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Desde que Demetrio Galán Bergua así lo enunciara, es lugar común proponer al Tío Chindribú (Vicente Viruete), como el primer intérprete conocido de la jota. No se enfadarán los epilenses, que tanto han hecho y hacen por el canto aragonés y cuya cantera parece inagotable, si recordamos, que Mariano Gracia Albacar citó a un cantador como “Chorizo” en la jornada de la Cincomarzada (1838), cuando el tío  Chindribú sólo contaba con 12 ó 13 años, si bien la documentación se reduce, de momento a las memorias que el citado Gracia publicara en Heraldo de Aragón en la primera década del siglo XX, hace pocos años venturosamente reeditadas por la Institución Fernando el Católico.

En mi Biografía de la jota aragonesa (2013) cito también a Delfine Ugalde-Beauce, una parisina de origen vasco que en 1848 cantara la jota en la ópera Cómica de la capital francesa pero el primer nombre propio que, hasta que no se descubra otra cosa, tenemos como intérprete de la jota aragonesa es el de Mariano Pablo Rosquellas, (1784-1859), un tenor madrileño hoy desconocido en su país, aunque no tanto en la República Argentina, donde se le considera el padre de la ópera en la nación austral, ya que el 26 de septiembre de 1825 llevó a la escena El barbero de Sevilla de Rossini en el Teatro Coliseo de Buenos Aires y, posteriormente, gran cantidad de obras del entonces tan joven y tan famoso compositor de Pésaro. Empresario, cantante, actor, director, compositor y violinista, Rosquellas había llegado a la Argentina en 1824, catorce años después de la proclamación de independencia, probablemente, huyendo de la gran represión llevada a cabo por su antiguo admirador, Fernando VII, tras la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis y el restablecimiento de la tiranía. Allí conoció el éxito artístico y personal, pues, como suele ocurrir con los cantantes, fue hombre de gran predicamento entre el género femenino.

Mariano Rosquellas no era un don nadie: tenor, compositor y violinista, ya había sido en 1815 primer violín en la corte del rey felón que, por cierto, le regaló un Stradivarius, instrumento con el que tocó, entre otros, en locales como el Teatro Italiano de París y en Irlanda. En esta isla, entonces dependiente de Inglaterra,  matrimonió (1816) con la autóctona Leticia de Lacy, emparentada con Luis de Lacy, general en jefe fusilado en 1817 por sus ideas liberales, lo que comenzó a ocasionarle problemas en la corte, por lo que se apartó de la escena para marchar a Italia y perfeccionar su educación musical, con especial atención a la ópera. En 1822 arribó al Brasil, donde nacería su hijo Pablo, un  futuro niño prodigio y el 28 de febrero de 1824 llegaría a la Argentina, donde estrenó el Don Juan mozartiano y, al poco, se convertiría en una referencia polifacética e imprescindible tanto en los teatros como en los de varios países hispanoamericanos, con especial referencia a Bolivia, donde en 1859 moriría en su actual capital, la ciudad de Sucre.

 Pues bien, este personaje sabemos que en 1828, el año del nacimiento del tío Chindribú, “cantó en vasco, en francés, en castellano, en italiano y en portugués, ópera, opereta, gallegadas, malagueñas y jotas”.

 No deja de ser curioso que fuera en Buenos Aires y por parte de un madrileño, donde nos tropezamos con el primer intérprete del que sabemos cantó jotas aragonesas en público aunque fueran escénicas. No cabe duda de que antes los habría en la Península y, más probablemente en Aragón. Encontrarlos es tarea de los amigos de hemerotecas. Ubi sunt?

Hará unos doce años fui a visitar al veterano tenor cincovillés, Mariano Ibars, que vivía en una muy modesta parcela de Garrapinillos, a pocos kilómetros de Zaragoza. Yo acababa de publicar un libro, Voces de Aragón, donde daba cuenta de quienes en dicha tierra habían destacado en cualquier tipo de canto, desde que existía memoria sonora: figuras del género lírico, cupletistas, cantadores de jota, de canción ligera… En el volumen hablaba, naturalmente, de Ibars pero a través de las noticias que había encontrado sobre su carrera, ya que no había logrado localizarlo. Mariano con noventa años, conservaba intactos el vozarrón y la memoria y la larga conversación fue tan ilustrativa y agradable que, unido al evidente placer con que desgranaba el tenor sus recuerdos, me determinó el proponerle una entrevista formal, ya que yo no había previsto otra cosa que charlar. Como uno ya había escrito el libro aludido y andaba enredado en muy diversas cuestiones, me pareció oportuno plantearle a Mariano García Cantarero, acreditado periodista de Heraldo de Aragón, muy aficionado a estos temas, que me acompañara y fuera él quien redactase la entrevista para su periódico. Aceptó encantado este nuevo Mariano pero a la hora de concretar la cita surgió una figura con la que he tenido la mala fortuna de tropezar en mis ya bastantes años hacer historia de muy diversos protagonistas de la canción en España: me refiero al familiar que convive el viejo intérprete y que, provisto de toda clase de necias precauciones, lo rodea de alambradas, fosos y prohibiciones que  hacen imposible las confesiones. ¿protección de la intimidad, rescoldo de una sociedad cerrada, envidia subconsciente…? Con el pretexto de la salud, que en ningún momento vi amenazada en mi larga conversación anterior y la prueba fue que el cantante vivió siete años más, la señora en cuestión canceló la entrevista y Mariano Ibars no pudo ver gratificado el comprensible orgullo por contar lo que había sido una sólida carrera ni los aragoneses pudieron rescatar la memoria de un personaje al que ya habían olvidado.

He recordado este asunto al tropezarme con un recorte sobre la muerte del tenor, que le llegó, poco antes de cumplir los 98 años, el 8 de marzo de 2012 y de la que sí se hizo eco la prensa local. Por cierto, la fecha coincidía la del día en que había nacido Raquel Meller. Próximo el quinto aniversario de la desaparición del navardunense, reproduzco, con algún añadido, el texto publicado en el citado libro: Voces de Aragón. Intérpretes aragoneses del arte lírico y la canción popular. Zaragoza, Ibercaja, 2004, pp. 77-78.

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navardunNavardún, a la entrada del la Val de Onsella, el hermoso y desconocido valle en la punta norte de la provincia de Zaragoza, vio nacer el 17 de abril de 1914 al tenor Mariano Ibars, hoy, pues, con noventa años cumplidos. De familia campesina, Mariano comenzó como jotero de gran voz que le serviría para obtener premios en varios concursos antes de inscribirse en el Orfeón Zaragozano, que dirigía Pepe Cortés.

Al poco tiempo se marchó a Barcelona para hacer el servicio militar y pudo colocarse como taquillero en el Teatro Victoria del Paralelo, puesto que, pensó, le daría ocasión a mostrar más fácilmente a los empresarios su privilegiada voz. Se inscribió en la academia de Enrique Novi y Federico Cortó y también recibió los consejos del tenor Jaime Ferré y de Ramón Gorgé, hermano del famoso bajo alicantino Pablo Gorgé, que ejercía funciones semiempresariales en el aludido teatro. Según Hernández Girbal, su aprendizaje fue rápido, por su gran memoria musical. También habla de su voz “fresca, homogénea en todos los registros y de agudos tan claros y afinados como los de un clarín”.

Cuando su carrera apuntaba, le sorprendió en la capital catalana la guerra, que hizo en el ejército de la República. Al final del conflicto, en muy penosas condiciones, hubo de volver a Zaragoza para cantar nuevamente en el Orfeón y, otra vez, a  probar suerte con la jota. Esto le dio la oportunidad de repetir sus éxitos iniciales y ganar unos cuantos premios pero no le significó gran alivio a su situación económica, por lo que decidió volver a Barcelona.

Su debut en la ópera se produjo en el Teatro Lírico de Palma de Mallorca cantando Rigoletto, que constituiría su ibars-mariano-1piezamás constante en el bel canto. Durante 1944 estrenó en el Teatro Cervantes de Sevilla la zarzuela Mari Nieves, la Camerana pero a lo largo de estos años actuaría casi siempre en Cataluña, Valencia y las islas Baleares. En abril de 1945 dio el salto a América con la compañía de Pablo Sorozábal. Allí fue muy apreciado en Montevideo y Buenos Aires donde combinó las grandes zarzuelas con las óperas, entre las que llegó a cantar tres funciones de Rigoletto en el Colón con un elenco en el que figuraban los mejores cantantes argentinos. En 1946 se recuerda asimismo otra gran Marina en el montevideano Teatro 18 de Julio.

Regresó a su patria y, en tiempos cada vez más problemáticos para la zarzuela, deambuló sucesivamente por diferentes compañías líricas de importancia, como la que llevaba el nombre del eximio Pablo Luna, a la que se incorporó a finales de 1953, y con la que actuó varias veces en Zaragoza. En esta época, quizá el mayor hito de Mariano Ibars fuera estrenar en España las dos grandes zarzuelas cubanas de Lecuona, El cafetal y María de la O. En 1959 actuó en la radio y televisión francesas y cumplió un nuevo contrato en la Argentina. Al regresar a España, volvió a la compañía Pablo Luna, hasta retirarse el 25 de marzo de 1965 en el Teatro Marín de Teruel cantando Los claveles de la Virgen.

Mariano Ibars fue un tenor de voz diáfana y voluminosa, con muy vibrantes agudos y “de hermosísimo color”, según Sagarmínaga, capaz de cantar piezas muy diversas y adaptarse a todos los géneros. Fuera de la profesionalidad, siguió cantando hasta cumplir los ochenta años. Apenas, en cambio, dejó registros grabados. Muy apreciado por su gran humanidad, vive en Zaragoza.

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Biografía de la jota aragonesa

La jota es el género de música tradicional más extendido en España, lo que implica varias centurias de cultivo común. Musicalmente, es un ritmo ternario de agrupación binaria y de aire rápido que, en los distintos lugares en que se practica, se ha diversificado incorporando otros elementos propios y que suele sustentar una cuarteta octosílaba. Pese a la atención prestada en los últimos lustros a las manifestaciones populares, su música ha sido muy poco estudiada si la comparamos con otras manifestaciones populares y folclóricas de menos trascendencia.

El origen de la voz jota ha dado mucho que hablar, como suele suceder con las cuestiones etimológicas. Gregorio García Arista documenta ampliamente sotar del latín saltare (bailar), que es lo más comúnmente aceptado. Ribera lo relaciona con el árabe xatha (danza), lo que comparte Corominas. Con su forma actual aparece en un manuscrito abulense en el tránsito del siglo XVI al XVII, Cifras para arpa, y vuelve a registrarse en 1705 y en distintas ocasiones durante el siglo XVIII. 

ribera-julian_la-musica-de-la-jota-aragonesa003En cuanto a sus orígenes como género musical, José Inzenga y Rafael Mitjana la derivan de una danza griega. Ruperto Ruiz de Velasco habla de un baile celta o godo. Abundantemente se ha escrito sobre su procedencia árabe, defendida ardorosamente en las teorías de Julián Ribera y Eduardo Martínez Torner, que ya puso en solfa Demetrio Galán Bergua. Manzano afirma que de ningún modo puede ser la jota de origen árabe a poco que se conozca el contexto de la música popular española, por lo que concluye que las teorías de los citados estudiosos son insostenibles. Para Tomás Bretón, que también rechazó tajantemente el origen árabe, la jota era moderna: “si no [es] una variación y consecuencia del fandango, debe proceder de Italia, de El Carnaval de Venecia, que tiene la misma hechura que la jota”. 

Federico Olmeda y Felipe Pedrell también consideraron la jota llamada aragonesa como de creación reciente, en relación con la cultivada en otras partes de la península ibérica.

No olvidemos que la jota es sonido (música y, después, letra) y baile. Cuando hablamos de los orígenes de la jota respecto al baile, podemos remontarnos hasta a los bailes apotropaicos (guerreros, medicinales…) de épocas prehistóricas.  Ricardo del Arco habló de una probable conexión con las danzas iberas, al parecer guerreras y saltarinas, pero parece más plausible si se trata de otorgar al baile de la jota orígenes arcaicos, relacionarlo con los bailes de tarántula, muy extendidos por el ámbito mediterráneo y que en principio constituían una especie de exorcismo mágico-religioso contra la picadura de dicho arácnido, y así lo constata el gran investigador Marius Schneider en su magnífico trabajo, hasta ahora que se acaba de reeditar, casi inencontrable, La danza de espadas y la tarantela, Barcelona, CSIC, 1948*.

En cuanto a la música, los expertos nos dicen que la jota se caracteriza por su particular rítmica: agrupación bajo un mismo metro de dos periodos unidos (dos compases de 3×8), lo que lleva a que las partituras se escriban en 6×8 pero la jota aragonesa se escribe en 3×4  y con ritmo más rápido.  

Ángel Mingote incluye en su cancionero un villancico ya famoso a la Virgen del Pilar, “De esplendor se doran los ayres…” (1666), debido a Joseph Ruyz Samaniego, ,cuyos compases iniciales se han propuesto como un antecedente de la jota en un innecesario intento de vincular la jota con la devoción pilarista. Según Manzano (388) y otros, esto hay que desecharlo totalmente. Nada sobre ella consigna tampoco el calandino Gaspar Sanz en sus Instrucciones sobre la guitarra española, volumen publicado en la Zaragoza de 1674, que contiene abundantes composiciones populares.

Tenemos una música y baile al que se llama jota en el siglo XVIII. Una de las más antiguas menciones corresponde al llamado Códice Saldívar IV. Este importante documento  fue comprado por el musicólogo Gabriel Saldívar y Silva (1909-1983) a un anticuario de León (Guanajato) en 1943. Contiene composiciones del madrileño  Santiago de Murcia (1673-1739), el guitarrista más internacional del barroco español. Probablemente, no viajó a América pero sus obras se interpretaron allí. El códice se fechó aproximadamente en 1732 y contiene gallardas, jácaras, folías, marionas, canarios, fandangos, jotas, tarantelas y otras músicas populares. Se han hecho ediciones del mismo y se han interpetado muchas de sus composiciones. Los musicólogos siguen investigando y discutiendo sobre sus contenidos.

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A partir de  1750 aparecen abundantes jotas en los sainetes, entremeses, zarzuelas, tonadillas y otras obras teatrales populares, tan del gusto del público. Varias de ellas contienen un estribillo en el que se nombra el género: “a la jota, jota…”. Se suele aludir al músico ciego, Luis Misón, como el primer autor que introduce jotas en sus sainetes y, concretamente, se cita su obra Los ciegos (tonadilla a tres, 1758). Sin mirar mucho[1], he encontrado otra jota anterior en La residencia del chiste, sainete original de Antonio Guerrero, estrenado en 1757.  Es muy posible que puedan hallarse otras, incluso anteriores. El citado Luis Misón en  La cocinera (tonadilla a cinco, 1760) incluye una que comienza: “Esta es la nueva jota de Andalucía, la cantan los arrieros de maravilla, a marolí marolí, marolita mía”. El mundo de la tonadilla, bien estudiado por José Subirá, alberga, sin embargo, un sinfín de datos y sugestiones para el estudio de la música popular española.

El polígrafo zaragozano Cosme Blasco cita en la página 29 de sus Memorias de Zaragoza (1890) el Coplerillo zaragozano blasco-cosme-memorias-de-zaragoza(1783) de Vicente Fernández y Alagón, Conde de Sástago y reproduce una de las coplas antiguas que contiene: “Tres calles de Zaragoza /ruines son y pendencieras, / Las Doncellas, Santa Bárbara/ y la de Calabaceras”. Al parecer, aparte de don Cosme, nadie que se sepa ha visto ese coplerillo, según recoge, J. L. Melero en su trabajo (2016) sobre coplas antiguas. No hay, pues, constancia de que esas coplas o cantares fueran jotas. Lo mismo puede decirse del Cuaderno de rondones recopilado por Francisco Gibert y fechado en Lérida (21-VII-1799). Contiene una jota con acompañamiento de bandurria, que grabó Ana Iguarbe y aparece en el libro-disco Siempre la jota.

Miguel Arnaudas, que excluye en gran medida la jota de su cancionero, ya que estima más interesante dar a conocer lo que permanece sepultado por ella, considera su construcción musical totalmente moderna.

El exhaustivo y estilísticamente límpido, aunque discutiblemente ordenado, volumen de Galán Bergua[2] al que, en todo caso, debe recurrir cualquiera que, tras él, quiera acercarse a la jota, termina su documentada disquisición sobre su origen con estas palabras: “…sigue oculto en una nebulosa que, en verdad, no han logrado aclarar suficientemente cuantos investigadores a ello se han dedicado” (104), proceso, por cierto, común a casi toda la música popular que es naturalmente sincrética.  

Primera.- La jota (…) ha atravesado bastantes etapas o fases bastante bien diferenciadas. Una época en que la jota no se llamó “jota”, aunque esté comprobada la existencia de ciertas melodías similares a algunas de las actuales, y que -a juicio de varios musicólogos- sólo pueden considerarse como meras “coincidencias” (…) Otra en la que el vocablo “jota” apareció impreso, y su música en pentagrama, pero sin responder todavía a una especificidad con significado definido, y sin características bien determinadas en el concepto y en la variedad de los aspectos. Otra en que la jota ya se dio en España con detalles más precisados, extendiéndose por todas las regiones y echando raíces profundas e inamovibles en tierra aragonesa donde pronto alcanzó su carácter representativo. Otra en que la jota, sin dejar de existir en el resto de España como una faceta más dentro del folklore regional, llegó en Aragón al máximo florecimiento con el establecimiento de conjuntos a base de canto -con multiplicidad de estilos y tonadas-, baile -con todas sus variaciones comarcales-, rondas -con su acusado tipismo rural- y rondallas -con sus numerosas variaciones.

Segunda.- (…) podemos considerarla como un proceso evolutivo, de adaptación y de transformación, cuya iniciación en tiempos muy remotos sólo debemos admitirla por el simple hecho de que ya en el siglo IX existiesen las referidas “coincidencias” con muy limitados detalles de la jota actual (…)

Tercera.- Sin negar que muy contadas melodías de la jota hayan presentado algunas de las características de las cadencia arábigo-andaluzas, es lo cierto que, aparte de ellas, ninguno de los estilos y tonadas conocidos y cantados en Aragón tienen sabor islámico y sí rasgos definitivos que demuestran su especificidad aragonesa.

Cuarta.- El origen real de la jota sigue oculto en una nebulosa que, en verdad, no han logrado aclarar suficientemente cuantos investigadores a ello se han dedicado[3].

*https://javierbarreiro.wordpress.com/2015/03/23/tarantismo-tarantela-y-jota-2/

         

                                                                                            NOTAS

[1] Faustino Núñez Núñez, Guía comentada de música y baile preflamencos (1750-1808), Barcelona, Ediciones Carena, 2008, p.

[2] Don Demetrio contó con colaboradores que hasta redactaron alguna parte del libro.

[3] Galán Bergua (1966, 103-104).

Buena parte del material de este artículo procede de mi libro Biografía de la jota aragonesa, Zaragoza, Mira, 2013. Introduzco algunas actualizaciones y nuevas aportaciones. 

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EL ROYO DEL RABAL,  (Pedro Nadal Auré),  Zaragoza, 23-X-1844 – Zaragoza, 11-V-1905.

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Es sorprendente la escasez de noticias fidedignas sobre este personaje legendario que, hasta hace pocas décadas, permaneció muy vivo en la memoria popular de los aragoneses. Ninguna investigación histórica o documental se ha llevado a cabo sobre su figura.

Nacido en la Plazuela del Rosario del Rabal, el barrio de la margen izquierda del Ebro poblado por labradores de la huerta zaragozana, fue bautizado en la parroquia de Nuestra Señora de Altabás y aprendió la jota de niño. Huérfano a los diez años, fue apadrinado por una hermana de su padre, de nombre Pascuala, casada, por cierto, con otro Pascual, de apellido Peiro. Este matrimonio no tuvo hijos. Pedro se empezó a dar a conocer en las rondas de su barrio y pronto su voz se hizo popular en  Zaragoza, con lo que era llamado para cualquier fiesta. Se casó a los veintitrés años con Vicenta Fernández, de la que no tuvo descendencia. De oficio, fue guarda de riegos (azutero) del sindicato del Rabal y hombre de carácter anárquico, juerguista, rudo y pintoresco. Mientras ejerció su oficio, favorecido por el secretario del Sindicato de Riegos del Rabal, Jorge Jordana y Mompeón, vivió en la torre del Azud en las cercanías de Villanueva de Gállego. Murió en su casa de la calle Torresecas 9, cercana a la Audiencia zaragozana.

el_royo_del_rabalFue el jotero mítico por antonomasia. Único e incomparable, en palabras de Galán Bergua, que también lo califica como el de más acusada personalidad de todos los tiempos. Estilos como las femateras, las fieras, las rondaderas, las rabaleras y las zaragozanas puras, en los que descolló como nadie, fueron sus estandartes. Cantó ante los personajes más importantes que pasaron por Zaragoza (Prim, González Bravo, Gayarre[1]…) y se dice que, acusado de una muerte, tras una reyerta con un hortelano al que, por una discusión de riego, dejó seco de un jadazo, Alfonso XII, en su viaje a Zaragoza tras la boda con María de las Mercedes, hizo que se tramitase su indulto, tras cantarle El Royo esta copla: “Soy el Royo del Rabal, / el cantador de Aragón, / y a su majestad le pido / me saque de esta prisión”. De momento, no hay confirmación documental de esta historia pero es cierto es que, años antes y estando encarcelado por sus ideas entre liberales y republicanas, en una ocasión, se le permitió salir de su celda para que cantara ante el rey. De cualquier modo, en una vida tan poblada de leyendas populares, habría que verificar documentalmente estos extremos. Sí es cierto que el Royo asistió con la rondalla zaragozana a las grandes fiestas que se dieron con motivo de la citada boda real y cantó al pie de los balcones del palacio de Oriente: “Quieren hoy con más delirio / a su rey los españoles, / pues se casa por amor,  / como se casan los probes”.

El Royo del Rabal, al que los zaragozanos siempre denominaron “El royo de La Rabal”, fue de los primeros en grabar cilindros de cera en España[2], instado por uno de los introductores del gramófono en España, un tal Pertierra. Viajó también para llevar la jota a las principales capitales españolas. En sus años finales cantó con el Orfeón Zaragozano, cuando la agrupación estaba bajo la dirección de Ramón Borobia. Concretamente, su último viaje fue a Madrid, donde junto a Urbano Gracia y un Miguel Asso de doce años, cantaría en el Teatro Apolo. Después actuarían en Sevilla y Córdoba.

Retratado al menos por Juan José Gárate y Carlos Larraz, de su figura, legendaria en Zaragoza, se han contado centenares de anécdotas pero quienes tuvieron el privilegio de escucharle coinciden en que fue incomparable y, así, quedó convertido en el símbolo antonomásico de la jota aragonesa

https://javierbarreiro.wordpress.com/2011/07/28/primeras-grabaciones-de-jota-el-royo-del-rabal-isidra-vera/

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                                                                                  BIBLIOGRAFÍA

-BARREIRO, Javier, La jota aragonesa, Zaragoza, CAI, 2000, pp. 57-58.cabezudo-del-royo-de-la-rabal-en-el-coso

-, “Primeras grabaciones del jota. El Royo del Rabal. Isidra Vera”, Heraldo de Aragón, 23-VIII-2009.

 -, Diccionario biográfico español, vol. XXVII, Madrid, Real Academia de la Historia, 2012, pp. 78-79.

-, Biografía de la jota aragonesa, Zaragoza, Mira, 2013, pp. 123-124.

-BELTRÁN MARTÍNEZ, Antonio, “El Royo del Rabal”, Aragoneses ilustres, CAI, Zaragoza, 1983, pp. 137.

-GALÁN BERGUA, Demetrio, El libro de la jota aragonesa, Zaragoza, 1966, pp. 729-733.

-OLIVÁN BAYLE, Francisco, “El Royo del Rabal” (12 artículos publicados en Heraldo de Aragón entre noviembre de 1971 y abril de 1974”.

-, Gran Enciclopedia Aragonesa (Tomo XI), Zaragoza, UNALI, 1982, pp. 2935-2936.

-SOLSONA, Fernando, La jota cantada, Ayuntamiento de Zaragoza, 1978, pp. 33-35.

-SOLSONA, Fernando y Mario BARTOLOMÉ, Geografía de la jota cantada, Zaragoza, Prensa Diaria Aragonesa, 1994, pp. 77-78.

[1] Según Galán Bergua, fue ante el célebre tenor roncalés, al que se le dedicó una ronda en su visitas Zaragoza durante 1883, cuando El Royo cantó un estilo en “la”pero en el que alcanzó un “re” sobreagudo, “manteniéndolo en un discretísimo calderón, como únicamente cabe admitirlo”. Julián Gayarre quedó asombrado pues muy pocos tenores eran capaces de lograrlo.

[2] V. https://javierbarreiro.wordpress.com/2011/07/28/primeras-grabaciones-de-jota-el-royo-del-rabal-isidra-vera/

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La Dolores, uno de los mayores éxitos del teatro español de todos los tiempos, es una vigorosa muestra del teatro de ambiente aragonés tan popular en la época de intersiglos. La leyenda en que está basada, el personaje que le dio origen, su repercusión y sus contextos han sido ampliamente documentados por Antonio Sánchez Portero en los tres libros que editó sobre el asunto aunque alguna de sus conclusiones haya sido discutida. Menos se ha hablado de las circunstancias de su estreno, que a punto estuvo de no llevarse a cabo.

La Dolores-Partitura

José Feliú y Codina (1845-1897) era un autor de segunda fila que apenas había estrenado fuera de su Cataluña natal. La copla que muchos años atrás oyera en la estación de Binéfar, dio lugar a un romance, publicado en el semanario El chiste, que bastantes años después decidió incluir en el drama. Una vez escrito éste se lo ofreció al famoso actor-empresario Rafael Calvo, que lo rechazó, y lo mismo ocurrió con otras compañías. Intentó venderlo por 125 pesetas, lo que tampoco logró. Finalmente, pudo estrenarlo el 10 de noviembre de 1892 en el Teatro Novedades de Barcelona, con una compañía de poco renombre en la que Carlota de Mena hacía el papel de Dolores, Federico Parreño, el de Lázaro y Ricardo Simó, el único actor relativamente conocido, el de Rojas, el sargento andaluz. El drama obra tuvo cierto éxito y se representó también en Zaragoza y algunas provincias, pero no dejó de considerarse como una más de las muchas obras que tenían lo aragonés como motivo y se movían dentro de unas coordenadas previsibles. Tardó, pues, varios meses en que fuera aceptado en Madrid, para lo que el autor se sirvió de su amistad con Emilio Mario, director de la compañía del Teatro de la Comedia.

teatro-de-la-comediaEste teatro era frecuentado por un público burgués que consideraba de poco gusto, las obras rurales y regionales, por lo que Mario, que había fracasado con otra obra de Feliú y Codina, decidió estrenarlo, como de relleno, a título de “experiencia” y en las peores condiciones posibles: bien avanzada la temporada, en un domingo que coincidía además con la onomástica de los innumerables Pepes, en el tercer turno de abono y con el público cansado de obras y beneficios de artistas. Esta experiencia constituyó un antecedente del éxito de Juan José (1895), del bilbilitano Joaquín Dicenta, drama con protagonistas proletarios, cuyo estreno en este teatro se consideraba una insensatez. Sin embargo, se convirtió en la obra cumbre de su género y, tras el Tenorio, probablemente, la más representada en el teatro español durante el periodo que medió entre su estreno y 1936.

Por otra parte, la compañía no confiaba en la obra y se ensayó a desgana y con grandes reservas, sobre todo por parte de María Guerrero, que hasta lloraba, aunque después se adentró en el papel de tal modo que conservó el acento aragonés durante mucho tiempo, incluso mientras representaba otro tipo de obras. María Guerrero estaba en sus inicios, y aún no se había convertido en la gran dama del teatro español en que se constituyó durante mucho tiempo. Su personaje era muy diferente a los de su habitual repertorio dramático, con el que se había revelado poco antes, concretamente en el papel protagonista de Mariana de don José de Echegaray. El resto de los actores se distribuyó los papeles un poco al buen tun tun. Así el primer actor Emilio Thuillier, hizo el papel más desairado, el del chulo Melchor, pensando que apenas iba a durar en escena. Francisco García Ortega, que no había pasado de segundo galán, más bien cómico, alcanzó el rango de primer actor interpretando el papel del seminarista Lázaro. El director, Emilio Mario, encarnó al sargento andaluz y la también famosa Sofía Alverá, el de Gaspara, la propietaria del mesón.

A pesar de todas estas circunstancias la obra, estrenada el 19 de marzo de 1893, resultó un éxito inenarrable desde la famosa copla con la que el drama comenzaba y, al final, Feliú y Codina fue paseado a hombros. La crítica, en cambio, no fue unánime, tal vez porque el autor no era renombrado, aunque predominara el entusiasmo. José Yxart, el mejor crítico de la época, escribió, aludiendo a su localización espacial: “…región española famosa por la brutal rudeza de sus pasiones. Y con esto, la pasión y la vida, inmediatas y directas, del breve drama, han podido mostrarse, por entero, con toda su fuerza, con todo su ardor, sin los enfriamientos de una mayor cultura: todo músculo y todo nervio… Obra genuinamente española, inconfundible con la de ningún otro teatro, por el modo de sentir y por el modo de hablar: por la pasión y por la decoración”. Exaltó también el magnífico escenario de la posada y concluyó que era “obra de extraordinaria excelencia” en la mejor tradición de la literatura castellana. Esta vinculación de la obra con nuestro mejor teatro clásico fue señalada también por otros críticos.

Fray Candil, a su vez estampó: “hermoso drama realista a la usanza antigua… que recuerda nuestras novelas ejemplares… conmueve a la vez que divierte… las costumbres tienen su característica local, hasta sus olores y sus matices… ha llevado a las tablas un pedazo de la realidad qué el ha visto y le (sic) ha llevado con la sencillez de procedimiento de Ibsen”.

Fue, sin embargo la Pardo Bazán, quien le dedicó un entusiasta  artículo, la que más hizo por remarcar la trascendencia de La Dolores. El circunspecto Clarín, en cambio, que tantas veces se equivocó, no dio todo su valor a la fuerza dramática y sí se entretuvo en registrar ripios e incorrecciones.

De una forma u otra, La Dolores se convirtió en un nuevo emblema teatral y el maestro Bretón, probablemente, el más prestigioso de los músicos de su época, impresionado por el argumento, pidió permiso a Feliú para confeccionar un libreto lírico, tal como él lo sentía. Este prurito por escribir los textos, que también se dio en Chueca, no era la primera vez que afectaba a Bretón y ya lo había hecho con Los amantes de Teruel, aun cuando todos estimasen que sus cualidades como autor eran más que discutibles y así lo muestra el libreto de la zarzuela, inferior al del drama, que contrasta con la esplendidez de la música.

teatro-de-la-zarzuelaLa obra se estrenó en el Teatro de la Zarzuela el 16 de marzo de 1895, con una excelente escenografía, y los aplausos comenzaron ya al concluir la introducción, se repitieron y se hicieron ovación formidable en la jota con que termina el primer acto hasta el delirio final. Bretón fue llevado en hombros a su casa. La interpretación corrió a cargo de Matilde Corona, en el papel de Dolores; el tenor Simonetti, en el de Lázaro; y el barítono Sigler, en el de Melchor. Se representó 63 veces consecutivas, cifra enorme en un tiempo en que la abundante producción y la afición del público al teatro, implicaba constantes cambios en las carteleras. Después recorrió en triunfo España, los países iberoamericanos y distintas capitales europeas. La obra entró en el repertorio de muchas compañías líricas y se representó continuamente hasta los años treinta. La Dolores pasó a ser considerada como la obra más sólida del maestro salmantino, que, tan sólo un año antes, ya había conseguido un gran triunfo popular con La verbena de la Paloma.

Sin embargo, la Academia, que en 1892 había premiado a Mariana de Echegaray en detrimento de La Dolores, también preterió esta vez la versión musical aunque, en compensación, otorgó el premio de 1896, a María del Carmen, otra obra de Feliú y Codina de ambiente murciano, claramente inferior. Tanto Bretón, como Feliú y Codina fueron sucesivamente homenajeados, pero éste no volvió a conseguir un éxito similar. Su última obra, La real moza, fue un medio fracaso, lo que le ocasionó un enorme disgusto, exacerbado por unos comentarios despectivos que se atribuyeron a María Guerrero. Se dice que esto influyó en el derrame cerebral que en mayo de 1897 ocasionó la muerte del escritor, que padecía de obesidad y apoplejía, pero al que aún faltaba un mes para cumplir los cincuenta años.

A veces, el hoy y el ayer no andan tan distantes. Tras el triunfo de La Dolores, los escritores catalanes dieron un banquete a Feliú y Codina, no sin resaltar que se ofrecía no al autor dramático, sino al escritor catalán y que, si se había homenajeado a Galdós y Echegaray, justo era ofrecer idéntico agasajo a un esclarecido hijo de Barcelona. Sus colegas madrileños apresuráronse a decir que si les placía lo del paisanaje más que la gloria del poeta español, bien estaba el banquete, al que ellos se adherían sin ningún tipo de resquemor.

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José Feliú y Codina

                                                                    La zarzuela de ambiente aragonés

El periodo de esplendor de este subgénero zarzuelero puede situarse entre 1880 y 1910. La gesta de los Sitios, cuyo eco se mantuvo vivo en Europa hasta vencido el siglo XIX, había incrementado la “buena prensa” de lo aragonés, lo que, junto al preferencia que el público peninsular deparó a la jota y la buena consideración, no exenta de paternalismo, en que muchas regiones han tenido los aragoneses, provocó la moda del género. El erudito Deleito y Piñuela llegó a escribir: “Los aragoneses han tenido suerte en el teatro, presentándoseles como ‘arrendatarios’ del valor, del patriotismo, de la lealtad y de todas las virtudes, en contraste con la zumba de que las demás regiones y provincias, Madrid inclusive, fueron objeto mil veces”.

El estreno de La Dolores incrementó la moda. El crítico Salvador Canals, en la misma línea de la anterior cita, escribió por entonces: “Por desarrollarse en Aragón, la más castiza de las regiones españolas, y por descansar sobre la jota, lo más típico de nuestro espíritu… La Dolores es un asunto genuinamente español”. Después vinieron obras como El dúo de “La Africana” (1893), con su famosísima jota, y Gigantes y cabezudos** (1898), que, al coincidir con el fervor patriótico que deparó la guerra con los Estados Unidos, fue otro hito del género lírico. Ambas obras fueron musicadas por Fernández Caballero. Inmediatamente, se estrenó El guitarrico (1900), hoy a punto de cumplir su centenario. Entre la primera y la última de las citadas, y en sólo ocho años, hay al menos otras veinte obras líricas localizadas en Aragón. A partir de entonces, siguió el goteo y, entre muchas decenas, podrían señalarse por su trascendencia, Los de Aragón (1927), La Dolorosa (1930), ambas con libreto de Juan José Lorente y música de Serrano, y El divo (1942), con música de Díaz Giles. Como los extremos se tocan, respecto a la moda de lo aragonés, el hoy y el ayer en nada se asemejan.

*Este artículo, publicado en Heraldo de Aragón (26-XI-2000), recibió el Premio Mesón de la Dolores de Periodismo en el año 2000.

**https://javierbarreiro.wordpress.com/2011/07/22/gigantes-y-cabezudos-en-la-zarzuela-de-ambiente-aragones/

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El Mesón de la Dolores antes de su reconstrucción

CAMILA GRACIA SALILLAS, Huesca, 15.VII.1909 –Huesca, 2.XII.1988.

Gracia, Camila

Nacida en una humilde familia del barrio del Pilar, su padre, León, era danzante mayor y, como tal, aficionado a la jota, así como lo era su madre, Petra. La primera actuación pública de Camila se dio en la Iglesia de las Capuchinas cantando a la Virgen del Pilar, cuando aún no contaba los trece años. En sus inicios recibió clases de Marieta Pérez Barón y su primera actuación importante se dio durante las fiestas de San Lorenzo de 1924 en las que actuó en el Teatro Principal. Preparada desde 1925 por Fidel Seral, quien le enseñó rápidamente, ya que Camila disponía de una gran intuición para asimilar los estilos, años más tarde la unió a Gregoria Ciprés para Gracia, Camila-Estampa-1fotoformar uno de los mejores dúos femeninos de la jota cantada. Sin embargo, su primer cantador acompañante fue Mariano Ramón, con el que recorrió la provincia y llegó a ser llamada “La Perla del Isuela”.

1930 fue su año de consagración. En abril ganó el Premio de las Fiestas de Pascua oscenses, por delante de María Liarte y Mariano Ramón. Meses más tarde, en las zaragozanas Fiestas del Pilar, obtuvo el Primer Premio del Certamen Oficial, por delante de Mariano Sánchez y Felisa Galé, y sorprendió gratamente a un público que no la conocía. A los pocos días le llegaron contratos para Barcelona, donde actuó con José Oto y Felisa Galé en el Teatro Circo Barcelonés. En el Price de la capital debutó a principios de diciembre. Fleta, que acudió a escucharla, la invitó a comer en su quinta de la Ciudad Lineal y le insistió en que se dedicara al género lírico, lo que, al parecer, el divo aconsejó a todos los joteros a los que escuchó, y aun a aquellos a los que no lo hizo, si hacemos caso de lo que se predica de muchos de ellos, sólo que en este caso fue cierto, incluso propuso a su paisana que abandonara la jota “porque extiende mucho la voz”.

En 1931 ya había grabado sus primeros discos con la casa Polydor, fue contratada en el prestigioso Coliseo dos Recreios de Gracia, Camila con Gregoria Ciprés y Fidel SeralLisboa, se casó en agosto con Manuel Borruel y consolidó el dúo con Gregoria Ciprés, un clásico en el mundo de la jota. Al año siguiente volvió a ganar el Primer Premio en el Certamen Oficial y el de la madrileña Casa de Aragón. Inserta en el grupo Alma Aragonesa, dirigido por Pepe Esteso, del que fue la principal figura, recorrió España, Francia y Portugal. En 1935 volvería a cantar, en solitario y con Gregoria Ciprés, para la firma discográfica Regal. La guerra civil la encuentra en Huesca y en su transcurso participa en varios actos festivos y políticos. El 19 de noviembre de 1938 actúa en el Casino de Jaca. Es su última actuación registrada en este periodo.

Retirada de los escenarios no volvió a cantar hasta 1950 en la inauguración de Radio Huesca. A finales de 1951 reapareció y, a partir de la muerte de Fidel Seral en 1954, crearía el Grupo San Lorenzo de Educación y Descanso y comenzó a dar clases, que continuaron durante tres décadas, en su ciudad natal, donde fue el alma de la jota. En 1958 estuvo en Madrid enseñando a los amigos de la Jota Aragonesa, que le entregaron su medalla de oro y con los que grabó varios discos, entre otros, la famosa “Magallonera”, que ha quedado como obra insuperable. En 1972 se fundó en Huesca la Escuela Municipal de Jota y fue nombrada profesora de canto hasta que en 1984 hubo de retirarse. Sus funerales fueron multitudinarios, Huesca, que le había ofrecido varios premios, le dedicó en 1989 una calle y varios homenajes. Algunos la han considerado la mejor jotera de la historia del canto aragonés

Dotada de hermosa voz de contralto, su canto fue de gran pureza en los estilos más difíciles, como los pirenaicos o la “fiera” de Fuentes, y nos dejó algunas grabaciones magistrales.

 Gracia Camila-Disco Polydor

                                              DISCOGRAFÍA ESCOGIDA

Un besico me tiró-Un beso me tiés que dar, Polydor BK3827

A flor de labio un cantar-Oye la ronda que llega, Polydor

-(con Gregoria Ciprés), Y de Rodén a Mediana-No hay que cantar entre rejas, Regal K-3170

-(con Gregoria Ciprés), Que la hizo Ramiro el Monje-De Huesca, por Hecho a Ansó, Regal K-3171

Cuando un baturrico ronda la puerta de su baturra-Niña, me das tu palabra-Decir lo mucho que vales, Regal K3174.

Lejos sonara una jota-Para cantar bien la jota, Regal K3177

-Que llevan las ansotanas-Ponen pleito las estrellas, Regal K3178.

-Pulida magallonera, Montilla EPFM 163.

 

                                                           BIBLIOGRAFÍA

-ANÓNIMO: “Camila Gracia Salillas”, La Campana de Huesca nº 22-XI-1998, pp. 50-52.

-AYERBE SANTOLARIA, Rafael, Los Seral, tres generaciones en la jota, Huesca, Alquézar, 1981.

 -BARREIRO, Javier, La jota aragonesa, Zaragoza, CAI, 2000, p. 68.

-, Diccionario biográfico español, vol. XXIV, Madrid, Real Academia de la Historia, 2011, pp. 23-24.

-, Biografía de la jota aragonesa, Zaragoza, Mira, 2013, pp. 188-189.

-GALÁN BERGUA, Demetrio, El libro de la jota aragonesa, Zaragoza, 1966, p. 495-511.

-SOLSONA, Fernando, La jota cantada, Ayuntamiento de Zaragoza, 1978, p. 46.

-SOLSONA, Fernando y Mario BARTOLOMÉ, Geografía de la jota cantada, Zaragoza, Prensa Diaria Aragonesa, 1994, p. 17.

Gracia, Camila006

 

 

JUSTO ROYO RUBIO, El Cebadero, ¿Gurrea de Gallego? (Zaragoza, 1891)- Zaragoza, 1938.

Royo, Justo010

 Su apodo provenía del oficio que su padre ejercía en la Posada de San Blas. Se le considera nacido en la calle de la Tripería, pero en algún concurso al que se presentó en sus inicios, figuraba como procedente de Gurrea de Gállego. De niño vivió el ambiente de arrieros y labradores que llegaban a la posada, donde por las noches se organizaban veladas de jota. El 13 de agosto de 1910 se presentó al Concurso de jota de las fiestas de Huesca y logró un segundo puesto, junto a Rafael Bandrés y por detrás de Juan Antonio Gracia. Miguel Asso, que oyó su muy potente y bien timbrada voz, se ofreció a enseñarle y en 1914 obtuvo el segundo premio en el Certamen Oficial. De carácter sencillo y, según sus convecinos, muy buena persona, en su taller de la calle de Las Armas trabajó de tornero en madera.

En 1926 fue elegido para cantar en los cines mientras se proyectaba la versión muda de Nobleza baturra junto a Pilar Gascón, con la que también acudió a la Exposición de Barcelona, ciudad donde llegó a llamársele “El Gayarre dela jota” y obtuvo muchos éxitos.  En 1930 ambos intérpretes viajaron a Buenos Aires para continuar con el acompañamiento de la citada película y obtuvieron apoteósicos triunfos pero, en la ciudad del Plata, cayó enferma Pilar Gascón, que murió al poco de volver a España. El Cebadero participó en agosto de dicho año, junto a Manuela Liarte y la Rondalla Ramírez dirigida por el tío Matraco, en el estreno de la zarzuela ¡Qué tiene la jota madre! en el Teatro Metropolitano de Barcelona y en 1934 intervino con “Redondo” de Épila en la película Miguelón, interpretada por Fleta.

Desde 1922 grabó muchos discos en solitario y también en compañía principalmente con Pilar Gascón pero también con Jacinta Bartolomé y Francisco Rodríguez “Redondo”. Es de los pocos joteros antiguos cuya obra ha sido remasterizada para su edición en disco compacto.

JUSTO ROYO-CD-GRANDES MAESTROS DE LA JOTA ARAGONESA  VOL.3 2002_400x400

                                                 DISCOGRAFÍA 

-Para luchar y querer-Esta noche vendré tarde. Gramófono AE 907-b

-Baldomero-Olivera- Como los melocotones  (con Jacinta Bartolomé). Gramófono AE 908-a

-Dirigibles y aeroplanos-La pena-Por encima de los moros-La enredadera. Gramófono  AE 924-a

-A quien la sabe querer-De Huesca, Ramiro, el Monje Gramófono 1182-a

-Quise rezar y recé-Y también a los gusanos. Gramófono AE 1182-b

-Lo que me vas a decir-Una chica se perdió-La de Teruel. Gramófono AE 1183-a

-Que es muy pronto pa’casate (La burra)-Ya no la rondan chavales-De baile. Gramófono AE 1183-b

-Pasa la gente ligero-Ansotana pura-Con el pico y la corona. Gramófono AE 1204-a

-Lo que tú con mí no harás-Y se crió en el Rabal-Rabalera Pura. Gramófono AE 1204-b

-Dos cosas hay que tener-El de Pradilla-Pa’mirarse, dos espejos-El sastaguino. Gramófono AE 1205-a

-Es un cante popular-La del Royo-De brillantes y  coronas. Gramófono AE 1205-b

-Ay, que yo te recogeré-La samperina-Amores por ilusiones-La Virgen del Pilar. Gramófono AE1368-a

-Juicio oral- A llorar por ti me fui.  Gramófono 262441 AE1368-b

-(con Pilar Gascón) Fematera-Es la jota y la guitarra-Un beso me tiés que dar, Gramófono AE3015

-(con Pilar Gascón): “La jota que bien se canta-Las campanas del olvido-El pico-La canela- Gramófono AE 3029

-(con Pilar Gascón) El baturrico-De Fuentes se va a Rodén-Si un cariño traicionero-Mañico te hace llorar, Gramófono AE3055

-(con Pilar Gascón) Porque ellas misma lo han dicho-Y los hombres, angélicos. Gramófono 110-1151 AE3137-a

-(con Pilar Gascón): Jotas de Picadillo: Recuerdos para el infierno-Y la suegra de este modo. Gramófono AE3137-b

-Con dos días de retraso-Adiós baturra del alma-Haré con tú una fineza. Gramófono AE3260

-(con Pilar Gascón): Jotas de baile: Ni reñile ni pegale-Te han hecho faja y vestido-T daré te la mereces. Gramófono AE3309-b

Lleva el Ebro agua bendita-Al cielo pide clemencia Gramófono AE3355-a

De una costilla de Adán-Delante hay una mujer. Gramófono AE3355-b

Corazón mío en la calle-Pa’querer hay que querer, Gramófono AE3578

La enredadera-Sabido está el paraíso, Gramófono AE3578

-(con Francisco Rodríguez “Redondo” y Rondallá Orós): Pisando la nieve fría-Si me quieres mandar algo. Gramófono AE3803-b

-(con Francisco Rodríguez “Redondo”: Por el Ebro a Zaragoza-Bendito sea el Pilar. Gramófono AE3837-b

-(con Rondalla Orós) Potpourri de aires españoles 1ª y 2ª parte.  Gramófono  F485

-Que es muy pronto pa’casate (La burra)-Se apostaron a correr.  Regal RS 328-a

-El estilo Fanfarrón-Pero no de Infantería-Tu o quisiste ceder.  Regal RS 328-b

-Para luchar y querer-Que se te pueden caer-Esta noche vendré tarde. Regal RS 331-a

-Quise rezar y recé-el puñal te daré to-Pasa la gente ligero.  Regal RS 331-b

-Si es enero o es febrero-¡Ay!, que yo te recogeré-Y también a los gusanos.  Regal RS 352-a

-Como la caña del trigo-Las penas que me estás dando-De Huesca, Ramiro el Monje. Regal RS 352-b

-A quien la sabe querer-Te he conocido Dolores-De brillantes y coronas. Regal RS 353-a

-(con Pilar Gascón): La caña del trigo-Que se enfada y tira el pan. Regal RS-555

-Tiene cadenas de hierro-Preso en la cárcel estoy, esposa mía. Regal RS 557-a

-Esta noche vendré tarde-Los más firmes en querer-Fematera pura. Regal RS 557-b

-(con Pilar Gascón): El rodete-La canal-Cadenica-Segadores. Regal RS 589.

-Fui curioso y pregunté-Qué aborrecida te ves-Tienen  los aragoneses, Regal RS 591-a

-Dos cosas hay que tener-Pa’mirarse dos espejos-Jota de ronda. Regal RS 591-b

-Pa’querer hay que querer-Quise besar y besé.  Regal RS 618-a

-Las cuerdas de mi vihuela-Y cebada para echarle. Regal RS 618-b

-(con Pilar Gascón): La campana del olvido-Como los malacatones-Tú no quisiste ceder-Por Rodén a Mediana, Regal RS 619

-Rosa de la primavera-El besico que te di Regal RS 675

Justo Royo Regal

-Y vives un una aldea-Uno alegre y otro triste. Regal RS 675-a

-De brillantes y coronas-De Huesca, Ramiro El Monje.  Regal RS 675-b

-Y llevar trabuco nuevo-Ni reñile ni pegale-Te daré, te la mereces.(jotas de ronda). Regal RS 818-a

-Tengo que dale a mi novia-La golondrina a su nido. Regal RS 818-b

-Aunque uno se vuelva loco-Fematera de Belchite-Si madrugas pa’peinate-Oliver. Regal RS 941-a

-Que es muy pronto pa’casate (La burra)-Ya no te rondan chavales-Jota de ronda. Regal RS 941-b

-Se apostaron a correr-Te has hecho capa y vestido-A las orillas del río-Te daré, te la mereces.  Regal RS 966-a

-Para luchar y querer-Y detrás de ti besé. Regal RS 966-b

-(con Pilar Gascón): El baturrico-La sal se te va cayendo-Envidia tengo a la tierra-A los niños hace amar. Regal RS 967Royo, Justo

-(con Pilar Gascón):  Carcelera-Segadores-Es enero-Si te pega tu marido. Regal RS 1141.

-El Beso: Un beso me tiés que dar-El Sastaguino: Te he conocido dolores. Odeón 13418.

-El Taustano: Tú no quisiste ceder-La Infantería: Pero no de Infantería. Odeón 13419.

-La de Tauste-El puñal. Odeón 13420

-Fanfarrón-Carcelera. Odeón 13421

-Zaragozana-Fematera. Odeón 13422

-Enero-La Virgen del Pilar. Odeón 13423.

-Se apostaron a correr-Cuando vengas a buscarme-Rabalera de Mirabella. Odeón 13980

-Rabalera segadora de Mallén-La golondrina a su nido-A quien la sabe querer-Pa’que al Ebro lo llevara. Odeón 13981

-De brillantes y coronas-Carcelera de Sestrica-Uno alegre y otro triste-Rondadera de Alfamén. Odeón 13982

-Quise rezar y recé-Y también a los gusanos. Odeón 13983

-Y noble de corazón-Sabido está el paraíso. Odeón 13984

-Pa’mirarse, dos espejos-Lo que tú con mí no harás. Odeón 13985

-Pasa la gente ligero-¡Ay! que yo te recogeré. Odeón 13986

-Carrico de cuatro ruedas-Los más firmes en querer. Odeón 13987

-Se apostaron a correr-Y llevar trabuco nuevo. Odeón 13988

-Porque no tengo dinero-A segar las cinco Villas. Odeón 13989

-Aunque uno se vuelva loco-Son dos pueblos muy baturros. Odeón 13990

-En el nido la cogí-Tú que eres tan milagrera-Fematera de Jaca. Odeón 13991.

                                                       BIBLIOGRAFÍA

-BARREIRO, Javier, La jota aragonesa, Zaragoza, CAI, 2000, p. 63.

-Voz “Royo Rubio, Justo”, Madrid,  Diccionario biográfico español. Vol. XLIV, Real Academia de la Historia, 2012, pp. 522-523.

-, Biografía de la jota aragonesa, Zaragoza, Mira, 2013, pp. 163-164.

-GALÁN BERGUA, Demetrio, El libro de la jota aragonesa, Zaragoza, 1966, p. 785-787

-SOLSONA, Fernando, La jota cantada, Ayuntamiento de Zaragoza, 1978, p. 42.

-SOLSONA, Evaristo, “Justo Royo ‘El Cebadero’”, El Gancho, enero de 1991, p. 22.

-SOLSONA, Fernando y Mario BARTOLOMÉ, Geografía de la jota cantada, Zaragoza, Prensa Diaria Aragonesa, 1994, p. 86.

Pizarra Justo Royo Odeón