de este entrañable documento, el padre Sancho trabajó y escribió como un poseso, si vale el medio oxímorón y, además de literatura de la llamada “edificante”, compuso numerosas comedias y, sobre todo, zarzuelas, de las que escribía libreto y partitura, ya que tenía conocimientos musicales. Generalmente, iban destinadas a la representación en colegios o ámbitos religiosos. Al comienzo de la Guerra Civil huyó con otros frailes del Monasterio de El Olivar pero el 7 de agosto de 1936 fue sorprendido en Muniesa y asesinado.

EPSON scanner image

EPSON scanner image

SANCHO AGUILAR, Manuel, Castellote (Teruel), 12-01-1874 / Muniesa (Teruel), 07-08-1936

Género: Teatro

A los trece años ingresó en la orden Mercedaria y en 1893 hizo los votos solemnes. La mayor parte de su vida transcurrió entre Lérida y el monasterio de El Olivar de Estercuel. En la primera década del siglo XX obtuvo algunos premios. El más destacado fue el concedido a Pascualico o El trovero de Las Bochas, una entretenida narración costumbrista y con valores etnográficos, en la que se adivinan elementos autobiográficos. Además de literatura de la llamada “edificante”, compuso comedias y, sobre todo, zarzuelas, de las que escribía tanto libreto como partitura. Por lo común, iban destinadas a la representación en colegios o ámbitos religiosos. Al comienzo de la Guerra Civil huyó en compañía de otros frailes del monasterio de El Olivar, pero fueron sorprendidos en Muniesa y asesinados por un grupo de milicianos. 

                                                                  OBRAS

Vida de San Pedro Armengol, Lérida, Ramón Farré, 1904.

Pascualico o El trovero de Las Bochas (novela de costumbres aragonesas), Zaragoza, Tip. de Mariano Salas, 1906. / (ed. facsímil), Teruel, Monasterio de Santa María de El Olivar, 2006.

Cuentos y fantasías, Barcelona, Eugenio Subirana, 1910. / (ed. facsímil), Teruel, Monasterio de Santa María de El Olivar, 2006.

Vida de San Ramón Nonato, Barcelona, Eugenio Subirana, 1910.

Los reclutas (zarzuela), Barcelona, Eugenio Subirana, 1912. / Barcelona, Tip. Cat. Casals, 1960.

La envidiosa (zarzuela para señoritas), Barcelona, Eugenio Subirana, 1912.

Las mentirosillas (comedia), Barcelona, Eugenio Subirana, 1912.

Elecciones (zarzuela), Barcelona, Eugenio Subirana, 1912.

La manía literaria (comedia), Barcelona, Eugenio Subirana, 1912.

Las muñecas (zarzuelilla), Barcelona, Eugenio Subirana, 1912.

Galería moral de obras escénicas, Barcelona, Eugenio Subirana, 1912-1914.

Cayo (drama), Barcelona, Eugenio Subirana, 1913.

El zapatero dentista (zarzuela), Barcelona, Eugenio Subirana, 1913.

Trapacerías (zarzuela), Barcelona, Eugenio Subirana, 1913.

La fantasma del bosque (sainete), Barcelona, Eugenio Subirana, 1913.

Hijitas de Eva (zarzuelita), Barcelona, Eugenio Subirana, 1913.

Lucha por dentro (drama), Barcelona, Eugenio Subirana, 1913.

La medicina eficaz (zarzuela), Barcelona, Eugenio Subirana, 1913.

La mimadita (zarzuela para niñas), Barcelona, Eugenio Subirana, 1913.

El detective (zarzuela), Barcelona, Eugenio Subirana, 1915.

El hijo del veterano (zarzuela dramática), Barcelona, Eugenio Subirana, 1915.

El huelguista (monólogo lírico-dramático), Barcelona, Eugenio Subirana, 1915.

Machaconas (sainete), Barcelona, Eugenio Subirana, 1915.

Miss Flan (zarzuela), Barcelona, Eugenio Subirana, 1915.

Clericalismo (drama), Barcelona, Eugenio Subirana, 1915.

Rey pacífico (drama lírico), Barcelona, Eugenio Subirana, 1915.

No soñemos (escenas de la vida íntima de una joven) (adaptación de una obra francesa), Barcelona, Eugenio Subirana, 1916.

La negra honrilla (comedia), Barcelona, Eugenio Subirana, 1916.

Flores mercedarias (narraciones), Barcelona, Eugenio Subirana, 1918.

El príncipe de la goma (zarzuela), Barcelona, Eugenio Subirana, 1920.

Redimir al cautivo (zarzuela), Barcelona, Eugenio Subirana, 1920.

La rosa marchita (zarzuela), Barcelona, Eugenio Subirana, 1920.

Recreos estudiantiles (monólogos, conversaciones y esbozos escénicos), Barcelona, Eugenio Subirana, 1922.

Flores de mayo (poesías y diálogos), Barcelona, 1924.

El duende (zarzuela), Barcelona, Eugenio Subirana, 1926.

El maestro de capilla (zarzuela), Barcelona, Eugenio Subirana, 1926.

El nacimiento del Mesías (zarzuela dramática), Barcelona, Imp. La Ibérica, 1930.

La redención del enemigo (drama lírico), Barcelona, Imp. La Ibérica, 1930.

La aurora de las misiones (zarzuela dramática), Barcelona, Eugenio Subirana, 1935.

Bibi-Lal (zarzuela misionera para jovencitas), Barcelona, Eugenio Subirana, 1935.

Dos misioneros (zarzuela dramática), Barcelona, Eugenio Subirana, 1935.

La misionerita (zarzuela), Barcelona, Eugenio Subirana, 1935.

Semilla de mártires (zarzuela), Barcelona, Eugenio Subirana, s. f.

La madre Margarita María Maturana, ángel de la caridad, Bérriz (Vizcaya), Imp. de Eléxpuru Hnos., 1945.

                                                                                 BIBLIOGRAFÍA

-ACÍN FANLO, José Luis y José Luis MELERO RIVAS (eds.), Más cuentos aragoneses, Palma de Mallorca, Olañeta, 2000, p. 17.

-BARREIRO, Javier, “Un siglo del trovero” (Reseña de Pascualico o El trovero de Las Bochas), Heraldo de Aragón, 16-IX-2006.

-CEJADOR Y FRAUCA, Julio, Historia de la lengua y la literatura castellanas, tomo XII, Madrid, Gredos, 1972, pp. 203-204.

-GARMENDÍA DE OTAOLA, Antonio, Lecturas buenas y malas a la luz del dogma y de la moral, Bilbao, El Mensajero del Corazón de Jesús, 1949.

-LADRÓN DE GUEVARA, Pablo, Novelistas malos y buenos, Bilbao, El Mensajero del Corazón de Jesús, 1910.

-LÁZARO POLO, Francisco, Teruel y la literatura, Teruel, Aragón Vivo, 2003, p. 151.

-MILLÁN RUBIO, Joaquín, “Presentación” de Pascualico o El trovero de las brochas (ed. facsímil), Teruel, Monasterio de Santa María de El Olivar, 2006.

 

Anuncios

LA ALMOLDA 1956

Publicado: junio 2, 2015 en Artículos
Etiquetas:, , ,

Vaux-hall de Basiliio

Vaux-Hall. Lo pronunciábamos “Jausval”. Un coche inglés, grande y panzudo, de la década del treinta o cuarenta, del que se veían unos pocos ejemplares circulando por las carretas españolas, entonces casi desiertas. El de Basilio, amigo de mi padre, era negro y, cuando éste debía viajar a algún lugar de la provincia, ejercía gustosamente de chófer.

Entre los cientos de representaciones que asumió el responsable de mis días, una de las más pintorescas  fue Maquiseltz, una máquina de hacer sifones, gaseosas y refrescos, que funcionaba sin motor ni electricidad y solían adquirir los bares y casinos de los misérrimos pueblos de la provincia. Su fabricante, el señor Soriano, era un obesísimo catalán, al que recuerdo roncando como un jabalí en un chinchorro del jardín familiar, tras una copiosa comida.

Maquiseltz

El problema de la representación, que, por otra parte, devengaba aceptables rendimientos, era que alguno de los productos para alimentar la máquina -al menos, la sacarina- sólo se podían obtener entonces a través del contrabando y mi padre debía enviárselos a los clientes para que la Maquiseltz pudiera seguir elaborando sus pócimas. Estos productos los escondía en una habitación de una vieja casa de tres pisos del siglo XVIII en cuyos bajos mis tíos tenían instalado un negocio de papelería, mientras los pisos superiores servían de almacén.

En alguno de los viajes por la provincia me llevaron con ellos. Un niño despejado y silencioso, que asumía con avidez todo lo que a sus ojos y oídos llegaba.

La Almolda, en plenos Monegros, era un pueblo sin agua en un pelado altozano. La llegada de la Maquiseltz y sus embajadores resultó un pequeño acontecimiento local. Mientras estos iban a avisar al bar de su llegada, el niño quedó solo en el coche y, al punto, un ejército de rapazuelos rodeó el automóvil. Quietos, mudos, con sus mocos –secos o frescos- colgando-, su pasmo ante el vehículo era tal que superaba al de su pequeño ocupante, ahora también acoquinado ante el examen de tanta mirada estupefacta. Al poco, los embajadores vinieron a sacarme del embrollo y a transportar a Maquiseltz hacia su destino.

De su instalación –mi padre era un inútil total para esos menesteres y quiero suponer que Basilio era quien oficiaba de maestro de obras- recuerdo una vieja desdentada, vestida con una bata con rayas granates y café con leche, que constantemente exhortaba a uno de sus hijos con la exclamación “¡Aduya! ¡Aduya!”, una metátesis dialectal que ya habrá desparecido de la zona.

Veinte años antes el pueblo había estado colectivizado por las milicias anarquistas y, en aquellas fechas, muchos de sus habitantes recordarían vivamente la experiencia. Basilio era hijo de un significado intelectual aragonés, que, también hace unos veinte años había sido fusilado en la capital de la provincia, el 1 de diciembre de 1936, posiblemente, por su adscripción a la masonería. O a la intelectualidad ¿quién sabe?

Aquel niño, fascinado por la violenta luz blanca de los secanos aragoneses, tardaría muchos años en saber de aquello que había condicionado la vida de su generación anterior. De hecho, no se lo contaron ni en casa ni en la calle ni en el colegio ni siquiera en la universidad. Hubo de buscarlo en los papeles y, después, en los labios de quienes lo habían sufrido.

 Pancho Villa Efectivamente, un número indeterminado de combatientes fueron apodados por sus compañeros con el sobrenombre del caudillo revolucionario mejicano Doroteo Arango  (1878-1923) “Pancho Villa”, cuya actividad era todavía reciente. Solía otorgarse el remoquete a milicianos muy arrojados en el combate, de acusada personalidad y conducta anárquica, por lo que fue frecuente entre las columnas libertarias aunque no faltó en otras facciones. Como el guerrillero mejicano, casi todos murieron de forma violenta, aquél tiroteado en su automóvil y éstos en el campo de batalla. Señalaremos aquí algunos de quienes hemos tenido noticias aunque ninguno alcanzara notoriedad alguna ni llegara ni siquiera a la pequeña historia. Pancho Villa, jefe de grupo de la Columna de hierro, El LIberal 3-9-36Seguramente, el más popular fue Rafael Martí (1907-1936), un obrero anarquista de Puerto de Sagunto –alcoyano, según otras fuentes- que trabajó como operador cinematográfico y desde 1931 participó en numerosos actos revolucionarios. En 1936 intervino en el asalto a los cuarteles valencianos y se encaminó hacia Teruel. Fue uno de los líderes de la Columna de Hierro, al que incluso llegó a dedicársele una calle –la de Trinquete de los Caballeros- en Valencia. En la foto aparece con el sombrero de palma que evocaba al líder mejicano. Su principal actividad bélica la desarrolló en el frente de Teruel, donde participó en los asaltos más peligrosos.

En los primeros días de noviembre de 1936 figuraba en cabeza de su pelotón cuando se atacó Puerto Escandón, de gran importancia para el dominio de la ciudad. Cuando los suyos se retiraban, pistola en mano, se plantó frente al parapeto y reanimó a sus milicianos, que conquistaron la posición aunque él muriera en el intento. En su honor se otorgó el nombre de Posición Pancho Villa a dicha cota, muy disputada durante la guerra.  Así lo cuenta el diario La Libertad en su número del 4 de noviembre. También se divulgó otra versión, según la cual su muerte se produjo durante un tiroteo surgido tras pactarse una tregua para recoger los caídos de ambos bandos. En él moriría también el comandante Vélez, del bando nacionalista y unos sesenta soldados. Elías Manzanera, un miliciano de la columna, escribió en Documento Histórico de la Columna de Hierro que fueron los fascistas quienes enarbolaron bandera blanca para engañar a sus enemigos.

Alguna popularidad obtuvo también Luis Gallardo García, minero en Linares y relojero en Madrid, cuya borrosa figura, recojo. Sorprendido en Sevilla al estallar la rebelión, consiguió llegar a Castuera (Badajoz). Jefe de las guardias rojas y capitán de un escuadrón de Caballería, fue trasladado a Andalucía, donde resultó herido en las cercanías de Alcaudete. Al recuperarse, se incorporó al frente de Teruel, donde la metralla dejó numerosas huellas en su cuerpo. Pronto pasó a participar en la defensa de Madrid, su ciudad natal, como jefe de dinamiteros, actividad que dominaba por su antiguo oficio en las minas. Allí desarrolló una incesante actividad en los lugares de mayor peligro, minando edificios como el Clínico y hasta las alcantarillas desde las que los asaltantes disparaban sus ametralladoras. De nuevo volvió a ser herido. Un parte de guerra fechado el 21 de noviembre de 1936 reza:

 El jefe de Estado Mayor certifica que el día 13 del actual en que el enemigo atacó duramente con gran número de tanques, hubo precisión de recurrir al servicio del teniente coronel Luis Gallardo, jefe de dinamiteros, el cual vino con 80 de sus hombres, quienes, con el arrojo que les es peculiar, lanzaron sus terribles artefactos desde casas y parapetos, medio el único por el que se pudo evitar –ya que se carecía de antitanques y de carros propios- que los tanques enemigos rebasaran nuestros parapetos y entraran, cruzando el río, en Madrid.

Otra de sus hazañas bélicas la relataba Solidaridad Obrera en su número del 5 de enero de 1937:

“Otras de las gloriosas actuaciones de este Batallón de Dinamiteros recientemente el Estado Mayor llamó a “Pancho Villa” para encomendarle una delicada misión. Inmediatamente “Pancho” reclutó nueve hombres entre los que había dos hermanos y dos cuñados suyos; se internaron por la colectora del Matadero y llegaron hasta bajo de los parapetos de los enemigos. Allí planearon la práctica de la Dinamitero Pancho Villaoperación y a las nueve de la noche comenzó el trabajo; cavaron 18 galerías debajo mismo de los parapetos enemigos en una extensión aproximada de unos 250 metros, en estas galerías repartieron 1000 kilos de dinamita de primera clase, colocaron la mecha en cada una de ellas y las juntaron a un cable de alta tensión que salía fuera de la colectora terminando en los bordes del conmutador. Todo este trabajo tuvo que hacerse con agua hasta más arriba de la cintura y en muchos trayectos a rastras. La dinamita se transportó en paquetes ya que no era posible en cajas, lo que obligó a los dinamiteros a hacer infinidad de viajes por aquella galería de unos 1700 metros de largo; el trabajo era penoso de sí, agotador para hombres que no hubieran estado habituados a la mina, pero lo que más molestó a nuestros héroes fue el tener que estar a oscuras y en absoluto silencio. Mientras operaban al final de la mina, se iban orientado por el ruido que hacía el enemigo por encima de sus cabezas; oían cómo funcionaban las ametralladoras, los pacos los distinguían claramente, pero ellos seguían cumpliendo con su misión sin inmutarse por nada; a las 5 de la mañana quedó toda la operación lista; todo quedo repasado por el propio “Pancho”, que igual que los otros compañeros trabajó con gran entusiasmo para que con su ejemplo no desmayaran; el Alto Mando ordenó (retrasar) las avanzadillas unos 2000 metros para evitar los efectos de la explosión y a las 7 y 20 de la mañana se dio la orden de fuego. Funcionó el conmutador y seguidamente una terrible explosión lanzó por los aires todo lo que se encontraba encima de las 18 galerías; el estampido fue enorme desde los 1500 metros en que nos hallábamos observando y los efectos sorprendentes; nuestras avanzadillas que ya estaban preparadas avanzaron sin necesidad de disparar un solo tiro, por un gran sector que el enemigo abandonó huyendo a la desbandada y abandonando todo el material que poseía en manos de nuestra gente que les persiguió sin encontrar ninguna resistencia; después de un detenido reconocimiento, se comprobó que se habían destruido al enemigo las fortificaciones y parapetos que tenía en este sector desde los que se hacía fuerte y de donde era difícil desalojar; ante el brillante resultado de esta operación, el Alto Mando felicitó a “Pancho Villa” y sus valientes muchachos que con tanto valor y entusiasmo lograron un avance en este sector. Esta acción es un eslabón más a la larga cadena de victorias que los hombres de la C.N.T. y de la F.A.I. van elaborando en esta lucha contra el fascismo; victorias verdad, hechos probados y reconocidos por los Altos Mandos, cuyos testimonios de felicitación son el orgullo de nuestra Confederación; “Pancho Villa” y sus hombres pertenecen a la columna “Tierra y Libertad…”

No sabemos qué fin tuvo tan eficaz dinamitero

De Ciriaco López, de quien nos habló en una de sus admirables artículos Eduardo Zamacois, tenemos una imagen fotográfica, al menos aceptable. Había participado en la guerra de África y en la guerra intervino en la campaña de Extremadura. Reproducimos parte del vívido relato del escritor:

Las botellas pasan de mano y mano y lo cerebros se acaloran. López propone entrar en Medellín a los compases de “La cucaracha” y los circunstantes asienten entusiasmados. Varios de ellos, en vez de gorrilla cuartelera, llevan sombreros haldudos de paja, atavío que les da un perfil mejicano y es que el espíritu guerrillero de Méjico va con nosotros. Luego todos, a voz en cuello empiezan a cantar, sobre una tonadilla muy conocida estos versos, de los que el alférez Ciriaco López se declara autor: Los hijos de “Pancho” / son buenos muchachos; / tienen una falta: / que son muy borrachos. / Unos son de vino / y otros de aguardiente, / y la mayoría / de vino corriente… Estallan risotadas, el buen humor cunde, la gente se enardece y los cuerpos adquieren una elasticidad felina. Las armas que porteamos nos estimulan a la lucha y nos traen el placer, nuevo para nosotros –aunque viejo como la Humanidad- de sentirnos “bárbaros”. Nadie piensa en la muerte. Pancho Villa (Ciriaco López)

Tampoco sabemos de la suerte del buen Ciriaco.

Otro Pancho Villa fue un comunista muy conocido en Tetuán de las Victorias, donde, al parecer, compraba y vendía hierro. Viejo. Aparece en Rascafría al principio de la guerra para reforzar a las fuerzas leales organizadas por el después comandante Pando. Su bravura hizo que en el batallón Thaelman alcanzara el grado de capitán, con el que murió en la defensa de Madrid el 23 de junio de 1937.

Hay referencias a otro Pancho Villa en el Diario de Manuel Gutiérrez, un miliciano que combatió en el Frente de Aragón alistado en la 24 Brigada mixta, Batallón 493, sección de Transmisiones. El miliciano lo comenzó el 4 de abril de 1937, después de haber perdido otro que había iniciado en su alistamiento en el cuartel de Sarriá. Un alférez provisional lo encontró en el frente de Zuera, junto al cadáver de su autor en septiembre de 1937. Salvo en el momento de su muerte, no son muy positivas las referencias que nos da Manuel Gutiérrez de este Pancho Villa:

…un individuo muy popular, que se hace llamar “Pancho Villa”, alto como un San Pau y con pose de perdonavidas, cara de fanfarrón y tipo de matón, que dicen que es muy valiente, que va de permiso a Barcelona cargado de galones y correas con municiones y fusil-ametrallador; era guardia de asalto y me cuenta el compañero Cabrera que, en cierta ocasión, en la carretera de Tardienta a la ermita, estaba Pancho Villa hablando con dos chicos y otros guardias y decía a los primeros “¿Recordáis aquel día que vino a vuestro pueblo una camioneta de guardias y apaleó a los trabajadores? Pues yo estaba entre ellos y recuerdo haberos apaleado a vosotros”. – Y reía con cinismo mientras los dos chicos sonreían para disimular el odio que reflejaban sus ojos. Este desgraciado es el ayudante del comandante de nuestro Batallón. Poca confianza me inspiran estos autómatas al servicio del capitalismo, antes dedicados a perseguir al trabajador y que hoy luchan a nuestro lado porque no pueden luchar al servicio del fascismo, al cual servirían mejor y la mayoría son tan fascistas como los que tenemos delante de las trincheras (…) 

En la 4ª Compañía Pancho Villa se ha hecho popular. Al llegar se presentó a la Compañía y dijo: “Me han dicho que la 4ª Compañía es incontrolada. Pues bien; yo también lo soy” y arrancó el número del coche que tenía parado a su lado(…)

Dicen que Pancho Villa fue fusilado. Se había llevado a cabo una operación brillante en Zuera y toda la artillería rebelde cayó en poder nuestro. Entonces venían fuerzas nuestras y él mandó abrir fuego; en total trescientas bajas y la operación perdida. Un hombre tan presumido nada bueno podía hacer(…)

Dicen que ya han fusilado a “Pancho Villa”. A los componentes del pelotón de fusilamiento se les crisparon los nervios al constatar la sangre fría del condenado. Dijo a los soldados: “Vais a matar a un hombre que no es fascista; durante muchos meses me he portado con dignidad revolucionaria pero la revolución necesita inmolar víctimas inocentes” y dirigiéndose al oficial que por ser amigo suyo estaba tembloroso. “Ten serenidad hombre que no es nada y no te descuides de escribir a mi esposa e hija comunicándoles mi suerte”. Después de examinar la fosa destinada a él y rehusar la gorra y el pañuelo el oficial mandó ¡fuego! Y en medio de la descarga se oyó un grito: “Viva la Revolución” y cayó Pancho Villa con el pecho y la cabeza agujereados por treinta balas. El oficial le clavó otra. Los que lo fusilaron se habían ofrecido voluntarios; todos pertenecían a su batallón y recordaban a los compañeros que habían caído por su culpa. 

Este Pancho Villa, guardia de asalto, debió de morir, a finales de agosto de 1937, sólo unos días antes de que lo hiciera Manuel Gutiérrez.

Finalmente, hay referencias acerca de José Monserrate “Pancho Villa” que, en el frente andaluz ,voló un puente para cortar el paso a una caravana de treinta camiones, lo que le valió el grado de alférez, otorgado por el general Burguete, al que servía de chófer.

Obviamente, hubo otros milicianos anónimos a los que se les llamó Pancho Villa y existió también un escuadrón de caballería y un grupo de la UGT, mandado por Fernando Igeno Toledo, con el nombre del guerrillero mejicano. Del mismo modo que hubo combatientes, con el  sobrenombre de El Negus, por el emperador abisinio, que no tenía nada de revolucionario pero supo resistir la invasión de los fascistas italianos y, por ello recibió también el homenaje de milicianos, siempre bien barbados. A unos y otros les correspondió la peor parte de la partida y la posteridad no les ha recompensado con su recuerdo. Sirvan estas líneas, si no para remediarlo, sí, para evocarlos.

EPSON scanner imageJuan Fernández “El Negus”

EPSON scanner imageHilario Salanova Carreras “El Negus del Norte”, El Grado (Huesca, 1900-?)

Rosita Díaz Gimeno fue, junto a Imperio Argentina, una de las dos grandes actrices cinematográficas españolas del periodo de la II República[1]. Cuando falleció a finales de agosto de 1986, La Vanguardia tituló la noticia: “Muerte en el exilio de la más grande estrella del cine español antes de la guerra”. “La sonrisa de la República” llegó a llamársele y con ese epígrafe le dedicó un importante trabajo el estudioso Juan Antonio Ríos Carratalá en su libro El tiempo de la desmesura. Historias insólitas del cine y la Guerra Civil española (2010).

Rosita Díez-Cinegramas

Según los datos que habitualmente se habían publicado sobre ella, pertenecía a una acomodada familia madrileña, estudió en el Colegio del Sagrado Corazón  y su debut en las tablas surgió tras ganar un premio de recitación en el Real Conservatorio madrileño, donde estudiaba declamación[2]. Fue la prestigiosa compañía de Martínez Sierra y Catalina Bárcena la que acogió estos inicios teatrales y es cierto que la joven actriz cosechó casi siempre elogios de sus actuaciones. Después pasó a la de Díaz-Artigas, con la que hizo una larga gira por los países americanos. Junto a la citada Imperio Argentina, fue la primera actriz española en trabajar en las películas sonoras que la Paramount rodaba en los parisinos estudios de Joinville (1931). Aparte de sus directores extranjeros, rodó con los más importantes cineastas españoles, como Benito Perojo y Florián Rey. En 1934 interpretó el papel femenino en el tan taquillero film  La Dolorosa (Jean Grèmillon). Con ya diez películas en su haber, fue llamada por Hollywood, como primera estrella hispana de la Fox, para interpretar dos nuevas cintas, Angelina o el honor de un brigadier y Rosa de Francia.

Rosita Díez-Artistas de la Fox 1934-1

En suma, al advenimiento de la guerra civil, Rosita era una estrella que copaba las portadas de las revistas, era perseguida por los periodistas y admiradores y despertaba una gran simpatía por su carácter, a un tiempo despejado y risueño. Era también una mujer moderna, lectora y anticonvencional en sus aficiones y comportamientos. Es decir, una mujer de la República. Tal vez por ello, mantenía relaciones con Juan Negrín, Mijailov, hijo del que poco después sería sucesivamente ministro de Hacienda (septiembre 1936) y presidente del Gobierno (mayo 1937), Juan Negrín López. Rosita había dado a luz en 1926 un hijo de padre desconocido y había estado casada y divorciada con el actor teatral Paco Alagón, aunque de esta unión apenas hay noticias[3].

Al iniciarse la sublevación militar, Rosita se encontraba en Córdoba, rodando con el resto del equipo y Rosita_Francisco Fernández de Córdoba007bajo la dirección de Fernando Delgado, las últimas escenas de El genio alegre, basada en la obra de los Quintero y en la que ella hacía el papel estelar. El galán era Fernando Fernández de Córdoba, después famoso como voz oficial del régimen franquista, locutor del parte de la Victoria y habitual en el NO-DO. Éste, como miembro de Falange, se puso de parte de los sublevados, que se habían impuesto en la ciudad de la Mezquita y denunció como espía a Rosita por haber recibido una llamada de Madrid, seguramente de su novio, Juan Negrín. Fue detenida junto a otros miembros del equipo a los que se suponían simpatías izquierdistas. No sabemos exactamente qué ocurrió en los calabozos de Córdoba y Sevilla, famosos por los sádicos sanguinarios que hacían y deshacían bajo la supervisión de Queipo de Llano, con especial mención a Manuel Díaz Criado, militar famoso por sus dotes de torturador y asesino. Mucho de su dignidad debió dejar Rosita en esas espeluncas pero salió viva aunque siguió detenida durante unos meses. Tampoco sabemos los acuerdos o compromisos[4] a los que pudo llegar con las autoridades del bando faccioso. Lo cierto es que, tras publicarse noticias de su fusilamiento, fue liberada en mayo de 1937 y, desde El Havre, pudo embarcar para Hollywood y rodar allí La vida bohemia. Es muy posible que fuera canjeada por otros presos del campo republicano. Ríos Carratalá sugiere, sin afirmarlo, que Ramón Serrano Suñer pudo entrar en el apaño.

Muy poco antes de salir para el definitivo exilio, volvió a España para casarse con Juan Negrín (hijo), que acogió y dio su apellido al hijo de Rosita, que hasta entonces había vivido con sus abuelos y, desde ahora, llevaría el nombre de Francisco Negrín. El matrimonio fijó su residencia en Nueva York y viajó frecuentemente a Méjico, donde interpretó todavía tres películas: Pepita Jiménez (Emilio “Indio” Fernández, 1946), con Ricardo Montalbán como partenaire, El último amor de Goya (Jaime Salvador, 1946)  y El canto de la sirena (Norman Foster, 1948). Actuó también en el teatro, tanto en Broadway como en Méjico y desarrolló una importante labor de difusión de la cultura española. Rosita falleció en Nueva York, el 23 de agosto de 1986. A la sazón, el Ministerio de Cultura le  estaba preparando un homenaje con la proyección de sus viejas películas en la Semana Cinematográfica de Nueva York y se pretendía que después se estrenaran en las filmotecas españolas y Rosita regresara a su país para la ocasión. Esa España en la que a finales de 1939 se estrenó El genio alegre, con la consigna de eliminar de los títulos de crédito a los actores fieles a la República, como se puede certificar en las copias que se conservan.

Rosita Díez 1933Hasta aquí el resumen de la peripecia conocida de Rosita Díaz. Pero ¿las cosas fueron exactamente así? Como en tantas estrellas del cine y de la canción, hay zonas de sombra que habían hecho escribir a quien más páginas le había dedicado, el citado Ríos Carratalá: “…es evidente su intención de confundir con su fantasía un recuerdo desagradable. Lo hizo a menudo” (209). Por su parte, Carmen de Zulueta había escrito: “Contaba con aplomo cosas que poco tenían que ver con la realidad”. Y esas cosas venían de atrás pues en sus entrevistas de los años treinta, aporta habitualmente datos diferentes, sobre todo de su vida pasada pero también de la presente. Por no hablar de la ficción publicitaria, que ella contaba con la mayor de las convicciones y que se reprodujo insistentemente en la prensa de la época[5], sobre su expedición –sola y a caballo- por la Sierra de Ronda, en busca del último bandolero ¡en 1933! Todo para promocionar su film Sierra de Ronda.

Aunque sea muy normal en las profesiones artísticas, Rosita se quitaba años. 1911 es la fecha de su nacimiento oficial[6] pero ya varias notas biográficas la hacen nacer en 1908, fecha mucho más probable que la primera. Pero Carmen Negrín contó a Ríos Carratalá (201 n.) que la diferencia de edad con Negrín jr. era de diez años, “secreto que ella supo guardar”. Su marido, en un alarde de imaginación o desvergüenza, en otro texto citado por RC (226) dice que contaba 17 años en 1936. Seis menos que él[7], con lo que si hacemos caso a Carmen, sobrina de Negrín jr., éste la rejuvenece ¡15 años!

Generalmente, consta su nacimiento en Madrid un 13 ó 14 de septiembre pero varían los centros de educación. Por ejemplo, en una entrevista en Cinegramas, afirma haber estudiado con los hermanos Carmelitas de Bilbao. Tras esta curiosa ubicación, sostiene que, niña todavía, se colocó de taquimeca pero el jefe de la oficina pidió autorización al padre y éste, ignorante de sus propósitos, no le permitió trabajar. También, que estudió en el Conservatorio a las órdenes de Nieves Suárez[8] y quiso cursar la carrera de Medicina, que no pudo seguir por dificultades económicas. Todo absolutamente incoherente con las fechas de su carrera y la buena posición que, presuntamente, disfrutaba su familia. La Vanguardia (15-III-1936) nos proporciona también una biografía que comienza así: “María de la Cruz Rosario Rosa Díaz Gimeno Petter Manjón nació en Madrid un 14 de septiembre. Sus padres, andaluces. Su abuelo materno, alemán”. Materno, pero el apellido teutón figura en tercer lugar.

De momento, la primera mención de su nombre que he encontrado es de enero de 1924 en que se la cita Rosita Díaz Gimeno_Nuevo Mundo 1924. Primeras actuacionescomo una de las intérpretes de Sonatina, de Martínez Sierra en la Fiesta de la Prensa. En agosto aparece su foto en Nuevo Mundo que la presenta como “damita joven de la compañía de Catalina Bárcena” y aunque se la ve morena y muy jovencita, desde luego, ha superado los trece años. ¿Cuándo estudió, pues, Rosita? Si nació en 1911 y es cierto que se dedicó al teatro a causa del premio citado, las fechas no concuerdan, ni siquiera aceptando que su venida al mundo fuera en 1908. ¿Cuándo ejerció de taquimecanógrafa? ¿Mientras actuaba como actriz? Tampoco parece posible que tras las funciones nocturnas, se levantara temprano para ir a trabajar, aparte de participar en los ensayos y en las numerosas giras por provincias de la compañía. Con la de Martínez Sierra incluso llegó a estar en París y en 1930 viajó por América con la de Díaz-Artigas, donde permaneció hasta enero de 1931. Es por entonces que, ante la enfermedad de Santiago Artigas que la impide debutar en el Infanta Beatriz, acepta la oferta para rodar películas en español en los parisinos estudios de Joinville, adonde viaja acompañada de Imperio Argentina.

 

Todo lo que contó Rosita de su vida anterior hay que ponerlo en solfa. En 1937 su hermana Joaquina fue entrevistada, en la localidad turolense de Urrea de Gaén, por Juan M. Soler, corresponsal en el frente de Aragón de la publicación libertaria Mi revista[9]. La entrevista apareció el 15 de abril de 1937, fecha en la que Rosita debía de estar a punto de ser liberada. Esto es lo que el periodista escribe acerca de lo que le contó Joaquina.

 Rosita_MI revista Joaquina 1005

La hermana de Rosita Díaz

 LA PERSEGUIDA DEL FASCISMO vive feliz e ignorada en un pueblecito de la provincia de Teruel

En un lugar… de Aragón

Estábamos saboreando plácidamente un buen vaso de vino negro de Aragón en casa de Fernando, especie de café, taberna y casa de comidas de Urrea de Gaén, cuando alguien nos dijo:

-Aquí, en este pueblo, vive una hermana de Rosita Díaz

-Pero, ¿es posible? – preguntamos nosotros con el natural asombro.

-Y tan posible – añade nuestro interlocutor – que si sigue usted por esta calle arriba y da con el picaporte en la casa que hay al final de la cuesta junto a una hornacina hoy desmontada, a buen seguro que ella misma le abrirá la puerta.

Dejamos sobre la mesa de madera que el uso ha ennegrecido, el vaso, a medio beber, de vino, y salimos rápidos de la taberna, café y casa de comidas de Fernando, ascendiendo a grandes zancadas por la calle pina, hasta dar con la casa donde nos han dicho vive la hermana de la creadora de “Rosa de Francia”

Llamamos a la puerta y a poco se asoma a un balcón donde comienzan a florecer unos claveles rojos, una mujer joven, de facciones perfectas que nos recuerdan otras que hemos visto innúmeras veces proyectadas en la pantalla.

Hablemos de Valera Jimeno

Al pie del balconcete permanecemos unos momentos, fijos los ojos en aquella mujercita que nos han asegurado ser hermana de una de las más famosas artistas de cine españolas, y a seguido le preguntamos:

-¿Usted se llama…?Sin título-2

-Joaquina Jimeno Blasco – contesta rápido.

-Pero, ¿no es usted hermana de Rosita Díaz?

-Sí lo soy.-

-¿Y los apellidos?

-Mi hermana se llama Valera Jimeno Blasco, pero por lo visto se ha cambiado el nombre, porque a una artista no le cuadra mucho llamarse Valera… ¡digo yo!

Y Joaquina suelta el chorro de su risa, de la que nos contagiamos bien pronto.

Pocos momentos después, y acodados a la baranda del balcón donde emergen en desorden unas clavellinas, charlamos con Joaquina Jimeno y, como es muy natural, nuestra conversación gira alrededor de aquella Valera Jimeno convertida hoy en Rosita Díaz.

-¿Le escribe alguna carta su hermana? – preguntamos a Joaquina.-

¡Quiá!… Hace poco menos de quince años que nada sé de ella.

-¿Y cómo fue el meterse a artista? – seguimos preguntando.-¡Vaya usted a saber! – Y tras de una breve pausa añade -: Valera estaba sirviendo en una casa de la Puerta del Carmen, de Zaragoza, de donde somos las dos, cuando de la noche a la mañana, y próxima a contraer matrimonio, desapareció y nada supe de ella hasta que un buen día, en un cine de Híjar, daban la película “Su noche de bodas” y me di cuenta de que ante mis ojos tenía a mi hermana, que casi la había dado por muerta. ¡Figúrese usted que impresión recibiría yo entonces!

Sin título-1-¿Y era jovencita Valera cuando desapareció de Zaragoza?

-Pues no tendría más allá de diecinueve años.

-Cuéntenos cosas de Valera – rogamos a Joaquina.

-Poco le puedo contar, pues de mu pequeñina me separaron de mis padres.

… y  hablemos también de la hermana de Rosita Díaz

-Pues hablemos de usted.

-¡Ay! ¡qué poco tengo que hablar de mí!

-¿Vive usted feliz?

-Sí, aun cuando ahora me preocupa mucho la suerte que pueden haber corrido mi padre y mis tres hermanos. El primero está en Huesca y los chicos al estallar la guerra vivían en Zaragoza.

-Diga usted – nos dice una mujer que viste de luto y en cuyo rostro los años han dejado ya su imborrable huella – que yo la quiero talmente que si hija mía fuera.

-Es muy buena la señora María – arguye Joaquina.

-Es que la tengo a mi lado desde cuando apenas había cumplido once días y yo la he criado y yo he sido como una madre, pues la suya murió siendo ésta muy cría.

Hay unos momentos de silencio emotivo. Nos vamos enterneciendo todos un poco. Hasta Pilar Mur, la joven y muy gentil maestra de Urrea de Gaén, que vive en casa de la señora María con Joaquina, cierra sus ojos negros que deben fulgurar en la obscuridad de la noche como dos ascuas, para ocultar unos puntitos diamantinos.

Es preciso dar nuevo rumbo a la conversación y proponemos a Joaquina hacer unas fotos.

-¿Así, sin arreglarme un poco y con este vestido? – dice ella.

– Así así mismo, que se vea el contraste entre las dos hermanas.

Y Joaquina pasa ante el objetivo fotográfico sin que le permitamos cambie su vestido pueblerino a cuadros ni deslizar tan siquiera el peine por su cabello endrino.

JUAN M. SOLER

 

Rosita_MI revista Joaquina 2006

En resumen, según este reportaje, Rosita se llamaba Valera Jimeno Blasco y había nacido en Zaragoza de familia muy humilde compuesta por cinco hermanos, tres varones y dos hembras. La madre murió prematuramente y la hermana pequeña quedó a cargo de una familia de Urrea de Gaén, un pueblo turolense; el resto quedó en la capital aragonesa en condiciones precarias. Tan es así que Valera, la futura Rosita, muy joven, entró a servir en una casa muy cercana a la zaragozana Puerta del Carmen, de la que desapareció cuando tenía unos 19 años y estaba a punto de contraer matrimonio. Desde entonces Joaquina no ha vuelto a recibir otra noticia de su hermana, que la que tuvo al reconocerla en el film Rosa de Francia (1935), que se habría proyectado en el cercano pueblo de Híjar no mucho antes de esta interviú. Afirma también: “Hace poco menos de quince años que no sé nada de ella”. Como estamos en 1937, esas últimas noticias debieron producirse en torno a 1922-1923. Si Rosita contaba con 19 años en la fecha de su desaparición, su nacimiento debió de producirse alrededor de 1903-1904, lo que coincide con los diez años que, según Carmen Negrín, la actriz sacaba a su marido.

A partir de aquí se pierde su pista y caben todas las suposiciones pero no deja de ser extraño que una muchacha sin formación aparezca de pronto en una compañía teatral de corte más o menos intelectual y exquisito, como fueron los elencos dirigidos por Gregorio Martínez Sierra, el creador del llamado “Teatro del Arte”, por más que fuese su mujer, la riojana María Lejárraga quien le escribiese los textos y otros, los teóricos más conspicuos.

Es evidente que Rosita poseía, además de una gran simpatía, una gran inteligencia. Así lo constatan tanto sus entrevistadores, como quienes la conocieron y nos han dejado  testimonio. Y lo atestigua su carrera teatral y cinematográfica. Pero, aparte del misterio de su aparición en Madrid tras su experiencia como criada, en seguida sobreviene otro: el hijo habido en 1926, cuyo padre Rosita nunca desveló. Según su hermana, cuando la futura actriz marchó de Zaragoza tenía unos 19 años. No sabemos el año en que se produjo la huida pero, contando con que hubo de formarse para el teatro, en el que, como se dijo, hubo de debutar en enero de 1924 o incluso antes, hay que contar al menos dos o tres años para su formación. Si Rosita escapó de Zaragoza con 19 años, tendría que haber nacido en torno a 1902. En cuanto a su matrimonio con el actor Paco Alagón, sólo conozco una mención de  Rosita al mismo y es bastante estrafalaria: en una entrevista con el escritor Mario Arnold publicada en La Libertad (7-VI-1931) afirma:

Cuando estaba en Méjico, una noche mientras dormía, oí muchos gritos terribles que me hicieron levantarme sobresaltada. Quise salir al pasillo para ver qué ocurría y me fue imposible. Toda la casa estaba ardiendo; las llamas llegaban hasta mí amenazadoras; el humo me impedía respirar. Grité también: pedí auxilio; mis ropas se incendiaron y nadie acudía a salvarme; por la ventana de mi cuarto era imposible arrojarse porque estaba a gran altura. No me quedaba más remedio que resignarme a perecer en el fuego. La puerta de la escalera estaba cerrada y sin llave. Me desmayé. Cuando recobré el conocimiento me hallaba en un hospital con los brazos y las piernas llenos de quemaduras. Alguien me había salvado. No sabía quién. Pregunté a todo el mundo y, por fin un día, junto a mi cabecera, conocí al héroe. Llena de gratitud me casé con él a los dos meses. Era también actor de mi compañía.

Rocambolesca y folletinesca historia, difícil de creer. Ni siquiera da el nombre del actor, del que no sabemos cuándo y por qué se divorció Rosita para entrar en relaciones con Negrín hijo o, tal vez porque ya las tuviera con  Negrín padre. Por cierto, que en esta misma entrevista dice ¡estudiar medicina!  Curiosamente, la profesión de los Negrín, aunque su futuro esposo contase a la sazón con apenas 17 años.

Rosita con Negrín Barcelona 1980Se ha especulado con que el hijo fuera realmente de Negrín padre, lo que se compagina con sus propensiones de mujeriego y vividor, pero parece demasiado novelero, aparte de que él nunca simpatizó con la actriz, probablemente porque conocía asuntos de su pasado que su hijo prefería ignorar[10]. Incluso éste no pudo darle el apellido hasta 1956, año en que el político transitó. Por su parte, el hijo de Rosita quedó en 1936 con los padres de ella (?) cuando marchó a rodar El genio alegre. Tras la boda, en 1939 embarcó con la pareja rumbo a las Américas.

Curiosa resulta también la actitud del esposo respecto a los amores de Rosita. Aparte del desconocido padre de su hijo y del matrimonio con Paco Alagón, la actriz sostuvo un romance con Julio Peña, su partenaire en Rosa de Francia, con escapada incluida a la Costa Azul, bien publicitado por la prensa de su tiempo.

Otro episodio interesante de la vida de Rosita es su amistad con Buñuel, al que pudo conocer en la época de Filmófono, incluso antes[11]. Sin embargo, la relación más intensa se dio durante el exilio neoyorquino de ambos en las que las parejas Luis Buñuel-Jeanne Rucar, Juan Negrín-Rosita entablaron amistad íntima y los segundos ayudaron a los primeros en una época en la que los Buñuel sufrían dificultades económicas. Hace unos años Javier Herrera, bibliotecario de la Filmoteca Española, rescató unas películas filmadas con tomavistas en las que aparecían las parejas con los niños Rafael y Juan Luis, hijos del aragonés. Del primero, Rosita fue la madrina en su bautizo.

Buñuel. que reconoció en carta a Max Aub haber estado enamorado de Rosita, escribía al escritor: : “En Nueva York,  Jeanne  vivía bastante lejos, quiero decir, vivíamos bastante lejos, y se ocupaba de los niños. Teníamos poco dinero. Yo trabajaba en el Museo (MOMA) y me enamoré de R (…) Hoy me alegro de que no pasara nada. Para mí, la mujer de un amigo es sagrada”. Sin embargo Aub recuerda que José Luis Sert los vio apretujados y besándose en el andén del metro de Long Island.

La prueba de que el marido de Rosita cerró los ojos ante su pasado es que, pese a que cedió el importantísimo fondo documental de su padre al Estado español, tras la muerte de la actriz,  destruyó todos recuerdos y documentos que guardaba su esposa. Quizá nuevos testimonios investigaciones y documentos, como el aquí reproducido, contribuyan a proporcionar una perspectiva más ajustada a la realidad de una vida tan apasionante y tan conectada con el devenir histórico del siglo XX español, como la de Rosita Díaz Gimeno.

 

EPÍLOGO

Cuando hace tres o cuatro años encontré el reportaje en Mi revista, traté de documentarme y pedí revisar los datos del registro civil zaragozano entre 1902 y 1908. Se trataba de lograr la partida de nacimiento de alguien llamada Valera Jimeno (o Gimeno, dada la vacilante grafía de dicho apellido) Blasco entre estas fechas. No fue nada fácil conseguirlo[12] pero, al final, apareció.

Rosita_Partida de nacimiento

Efectivamente, existía una persona llamada Valera Gimeno Blasco nacida el 4 de febrero de 1907. Sus padres legítimos, Joaquín y Juana, estaban domiciliados en Miralbueno, barrio, por entonces, de agricultores. No soy capaz de desentrañar en el documento el lugar de origen de los padres, pero ambos abuelos paternos eran nacidos en Híjar, pueblo a menos de cinco kilómetros, de Urrea de Gaén, donde su hermana Joaquina moraba desde la niñez hasta la fecha de la interviú reproducida.

Son, de nuevo, demasiadas casualidades que parecen confirmar el testimonio de Joaquina. La entrevista está perfectamente contextualizada, con la maestra como testigo interviniente y fotografías de vecinos de Urrea de Gaén, que, como los milicianos allí destinados, podrían haber desmentido estas noticias, pues ya se hizo notar (nota 9) que Mi revista, se distribuía con profusión en los frentes. Tampoco se entiende qué propósito podría albergar el bisemanario en propalar informaciones falsas de este cariz, aunque en todo lo que se refiere a los asuntos de la Guerra Civil haya que cogérsela con papel de fumar. El autor del reportaje, Juan M. Soler, que firmó también con el seudónimo Silvio Máximo, era un periodista destacado en el frente de Aragón desde el inicio de la contienda y que escribió un muy interesante volumen, La guerra en el frente de Aragón, publicado por Mi revista en 1937, compuesto principalmente, por sus crónicas de guerra para el quincenal y El Noticiero Universal.

La Libertad publicó en 28 de febrero de 1937 la noticia del fusilamiento de la actriz en Salamanca, según noticias procedentes de Lisboa pero el 11 de marzo el bonaerense diario La Prensa lo desmintió asegurando que se encontraba en la capital rebelde y a disposición de las autoridades, a fin de tomar parte en los espectáculos benéficos, que se organizan para los heridos de guerra, noticia que reprodujo el diario madrileño La Voz, un día después. Tal vez, por no haber llegado esta información a tiempo para su conocimiento por parte de la redacción de Mi Revista, en su número del 15 de marzo, ésta dedicó una página al aludido fusilamiento, un mes antes de aparecer la entrevista en cuestión (15-4), fecha en la que Rosita debía estar a punto de ser liberada por los franquistas. En la interviú no se dice nada respecto a la situación de la actriz en ese momento, supiérase o no de su liberación, por lo que todas las conjeturas son posibles.

Finalmente, hay dos elementos que terminan por añadir más incertidumbre y misterio al asunto. En los Rosita_MI revista Publicida LIBRO sOMACARRERA004últimos números conservados de Mi revista, entre el 10 y el 20 de enero de 1938 se anuncia, en algunos casos a toda página, un libro de Manuel P. De Somacarrera[13], redactor habitual del bisemanario, con el título Rosita Díaz, la perseguida por el fascismo. Con el marbete de “Muy pronto aparecerá a la venta”, se dice también: “He aquí la novela más sensacional y emocionante que refleja la ferocidad del fascismo contra una artista española, prestigio de la pantalla nacional. La vida, la persecución y la producción artística de Rosita Díaz contados por la ágil pluma de Manuel P. DE SOMACARRERA”.

Al parecer, han cambiado  las tornas y Rosita, antes o después de su vuelta a España, ya ha contado su peripecia en el bando fascista. Pero, a pesar de haberlo buscado exhaustivamente,  no he localizado este libro, que, probablemente no llegó a salir a consecuencia del empeoramiento de las condiciones en el campo defensor de la República. Como redactor de Mi revista, Somocarrera habría de conocer la entrevista hecha a Joaquina ¿Se volvería a hablar en él del origen aragonés de la estrella?

Finalmente, en el margen derecho de la partida de nacimiento, aparece un nuevo dato que parece poner en solfa todo lo anterior: La defunción de esta Valera Jimeno Blasco se produjo en la localidad sevillana de Camas, el 17 de diciembre de 1996. ¿Mentía, pues, Joaquina y adjudicó a una hermana desaparecida la identidad de Rosita?

Que Rosita calló y fabuló mucho acerca de su vida pasada parece más que evidente. Que, tanto la entrevista como la partida de nacimiento , aquí reveladas son documentos más que interesantes, también. Falta por desenredar la madeja, tirando de uno y otro hilo. El desafío está lanzado.

                                                            POST-EPÍLOGO

El testimonio de Olga Pérez Gaibar  (V.  Comentario del 7-4-2017), al parecer sobrina-bisnieta de la actriz, que escribió un comentario a esta entrada y con la que después he intercambiado informaciones, parece confirmar la tesis expuesta en este artículo. Sería deseable profundizar en todo ello.

NOTAS

[1] Raquel Rodrigo, Rosita Montenegro y Antoñita Colomé estuvieron en el nivel inmediatamente inferior.

[2] Otras noticias indican que estudió en la Academia de Bellas Artes y que los tres años que duraban los estudios los despachó en uno, además de concedérsele el Premio Fin de Carrera. (Ríos Carratalá:186)

[3] Sabemos que estuvo, como Rosita, en las compañías de Martínez Sierra y Díaz-Artigas y que coincidió con ella en diversas obras, como María del Mar de Juan Ignacio Luca de Tena, estrenada en Madrid el 11 de octubre de 1927. En un reportaje de Nuevo Mundo (14-IV-1933, pp. 32-33), bajo el título “¿Cuál es su hobby?”, se da cuenta de que ambos todavía viven juntos.

[4] Lo único seguro es que durante los meses en los que permaneció con los sublevados, llegó a actuar para ellos en varias ciudades.

[5] V. por ejemplo, La Voz (3-III-1933), que titula: “La artista de ‘cine’ que se ha ido a la Sierra de Ronda en busca del sobrino de Flores Arrocha”

[6] Así aparece en un suelto biográfíco que inserta La Vanguardia (15-III-1936, pp. 16-17): “María de la Cruz Rosario Rosa Díaz Gimeno Petter Manjón nació en Madrid un 14 de septiembre. Sus padres, andaluces; su abuelo materno, alemán…”

[7] Juan Negrín Mijailov había nacido en Leipzig el 22 de noviembre de 1914. Sus padres se habían casado en la misma ciudad, en la que el futuro político perfeccionaba sus estudios, el 9 de febrero. El científico y María Mijailova tuvieron cuatro hijos. Las dos hembras murieron y sobrevivieron Juan y Rómulo. Quizá por ello, María sufrió problemas psicológicos que, entre otras cosas, llevaron al matrimonio a la separación. En los años veinte el doctor se emparejó hasta su muerte con Feliciana López de Dom Pablo.

[8] Famosa actriz, que ostentó la Cátedra de Declamación en el Real Conservatorio desde 1915.

[9] Publicación quincenal, -en sus últimos números decenal-, editada en Barcelona desde el 15 de octubre de 1936 hasta el 20 de febrero de 1938 y dirigida por el periodista Eduardo Rubio Fernández, perteneciente a la CNT pero también con redactores de otras ideologías de izquierda. Extracto las líneas siguientes de la información proporcionada por la Hemeroteca Nacional:

 ”Subtitulada ‘ilustración de actualidades’,  (…) nacía de  un ‘grupo de compañeros’ (…) ‘francamente revolucionarios’ (…) revista de ‘combate antifascista y no partidaria’ (…) apareció los días 1 y 15 de cada mes y su paginación la fue ampliando, desde las 32 hasta casi el centenar de páginas. (…) fue sobre todo un magazine con una gran calidad de edición que, junto a crónicas y reportajes de los frentes y la retaguardia, ofrece otras destacadas informaciones sobre la industria cinematográfica y del teatro. También incluye artículos de política, economía, sociedad y cultura y sobre el desarrollo de la contienda, con páginas también dedicadas al mundo financiero, la ciencia, la educación, la mujer o el deporte, pero dándole especial atención a actrices, actores y películas extranjeras (…) y asimismo españolas, en otra sección titulada ‘Pantalla española’.

 Su portada, a veces coloreada y buscando los tonos rojo y negro del anarquismo, fue ocupada generalmente por actrices o por dibujos de milicianas o alusivos a la contienda, siendo distribuida gratuitamente entre los milicianos que se encontraban en los frentes de batalla. También cuenta con otra sección que, bajo el epígrafe “Panorama sindical”, daba espacio para informar de todas las organizaciones obreras ‘sin distinción’. (…) fueron publicadas numerosas fotografías, dedicándole una sección propia denominada “Vistas del frente’. (…) Dio cabida asimismo a una destacada publicidad comercial”.

[10] Otros, sin embargo,  sostienen que el político siempre estuvo enamorado de la actriz y, probablemente, en público optaba por disimular. Esto parece más verosímil, dado el carácter pastueño de su hijo.

[11] Juan Ruiz Mantilla afirma que se conocieron en 1934 en Los Ángeles, cuando ella hacía doblajes para la Paramount. V. “Buñuel íntimo e inédito”.

[12] Agradezco vivamente a Javier Fernández López, profesor de Derecho y reputado historiador, además de amigo, sus gestiones a este respecto.

[13] Periodista (Barcelona, 1902-Barcelona, 1969), perteneció a la CNT y fue responsable de prensa y propaganda del Comité del Producción Cinematográfica del Sindicato de Espectáculos durante la guerra, por lo que colaboró asiduamente en Mi revista. En 1936 filmó para el sindicato el documental de 16 minutos, Aragón trabaja y lucha. Antes de la guerra había trabajado también en Films selectos, El Día Gráfico y El cine, publicado  novelas cortas como Una Margarita Gauthier. Del Diario de una modistilla, Supo vengarse y un breve Diccionario cinebiográfico ilustrado. Hubo de marchar al exilio pero, a su vuelta, consiguió colaborar de nuevo con España Tánger, La Vanguardia, El Noticiero Universal… 

                                                       FILMOGRAFÍA

Un hombre de suerte (Benito Perojo, 1930)

Un caballero de frac (Roger Capellani-Carlos Sanmartín, 1931)

Su noche de bodas (Louis Mercanton, 1931)

Lo mejor es reír  (E. W. Emo-Florián Rey, 1931)

El hombre que se reía del amor (Benito Perojo, 1932)

Sierra de Ronda (Florián Rey, 1933)

El hombre que se reía del amor  (Benito Perojo, 1933)

La Dolorosa (Jean Grémillon, 1934)

Susana tiene un secreto (Benito Perojo, 1934)

Rosita_Susana tiene un secreto

Se ha fugado un preso (Benito Perojo, 1934)

-Angelina o el Honor de un Brigadier (Louis King, 1935)

Rosa de Francia, (José López Rubio-Gordon Wiles, 1935)

La vida bohemia (John Alton-Josef Berne-Edgar G. Ulmer, 1937)

El genio alegre (Fernando Delgado, 1939)

-Pepita Jiménez (Emilio “Indio” Fernández, 1946)

-El último amor de Goya (Jaime Salvador, 1946)

El canto de la sirena (Norman Foster, 1948)

 

                                                                                 BIBLIOGRAFÍA

 -ARMERO, Álvaro, Una aventura americana. Españoles en Hollywood, Madrid, Compañía literaria, 1995.

Armero, Álvaro Una aventura americana Españoles en Hollywood (1)

-DÍEZ PUERTAS, Emeterio, El montaje del franquismo. La política cinematográfica de las fuerzas sublevadas, Barcelona, Laertes, 2002.

-GARCÍA DE DUEÑAS, Jesús, ¡Nos vamos a Hollywood!, Madrid, Nickel Odeón, 1993.

-HERNÁNDEZ GIRBAL, Florentino, Los que pasaron por Hollywood, Madrid, Verdoux, 1992.

Hernández Girbal, Los que pasaron por Hollywood (2)

-HEININK, Juan B. y Alfonso C. VALLEJO, Catálogo del cine español. Films de ficción 1931-1940, Madrid, Cátedra / Filmoteca española, 2009.

-RÍOS CARRATALÁ, Juan Antonio, El tiempo de la desmesura. Historias insólitas del cine y la Guerra Civil española, Barcelona, Barril & Barral, 2010, pp. 175-258.

Ríos Carratalá El tiempo de la desmesura

-RUIZ MANTILLA, Juan, “Buñuel íntimo e inédito”, El País, 4 diciembre 1911.

-ZULUETA, Carmen de, “Los dos Negrines”, Historia16 nº 311, marzo 2002, pp. 110-121.

Díaz Gimeno, Rosita002

Hace poco más de un año y coincidiendo con el primer aniversario de su muerte, se publicó esta novela póstuma de Francisco Carrasquer, que, como era previsible, no ha tenido apenas eco crítico. Reproduzco aquí mi prólogo, con la ingenua pretensión de que sirva para que alguien se acerque a esta  lúcida narración.

Carrasquer_Los centauros de Onir

 

En el discurso de recepción del Premio de las Letras Aragonesas, concedido al autor en 2006, este aseguró. “…el libro en el que más me confieso y me doy a conocer es mi biografía, Los centauros de Onir, todavía inédita, aunque confío en su próxima aparición”. Carrasquer se equivocó en el último adjetivo y su confianza no podía tener otros agarres que la difusión que el eco del premio pudiera deparar a su tan poco conocida obra porque ya hacía años que el libro había rodado por casi todas las editoriales aragonesas y alguna de carácter nacional, sin que sus responsables se dieran por enterados.

Como otros exiliados, Carrasquer sufrió tanto los efectos de su lejanía física como los de la heterodoxia de sus ideas y, así, su pensamiento y obra fueron escasamente conocidos y divulgados. Él se tomó con humor esta marginación y nunca fue un hombre amargado ni deprimido, incluso, escribió al respecto un ilustrativo artículo, que tituló: “Cómo no triunfar en la vida”. En el discurso antes aludido adujo que el libro suyo que más le interesaba era el ensayo socio-filosófico, El grito del sentido común. De los automatismos a la libertad (1994), en el que, un poco ingenuamente, había puesto expectativas, en cuanto a la trascendencia de su mensaje. Cuando el libro fue desatendido, sintió más claramente la exclusión.

Llama también la atención en las palabras del autor el que, sin ambages, defina Los centauros de Onir como biografía cuando su estructura es claramente novelística pero, en efecto, carece de otro argumento fuera de las peripecias vitales y reflexiones del escritor, que por cierto, ocupan la primera etapa de su vida, desde su nacimiento en Albalate de Cinca (Huesca) en 1915 hasta su definitivo exilio francés en 1948. Biografía novelada o, mejor, novela biográfica habría que denominarla, aunque también le cupieran adjetivos como filosófica, ensayística, evocativa y hasta histórica. Y, sin embargo, no es una obra desprovista de amenidad, entre otras cosas, por la riqueza de episodios fuera de lo común que su autor protagonizó y por la trascendencia del periodo histórico que le tocó vivir.

De cualquier modo, tanto el título, como el marbete que lo acompaña –guión de sueños- vinculan el texto con lo onírico aunque, verdaderamente, ello no sea lo medular en la obra sino, en todo caso, un recurso o técnica literaria. En el preludio, el autor lo explica meridianamente:

(…) este guión que ofrezco de mis sueños, podría ser una especie de autobiografía pantográfica: mi vida contada en todas direcciones, con las tres personas de la narrativa, a la vez o no, y con las más variadas técnicas en un discurso puntual, imprevisible, perspectivista, sincrónico, paralelo antipódico, trampantójico…

En efecto, la vida de Francisco Carrasquer[1], que abarcó desde la monarquía de la Restauración hasta la democracia de hogaño -también tutelada por otro Borbón y su cohorte-, pasando por la llamada Dictablanda, II República, Guerra Civil y franquismo, da para muchas cosas que contar. Nacido en 1915 y fallecido en 2012, su padre era secretario del ayuntamiento de Albalate de Cinca y su hermano Félix, pese a la ceguera que le afectó ya en los años treinta, fue una de las figuras señeras de la pedagogía libertaria. Francisco estuvo también emparentado con el importante escritor anarquista Felipe Alaiz, con cuya hermana casó su padre después de que su primera mujer, la madre del escritor, se ahogara en la acequia, al caer cuando estaba lavando.

A los diez años, Francisco ingresaba en el Seminario de Lérida, donde permaneció cuatro años, antes de trasladarse a Barcelona, donde vivió la proclamación de la República e, instado por su padre a volver a su pueblo para ayudar a sus hermanos en la panadería, la proclamación en la comarca del comunismo libertario, acción en la que tuvo no poco que ver su familia, que sufrió las represalias consiguientes y propició que Francisco volviera a Barcelona, donde, con ayuda de su hermano José, maestro, cursó el Bachillerato, al tiempo que impartía sus propias clases en la Escuela Racionalista Eliseo Reclús y en el Ateneo de Las Corts, que regentaba dicho hermano.

Al estallido de la sublevación militar -y ya miembro de la CNT-, fue de los primeros en ocupar el Cuartel de Pedralbes y rendir el Cuartel de Caballería. En estos días evitó el saqueo del convento de los Descalzos, arengando a la multitud, con lo que se salvaron tanto las vidas de los religiosos como las grandes riquezas artísticas allí guardadas. En seguida, marchó al frente como miliciano, fue nombrado jefe de centuria e hizo toda la guerra en primera línea, al tiempo que daba clase de primeras letras a los combatientes. Llegó a Jefe de Estado Mayor de la 119 Brigada de la 26 División, hasta su paso a Francia el 10 de Febrero de 1939.

Tras siete meses en el campo de concentración de Vernet d’Ariege, fue reclamado como lector por la Universidad de Nantes pero la guerra mundial estalló antes de incorporarse y hubo de volver al trabajo para ayudar al mantenimiento de su familia, toda ella huida a Francia. Acosado por los nazis, Francisco cruzó clandestinamente la frontera española en 1943 y; al poco, fue detenido, internado seis meses en la barcelonesa Cárcel Modelo e  incorporado a filas en Marruecos, donde pasó tres años. A fines de 1946, ya licenciado, fue detenido por redactar un manifiesto de la Alianza Democrática, torturado y vuelto a ingresar en prisión durante seis meses. Con la libertad condicional consiguió  terminar el Bachillerato en 1948. Escribió entonces su primer libro, Manda el corazón, una novela rosa con cuyo producto pudo pagar su matrícula en la Universidad. A punto de salir su juicio, decidió cruzar la frontera y abandonar España.

Hasta aquí, el periodo de su vida contenida en Los centauros de Onir, que sería el del protagonismo de la acción y que daría paso a la otra vertiente, la intelectual, que resumo brevemente.

En 1949 cursa Psicología en la Sorbona, con maestros como Piaget, Gurvitch o Merleau-Ponty. Se ayuda con clases particulares y sucede, como secretario de la FUE y delegado de Interayuda Universitaria, a José Martínez, el fundador de El Ruedo Ibérico, con el que mantuvo una gran amistad y una rica correspondencia. En 1953 acepta trabajar en una emisora internacional holandesa, en la que llegó dictar más de mil quinientas charlas de índole cultural. En Holanda se doctora en Letras y enseña Literatura Española durante diez años en la Universidad de Groninga y dieciocho en la de Carrasquer_En la Universidad de LeidenLeiden. Allí realizó la primera tesis doctoral europea sobre Ramón J. Sender, autor del que es el especialista más fecundo. También fundó dos importantes revistas de hispanismo Norte (Leiden, 1957-1971) y Revista de Accidente (Leiden, 1975-1979). Fue también director de Molinos (Amsterdam, 1982-1984). Además de sus obras de poesía y ensayo, tradujo decenas de libros. Entre los principales, una voluminosa Antología de la poesía holandesa moderna (El Bardo, 1971) y la obra maestra de la literatura holandesa: Max Havelaar de Multatuli (Los Libros de la Frontera, 1975). Antes ya le habían sido concedidos los Premios Nacionales de Traducción en Holanda (1960) y Bélgica (1963). En 1980 la reina Beatriz de Holanda le impuso la distinción de Comendador de la Orden de Oranje-Nassau, por su labor de difusión de la cultura holandesa. En 1985 vuelve a España y recibe la Encomienda de la Orden del Mérito Civil, por su labor de hispanista. En Tárrega, lugar natal de su mujer, continúa su labor intelectual, publicando libros de todos los géneros. En diciembre de 2006, ya decano de los escritores de Aragón, recibe el Premio de las Letras Aragonesas “por su obra progresista y radical, largo tiempo silenciada, que sirve de testimonio ejemplar para todos los aragoneses”. Ocho días después de cumplir los 97 años, muere en Tárrega[2].

No es extraño que la vida tan ajetreada de quien nació en un pueblo español en el que, en muchos sentidos, la vida cotidiana había cambiado poco desde la Edad Media y reflexiona sobre ella en su vejez y manejando el ordenador, aparezca como un sueño, a pesar de las muchas precisiones que contiene. En Carrasquer se unen la sólida formación filosófica de quien ha pasado por el tomismo del seminario, los mal llamados pensadores utópicos de sus lecturas militantes y los prestigiosos maestros de sus cursos en la Sorbona con una sólida carrera como profesor y crítico de literatura y con unas experiencias populares y vitales muy difíciles de encontrar en los mencionados grupos de intelectuales. Así, la historia deparada por estas vivencias, aunque a menudo es vista desde la misma entraña del sentimiento, se aquilata con un enfoque caleidoscópico que convierte el contenido en una discusión con profusos matices. Como en una pintura vibracionista, el texto, fragmentario, denso, estalla en numerosas fracciones, que vuelven a reunificarse y su técnica nos recuerda a la de otro contemporáneo al que Carrasquer dedicó muchos estudios: el Sender de La noche de las cien cabezas, O. P. o La Esfera.  El propio autor se explica: “Este vivir convocado en mis sueños que voy a transcribir aquí está compuesto de momentos «constelares» más que de mi propia experiencia (…) La sustancia de mis sueños es toda mi Substancia: la substancia de todo mi yo en el mundo y de todo el mundo en mí. Fuera de mis sueños no queda nada, ni de mí ni del mundo”.

Y deberíamos también aludir a la música, presente en tantos fragmentos del texto, esos flashes, a modo de entrevisiones soñadas, donde acronológicamente aparecen episodios y obsesiones de la vida del autor tamizados por dichos exordios musicales. Onirismo, pintura, música, prescindencia del tiempo sucesivo, variedad de técnicas narrativas… Vanguardia, al fin, que estaba apareciendo cuando Carrasquer llegaba al mundo, que revolucionó las artes y revolucionó a ese mundo y que en la narrativa codificaron en la década del veinte, los dos Passos, Döblin, Huxley… aunque hoy la lección aparezca tan lejana.

En Carrasquer luchan y conviven, pues, el intelectualismo de un cultivado hombre de su tiempo, con lo que fue siempre su obsesión: la necesidad de entrañarse en ese pueblo, al que todo se le había negado. El lector advertirá la sensibilidad a flor de piel de FC, que en el trato personal afloraba en forma de una gran naturalidad, cuajada de timidez. Hombre de observaciones profundas, temía expresarlas, como para no dejar a su interlocutor en situación de inferioridad intelectual. Mientras que, en cambio, en el arte suele suceder que la hiperestesia busque su propia vacuna y derive en un expresionismo que revela las más profundas heridas de su artífice.

Autor, cuya peripecia vital aparece a saltos en el tiempo y el espacio, entreverada con las más diversas reflexiones y hechos históricos, pero muy fiel a los sucesos que el joven libertario vivió. Desde los primeros recuerdos de la niñez y la sexualidad hasta su decisión definitiva de salir de España en 1948, el texto pasa por sucesos tan ilustrativos, como las dramáticas muertes de su madre y hermanos, la una, ahogada y ellos, uno muerto en combate y otro, a consecuencia de una tuberculosis que no puede ser convenientemente tratada. O la ceguera de otro hermano, el pedagogo Félix, no atajada a tiempo, en parte por incultura y en parte por la desidia para esas cuestiones propias del ambiente rural. Pasamos también por la previsible sordidez y el sadismo del seminario, la pérdida de la fe, sus trabajos de chico para todo en Barcelona, antes y después de la guerra, la tortura, la militancia confederal…

Todo ello enmarcado en un contexto histórico, veteado por acontecimientos concretos, como son la visita del tenor Fleta a Albalate de Cinca, su pueblo natal, que es el mismo que el del autor, los preparativos para la proclamación del comunismo libertario en dicho lugar, la aparición de una Hildegart ficcionalizada en las tristes circunstancias de su muerte a manos de su madre aunque no en su esencia, la muerte de Francisco Ascaso (Francho en el texto) durante el asedio al cuartel de Atarazanas, el suicidio de Evaristo Viñuales, el asesinato de Ponzán, quemado vivo por los nazis, el mecanismo siniestro por el que los comités cenetistas, caían uno tras otro en manos de la policía… Una pequeña historia, pues, desde dentro del movimiento confederal pero, por parte de alguien nada partidario de consignas ni doctrinas. FC siempre otorga lugar privilegiado al pensamiento y, cuando le parece oportuno expresa sus discrepancias, dentro de un gran entrañamiento con lo que los precursores del anarquismo llamaron la Idea y, sobre todo, con ese pueblo, al que la guerra civil todo le arrebató.

Como hicieron los humanistas del Renacimiento español, Carrasquer recurre frecuentemente al coloquio como medio de confrontar ideas y explorar los infinitos matices de la realidad. Especialmente representativos son los del hombre de acción frente al filósofo, representados por Francisco Ascaso y su compañera Jeannine, el de Paco (trasunto del autor) y su hermano José (muerto en la guerra), en el que se profundiza sobre el sexo y los sentimientos, o los de Paco y Pere sobre la guerra civil, y con Pilar sobre el referido asesinato de Paco Ponzán, su hermano.

Carrasquer vivió más años en Holanda y Cataluña que en su natal Aragón, como constata el repaso a su biografía. Sin embargo, es tan intensa su vinculación afectiva con su tierra que  escribe:

 (…) a veces temo caer en el «chicopatrioterismo» a tus ojos, por hacer, a lo mejor, demasiado el panegírico de mis paisanos. Pero no lo puedo remediar, amor, porque ¡cuidado que me esfuerzo en ser ecuánime, imparcial, objetivo y todo lo lúcido que puedo! Pero siempre me he de rendir a la evidencia de cuán excelente es mi Aragón, sobre todo de las virtudes que adornan a los aragoneses.

Habla en otra ocasión del “gracejo maño”, no perdona diminutivos como “hermanico”, utiliza numerosos aragonesismos léxicos: “somorda”, “enfuriada” y tantos otros y teoriza sobre la identidad del habitante del antiguo reino:

 Y es que el aragonés sabe estar por encima del infortunio; es, seguramente, el espécimen de hombre que sabe entender mejor la vida. A uno se le vienen a las mientes los orientales, los hindúes en especial: pero el aragonés tiene, además de ese sentimiento de lo sagrado del hindú, la gracia de poner un toque creador que tan patente asoma en su folklore.

Para remate, se precia en varias ocasiones de cantador de jotas, facultad que no llegué a comprobar, pese a los casi ocho lustros de conocimiento mutuo.

Carrasquer (4) Los centauros de Onir es, pues, la crónica a retazos de la asendereada vida de un hombre de acción pero en la que importan más los elementos sustentadores de las ideas  y la emoción que los propios acontecimientos. Tras los fogonazos del ensueño o del recuerdo, siempre la preocupación, la obsesión por su pueblo pero, aun manteniendo la idea libertaria, siempre con una inquietud por no perderse en el desierto de los anhelos ilusorios:

Porque hay que partir siempre de la realidad, si no, tendrás que imponer tu imagen mediante un montaje que se te  puede ir abajo el día menos pensado. Porque, entretanto, te habrás tenido que imponer dictatorialmente y, a la corta o la larga, todo dictador acaba siendo derribado (…) todas las grandes revoluciones verdaderamente populares, no políticas, ha partido de una reacción de rechazo, de una imperiosa necesidad de destruir el presente sublevante, sin previo programa. Por puro reflejo justiciero y de la más primaria dignidad humana.

Como sucede a lo largo de su obra ensayística, el faro rector del pensamiento de Carrasquer es la Ethica de Spinoza[3], proclamada en este libro como una de las siete maravillas del mundo, aunque apenas vuelva a citarla. La modernísima visión del filósofo, excomulgado del judaísmo y visionario de disciplinas como la ecología o el psicoanálisis, coincide con el autor en su intento de dar “una nueva dirección a la vida”, de arrostrar el futuro, guiados por el faro de la libertad pero teniendo en cuenta las enseñanzas de la historia, Desde Espartaco, los revolucionarios que en el mundo han sido, han sufrido derrotas estrepitosas, que, sin embargo, han repercutido por ósmosis en el progreso de la humanidad. Carrasquer ejemplifica este proceso en las mitológicas luchas entre centauros y lapitas, atribuyendo a los primeros la bandera del deseo, la libertad y la independencia frente a los segundos, representantes del orden y la eficacia. Como no puede ser de otra manera, Carrasquer vincula esta batalla con la revolución libertaria de 1936 y su perspectiva es crítica pero voluntaristamente optimista:

 (…) no somos más que fermentos de algo que tardará siglos en alquitararse Pero no por esta vez, lo cierto es que no hemos sabido hacerlo.  deberíamos haber colaborado en todo y por todo con el poder republicano, y así habríamos gozado del favor del gobierno en el interior y de los gobiernos del exterior, sin que hubiésemos significado una especie de coco para las democracias; o deberíamos haber dado, con la gran parte del pueblo que creyó en nosotros, el salto mortal, nuestra revolución, aquel «a por todo» de julio del 36. Pero se nos encogió el ombligo para eso… era demasiado grandioso para nuestra mental indefensión y menudencia representativa en el mundo. Y para lo otro, perdimos miserablemente el tren. Total: los lapitas astutos derrotan a los nobles centauros. No se ha hecho el mundo para los inocentes.

-…Todavía. Pero los inocentes acabarán por alzarse con la victoria…

Los centauros de Onir, la retrospectiva de una vida que tuvo protagonismo en los momentos cruciales del siglo XX español, el reflejo de una historia en la conciencia de unos revolucionarios que, casi siempre murieron en el intento pero también el sueño de un hombre bueno, cuya confianza en la humanidad, tal vez pueda consolarnos en las desolaciones cotidianas.

[1] Más información sobre su vida y obra, en los siguientes textos de mi autoría:

-Edición e Introducción a Francisco Carrasquer Sender en su siglo (Antología de textos críticos sobre Ramón J. Sender), Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2001, pp. 9-45.

“Prólogo” a Baladas del alba bala de Francisco Carrasquer, Madrid, Bartleby Ediciones, 2001, pp. 7-12.

-“Francisco Carrasquer: del pueblo y para el pueblo”, Letras Aragonesas nº 4, Zaragoza, Abril 2007, pp. 3-8. Criaturas Saturnianas nº 7, 2º trimestre 2007, pp. 115-121.

-“Francisco Carrasquer en su circunstancia”, Turia nº 84, noviembre 2007-febrero 2008, pp. 307-315.

-“Francisco Carrasquer, una vida intensa y desprendida”, Imán nº 7, noviembre 2012-“

“R. J. Sender y F. Carrasquer. El reencuentro literario de dos libertarios del Cinca”, Alazet, Instituto de Estudios Altoaragoneses, Huesca, 2013 (en prensa).

[2] Carrasquer, a lo largo de su vida, publicó los siguientes libros: Manda el corazón (novela), Barcelona, Bruguera, 1948. Cantos rodados (poesía), Ámsterdam, Cinca, 1956. Baladas del alba bala (poesía), Santander, Isla de los ratones, 1956. “Imán” y la novela histórica de Ramón J. Sender, Ámsterdam, Heijnis, 1968. Vísperas (poesía), Barcelona, El Bardo, 1969. Felipe Alaiz, estudio y antología del primer escritor anarquista español, Madrid, Júcar, 1977. La literatura española y sus ostracismos, Cuadernos de la Universidad de Leiden, 1980. La verdad de Sender, Leiden-Tárrega, Cinca, 1982. Nada más realista que el anarquismo, Madrid, Madre Tierra, 1991. La integral de ambos mundos: Sender, Zaragoza, Prensas Universitarias, 1994. El grito del sentido común. De los automatismos a la libertad, Madrid, Libertarias/Prodhufi, 1994. Holanda al español, Madrid, Libertarias/Prodhufi, 1995. Palabra bajo protesta (poesía), Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 1999. Sender en su siglo (Ed. de Javier Barreiro), Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 200. Ramón J. Sender, el escritor del siglo XX, Lérida, Milenio, 2001. Ascaso y Zaragoza. Dos pérdidas: la pérdida, Zaragoza, Alcaraván, 2003. Servet, Spinoza, Sender. Miradas de eternidad. Zaragoza, Prensas Universitarias, 2007. El altruismo del superviviente. Antología (Ed. de Javier Barreiro), Gobierno de Aragón, Zaragoza, 2007 Pondera… ¡que algo queda!, Zaragoza, Alcaraván, 2007. Poesía completa, Ayuntamiento de Tárrega, 2009. Poemario aleatorio, Zaragoza, Prensas Universitarias, 2010.

[3] Al pensador judío dedicó el autor numerosas páginas, especialmente, en El grito del sentido común, Holanda al español y Servet, Spinoza, Sender. Miradas de eternidad.

Otros textos acerca de Francisco Carrasquer en estas páginas:

https://javierbarreiro.wordpress.com/2012/12/09/introduccion-a-sender-en-su-siglo-de-francisco-carrasquer/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2012/12/09/introduccion-a-sender-en-su-siglo-de-francisco-carrasquer/

 

Con alumnas en Holanda

 

Un lance de fortuna puso en mis manos un puñado de papeles que había pertenecido a Luys Santa Marina. Entre ellos, el manuscrito de Primavera en Chinchilla, su primer poemario, escrito en el penal homónimo, o el galón bordado, que siempre portaba en la camisa, con tres calaveras y la inscripción “No importa”, recordatorio de sus tres penas de muerte, amén de otra documentación muy ilustrativa.

Santa Marina-No importa001

No es este el lugar de dar a conocer la enteriza personalidad de este falangista con pujos de héroe y caballero, cuya biografía no ha sido aún escrita y que, junto a su indudable fanatismo, conjugó delicadezas y un insobornable espíritu de justicia, que lo acercó a los libertarios y hasta la firme amistad de un marxista, poco amigo de componendas, como Max Aub.

Santa Marina, Luys (con Jurado Morales y Max Aub002

Andrés Manuel Calzada, Max Aub y Santa Marina

Hoy, 4 de enero de 2013, en que se cumple el 115 aniversario de su nacimiento en Colindres (Santander), quiero reproducir una carta anónima, escrita el 26 de enero de 1951, y que Santa Marina, entonces director de Solidaridad Nacional,  conservó entre sus muchos libros y legajos.  La misiva hacía referencia a estas palabras que el santanderino afincado en Barcelona había pronunciado ante una pregunta de periodista zaragozano Manuel Del Arco, otro rojo reconvertido, en una entrevista en su sección del Diario de Barcelona, “Vd. dirá…”, publicada en la misma fecha que lleva la carta:

“Desde el primero de Abril de 1939, no consideré enemigo a ninguno de los españoles a quienes habíamos vencido; primero, porque eran españoles, y segundo, porque no es de caballeros recordar al vencido su derrota. Creo que cuantos han combatido piensan así”.

La carta, a la que, por su carácter anónimo, no pudo contestar su receptor, es suficientemente ilustrativa, como lo es el que Santa Marina la conservara, por lo que no serán necesarias más glosas.

Santa Marina, Luys003

Barcelona, 26 Enero de 1951

Sr. D. LUYS  SANTA  MARINA

Barcelona.

Muy Sr. mío:

Esta carta, con ser anónima porque es necesario que lo sea, no tiene los defectos de la generalidad de las cartas anónimas. No los tiene, porque no intenta escudarse en la ocultación de un nombre para sembrar malos designios. No los tiene, principalmente, porque está inspirada por un sentir gregario, y el pensamiento de muchos es siempre anónimo porque no puede ser otra cosa.

Me refiero a las declaraciones hechas por Vd. al periodista Del Arco y publicadas en el “Diario de Barcelona”. Quiero aludir a la última parte de las mismas donde dice Vd.: “… (aquí, el texto de Santa Marina, subrayado).

Realmente, otro clima íntimo reinaría entre la gran familia española si imperara ese sentimiento cordial, ese sentido de la responsabilidad que Vd. destaca como norma propia que le honra.

Pero……

Vd. sabe perfectamente que muchos españoles combatimos con nuestras armas, con nuestro pensamiento y con nuestras múltiples actividades al lado de un régimen que para nosotros significaba un ideal y no una satisfacción de apetencias particulares.

Yo mismo, y no quiero destacar posiciones personales con otro objeto que para señalar casos colectivos, trabajé más que nunca en mi vida durante la guerra española en labores que estimaba necesarias a mi Patria. Trabajé esforzadamente, físicamente, dando a mi trabajo lo que robaba al descanso. No combatí, porque ya no era joven para hacerlo y, tal vez, porque otros, y yo mismo, me consideraba más apto para actividades de tipo técnico-burocrático que para disparar un arma.

Terminó la guerra. Huí de España, como tantos, con el corazón desolado, más por abandonar mi país que por encontrarme entre los vencidos. Y volví después, a los diez años. Ya han transcurrido cinco desde mi regreso y todavía noto en mi vida un vacío que ya estimo irreparable, causado por palabras y actitudes que parecen surgir del gozo malsano de hurgar con el acero fratricida la herida ajena.

No me arrepiento de nada de lo que hice durante la guerra. No herí, no maté, no perjudiqué personalmente a nadie. Sin embargo, me siento encerrado dentro de un círculo de odio, de ese odio creado, principalmente, por tantos y tantos que esperaban que la guerra terminara para enrolarse en el bando vencedor, ese odio que clasifica, acusa, señala y adjetiva a todos los vencidos por igual, ese odio que casi prohibe amar a España a los que no rinden pleitesía a los vencedores.

En América, emigrado, trabajé como siempre he trabajado en mi vida. Incluso en cierto país del Sur del mencionado continente fui nombrado por decreto presidencial miembro de determinada comisión técnica cuyos componentes eran todos hijos del aludido país, menos yo que era español. Sin embargo, ni mi trabajo allí ni las atenciones que había recibido, me hicieron olvidar a mi tierra. Volví. Siempre deseé volver y nada me atenuaba este deseo. Volví para respirar el aire de mi país y para que se curtieran en él mis hijos todavía jóvenes.

Pero ese aire estaba enrarecido – lo está, todavía – por los que pretenden que el odio dure siempre. Cada mañana los diarios y mil voces distintas me acusaban como si fuera un criminal. A todas horas restallaban en mis oídos los crepitantes tópicos que sólo buscaban la división perenne de los españoles: “Los que huyeron”…., “las hordas marxistas”….., “los criminales rojos”……., “los miserables”……, “los bandidos”……., “los malvados……..”.

Así, sin discriminar, con encarnizamiento sobre los vencidos, con deseos de que en España existiera eternamente la pugna de dos banderías irreconciliables.

Se me han cerrado puertas, porque el ostracismo de los vencidos es norma de los vencedores. Se me ha recordado con demasiada asiduidad que yo había sido de los “otros”. Cuando he necesitado un pasaporte se me ha dicho que yo había sido “rojo”. Hubiera querido trabajar, en lo posible, en mis actividades anteriores, pero no podía intentarlo porque yo no soy un español sino “un rojo”. Hubiera querido intentar contacto con mis labores de antaño, pero no he podido porque para mí y para tantos otros como yo, existen cercos cerrados que para que sean accesibles es necesario pasar por la humillación y por el acto de contrición, extremos que el orgullo no permite.

Todavía no había escuchado nunca, desde que regresé a España, palabras como la que Vd. ha pronunciado a favor de la concordia nacional. Ellas han sido para mí, y seguramente para muchos, como el oasis para el que está perdido en el desierto.

A Dios se le sirve sirviendo a los hombres, mejor que pronunciando su sagrado nombre en vano. Igual como se sirve a España mejor, procurando que ningún español se sienta extraño en su Patria, que hablando de España como si fuese exclusiva de determinados españoles.

Perdón, señor Santa Marina, por esta carta. Me gustaría firmarla, pero todavía existen en nuestro país pocos hombres que pudieran perdonármela, los unos porque son de un bando y los otros porque son de otro, como si la guerra de España no hubiese terminado.

Muy cordialmente.

Santa Marina, Luys004

Nueve días después de colgar este artículo, me comunican la muerte de mi amigo. Salvo la edad, nada hacía pensar en ella. Aunque ingresado en una residencia y con algunas lagunas ocasionales, se encontraba perfectamente y su familia me comunicó su alegría y sus abrazos, cuando le llevó este texto. Estoy de viaje y no tengo a mano alguna otra cosa, que me gustaría publicar. Quedo comprometido en hacerlo a mi vuelta. Mientras este sindicalista radical y puro desaparece, veo en televisión cómo los capos de CCOO y UGT se reúnen con el Borbón. Estupor ante la muerte, repulsión ante esta clase de vidas.   

                                                  ————————————–

Francisco Carrasquer cumple hoy 97 años. En 2006, año en que recibió el Premio de las Letras Aragonesas, como se dice en este artículo, era el decano de las mismas y, venturosamente, sigue siéndolo. Lo conozco hace cuarenta años y a pocos seres humanos he respetado más por su entereza, su bonhomía, su inteligencia y su compromiso con la justicia. Carrasquer es uno de esos libertarios que empequeñecen porque uno siente que nunca podrá llegar a su grandeza de corazón.

El texto que se reproduce fue publicado en la revista Turia nº 84, noviembre 2007-febrero 2008, pp. 307-315.

   La figura de Francisco Carrasquer (Albalate de Cinca, 1915), último Premio de las Letras Aragonesas y hoy decano de los escritores nacidos en el antiguo reino, resume en su peripecia un siglo de historia de España, centuria frondosa en acontecimientos, como lo fue la anterior, pero en la que los cambios estructurales y superestructurales en el país han sido infinitamente mayores. Carrasquer nace en el mismo año en que se publica la teoría de la relatividad y andan en eclosión los vanguardismos. En 1915 nacen también dos hombres generalmente bienintencionados, como Fernando Claudín y Manuel Tuñón de Lara, pero que militaron en la otra izquierda, la que calumnió, persiguió y, a menudo, pudo eliminar a la izquierda libertaria de la que Carrasquer es hoy, quizá, su representante vivo más eximio. De 1915 fueron también Torcuato Fernández Miranda, según algunos, árbitro y muñidor de la transición española, y dos Arturos universales, el checo Artur London, prófugo malgré-lui del “ideal” comunista y otro superviviente de mil batallas de otro cariz, el dramaturgo estadounidense Arthur Miller. Igualmente, durante ese año vinieron al mundo los aragoneses Alfonso Buñuel y Luis Horno Liria.

 Poco tuvieron que ver los orígenes de todos ellos con los de Francisco Carrasquer, que ve la luz en un pueblo en el que, como la mayoría de los núcleos rurales españoles de la época, el tiempo se ha detenido y cuyos habitantes, menos de una década después, se fotografiarán maravillados rodeando el lujoso automóvil de su hijo más conocido, Miguel Fleta. Francisco es el sexto hijo de una familia de nueve de la que sobrevivieron cinco, Félix, Antonio, José, Francisco y Presentación. La situación familiar, aun dentro de la precariedad con la que entonces se vivía, no era mala porque el padre, Félix Carrasquer Pueyo, era secretario del Ayuntamiento, del Juzgado y del Sindicato de Riegos y también poseía algunas tierras. Prueba de la citada precariedad es que en 1921 la madre, Presentación Launed Carrera, muere ahogada en la acequia a la que había ido a lavar la ropa. El padre contrae nuevo matrimonio con Mariana Alaiz de Pablo, hermana del excelente y muy olvidado escritor anarquista, Felipe Alaiz[1] (1887-1959), con la que tuvo otro hijo.

 Como sucedía frecuentemente con los escolares de algunas luces, Francisco ingresa a los diez años en el seminario de su diócesis, sito en Lérida. Cuatro años más tarde, perdida la fe, no quiere regresar a casa y se marcha a Barcelona, donde prueba en varios oficios y vive intensamente la proclamación de la República y la euforia popular pero, como le sucedió al Sender adolescente, su padre lo va a buscar para llevarlo de regreso al pueblo. Allí trabaja en el campo y, como panadero, en la tahona de su hermano mayor, Félix (1903-1995), que, a pesar de su ceguera, con el tiempo se convertiría en el referente inexcusable de la pedagogía libertaria en España. En 1933, como sucedió en otros lugares, Albalate de Cinca  proclama efímeramente el comunismo libertario, lo que significa la cárcel para los izquierdistas que propiciaron el hecho, entre los que se encuentran tanto Félix, principal instigador de la revolución, como el padre de Francisco. Este decide volver a Barcelona, donde, con ayuda de su hermano José, que oficia de maestro en Esparraguera, cursa el Bachillerato en el Instituto Balmes y él mismo aprovecha su incipiente formación para impartir clases en la Escuela Racionalista Eliseo Reclús y en el Ateneo de las Corts. Ya comprometido militante libertario, al producirse la sublevación militar, es de los primeros en ocupar los cuarteles de Pedralbes y de Caballería. Todo ello lo ha narrado con vívida intensidad en “Mis tres días de julio”, texto incluido en Ascaso y Zaragoza. Dos pérdidas: la pérdida (2003). Allí cuenta cómo, cuando las multitudes se disponían a saquear el convento de los Descalzos, lanzó una arenga que salvó las vidas de los frailes y los tesoros del convento, que fueron puestos a buen recaudo.

 Carrasquer hizo toda la guerra[2] en el frente, primero como miliciano, después como jefe de centuria y, finalmente, como jefe de Estado Mayor de la Columna Durruti que pasó a denominarse 119ª Brigada de la 26ª División. Como era de rigor, combinó sus funciones estrictamente militares con las clases de primeras letras a milicianos no alfabetizados.

 En plena derrota republicana Carrasquer cruza la frontera francesa el 10 de febrero de 1939 y es internado, con más de diez mil combatientes de su división, en el campo de concentración de Vernet d’Ariège, 58 kilómetros al sur de Toulouse. Las terribles condiciones de los internados las narra por ejemplo, otro Arturo más, Koestler, en La hez de la tierra. Sin embargo, Francisco tiene, al fin, algo de suerte pues, justo cuando el campo se va a convertir en el depósito de los intelectuales y revolucionarios considerados como peligrosos por el gobierno francés, es reclamado por la Universidad de Nantes para trabajar como lector. Sin embargo, Francia es invadida antes de incorporarse, con lo que ha de buscar un trabajo más productivo para ayudar a mantener a sus padres y hermanos, todos refugiados en el país galo. Acosado por los alemanes, en 1943 Francisco pasa clandestinamente la frontera pero es detenido, recluido durante seis meses en la Cárcel Modelo de Barcelona e incorporado al tabor nº 5 de Regulares en Marruecos, donde pasó tres años[3]. Licenciado a fines de 1946, vuelve a tomar relación con los círculos de la resistencia y es detenido de nuevo por redactar un manifiesto de la Alianza Democrática. Torturado, como era usual, y tras seis meses de cárcel, obtiene la libertad provisional en espera de juicio. Termina entonces su Bachillerato y, para sufragar su matrícula en la Universidad, escribe su primer libro, Manda el corazón (Bruguera, 1948), una novela rosa, que ni el propio autor pudo encontrar cuando se preparó la exposición conmemorativa de su reciente premio de las Letras Aragonesas.

 Llevaba entonces Francisco, más de diez años –toda su juventud- consumida, en la guerra, en el campo de concentración, en la resistencia antifascista, en la cárcel y, como reclutado forzoso, en el ejército de Franco. No resulta extraño que, ante la perspectiva de la pronta celebración de su juicio, decidiera volver a cruzar la frontera y “descansar” en Francia. Más extraño parece el que gentes que pasaron por penurias como las que se narran, conservaran –y, en su caso, conserven- una inusitada bondad personal, una suerte de pureza que a algunos puede parecer ingenua y que sólo se comprende por la posesión de una fe en la humanidad, como la que ostentaban los primeros anarquistas, formados en una sociedad tan injusta y brutal, que hacía necesario construir una esperanza.

 Carrasquer se apresta finalmente a cultivar lo que era su verdadera vocación, la intelectual, y opta por matricularse en la Sorbona para estudiar Psicología con maestros como Gurvitch, Merleau-Ponty o Piaget. Se ayuda con clases particulares y sucede a José Martínez como secretario de la FUE y delegado de Interayuda Universitaria. Con José Martínez Guerricabeitia, el fundador de El Ruedo Ibérico, sin duda, la más potente y digna iniciativa cultural antifranquista de toda la oposición al régimen, mantuvo Carrasquer una larga y profunda amistad, cimentada en una muy copiosa correspondencia.

                                        Con José Martínez, fundador de Ruedo Ibérico, París, h. 1980 

Con los cuatro certificados de la carrera en su poder, en 1953 acepta una propuesta para trabajar en programas culturales de la Radio Internacional neerlandesa, ubicada en Hilversum. Acomete entonces los estudios de letras, que culminará en 1965 y en 1956 publicará en Ámsterdam su primer libro de poesía, Cantos rodados. Desde entonces su labor cultural en los campos de la radiofonía, la traducción y los estudios literarios va a ser fecunda. Destacaremos en esta década de los cincuenta, la fundación de la revista Norte en 1956 y el premio Nijhoff del Gobierno holandés a la mejor traducción del neerlandés a la lengua extranjera (1960). En 1963 obtendrá similar distinción por parte del gobierno belga. Y es en ese mismo año cuando publica en la santanderina colección de La Isla de los Ratones el que quizá es su mejor libro poético, Baladas del alba bala, reeditado en 2001. En 1968 publica su tesis doctoral sobre Sender, la primera que se leía en una universidad europea.

 No resulta nada extraño que Carrasquer tomara la obra y, después, la figura de Sender como objetos de su indagación intelectual. Las coincidencias y concomitancias entre su vida y la de su paisano, nacido tan sólo catorce años[4] antes que él y a diez kilómetros de su pueblo, sólo que en distintas riberas del Cinca, son tantas que parece que no podría haber sido de otro modo, a pesar de que entre ellos nunca hubiese habido el menor contacto. A la cercanía de edad, origen y formación, se unía la militancia libertaria, la participación en la guerra y la dura peripecia del exilio, la actividad intelectual, el profesar en una universidad extranjera y una similitud de puntos de vista y hasta de actitudes literarias -salvando las naturales distancias en intención, actitud y género-, que pueden resumirse en el estilo desafectado, la multidireccionalidad temática y el variado sustrato cultural no acomodado a escuelas o esquemas.

  Carrasquer no sólo fue el primer estudioso europeo que se acercó a Sender[5] sino el que, a través del tiempo, más ha insistido en la atención y en la voluntad de desentrañamiento. Desde la publicación de su tesis en 1968[6], han sido cinco libros monográficos[7],dos ediciones críticas[8] y una antología poética[9] en torno a la obra senderiana. Ocho, pues, en total, los libros dedicados al autor de Chalamera, amén de otros muchos trabajos dispersos, como el que contiene su, por ahora, último libro, Servet, Spinoza, Sender. Miradas de eternidad (2007). Para Carrasquer, fue Sender el autor del siglo XX que más se acercó y mejor comprendió críticamente el anarcosindicalismo y también el escritor español que, a lo largo de dicha centuria, más se ha inspirado en el pueblo y conspirado con él. Lo que, sin duda, le valió el ninguneo de la crítica durante mucho tiempo y, lo que es más grave, la neutralización de su obra. Efectivamente Sender, que en los años treinta se había constituido en el novelista más sólido y prometedor del panorama nacional, padeció el arrumbamiento destinado a los exiliados políticos, pese a que en los años cuarenta y cincuenta realizó, seguramente, la aportación más decisiva y más alta cualitativamente de toda su trayectoria narrativa[10]. Si desde muy temprano le acompañó el reconocimiento de la crítica, especialmente de la anglosajona, y fue repetidamente traducido, no corrió la misma suerte en los círculos críticos del exilio y hubo que esperar a los años sesenta para que en España se lo conociera y apreciara. A la primera recepción entusiasta -y más por parte de los lectores que de los orientadores de opinión- sucedieron las reticencias y guiños reprobatorios de una buena porción de críticos[11], en su mayor parte cómplices, conscientes o inconscientes, de la manipulación cultural comunista, que enfangó el debate intelectual durante tantos años. Francisco Carrasquer, especialmente en “El raro impacto de Sender en la crítica española”, pero también a lo largo de muchos otros de sus escritos, es uno de los que con más tino han denunciado esa evidencia que sólo desde hace unos cuantos años ha  empezado a suscitar las reflexiones oportunas.

 Tras la publicación de su tesis, Carrasquer publicó en la prestigiosa colección El Bardo de Barcelona el que era su tercer libro de poesía, Vísperas (1969), que tuvo dos reediciones bilingües holandesas, la primera de ellas prologada por Lucebert, el más reconocido de los poetas de los Países Bajos. En la misma colección apareció poco después su monumental Antología de la poesía neerlandesa moderna (1971). Junto a la traducción del clásico por antonomasia de la literatura holandesa, el Max Havélaar de Multatuli y su libro Holanda al español (1995), amplísima visión sobre la sociedad y la cultura neerlandesas, son las tres principales contribuciones del escritor aragonés a la difusión cultural del país que le había dado acogida. Entre los reconocimientos que los holandeses le otorgaron, además de los citados Premios Nacionales de Traducción en Holanda (1960) y Bélgica (1963) figura la distinción de Comendador de la Orden de Orange-Nassau, impuesta por la reina Juliana.

 A partir de la publicación de su tesis, pasa de la Universidad de Groninga a la de Leiden, donde enseñará durante dieciocho años. Será esta su época de mayor actividad en el campo de la crítica literaria[12], que combina con su pasión por el arte –junto a su mujer, María Antonia Vidal Morera, regentó durante varios años una galería en Leiden- y la defensa y difusión del ideal ácrata. Aunque en este terreno todas sus publicaciones serían en periódicos y revistas libertarias, especialmente en Cuadernos de Ruedo Ibérico, a partir de la llegada de la libertad de prensa en España publicará en revistas de ideas afines como El viejo topo, Ajoblanco o Polémica. Será años más tarde cuando aparezcan sus libros, llamémosles ideológicos: Nada más realista que el anarquismo (1991), El grito del sentido común. De los automatismos a la libertad (1994) y Ascaso y Zaragoza. Dos pérdidas: la pérdida (2003). Es en la segunda de estas obras donde el autor trató de explicar su pensamiento filosófico y político en un intento de sistematizar desde muy diversos ángulos el ejercicio del sentido común, que no es sino el ejercicio de la libertad y del deseo. Para él, en la historia -un continuo tejer y destejer- el hombre se ha ido alejando de su instinto, de su intuición, de su naturalidad primordial pero también ha ido avanzando en el sentido de la justicia. Por otra parte, el hecho de no forzar las convicciones y de que la actitud libertaria por antonomasia sea la duda, el poner continuamente en solfa aquello que se propone en un momento dado, ha hecho al movimiento libertario tan atractivo como débil. Aunque, como estampó Enzensberger: “la seducción tiene más fuerza que la imposición”, ocurre que las certezas son más fáciles y la gente lucha más segura en favor de las evidencias impuestas, como sucede con los seguidores de fascismos, leninismos e integrismos. La nueva misión de la izquierda sería conjugar libertad y orden y sustituir la fascinación del poder por la de la palabra.

 Una vez jubilado, Carrasquer había regresado a España en 1985 para instalarse en el pueblo de su mujer, Tárrega, y recibir la Encomienda de la Orden del Mérito Civil por su labor de hispanista. Desde entonces no ha cesado su labor intelectual y a los libros citados hay que unir una amplia antología de su poesía con mucho material inédito, Palabra bajo protesta (1999) y el recientemente publicado Pondera… que algo queda! (2007) en el que reúne poemas exaltatorios para amigos y personajes que admira.

 Asimismo parece que próximamente el ayuntamiento de Tárrega va a publicar la obra lírica completa* de quien es uno de nuestros poetas más desconocidos, tanto por haber vivido la parte central de su vida lejos de Aragón, como por haber sido muy desigualmente publicado en nuestro medio. Por otro lado, sus ideas libertarias han dificultado la acogida de su obra por parte de los poderes culturales y, al mismo tiempo, su carácter poco adicto a capillas y cenáculos tampoco podía facilitarle la positiva recepción que en algunos ámbitos -no muchos ni muy poderosos, es cierto- se dispensa a quienes ostentan el marbete de heterodoxo. Pero, dada su originalidad y fuerza, la variedad de registros (épico, existencial, intelectual, amoroso, social…) y su falta de respeto a las modas y tópicos del tiempo es indispensable recuperar la figura del albalatino para la poesía aragonesa contemporánea.

 Poeta enérgico, reflexivo y, a la vez, conflictivo. Analítico y, como tal, profundamente conceptista; vanguardista, por expresionista; pasional y existencial, como no podía ser de otra manera, su visión del mundo está mucho más cerca de Camus que de Sartre y es, por tanto, más humanista, más moderna, más inteligente. En ella, frecuentemente, se establece un juego de prioridades entre la razón y los sentidos. Desconfiando de una y de otros, la salida es muchas veces el juego lingüístico, el humor. Juegos ocasionales, humor grave, si se quiere, pero siempre asomando ese hocico burlón y escépticamente admonitorio.

 Carrasquer continúa escribiendo y todavía tiene entre manos varios proyectos, entre los que se encuentra la publicación de su novela Los centauros de Onir. Lástima que una vida tan larga y plena de acontecimientos no nos haya deparado unas memorias, género cada vez más en auge, en  un país, que no sé si acertadamente, siempre ha sido señalado por la escasez de producciones en dicho terreno[13]. Tal vez, el característico exceso de modestia de Carrasquer le haya llevado a decidir que su vida no tenía demasiada importancia. Pero él sigue en la brecha de la crítica literaria, la poesía y la reflexión histórica y social. Por ejemplo, y por citar uno de sus textos recientes, en el último artículo –aún inédito- que he recibido de él, escribe:

 “…ya hemos aprendido todos la lección de que sólo es realmente libertaria la revolución que se hace por educación y civismo bien entendido, a saber: el comportamiento libertario en sociedad nos da el derecho a todos a ser libres, pero también nos impone el deber de hacer libres a los demás. He aquí la fórmula definitiva del libertarismo”.

 La sorprendente vitalidad intelectual y la ejemplar trayectoria civil de un hombre tan representativo de nuestra reciente historia y de nuestro siglo y que, por su audacia, potencia intelectual y singularidad, debiera haber sido objeto de otra atención, resalta la justicia y el buen tino del último Premio de las Letras Aragonesas.

*Poesía completa, Ayuntamiento de Tárrega, 2007. En 2010 Prensas Universitarias de Zaragoza editó Poemario aleatorio.


[1] Carrasquer le dedicó un estudio-antología, Felipe Alaiz, Madrid, Júcar, 1981, todavía hoy la obra más importante que se puede encontrar en nuestras librerías sobre el escritor de Bellver de Cinca.

[2] Carrasquer ha novelado su peripecia bélica en la que, salvo su primera obra alimenticia, hoy es su única narración extensa, Los centauros de Onir, que, increíblemente, permanece inédita.

[3] Aunque Carrasquer ya hubiese bregado con peores dificultades, parece que su paso por África no fue tan duro como se podía prever, gracias a la simpatía que inspiró en su capitán y a su capacidad, entonces inusual entre la tropa, para las cuestiones burocráticas.

[4]  Cronológicamente, Sender pertenecería a la del 27, mientras que Carrasquer -tres años más joven que Ridruejo, por ejemplo- se incluiría en la del 36.

[5] La primera tesis –mediocre pero meritoria, por pionera- fue americana y se debe a la pontevedresa Josefa Rivas. La publicó Editores Mexicanos Unidos en 1967.

[6] “Imán” y la novela histórica de Ramón J. Sender -primera incursión en el “realismo mágico” senderiano-, Uitgeverij Firma J. Heijnis Tsz., Zaandijk, 1968. Reeditada, con  numerosas corrreciones y ampliaciones, bajo el título de Imán” y la novela histórica de Sender (prólogo de Ramón J. Sender), London, Tamesis Books Limited, 1970.

[7] La tesis citada y La verdad de Sender, Tárrega, Cinca, 1982; La integral de ambos mundos: Sender, Zaragoza, Prensas Universitarias, 1994; Sender en su siglo (edición de Javier Barreiro), Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2001; Ramón J. Sender, el escritor del siglo XX, Lérida, Milenio, 2001.

[8] Imán, Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 1992; Réquiem por un campesino español, Barcelona, Destino, 1998.

[9] Rimas compulsivas (Antología de la poesía de Ramón J. Sender), El Ferrol, Esquío, 1999.

    [10] Carrasquer apunta que el exilio probablemente favoreció artísticamente su escritura, como les sucedió a otros autores. Aunque sea aventurado hablar de supuestos, puede concluirse que la tensión a que se ven sometidos los creadores en circunstancias vitales difíciles ha deparado muchas de las mejores producciones intelectuales de la historia.

    [11] Reveladora es la observación de Carrasquer acerca de la distinta recepción por parte de la intelligentsia de los premios Planeta concedidos a Sender y Vázquez Montalbán. Lo que en uno se interpretaba como achantamiento de cerviz y venta al todopoderoso capital, en el otro constituía el reconocimiento de la industria editorial a una trayectoria literaria y civilmente modélica.

[12] Algunos de sus numerosos artículos se reúnen en dos publicaciones de la Universidad de Leiden en 1980: La literatura española y sus ostracismos y Antología de artículos.

[13] Fernando Durán López en su Catálogo comentado de la autobiografía española (Siglos XVIII y XIX), Madrid, Ollero & Ramos, 1997, recoge 479 autores.

                                                       Carrasquer y el firmante en Leiden