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Safo en Eco Artísitico 27-12-1911

Safo, ampliamente citada por Cansinos-Asséns en el impagable documento que constituyen sus memorias (La novela de un literato, 1, Madrid, Alianza Tres, 1982, p. Cansinos, La novela de un literato 1002413-432) como una aristócrata argentina que desea triunfar en las variedades, para lo que se gasta muchísimo dinero en formación, vestuario, composiciones y letristas, tuvo una breve  carrera artística, alguno de cuyos episodios iniciales dieron ocasión al autor sevillano para ejercitar sus dotes de observación y su ironía. Sin embargo, un repaso a su trayectoria en la prensa muestra que Cansinos debía de escribir de memoria y ésta le fallaba a menudo.

Lo que viene a contar el admirable escritor es que una tal Juanita Fernández Conde “viudita joven y rica, criolla argentina, con una niña muy mona” vive en el Hotel París y quiere conocer literatos y periodistas madrileños que la ayuden en sus aspiraciones artísticas, ya que su pretensión es emular a la Fornarina y la Chelito. A dicho hotel conduce a Cansinos el compositor aragonés Cayo Vela, entonces director de la orquesta del teatro Novedades, que, a la sazón, estaba preparando el repertorio para el debut de la artista en el Trianon Palace, el salón de variedades más lujoso de la capital.

Cansinos la pone en contacto con sus amigos[1], la lleva al Café Colonial, donde muestra sus conocimientos literarios y flirtea con los concurrentes, entusiasmados con la exótica aspirante artista. También la acerca a la redacción de su periódico, La Correspondencia de España, cuyo director el zaragozano Leopoldo Romeo, que utilizaba el seudónimo Juan de Aragón, se encierra con ella en su despacho y trata de que acceda a sus pretensiones:

Pero bruscamente se  abre la puerta y por ella sale la artista con aire de reina ofendida y pide su abrigo. Detrás de ella se asoma el baturro, sonriendo cínico y despectivo. Perplejos, asombrados, ayudamos a Safo a ponerse su capita y la seguimos…

-Pero ¿qué ha sido eso, Safo?

Ella no puede hablar de puro indignada. Por fin, reprimiendo apenas unas lágrimas pueriles, balbucea:

-Pero ese hombre es un sátiro… ¡Y éste es el país de los caballeros de Don Quijote!…, ¡che!”

En los ensayos Safo tiene que aguantar la brutalidad de Cayo Vela. Escribe Cansinos:

 El baturro es digno paisano de Juan de Aragón (…) En cuanto Safo desafina, monta en cólera, se olvida de que está dando lecciones a una señora y cree hallarse en Novedades, tratando con coristas y prorrumpe en exclamaciones injuriosas, obscenas, como las que a aquéllas suele dirigirles (…) Safo aguanta, obedece, repite (…) suplica: -Por Dios, Cayo déme un poco de respiro. Me trata usted a la baqueta.

El músico continúa con su violencia verbal, que asombra al escritor. Al preguntarle a éste la razón, Cayo Vela le contesta que a las mujeres hay que tratarlas así: “Les agrada y, si no, toman a uno por el pito del sereno”.

La aspirante a cupletista tiene que pasar por otras pruebas: el modisto[2] -“un invertido”, aclara Cansinos- le cobra un dineral por los trajes adaptados a los cuplés del repertorio; el llamado Padre Benito, jefe de la clac del Trianon y de otros muchos locales madrileños, (V.  https://javierbarreiro.wordpress.com/2015/08/07/el-padre-benito-jefe-de-la-clac-en-los-teatros-madrilenos/), organiza un lunch en La Bombilla para que Juanita conozca el tipismo madrileño y allí es objeto de todo tipo de zafiedades.

Por su parte, todos los aspirantes a escritor pugnan por conocerla y admiran sus joyas, sus cigarrillos egipcios, su interés por la literatura, hasta Ramón Gómez de la Serna, en Prometeo, la hace protagonista de uno de sus “Diálogos triviales”[3].

Safo canillitaFinalmente, se produce el debut, con la clac literaria y la profesional del padre Benito a su favor. El público de señoritos se la toma a risa, más cuando arrecian los aplausos de sus defensores. La voz no llega a la platea. Ante la abundancia de partidarios, el público opta también por tomárselo a choteo y aplaudir hiperbólicamente pero Edmond de Bries, no soporta la befa y la saca del escenario. Ella protesta débilmente pero el modisto la desengaña:

(…) ¿no vio usted que todos esos aplausos eran pura chunga? Usted lo que debe hacer es irse a casa y dejarse de locuras… Usted no ha nacido para ARTISTA… No haga caso de los que la adulan para pimpearla… Ya tiene usted edad de ser seria y de cuidar de su hija, que deja en poder de los criados y huéspedes del hotel (…) La están explotando entre todos…, la están dejando en la ruina…. ¿Saben ustedes lo que le ha costado todo esto[4]?… ¿Lo que se ha llevado el padre Benito… y el empresario del Trianón?… Nada, señora, esto se ha acabado (…) Esta señora se retira de la escena… Ya le han tomado bien el pelo…

Para terminar el episodio, Cansinos reflexiona:

Nosotros nos quedamos perplejos. Es tan raro lo que pasa… ¡Un invertido dando lecciones de moral y salvando a un alma extraviada!!!

Cansinos, La dorada

Es sabido que, lamentablemente, Cansinos no da fechas en sus memorias pero las cosas no fueron exactamente como las narra. Juanita-Safo debutó en el Trianon el 28 de septiembre de 1911 pero el 8 de julio ya lo había hecho en el Salón Madrid de la calle Cedaceros, dedicado al género ínfimo, con un monólogo, El sueño de Safo, escrito por Manuel Garrido y musicado por el maestro Teodoro San José con un potpurrí de aires de varietés, un pasodoble sobre motivos de “La pulga” y unos cuplés, “muy intencionados”, según el diario La Mañana, que aclaraba que “el libro es un bello pretexto para que Safo luzca su distinción y buen gusto” y que aristócratas, artistas, un afamadísimo diestro y una dama de la alta aristocracia muy conocida de los madrileños estuvieron entre el público. Aunque su actuación se alargó una semana, las críticas de sus amigos fueron cariñosas y después pasó a actuar en San Sebastián, la cosa no debió de ir tan bien como dice La Mañana. Lo demuestra el hecho de que Juanita cambiara de músico y emprendiese una campaña de propaganda en el semanario Eco Artístico, especializado en la publicidad de artistas de variedades, donde apareció varias veces con anuncios pagados. Por cierto, que Cansinos, pese a no citarlo, asistió a este primer debut en el Salón Madrid, pues tanto la elogiosa gacetilla de su periódico sobre la función, como la que, unos días después, se publica en su despedida, vienen firmada con sus iniciales.

Safo Anuncio presentación el Trianon

Como durante mucho tiempo hicieron artistas y compañías, antes de su “actuación estelar” en el Trianon madrileño, Safo lo hizo en Zaragoza cuyo público era proverbialmente duro y, efectivamente, su actuación (19 de septiembre), parece que discurrió por los senderos contra los que, luego y según Cansinos, le advertiría Edmond de Bries. Veamos un fragmento de la crónica “Safo en Zaragoza”, que A. Ibáñez Sánchez firmó en Tierra soriana:

(…) no he podido ver, y no por falta de mirar, a la artista por parte alguna, encontrándome tan sólo con una mujer galante, pero sin voz, víctima de un engaño y quién sabe si de histerismo inveterado; una pobre mujer, bonita por cierto, que no conoce a los públicos ni se conoce a sí propia; dos defectos grandes para quienes quieren pasar la vida entre bambalinas y bastidores.

Las dos lecciones que el martes (…) recibió del público aragonés fueron duras, como sentencia de juez justo, y puede servir de mucho a Safo, quien, si hasta la fecha sigue con el defecto de no conocerse a sí propia, ha conseguido por lo menos, conocer ya lo que es el público. Porque aquel otro con que dicen cuenta en Madrid, de admiradores invitados, es público de amigos y los amigos tienen la propiedad de engañarse y de engañarnos con sus juicios, pues o nos quieren mucho o nos quieren mal.

Que Cansinos confunde fechas o hechos lo demuestra el hecho que tras el debut de Safo en el Trianon, no abandonó el oficio, como él sugiere, sino que siguió actuando en él, al menos durante una docena de días seguidos, pues en los periódicos madrileños su nombre figura en el repertorio de artistas que actúan en dicho coliseo. Desaparece entonces unas semanas de la circulación hasta que el 22 de noviembre El Imparcial nos informa del vuelco del automóvil de don Francisco Brandón, director de la Eléctrica Madrileña en el que viajaba éste junto a don Santiago Gómez y la cupletista. Las lesiones no fueron graves.

De alguna manera Safo debió de seguir conectada al mundo artístico pues aparecen sus anuncios, participa en banquetes, como el que se ofrece en homenaje a JulioSafo en La Mañana Romero de Torres el 14 de julio de 1912, baila el tango, que ya hacía furor en Europa y ella traía aprendido del Río de la Plata, y todavía el 8 de mayo de 1913 aparece actuando en el Petit Palais o el 1 de marzo de 1914 en el Salón Imperial de Melilla. Pero no debieron irle demasiado bien las cosas en dicho terreno pues dos meses justos después de esta actuación, la artista reunía a sus amigos de las letras, de la pintura y de la escena en el Restaurante Tournié en el número 15 de la calle Mayor, para ofrecerles un banquete de despedida. La noticia del Heraldo de Madrid explica que Juan Belmonte no pudo asistir al convite por un reciente percance, lo que unido a la mención a un famosísimo diestro en la noticia de su primer debut y otras indirectas, hace pensar en alguna clase de relación entre ambos. Al fin, la dupla torero-cupletista llegó a ser una suerte de tópico popular en la España de esa época.

Fuera como fuese, Juanita, que pertenecía a la aristocracia uruguaya y no argentina, como Cansinos mal recordaba[5], había conocido a Julio Herrera y Reissig, uno de los cinco dioses de la poesía modernista y, como él, gustaba de coquetear con la morfina, a mediados de 1914 embarcó hacia Brasil para pastorear sus negocios. Seguro que nunca olvidaría su peripecia en la contradictoria, pintoresca y fascinante España de la segunda década del pasado siglo.

 

                                                                                                                                          NOTAS

[1] Francisco Vera, San Germán Ocaña (https://javierbarreiro.wordpress.com/2015/03/03/jose-san-german-ocana/) , Emilio Daguerre, Ricardo Fuente, Andrés González Blanco, Agustín Rodríguez Bonnat, Ricardo Catarineu, Ricardo Fuente…, y los que se citan en el diálogo de Ramón Gómez de la Serna (nota 3).

[2] Se trata del cartagenero Asensio Marsal, que al año siguiente debutaría como imitador de estrellas o transformista y que llegaría a ser uno de los más importantes del género con el nombre artístico de Edmond –o Egmont-de Bries.

Egmont de Bries004

 

[3] Prometeo nº 35, pp. 10-16, 1911. Aparte de La Safo y el propio Ramón, en el diálogo participan Manuel Abril, Rafael Cansinos-Asséns, Diego López Moya y Fernando Aponte. Su autor aduce que estas conversaciones son “de una precisa autenticidad, porque el espíritu común del diálogo lo único que impone es una escrupulosa veracidad en el informe de lo que se dijera, de “todo” lo que se ‘cometió”. (p. 10).

[4] Al parecer, algunos de los trajes costaron tres mil pesetas.

[5] Una noticia recogida por el diario coruñés El Noroeste (19-VII-1911) a los pocos días de su debut en el Salón Madrid, señala que Juanita había nacido en La Coruña y tenía parientes allí y en El Ferrol. Pese a que el periódico pone en cuestión su aristocracia y su riqueza, parece que esta última era indudable, pues, sin protector, no hubiera podido sostener el tren de vida que llevó durante tres años ni engañar sobren su origen a tantas personas inteligentes y avisadas. Es posible, sin embargo, que naciera en La Coruña y la riqueza procediera de su difunto marido.Safo Retrato

Me cuentan que en el programa de Radio Nacional del sábado pasado “No es un día cualquiera”, tan bien conducido por Pepa Fernández, su colaboradora, Nieves Concostrina, en su sección “El acabose”, donde cuenta sabrosas historias relacionadas con la muerte y sus entornos, se refirió al perro Paco. Alguien la debió de confundir y afirmó que este increíble animal fue corneado por un toro. No fue así sino que, como era previsible, el asesino tenía nombre, apellido y residencia en Madrid. Como Paco ha sido desde hace mucho, objeto de mi estudio y este mismo verano tuve ocasión de hablar sobre él en la madrileño-francesa Casa de Velázquez, reproduzco aquí mi intervención, en defensa de la verdad histórica.

El perro Paco

Hoy muy olvidado, el perro Paco, fue un autentico símbolo de la alegre vida madrileña deEl perro Paco x Blas Jocen finales del siglo XIX y hasta mereció un libro de 320 páginas[1] que autores, como Florentino Hernández Girbal y Julián Cortés-Cavanillas[2], dijeron escrito por Alfonso XII, aunque es muy dudoso que fuera así. Otro volumen de 208 páginas, firmado por Blas Jocen, Historia del perro Paco juzgado por la opinión pública,  se editó el mismo año de 1882, que fue el de su mayor protagonismo y, también, el de su muerte.

Negro y con una mancha blanca en el pecho, apareció sobre 1879 en las inmediaciones del café Fornos, en la esquina de Alcalá y Peligros –su local preferido[3] – y sorprendió a todos por su inteligencia y cualidades casi humanas, de modo que fue apadrinado por los numerosos clientes del café por entonces más prestigioso de Madrid, que le suministraban terrones de azúcar y otras golosinas, muchas veces celebradas con volteretas por el can. Su mayor protector fue el marqués de Bogaraya (Gonzalo de Saavedra y Cueto), que se encariñó con él porque en una ocasión le echó una chuleta y, noches después, al tropezárselo en otro establecimiento, Paco hizo grandes manifestaciones de alegría. En Fornos solía comer diariamente y hasta se afirma que se le servía en una mesa. De hecho, en alguna viñeta de la época se le representa con servilleta colgada del cuello.

El perro Paco en Fornos

 Pero, como perro callejero[4] y amante de la independencia, a pesar de su sociabilidad -acompañaba  a casa a sus protectores pero rehusaba entrar en ellas-, rechazaba acogerse a un dueño y tenía su parada habitual en la calle Sevilla y su dormitorio en las cocheras del tranvía de la calle Fuencarral, que, a veces, cogía de un salto para llegar más cómodamente. Paco era bañado diariamente por los mangueros municipales, aparecía  en los estrenos de los teatros[5], en el relevo de la guardia real, gustaba de los desfiles y procesiones y, sobre todo, de las carreras de caballos y de los toros. En la plaza de Felipe II tenía reservada una localidad en el tendido aunque casi siempre terminaba por arrojarse al ruedo. Sus “hazañas” aparecían continuamente en la prensa. Incluso se le presentó al rey:

El perro Paco fue presentado a S. M. y AA. en la Exposición de ganados y presenció a su lado el desfile, saludando cortésmente a sus compañeros premiados (La Unión, 6-VI-1882)

El perro Paco en los torosLa primera aparición del perro Paco que he encontrado en la prensa corresponde al 21 de noviembre de 1881 en el Boletín de loterías y de toros, dos pasiones muy españolas; bastante más que el amor a los perros, al menos en aquella época. Dicha publicación nos informa: “El perro Paco no toreó: en uno de los intermedios se presentó en el redondel cogeando (sic), para disculpar su falta con el público”.

Esto quiere decir que ya el can era conocido por arrojarse al ruedo y provocar a los toros mordiéndoles en las patas y en los hocicos, lo que le valió más de un puntazo. Y así lo verificamos en la misma publicación casi un mes más tarde (19-12-1881), en la que se nos cuenta como el atrevido can salió lastimado a resultas de un achuchón mayúsculo. Mayor información nos proporciona El Toreo, que aparecía los lunes, también en su número del 19 de diciembre, dando cuenta de la novillada celebrada a beneficio de la Asociación de Caballeros Hospitalarios. Antes, a las dos en punto, se representó una pantomima, Las hazañas de Bou-Amema, en la que intervenía el perro Paco durante las escenas quinta y sexta, guiando al ejército francés hasta donde se encontraba el enemigo, que, en este caso, eran los moros. Finalizado el resumen del argumento, se dice: “El perro don Paco fue uno de los personajes de la fiesta, que se repitió unos días más tarde” (El Toreo, 26-12-1881).

En suma, las  menciones al perro Paco interviniendo en las corridas son numerosas en la época, casi siempre en clave jocosa o satírica. Otra de sus querencias fue el hipódromo donde solía  incorporarse a la pista, persiguiendo a los caballos lo que a algunos causaba  risa y a otros, indignación: “El perro Paco tomó parte en la primera carrera siguiendo al caballo Frascuelo. Esta falta de seriedad en Paco fue muy censurada por algunas personas y aplaudida por la pebre” (El Imparcial, 14-V-1882). Entre sus partidarios solían suscitarse animadas discusiones sobre si era más aficionado al espectáculo nacional o a las carreras de caballos.

El Perro Paco incordiando a un toro BlyN 24-7-1910

Esa afición a los toros determinó su muerte: En una becerrada organizada por el gremio de vinateros el 21 de  junio de 1882 y cuando estaba actuando un tal José Rodríguez de Miguel, apodado, Pepe el de Galápagos[6], Paco se tiró al ruedo, ladrando e incordiando al añojo. En una de sus embestidas, el perro salió rebotado sobre el matador, que cayó al suelo[7]. Éste, encorajinado, hundió su espada entre las costillas del perro, que quedó en un charco de sangre y fue recogido por los areneros. La fuerza pública salvó del linchamiento a José Rodríguez, que luego llegaría a concejal de Madrid, como algún otro de su calaña. Recogido en la taberna de un tal Chillida, donde se le prodigaron todos los cuidados veterinarios, mientras la prensa daba diariamente el parte de su salud, Paco aguantó cinco días pero acabó muriendo y su cuerpo fue entregado al taxidermista Severini para su disecación y durante varios años lo expuso en su taberna de la calle de Alcalá. Tras varias vicisitudes, pasó a poder de Rafael Sanjaume, propietario de una herboristería en el nº 22 de la calle Desengaño que, al parecer, terminó enterrándolo en un lugar desconocido del Parque del Retiro.

Alguien pagó una esquela que rezaba así: “El eminente perro público ‘Paco’ ha fallecido. La high-life y muchos parientes del difunto suplican a Vd. se sirva encomendarle al dios de los perros”.

Además de los dos libros citados, son innumerables las huellas del perro Paco en el El Perro Paco AnunciosEl perro Paco Polka canescacontexto cotidiano de su tiempo y aun años después:

En su año de mayor gloria, 1882, y todavía con vida, su figura llegó a las tablas y alguna de las obras permaneció varios meses en cartel, en un tiempo en que los programas cambiaban con mucha celeridad: Desde el mes de junio y en el Teatro de la Risa, se programó la obra El Perro Paco y, en el Teatro Infantil, El señor perro Paco. Y casi veinte años después de su muerte, se estrena en el teatro Principal una zarzuela en dos actos de José Pau Español y música de Carlos Arias, titulada El perro Paco (La Época, 3-VIII-1901).

También desde principios de junio de 1882 se anunció profusamente en los periódicos la “Preciosa polka canesca para piano, con texto y portada alegórica en litografía, El perro Paco. Con su retrato, historia, amores, etc[8]”. Igualmente, se anunciaron  otra polka popular y humorística, “Perro Paco”, debida a Javier Jimenez Delgado[9] y una marcha fúnebre para piano: “Al malogrado Perro Paco”[10].

El perro Paco Polka humorística

El 16 de junio  aparece el primer número de un periódico titulado El perro Paco, suponemos que de escasa duración[11]. Periódicos y revistas incluyeron coplas y letrillas satíricas y se publicaron también aleluyas y pliegos sueltos.

Se dio su nombre (“El perro Paco”) a un vino blanco, que se anunciaba en El Imparcial (19-VI-1882) como la mejor manzanilla de Sanlúcar y, con el mismo marbete, también se vendieron bastones, corbatas, petacas y carteras. Años después, El Liberal (13-I-1888) daba cuenta del atraco a una tienda con el nombre “El perro Paco”. Pero el certificado de haber pasado a la historia se lo proporciona el figurar, junto a Lepe,  Briján y Calepino[12], en la lengua popular. Aunque ya en desuso, “saber más que el perro Paco”, se dijo para ponderar la agudeza o sabiduría de alguien y así lo recoge Iribarren[13] y lo emplean Pereda en su novela Pedro Sánchez y Clarín en sus Cuentos Morales.

Las gracias y maravillas protagonizadas por el perro Paco debieron ser evidentes pues resultó  un verdadero fenómeno social en el Madrid de 1880-1882 y hasta años después. No faltaron plumillas que consideraron que las cosas se habían sacado de quicio pero la mayoría acogió con alegría y complicidad la condición de héroe de este irracional que no lo parecía.

 

                                                                    NOTAS                        

[1] Memorias autobiográficas de Don Paco, Madrid, Alfredo de Carlos Hierro, 1882.

[2] CORTÉS-CAVANILLLAS.

[3] Fue también adicto al Café Suizo y, por las noches, al Veloz-Club y a la Gran Peña.

[4] En algunos textos se indica que su primer dueño fue Francisco Lozano, mayoral de diligencias en el trayecto entre Chinchón y Colmenar Viejo, cuya propiedad pertenecía al torero Frascuelo. V., por ejemplo, CALZADA.

[5] Florentino Hernández Girbal aduce en su folleto sobre Paco que le gustaban más los sainetes del Apolo que los dramas del teatro Español

[6] El apodo provenía de tener su taberna en la calle Hortaleza, frente a la fuente de los Galápagos.

[7] Otras versiones cuentan que fue el matador, que estaba teniendo una actuación lamentable, quien cayó, al tropezar con el perro. (El Imparcial, 23-VI-1882).

[8] El texto de su carátula reza: “El perro Paco. Polka canesca  (con texto). Compuesta para piano y dedicada al mismo por los distinguidos canes Turco y Palomo. Guau, guau, guau. Guau, guau, guau”.

[9] Zozaya, Carrera de S. Gerónimo, 34. 1882. Calcografía de S. Santamaría

[10] Firmada por T. P., incluye un texto que reza: “Colocado el cadáver, por dos  monos sabios, en un elegante carro fúnebre, la numerosa comitiva se pone en marcha desde la casa mortuoria, descendiendo, triste y meditabunda, por la histórica Puerta de Alcalá. Algunos individuos de su especie, movidos de curiosidad más que de lástima se acercan al carro, lo huelen y… gruñen, y después se alejan. Al pasar por La Cibeles, la estatua llora copiosamente. Las guardias del Ministerio de la Guerra y Presidencia hacen los honores de ordenanza y llega todo hasta dar frente al café de Fornos y al del Suizo. En este instante tan patético, la multitud arroja ramos de flores y coronas de siempre-vivas sobre el féretro y prorrumpe en ayes de amargo desconsuelo. Virando majestuosamente el carro, atraviesa el derribo, antes calle de Sevilla, y, entrando en la Carrera de San Gerónimo hace alto y parada en la casa del disecador Severini, quien recoge los preciosos restos del que fue Paco y Perro, y el cortejo se disuelve en seguida, pausada y lentamente”. Es cierto que uno de los lugares preferidos de Paco fue la Fábrica de Tabacos en la calle de Embajadores. Al salir las cigarreras le obsequiaban con zalemas y alguna chuchería y, a la muerte del perro, una de  las coplillas que corrió decía: “Al perro Paco / lo llevan a enterrar / entre cuatro cigarreras, / un cura y un sacristán”.

[11] “Mala época es esta para periódicos de esta naturaleza”, aduce El Liberal, 17-VI-1882.

[12] “saber más que Lepe (o Briján, o Calepino). Pedro de Lepe, humanista del siglo XV, que fue obispo de Calahorra. Briján (metátesis de Nebrija), el famoso autor de la Gramática castellana. (1492). Fray Ambrosio Calepino, autor de un muy popular Diccionario latino-italiano (1502).

[13] IRIBARREN, El porqué de los dichos, pp. 348-349.

 

                                                                     BIBLIOGRAFÍA

-A. E., “El perro ‘Paco’”, ABC, 23-XII-1959.

-ALAS, Leopoldo (Clarín), Cuentos morales, Madrid, La España Editorial, 1896.

-ANÓNIMO, Memorias autobiográficas de don Paco, Madrid, Alfredo de Carlos Hierro, Editor, 1882.

El perro Paco_Memorias de don Paco

-BARREIRO, Javier, “El Madrid nocturno de fines del siglo XIX, 1890”, Siglo XIX (Literatura hispánica) nº 20, 2014, pp. 113-134.

-BELDA, Joaquín, Las noches del Botánico, Madrid, Biblioteca Hispania, 1917.

-BOFILL, Pedro, “Dado a perros”, El Globo, 28-V-1882.

 -CALZADA, Modesto, “Episodios pintorescos y extraordinarios de las viejas corridas de toros”, Estampa, 14-I-1933, p. 19.

-CÁNDIDO (Carlos Luis Álvarez), “El perro ‘Paco’”, ABC, 22-VII-1982.

-, “Final del perro ‘Paco’”, ABC, 25-VII-1982.

-, “Un madrileño de 1882”, ABC, 21-IV-1999.

-CORTÉS-CAVANILLAS, Julián, “Alfonso XII y el perro ‘Paco’”, ABC, 30-VIII-1982, p. 16..

-DÍAZ CAÑABATE, Antonio, “Don Natalio Rivas o el siglo XIX”, ABC, 21-I-1958.

-EL BARQUERO, “El perro ‘Paco’”, Blanco y Negro, 24-VII-1910.

-HERNÁNDEZ GIRBAL, Florentino, “Gracias y desgracias del perro Paco (un madrileño de 1882), Torrejón de Ardoz (Madrid), F. Hernández, 1999.

-IRIBARREN, José María, El porqué de los dichos (3ª ed.), Madrid, Aguilar, 1962, pp. 348-349.

-JOCEN, Blas, El perro Paco juzgado por la opinión pública, Sevilla, Establecimiento Tipográfico Calle del Aire, 2, 1882.

El perro Paco x Blas Jocen Índice

-OLIVÁN, Federico, “Felipe Ducazcal y el perro ‘Paco’”, ABC, 16-IX-1950.

-PEREDA, José María de, Pedro Sánchez, Madrid, Imprenta y Fundición de M. Tello, 1883.

-PÉREZ OLIVARES, Rogelio, “Un genio ignorado”, Nuevo Mundo, 5-XI-1915.

-TOVAR, Manuel “El Manuel “El perro ‘Paco’”, ABC, 16-V-2000.

-VELASCO ZAZO, Antonio, El Madrid de Fornos. Retrato de una época, Madrid, Librería General de Victoriano Suárez, 1945.

El perro Paco en la Puerta de Alcalá

 

Fue precisamente la última obra de las publicadas en La Novela de Hoy por Vidal y Planas, a la que nos acabamos de referir, la que va a constituir el objeto de este trabajo; su título, Cena de pobre. Esta última época es la menos brillante de la colección, aquella en la que las tiradas fueron más cortas y la difusión, menor, por lo que los ejemplares son hoy más escasos.

Es curioso que Cena de pobre no haya caído en manos de los tan escasos escrutadores de las realizaciones de estos perdulariosVidal y Planas_Cena de pobre de la literatura, pues no conozco una sola referencia a la obra, que, además, tiene un interés añadido para los aragoneses, pues es la única obra narrativa de Vidal y Planas que se desarrolla en su comunidad histórica (3). En su portada, un viejo baturro delante de una casucha, ofrece un cesto de pan a alguien que queda fuera del foco del dibujante. Éste, un tal Esteban, ilustró diecinueve ejemplares de la colección, el mismo número de novelas que publicó en ella el narrador gerundense.

Casi todos los textos de La Novela de Hoy llevaban una pequeña presentación en forma de entrevista o prólogo. En este caso su autor es Rafael Marquina y no presenta especial interés. Bajo el epígrafe “Retrato del autor”, se refiere a algunas cualidades de Vidal o Planas, no por ciertas menos conocidas: “Fondo de entusiasmo”… “Su rudeza está hecha de bondad; su picaresca, de candidez; su timidez, de vehemencia; su fortaleza, de debilidad”… “Niño grande”… “Es un sentimental y parece un demoledor”…

Pero acudiendo ya a la novelita, esta tiene bastante más interés literario que la mayor parte de la literatura –un tanto histérica y efectista- del Alfonso Vidal y Planas de esta época y, como ya se dijo, se desarrolla íntegramente en el zaragozano pueblo de Badules, cuya presencia en la literatura no es, desde luego, memorable. La localización no es aleatoria, pues el autor demuestra conocer ampliamente la toponimia del Campo de Romanos, subcomarca cuya capital es Daroca y en la que se ubica el humilde lugar de Badules. Por muchos indicios, parece claro que el argumento se basa en una experiencia vivida por el autor. Lo más probable es pensar en que durante algún viaje de Zaragoza a Valencia, hubiera de parar en las cercanías o, tal vez, que visitara a algún amigo con raíces en dicho pueblo.

Vista de Badules

El argumento puede resumirse así: Un forastero, identificable con el autor pero del que nada se nos cuenta sin que tampoco se diga el motivo de su estancia en Badules, es invitado a comer por el más pobre del pueblo, el tío Pelaire, de ochenta años, que vive de recoger leña en una casucha de adobes, sita en las afueras del lugar. El narrador se presenta con un pollo que el orgullo del tío Pelaire rechaza con vehemencia: “¡Amos, mañico! Mi probeza no ti ha hecho daño pa’que tú l’ofendas asina!” (p. 13). Es él quien, cumpliendo con las leyes de la hospitalidad, desea invitar al forastero.

El argumento deriva por tres cauces principales: la vida y personalidad del Tío Pelaire, adobada por sus sentencias y agudezas de filósofo rancio, la cena que ofrece al forastero y la visión de un Aragón rural, con muchos rasgos basados en la observación de la realidad pero también en algunos tópicos costumbristas y en la visión positiva e idealizada que muchos habitantes del suelo ibérico han tenido de los aragoneses, basada en parte en la vindicación de Aragón que propician los Sitios de Zaragoza, con su reflejo legendario en la literatura y en el género lírico.

El protagonista tiene ochenta años aunque está en perfecta forma física y es capaz de levantarse del suelo con los brazos cruzados. Y no sólo es el más pobre de Badules sino el único. También se nos aclara que “en los pueblos de Aragón hasta la pobreza es espléndida”. El ayuntamiento le perdona la contribución y su única forma de ganarse la vida es la recogida de leña. Anteriormente había sido alguacil y pidió un mejor destino a un candidato liberal al que había ayudado; éste le mandó una credencial de maestro en el cercano lugar de Nombrevilla, en cuyo término municipal se ubica hoy la llamada cárcel de Daroca “pero como no sabía firmar, al llegar el nombramiento, no me lo daron” (25). Después, otro alcalde conservador le desposeyó del cargo de alguacil, por no querer echar un pregón “desigual”. Es decir, en el que trataba con un rasero a los de su bando y con otro al resto.

Otro episodio que protagoniza el tío Pelaire, con elementos directamente vinculados con el costumbrismo regional, es su encuentro con el rey. Por su significación, merece la pena reproducirlo parcialmente:

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Yo iba a Daroca, carritera abajo, a ver si querían tomame pa segar. Yo era alguacil por aquel entonces, pero no ganaba más que un real diario, y, como no era probe, con solico un rial no podía vivir. Llevaba colgá de un hombro la botica bien llena, junto con la hoz. En esto vide muchos carreteros juntos y que vestían como capitanes generales o asina, empeñaos a mi entender en tirar de un carro nuevecico, mu majo y tó brillante, como no lo había visto nunca.

-Sería un automóvil –interrumpe el forastero.

-No ti pongo adivinanzas. Sí que era otomovil. El primero que vide. Pero a mí se me figuró un carro sin varas pa la caballería. Pensé si ésta se había escapau, arrancándolas. En cuanti a aquellos hombres ataviaus de generales de Zaragoza u asina, que s’empeñaban en poner el carro en marcha, los tomé por locos y mi daron mucha lástima. Conque m’acerqué a beber, y uno va y me ice de pronto, arrempujándome como mu enfadau: “¡Aparta, borrico, que es el ray! ¿No ves que tiene pan el otomóvil?” “Pos si el otomóvil tié pan –li respondí tan tranquilo-, yo tengo vino de Longares, y a nadie hago daño brindándoos un traguico!” S’echaron ellos a reír y el que mandaba en tós se m’acercó tan campante, como si mi conociera, y me ijo: “¡Venga esa botica, buen hombre!”. Al dársela li pregunté: “¿Eres tú el ray, acaso?” Íjome que sí con la cabeza y, cuando acabó de beber, li agarré d’un brazo pa llevármelo aparte y a solicas los dos li disparé: “¡Pos hombre, m’alegro la mar! Precisamente tenía que pedirte un favor. Ello es que el tío Saltacerros, el de Villadoz, que es un buen hombre, aunque sía sacristán, tié un chiquillo mozo, que está en Madrí de Castilla, sirviéndote a tú. Y si le daras unos mesecicos de licencia ilimitada, harías una buena obra porque el tío Saltacerros tié un mal grano y,como si piensa el probecico que va a morirse, no hace más que suspirar por el piazo de su corazón” (…) Y el ray me preguntó por el nombre del tío Saltacerros y el regimiento en que servía. Yo se lo ije tó y antes de los ocho días el hijo del tío Saltacerros se encontraba en Villadoz con un mes de licencia (31-35).

separador_50No es la única vez que el tío Pelaire tiene relación con altas autoridades sino que se cuenta que su padre cenó con el general Cabrera, que, efectivamente, anduvo por las cercanías y él mismo con otro general, Serrano, al que cantó la siguiente copla (4):  “Gloria gana un general / cuando vence a un enemigo; /pero gana gloria doble / si s’hace d’un probe amigo”.

Estas y otras precisiones, como la índole de las anécdotas que se cuentan hacen pensar que la figura del tío Pelaire está basada en un personaje real.

Como se dijo, todo esto transcurre en el marco de una cena con la que el baturro obsequia al narrador aunque no se nos dice el pretexto de la misma ni la relación que existe entre anfitrión y convidado. Sí que se exalta en varias ocasiones su sentido de la hospitalidad que incluso le lleva a regalar el pollo que ha traído el forastero a un alemán que está en la cárcel del pueblo, de paso para Daroca, cabeza del partido judicial, porque ha robado un misal antiguo en el vecino pueblo de Mainar. Y, aunque obsequiado, no se libra de su copla: “Alimán de los demonios / toma el pollo y un consejo: / ¡No ti metas a ladrón / pa’robar un misal viejo!”

El menú de la cena es un cabal ejemplo de la gastronomía aragonesa.

Comienza con cardillo (Scolymus hispanicus) una verdura de sabor exquisito, poco frecuente y muy apreciada, que puede consumirse en ensalada o rehogada con aceite y vinagre y que no hay que confundir con el más popular cardo (Cynara cardunculus). Prosigue con unos caracoles en ajolio, denominación exacta etimológicamente, que está desapareciendo en beneficio de “alioli”. Aparecen después las codornices, luego, los barbos, muy frecuentes, como los cangrejos, en el cercano río Huerva, que el tío Pelaire pesca con candil y tenedor y, para postre, requesón de Fuembuena, licor de pepino y té. Todavía no hace mucho -y aún debe de quedar alguna taberna que la conserve- la botella con licor de pepino se expedía en los establecimientos de bebidas. Había que introducir el pepino cuando era minúsculo en la propia mata y se lo dejaba crecer allí. Una vez que la cucurbitácea se desarrollaba y llegaba hasta el gollete, se rellenaba con aguardiente. Decían que tenía excelentes propiedades para los dolores de barriga y los juerguistas solíamos consumirla como espuela cuando, tras la farra, nos retirábamos a primeras horas de la mañana.

Nótese que los siete productos consumidos son de producción propia o de fácil consecución en la naturaleza, lo mismo que el vino que se trasiega, del que se dice: “No emborracha pero agacha”. No se olvide que Badules está al lado del Campo de Cariñena.

Cena de pobre_Dibujo de Esteban pp. 32-33 (2)

Cena de pobre_Dibujo de Esteban pp. 32-33 (1)

En cuanto a lo relacionado con el habla y las costumbres aragonesas, aparecen ya en el nombre del tío Pelaire, denominación del esquilador en el habla regional. Con mayor o menor propiedad, el autor trata de poner en boca del personaje central la fonética del léxico aragonés: “cuidiau”, “paece”, “onde”, cambear, “ray”, ahura”, “tamién”, “asina”, “probe” y otras muchas, como se comprueba en el fragmento del encuentro con el rey, antes reproducido. En cuanto al léxico, aparte del socorrido “mañico”, con el que suele dirigirse al narrador, aparecen palabras como “apatuscau” (31), en el sentido de apañado, significación que desconozco y que tampoco aparece en el Diccionario Aragonés de Andolz. Generalmente, “apatusco” y no “apastucao” significa torpe y con pocas mañas. Tampoco conozco “gazupiau” (31), que se emplea como sinónimo de la anterior. “Fuchina” (17) se utiliza como daño o quebranto y también se encuentran otras, aún vivas en Aragón, como “ternasco” (41) o “ajolio” (25).

También son varias las coplas de jota que aparecen en el libro. La primera de ellas es una de esas cantas perogrullescas, que se cantaban como diversión y que en Tauste, donde fueron muy populares, llamaron “pepadas”:separador_50

Cuando me parió mi madre

acababa de nacer

y, a los quince días justos,

ya tenía medio mes.

separador_50Había sido grabada en un disco de 78 r. p. m. por Miguel Asso y, posteriormente, la llevarían al disco otros cantadores. Menor interés tienen las dos que se citaron, a propósito del ladrón alemán y el general Serrano, así como la que la ronda canta al forastero, no muy lograda estilísticamente: “Sagrado, como la Virgen, /forastero en Aragón: /cuando pises, ten cuidiau, /que tó el suelo es corazón”.

Ninguna de las tres son conocidas y, como se ve, ningún merecimiento tienen para serlo pero demuestran lo dicho (V. nota 4) en cuanto al papel fundamental de la copla octosilábica en la expresión popular.

Muchos otros elementos propios de Aragón podrían espigarse en una narración tan breve pero la mejor demostración de la exacta vinculación de la misma con el ámbito que describe es el número de topónimos que en ella aparecen en relación con el Campo de Romanos: Badules (pág. 9), Romanos (14), Río Huerva (18), Río Lanzuela (18), Nombrevilla (25) Daroca (29), Fuenfría (29), Longares (32), Fuembuena (38), Villadoz (35), Cucalón (43), Mainar (50)…

En suma, se trata de una narración olvidada y que, a su interés de desarrollarse en unos escenarios a los que apenas ha prestado atención la literatura de las últimas décadas, añade el aportar informaciones sobre la vida rural y el folclore del Campo de Romanos, contemplado, no desde el punto de vista científico sino desde el literario. Por otro lado, es una excepción aislada en la temática habitual de su autor, Vidal y Planas, siempre interesado en ámbitos más dramáticos como son los de la prostitución, las prisiones, los manicomios, los delincuentes sociales, los místicos visionarios… Aquí, el escritor trata de reivindicar un modo de vivir natural, autosuficiente, tradicional, encarnado en la figura de un anciano iletrado, pero vivo como el hambre, que se acomoda a la precariedad material del mundo en que vive y mantiene unos valores, una ética y una autenticidad muy diferentes a los que imperan en el universo urbano donde el autor suele desarrollar sus obras.

El escritor gerundense no debía de estar muy versado en la vida rural, ya que nunca vivió en el campo y, como es usual entreVidal y Planas urbanitas, la idealiza. En su siguiente novela corta, El perro que subió al cielo (1933), vuelve al exaltado desenfreno, en este caso, enalteciendo un perro que adoptó en prisión.

En realidad la literatura de Vidal y Planas rarísimamente remonta el vuelo. Cuando pretende ser lírico, resulta cursi; si intenta la mística, ridículo y grandilocuente; cuando aspira a ser crudo y tremendista es, sin embargo, cuando obtiene mejores resultados y más en sus primeras obras. En las últimas en cambio, la exageración y el énfasis, lo acerca a lo cómico. Nada más triste que resultar risible cuando se pretende objetivar la tragedia.

Curioso el destino de Vidal y Planas que, tras los avatares experimentados durante la guerra, enrolado en el Partido Sindicalista de Pestaña, embarcó en el Mexique, el vapor francés que llevó a Méjico a los llamados “niños de Morelia” y, tras su paso por los Estados Unidos, donde se doctoró, en sus últimos y muy mal conocidos años de exilio se convirtió en un respetable profesor de Metafísica y publicó tres libros de poesía, el único género que no había cultivado y que en la mayoría de los escritores suele ser más propio de los años juveniles. En la hoy atribulada ciudad de Tijuana, donde ejerció en los últimos años de su trayectoria, tiene dedicada una gran avenida.

 

NOTAS

(1) Sobre su trayectoria puede verse Javier Barreiro, Luces de bohemia (Vidal y Planas, Noel, Retana, Gálvez, Dicenta y Barrantes), Zaragoza, UnaLuna, 2001, pp. 21-49. v. también, en: https://javierbarreiro.wordpress.com/2012/02/17/alfonso-vidal-y-planas-el-loco/

(2) Acerca de esta publicación: Julia María Labrador Ben, Marie Christine del Castillo, “Estudio introductorio, Catalogación e Índices de “La Novela de Hoy” en La Novela de Hoy, La Novela de Noche y el folletín divertido. La labor editorial de Artemio Precioso, Madrid, CSIC, Colección Literatura Breve-15, 2005, pp. 9-267.

(3) En su vertiente teatral, el autor escribió también, en colaboración con Antonio Ballesteros de Martos, y música de Rafael Martínez Valls y Pascual Godes, la zarzuela en dos actos La ventera de Ansó, estrenada con buen éxito en el Teatro Apolo de Barcelona el 14 de Diciembre de 1928 y que después recorrió los escenarios españoles y argentinos. Una de sus romanzas fue llevada al disco por Emilio Vendrell.

(4) Está por estudiar la frecuencia con que hasta hace unas décadas, en el ámbito rural aragonés, los hablantes intercalaban coplas de su propia creación, muchas veces improvisadas, lo que, naturalmente se trasladaba a las rondas joteras. Los más dotados para este menester, que muchas veces eran analfabetos, obtenían un prestigio social que de pocos otros modos podía lograrse. Una olvidada novela de Manuel Sancho, Pascualico o El trovero de las bochas (1905), retrata perfectamente este ambiente. (V. https://javierbarreiro.wordpress.com/2015/10/11/el-pascualico-una-novela-aragonesa-de-1906/)

El lunes, 23 de noviembre a  las 19.30, se presenta en la Biblioteca de Aragón este volumen, editado por Libros del Rescate, que reconstruye la trayectoria del que fue famoso dramaturgo, poeta y periodista Aragonés, Marcos Zapata (Ainzón, 1842-Madrid, 1913) al que su autor ha dedicado varios años de investigación, que han dado el fruto de este trabajo que se acerca a las ochocientas páginas. Intervendremos el editor Javier Cinca, el autor y el firmante.  Reproduzco aquí el prólogo que escribí para el mismo.

Marqueta, Samuel, Tras las huellas de Marcos Zapata001

Nada más satisfactorio para quienes, conociendo la roma repercusión de tales afanes, hemos dedicado a la investigación literaria tantas horas de nuestra vida, el que se acerquen a ella gentes imbuidas de una pasión tenaz, generalmente instadas por un parentesco, por un azar biográfico o, como es el caso, por paisanaje.

El turiasonense Samuel Marqueta, residente en Ainzón, descubrió un buen día a Zapata, se armó de paciencia y, medio por juego, medio por rutina, con la obsesividad que estas aficiones deparan, fue acumulando una información que, sin duda, es la más completa nunca reunida sobre el poeta y dramaturgo aragonés.

La circunstancia de que quien suscribe fuera el único autor que durante las últimas décadas hubiera publicado algunas páginas sobre Zapata propició que Samuel me buscara y encontrara lo que, además de algunas sugerencias y nimios retoques, terminó con el encargo de unas líneas introductorias.

De más está decir que Zapata* es un desconocido para sus coterráneos y no digamos fuera de su tierra natal. En ella, al menos, puede sonar su nombre gracias a la calle que se le dedicó en el zaragozano barrio de las Delicias y hasta algún paseante desocupado -por supuesto, muy excéntrico- habrá reparado en su nombre grabado sobre el pedestal que, desde los Pilares de 1928, sostiene uno de los bustos de ilustres olvidados que ornan la céntrica plaza de Aragón. Sin embargo, Zapata hace trece o catorce décadas fue uno de los autores dramáticos más representados en España y obras como La capilla de Lanuza, El anillo de hierro o El reloj de Lucerna nutrieron durante muchos años los repertorios de los cientos de compañías teatrales que hasta mediados del siglo pasado llevaban el teatro a todos los rincones del país.

Miembro de la generación de ilustres republicanos aragoneses a la que pertenecieron Eusebio Blasco**, Luis Blanc, Pedro Marquina***, Antonio Torres-Solanot, Gascón y Guimbao o el propio Joaquín Costa**** -sólo cuatro años menor que él-, Marcos Zapata pasó de una infancia rural a los Escolapios y estudiar Leyes pero, sobre todo, a sentir una de esas arrebatadoras vocaciones literarias que, por entonces, culminaban en el viaje a Madrid y la vivencia bohemia de la que Zapata fue uno de los principales abanderados. De hecho, las anécdotas y chascarrillos protagonizados por él constituyeron casi un subgénero en las innumerables revistas satíricas de su tiempo, aunque en sus últimos años lo que fuera desnortada trayectoria, con peregrinajes a Cuba y la Argentina, giró para convertirlo en algo parecido a un probo funcionario.

Es verdad que la escritura de Zapata, como la de buena parte de sus colegas del siglo XIX, nos aparece hoy como impostada y que sus pujos rebeldes andan afectos de una retórica campanuda muy lejana a la expresión actual. Tampoco la sátira ni el verso andan en uno de sus mejores momentos, con lo que habría que preguntarse qué le queda a don Marcos para suscitar la atención del presente. Pero lo mismo podríamos decir del otro autor señero que ha dado el pueblo de Ainzón en su historia y, en este caso, mucho más recientemente, Alfredo Mañas (1924-2001), cuyo apellido, por cierto, fue también el de la madre de Zapata. Mañas fue un autor a la vez popular e innovador, hombre de éxito en la televisión, la radio y el teatro, que estrenó obras de tan buena recepción por parte de crítica y público como La feria de Cuernicabra o La historia de los Tarantos. Y ¿quién se acuerda hoy de Mañas o se le ocurre publicar las obras que dejó inéditas? Ainzón, el municipio del zaragozano Campo de Borja, con sólo mil trescientos habitantes, seguirá siendo más famoso por su espléndido vino que por sus dos escritores.

Nada de eso ha arredrado a Samuel Marqueta, que ha seguido minuciosamente los pasos del objeto de su estudio y ha enfocado el trabajo regido por la claridad del marco cronológico, por lo que podemos seguir la trayectoria vital y literaria de Zapata de manera progresiva. Todo ello sustentado por una gran cantidad de documentos, que se reproducen o transcriben junto a muy numerosos textos desconocidos o ausentes en los repertorios publicados acerca del escritor, en buena medida, de difícil acceso para el infrecuente curioso. Igualmente, se transcriben testimonios de otros autores que enriquecen poliédricamente la información acerca de la personalidad del creador aragonés. No falta, afortunadamente, el índice onomástico, que tantas veces hay que reclamar. En este caso, a la vez que beneficia y facilita las consultas, evidencia la amplitud de fuentes y documentos manejados.

La bibliografía de Marcos Zapata no es parca en entradas pero sí en contenidos. Este trabajo corrige este aserto, ofrece vías de asedio a otros investigadores y constituye, sin duda, la más exhaustiva pesquisa emprendida acerca de uno de los más característicos y, a la vez, preteridos autores de la literatura aragonesa contemporánea.

*https://javierbarreiro.wordpress.com/2013/04/19/centenario-de-marcos-zapata/

**https://javierbarreiro.wordpress.com/2012/08/20/eusebio-blasco/

***https://javierbarreiro.wordpress.com/2015/11/16/pedro-marquina-1834-1886-en-la-bohemia-del-siglo-xix/

****https://javierbarreiro.wordpress.com/2012/09/14/joaquin-costa/

 

Zapata, Marcos-Colección de obras dramáticas

Pedro MarquinaArrastrando una borrachera de lustros, Pedro Marquina, una noche en la que excepcionalmente debía llevar algún real por el bolsillo, pidió cama en una herrumbrosa casa de dormir. Y se murió. La patrona, ayudada de algún voluntario, debió bajarlo a la calle para evitarse interrogatorios y complicaciones. Cubierto por la nieve encontraron al amanecer el cadáver.

Malo para el personaje es que quienes escribieron alguna página sobre él, aludan a esta clase de acontecimientos, sin embargo, Pedro Marquina había estrenado muy numerosas obras, algunas de ellas clásicas en el repertorio de las compañías de la época, había sido poeta querido y citado por Zorrilla, con el que colaboró en alguna obra, y durante algún tiempo fue tenido entre los escritores de moda, llegando a estrenar media docena de piezas en un solo año.

Pedro Marquina Dutú había nacido en la Zaragoza de 1834. Expulsado del seminario, derivó hasta la Villa y Corte e ingresó con auténtico furor en la que se puede considerar primera bohemia madrileña, la del Romanticismo. No fue la elección de este áspero camino recurso de fracasado sino opción vital, pues sus primeros escarceos en el teatro tuvieron buena respuesta y obras como El poeta de guardilla, Palabra de aragonésEl arcediano de San Gil fueron muy representadas en su época. Esta última, estrenada en el teatro Martín, fue una de las más clásicas obras de repertorio a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX. En ella un arcediano se niega a dar sepultura al padre de una muchacha si no accede a tener negocio carnal con ella. Pedro I de Castilla, que anda de incógnito, se entera del caso y manda enterrar vivo al susodicho arcediano, que no era trigo limpio. Éste se quejaba:

-¡Tratar así a un arcediano!Marquina, Pedro,El arcediano de San Gil002

¿Qué dirá el pueblo ofendido?

Y el rey respondía, entre la aclamación de un público entonces bastante escamado con la clerigalla:

-Sentirá que no haya sido

el Pontífice romano.

Pero no todo es granza en este corral. He examinado una buena parte de las obras abajo citadas -lo que aunque no espero que se me reconozca, sí que se me compadezca- y la única disculpa que les encuentro es ser contemporáneas al teatro de Tamayo y López de Ayala. De La voz del deber, comedia de ambiente aragonés, lo más ilustrativo es el comentario final del entonces -como tantas otras veces en nuestra historia- preceptivo censor: un tal Narciso S. Serra, poetastro, además, bastante conocido en su tiempo: “Examinada esta comedia, (muy bien escrita) no hallo inconveniente en que su representación se autorice”. No eran, ni mucho menos, frecuentes estos juicios estéticos por parte de tales funcionarios y algo nos ilustran acerca de lo liso de sus meninges. En Palabra de aragonés es el tema de la boda de conveniencia a la que se opone el baturro “bruto y tozudo como mi macho” lo que, al parecer, deparó su extraordinario éxito en el madrileño teatro Recoletos, a no ser que el público estimase rimas como la de “Calatayud” con “ataúd” que, a lo peor, no hubiera desdeñado uno de los augurales modernistas. Al menos, la obreja abunda en dialectalismos y denota facilidad de versificación, que eso sí hay que reconocerle a Marquina.

Un cosechero riojano entrevera la ideología con la boda de interés: el padre, carlista ultramontano, ha prometido su hija a un viejo hacendado más bueno que el pan. Sin embargo, ella anda enamorada de un joven liberal del que el padre abomina. Pero he aquí que el viejo hacendado es un corazón de oro y, enterado del amor de los jóvenes, decide renunciar y apadrinarlos con lo que el padre ultramontano, seguro el condumio, deja a un lado sus convicciones políticas.

¡Viva Cuba española!, “dedicado a los leales habitantes de Cuba y Puerto Rico”, arrima el ascua al molino nacional. La controversia antillana andaba en plena efervescencia y Marquina no vacila en dar el papel de malvado a Roberto, un criollo cruel y aleve que trata a los negros a lonjazos, mientras que el bueno es un capitán español que pretende la mano de Tula y, sobre todo, la herencia que arrastra. La mano del poeta nos da en pocos versos el planteamiento:

Roberto: Por última vez el sol

va usté a ver

Pedro:    Alarde vano

Rob:       Fui negrero y soy cubano

Ped:        Soy militar y español.

La cosa termina mal para los insurrectos y don Pedro da fin entusiásticamente a la obra con una arenga poco profética:

           …Así los hijos dirán

de esta tierra bendecida:

¡Viva la patria querida

de Cortés y de Guzmán;

y cruzando ola tras ola

el grito de los hispanos,

dirá: “¡Vivan mis hermanos!

¡y viva Cuba española!”

Marquina incurrió también en la poesía y la verdad es que a uno le hubiera gustado hincar el diente a su inencontrable poema La cadena del vicio, en el que era tan avezado, aunque Cejador dictamine que se trata de “un poema destartalado y sin interés”.

Pelayo del CastilloFue Pelayo del Castillo, otro bohemio impenitente, su más habitual compañero de correrías tabernarias. Chascarrillos y desventuras de ambos poblaron los recuerdos de los pocos que se animaron a dejarlos por escrito. Hay coincidencia en que don Pedro, además de dipsómano y premioso de palabra, era muy goloso. Tanto que, en una ocasión y acuciado por su laminería, vendió los derechos de Rosa y clavel a un pastelero de la Cava Baja. Al ir éste a presentar el recibo, se encontró con que don Antonio Croselles, empresario del teatro Recoletos, le entregaba la, para el tendero, desorbitada cantidad de trescientas y pico pesetas.

Pelayo del Castillo murió antes que Marquina (Enero de 1883) y éste acudió a Romero Robledo, admirador del poeta valenciano, para darle la noticia. Como es de rigor en tales casos, el político se conmovió, abominó de la injusticia del tiempo, que dejaba en la indigencia a sus mejores cabezas, y le entregó un dinero para que las exequias fueran rumbosas. Como era de esperar, el monto se dilapidó en tabernas y el entierro resultó más grotesco que otra cosa. En las cuartillas que entonces se leían con ocasión de cualquier acto e, ineluctablemente, de un sepelio, figuraban los siguientes versos:

             …y con grandes paletadas de tierra

                 va a cubrirlo el sucio sepulturero.

Éste que se vio, sin comerlo ni beberlo, aludido de tal manera, muy encalabrinado y amenazando al poeta con la pala, aducía que no era propio del caso hablar de que fuera limpio o sucio; estaba allí para enterrar y no había que pedirle otra cuenta. Con unos reales a tiempo, se consideró limpio de alusiones.

Volviendo a su muerte, hay que decir que, pese a lo que cuentan autores como Vicente García Valero y Juan López Núñez y a lo que se aludió en el primer párrafo, Pedro Marquina murió a las 12 horas del 23 de Agosto de 1886 -fecha en la que es difícil pensar en nieves- y en el hospital donde se hallaba ingresado tras haber sido encontrado exánime  en el portal número 11 de la calle de Lavapiés (El Imparcial, 24-VIII-1886). Su entierro fue sufragado por la Asociación de Escritores y Artistas y el duelo fue presidido por el poeta Gaspar Núñez de Arce. El que después sería encumbrado poeta y dramaturgo, Eduardo Marquina, sobrino de don Pedro, tenía por entonces siete años. 

Marquina, Pedro,Esquela La Correspondencia de España 30-9-1886003

Leer hoy las pocas obras de Marquina que pueden encontrarse es empresa sólo recomendable para amantes de la erudición y buscadores del pintoresquismo o del humor que puede encontrarse en el exceso. Como uno se ha tomado algún trabajo en tales excentricidades, cumplo con comunicarlo a sabiendas, gozosas, de que otros vendrán que malo me harán.

Café de Levante x Alenza

                                                                 OBRA

El laurel de Érato (cuadro mitológico) -con música de Cecilio Sanmartín-, Barcelona, Tip. de Jaime Jesús, 1867.

Una herencia de gloria (apropósito en honor a José Zorrilla), Barcelona, Narciso Ramírez y Cía., 1868.

La voz del deber (comedia), Barcelona, Narciso Ramírez y Cía., 1869.

Las faltas de los padres (drama), Barcelona, Narciso Ramírez y Cía., 1869.

La espada de Berenguer (drama histórico, con el seudónimo de José Julián), Barcelona, Tip. de S. Manero, 1869.

Un cosechero riojano (drama), Madrid, Imp. de S. Landáburu, 1871.

El sitio de París (drama) -con Eloy Perillán-, Madrid, Imp. de José Rodríguez, 1871.

El primer beso (drama), Madrid, Imp. de P. Abienzo, 1872.

Un corazón de oro (comedia), Madrid, Imp. de S. Landáburu, 1872.

El sueño de la vida (comedia de magia) -con música de Joaquín Valverde-, estr. en 1872.

El arcediano de San Gil (episodio dramático histórico), Madrid, Imp. de José Rodríguez, 1873.

Carne (drama), estr. en 1873.

El grano de trigo (comedia), Madrid, Imp. de Julián Peña, 1874.

El poeta de guardilla (comedia), Madrid, Imp. de José Rodríguez, 1874.

El mejor derecho (drama), Madrid, Imp. de Pedro Abienzo, 1874.

Diente por diente (drama), estr. en 1874. / Madrid, Imp. de Pedro Abienzo, 1875.

Un padre de familia (comedia), Madrid, Imp. de P. Abienzo, 1875.

El nieto del ciego (balada), estr. en 1875. / Madrid, Imp. de José Rodríguez, 1881.

¡Viva Cuba española! (drama) -con José Olier-, Madrid, Imp. de F. García y D. Caravera, 1876.

El corazón de un baturro (comedia), Madrid, Imp. de Pedro Abienzo, 1876.

La cabeza y el brazo (comedia), Madrid, Imp. de Serafín Landáburu, 1876.

El amigo de los pobres (comedia), estr. en 1876.

Sangre villana, estr. en 1876.

Papel impreso (poesías), Madrid, L. C. Conde y Cía., 1878.

La torrecilla del leal (drama), estr. en 1881.

La mina de oro (cuadro dramático), Madrid, Imp. de José Rodríguez, 1881.

Palabra de aragonés (comedia), Madrid, Enrique Arregui, 1882.

Un hombre de bien (comedia), Madrid, Imp. de F. García, 1882.

La sotana rota (drama), estr. en 1883.

Rosa y clavel (balada) -con música de Isidoro Hernández-, estr. en 1884.

El reo (poesía), 1884.

La cadena del vicio (poesía), Madrid, 1884.

La redención de un alma (drama), estr. en 1888.

Para palabra, Aragón (zarzuela, arreglo de la comedia Palabra de aragonés) -con música de Isidoro Hernández-, estr. en 1888. / Madrid, Enrique Arregui, 1889.

Marquina, Pedro, Para palabra, Aragón001

 

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-GONZÁLEZ PEÑA, María Luz, Voz: “Marquina, Pedro”, Diccionario de la zarzuela. España e Hispanoamérica. Tomo II. Madrid, Instituto Complutense de Ciencias Musicales, 2003, p. 250.

-LÓPEZ NÚÑEZ, Juan, Románticos y bohemios, Madrid, CIAP, 1929, pp. 61-65.

-OSSORIO Y BERNAD, Manuel, Ensayo de un catálogo de periodistas españoles del siglo XIX, Madrid, Imp. de J. Palacios, 1903, p. 254.

-PAZ MELIÁ, Antonio y Julián PAZ ESPESO, Catálogo de las piezas de teatro que se conservan en el Departamento de Manuscritos de la Biblioteca Nacional, vol. II, Madrid, Patronato de la Biblioteca Nacional, 1936, p. 464.

-RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, Tomás, Catálogo de dramaturgos españoles del siglo XIX, Fundación Universitaria Española, 1994, pp. 356-357.

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Publicado en Galería del olvido, Escritores aragoneses. Zaragoza, Cremallo de Ediciones, 2001, pp. 17-24. Se actualiza texto y bibliografía.

Sereno h. 1875

Con motivo de la presentación en la Biblioteca de Aragón (martes 22 de septiembre 2015, 19.30 h.) del libro de Miguel Ángel Buil Pueyo citado en el título, publico aquí el prólogo que, bajo el título “Fernando Mora, cronista-testigo del alma y la lengua del viejo Madrid” escribí para el mismo.

Buil Pueyo, Fernando Mora003

Aparte del gusto con que siempre leí sus narraciones, Fernando Mora trae a mi memoria unMora, Fernando, Los hombres de presa002 rimero de nombres vinculados a los encuentros con su obra, que han punteado mis últimos lustros con una continuidad casi sorprendente.  La primera de sus novelas que leí fue Los hombres de presa, comprada por 800 pesetas  en la librería de Inocencio Ruiz de la zaragozana calle 4 de agosto. Don Ino, al que tantas cosas tengo que agradecer, desde los ojillos reidores que ponía en cuanto empujaba la puerta -sabedor de que nos íbamos a divertir hablando bien de los tangos, del flamenco, de los anarquistas y, sobre todo, mal de los curas-, hasta los muchos libros que me vendió a precio otras décadas, llegó a ser el decano de los libreros de viejo españoles.

Fui después comprando otras novelas de Mora, cortas y largas, hasta que la casualidad, en forma de otro amigo, Carlos Menéndez de la Cuesta, gran coleccionista de la revista musical y que cuando yo pasaba por Madrid, se mudaba a casa de un amigo para dejarme la suya en  el Paseo de Las Delicias. Él me presentó a Enrique Avilés, autor de la introducción a una breve antología de Mora preparada por él mismo y publicada por el ayuntamiento de Madrid. Era la primera persona con la que pude conversar acerca del novelista.

Fue después la aparición, a principios de los noventa, de Claire-Nicolle Robin, profesora en la universidad de Besançon del Franco-Condado, apasionadísima de la novela corta y a la que enseguida fiché para que escribiera un artículo acerca de Vidal y Planas en la revista El Bosque, con la que tuve el privilegio de hacer lo que me gustaba. Muy apasionada, medio locuela, curiosísima y siempre convencida de sus razones y argumentos , su entusiasmo por todos los personajes del pintoresco mundo de las colecciones de novela corta y su fogosidad investigadora hizo que entrara en relación con una de las hijas del escritor, Raquel Mora, con la tuvimos gratas e ilustrativas conversaciones. Ella nos contó la tristeza de una niña que hubo de conocer  las humillaciones y el fusilamiento sufridos por su padre, un hombre sin relevancia política pero republicano y masón.

En el número 10-11 de la citada revista El Bosque, dedicado a  la España del primer tercio de siglo, publiqué un manuscrito inédito de Fernando Mora acerca de Joaquín Dicenta, al que tanto admiró, y una bibliografía*, únicos y magros méritos que puedo exhibir para componer este prólogo.

Casi todos los personajes que he citado hasta ahora –y les cuadra la connotación positiva Buil Pueyo, Miguel Ángel-Gregorio Pueyoque conlleva el sustantivo- han muerto. Pero he aquí que, hace tres años, me topé con una biografía del librero Pueyo -patrón y alma benéfica de muchos de estos autores de las dos primeras décadas del siglo XX- excelentemente editada, ilustrada amorosamente y con muchas estimulantes noticias acerca de este mundo**. El autor resultó ser un bisnieto del librero-editor con raíces aragonesas, por tanto, sin los orígenes filológicos que solemos tener quienes nos dedicamos a estas cosas y, aunque ya no se le podía considerar un jovencito, éste era su primer libro aunque no lo pareciera. Y era tanto su entusiasmo por este mundo, tan ferviente y constante su pasión investigadora y tan atrayente su simpatía, que enseguida surgió una amistad que, entre muchos bienes, deparó el más dudoso de que prologase este trabajo.

Miguel Ángel Buil Pueyo, también fascinado por este mosaico literario del primer tercio de siglo al que ha dedicado varios textos en diferentes publicaciones, ya se había ocupado del narrador madrileño en un artículo, “Fernando Mora (1878-1936) o el olvido de una libre silueta”, publicado en La Cueva de Zaratustra, una muy interesante revista digital. Ahora amplía dicho estudio con un acercamiento  más extenso al personaje y, sobre todo, con una exhaustiva información bibliográfica, que enriquece sustancialmente la existente y aporta un amplísimo caudal hemerográfico – casi un millar de entradas-  que demuestra fehacientemente como Fernando Mora fue un escritor a tiempo completo, tanto en la vertiente narrativa como en la periodística.

Mora, Fernando 010

Fernando Mora es hoy un autor desconocido excepto para coleccionistas y estudiosos, al Mora, Fernando, El portillo de San Dámaso003que sólo la nostalgia, la curiosidad o la erudición hacen rescatable.  Su mundo, fundamentalmente, el Madrid de las dos primeras décadas del siglo XX, es un espacio y un tiempo perdido, lo mismo que las editoriales y colecciones en las que publicó. Entre 1909 y 1926 sacó a la luz 18 novelas, es decir, a una por año y, entre 1909 y 1932, alrededor de 60 narraciones Mora, Fernando, La cortesana de Vallecascortas más un libro de cuentos, Nieve, y una obra teatral, a despecho de que pueda aparecer alguna otra, en  olvidadas colecciones de novela corta. Es decir, una notable producción que lo convierte en el autor que con más profusión retrató en sus obras el Madrid castizo y barriobajero del primer cuarto del siglo XX y a los personajes que lo poblaban.  Él mismo, aunque vivió en varias ciudades diferentes, con las que en seguida empatizaba, era un característico gato, casi siempre ataviado con su capa española y que, incluso en su lenguaje narrativo, exhibía vicios como el laísmo, propios de la gente de la capital. Mora se alinearía, así, con el elenco de escritores que tomaron Madrid como centro de su obra. Si en teatro, el nombre fundamental fue el de Arniches y en poesía, el de López Silva, en narrativa hubo más competencia: Antonio Casero, Emiliano Ramírez Ángel, Pedro de Répide o un grande como Gómez de la Serna pero, en cuanto al número de obras dedicadas a la capital, ninguno excede al escritor estudiado por Buil Pueyo. 

No es Madrid, sin embargo, el único tema del novelista. Precisamente, en la mentada Los hombres de presa, aparecen unas prácticas bancarias que recuerdan muy de cerca a las que han provocado la última gran crisis económica. Mora conocía bien a los buitres financieros, pues había trabajado muchos años como contable en la sucursal madrileña del Banco delMora, Fernando, La peliculera 011 Río de la Plata. Igualmente atractiva resulta La peliculera, novela en la que Mora demostraba conocer los entresijos del precario mundo cinematográfico español y que parece extraño no haya sido analizada por ningún estudioso, dado el poder de convocatoria de todo lo que tiene que ver con el arte del siglo XX. Aparece, por supuesto, el mundo del teatro y de las varietés, tan habitual en la vida cotidiana del periodo y, por tanto, omnipresente en las narraciones de su tiempo. Pero también las nuevas formas de sociabilidad, como en su visión irónico-crítica del fútbol en ¡Soy del Racing!

La relación podría ser muy larga, dada la profusa producción del narrador, pero, si hay que escoger, Mora sería ante todo el novelista de las calles de Madrid, cuando en ellas ocurrían cosas y no eran un simple lugar de tránsito. Si Pedro  de Répide las descubrió desde el punto de vista erudito, Mora puso a la gente a hablar y pulular por ellas. Las conocía bien, pues fue hombre que gustó de los demás, a los que, con alguna ingenuidad y no poca inocencia, suponía siempre buenos, procuraba ayudar y les tenía fe, como nos recordaba su hija Raquel, que lo tildaba de amable, afectuoso y quijotesco.

El  libro de Miguel Ángel Buil nos acerca al personaje y, sobre todo, nos proporciona instrumentos para penetrar en él con mayor extensión y profundidad. Quienes nos interesamos por esta fascinante España de la Restauración –poco más de medio siglo de acelerada renovación en pugna con una monarquía, un clero y una oligarquía aberrantes- reclamamos a menudo estudios como éste acerca de la multitud de escritores interesantes, cuyas obras se cubren de polvo olvidados en los anaqueles de las bibliotecas, que nos ayudarían a comprender más y mejor la vida cotidiana y la historia cultural de ese tiempo.

*Se recoge aquí, ligeramente ampliada.

** V. https://javierbarreiro.wordpress.com/2013/08/01/gregorio-pueyo-el-editor-de-la-bohemia/

                                                           OBRAS DE FERNANDO MORA

NOVELAS

Venus rebelde (De las memorias de Conchita Pinares) (Novela pasional), Madrid, Biblioteca Hispano Americana, Pueyo, 1909.

Los vecinos del héroe (Novela de Madrid), Madrid, Pueyo, 1911.

El patio de Monipodio (Novela de costumbres madrileñas), Madrid, Pueyo, 1912.

El misterio de la Encarna… (Novelas del barrio bajo), Contiene, además, de ésta, que en su anterior edición tituló “La guapa de Cabestreros”, “Muerte y Sepelio de Fernando el Santo”, “En la parada de Antón Martín” y “Por la ronda de Valencia”. Prólogo de Joaquín Dicenta, Imprenta Helénica, Madrid, 1915.

El otro barrio, Madrid, Mateu, 1918.

Los hijos de nadie (Novela del Hospicio), Madrid, Fortanet, 1919.

La Magdalena en el Colonial, Madrid, Biblioteca Hispania, 1920.

En el tejar de Frascuelo, Madrid, Biblioteca Hispania, 1920.

El ansia de ver mundo (Pintorescas andanzas de un monaguillo patriota), Madrid, Biblioteca Patria, 1921.

Los hombres de presa, Madrid, Biblioteca Hispania, s. f. ¿1921? y Sucesores de Rivadeneyra, s. f.

La peliculera, Madrid, Biblioteca Hispania, 1923.

El amor pone cátedra, Madrid, Biblioteca Hispania, 1924.

La maldita carne, Madrid, La Novela de Noche nº 15, 31 de Octubre de 1924. (Ilust. Rivero Gil). 125 páginas.

Los cuervos manchan la nieve, Madrid, Atlántida, 1925.

La cortesana de Vallecas, Madrid, La Novela de Noche nº 30, 15 de Junio de 1925. (Ilust. Baldrich o Varela de Seijas)- 115 pags.

La mujer que se sintió águila, Madrid, La Novela de Noche nº 38, 15 de Octubre de 1925. (Ilust. Baldrich).

Lobos y corderas o a la sombra de Mendizábal, Madrid, La Novela de Noche nº 47, 28 de Febrero de 1926. (Ilust. de Puig),

La necesidad de pecar, Madrid, Atlántida, 1926.

¡Viva el cieno!, Madrid, La Novela de Noche nº 57, 30 de Julio de 1926 (Ilust. Mihura).

Mora, Fernando, ¡Viva el cieno!004

NOVELAS CORTAS

-De telón adentro, (Novela de comediantes), Barcelona, Los Cuentistas nº 11, 1910.

-El portillo de San Dámaso, Madrid, Los Contemporáneos nº 187, 26 de Julio de 1912. (Ilust. de Robledano).

-A orillas del Manzanares, (Novela de lavanderas y chulapas), Madrid, Los Contemporáneos nº209, 27 de diciembre de 1912.

-Por la ronda de Valencia (Novela de una divette que fue corsetera), Madrid, El Cuento Galante nº 7, 22 de enero de 1913.

En la parada de Antón Martín (Novela de un hombre engañado), Cartagena (Murcia), El Cuento Levantino nº 5, 12 de junio de 1913.

-La sibila de Juanelo. (Novela de echadoras de cartas), Madrid, La Novela de Bolsillo nº 14, 1913. (Ilust. de Izquierdo Durán).

-La guapa de Cabestreros (Novela de la Inclusa), Madrid, El Libro Popular nº 28, 15 de Julio de 1913. (Ilust. de Salvador Bartolozzi).

-Muerte y sepelio de Fernando el Santo (Novela de ladrones), Madrid, El Libro Popular nº 3, 20 de Enero de 1914.

Mora, Fernando, Muerte y sepelio de Fernando el Santo008

Puerta del Sol-Fuentecilla o Cómo murió la Charito, (Novela de una famosa cupletista), Madrid, El Cuento Popular, 22 de junio de 1914.Mora, Fernando-Puerta del Sol-Fuentecilla

La plaza de la Cebada (Novela de la fatalidad), Madrid, El Libro Popular nº 27, 7 de Julio de 1914. (Ilust. de Luis Blesa).

Desde la Puerta al Portillo (Novela del Matadero y de la Fábrica de Tabacos), Madrid, Los Contemporáneos nº 294, 7 de Agosto de 1914. (Ilust. de Juan Francés).

El hotel de la Moncloa (Novela de la cárcel), Madrid, La Novela de Bolsillo nº 69. 1914. (Ilust. Robledano). / Madrid, Los Contemporáneos nº 716, 12 de Diciembre de 1922.

La noche del “Juan José”, Madrid, La novela de bolsillo nº 78,   1915. (Ilust. de Aguirre)

Yo he besado a la Virgen, Madrid, La Novela de Bolsillo nº 96. 1915. (Ilust. Aguirre)

-Un rincón de la Florida, Valencia, La Novela con Regalo nº 3, 20 de Enero de 1917.

La Cruz del Humilladero, Madrid, Los Contemporáneos nº 452, 24 de Enero de 1917. 12 (Ilust. Varela de Seijas).

Las tres Marías, Madrid, Los Contemporáneos nº 427, 2 de Marzo de 1917.

Todo a 0,65 junto a las novelas cortas de Armando Palacio Valdés, Los puritanos y Los amores de Clotilde, Madrid, Los contemporáneos nº 447, 20 de julio de 1917.

La maja del Buen Retiro, Madrid, Los Contemporáneos nº 492, 6 de Junio de 1918. Portada de Izquierdo de Durán.

El marido de la Cele, Madrid, El Cuento Nuevo nº 7, 2 de Enero   de 1919.

La maestra Sole, Madrid, Los Contemporáneos nº 526, 30 de Enero   de 1919.

-Cómo se roba…, Madrid, El Cuento Nuevo, Rev. Semanal. Tomo II nº 6, 20 de Marzo de 1919.

-Mugre y vino, Madrid, El Cuento Nuevo, Rev. Semanal. Tomo III nº 3, 22 de Mayo de 1919.

-Bolita de añil, Madrid, Los Contemporáneos nº 547, 26 de Junio de 1919.

-El balcón de Pilatos, Madrid, Los Contemporáneos nº 581, 11 de Marzo de 1920.

-El parador de Luciente, Madrid, Los Contemporáneos nº 597, 1 de Julio de 1920.

¡No adjetives, Pepa!, Madrid, Los Contemporáneos nº 629, 10 de Febrero de 1921.

Mora, Fernando, ¡No adjetives, Pepa!005

La corista de punta, Madrid, Los Contemporáneos nº 647. 16 de Junio de 1921.

Un disco del Mochuelo, Madrid, Los Contemporáneos nº 681, 9 de Febrero de 1922.

El chico del funerario, Madrid, Los Contemporáneos nº 694, 11 de Mayo de 1922.

La mocita del collar de cerezas, Madrid, La Novela de Hoy nº 10, 21 de Julio de 1922. (Ilust. A. Sánchez Felipe).

El figón de Paca, la Tartanera, Madrid, La Novela Gráfica nº 5, Agosto, 1922.

La vaqueriza de La Moncloa, Madrid, Los Contemporáneos nº 716, 12 de Octubre de 1922.

La que besaba con los ojos, Madrid, La Novela del Domingo nº 2, 17-XII-1922.

Los hijos no son una propiedad, Madrid, La Novela Semanal nº 82, 3 de Febrero de 1923. (Ilust. Pedrero).

Caco va en tren, Madrid, Los Contemporáneos nº 733, 8 de Febrero de 1923.

Cosas feas de Felipe, el Hermoso, Madrid, La Novela del Domingo nº 13, 4 de marzo de 1923.

La tristeza de sentirse gorda, Madrid, La Novela de Hoy nº 57, 15 de Junio de 1923. (Ilust. M. Ramos).Mora, Fernando, La tristeza de sentirse gorda001

La dulzura de sus besos, Madrid, La Novela Selecta nº 11, s. f. (1923).

¡Soy del “Racing”!, Madrid, La Novela de Hoy nº 75, 19 de Octubre de 1923. (Ilust. Ramos).

La adúltera sin saberlo, Madrid, La Novela de hoy nº 102, 25 de Abril de 1924. (Ilust. Varela de Seijas)

Venus fue a galeras, Madrid, La Novela de Hoy nº 121, 5 de Septiembre de 1924. (Ilust. Varela de Seijas).

Huelga de golfos, Madrid, La Novela de Hoy nº 143, 6 de Febrero de 1925. (Ilust. Varela de Seijas).

La escoria del amor, Madrid, La Novela de hoy nº 159, 29 de mayo de 1925. (Ilust. Puig).

También en el fango hay rosas, Madrid, La Novela de hoy nº 185, 27 de Noviembre de 1925. (Ilust. Picó).

¡Sácate la caretita!, Madrid, Los Contemporáneos nº 890, 11 de febrero de 1926.

El amor no admite leyes, Madrid, La Novela de Hoy nº 210, 21 de Mayo de 1926. (Ilust. Varela de Seijas).

La piel de Paca, Madrid, La Novela de Hoy nº 241, 24 de Diciembre de 1926. (Ilust. Riquer).

La diablo, Madrid, La Novela de Hoy nº 274, 12 de Agosto de 1927. (Ilust. Pomareda).

Judas en la Bombi, Madrid, La Novela de Hoy, 15 de Diciembre de 1927.

Socorro, la Samaritana, Madrid, La Novela de Hoy nº 307, 30 de Marzo de 1928. (Ilust. Vázquez Calleja).

Cómo odian las feas, Madrid, La Novela de Hoy nº 318, 15 de Junio de 1928. (Ilust. Varela de Seijas).

Mora, Fernando, Cómo odian las feas007

…y ellas, morenos, Madrid, La Novela de Hoy nº 323, 20 de Julio de 1928. (Ilust. Quintanilla).

El ferial de las locas, La Novela de Hoy nº 333, 28 de Septiembre   de 1928. (Ilustraciones Pomareda)

El palacio de arena, Los Novelistas nº 82, 3 de Octubre de 1929. (Ilustraciones Orbegozo).

La fotogénica de Villaumbrosa o Igual que besa la Bertini, Madrid, La Novela de Hoy nº 523, 1932.

La guapa de cabestreros y otros relatos, (Contiene, además, “La plaza de la Cebada” y “¡Viva el cieno!”, Ayuntamiento de Madrid,   1987.

Cuentos

Nieve (Cuentos naturalistas), Prólogo de Alberto Insúa, Madrid, Pueyo, 1910.

Obras teatrales

El quinqué de Petronilo (Sainete lírico o Humorada en un acto, en colaboración con Adolfo Sánchez Carrere y música de Manuel Quislant y Modesto Romero estrenada en el Teatro Martín el 24-11-1914) (V. Iglesias Souza)

Obra crítica

Rafael López de Haro y sus obra, Madrid, Pueyo, 1910 (14 pp.).

Opiniones de un lector sobre las novelas de Valcárcel y Martín de Salazar, Madrid, Librería de Pueyo, 1913.

Mora, Fernando, La maldita carne006

Personaje conocidísimo, sobre todo en los medios escénicos cuando el teatro era la más cotidiana de las diversiones populares, fue el Padre Benito, así  llamado en jocosa a alusión al dicho personaje de  la zarzuela El tambor de granaderos[1] (1894).

Padre Benito (Calzado, Benito)

Como jefe de  la clac de los principales teatros madrileños, desde finales del siglo XIX hasta su muerte en 1926, su misión consistía en que las obras estrenadas,  aun aquellas  aviesas y de ínfima condición, fuesen aplaudidas y lograsen el éxito, para lo que no reparaba en medios, a veces, ilícitos. Fueron famosas sus patadas a quienes no cumplían bien sus instrucciones. De cualquier modo, su efectividad en la función que desarrollaba y sus cualidades de excelente organizador y relaciones públicas hicieron que fuera una referencia inexcusable siempre que hay que referirse a la historia de  la clac en España. Su popularidad fue tal que ya el 3 de diciembre de 1896 se estrenó en el Eslava una zarzuela, El padre Benito[2], que aludía a su persona. Y en el estreno de la parodia de Cyrano de Bergerac,  Cytrato? ¡de veras será!..[3] (1899) se incluyó un septeto que rezaba:

                                       Somos la “claque” de la Zarzuela

                                       de la que es Benito gran capitán;

                                       chicos alegres, chirigoteros,

                                       que se dedican a alabardero[4]

                                       sin hacer caso del que dirán.

                                       Tal es la “claque” de la Zarzuela,

                                       de que es Benito gran capitán.

 Su nombre real fue Benito Calzado Aguirre y era natural de Orellana (Badajoz), donde nació alrededor de 1855. En 1874, año de la proclamación de Alfonso XII, llegó a Madrid como soldado y fue escribiente de Fernando Primo de Rivera, capitán general de Castilla la Nueva. Al licenciarse, logró un empleo como funcionario del Ayuntamiento de Madrid, donde llegó a Jefe de Negociado de Intervención y Cancelación de la Deuda. Trabajó también en el Monte de Piedad.

Hacia 1895 asistía a una tertulia en el café de Levante, donde Eduardo Yáñez, empresario junto al maestro Fernández Caballero, del Teatro de la Zarzuela, le propuso hacerse cargo de la claque del teatro. A partir de ahí logró ser el número uno en dicha ocupación durante más de tres décadas en la mayor parte de los teatros de la capital.Padre Benito El Imparcial 15-X-24

Aparte de  su función como organizador de la clac en teatros como el de la Zarzuela, Eslava, Eldorado, Price, Apolo, Cómico, Latina, Rey Alfonso, Reina Victoria, Centro, Fuencarral…, fue también empresario del Eslava, con Celso Lucio como director desde finales de septiembre 1901, tomó en arrendamiento Eldorado para la temporada de verano de 1902 y, en 1904, el teatro Cómico, aunque allí duró muy poco. De una forma u otra, anduvo implicado en todo tipo de negocios teatrales e incluso llegó a fundar en 1896 un efímero periódico, La Información.

Tuvo fluidas relaciones, tanto con la policía como con el hampa. La prensa dio noticia de una pequeña parte de alguno de sus problemas con los tribunales. En 1894 aparece complicado en el impago de un pagaré y en 1901 en otro chanchullo. En septiembre de 1903 estuvo implicado en una famosa estafa de un millón de pesetas, que ocupó mucho lugar en los periódicos y llegó a ingresar en prisión, aunque finalmente fue absuelto en el juicio celebrado en 1906. Muchos periodistas lo protegían en sus informaciones, pues les conseguía entradas y les proporcionaba confidencias e interioridades del mundo que tan bien conocía.

Calzado, Rosario

Calzado, Paz 1Vestía siempre de capa y consta que habitaba en la calle Ceres, 15, quizá la más famosa de las rúas de la capital que congregaban burdeles y, a partir de 1896, en Fomento nº 3. Fue padre de Paz y Rosario Calzado, artistas de varietés que lograron cierta popularidad. Bailarina y canzonetista, respectivamente, Rosario falleció prematuramente  en Buenos Aires (1915). Otra hija, María, ganó a los quince años un concurso de piano[5]. En otro asunto dudoso, interpuso una denuncia por el rapto de sus hijas artistas cuando, en enero de 1914,  iban a viajar a la Argentina, que Benito retiró a las tres semanas.

Paz Calzado                                                                                                                                         Rosario Calzado

De cómo se las gastaba el padre Benito da, por ejemplo, noticia El Día (22-6-1901):

En el Teatro Eldorado, donde se estrenaba la obra Correo interior, un tal Lorenzo Fernández Muñoz, al comentar a uno de sus acompañantes: “Mira como aprieta la claque”, recibió un fuerte garrotazo en la cabeza, que le ocasionó una fuerte herida atendida en la Casa de Socorro. El agresor fue B. C., que fue puesto a disposición del Juzgado de Guardia.

A mediados de julio de 1908 Benito agredió nada menos que al maestro Vives a las puertas del Teatro de la Zarzuela.[6]  Pero, como donde las dan las toman, en otras ocasiones probó su propia medicina:  en la madrugada del 28 de septiembre de 1925 fue agredido por tres individuos con grandes garrotes, cuando regresaba a su domicilio, ahora situado en la calle Veneras, 8. Al parecer había prescindido de los servicios de un tal Ballesteros, que organizó la batida. Pero Benito, aunque ya viejo, era duro y se recuperó en diez días.

El 14 de marzo de 1926 sufrió un accidente con fractura de la base del cráneo, que le deparó la muerte doce días después. Al parecer, salió casi corriendo de un café de la calle Alcalá, esquina Conde de Peñalver, y no pudo evitar una caída.. No quedó claro si fue esta o el atropello de un taxi, en el que, por cierto viajaba la famosa vedette La Yankee[7],  lo que ocasionó su muerte, aunque el juicio dictaminó que primero fue la caída y exculpó al taxista.

El fallecimiento del Padre Benito coincidió prácticamente con el inicio de la decadencia  de la “clac” aunque en algunos lugares se conservara hasta principios de los años setenta.

Padre Benito_Heraldo de Madrid 20-12-1923

                                                                                                      NOTAS

[1] Zarzuela de Emilio Sánchez Pastor con música de Ruperto Chapí, estrenada en el Teatro Eslava el 16 de diciembre de 1894.

[2] Original de Emilio Sánchez Pastor y Emilo Paso Cano con música de Valverde (padre e hijo).

[3] Zarzuela cómica, original de Celso Lucio, Gabriel Merino y música de Fernández  Caballero y Quinito Valverde, estrenada en el Teatro de la Zarzuela el 24 de marzo de 1899.

[4] Otro de los nombres populares de los componentes de la clac.

[5] El Imparcial, 30-6-1901

[6] La Época, 18-7-1908.

[7] V. https://javierbarreiro.wordpress.com/2014/05/06/la-yankee/

Padre Benito Heraldo de Madrid 13-2-13