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Para un monográfico sobre el surrealismo en Aragón publicado por El Día de Aragón, que luego se recogió en el libro, La línea y el tránsito, entrevisté por escrito a Don Luis o Luisito, como indistintamente se le llamaba, con el que mantuve una fecunda correspondencia. En la breve interviú da muestras del espíritu transgresor, juguetón y humorístico, que siempre fue su santo y seña.

—¿Cuándo comienzas a interesarte por el surrealismo?

—Después de la guerra. Con Alfonso Buñuel, Doña María Portolés de Buñuel tenía muy bien guardadas y cerradas en cajas, todas las pertenencias de Luis: documentos, libros, películas, etcétera. Alfonso, secretamente, abría una de las cajas y sacaba algo de su contenido. Todo lo que había en las cajas lo leímos de pe a pa, estudiándolo y comentándolo. Luis tenía una de las mejores bibliotecas de surrealismo, con dedicatorias de todos los autores: Bretón, Elouard, Aragón, Tzara, etcétera. Un tesoro, vamos. Un día salió hasta un manuscrito de poesías de García Lorca.

—¿Cuál fue tu contacto con los surrealistas en París?

Poco. Picasso me presentó a Aragón y a Cocteau en el Père­ Lachaise, cuando enterraban a Paul Eluard, el 20 de noviembre de 1952. A quienes veía con frecuencia era a Honorio García Condoy, a Oscar Domínguez y al secretario de Picasso, Jaime Sabartés. A Miró lo conocí en Barcelona cuando me hacía escapadas al Liceo. Me lo presentó Prats, el sombrerero. A Dalí, en 1975, en el Hotel St. Regis de Nueva York, en compañía de Gala. A José Gutiérrez Solana y a Benjamín Palencia, en el año 1941, en Madrid, cuando trabajaba en las zahurdas de Plutón (sucursal del Banco de Aragón).

Háblanos de tus libros, exposiciones y actividades desde tu marcha de Zaragoza a los Estados Unidos.

—He hecho uso del surrealismo en mis treinta años de enseñanza en los Estados Unidos con resultados muy positivos. Un ejemplo: cuando expliqué en la Universidad de Yale a Unamuno, fui con el ojo derecho cubierto con gasas y esparadrapo. Al final de la clase escribí en la pizarra la frase de Unamuno “Creer es crear”. Me quité el esparadrapo y la gasa y los estudiantes vieron que nadie me había pegado una hostia, que es lo que ellos habían pensado durante toda la clase. En las reuniones de los antiguos alumnos de Yale me han recordado que en su vida se olvidarán de Unamuno. Pues para algo sirve el surrealismo, ¿no te parece? No sólo para dar por el culo a los rinocerontes hembras o para repetir en las letanías del rosario “agua con anís» en vez de ora pro nobis.

—¿Crees que el carácter o la cultura aragonesa han sido proclives a la llamada sensibilidad surrealista?

—En 1947 invité a José Camón Aznar a hablar en la Academia Miral de la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza sobre José Gutiérrez Solana. En el banquete que le dimos en el Restaurante Flor, de la plaza de España, en compañía de Rafael Gastón Burillo, Pedro María Ágreda y Antonio Ruiz de Elvira, nos dijo que el surrealismo era producto aragonés y que había nacido en Aragón. Años más tarde, repitió lo mismo Eusebio García Luengo, “en Aragón el surrealismo es planta espontánea»,  pensamiento que incluí al comienzo de mi Ciudadano del mundo (La biblioteca de la Univer­sidad de Zaragoza tiene copia de los programas de la Academia Miral, de la que yo era secretario). Lo que decía Camón es verdad. Ahí están los dos bilbilitanos: Marcial y Gracián. Hay un epigrama del primero que describe la chorra de un gachó que era tan “gallarda» que cuando se le empinaba tocaba la punta de su nariz. Y no digamos nada del conceptista. Luego Goya, el milagro de Calanda y Buñuel.

—Pese a las proclamas teóricas del movimiento, ¿crees que la llamada actitud surrealista se vincula más a la inteligencia que a la espontaneidad?

—Aquí habría que dar suelta al intelecto, dejando así a la exacta inteligencia que ahuecara con espontaneidad en mi poroso cerebro, que es como se me quedó después del aneurisma que tuve, con coma y todo, pero sin punto final. Mala yerba nunca se ablanda.

—¿Hubo en la Zaragoza de los años cuarenta un círculo de intelectuales interesados en el surrealismo?

—Claro, el más importante de España. El “sumo pontífice» era Alfonso Buñuel. Y sus acólitos, Manuel Derqui, Miguel Labordeta, Julio Navarro, Javier Calvo Lorea, Eduardo Cirlot (que estaba haciendo la mili en Zaragoza) y este humilde servidor de usted. Este grupo era mucho más importante que el de las Islas Canarias, que ya es decir.

—¿Cuál es tu imagen de Miguel Labordeta? ¿Y de Alfonso Buñuel?

—Eran mis dos tipos cojonudos, únicos. Todo lo que pudiera decir es poco. Eran dos íntimos amigos y podría contar tanto, que no sé por dónde empezar. Ya perdonarás. Pero si te puedo decir otras cosas más sencillas. Por ejemplo que después de confesarme y comulgar me la meneo todas los viernes, por ser habeas corpus de Venus, a las dos de la tarde bajo un sauce llorón, con aullidos mortales y sacándome del hueso todo el freudiano tuétano ad libitum. Por la noche, en el cuarto de los suplicios cumplo con mis religiosos deberes conyugales, entregando mi habeas corpus a mi joven mujer, María, guapa y buena de verdad y usted que lo vea.

(Publicado en Javier Barreiro, La línea y el tránsito, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1990, pp. 304-306).

Sobre Luis García-Abrines, también puede verse en este blog: https://javierbarreiro.wordpress.com/2016/06/20/la-palabra-oculta-de-aragon-luis-garcia-abrines/

 

 Define en una frase quién era Amparo Poch?

-Una médica libertaria que, en la parte central y más conflictiva del siglo XX, desarrolló una gran labor en favor de la mujer obrera y de los desfavorecidos.

-Define en una frase por qué fue importante A. Poch?

-Por ser pionera en obtener una licenciatura universitaria, en escribir publicaciones en favor de la libertad de la mujer y trabajar gratuitamente para promocionar la higiene de las mujeres, propagando  los conocimientos sobre anticoncepción, la maternidad, el amor libre…

-Cuál era la situación de la mujer en España cuando crece Amparo?

-Leyes retrogradas en la familia y en el matrimonio, una mayoría de la población femenina, en gran medida tutelada por la Iglesia, sin posibilidad de voto… Incluso su situación no era mucho mejor en sectores progresistas salvo excepciones, como,por ejemplo, sucedía con Lulú, la compañera de Durruti.

-¿Cuándo nace Amparo Poch y en qué ambiente crece?

-Nace el 15 de octubre de 1902, día de Santa Teresa, con la que tiene alguna concomitancia. Clase media muy conservadora, lo que se incrementa con su padre militar y el ambiente en que ella se desenvolvía, al menos hasta que comienza sus estudios universitarios.

-Qué movilizaciones sociales existían en la Zaragoza de los años 20?

-Desde 1918 a 1923, Zaragoza registró el mayor número de huelgas de todo el país. En el verano del 23 fue asesinado del cardenal Soldevilla y sólo entre 1922 y el advenimiento de la Dictadura (13-9-1923) hubo tres huelgas generales y 19 parciales, aparte de atracos recaudatorios, el asesinato del policía López Feced y numerosos atentados entre sindicalistas y elementos al servicio de la patronal.  

-Cómo se implica Amparo en ellas?

-Su implicación es, más que nada, a través de su enfoque social en el ejercicio de la medicina, con sus trabajos en periódicos como La Voz de Aragón, La Voz de la Región, Tiempos Nuevos y otros, sobre todo a partir de la República, en los que defiende, las ideas libertarias, feministas y de progreso.

-¿Qué relación tiene con el anarquismo?

 -Como es sabido, Aragón era, con Cataluña y Andalucía, la mayor cantera anarquista en España: los hermanos Ascaso, los hermanos Carrasquer, Felipe Aláiz, Ángel Samblancat, Ramón Acín, Torres Escartín, Ramón J. Sender, etc. En 1919 la CNT tenía 15.000 afiliados en la región y la UGT, apenas 1.000. Dado su sentido social y sus amistades, lo normal es que muy pronto se adhiriera a las ideas libertarias. 

-Qué formación tiene Amparo en aquella época?

-Los estudios de Magisterio, por supuesto, los de Medicina, más las lecturas que, a partir de sus contactos con el periodismo y los ambientes progresistas, sindicalistas y libertarios, fue realizando.  Ella fue una magnífica estudiante.

-Cómo ve el papel de la mujer en la sociedad de los años veinte?

Lo cierto es que en las clases burguesas o pequeño-burguesas, hubo grandes avances, sobre todo en cuanto a la libertad de comportamiento, de indumentaria, de horarios, de huida del  control que ejercía la iglesia… Se debatían asuntos como el divorcio o la contraconcepción que antes eran tabú. Hay mujeres que practican el naturismo, el amor libre… Pero, naturalmente, la mayoría seguía anclada en la esclavitud de los prejuicios.  

¿A que se dedica profesionalmente al concluir la carrera de medicina?

-Sobre todo a la divulgación científica dirigida a las mujeres, en especial, las obreras: higiene, sexo, anticoncepción, maternidad, puericultura… Su Cartilla de consejos a las madres es de 1931; también se dedica al ejercicio del periodismo. Como mujer se le prohibió ejercer la medicina, pero se colegió el 3 de octubre de 1929 y pronto fue vicesecretaria del Colegio de Médicos. Tuvo consulta en su casa de la Calle Madre Rafols y, después, en el nº 30 de la calle Cerdán, vía urbana hoy desaparecida, A las mujeres sin recursos no les cobraba.

-Cuál crees que era el modelo de mujer por el que luchó Amparo Poch?

-Lo refleja muy bien el nombre de la Asociación en la que militó desde su llegada a Madrid: Mujeres libres. El concepto de libertad en su tiempo y en el nuestro era muy diferente y la libertad de la mujer de hoy parecía una utopía.

-Qué aspectos destacarías de su pensamiento en el campo de la sexualidad de la mujer?

Muy cercano al que tenía Hildegarth, con la que compartía muchas ideas. Necesidad de información, de higiene y de posibilidades económico-sociales de disfrutar del propio cuerpo y el de los demás sin ataduras, complejos o condicionamientos. Uno de sus textos más significativos es “Elogio del amor libre” (1936).

-Crees que la situación de la mujer hoy se asemeja a su ideal de mujer?

-Se aproxima bastante, al menos en las sociedades occidentales. Si Amparo tuviera posibilidad de visitar hoy cualquier ciudad europea se maravillaría al comprobar que casi todo lo que por ella luchó se ha conseguido.

-Cuáles son las principales publicaciones de la época en Zaragoza?

La Voz de la Región. La Voz de Aragón, luego en Mujeres españolas y revistas cercanas al anarquismo como Orto, Estudios, CNT, Solidaridad Obrera…

-En cuáles de ellas escribe Amparo? Cuáles era las que leía?

Leería La Novela Ideal, la colección de narrativa anarquista que lanzó Germinal Esgleas y otras colecciones de Novela Corta de índole progresista, como La Novela de Hoy, La Novela Semanal, Los Novelistas. Y, seguramente, al Dr. Félix Martí Ibáñez, la firma más señera de la medicina libertaria.…

*Producido por Institut Catalá de les Dones

V. también en este blog:

https://javierbarreiro.wordpress.com/2011/02/06/amparo-poch-el-hallazgo-de-un-personaje/

(Entrevista de Luis Alegre, publicada en la sección “El patio del recreo” de Heraldo de Aragón, 16-VII-2017)

¿Recuerda qué le hizo reír por primera vez?

-Mi padre intentando coger para mí la luna o convirtiéndose en la estatua del explorador Livingstone, que veíamos en un estereóscopo. Tendría dos o tres años.

¿Y lo que le hizo llorar?

-Sobre todo, a mis tres años, la extracción de las amígdalas en vivo, sujetado por un fornido  enfermero.

¿Qué era en el patio del colegio? (el líder, el gracioso, el empollón, el gamberro..)

-A los nueve o diez años, en el curso anterior al ingreso de bachiller, fui a la vez el líder y el gracioso pero, antes y después, pasé bastante inadvertido.

¿Se sentía alguien raro, especial, diferente?

-Sí, claro. Como hiperemotivo, no entendía la crueldad del mundo, la de los niños, la injusticia, la miseria, la desigualdad aunque, probablemente, yo también fui a veces cruel o injusto sin advertirlo.

¿Recibió algún castigo que le dejara huella?

-Puede que fuera el primer día que entré, con cuatro años, en un colegio de monjas, que, en general, no eran malas. Pero siempre he sido torpe y se me cayó en clase algo de la mantequilla del bocadillo. A la monja no se le ocurrió mejor escarmiento que toda la clase corease “¡El mantecoso!, ¡El mantecoso!”  y entonces no estaba gordito, como ahora. No prosperó como mote pero, luego, me pusieron otro también relacionado con la merienda.

 ¿Qué es lo que más le gustaba hacer cuando no estudiaba?

 -Jugar e imaginar.

 ¿Cuál fue la calle de su infancia?

-Nací en la calle Colón, todavía  sin asfaltar entre el Camino de las Torres, también sin asfaltar y flanqueado por una acequia, hoy subterránea, y una calle Tenor Fleta, con la vía del tren descubierta. Pero mi madre, que tenía pujos de señorita, no quería que jugásemos en la calle

 ¿Qué es lo que más y lo que menos le gustaba del lugar –ciudad o pueblo- en el que vivía?

-Siempre me gustó callejear por el centro. Zaragoza todavía conservaba rincones llenos de misterio, tiendas raras…

 ¿Cuál es el episodio de su infancia o adolescencia que con más frecuencia vuelve a su memoria?

-Muchos, por ejemplo, la felicidad que me deparaban las reuniones familiares -éramos un montón de primos- en la enorme casa de mi abuela paterna, llena de cosas raras y cachivaches. Tenía buena memoria y buena voz y a veces, cantaba fragmentos de zarzuela a la familia. De la adolescencia, por autodefensa, no quiero ni acordarme.

 ¿Echa de menos haber hecho algo en su infancia? 

-Muchas cosas: viajar, aprender música, aprender idiomas… Los niños que han estado en muchos lugares salen mucho más espabilados. Y no es mi caso.

¿Tenía mucha conciencia política?

-Empecé a adquirirla en 6ª y Preu, los dos últimos cursos del bachiller antiguo.

¿Qué imagen tenía de Franco?

-De crío, creo que neutra. Era omnipresente y aburrido. Mi padre, que se decía liberal, no se atrevía a decir nada al respecto. Años  después, sí.

¿Era alguien muy religioso?

-A pesar del ambiente del colegio: misa, ángelus y rosario diario, la verdad es que no. A los catorce años dejé de creer. Me empezaron a gustar las chicas y decidí que una doctrina que prohibía eso era una mala doctrina.

 ¿De qué modo le hizo sufrir el sentido del pecado, la sensación de mala conciencia?

-De niño, la típica desazón de poder ir al infierno, por el sinnúmero de pecados que había en el catecismo. Lo de las ánimas del purgatorio –al que me creía destinado- también me parecía el colmo de la injusticia y, si echaba limosna, iba para ellas.

 ¿Hasta qué punto influía en su conducta el peso del “qué dirán”?

-De adolescente, cualquier cosa me daba vergüenza –no sé por qué- hasta llevar el periódico en la mano. Y eso que aún no sabía lo malo que puede ser un periódico.

¿Cuál fue su primer contacto con la muerte?. ¿Pensaba a menudo en ella? ¿Le angustiaba o le provocaba algún tipo de tormento?

-La de mi tía abuela Carmen, cuando tenía unos ocho años. Pero la muerte nunca me ha impresionado demasiado. Creo que hay que tener buena relación con ella; es nuestro acompañante más constante.

¿Cómo ganó su primer dinero?

-Vendiendo a domicilio la Enciclopedia Monitor con 17 años. Trabajos horribles pero que me ayudaban a superar la timidez.

¿Hizo alguna locura o disparate que le haga sentirse especialmente orgulloso? 

-De eso, siempre he coleccionado.

¿Cuál fue la primera estrella de cine que le fascinó?

-Burt Lancaster y Gina  Lollobrigida.

¿Y la primera chica que, en la vida real, le provocó una emoción inolvidable?

-Hubo bastantes episodios agradables, pero inolvidable es mucho decir. A la primera de las inolvidables, la conocí con 22 ó 23 años.

¿Cuál fue la primera canción que memorizó?

-Mi madre cantaba mucho y yo, de crío, tenía una excelente memoria, así que fueron muchas y no sabría decir una.

El cine, el fútbol, los toros y la radio reinaban en esa España. ¿Qué relación tuvo con ellos?

-Con el cine, intensísima y muy gozosa. Me parecía una injusticia intolerable que hubiera películas para mayores y que la censura  cortase o prohibiese otras. Los toros desde niño me parecieron una fiesta incomprensible. No entendía cómo  alguien podía divertirse viendo torturar un animal ensangrentado. Si había en la tele, apagaba la televisión y mi familia me lo consentía. El fútbol siempre me ha gustado mucho y la radio, también.

De todo lo que le enseñaron sus padres, ¿qué es lo que caló en usted con más fuerza?

-Lo insostenible de la mentira.

¿En qué momento pensó a qué dedicar su vida?

-Siempre supe que quería leer y escribir. Mi vocación fue muy temprana.

Si pudiera viajar en el tiempo y regresar a sus primeros años durante un día, ¿a qué día volvería?

-Al día en que me iban a engendrar mis padres para intentar convencerlos de que lo dejaran para un poco más adelante y así no tener que experimentar durante tantos años la purria clerigo-militar y la suciedad moral del franquismo. Hoy, en cambio, ante tanto progre iletrado, los militares me caen bien.

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Otras entrevistas: 

https://javierbarreiro.wordpress.com/2012/06/05/entrevista-de-raul-lahoz-con-el-firmante/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2017/06/27/entrevista-con-javier-barreiro-en-analecta-malacitana-junio-2017-por-manuel-galeote/

Realizada por Manuel Galeote, Analecta Malacitana, revista de la Universidad de Málaga, AnMal Electrónica 42 (2017) M. Galeote ISSN 1697-4239.

Javier Barreiro es autor de innumerables publicaciones, como su monumental Diccionario de autores aragoneses contemporáneos (1885-2005) (Zaragoza, Diputación Provincial, 2010), en el que invirtió varios lustros. En su trayectoria investigadora, sobresale el esfuerzo por rescatar las figuras de la bohemia finisecular, la galería de escritores raros y olvidados de principios del XX, así como la discografía española más antigua. Ha reivindicado a los autores heterodoxos y que han antepuesto el alcohol, las drogas o la muerte a la literatura y la vida. Su infatigable rastreo de pistas bio-bibliográficas sobre ellos ha fomentado su dedicación constante a la bibliofilia y al coleccionismo de publicaciones periódicas, revistas, partituras o registros sonoros, incluidos los cilindros de cera, las pizarras monofaciales y cualquier otro soporte. Tiene en prensa dos libros que verán la luz en el último cuatrimestre de 2017, Alcohol y Literatura (en Ediciones Menoscuarto) y una edición de La Cochambrosa, la primera y hasta ahora desconocida novela del malagueño Pedro Luis de Gálvez (1882-1940), que publicará Renacimiento.

«La bohemia española tuvo mucho más de forma de vida que de patrón estético»

Manuel Galeote: En los albores del siglo XX, tras el Desastre colonial de 1898, antes de la Primera Guerra Mundial, ¿encuentras en España un mundo literario lleno de bohemios? En tus libros, por ejemplo, Cruces de Bohemia (2001) y Galería del olvido (2001), ¿cómo se presentaba esa galería de escritores bohemios?

Javier Barreiro: Muchos de los bohemios escribieron acerca de sí mismos y de su ambiente. Pero muy poco nos dejaron de su auténtica identidad. Pinceladas abruptas, un poco de conmiseración y  algo de risa. Pero a esos bohemios los recordamos porque escribieron. Muy poco podemos reconstruir de su vida. Los retazos con que los pintaron sus contemporáneos son impresiones o recuerdos recogidos de otras impresiones. Por ellos sabemos que pedían, bebían, olían y dormían en la calle o en tugurios peores que la calle. En suma, era gente paupérrima y arrostraban la certeza de que no iban a gozar ocasión para dejar de serlo. Si la bohemia en sus inicios románticos estuvo vinculada a la poesía, a partir de la Restauración se agrupó en torno al periodismo, superficialmente estudiado, entre otras causas, porque gran parte de aquellas publicaciones se ha perdido. Fueron principalmente los diarios republicanos promovidos en torno a Ruiz Zorrilla los que congregaron el mayor contingente de bohemios activos, aunque no faltaron en la prensa de otros colores. Cuando la tripa suena, parece que se abaten los escrúpulos. Pero, como no podía ser de otra manera, los bohemios constituían una curiosa amalgama de idealismo y picaresca. Ambas actitudes se fundían o se disgregaban según la circunstancia impusiera mecanismos de solidaridad o necesidad. De cualquier modo, la bohemia española, sin ánimo de categorizar sus rasgos y periodos, tuvo mucho más de forma de vida que de patrón estético.

MG: Los bohemios se marcharon… Recuerdo tu libro Un hombre que se va… Memorias de Eduardo Zamacois (2011). ¿Por qué leer a Zamacois en el siglo XXI?

JB: Nadie mejor situado que Zamacois para darnos una crónica histórica, sociológica y literaria del siglo que le tocó vivir. Sobre todo literaria, porque estuvo en el centro, como testigo y en abundantes ocasiones como protagonista, de muchos de los acontecimientos más significativos de su tiempo. Zamacois fue protagonista y testigo del problema cubano y los pujos regeneracionistas de toda una época, coetáneo del modernismo que, si estéticamente le tentó poco, hubo de vivir con intensidad en sus años de redacciones y bohemias. Si decimos bohemia, Zamacois conoció y trató a todos sus servidores, desde aquellos con pretensiones de exquisitos hasta los más zarrapastrosos y desmandados, como Pedro Barrantes. Vivió, ¿cómo no?, en París, durante unos años. Dirigió la revista sicalíptica más popular de su tiempo, La Vida Galante, y no es de destacar aquí la relevancia que en la vida, la música y el teatro español tuvo esta apertura de mentes y costumbres traídas por el entorno teatral y periodístico de lo que se llamó sicalipsis. Respecto al protagonismo del escritor pinareño en la fundación de un subgénero literario como el que constituyeron las colecciones de novela corta, tan fundamental en la España de sus tres décadas (1907-1936) literariamente más importantes de los últimos siglos, es asunto al que ya se le han dedicado libros y que, venturosamente, los estudiosos están poniendo en los últimos tiempos en su merecido lugar. A Zamacois no le bastó con ello sino que fue, junto a Felipe Trigo, el más influyente de los novelistas eróticos de su tiempo; conoció y visitó América, al fin su continente natal, tanto y tan bien, que muy pocos escritores españoles pueden igualarlo y aquí habría que citar al eximio y desdichado Eugenio Noel. El arte por antonomasia del siglo XX, el cine, no le pasó inadvertido y tuvo un contacto directo con él, como bien nos explican esas memorias que edité, junto a Barbara Minesso, y se publicaron en Renacimiento. Lo tuvo, igualmente, con otro de los fenómenos tan propios del siglo como fue la radiofonía. Y, en sus últimos años en la Argentina, también con la televisión.

MG: ¿Es esto todo lo que podemos subrayar de Zamacois?

JB: Claro que no. En sus 98 años de peripecia vital —en 2008 se cumplieron ciento veinticinco de su nacimiento— asistió a la guerra de 1936-1939, sobre la que nos dejó una novela, El asedio de Madrid, y dos libros de crónicas, vivió después un largo destierro, con regreso y, tras el toque de chufa, renovada escapatoria, al estilo de Max Aub. Todavía en su exilio y con muchos años a cuestas, tuvo oportunidad de conocer y trabajar en Hollywood y, en fin, un montón de cosas más, de las que sus memorias dan cuenta.

                        «Hay centenares de escritores olvidados que merecerían una atención»

MG: ¿Nos hemos olvidado hoy, un siglo después, de aquellos grandes bohemios?

JB: Prescindiendo de los memorialistas, que en sus libros de recuerdos utilizaron a los protagonistas de la bohemia para surtirse de anécdotas, los tratadistas de la crítica, salvo en los dos últimos lustros, se han acercado a ella armados de precaución y con toda clase de prevenciones. El polígrafo y arduo erudito Sainz de Robles, que conoció y trató a muchos de estos escritores aunque fuera de modo superficial, tuvo el mérito inaugural de su reivindicación pero, hasta muchos años después de publicarse, sus libros fueron desatendidos. José Fernando Dicenta, que se aproximó a varios de estos pintorescos personajes por su parentesco con Joaquín y porque entre sus adláteres había quien los conoció personalmente, vio saldado su muy interesante libro sobre la bohemia. La crítica universitaria se acercó en principio a ella de manera tangencial. Zamora Vicente, en sus estudios acerca de Valle-Inclán, y Andrés Amorós, en los que dedicó a Pérez de Ayala, hubieron sin embargo de tomarla en cuenta y a ellos debemos las primeras aportaciones. Allen Phillips, Iris Zavala, Manuel Aznar y Claire-Nicolle Robin siguieron desbrozando caminos. La publicación de las memorias de Cansinos y la reivindicación de figuras, en su día ya consagradas, como las de Gómez de la Serna y González Ruano, comenzaron a poner de moda a esta turba de olvidados y en su creciente estima influyó la atención de escritores con eco público como Andrés Trapiello, Juan Manuel Bonet, Luis Antonio de Villena y Juan Manuel de Prada. Cada uno de ellos llegó a este puerto por razones particulares y específicas. Los primeros se los toparon con abundancia en sus correrías en pos de libros viejos. Villena, buscando coincidencias en una marginalidad que hoy ha dejado de serlo. El último que nos ha dejado excelentes páginas afrontadas con voluntad literaria, probablemente, por razones estéticas. Sin que, por supuesto, podamos prescindir de un gusto común por lo desatendido y heterodoxo. Hoy día, con el interés, al fin, suscitado por las ediciones de Novela Corta —en el que, aparte de los mencionados, han tenido protagonismo gentes como Luis S. Granjel, Lily Litvak, Abelardo Linares y Alberto Sánchez Álvarez-Insúa—, la atracción por el conocimiento de la bohemia ha aumentado, incluso existió una colección monográficamente dedicada a la misma. Pero, sin duda, falta la mayor parte del sendero por recorrer.

MG: ¿Hay algún bohemio al que creas que todavía no conocemos ni hemos leído? Es decir, ¿existe una galería de lecturas pendientes?

JB: Bohemios o burgueses, en la llamada Edad de Plata, término que, aunque con límites temporales algo más amplios, no acuñó, como se cree, Mainer, sino Giménez Caballero, hay centenares de escritores olvidados que merecerían una atención. Quizá haga falta un diccionario con una bibliografía, al menos aproximativa, que facilite y encamine la tarea de futuros investigadores, pero allí hay un filón para tesis y trabajos monográficos.

MG: Los bohemios llegaron desde Aragón, Andalucía, etc. a Madrid, y llevaron una vida llena de dificultades. ¿Hay algún paralelismo con la situación de hoy? Por ejemplo, es difícil encontrar editoriales, público, aparecer en los medios de comunicación, etc.

JB: Sociológicamente son dos épocas muy diferentes. Aquel periodo sí que se parece al actual en la cantidad de innovaciones que afectaron a la vida cotidiana. En la época de intersiglos, la electricidad, el teléfono, el automóvil, el fonógrafo, el cine, el agua corriente, las vacunas, el  movimiento obrero y cien cosas más. Hoy, todo lo relacionado con la informática y el mundo digital. En cuanto a la dificultad de editar, ayer y hoy se editaba demasiado. En el sentido de que accedían y acceden a las librerías una gran cantidad de obras que no han pasado por el tamiz de una mediana exigencia.

MG: Desde el punto de vista del mercado, los libros sobre los bohemios, raros y olvidados ¿siguen vendiéndose? ¿Despiertan interés hoy? ¿Quién los lee?

JB: Despiertan un relativo interés porque es un mundo pintoresco y, como se dijo, no muy conocido, pero siempre minoritario. Supongo que los leen profesores, estudiantes, dilettantes y los bichos raros que, afortunadamente, nunca faltan.

MG: En Aragón, gracias a Latassa y hoy gracias a tu Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005), se cuenta con una Biblioteca de autores de esa región española. ¿Qué has aprendido durante la elaboración? ¿Cuáles son las dificultades de una obra erudita de ese tipo? ¿Qué se quedó fuera del Diccionario? ¿Habrá una edición electrónica?

JB: Siempre había hecho yo fichas y reunido bibliografía de autores aragoneses contemporáneos, además de muchos otros que no son aragoneses de nacimiento. Con este material empecé el trabajo, pero en los años de elaboración fatigué bibliotecas, repertorios, bibliografías y, evidentemente, aprendí muchísimo. También aprendí sobre el horror de la burocracia, la informalidad de la gente y mil cosas más, que dan para una conferencia. Las dificultades fueron enormes y menos mal que decidí modificar el primer proyecto, en el que pensaba encargar las voces de los escritores más importantes a especialistas en los mismos. Si lo hubiera hecho así, aún no estaría publicado. Con la colaboración de un ayudante, redacté personalmente las casi 1800 voces con la obra completa y la bibliografía de los autores.
Desde que entregué a la imprenta el Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005), a principios de 2010, no llega a veinte el número de autores que he encontrado después. Por cierto, que en el Diccionario se daba un correo para que, si alguien sabía de algún autor que no se hubiera incluido, me lo comunicase. Hasta el momento, no he recibido ni una sola indicación.
No sé si habrá edición electrónica. Fue un encargo institucional y ésa era la intención, además de enriquecerlo con una iconografía, pero nos encontrábamos en medio de la crisis y no estaban las cosas para alegrías. Sería sencillo acometer esa edición. El copyright me pertenece, así que, si hay quien la financie, no tiene más que ponerse en contacto conmigo.

MG: ¿Cómo ves el futuro de los libros electrónicos, los que no se manchan con el café de la taza derramada, ni con el ron? Los que no arden en la chimenea (algún maestro se jactaba de usar los de jóvenes poetas que recibía como regalo y con los que alimentaba su chimenea). Los libros que no son libros, pues se leen en pantallas retroiluminadas. Son libros que resplandecen como las luciérnagas, como Luces de bohemia.

JB: Quienes amamos tanto el papel, tenemos una comprensible resistencia ante las innovaciones en este terreno, pero reconocemos sus ventajas, sus posibilidades, su necesidad… y, además, sabemos que pueden convivir perfectamente estos y otros formatos. Yo utilizo el e-book para leer en la cama. No pesa, no molestas con la luz encendida a la compañía, si la hay, aparte de las ventajas técnicas que todo el mundo conoce.

«Valle-Inclán, junto Lorca, considerado el escritor español más importante del siglo XX»

MG: ¿Cuál es el legado hoy de Valle-Inclán? ¿Nos iluminan los resplandores de Luces de bohemia o se han apagado?

JB: Casi hasta los años sesenta del siglo XX, Valle-Inclán era considerado, sobre todo, como un excéntrico —lo que es verdad— sujeto activo de anécdotas y demasías. Afortunadamente, han cambiado las cosas y estoy seguro de que, si se hiciera una encuesta hoy, sería considerado junto a García Lorca, como el escritor español más importante de la primera mitad del siglo XX e, incluso, de todo el siglo. La bibliografía sobre él resulta inabarcable y su obra está perfectamente editada. Para mí es, junto a Quevedo, el gran maestro de la lengua española.

MG: ¿Entre los escritores de Aragón, qué puedes decirnos de los dramaturgos?

JB: Puedo decir muy poco. Aragón ha destacado literariamente en el ensayo, el periodismo o la investigación. Hay pocos poetas de calidad y menos dramaturgos. En cuanto a novelistas, salvo la cumbre de Ramón J. Sender y el casi desconocido fuera de Aragón, Braulio Foz, autor de la Vida de Pedro Saputo, que Menéndez y Pelayo denominó el Quijote aragonés, tampoco hay abundancia, aunque en este momento hay autores de calidad como Ignacio Martínez de Pisón o José María Conget. Los dramaturgos aragoneses dignos de citarse en el último siglo son pocos; el más importante, sin duda, Joaquín Dicenta, el inventor y la cumbre del teatro social y obrero en la España de intersiglos. Podemos citar también a Marcos Zapata, con obras de gran éxito en la segunda mitad del siglo XIX, Muñoz Román, el principal libretista de la revista musical, bilbilitano, como Dicenta, y Alfredo Mañas y Alfonso Plou, en los últimos decenios. Cosecha escasa.

MG: Hay también otra pregunta que siempre te habrán formulado: ¿Quiénes han sido las escritoras aragonesas? ¿Quiénes escriben en Aragón después de 1939?

JB: Pocas y mal conocidas, al menos hasta los años ochenta, en los que empiezan a proliferar. Yo citaría a una poeta, no diría que olvidada porque nunca tuvo éxito, pero para mí es la mejor lírica aragonesa del siglo XX. Se llama Sol Acín (1925-1998) y fue hija del artista libertario Ramón Acín, asesinado al comienzo de la guerra. De las muchas que están vivas, habrá que esperar unos lustros para separar el grano de la paja.

MG: Te has interesado por las tradiciones musicales y artísticas, culturales en definitiva, de Aragón. Desde tus Antiguas grabaciones fonográficas aragonesas (2010) hasta la jota (La jota ayer y hoy, 2005), las cupletistas aragonesas (Siete cupletistas de Aragón, 1998), las actrices (Mujeres de la escena, 1996), etc. has mostrado que la literatura popular, la lengua, la música y el arte forman unas tradiciones cuya biografía te fascina (Biografía de la jota aragonesa, 2013). ¿Cómo se llegó a este desarrollo espectacular y cómo pervive en la actualidad? ¿Se conoce fuera de Aragón o crees que necesita proyectarse más a España y el mundo?

JB: Después de los primeros libros de poemas y cuentos, en seguida empecé a publicar sobre el tango, luego, sobre el cuplé, con la biografía de Raquel Meller, la copla, la zarzuela, la fonografía, etc., hasta llegar a la jota. El primer libro sobre ella, del año 2000, fue un encargo. Entonces la jota aragonesa estaba en un mal momento, pero el siglo XXI ha significado un inesperado renacimiento. Los intelectuales aragoneses, al contrario que los andaluces con el flamenco, nunca prestaron atención a la jota, sino que la denostaron. Apenas hay bibliografía y la universidad la ha marginado absolutamente. No conozco un solo trabajo surgido de ella. Como pasó con la canción española, la confundieron con el franquismo cuando el origen del baile se pierde en la noche de los tiempos y la documentación de la música y el canto es incluso anterior al flamenco, pero, a partir de 1850, los dos géneros tienen trayectorias similares. En el siglo XIX escriben jotas aragonesas casi todos los compositores españoles, pero también Liszt, Glinka, Saint-Saëns… A finales del siglo XIX estaba en la cumbre del éxito y la jota no faltaba en el género lírico. Algunas de ellas (las de El dúo de La Africana, La Dolores, Gigantes y cabezudosEl guitarrico…) se hicieron justamente famosas. En la primera mitad del siglo XX casi todos los grandes ballets españoles llevaban la espectacular «jota de Zaragoza», como número final, y ha habido grandes intérpretes masculinos y femeninos a lo largo del siglo pasado. Pero, a causa de este cuestionamiento por parte de los detentadores del poder cultural, la jota pasó de moda y, prácticamente se conservó gracias a que supervivió en el pueblo y en los pueblos, hasta principios del siglo XXI.

«Los intelectuales aragoneses, al contrario que los andaluces con el flamenco, nunca prestaron atención a la jota, sino que la denostaron»

Alguna responsabilidad en ese renacimiento tuvo la serie de libro-discos y espectáculos “La jota ayer y hoy”, tan bien recibida; los programas televisivos, que hoy nutren la afición jotera, con excelentes réditos para unos y otros; la difusión lograda por las nuevas formas en el canto y en la danza sustentadas por artistas como Carmen París y Miguel Ángel Berna; y me gustaría pensar que también los diez mil ejemplares distribuidos del librito de la serie CAI-100 que me encargó el maestro Guillermo Fatás y que es donde por primera vez se trata la jota desde otra perspectiva y se escriben algunas de las cosas que ahora estoy estampando. Pero ya digo que la responsabilidad principal debe otorgarse a quienes, en los tiempos duros, siguieron manteniendo, cantando, bailando y defendiendo la jota, a despecho de las circunstancias. Me refiero, sobre todo, al ámbito rural aragonés de las tres provincias. A los pueblos, hablando en plata. Sus gentes, sus grupos, rondallas y su entorno social siguió teniendo a la jota por bandera y siguió sintiéndola, cantándola, haciéndola transmisora de sus gozos y de sus sombras y, sobre todo, de su forma de entender y afrontar la vida. No podemos olvidar, sin embargo, a los de adentro y a los de afuera. A los grupos zaragozanos que, rodeados de incomprensión y con bajas cada vez más numerosas, no se desmoralizaron y aguardaron tiempos mejores, a los maestros como Jacinta Bartolomé, María Pilar de las Heras o Jesús Gracia, que conservaron y transmitieron la excelsitud en la interpretación y el bien sentir, lo mismo que sucedió con la escuela oscense. Y, en cuanto a los de afuera, a grupos de las Casas de Aragón en otras provincias y, todavía con más dificultades, las de allende las fronteras, emocionantes trasuntos de lo aragonés en tierra ignota.
Con todo esto, hoy la recepción social del género se ha normalizado, incluso se ha prestigiado aunque, como no podía ser de otra manera, queden resistencias y también, ¿por qué no decirlo?, haya elementos jotistas que merezcan esa resistencia. Luchar contra los tópicos de uno y otro lado sin caer en la barata descalificación es fundamental. Sabiendo separar el grano de la paja, hay que aceptar lo tradicional y lo innovador: lo religioso, lo patriótico y lo libertario; lo basto y lo cursi y lo que algunos llaman zafio y otros, jotas de bodega. También, poner en el candelero y en el mercado la jota y aceptar su evolución, como ha hecho el flamenco, y por este camino van las propuestas creativas de gentes como Alberto Gambino. Otra cosa es lo que guste a cada uno. De cualquier manera, no estaría de más no tomarse las cosas muy a la tremenda y echarle el humor que rezuman muchas coplas del género. Humor, expresionismo y autocuestionamiento, que son también rasgos en los que se identifica cualquier aragonés.

                                                   «Soy disperso por naturaleza, y además ansioso»

MG: Como escritor, ensayista, historiador, profesor, investigador, ¿Qué faceta de tu actividad te resulta más grata y más atractiva? ¿Cuál es la que te vampiriza? Después de aquella “Entrevista con los vampiros” (2004), ¿crees en los vampiros y en las vampiresas? ¿Cómo serían las vampiresas aragonesas?

JB: Yo soy disperso por naturaleza, y además ansioso. Tengo necesidad vital de pasar de un género a otro, de lo culto a lo popular, de la música a la literatura, de la investigación a la creación… Efectivamente, para mí, en la variedad está el gusto. Y no sólo creo en los vampiros sino que me consta que abundan: los que se aprovechan de tus trabajos sin citarte, los que directamente te copian, los que creen que los escritores tienen que trabajar gratis, los envidiosos que buscan arrinconarte para destacar ellos… Una auténtica caterva de vampiros nocturnos, rapaces diurnos, cocodrilos en el río, tiburones en el mar y hienas de tierra firme. Procuro olvidarlos y bien sé que ellos prefieren no cruzarse conmigo. En cuanto a las vampiresas, no les pregunto si son aragonesas, procuro quedarme a solas con ellas y que me enseñen cosas y sus cosas.

MG: Hubo una actriz malagueña, que a lo mejor cantó alguna jota, llamada Pepa Flores, pero más conocida como Marisol. Tuviste la oportunidad de escribir su biografía (1999). ¿Es una biografía que siga reeditándose? ¿Se venden bien las biografías femeninas? ¿Crees que la biografía está desplazando a la novela en cuanto a ventas de las editoriales? ¿Hay un auge de la biografía?

JB: Marisol cantó jotas ya en sus películas de niña. Mi biografía, Marisol frente a Pepa Flores, se agotó pero, por causas que desconozco, no se reeditó. Luego Antena 3 me compró los derechos y rodó una serie basada en mi libro. Las biografías femeninas están de moda y cada vez se venden mejor, de lo que me alegro porque hasta hace pocas décadas la biografía era un género muy poco cultivado en España.

MG: Ya que también has publicado guías de Zaragoza (2003 y 2007), ¿Qué nos recomiendas a los que no conocemos estas tierras aragonesas? ¿Por dónde empezar nuestra visita y cómo planificar nuestros recorridos? ¿Conviene hacer un viaje en la vida a Zaragoza y Aragón o, mejor, un viaje cada año?

JB: Salvo el Pirineo, la ciudad de Zaragoza y algún lugar aislado, como el Monasterio de Piedra o Albarracín, Aragón se conoce mal y es una pena, porque, como ocurre en casi toda España, a pesar de lo mucho que la especulación y la desidia han destruido, está llena de parajes maravillosos y, además, solitarios, de hermosísimos edificios civiles y religiosos, de una bellísima arquitectura popular. Ahí van unas cuantas propuestas:

-La airosa esbeltez de la iglesia mudéjar de Santa María, dominando el casco urbano de Calatayud.
-La recoleta naturalidad y violenta belleza de la obra humana, como es el núcleo urbano de Alquézar en un paraje incomparable.
-El misterio, proporción y sobria originalidad del románico integrado en el entorno de la iglesia de Santiago en Agüero al lado de los espectaculares Mallos de Agüero, muy cerca de los más famosos de Riglos.
-Las iglesias mozárabes del Serrablo, una auténtica sorpresa para quien no las conozca, por ejemplo, San Bartolomé de Gavín en otro paraje maravilloso.
-La bellísima portada que integra arte, historia y mito del ayuntamiento de Tarazona, ciudad que es toda una joya, como su comarca del Moncayo.

-La Seo del Salvador, resumen artístico de la capital de Aragón.
-Los conjuntos monumentales de Albarracín o Daroca, que fascinan y asombran desde sus mil  perspectivas.
-La fusión de la tierra, la piedra roya y el hombre en el castillo de Peracense, esencia montaraz de Aragón.
Y dejo aparte los cientos de paisajes incomparables, porque no quiero pecar de patriotero.

                                      «He dedicado muchas horas de mi vida a Sender»

MG: ¿Y qué queda en su tierra aragonesa de R. J. Sender, del Maestro Montorio o de Raquel Meller?

JB: Al que se le ha dedicado más atención (y con justicia) es al novelista. Hay un llamado Proyecto Sender, inserto en el Instituto de Estudios Altoaragoneses, que congrega la muy amplia bibliografía e información que va surgiendo sobre él. Se han publicado bastantes libros, se han organizado congresos, se lee en los institutos su obra, etc. Desde que a los 17 años devoré Las criaturas saturnianas, le he dedicado muchas horas de mi vida. Creo que he leído toda su obra publicada y muchos libros acerca de él. He escrito bastantes artículos académicos y periodísticos acerca de su obra, he descubierto textos periodísticos desconocidos de diversas épocas, su primer cuento, sus guiones para lo que hoy llamaríamos novela gráfica, Cocoliche y Tragavientos, he dado decenas de conferencias sobre su obra, edité un libro con una antología de los artículos que sobre él escribió Francisco Carrasquer, el máximo senderiano… Hasta me otorgaron a los 21 años el primer Premio Sender de Periodismo que se convocó. Por cierto que Sender, entonces, metió la pata augurándome en público un brillante porvenir.
Al maestro Montorio no lo conoce apenas nadie y, junto a Quiroga y Monreal, forma el trío de grandes compositores de la música popular española del siglo XX. Su trascendencia estriba en la gran cantidad de canciones y música de obras de teatro y cine que acometió a lo largo de su vida. Muchas de ellas permanecen en el imaginario popular. Considérese que empezó muy joven y tuvo tiempo de tocar todos los géneros. Entre 1930 y 1977, Montorio puso música a unas ciento treinta obras de teatro lírico. Fue el heredero de los maestros Alonso y Guerrero en el género de la revista. Alonso fue el rey entre 1925 y 1940, Guerrero tomó el relevo y, a su muerte, en 1951, Montorio se convirtió en el principal suministrador de música teatral. Sólo en los años cincuenta estrenó más de cuarenta obras. Su capacidad de trabajo fue asombrosa: componía canciones para los artistas, extensas partituras para el teatro musical y el cine y, frecuentemente, dirigía él las orquestas en los teatros en que se interpretaban sus obras. También realizó muy numerosas partituras publicitarias para la radio y, después, para la televisión, muchas de las cuales figuran en el libro-disco Maestro Montorio, que publiqué en 2004. La más recordada tal vez sea la que anunciaba el analgésico llamado Tableta Okal: «La tableta Okal es hoy el remedio más sencillo / yo a ninguna parte voy sin llevarla en el bolsillo. / Y cuando emprendo un viaje por lo que pueda pasar / al hacerme el equipaje pongo un sobrecito Okal / Okal, Okal, Okal es lenitivo del dolor / Okal, Okal, Okal es un producto superior […]», etc.
La relación de Montorio con el cine también fue intensa desde principios del cine sonoro. De hecho, intervino en la musicalización de varias de las primeras películas y, en seguida, consiguió grandes éxitos con El negro que tenía el alma blanca o La hija de Juan Simón, ambas con Angelillo. En los cincuenta lanzó a Antonio Molina con sus canciones para El pescador de coplas o Esa voz es una mina. Pero se puede decir que trabajó con casi todos. En total, intervino en la música de unas setenta películas.
Raquel Meller y su tiempo, la biografía que publiqué en 1992, está agotada y nadie se ha preocupado en reeditarla, pero es un personaje que sigue suscitando interés, porque es la artista más representativa de la época del cuplé, que es también la de la Edad de Plata, y, en los años veinte fue una estrella internacional de la canción y el cine. Me siguen pidiendo artículos y conferencias sobre ella y he hablado en varias ocasiones con directores y productores que pretendían llevar su vida al cine. El problema es que las producciones de época son caras.

«La idea de un Diccionario de la bohemia me ha rondado por la cabeza, y podría hacerse»

MG: También has rescatado, por volver al principio de la entrevista, a Guillermo Osorio (1918-1982), «último de los verdaderos bohemios». ¿Qué te gustaría descubrir aún de su obra y vida?

JB: Fuera de lo que digo en la introducción a Guillermo Osorio, Obras, que me costó bastante esfuerzo reunir, no conocemos nada de él. Me gustaría saber de su peripecia en la guerra, como conductor de tanques en el bando republicano, de lo que le sucedió en la posguerra, que no debió de ser nada bueno —él nunca habló ni de una cosa ni de otra—, me gustaría que me proyectaran una jornada de su vida cotidiana, de taberna en taberna, sus conversaciones con poetas y borrachos, su relación con Adelaida Las Santas, su pintoresca mujer. Dicen que era un hombre tan borracho como angélico, una criatura humana capaz de producir excelsos sonetos clásicos y cuentos surrealistas, al tiempo que pululaba por el submundo o dormía en un banco de la calle.

MG: ¿No resucitarán los bohemios? Tal vez puedan resucitar desde el punto de vista literario, si se reeditan sus obras.

JB: La epidemia de franquicias, fast food, chinos, pizzerías, Mc Donalds y demás ha terminado con los bares clásicos y tabernas. Es complicado encontrar un plato de cuchara en un restaurante, y por la noche es hasta difícil beber vino. Las tabernas han desaparecido y bohemios como aquellos no volverán. El último fue precisamente Guillermo Osorio.

MG: ¿Hay algún proyecto de un Diccionario español de la bohemia? También eres autor de un Diccionario del tango (2001), ¿nos falta el Diccionario de Javier Barreiro? ¿Quién te aficionó a los diccionarios? Imaginamos que ocupan una buena parte de tu biblioteca.

JB: La idea de un Diccionario de la bohemia me ha rondado por la cabeza, y podría hacerse porque hay gentes interesadas en ello. Yo tengo muchos datos, pero tampoco es un trabajo fácil ni corto. Al mismo tiempo, ignoro si tengo una afición especial a los diccionarios. He publicado dos —el de escritores aragoneses y el del tango en colaboración con otros dos autores—, y tengo bastantes —doscientos y pico— y, desde luego, si son buenos, son utilísimos. Todos hemos estudiado y aprendido a escribir, con el Casares, el María Moliner, el Corominas… Si queremos saber de ocultismo, tenemos que ir al de Collin de Plancy; de lunfardo, a los de Gobello y Conde; de vanguardia, al de Juan Manuel Bonet; de literatura aragonesa, al mío; de palabras non sanctas, al de Cela… Hasta en la creación literaria los hay buenos, como el Diccionario del diablo de Ambrose Bierce.

                                                           «Lo que no quiero ser es mayor»

MG: Además de todo lo que hemos dicho, eres bibliófilo y coleccionista de voces (por ejemplo, aquellas que se grababan en pizarra o en cilindros de cera). ¿Cuáles son las voces aragonesas más antiguas que hoy se pueden oír gracias al rescate que has llevado a cabo?

JB: Los cilindros de cera para fonógrafo son anteriores a los discos para gramófono, que los coleccionistas suelen llamar pizarras. Sabemos que los primeros que se grabaron en España corresponden a 1894. Fue el Royo del Rabal, el jotero más mítico, el que impresionó algunos, pero no se conservan. La inmensa mayoría se han perdido o deteriorado. Por otro lado, los cilindros no están datados y se conservan muy pocos catálogos, por lo que no podemos saber con seguridad cuáles son los primeros registros en el tiempo. Sin embargo, en Primeras grabaciones fonográficas en Aragón 1898-1903, recogí 29 registros, algunos muy antiguos, varios de ellos de intérpretes aragoneses. Allí hay seis jotas aragonesas cantadas por Blas Mora, de Albalate del Arzobispo, que, si no aparecen nuevos registros, serían las primeras jotas grabadas que se conservan. También hay un dúo de ocarinas, interpretado por otra figura de la jota, Balbino Orensanz, junto a un tal señor Lahuerta, que es la más antigua interpretación de este artesanal instrumento registrada en el mundo. En cuanto a discos, llegaron a España en 1899, publicados por la casa Berliner, la primera jota en este soporte fue «La mora», cantada por otra olvidada, Isidra Vera.

MG: El coleccionismo ¿nos embriaga? La literatura ¿es embriagadora? El escritor que se embriaga ¿es mejor escritor? La embriaguez ¿mejora la escritura? ¿Hay una literatura de autores que beben y beben y vuelven a beber? Entre los escritores bohemios, raros, olvidados, malditos, etc., ¿se hallan también los que se emborrachan?

JB: Estas preguntas se responden en mi próximo libro, Alcohol y literatura, que espero se publique en 2017. Hay mucha información —el índice onomástico tiene más de 800 referencias— y creo que es muy ameno, además de políticamente incorrecto.

MG: Háblanos de tus proyectos y de tus nuevos diccionarios. Dinos qué te gustaría ser de mayor: ¿investigador?, ¿novelista?, ¿poeta?, ¿autor de libros de viaje?, ¿bohemio?, ¿historiador de la literatura?, ¿ensayista aragonés?

JB: Además del libro citado y del blog “Javier Barreiro”, donde publico artículos y mis conferencias, así como las novedades editoriales, tengo comenzado un libro sobre la historia de las 50 canciones españolas más populares del siglo XX, otro de narraciones, titulado Lugares y fechas; y sí, me gustaría escribir un libro de viajes; reunir en un volumen mis artículos sobre tango; en otro, los de cuplé; el mencionado repertorio de bohemios; escribir más poesía… Lo que no quiero es ser mayor. En esto soy muy poco original.

MG: Muchas gracias, amigo maño, por responder con tanta paciencia, atención y sentido del humor las preguntas. En nombre de los lectores de la revista AnMal Electrónica, te reitero la gratitud y te deseo mucha suerte para los proyectos que te desvelan en la singladura actual. Cuídate de los vampiros y del sablazo de los bohemios.

Otras entrevistas:

https://javierbarreiro.wordpress.com/2012/06/05/entrevista-de-raul-lahoz-con-el-firmante/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2017/07/16/entrevista-a-javier-barreiro-de-luis-alegre-el-patio-del-recreo/

Este es el cartel correcto. Mañana, 19 de abril a las 20.00 h. se inauguran las III Jornadas de Poesía Rosendo Tello con mi perorata “Rosendo Tello por sí mismo”.  

Como aperitivo, recojo aquí la entrevista que, con motivo de la conferencia, “Miguel Labordeta: Entre lo satánico y lo angélico”, Rosendo dictó en la Caja de Ahorros de la Inmaculada sobre la obra del poeta que fue su amigo y contertulio. Fue publicada en El Día de Aragón, 20-IV-1985.

Rosendo Tello sobre Miguel Labordeta Foto rogelio Allepuz

 

Emilio Gastón, que junto a Julio Antonio Gómez, Emilio Alfaro, Fernando Ferreró y el entonces ausente/presente Fernández Molina, fue uno de los que más trataron, conocieron y comprendieron a Miguel Labordeta, nos hablaba recientemente en estas páginas del hombre y su personalidad. Hoy preguntamos a Rosendo Tello que, dentro del homenaje al poeta en el que intervienen su hermano José Antonio, Mariano Anós, Emilio Alfaro, Clemente Alonso, Pilar Delgado y Sergio Zapatería, tocó el tema genérico que nos ocupa, por la poesía de este escritor-emblema.

 Pregunta.- Comencemos ubicando la obra de Miguel Labordeta ante el lector de hoy.

Respuesta.- El mismo poeta se dio perfecta cuenta de la dificultad intrínseca de comprensión que entrañaba su obra, y de ahí que sus poemas abunden en frecuentesLabordeta, Miguel alegatos metapoéticos. El término metalírica es bien explícito al respecto y la formulación nietzscheana, “cuando tú me leas dentro de mil años” no es ajena a esta preocupación.

Por otra parte, esta poesía parece colocarse de espaldas al lector. No se olvide que Labordeta resulta un epígono de los malditismos simbolistas finiseculares. Por tanto, se sitúa al margen de la tradición empalmando con el segundo veintisietismo surrealista social; es decir, conecta con el abuelo modal del 27 e ignora al padre poético del 36. Mirando hacia adelante, ignora al hijo modal de los 60 y entronca con los primeros nietos modales del 70. Resulta, por tanto, un heterodoxo siempre dentro de la tradición literaria que se instala en el poder. Su heterodoxia e iconoclastia formales –verso libre casi siempre, rechazo absoluto de modos estróficos, etcétera–, hacen de su obra un producto difícilmente asimilable y de rara audiencia. Así, no resultará extraño que los castos oídos musicales se rasguen las vestiduras ante la visión herética, irritante y perversa que este producto suscita.

P.- Tú que llevas durante muchos años asediando con hondura la obra labordetiana, ¿has entrevisto alguna de las claves que puedan girar hacia una configuración de su mundo íntimo?

R.- Me obligas a improvisar una respuesta de psiquiatra de la poesía y, que yo sepa, ésa es una ciencia en mantillas, por lo que no puedo responder sino con vaguedades. Si de muchos poetas se podría afirmar que se mueven entre el “eje de sublimación y su caída vertical en el más profundo subconsciente” – como dijo Bachelard –, tanto más de los poetas neorrománticos y surrealistas. Miguel Labordeta fue ambas cosas. La poesía, desde los arranques finiseculares del XIX, brota de un intelecto prometeico rasgado en dos mitades, lo que Labordeta llama “la contradicción del ser”. Es platónico y existencialista, apocalíptico y demoniaco, se mueve entre la orgía dionisiaca y el esplendor apolíneo, entre los deseos terrenales y la sublimación, entre lo satánico y lo angélico. El régimen de su imagen poética bascula entre lo diurno y lo nocturno –signos solar y lunar, paterno y materno –. Labordeta estuvo a punto de rozar una línea clásica, armónica, en que cuerpo-alma y alma-espíritu, realidad y deseo se fundieran, pero no lo consiguió. En términos hegelianos: le faltó la síntesis de armonización clásica liberadora. En su poesía priva más cualquier tipo de titanismo – Prometeo, Ícaro, Sísifo…– y hubo de cargar con su roca terrestre sobre las espaldas “demasiado humanas”.

Su mirada hacia lo alto y hacia adelante se sintió frenada por condicionamientos personales y sociales: su fracaso personal, amoroso y social. De ahí sus insistentes apelaciones a lo misional o evasivo, polos entre los que se debatió sin aportar una solución práctica, porque era esencialmente poeta: que cada uno encuentre – decía – el camino de su purificación interior. A un indagador de lo psíquico, a un psiquiatra de la poesía, yo le aconsejaría bucear en ese pozo subliminal de inhibiciones y exhibiciones constituyentes de sus condicionamientos personales y sociales, que frenen el impulso de sublimación en su poesía.

Miguel Labordeta y su pipa

P.- ¿Cómo resuelve Miguel el devaneo entre sustancialidad y accidentalidad, evasión, juego, humor…?

R.- ¿No pertenece también el accidente, la distracción a las capas más profundas de la sustancialidad? Todo trascendentalismo exacerbado, toda desmesura imposible, si no quiere abocarse al vacío y al abismo, debe encontrar su catarsis liberadora: el humor, humor negro, surrealista. Si el mito no nos acoge, si el espejo que interpone entre nuestros deseos y la realidad deviene opaco por la intromisión radical del ser personal o amoroso o social, la única salida posible es la del espejo cóncavo, la desmitificación crítica y paródica de la realidad: asumir el Dragón, cambiar el árbol prohibido por la varita mágica e imponerse astutamente a los espejos falaces. Así, toda contemplación frenada tarde o temprano acaba en la catarsis práctica, la moral. Todo drama – Durand dixit – tiene al menos dos personajes: uno que representa el anhelo de vida y de eternidad; otro, el destino que obstaculiza la búsqueda del primero. Cuando se añaden otros personajes, el tercero, por ejemplo, no es más que para motivar – mediante el deseo amoroso – la controversia de los otros dos. He ahí la obra del dramático Labordeta, Oficina de horizonte, con toda su carga de mesianismo y de humanística evasión.

Miguel Labordeta x Santiago LagunasP.- De siempre se ha lamentado la no excesiva fortuna crítica del poeta. ¿Responde ello a su intrínseca dificultad?

R.- Ahí está J. C. Mainer, por ejemplo, que nos ha dado visiones muy agudas. No obstante, había que hablar de dos clases de lectores: el culto y el ingenuo. No creo que para el primero resulte inabordable su obra en medida extrema en lo que es la de Lezama o, sin ir más lejos, la de un Cirlot. Para el segundo, sí, ya que a la dificultad se añade un grado frecuente de irritación.

P.- Se cita mucho la influencia de Miguel Labordeta en la poesía aragonesa pero quizá debería hablarse de impacto. ¿Hasta qué punto podrían rastrearse sus modos en nuestra última poesía?

R.- Su impacto fue muy intenso. Te citaré mi caso personal: estos días yo no podía ver las fotografías de Miguel sin emocionarme. Hoy interesa, a sus amigos, tanto la persona como la obra.

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Otros artículos sobre Rosendo Tello en el blog:

https://javierbarreiro.wordpress.com/2011/11/13/una-poesia-de-la-reverberacion-meditaciones-de-medianoche-de-rosendo-tello/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2014/11/25/rosendo-tello-poesia-completa/

Otros artículos sobre Miguel Labordeta en el blog:

https://javierbarreiro.wordpress.com/2011/10/17/miguel-labordeta-2/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2014/02/10/entrevista-con-emilio-gaston-sobre-miguel-labordeta/

Rosendo Tello sobre Miguel Labordeta

Rosita Díaz Gimeno fue, junto a Imperio Argentina, una de las dos grandes actrices cinematográficas españolas del periodo de la II República[1]. Cuando falleció a finales de agosto de 1986, La Vanguardia tituló la noticia: “Muerte en el exilio de la más grande estrella del cine español antes de la guerra”. “La sonrisa de la República” llegó a llamársele y con ese epígrafe le dedicó un importante trabajo el estudioso Juan Antonio Ríos Carratalá en su libro El tiempo de la desmesura. Historias insólitas del cine y la Guerra Civil española (2010).

Rosita Díez-Cinegramas

Según los datos que habitualmente se habían publicado sobre ella, pertenecía a una acomodada familia madrileña, estudió en el Colegio del Sagrado Corazón  y su debut en las tablas surgió tras ganar un premio de recitación en el Real Conservatorio madrileño, donde estudiaba declamación[2]. Fue la prestigiosa compañía de Martínez Sierra y Catalina Bárcena la que acogió estos inicios teatrales y es cierto que la joven actriz cosechó casi siempre elogios de sus actuaciones. Después pasó a la de Díaz-Artigas, con la que hizo una larga gira por los países americanos. Junto a la citada Imperio Argentina, fue la primera actriz española en trabajar en las películas sonoras que la Paramount rodaba en los parisinos estudios de Joinville (1931). Aparte de sus directores extranjeros, rodó con los más importantes cineastas españoles, como Benito Perojo y Florián Rey. En 1934 interpretó el papel femenino en el tan taquillero film  La Dolorosa (Jean Grèmillon). Con ya diez películas en su haber, fue llamada por Hollywood, como primera estrella hispana de la Fox, para interpretar dos nuevas cintas, Angelina o el honor de un brigadier y Rosa de Francia.

Rosita Díez-Artistas de la Fox 1934-1

En suma, al advenimiento de la guerra civil, Rosita era una estrella que copaba las portadas de las revistas, era perseguida por los periodistas y admiradores y despertaba una gran simpatía por su carácter, a un tiempo despejado y risueño. Era también una mujer moderna, lectora y anticonvencional en sus aficiones y comportamientos. Es decir, una mujer de la República. Tal vez por ello, mantenía relaciones con Juan Negrín, Mijailov, hijo del que poco después sería sucesivamente ministro de Hacienda (septiembre 1936) y presidente del Gobierno (mayo 1937), Juan Negrín López. Rosita había dado a luz en 1926 un hijo de padre desconocido y había estado casada y divorciada con el actor teatral Paco Alagón, aunque de esta unión apenas hay noticias[3].

Al iniciarse la sublevación militar, Rosita se encontraba en Córdoba, rodando con el resto del equipo y Rosita_Francisco Fernández de Córdoba007bajo la dirección de Fernando Delgado, las últimas escenas de El genio alegre, basada en la obra de los Quintero y en la que ella hacía el papel estelar. El galán era Fernando Fernández de Córdoba, después famoso como voz oficial del régimen franquista, locutor del parte de la Victoria y habitual en el NO-DO. Éste, como miembro de Falange, se puso de parte de los sublevados, que se habían impuesto en la ciudad de la Mezquita y denunció como espía a Rosita por haber recibido una llamada de Madrid, seguramente de su novio, Juan Negrín. Fue detenida junto a otros miembros del equipo a los que se suponían simpatías izquierdistas. No sabemos exactamente qué ocurrió en los calabozos de Córdoba y Sevilla, famosos por los sádicos sanguinarios que hacían y deshacían bajo la supervisión de Queipo de Llano, con especial mención a Manuel Díaz Criado, militar famoso por sus dotes de torturador y asesino. Mucho de su dignidad debió dejar Rosita en esas espeluncas pero salió viva aunque siguió detenida durante unos meses. Tampoco sabemos los acuerdos o compromisos[4] a los que pudo llegar con las autoridades del bando faccioso. Lo cierto es que, tras publicarse noticias de su fusilamiento, fue liberada en mayo de 1937 y, desde El Havre, pudo embarcar para Hollywood y rodar allí La vida bohemia. Es muy posible que fuera canjeada por otros presos del campo republicano. Ríos Carratalá sugiere, sin afirmarlo, que Ramón Serrano Suñer pudo entrar en el apaño.

Muy poco antes de salir para el definitivo exilio, volvió a España para casarse con Juan Negrín (hijo), que acogió y dio su apellido al hijo de Rosita, que hasta entonces había vivido con sus abuelos y, desde ahora, llevaría el nombre de Francisco Negrín. El matrimonio fijó su residencia en Nueva York y viajó frecuentemente a Méjico, donde interpretó todavía tres películas: Pepita Jiménez (Emilio “Indio” Fernández, 1946), con Ricardo Montalbán como partenaire, El último amor de Goya (Jaime Salvador, 1946)  y El canto de la sirena (Norman Foster, 1948). Actuó también en el teatro, tanto en Broadway como en Méjico y desarrolló una importante labor de difusión de la cultura española. Rosita falleció en Nueva York, el 23 de agosto de 1986. A la sazón, el Ministerio de Cultura le  estaba preparando un homenaje con la proyección de sus viejas películas en la Semana Cinematográfica de Nueva York y se pretendía que después se estrenaran en las filmotecas españolas y Rosita regresara a su país para la ocasión. Esa España en la que a finales de 1939 se estrenó El genio alegre, con la consigna de eliminar de los títulos de crédito a los actores fieles a la República, como se puede certificar en las copias que se conservan.

Rosita Díez 1933Hasta aquí el resumen de la peripecia conocida de Rosita Díaz. Pero ¿las cosas fueron exactamente así? Como en tantas estrellas del cine y de la canción, hay zonas de sombra que habían hecho escribir a quien más páginas le había dedicado, el citado Ríos Carratalá: “…es evidente su intención de confundir con su fantasía un recuerdo desagradable. Lo hizo a menudo” (209). Por su parte, Carmen de Zulueta había escrito: “Contaba con aplomo cosas que poco tenían que ver con la realidad”. Y esas cosas venían de atrás pues en sus entrevistas de los años treinta, aporta habitualmente datos diferentes, sobre todo de su vida pasada pero también de la presente. Por no hablar de la ficción publicitaria, que ella contaba con la mayor de las convicciones y que se reprodujo insistentemente en la prensa de la época[5], sobre su expedición –sola y a caballo- por la Sierra de Ronda, en busca del último bandolero ¡en 1933! Todo para promocionar su film Sierra de Ronda.

Aunque sea muy normal en las profesiones artísticas, Rosita se quitaba años. 1911 es la fecha de su nacimiento oficial[6] pero ya varias notas biográficas la hacen nacer en 1908, fecha mucho más probable que la primera. Pero Carmen Negrín contó a Ríos Carratalá (201 n.) que la diferencia de edad con Negrín jr. era de diez años, “secreto que ella supo guardar”. Su marido, en un alarde de imaginación o desvergüenza, en otro texto citado por RC (226) dice que contaba 17 años en 1936. Seis menos que él[7], con lo que si hacemos caso a Carmen, sobrina de Negrín jr., éste la rejuvenece ¡15 años!

Generalmente, consta su nacimiento en Madrid un 13 ó 14 de septiembre pero varían los centros de educación. Por ejemplo, en una entrevista en Cinegramas, afirma haber estudiado con los hermanos Carmelitas de Bilbao. Tras esta curiosa ubicación, sostiene que, niña todavía, se colocó de taquimeca pero el jefe de la oficina pidió autorización al padre y éste, ignorante de sus propósitos, no le permitió trabajar. También, que estudió en el Conservatorio a las órdenes de Nieves Suárez[8] y quiso cursar la carrera de Medicina, que no pudo seguir por dificultades económicas. Todo absolutamente incoherente con las fechas de su carrera y la buena posición que, presuntamente, disfrutaba su familia. La Vanguardia (15-III-1936) nos proporciona también una biografía que comienza así: “María de la Cruz Rosario Rosa Díaz Gimeno Petter Manjón nació en Madrid un 14 de septiembre. Sus padres, andaluces. Su abuelo materno, alemán”. Materno, pero el apellido teutón figura en tercer lugar.

De momento, la primera mención de su nombre que he encontrado es de enero de 1924 en que se la cita Rosita Díaz Gimeno_Nuevo Mundo 1924. Primeras actuacionescomo una de las intérpretes de Sonatina, de Martínez Sierra en la Fiesta de la Prensa. En agosto aparece su foto en Nuevo Mundo que la presenta como “damita joven de la compañía de Catalina Bárcena” y aunque se la ve morena y muy jovencita, desde luego, ha superado los trece años. ¿Cuándo estudió, pues, Rosita? Si nació en 1911 y es cierto que se dedicó al teatro a causa del premio citado, las fechas no concuerdan, ni siquiera aceptando que su venida al mundo fuera en 1908. ¿Cuándo ejerció de taquimecanógrafa? ¿Mientras actuaba como actriz? Tampoco parece posible que tras las funciones nocturnas, se levantara temprano para ir a trabajar, aparte de participar en los ensayos y en las numerosas giras por provincias de la compañía. Con la de Martínez Sierra incluso llegó a estar en París y en 1930 viajó por América con la de Díaz-Artigas, donde permaneció hasta enero de 1931. Es por entonces que, ante la enfermedad de Santiago Artigas que la impide debutar en el Infanta Beatriz, acepta la oferta para rodar películas en español en los parisinos estudios de Joinville, adonde viaja acompañada de Imperio Argentina.

 

Todo lo que contó Rosita de su vida anterior hay que ponerlo en solfa. En 1937 su hermana Joaquina fue entrevistada, en la localidad turolense de Urrea de Gaén, por Juan M. Soler, corresponsal en el frente de Aragón de la publicación libertaria Mi revista[9]. La entrevista apareció el 15 de abril de 1937, fecha en la que Rosita debía de estar a punto de ser liberada. Esto es lo que el periodista escribe acerca de lo que le contó Joaquina.

 Rosita_MI revista Joaquina 1005

La hermana de Rosita Díaz

 LA PERSEGUIDA DEL FASCISMO vive feliz e ignorada en un pueblecito de la provincia de Teruel

En un lugar… de Aragón

Estábamos saboreando plácidamente un buen vaso de vino negro de Aragón en casa de Fernando, especie de café, taberna y casa de comidas de Urrea de Gaén, cuando alguien nos dijo:

-Aquí, en este pueblo, vive una hermana de Rosita Díaz

-Pero, ¿es posible? – preguntamos nosotros con el natural asombro.

-Y tan posible – añade nuestro interlocutor – que si sigue usted por esta calle arriba y da con el picaporte en la casa que hay al final de la cuesta junto a una hornacina hoy desmontada, a buen seguro que ella misma le abrirá la puerta.

Dejamos sobre la mesa de madera que el uso ha ennegrecido, el vaso, a medio beber, de vino, y salimos rápidos de la taberna, café y casa de comidas de Fernando, ascendiendo a grandes zancadas por la calle pina, hasta dar con la casa donde nos han dicho vive la hermana de la creadora de “Rosa de Francia”

Llamamos a la puerta y a poco se asoma a un balcón donde comienzan a florecer unos claveles rojos, una mujer joven, de facciones perfectas que nos recuerdan otras que hemos visto innúmeras veces proyectadas en la pantalla.

Hablemos de Valera Jimeno

Al pie del balconcete permanecemos unos momentos, fijos los ojos en aquella mujercita que nos han asegurado ser hermana de una de las más famosas artistas de cine españolas, y a seguido le preguntamos:

-¿Usted se llama…?Sin título-2

-Joaquina Jimeno Blasco – contesta rápido.

-Pero, ¿no es usted hermana de Rosita Díaz?

-Sí lo soy.-

-¿Y los apellidos?

-Mi hermana se llama Valera Jimeno Blasco, pero por lo visto se ha cambiado el nombre, porque a una artista no le cuadra mucho llamarse Valera… ¡digo yo!

Y Joaquina suelta el chorro de su risa, de la que nos contagiamos bien pronto.

Pocos momentos después, y acodados a la baranda del balcón donde emergen en desorden unas clavellinas, charlamos con Joaquina Jimeno y, como es muy natural, nuestra conversación gira alrededor de aquella Valera Jimeno convertida hoy en Rosita Díaz.

-¿Le escribe alguna carta su hermana? – preguntamos a Joaquina.-

¡Quiá!… Hace poco menos de quince años que nada sé de ella.

-¿Y cómo fue el meterse a artista? – seguimos preguntando.-¡Vaya usted a saber! – Y tras de una breve pausa añade -: Valera estaba sirviendo en una casa de la Puerta del Carmen, de Zaragoza, de donde somos las dos, cuando de la noche a la mañana, y próxima a contraer matrimonio, desapareció y nada supe de ella hasta que un buen día, en un cine de Híjar, daban la película “Su noche de bodas” y me di cuenta de que ante mis ojos tenía a mi hermana, que casi la había dado por muerta. ¡Figúrese usted que impresión recibiría yo entonces!

Sin título-1-¿Y era jovencita Valera cuando desapareció de Zaragoza?

-Pues no tendría más allá de diecinueve años.

-Cuéntenos cosas de Valera – rogamos a Joaquina.

-Poco le puedo contar, pues de mu pequeñina me separaron de mis padres.

… y  hablemos también de la hermana de Rosita Díaz

-Pues hablemos de usted.

-¡Ay! ¡qué poco tengo que hablar de mí!

-¿Vive usted feliz?

-Sí, aun cuando ahora me preocupa mucho la suerte que pueden haber corrido mi padre y mis tres hermanos. El primero está en Huesca y los chicos al estallar la guerra vivían en Zaragoza.

-Diga usted – nos dice una mujer que viste de luto y en cuyo rostro los años han dejado ya su imborrable huella – que yo la quiero talmente que si hija mía fuera.

-Es muy buena la señora María – arguye Joaquina.

-Es que la tengo a mi lado desde cuando apenas había cumplido once días y yo la he criado y yo he sido como una madre, pues la suya murió siendo ésta muy cría.

Hay unos momentos de silencio emotivo. Nos vamos enterneciendo todos un poco. Hasta Pilar Mur, la joven y muy gentil maestra de Urrea de Gaén, que vive en casa de la señora María con Joaquina, cierra sus ojos negros que deben fulgurar en la obscuridad de la noche como dos ascuas, para ocultar unos puntitos diamantinos.

Es preciso dar nuevo rumbo a la conversación y proponemos a Joaquina hacer unas fotos.

-¿Así, sin arreglarme un poco y con este vestido? – dice ella.

– Así así mismo, que se vea el contraste entre las dos hermanas.

Y Joaquina pasa ante el objetivo fotográfico sin que le permitamos cambie su vestido pueblerino a cuadros ni deslizar tan siquiera el peine por su cabello endrino.

JUAN M. SOLER

 

Rosita_MI revista Joaquina 2006

En resumen, según este reportaje, Rosita se llamaba Valera Jimeno Blasco y había nacido en Zaragoza de familia muy humilde compuesta por cinco hermanos, tres varones y dos hembras. La madre murió prematuramente y la hermana pequeña quedó a cargo de una familia de Urrea de Gaén, un pueblo turolense, de donde era oriundo un contemporáneo de la actriz, Pedro Laín Entralgo; el resto quedó en la capital aragonesa en condiciones precarias. Tan es así que Valera, la futura Rosita, muy joven, entró a servir en una casa muy cercana a la zaragozana Puerta del Carmen, de la que desapareció cuando tenía unos 19 años y estaba a punto de contraer matrimonio. Desde entonces Joaquina no ha vuelto a recibir otra noticia de su hermana, que la que tuvo al reconocerla en el film Rosa de Francia (1935), que se habría proyectado en el cercano pueblo de Híjar no mucho antes de esta interviú. Afirma también: “Hace poco menos de quince años que no sé nada de ella”. Como estamos en 1937, esas últimas noticias debieron producirse en torno a 1922-1923. Si Rosita contaba con 19 años en la fecha de su desaparición, su nacimiento debió de producirse alrededor de 1903-1904, lo que coincide con los diez años que, según Carmen Negrín, la actriz sacaba a su marido.

A partir de aquí se pierde su pista y caben todas las suposiciones pero no deja de ser extraño que una muchacha sin formación aparezca de pronto en una compañía teatral de corte más o menos intelectual y exquisito, como fueron los elencos dirigidos por Gregorio Martínez Sierra, el creador del llamado “Teatro del Arte”, por más que fuese su mujer, la riojana María Lejárraga quien le escribiese los textos y otros, los teóricos más conspicuos.

Es evidente que Rosita poseía, además de una gran simpatía, una gran inteligencia. Así lo constatan tanto sus entrevistadores, como quienes la conocieron y nos han dejado  testimonio. Y lo atestigua su carrera teatral y cinematográfica. Pero, aparte del misterio de su aparición en Madrid tras su experiencia como criada, en seguida sobreviene otro: el hijo habido en 1926, cuyo padre Rosita nunca desveló. Según su hermana, cuando la futura actriz marchó de Zaragoza tenía unos 19 años. No sabemos el año en que se produjo la huida pero, contando con que hubo de formarse para el teatro, en el que, como se dijo, hubo de debutar en enero de 1924 o incluso antes, hay que contar al menos dos o tres años para su formación. Si Rosita escapó de Zaragoza con 19 años, tendría que haber nacido en torno a 1902. En cuanto a su matrimonio con el actor Paco Alagón, sólo conozco una mención de  Rosita al mismo y es bastante estrafalaria: en una entrevista con el escritor Mario Arnold publicada en La Libertad (7-VI-1931) afirma:

Cuando estaba en Méjico, una noche mientras dormía, oí muchos gritos terribles que me hicieron levantarme sobresaltada. Quise salir al pasillo para ver qué ocurría y me fue imposible. Toda la casa estaba ardiendo; las llamas llegaban hasta mí amenazadoras; el humo me impedía respirar. Grité también: pedí auxilio; mis ropas se incendiaron y nadie acudía a salvarme; por la ventana de mi cuarto era imposible arrojarse porque estaba a gran altura. No me quedaba más remedio que resignarme a perecer en el fuego. La puerta de la escalera estaba cerrada y sin llave. Me desmayé. Cuando recobré el conocimiento me hallaba en un hospital con los brazos y las piernas llenos de quemaduras. Alguien me había salvado. No sabía quién. Pregunté a todo el mundo y, por fin un día, junto a mi cabecera, conocí al héroe. Llena de gratitud me casé con él a los dos meses. Era también actor de mi compañía.

Rocambolesca y folletinesca historia, difícil de creer. Ni siquiera da el nombre del actor, del que no sabemos cuándo y por qué se divorció Rosita para entrar en relaciones con Negrín hijo o, tal vez porque ya las tuviera con Negrín padre. Por cierto, que en esta misma entrevista dice ¡estudiar medicina!  Curiosamente, la profesión de los Negrín, aunque su futuro esposo contase a la sazón con apenas 17 años.

Rosita con Negrín Barcelona 1980Se ha especulado con que el hijo fuera realmente de Negrín padre, lo que se compagina con sus propensiones de mujeriego y vividor, pero parece demasiado novelero, aparte de que él nunca simpatizó con la actriz, probablemente porque conocía asuntos de su pasado que su hijo prefería ignorar[10]. Incluso éste no pudo darle el apellido hasta 1956, año en que el político transitó. Por su parte, el hijo de Rosita quedó en 1936 con los padres de ella (?) cuando marchó a rodar El genio alegre. Tras la boda, en 1939 embarcó con la pareja rumbo a las Américas.

Curiosa resulta también la actitud del esposo respecto a los amores de Rosita. Aparte del desconocido padre de su hijo y del matrimonio con Paco Alagón, la actriz sostuvo un romance con Julio Peña, su partenaire en Rosa de Francia, con escapada incluida a la Costa Azul, bien publicitado por la prensa de su tiempo.

Otro episodio interesante de la vida de Rosita es su amistad con Buñuel, al que pudo conocer en la época de Filmófono, incluso antes[11]. Sin embargo, la relación más intensa se dio durante el exilio neoyorquino de ambos en las que las parejas Luis Buñuel-Jeanne Rucar, Juan Negrín-Rosita entablaron amistad íntima y los segundos ayudaron a los primeros en una época en la que los Buñuel sufrían dificultades económicas. Hace unos años Javier Herrera, bibliotecario de la Filmoteca Española, rescató unas películas filmadas con tomavistas en las que aparecían las parejas con los niños Rafael y Juan Luis, hijos del aragonés. Del primero, Rosita fue la madrina en su bautizo.

Buñuel. que reconoció en carta a Max Aub haber estado enamorado de Rosita, escribía al escritor: : “En Nueva York,  Jeanne  vivía bastante lejos, quiero decir, vivíamos bastante lejos, y se ocupaba de los niños. Teníamos poco dinero. Yo trabajaba en el Museo (MOMA) y me enamoré de R (…) Hoy me alegro de que no pasara nada. Para mí, la mujer de un amigo es sagrada”. Sin embargo Aub recuerda que José Luis Sert los vio apretujados y besándose en el andén del metro de Long Island.

La prueba de que el marido de Rosita cerró los ojos ante su pasado es que, pese a que cedió el importantísimo fondo documental de su padre al Estado español, tras la muerte de la actriz,  destruyó todos recuerdos y documentos que guardaba su esposa. Quizá nuevos testimonios investigaciones y documentos, como el aquí reproducido, contribuyan a proporcionar una perspectiva más ajustada a la realidad de una vida tan apasionante y tan conectada con el devenir histórico del siglo XX español, como la de Rosita Díaz Gimeno.

 

EPÍLOGO

Cuando hace tres o cuatro años encontré el reportaje en Mi revista, traté de documentarme y pedí revisar los datos del registro civil zaragozano entre 1902 y 1908. Se trataba de lograr la partida de nacimiento de alguien llamada Valera Jimeno (o Gimeno, dada la vacilante grafía de dicho apellido) Blasco entre estas fechas. No fue nada fácil conseguirlo[12] pero, al final, apareció.

Rosita_Partida de nacimiento

Efectivamente, existía una persona llamada Valera Gimeno Blasco nacida el 4 de febrero de 1907. Sus padres legítimos, Joaquín y Juana, -nótese que el nombre de la hermana residente en Urrea era Joaquina- estaban domiciliados en Miralbueno, barrio, por entonces, de agricultores. No soy capaz de desentrañar en el documento el lugar de origen de los padres, pero ambos abuelos paternos eran nacidos en Híjar, pueblo a menos de cinco kilómetros, de Urrea de Gaén, donde su hermana Joaquina moraba desde la niñez hasta la fecha de la interviú reproducida.

Son, de nuevo, demasiadas casualidades que parecen confirmar el testimonio de Joaquina. La entrevista está perfectamente contextualizada, con la maestra como testigo interviniente y fotografías de vecinos de Urrea de Gaén, que, como los milicianos allí destinados, podrían haber desmentido estas noticias, pues ya se hizo notar (nota 9) que Mi revista, se distribuía con profusión en los frentes. Tampoco se entiende qué propósito podría albergar el bisemanario en propalar informaciones falsas de este cariz, aunque en todo lo que se refiere a los asuntos de la Guerra Civil haya que cogérsela con papel de fumar. El autor del reportaje, Juan M. Soler, que firmó también con el seudónimo Silvio Máximo, era un periodista destacado en el frente de Aragón desde el inicio de la contienda y que escribió un muy interesante volumen, La guerra en el frente de Aragón, publicado por Mi revista en 1937, compuesto principalmente, por sus crónicas de guerra para el quincenal y El Noticiero Universal.

La Libertad publicó en 28 de febrero de 1937 la noticia del fusilamiento de la actriz en Salamanca, según noticias procedentes de Lisboa pero el 11 de marzo el bonaerense diario La Prensa lo desmintió asegurando que se encontraba en la capital rebelde y a disposición de las autoridades, a fin de tomar parte en los espectáculos benéficos, que se organizan para los heridos de guerra, noticia que reprodujo el diario madrileño La Voz, un día después. Tal vez, por no haber llegado esta información a tiempo para su conocimiento por parte de la redacción de Mi Revista, en su número del 15 de marzo, ésta dedicó una página al aludido fusilamiento, un mes antes de aparecer la entrevista en cuestión (15-4), fecha en la que Rosita debía estar a punto de ser liberada por los franquistas. En la interviú no se dice nada respecto a la situación de la actriz en ese momento, supiérase o no de su liberación, por lo que todas las conjeturas son posibles.

Finalmente, hay dos elementos que terminan por añadir más incertidumbre y misterio al asunto. En los Rosita_MI revista Publicida LIBRO sOMACARRERA004últimos números conservados de Mi revista, entre el 10 y el 20 de enero de 1938 se anuncia, en algunos casos a toda página, un libro de Manuel P. De Somacarrera[13], redactor habitual del bisemanario, con el título Rosita Díaz, la perseguida por el fascismo. Con el marbete de “Muy pronto aparecerá a la venta”, se dice también: “He aquí la novela más sensacional y emocionante que refleja la ferocidad del fascismo contra una artista española, prestigio de la pantalla nacional. La vida, la persecución y la producción artística de Rosita Díaz contados por la ágil pluma de Manuel P. DE SOMACARRERA”.

Al parecer, han cambiado  las tornas y Rosita, antes o después de su vuelta a España, ya ha contado su peripecia en el bando fascista. Pero, a pesar de haberlo buscado exhaustivamente,  no he localizado este libro, que, probablemente no llegó a salir a consecuencia del empeoramiento de las condiciones en el campo defensor de la República. Como redactor de Mi revista, Somacarrera habría de conocer la entrevista hecha a Joaquina ¿Se volvería a hablar en él del origen aragonés de la estrella?

Finalmente, en el margen derecho de la partida de nacimiento, aparece un nuevo dato que parece poner en solfa todo lo anterior: La defunción de esta Valera Jimeno Blasco se produjo en la localidad sevillana de Camas, el 17 de diciembre de 1996. ¿Mentía, pues, Joaquina y adjudicó a una hermana desaparecida la identidad de Rosita o en ese fallecimiento hay gato encerrado? Para mí se trata de un error, por ser una persona con el mismo nombre o un montaje interesado. Sólo la familia Negrín podría, quizá, deshacer el ovillo. Pero siempre hicieron lo contrario.  Carmen Negrín -ya conocemos sus disparates- llegó a declarar que Rosita murió en el sur de Francia, adonde viajaba todos los años para visitar a sus padres y asistir al Festival de Cannes y que incluso estaba enterrada allí. ¿Qué padres, a esa avanzada edad?  

Que Rosita calló y fabuló mucho acerca de su vida pasada parece más que evidente. Que, tanto la entrevista como la partida de nacimiento, aquí reveladas son documentos más que interesantes, también. Para mí, la actriz llamada Rosita Díaz Gimeno era Valeria Jimeno Blasco, una zaragozana de familia humilde nacida en Zaragoza el 4 de febrero de 1908. Falta por desenredar la madeja, tirando de uno y otro hilo. El desafío está lanzado.

                                                            POST-EPÍLOGO

El testimonio de Olga Pérez Gaibar  (V.  Comentario del 7-4-2017), al parecer sobrina-bisnieta de la actriz, que escribió un comentario a esta entrada y con la que después he intercambiado informaciones, parece confirmar la tesis expuesta en este artículo. Sería deseable profundizar en todo ello.

NOTAS

[1] Raquel Rodrigo, Rosita Montenegro y Antoñita Colomé estuvieron en el nivel inmediatamente inferior.

[2] Otras noticias indican que estudió en la Academia de Bellas Artes y que los tres años que duraban los estudios los despachó en uno, además de concedérsele el Premio Fin de Carrera. (Ríos Carratalá:186)

[3] Sabemos que estuvo, como Rosita, en las compañías de Martínez Sierra y Díaz-Artigas y que coincidió con ella en diversas obras, como María del Mar de Juan Ignacio Luca de Tena, estrenada en Madrid el 11 de octubre de 1927. En un reportaje de Nuevo Mundo (14-IV-1933, pp. 32-33), bajo el título “¿Cuál es su hobby?”, se da cuenta de que ambos todavía viven juntos.

[4] Lo único seguro es que durante los meses en los que permaneció con los sublevados, llegó a actuar para ellos en varias ciudades.

[5] V. por ejemplo, La Voz (3-III-1933), que titula: “La artista de ‘cine’ que se ha ido a la Sierra de Ronda en busca del sobrino de Flores Arrocha”

[6] Así aparece en un suelto biográfíco que inserta La Vanguardia (15-III-1936, pp. 16-17): “María de la Cruz Rosario Rosa Díaz Gimeno Petter Manjón nació en Madrid un 14 de septiembre. Sus padres, andaluces; su abuelo materno, alemán…”

[7] Juan Negrín Mijailov había nacido en Leipzig el 22 de noviembre de 1914. Sus padres se habían casado en la misma ciudad, en la que el futuro político perfeccionaba sus estudios, el 9 de febrero. El científico y María Mijailova tuvieron cuatro hijos. Las dos hembras murieron y sobrevivieron Juan y Rómulo. Quizá por ello, María sufrió problemas psicológicos que, entre otras cosas, llevaron al matrimonio a la separación. En los años veinte el doctor se emparejó hasta su muerte con Feliciana López de Dom Pablo.

[8] Famosa actriz, que ostentó la Cátedra de Declamación en el Real Conservatorio desde 1915.

[9] Publicación quincenal, -en sus últimos números decenal-, editada en Barcelona desde el 15 de octubre de 1936 hasta el 20 de febrero de 1938 y dirigida por el periodista Eduardo Rubio Fernández, perteneciente a la CNT pero también con redactores de otras ideologías de izquierda. Extracto las líneas siguientes de la información proporcionada por la Hemeroteca Nacional:

 ”Subtitulada ‘ilustración de actualidades’,  (…) nacía de  un ‘grupo de compañeros’ (…) ‘francamente revolucionarios’ (…) revista de ‘combate antifascista y no partidaria’ (…) apareció los días 1 y 15 de cada mes y su paginación la fue ampliando, desde las 32 hasta casi el centenar de páginas. (…) fue sobre todo un magazine con una gran calidad de edición que, junto a crónicas y reportajes de los frentes y la retaguardia, ofrece otras destacadas informaciones sobre la industria cinematográfica y del teatro. También incluye artículos de política, economía, sociedad y cultura y sobre el desarrollo de la contienda, con páginas también dedicadas al mundo financiero, la ciencia, la educación, la mujer o el deporte, pero dándole especial atención a actrices, actores y películas extranjeras (…) y asimismo españolas, en otra sección titulada ‘Pantalla española’.

 Su portada, a veces coloreada y buscando los tonos rojo y negro del anarquismo, fue ocupada generalmente por actrices o por dibujos de milicianas o alusivos a la contienda, siendo distribuida gratuitamente entre los milicianos que se encontraban en los frentes de batalla. También cuenta con otra sección que, bajo el epígrafe “Panorama sindical”, daba espacio para informar de todas las organizaciones obreras ‘sin distinción’. (…) fueron publicadas numerosas fotografías, dedicándole una sección propia denominada “Vistas del frente’. (…) Dio cabida asimismo a una destacada publicidad comercial”.

[10] Otros, sin embargo,  sostienen que el político siempre estuvo enamorado de la actriz y, probablemente, en público optaba por disimular. Esto parece más verosímil, dado el carácter pastueño de su hijo.

[11] Juan Ruiz Mantilla afirma que se conocieron en 1934 en Los Ángeles, cuando ella hacía doblajes para la Paramount. V. “Buñuel íntimo e inédito”.

[12] Agradezco vivamente a Javier Fernández López, profesor de Derecho y reputado historiador, además de amigo, sus gestiones a este respecto.

[13] Periodista (Barcelona, 1902-Barcelona, 1969), perteneció a la CNT y fue responsable de prensa y propaganda del Comité del Producción Cinematográfica del Sindicato de Espectáculos durante la guerra, por lo que colaboró asiduamente en Mi revista. En 1936 filmó para el sindicato el documental de 16 minutos, Aragón trabaja y lucha. Antes de la guerra había trabajado también en Films selectos, El Día Gráfico y El cine, publicado  novelas cortas como Una Margarita Gauthier. Del Diario de una modistilla, Supo vengarse y un breve Diccionario cinebiográfico ilustrado. Hubo de marchar al exilio pero, a su vuelta, consiguió colaborar de nuevo con España Tánger, La Vanguardia, El Noticiero Universal… 

                                                       FILMOGRAFÍA

Un hombre de suerte (Benito Perojo, 1930)

Un caballero de frac (Roger Capellani-Carlos Sanmartín, 1931)

Su noche de bodas (Louis Mercanton, 1931)

Lo mejor es reír  (E. W. Emo-Florián Rey, 1931)

El hombre que se reía del amor (Benito Perojo, 1932)

Sierra de Ronda (Florián Rey, 1933)

El hombre que se reía del amor  (Benito Perojo, 1933)

La Dolorosa (Jean Grémillon, 1934)

Susana tiene un secreto (Benito Perojo, 1934)

Rosita_Susana tiene un secreto

Se ha fugado un preso (Benito Perojo, 1934)

-Angelina o el Honor de un Brigadier (Louis King, 1935)

Rosa de Francia, (José López Rubio-Gordon Wiles, 1935)

La vida bohemia (John Alton-Josef Berne-Edgar G. Ulmer, 1937)

El genio alegre (Fernando Delgado, 1939)

-Pepita Jiménez (Emilio “Indio” Fernández, 1946)

-El último amor de Goya (Jaime Salvador, 1946)

El canto de la sirena (Norman Foster, 1948)

 

                                                                                 BIBLIOGRAFÍA

 -ARMERO, Álvaro, Una aventura americana. Españoles en Hollywood, Madrid, Compañía literaria, 1995.

Armero, Álvaro Una aventura americana Españoles en Hollywood (1)

-DÍEZ PUERTAS, Emeterio, El montaje del franquismo. La política cinematográfica de las fuerzas sublevadas, Barcelona, Laertes, 2002.

-GARCÍA DE DUEÑAS, Jesús, ¡Nos vamos a Hollywood!, Madrid, Nickel Odeón, 1993.

-HERNÁNDEZ GIRBAL, Florentino, Los que pasaron por Hollywood, Madrid, Verdoux, 1992.

Hernández Girbal, Los que pasaron por Hollywood (2)

-HEININK, Juan B. y Alfonso C. VALLEJO, Catálogo del cine español. Films de ficción 1931-1940, Madrid, Cátedra / Filmoteca española, 2009.

-RÍOS CARRATALÁ, Juan Antonio, El tiempo de la desmesura. Historias insólitas del cine y la Guerra Civil española, Barcelona, Barril & Barral, 2010, pp. 175-258.

Ríos Carratalá El tiempo de la desmesura

-RUIZ MANTILLA, Juan, “Buñuel íntimo e inédito”, El País, 4 diciembre 1911.

-ZULUETA, Carmen de, “Los dos Negrines”, Historia16 nº 311, marzo 2002, pp. 110-121.

Díaz Gimeno, Rosita002

En abril de 1985,  con ocasión de un ciclo sobre Miguel Labordeta, Emilio Gastón habló en el palacio de Sástago sobre el poeta y amigo, que tanto influyó sobre los miembros de su generación. El título de su charla fue “Nuestro profesor sin chaqueta”.Por ese motivo hablé con él. La entrevista apareció en El Día (18-IV-1985), con el título “Da miedo comprobar cómo se cumplen los vaticinios de Miguel Labordeta”.

Gastón, Emilio003

La conferencia

A la pregunta de cuál sería el símbolo labordetiano por excelencia, su imagen ejemplar hacia el futuro, Emilio se lanza arrebatado:

-Laocoonte –y las oes suenan como campanadas en una cripta–, el símbolo de la gran rebeldía helenística. Un rebelde torturado por su misma impregnación de amor. Pero no con un carácter místico ni religioso sino como propugnador de una mitología adecuada a los tiempos nuevos. Miguel fue, además, el auténtico poeta visionario. Y a su pesar. Tan profeta que da miedo comprobar cómo se cumplen sus vaticinios. Por otro lado, hoy lees sus obras y sacas decenas de palabras que entonces apenas se usaban y hoy están de actualidad.

-Hagamos ciencia ficción ¿qué haría hoy y aquí Miguel Labordeta?

-Sufrir. –contesta, como una centella.

-Hay un punto de inflexión en la personalidad de cada creador que permanece en el misterio, algún reducto turbio, esquinado, montaraz, ambiguo, un teorema sin resolver, una suerte de nostalgia atávica y difusa, un magma borbolleante y caótico que, a veces desplaza y desconcierta – suelto, muy satisfecho de mí mismo, aunque mirando de reojo el papel que llevo escrito.

-Sí, pero todo eso está en su poesía. El se lo sabía guardar muy bien, pero a la hora de escribir se le salía y le desbordaba. En sus poemas aparece todo: dese la gestación hasta su muerte y elegía. El fue un poeta sincero-trágico que se purgaba así: a través de los “presurosos desayunos” y de la cotidianeidad.

-Ese componente trágico que es tan patente en su obra, convivía, sin embargo, con el humor.

-Era su arma ante la realidad. Toda realidad es un fraude. Y él lo utilizaba constantemente contra ellas. Ya no era un humor fino ni sutil sino muchas veces brutal y chocarrero. Ante su carcajada, acudían los guardias. Todo humor es revulsivo y él era el gran desobediente.

-He oído alguna vez que no era un hombre fácil, que podía llegar a ser incómodo.

-Claro, por su sinceridad. Era tan abierto que soltaba lo que tenía que soltar y ponía a cada uno en su sitio. El era el “anti” por excelencia, el inconforme, el que rompía con todo, rebelde incluso con los “formalismos” revolucionarios; rebelde, por supuesto, contra sí mismo: esas llamadas a “los hermanos jóvenes que vendrán a romper lo que nosotros anunciamos”.

Gastón_Foto en El hombre amigo mundo006                                                                 Buscando su barba

-Haznos un retrato robot:

JUERGA: Bebía poco. Se emborrachaba de amor, de vida. Amaba siempre. Estaba enamorado del amor. Respecto a la mujer, como todos entonces, era más reprimido que obseso. Le fascinaban esas dulces alumnas que veía de muchas maneras, pero siempre idealizadas; “le tocaría los tobillos”, dice. Era un platónico rebosante de amor hacia los hermanos en un destino castrado. Le gustaba mucho el fútbol y el cine y ambos espectáculos los usaba de espita para soltar su carga de inconformismo y cachondeo cósmico en un ambiente más propicio.

ARTE: Tenía una intuición natural. Fue de los escasos que defendió y tuvo contacto con los aislados grupos de vanguardia como Pórtico o El Paso. Tenía cuadros; muchas veces en los roperos. Para Oficina Horizonte, después de muchas probatinas, vio algo de Ibarrola cuando apenas nadie le prestaba atención y se quedó prendado. Hizo unos murales maravillosos que luego se perdieron, un poco por desidia. No daba trascendencia a nada.

LECTURAS: Especialmente, los grandes poetas proscritos y exiliados. También los existencialistas, la poesía china, y el psicoanálisis, en un tiempo en el que aquí nadie sabía lo que era. Leyó mucho a Reich y también a Jung y Havelock Ellis”.

MÚSICA: No sabía cantar y tampoco recitaba bien. Le gustaba el jazz, en el que le introdujo El Gordo (Julio Antonio Gómez). Tal vez por ir contra corriente, no apreciaba la jota ni el flamenco.

NATURALEZA. Era un hombre urbano. La naturaleza le gustaba ir de viaje, pero él era persona de reductos: el caserón del colegio, la casa-madre, el cine, Niké…

 -Su influencia en vuestra generación fue más vital y humana que literaria…

-Sí, pero porque él nunca fue proselitista. Aún menos, en el sentido político. Creaba unas entelequias y nos hacía creer que las confeccionábamos entre todos, colectivamente. Realmente, no sabía enseñar y tampoco era orador pero aprendimos de él durante veinte años. Sabía desenseñar, crear continuos interrogantes porque él mismo era un interrogante mayúsculo. De ahí, el título de la conferencia “nuestro ilustre profesor sin chaqueta”. Si siguiéramos verdaderamente su ejemplo, su desordenado ejemplo, no podríamos dar conferencias, él iba siempre desnudo, sin bagaje de sabiduría o academicismo, libre, desnudo y original, arrastrando por el mundo su “baúl imaginario” su “maleta de entelequias”. Había una continua llamada al absurdo que a veces nos superaba. Tal vez no llegábamos a entenderlo del todo. Sí que entendimos el valor de llevar una vida a contrapelo en años a contrapelo pero con una inmensa voluntad de vivir. Pero de vivir revolucionariamente, contra el mundo y contra la poesía, incluso contra la propia poesía, que él en ningún momento imponía.

 Carbonel, Mª José, Gastón y yoJoaquín Carbonell, María José Ochoa, Emilio Gastón y Javier Barreiro.

Abajo, Emilio Gastón y amigos en la exposición “Esculpoemas” en la Escuela de Bellas Artes (2012).

Gastón-Exposición-Esculpoemas

Hoy, 20 de noviembre, se presenta en el Centro Pignatelli de Zaragoza, el nuevo libro de Ortiz Osés, El duelo de existir, publicado por Libros del Innombrable.  Como suyo, será volumen jugoso, henchido de ideas y de originalidad creativa y hermenéutica. Tampoco faltan los aforismos -en los últimos años, su producción más continua-, de los que ya me ocupé en este lugar: https://javierbarreiro.wordpress.com/2013/09/16/prologo-a-amor-y-humor-de-andres-ortiz-oses/ y en los que le pediría cesara, pues lo poco alimenta y lo mucho sacía, aunque no me hará mucho caso, como no se lo hará al arzobispo que le tuerza la oreja.

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Andrés Ortiz Osés anda ahora de nuevo por Zaragoza, jubilado pero siempre hiperactivo. Esta entrevista titulada  “El sentido como herida simbólica”, apareció en  El Día, (8-I-1985), hace casi veintinueve años. A pesar de que ahora no se estilen tales “profundidades”, no me parece que nada de lo que aquí se dice esté anticuado.  Otros habrá para opinar lo contrario.

Ortiz-Osés, Andrés x Daniel Pérez

Fotografía de Daniel Pérez con ocasión de la entrevista (1985)

Aposentado  en su nueva cátedra de Hermenéutica y Metafísica que, por un lado, le facilita hacer de su capa pluvial un sayo de estameña, y por otro, le permite una mayor soltura de movimientos en sus relaciones con el medio, Andrés Ortiz-Osés lanza su analítica mirada de fauno, basilisco o guerrillero áulico con tanta desfachatez como provisión de desengaño. No es sin embargo, el pesimismo brebaje que le ataña. Más cerca de Nietzsche que de Descartes, Ortíz-Osés vive con tanta vehemencia que el objeto de sus investigaciones se ve implicado en esta vorágine dinámico-vivificadora.

Pregunta.- ¿Cómo solventas la disyuntiva entre el necesario distanciamiento que toda disciplina intelectual requiere y la inexcusable turbulencia que conlleva tu inmersión, incluso corpórea, en la sustancia de tu indagación?

Respuesta.- Bueno, es una inmersión con flotador: aunque a veces no lo parezca, he tenido una teutónica formación cultural en la Universidad de Innsbruck. Pero tienes razón en lo de mi dualidad entre la turbulencia vasca y el entrecejo aragonés. Trato de solventarla dialécticamente, recreadoramente, asumiendo la contradicción como con-dicción o condición oblicua que se refleja en mi lenguaje transversal.

P.- La tensión a que sometes tu lenguaje y que constituye uno de los puntos más atractivos de tu discurrir, ¿es lo que te ha llevado últimamente a dedicar alguno de tus ocios a la indagación poética e incluso a servirte de ese lenguaje poético para la expresión personal?

R.- El interés de la poética está en que cierra el círculo místico retrotrayendo lo sentido a su sentido (lo que Valle-Inclán llama en La Lámpara maravillosa, que he conocido por tu mediación, “el significado sensitivo”. En efecto, en el poema lo sentido (la temporalidad) es enmarcada o condenada: el tiempo se reconvierte en tempo, o sea, en tiempo espaciado-despaciado. Desde este momento, no es posible definir el lenguaje del sentido como un espejo estático a lo largo de un camino, sino como un cristal/vidrio a lo anche del mar. Elytis y Cirlot ofrecen una verificación textual de ello: el vidrio/cristal en ambos surrealistas funge como cristalización-vidriación de un sentido así accidentado, en-carnado y vidriado. El sentido, es, pues, un dios vidriado o viceversa.

Para decirlo poéticamente:

Poder quedar a solas entre

entre las dos vertientes,

vertiendo la propia libación

que traigo dentro en el exacto quicio,

en este encuentro vivo

y a la precisa hora del Kairos maduro.

P.- La incompetencia, que es el modus vivendi de nuestros patronos culturales, hace preferir la cautela al atrevimiento. El que ejercita éste es, a menudo, tachado de arbitrario. Tus relaciones con el mandarinato nunca han sido excelentes, ¿verdad?

R.- Acaso me hayan hecho catedrático para ofrecerme una oportunidad académica de “asentar” cabeza, lo que me resulta difícil, dada la connotación de dicha nomenklatura coequivalente a la de “bonzo aristotélico”. En realidad ya sabes que propugno una Gnosis (seria) frente al agnosticismo tiernogalvanizado de boga política y cultural. (Ahí está el pensamiento orteguiano hegemónico que denomino “apaisado)”. Frente a la actual “reconversión cultural” en marcha y a la represión del sentido por parte del realismo hirsuto, el estructuralismo estéril o el realismo político-cultural, trato de superar simbólicamente esta situación de sentido alienado, inmediato, superficial, o “exotérico” reconduciéndolo a su sentido profundo, “esotérico”, arquetípico.

P.- La recuperación del mito como propedéutica, incluso para una serie de disciplinas hasta habitualmente enfrentadas con él, ¿no es, sin embargo, en peligro en cuanto que puede servir de vía de acceso o escape a muchos cultivadores de la banalidad o de la “fantaciencia”?

R.- El llenarse la boca con la palabra “ciencia” sirve hoy para tapar muchas ignorancias supinas. Por lo demás, la auténtica ciencia está descubriendo hoy que sus teorías (físicas, por ejemplo), se explican mejor con los arcaicos modelos mitológicos, como puede verificar quien lea El Tao de la física. Pero tienes razón en lo de que hay mucha morralla bajo el mito, la gnosis y el símbolo: razón de más para tratarlos universitariamente.

P.- ¿En qué estás laborando ahora?

R.- Es inminente la publicación de mis Memorias antropológicas y mitología en Ediciones Zero-Zyx, que, además, va a republicar Ortiz Osés_Mitología cultural y Memorias antropológicasSímbolos, mitos y arquetipos  y Anthropos tiene en prensa mi Antropología simbólica, así como un número monográfico sobre mi obra. Por otro lado, he sido traducido al francés y al portugués en la Universidad de Braga, donde además tengo una especie de “camada hermenéutica que sigue de cerca mi antropología aplicándola al tema de la “saudade” y paralelos. Por lo demás, estoy realizando cierto desplazamiento de lo mítico a lo místico, sobre lo que algo ilustrará mi conferencia.

P.- El título de tu conferencia “Mito, Mística y Utopía”, es tan atrayente como excesivo. Háblanos de qué senda te guiará en este laberinto.

R.- El tema mítico-místico, aunque oculto, está ante nuestras narices, aunque reprimido por nuestra generalizada “melopea”. La mística es, por naturaleza, heterodoxa y es necesario recuperar el Unamuno del “hay que mitologizar”. En él aparece la vidriación de Dios en una figura de Cristo Mater que yo llamaría el “Gran Rajado” (he aquí que su herida femenina del costado simboliza el sentido como agujero matriarcal-femenino).

Mientras que el mito remite al pasado y la utopía al futuro, la mística yace desgarradamente entre pasado y futuro en un presente ausente o presentido. De aquí que el sentido sea tematizado en la mística como “joven evanescente” o “diosa verdeante”. Como dijera el genial Aben Arabi, místico del siglo XII: “Dice Dios (el Amado, el Sentido): No me busques en ti, porque buscarás en vano. Pero no me busques fuera de ti, pues no obtendrás resultado. Mas no renuncies a buscarme, so pena de ser desgraciado. Mientras me buscas hasta llegar a encontrarte, no cesarás de elevarte”.

Ortiz-Osés0

A Francisco Rico lo conocía uno de la filología y los bares de copas de Madrid. In illo tempore (a fines de 1984), vino a Zaragoza para hablar sobre “Magia y literatura” y lo entrevisté. La conversación, que el periódico tituló: “No hay criterios para temas económicos y los va a haber para la triste cultura” se publicó  en El Día de Aragón el 28 de noviembre de 1984.

Rico, Francisco x Daniel Pérez

Con un cierto aire de dandy despistado y, tal vez por analogía con el fósforo que le debe rebosar por las meninges, su estilizada figura recuerda a una larguísima cerilla con facultades ambulatorias. Calificado con originalidad oficiosa de enfant terrible de la erudición española, fértil en facecias y recursos, menos rebuscado de lo que se cuenta, aunque ligeramente malévolo, destila ironía y sentido común. Oigámosle.

Pregunta.- El momento actual del hispanismo es tan bueno como parece?

Respuesta.- Dentro de España es excelente. Tengamos en cuenta que a partir de la guerra hubo una ruptura de la continuidad y asumieron el relevo gentes nefastas como Balbín o Entrambasaguas y otros sicarios de la peor filosofía y la peor política. Compensado, eso sí, por algunos maestros que ejercieron aisladamente una acción positiva alejados de los centros de poder oficial como, en Zaragoza, Yndurain o Blecua. Se pagó esa ruptura pero ahora está en el “poder” otra generación, de la que en Zaragoza también hay excelentes representantes, que ha aprovechado lo positivo de las experiencias extranjeras con una personalidad propia. El hispanismo “interior” está muy bien. No diría lo mismo del de fuera.

P.- En un tiempo en que las escuelas y la escolástica parecen estar bastante desprestigiadas faltan, sin embargo, y puede que venturosamente, hermeneutas con vocación de totalidad. ¿Puede ser éste un hecho irreversible?

R.- El historiador moderno es relativista, si es solvente, porque aprende que toda vigencia estética de valor universal es pasajera y se ha perdido un tanto el orgullo de totalización que guiaba a la generación del Centro de Estudios Históricos con sus martingalas del “me duele España” y otras secuelas noventayochistas. El historiador no aspira más que a la totalidad del periodo que estudia. Necesita una formación general desde la crítica literaria hasta la paleografía y desde la historia económica a la teoría de las artes. Es, pues, sectorial y parcial en el tiempo mientras que la crítica que se interesa por la literatura contemporánea es necesariamente parcial en la doctrina porque la literatura se hace únicamente con pasión y determinando que todo lo anterior es absolutamente detestable aunque uno dependa radicalmente de ello. Si yo creo que Galdós es el máximo novelista español, nunca escribiré una novela. Tengo que pensar – como mi amigo Juan Benet, que acierta en un sentido y en otro se equivoca – que Galdós es detestable, para poder escribir mi novela no sólo como un proyecto estético propio sino en contra de todos los demás.

 Literatura y vida

P.- En cierta ocasión dejó dicho que urgía disociar literatura y vida. Aunque, en cierto modo, los hechos parecen darle la razón, ¿no es cierto que tal enjuague puede ser útil como señuelo?

R.- ¿Eso he dicho yo? ¡Ah, hace diez años! Pues es una tontería. Venía a cuento, sin duda, de los últimos coletazos de la literatura social que no daba la suficiente importancia a la literatura en sí misma, al placer del texto, como ahora se tiende a decir. Por eso hablaba de cierta forma de entender literatura y vida pero no de la otra que es la asunción gozosa de la literatura como experiencia vital, que no tiene porqué ser sustituto de nada. Yo decía que, si a algunos le interesan los libros obscenos como compensación, es muy triste cosa. Leer para vivir vicariamente o para ejercitar cualquier tipo de disfrute está muy bien. Emplear la literatura como arma moral o consigna está muy pasado de moda.

P.- En muchos de sus escritos, incluso eruditos, usted gusta de practicar una suerte de distanciamiento, de juego consigo mismo y hasta de desconcertar al lector. ¿Responde tal actitud a un propósito previo, tal vez con ribetes didácticos, a una postura vital o a una indeclinable propensión a huir de las certezas?

R.- Es una postura vital porque la vida es tan pobre y monótona, es tan poco vivir una sola vida que uno debe distanciarse. Gil de Biedma dice que si los cristianos piensan que Dios tiene tres personas eso es de una pobreza lamentable, cualquiera tenemos muchas más. Uno, por muy crítico, historiador o erudito que sea, se sitúa también con ojos de creador o lector y piensa que no puede tomarse demasiado en serio. Siempre se te filtra alguna de las otras personas. Además, estoy rotundamente en contra de la seriedad profesional o erudita.

 “Hay buenas intenciones y muy pocos criterios”

P.- En un reciente artículo de Ferlosio, que no ha sido el primero en sublevarse, se ponía en solfa el hiperproteccionismo gubernamental hacia cualquier ente susceptible de ser catalogado de cultural, ¿cuál es su opinión respecto a la menorragia subvencionista de nuestros políticos?

R.- Estoy de acuerdo con Ferlosio, aunque en cierto momento de su artículo se mete con algo que yo dije hablando de la Universidad Menéndez y Pelayo como escaparate de la cultura en un tiempo en el que la gente se dedica al ocio o la frivolidad y faltan las noticias periodísticas. Es bueno que se asocien estas cosas. Ocurre que hay muy buenas intenciones y muy pocos criterios. Aunque ¿dónde hay criterios en el mundo en que vivimos? Por eso se caracteriza la posmodernidad: por la falta de criterios. No los hay para cuestiones de armamento o economía y los va a haber para la triste cultura. Los profesores que han pasado a ser asesores de las autonomías, diputaciones o ayuntamientos han de justificarse y lo más sencillo es organizar mesas redondas sobre “Literatura hoy” o “Literatura andaluza”, lo que tampoco está tan mal, a la gente le gusta y el vicio solitario de la lectura también necesita su praxis. Otros organizan un congreso; en Cataluña la Generalidad compra trescientos ejemplares de todo libro editado en catalán, con lo que el poeta se publica 301 y ya tiene cubierto el costo. Las cosas se hacen de forma atolondrada pero ya se harán con mejor criterio. Hay vicios de aldeanismo pero la cultura es de por sí viciosa. ¿Qué le vas a hacer? Ferlosio tiene razón pero no en todo.

P.- El adjetivo “primera” que antecede a su reciente Cuarentena anuncia otras entregas?

R.-No, definitivamente, no. No quiero imitarme a mí mismo.

P.- El marbete “Magia y Literatura”, que ostenta su conferencia resulta lo convincentemente ambiguo como para preguntarle ¿por dónde van los tiros?

R.- Se trata de mostrar la homología o semejanza funcional y estructural entre ambas. Aprovecho para decir – y esto es lo que me divierte – que la novela ha sido siempre de imaginación y que el realismo es una herejía o un mero parpadeo de la historia. Volviendo al tema, hay algo en la textura interna de la Magia y Literatura que las hace afines. Uno recurre a un mago para que le ame su mujer o lee una novela donde las mujeres aman a sus maridos: todo imaginario. Ya se sabe que no hay maridos cornudos sino bien informados. Por otra parte, los elementos que presiden la realización de la magia: el contacto o la semejanza…, son los que también organizan la literatura y, analizando un proceso inquisitorial, muestro como el conjuro tiene los mismos principios constructivos internos y externos de la poesía. Lo dijeron Frazer y Jakobson hablando de otros sistemas y es muy fácil aplicarlo al sistema semiológico o simbólico de la literatura.

La conferencia estuvo muy bien.

Con Francisco Rico

Recojo hoy una interviú a un librero de viejo con puesto en las barracas de Atarazanas, poco antes de que fueran derribadas. El entrevistador es Diego Jiménez de Letang, personaje con el que más de una vez he tropezado en mis rebuscas pero del que apenas he encontrado datos.

Nació en Cartagena (1900) pero pronto llegaría a la Ciudad Condal, donde debió de ganarse la vida como periodista y traductor, puesto que, a partir de 1926, figura como versionista de varias obras de escasa enjundia. Igualmente, publicó novelillas de corte sentimental en colecciones como La Novela de Bolsillo y La Novela Bonita. Más significativo es que llegara a  dirigir la publicación de tango más popular que se editó en España, El tango de moda (1928-1934) , revista en la que muchas veces firmaba el artículo de su segunda página:

 (V. https://javierbarreiro.wordpress.com/2012/01/14/las-primeras-revistas-dedicadas-al-tango-en-espana/)

En el libro  Barcelona, tercera pàtria del tango, editado en 1990, X. Febres y P. Gabancho aseguran que fue un millonario bohemio quien introdujo a Gardel en los ambientes aristocráticos de la Ciudad Condal, lo que no parece compadecerse mucho con su actividad como traductor y periodista pero estos autores, sin duda, tendrían razones para afirmarlo.

En 1928 figura como Secretario general de Juventud de la Unión Patriótica de Barcelona, de la que al año siguiente es nombrado presidente. Contradictoriamente, en 1931 aparece como editor de una Historia popular de la Revolución francesa y, al año siguiente, de una obra (El fin de una expedición sideral. Viaje a Marte) del filoanarquista Benigno Bejarano. También realizó adaptaciones literarias para niños.

Desconozco su actividad en los años venideros hasta aparecer después de la guerra como redactor de Solidaridad Nacional. En este diario realizó múltiples labores, entre otras, la de crítico cinematográfico. En sus últimos años fue directivo de la Asociación de la Prensa. Fallecido en Barcelona el 23 de julio de 1959, a su entierro asistieron varios cargos políticos, vinculados con el Movimiento Nacional.

Seguro que a algún amante de los libros pueden interesar estas minucias, en las que aparece algún viejo conocido, y que Jiménez de Letang publicó en Solidaridad Nacional el 20 de julio de 1948. 

Libros viejos en Santa Madrona_Años 30

                                                            Barracas en Santa Madrona 

Próxima desaparición de las “barracas” de Atarazanas. – Clientes de antaño, iniciativas y proyectos. – Las pequeñas anécdotas y la pequeña historia

Las barracas parecen más unidas, más avergonzadas que cuando tenían ante sí la enorme mole del Cuartel de las Atarazanas. Ahora casi, casi, pueden contemplar la mar y recibir, a la vejez, la caricia salobre de sus vientos, sentir la emoción del ir y del volver infatigables, cuando para ellas cualquier día, la piqueta marcará su última singladura.

Le pregunto a un librero:

–          ¿Qué hay de los viejos?

–          Quedamos ya muy pocos. Yo, con veinticinco años nada más en el puesto, acaso sea el más antiguo. Herrero murió y murió también Adán. ¿Se acuerda de Adán?

–          ¡Que si me acuerdo! ¡Aquel anciano simple, huraño y bonachón como el primer hombre; abandonado, sucio y churretoso como el más “adán” de todos los “adanes”.

–          Sí; era un Adán en todos los sentidos.

–          ¿Y los nuevos?

–          Magníficas personas. Los libros nuevos trajeron otra clase de libreros en los que usted no encontrará nada pintoresco. Hay dos o tres señoras y un viejo que habla poco y sabe varios idiomas, pero, como quien dice, acaban de llegar. Dé una vuelta por las barracas y verá.

–          Exacto, comento; si me lo permite seguiré esta charla con usted.

–          Encantado; ya me dijo una vez don Augusto Matons que la Prensa debería ocuparse de nosotros. ¡Pero somos tan poca cosa!

Proyectos e iniciativas

–          ¿Van ustedes por la Cámara del Libro?

–          ¡Ya lo creo! Estamos asociados todos lo libreros de lance de Atarazanas e incluso llegamos a iniciar un fondo para el día que nos veamos obligados a desalojar nuestras barracas.

–          ¡Mal día para nosotros también, amigo! ¿Y qué piensan hacer?

–          Iniciativas no faltan. Mire usted; ya le hemos señalado al Ayuntamiento tres lugares de la ciudad donde podríamos trasladar nuestros modestos negocios, adecentándolos, naturalmente.

–          ¿Y son?

–          La plaza que acaba de quedar abierta en la calle de Canuda, cerca del Ateneo.

–          Excelente.

–          La otra plazuela, también nueva, en la esquina de la Avenida de la Puerta del Ángel, frente al cine Paris.

–          Estupendo.

–          Y la Plaza de Castilla.

–          ¡Magnífico! Su feria de libro daría a ese rincón sabor y gracia.

–          Sí, pero no diga nada, porque nosotros no nos hacemos ilusiones. Todos esos lugares están destinados a parques de vehículos….

 La clientela perdida

–          ¿Baja la venta?

–          ¡No me diga! Hoy casi no se vende.

–          ¿Quiénes eran sus mejores clientes?

–          El primero de todos, el Cuartel de Atarazanas. Vendíamos libros a los soldados, a las familias que venían a visitarlos, a las novias y a los amigos. Clientes pequeños pero seguros y diarios.

–          ¿El barrio chino?

–          Ese no compra literatura barata, la vive como puede.

–          ¿Escritores, bibliófilos, periodistas?

–          Antes, antes sí. Pero ahora, ¿qué quiere usted que vengan a buscar en estas barracas?

–          ¿El negocio por los suelos?

–          ¡Y tanto! Es raro hacer una venta mayor de veinte duros. Cuando tenemos algo bueno hay que llevarlo al domicilio del presunto comprador.

–          ¿Recuerda usted alguno de aquellos compradores de antaño?

–          ¡Ya lo creo! Venían muchos: don Santiago Rusiñol, don Enrique Borrás, don José Francés, Mario Aguilar, “Amichatis”, el dibujante Opisso, González Ruano, Luys Santa Marina

Hablemos de Luys

Al decirle que la información era para Solidaridad Nacional al librero, me ruega:

–          ¿Quiere usted que hablemos de Luys?

–          No le gustará.

–          ¡Tanto como le queremos por aquí!

Accedo.

–          ¿Es cliente?

–          Era. Hace ya muchos años. Antes de nuestra guerra. Venía casi cada mañana muy temprano. Miraba y remiraba los libros. Compraba algunos. Pocos, pero buenos y raros. Y baratos. Cada día se le iban en estas barracas siete u ocho pesetas, bien gastadas. Sabía buscar y escoger. Y se iba. Recordaremos siempre aquella desgana suya al marchar, aquella mirada clara y profunda que echaba a todo, diciéndonos que se quedaba entre nosotros, entre los viejos libros que él tanto quiere.

–          ¿Y viene?

–          Ya no. Hace tiempo que no le veo. ¡Claro! Hay muy  buenas librerías de viejo por ahí, en la calle de la Paja, Baños Nuevos…

–          Se varía…

–          Pero él no cambiará nunca, nunca. Ni en sus aficiones, ni en su carácter, ni en sus obras. Somos nosotros los que cambiamos, para nuestra desgracia.

El libro viejo

–          En esta barraca sólo veo libros de lance.

–          Es mi manía. No puedo con el libro nuevo. Cuando me llega alguno sin cortar las hojas, yo mismo las corto antes de ponerlo a la venta.

–          Pues nos priva usted a muchos de un placer.

El librero de viejo sonríe y comenta:

–          Cuando se vende barato uno tiene que guardar para sí algún placer.

–          Es natural.

–          Y este placer, a veces lo pagamos caro. Mire: una vez estuve trabajando en una librería “de nuevo” que tiene mi hermano y siempre le vendía los libros más baratos del precio señalado.

–          Mala cosa.

–          Y tan malo. Al poco tiempo tuve que volver a mi barraca. Aquí vendo los libros como quiero. Porque el libro nuevo nunca vale lo que marca su precio.

–          De acuerdo, amigo.

Y el libro, para que sea libro, tiene que ser viejo y haber corrido por el Mundo.

Anecdotario

–          Para terminar, ¿tiene usted por ahí alguna anécdota?

–          Muchas. A montones. Y casi cada día se me ofrece una. Pero menudas, intrascendentes…

–          ¿Por ejemplo?

–          El caballero – me perdonará que no diga su nombre porque aún vive y viene-, que es magistrado o catedrático, no estoy seguro y que acude a comprar novelitas de aventuras; rápidamente escoge y se las mete en los bolsillos por si algún conocido le descubre.

–          Otra.

–          Una criada gallega vino a pedirme el “Quijote”. Yo le di una edición corriente de Sopena, pero ella me la devolvió airada. “Quiero – dijo -, la grande, la que lleva ilustraciones de Gustavo Doré. Me quedé de piedra.

–          A los pocos días vino a pedirme el Corán de Mahoma.

–          Siga, siga.

–          En cierta ocasión, un soldado de las Atarazanas quería una aritmética y yo le di una del grado elemental. Después de hojearla me la devolvió muy serio. “No me interesa este libro. Esta lleno de números y no lleva ningún mapa”.

Mientras hablamos, un obrerillo toma de los estantes un manual para la fabricación de jabones y pregunta su precio.

–          Quince pesetas.

El presunto comprador ofrece:

–          Seis reales.

Y el librero bonachón me mira sonriente:

– ¡Ahí tiene usted la mejor anécdota, que es la anécdota de las viejas barracas de libros de las Atarazanas!

Y los dos sonreímos.

ENTREVISTA CON AGUSTÍN GARCÍA CALVO

Publicado: octubre 15, 2012 en Entrevistas

El filósofo cumple hoy la friolera de 86 años.  Quizá por ello se prodigue menos en los medios de comunicación y en las librerías. Aunque lo más probable es que el calificativo “débil” haya terminado cargándose al pensamiento y todas estas cuestiones hoy caigan a desmano. Aunque se nos haga raro a quienes durante tanto tiempo nos atraía su manera de estar en el mundo y su forma de explicarlo. 

Aunque no lo parezca, esta entrevista se realizó en directo, es decir, grabada en un magnetófono portátil y, a medida que iba hablando, Agustín señalaba la puntuación: “coma”, “dos puntos”, “punto y coma”, “subrayado” o lo que fuera.

La entrevista fue publicada, algún tiempo después de ser realizada, en la revista El Bosque nº 1, enero-abril, 1992, pp. 32-38.

Supongo que a tu pesar, pero a consecuencia de tus posturas civiles y de la expresión pública de tu pensamiento, tendrás conciencia de que has sido considerado como uno de los “popes de la contestación” -al menos, así se decía antes- en este país. ¿Con qué talante asumes esa responsabilidad, esa carga ímproba?

-Confío en que al menos exageras con lo de “pope de la contestación”; confío en que te estés quedando algo atrasado de noticias en lo tocante a la opinión pública sobre mi persona: debió de haber algunos años en que a un buen número de gente, les dio por tomar mi nombre un poco como enseña de eso que llamaban contestación, acracia o cosas por el estilo; pero me da la impresión de que eso ha pasado hace mucho tiempo, y ahora me encuentro a menudo entre gente que a lo mejor ni había nacido en el año 65, con los que hablo bastante libre de esa carga; en fin, ya ves, se trata de que el desastre y la ruina del tiempo que pasa sirve para arrastrar consigo mucho de esas indeseables fijaciones y consagraciones de la persona y con ello dejar un poco más libres las palabras para preguntarse una y otra vez cómo son las cosas, que, en cambio, solo cambian para seguir siendo las mismas.

-El rigor de tu reflexión así como la continuidad de tus posturas, llamémosles ideológicas, para entendernos, son elementos atípicos en el panorama del pensamiento español de los últimos decenios ¿Se podría hablar de firmeza en la incertidumbre o, mejor, de tu insistencia en desbaratar certezas­?

-Parece que más bien me alabas por el rigor en el razonamiento y por una cierta firmeza o testarudez en el ataque, que espero que, ya puesto a echarme flores me reconozcas compatible con una cierta frescura en los raciocinios u otros procedimientos de descubrimiento de las falsedades imperantes y reales. Si es así, lo que se me ocurre decirte es que, si hay algún secreto es éste: que no tengo apenas ideas que defender, apenas nada que, si se descubre falso, me vaya a costar la vida o la subsistencia el abandonarlo; y desde luego pienso, en general y dejando ya mi caso de lado, que la falta de ideas lo que permite acaso razonar y descubrir.

-Uno de los caballos de batalla de tu pensamiento es la negativa valoración de la intimidad, la distinción entre lo público y lo privado, entre el Yo y el individuo que, tal vez, no ha sido siempre entendida. ¿Puedes aportar alguna luz a esta cuestión?

-Si, parece que cuesta entender de veras (y por buenos motivos) un descubrimiento por lo demás, tan simple de formular: el Indivíduo o Persona, el Yo, esté definido como el elemento del conjunto o totalidad de Individuos, a lo que el Comercio y los Líderes llaman Masa; no hay por tanto oposición entre el Individuo y la Masa, que está siempre constituida por un número de Individuos o Yoes, que no son más que unidades de ese número, de tal manera individuación y masificación son un mismo proceso: todo lo que corrobora la constitución de una Masa (la de un estado o la de consumidores de un producto) corrobora el ser del Individuo, y viceversa, y no es más que ilusión lo de que el Individuo constituido pueda levantarse contra la sociedad constituida. Frente a esa definición, no hay más que, acaso, la indefinición: la posible imperfección o quebranto de la constitución social y de la mía propia: es decir, lo verdaderamente público (no personal y no masivo), lo que haya de común en cualesquiera (pero “todos” no hay), la gente no contada y que no acaba de dejarse contar, y lo que de gente haya en mí, por debajo de mis ideas y mi voluntad, y que esté por tanto en mí desdibujando y deshaciendo mi personalidad primitiva. Ya he contado alguna vez como es el estudio del lenguaje y de las lenguas y sus relaciones con la población de los hablantes y con las personas y las instituciones lo que más palpablemente revela esa trama de relaciones.

-En tus últimos libros, por otra parte, muy refrescantes hay, quizá, un esfuerzo argumentador desleído en el sentido de que las conclusiones estaban claras de antemano para el lector que, además, ya que decide leerte a ti, seguramente, compartiría. ¿Se trata de aportar material dialéctico o constituyen un esfuerzo por clarificar racionalmente aquello que vivencial, o intuitivamente, la mayor parte sentimos?

-Esos librillos son más bien unos esquemas de razonamiento sobre las cuestiones correspondiente, donde se trata de que, por lo esquemático, la claridad del razonamiento sea lo más hiriente posible y capaz, de paso, de ofrecer formulaciones más difíciles de distorsionarse en la memoria, al mismo tiempo que, de rato en rato, no dejan esos esquemas de recordar, por referencias inmediatas y aun groseras, que de lo que se está razonando es de aquello que está pasando todos los días y constituyendo lo que se llama realidad, en fin, aquello que a cualquiera le pasa y que, al menos vivencial o intuitivamente, como tú dices con el feri fiendo de sus vidas, todo el mundo sabe. No que diga yo que ése es el buen método, sino uno de los muchos que alternativamente se ensayan en esta inacabable lucha del lenguaje contra las ideas o realidades qu él mismo funda.

-En un país como el nuestro, tradicionalmente amigo de lo altisonante, retórico y rimbombante y que ha tenido actores que si pecaban de algo era de hiperbólicos, la declamación, hoy, está muy mal vista, tiene mala prensa y se busca un tono neutro, al contrario que en los países anglosajones en los que se cuida especialmente. Tú eres, en cambio, partidario de dar un tono teatral a la recitación ¿Por qué?

-Al lado de algunos restos de declamación teatral en algunas compañías de actores ingleses o franceses, lo que caracteriza a la falta de tradición de nuestros actores o recitadores no es tanto la exageración cuanto un sañudo empeño en la expresividad (cuando no hay arte, no queda más recurso que la sinceridad; y esto tiene mucho que ver con aquello que decíamos de que se crea todavía en el Individuo como lo verdadero), eso de que se pretenda con un uso forzado de las entonaciones del lenguaje corriente dar a lo que se recita (o no: más bien, se grita o se susurra) algún modo de emoción; así que ya ves que lo de optar por la naturalidad (como en el diálogo del cine) no se opone a la expresividad, sino que está del mismo lado: se trata en todo caso de que se cree que la virtud del lenguaje de la poesía o del teatro está en lo que dice, lo mismo que la del lenguaje corriente, familiar o de negocios, sin que a esa creencia en lo natural y lo expresivo deje de acompañarle una vergüenza de hacer teatro, e. e. hacer arte y juego con el habla. Pero la poesía (y el teatro, que, si no quiere ser cine o novela escenificada, es una manera de poesía) es un lenguaje de fiesta, algo en que los trucos de ritmo y de entonaciones, que están, oscurecidos, en el habla cotidiana, se ponen de relieve y, a la par que desnudan la dependencia del lenguaje de las cosas que se dicen, a la par que evocan el lenguaje del Paraíso, en que canto, recitación y habla corriente no se habían distinguido.

-Has dicho recientemente que lo importante en Poesía es el qué y no el cómo. O he entendido mal o eso precisa una urgente clarificación.

-Una mala audición o torpeza por mi parte en la formulación: sin duda lo que estaba diciendo, por el contrario, es que en el lenguaje poético es el cómo lo que importa (en relación con lo que en el anterior punto decíamos) y el qué o parte semántica o significativa no es más que también uno de los elementos de ese juego de lenguaje en que el cómo de lo poético consiste, lo que pasa seguramente es que en aquel momento lo que estaba haciendo era denunciar la situación general de lo que actualmente se vende (poco, pero se vende) como poesía, en la que por el contrario la fe en el contenido semántico, en el mensaje, en lo que se dice, ha primado de tal forma que ha hecho desaparecer casi todo el sentido del juego del lenguaje poético (en otra parte he mostrado el papel que en todo esto ha debido de tener la traducción de poesía de otras lenguas, naturalmente en prosa, donde apenas podía quedar más que el qué) y ha convertido a la poesía en una mera modalidad de la literatura.

-Muchos ex-seminaristas del Papa o de Marx, intelectuales de ringo-rango que manejaron las reglas de la disidencia a su antojo para después otorgar sinecuras, plácemes o diplomas de ciudadanía a quienes nunca disintieron de su programa parecen, desde hace algún tiempo, vivir bastante desubicados pero, si para proponer fórmulas ya no tienen fuerzas o respaldo, todavía es frecuente oír tildar de cínicos, descubridores de Mediterráneos o carentes de sentido solidario a quienes jamás consintieron ningún programa. ¿Cuál es tu postura respecto a ellos?

-La verdad es que de ordinario ni me acuerdo de que anden por ahí, como sin duda andan, los ejemplares de sabedores de política y juzgadores de que me hablas. Se me han olvidado, casi sin resto de rencor alguno, los años en que bajo la Dictadura eran ésos tales los que detentaban la verdad y la norma, los que imponían el terror y el ridículo a cualesquiera que se arrojaban a rebelarse o denunciar sin contar con el camino o meta a que toda verdadera lucha a que atenerse. Pero en fin, tal como andan ahora las cosas, supongo que les pasará algo parecido a lo que les pasaba a los curas rebotados o seminaristas que colgaban la sotana: que seguía dominando en ellos la natural necesidad de creer que no fue en vano todo lo que al antiguo Dios le habían sacrificado (sobre todo el sacrificium intellectus, la ofrenda del pensamiento en aras de la fe, que a cualquier doctrina, religiosa o no, le ha sido siempre indispensable y cara), con lo cual (y esto era sin duda lo más triste en ellos) se impedían la posibilidad de recobrar la gracia de oír desprevenidamente y de entender, y con ella la gracia de que el lenguaje hable y actúe a través de uno aprovechándose de las imperfecciones y de las inseguridades de su constitución.

-En tus charlas o recitales siempre buscas la discusión y el diálogo con los asistentes. He observado que las intervenciones son de una altura y una propiedad desusadas en este tipo de actos públicos. ¿A qué lo atribuyes?

-Me alegra que me confirmes esa impresión porque, justamente, lo que me mueve a seguir impenitentemente con ese intento de las charlas públicas es una confianza en que, cuando la cuestión que se plantea es, verdaderamente, de interés común, de esas en que cualquiera tiene que haber pensado aun sin darse cuenta, entonces puede producirse ese medio milagro de que algunos hablen no como individuos (como individuos, con la familia, en la taberna, con la pareja no pueden decir más que cosas personales o triviales), sino como público, como gente en el sentido de cosa indefinida que no es ni el individuo ni el conjunto de individuos computable que el Estado y el Comercio maneja bajo el nombre de masa. Es una confianza, pues, en que la inteligencia, la habilidad para descubrir la falsedad imperante, pertenece a la gente en ese sentido y que, con cierta habilidad, pasión o suerte, se puede conseguir en una reunión más o menos numerosa que las personas hablen como gente, como cualquiera, inteligentemente por tanto, y no como individuos, como cada uno.

-Sin embargo, esta gente no suele entrar en polémica contigo, aunque los planteamientos sean disidentes. Quizá sea que los convences ¿o que te tienen demasiado respeto?

-Puede que sea así, y ello puede deberse a dos motivos bien contrarios. Uno, lamentable, es que yo a veces tiendo a ser demasiado contundente, y esto simplemente puede atemorizar un poco o desanimar del sostenimiento de una idea que ha quedado de primeras desmontada de un modo demasiado claro y decidido; otro motivo, afortunado tal vez, en cambio, es que en muchas ocasiones las ideas que se me plantean en contra son precisamente personales, es decir, impuestas desde arriba y formando parte de los tópicos que el Orden difunde entre sus masas, y como por mi parte procuro hablar siempre de una manera ingenua y puramente negativa, tal vez resulta natural que alguien no pueda continuar un argumento destinado a sostener ideas que, como todas las impuestas y dominantes, perecen en seguida ante cualquier actividad de un razonamiento no interesado en la defensa sino sólo ante el ataque y en el descubrimiento. En fin, probablemente, se den ambos motivos mezclados uno con otro y yo no serían capaz de decidir cuándo se ha hecho bien en demoler muy rápidamente las ideas presentadas o si hubiera sido mejor dejarlas desenvolverse más. No importa, creo, demasiado. Lo que sí quiero decirte es que también a veces me encuentro, no con ideas, sino con razonamientos en contra que me obligan a descubrir algo más de lo que en mi propio pensamiento queda todavía de lastre de ideas o creencias y, en ese sentido, puedo honestamente decir que, cuando la conversación pública marcha bien, aprendo mucho del público, es decir, desaprendo.

-Hay gente que acude a oírte simplemente -o nada menos- que por el placer de ver una inteligencia en funcionamiento pero otros, tal vez fascinados por tu aureola o tu mito, parece que asisten como quien consulta el oráculo. ¿Cómo asumes esa actitud?

-No creo que sea frecuente el caso. Pienso que a lo largo de estos años me he arreglado bastante bien para desanimar de cualquier intento de encontrar en mis palabras un apoyo a una fe positiva, a una toma de posición, a un camino de salvación; sin embargo, es posible que haya siempre algunos que vienen buscando eso que dices. Mi actitud en esos casos durante la conversación es, naturalmente, la de seguirlos desanimando en el mismo sentido. Más frecuentemente debe ser el caso de los que vienen simplemente por motivos, digamos, culturales, porque a pesar de lo escasa y tortuosamente que procuro figurar en el mundo de la Cultura, pueden, sin embargo, tomarme como uno de los muchos figurones de ese ámbito a los que conviene ir a oír o ver para ser más culto o estar más al día. Ni que decir tiene que ésta sería la parte más inerte del público, pero, aun conociendo la presencia de estas motivaciones más triviales y esterilizadoras para la actividad de hablar en público, tampoco desprecio nada de antemano. Muchas veces se da que quien acude a un sitio convencido de que va por tales motivaciones personales y culturales, se encuentra con otra cosa y se deja arrastrar por el razonamiento y el sentimiento que anda por debajo de él. Hay en los hombres algo hermoso y que da algún lugar a la confianza: que se engañan, pero se engañan indiferentemente en los dos sentidos: cuando van a por vino dicen que a por agua; pero también: dicen que a por vino y traen el agüita clara.

-En contra de lo que se desprende de muchas de tus propuestas, he oído alguna acusación en cuanto a la falta de vitalidad en el ambiente de tus intervenciones públicas. Es verdad que te aplican esquemas, se te hace defensor de causas o se te identifica con historias que muy poco tienen que ver contigo, pero es cierto que muchas veces das la impresiòn de ser un hombre triste.

-Es difícil verse desde fuera y, por mi parte, hace tiempo que me desentendido de esa cuestión inacabable y estéril de saber cómo soy: hay cosas más importantes en las que pensar. Pero no creo que de mí se pueda decir que soy triste, sino más bien que soy un caso corriente, como cualquiera, unas veces alegre y otras triste. Lo que sí puedo reconocer fácilmente es que soy bastante incapaz para la diversión o la juerga y también poco dado a los entusiasmos. Esto último quizá, como insinúas, con un rechazo razonable en el sentido de que, por el mismo aprecio del posible placer y del posible descubrimiento, se niegue uno a manifestaciones exaltatorias con escaso motivo o con el motivo falso, que, al hacernos creer que hemos descubierto algo o que estamos gozando de algo, dificultan pesadamente la posibilidad de que algo de eso nos ocurra de veras. La fe es el enemigo de la verdad, así como la diversión es la enemiga del placer.

-En cualquier caso, pareces tener una especial habilidad para hurtar lo personal…

-Más que habilidad, se trata de una pasión. Pienso que si hay algún procedimiento para escapar, aunque sea pasajeramente, a esta condena a la propia persona, a ser uno el que es, ha de encontrarse a través de un enamoramiento de las cosas, de un enajenamiento que, como a veces el amor pretende, implica una cierta pérdida de uno mismo en el objeto del amor, lo mismo si es una mujer que si es un problema lógico de los que tocan a los fundamentos de este engaño que se nos vende como vida. Lo malo es que ese enamoramiento que lo cura a uno de uno mismo es algo que, como todos los enamoramientos, no se puede buscar voluntariamente, sino, a lo sumo, dejar que ocurra o no ocurra,

-Cuando hablas de que no hay creador, de que el poeta se ha comido a la poesía, tus formulaciones coinciden en gran manera con las de Octavio Paz, que viene a decir que es el lenguaje quien habla por boca del poeta que, cuando lo es verdaderamente, funciona como un mero transpositor.

-No sé hasta que punto esas formulaciones coinciden con las que me citas aunque, desde luego, tengo la impresión de que cualquiera que se haya sentido alguna vez lanzado a la maravilla de la combinatoria del lenguaje poético o del lógico y haya sentido de qué modo se producen los hallazgos que luego se reconocen como los más vivos, descubridores y sorprendentes para uno mismo, no puede menos que declarar honestamente esa independencia de la producción poética o lógica con respecto a la voluntad y la conciencia personal y denunciar, por tanto, la falsedad imperante de que poesía o razonamiento puedan surgir literalmente de uno mismo y ocupar uno las funciones del Dios creador. La metáfora del instrumento, el sentirse uno equiparado a un ábaco o una guitarra, sin que se pueda tomar como exacta y definitiva, me parece, desde luego, menos engañosa. Pienso que es importante el denunciar este engaño con respecto al creador en un momento en que en el campo de la Ciencia las ideas matan el pensamiento y, en el de las artes, la firma y figura del supuesto creador mata igualmente al arte mismo y a las posibilidades de acierto de la formulación, entendiendo ‘acierto’ en el sentido de decir aquello que cualquiera siente y que reconoce que, sin darse cuenta, estaba deseando decir.

-Parece, pues, que, por un lado, consideras la poesía como un elemento exterior al individuo o, en todo caso, perteneciente al subconsciente colectivo patrimonio de toda la comunidad que, como querría Robert Graves, se identificaría con las manifestaciones más arcaicas de lo religioso y, por otro, conectas el habla común o popular con la lengua poética.

-No puede rechazarse que la poesía, en sus orígenes, estuvo ligada con la religión y su liturgia y los viejos términos de vate y de bardo denuncian ese enlace. Sin embargo, no me siento obligado a ninguna fidelidad respecto a esos orígenes. De la religión han salido ciertamente, los continuadores actuales que siguen cumpliendo la función de engañar y dominar al público, esto es, la Filosofía o Ciencia por un lado, en cuanto imposición de ideas o creencias, y los artilugios de la propaganda comercial y la televisión por otro, que pueden seguir embobando a la gente de un modo análogo a como la embobaría la liturgia de las viejas religiones. Pero, en contra de eso, también de ella ha surgido un razonamiento laico destructor de las ideas y una poesía que no tiene por qué servir a la distracción, a la diversión ni a la cultura, sino actuar como descubridora, según sus artes peculiares. Es así como pienso que el lenguaje poético ha estado siempre ambiguamente relacionado con esas otras dos formas de lenguaje que son, por una parte, el lenguaje de las altas esferas, de la Ciencia de la religión, de los hombre cultos y, por otra, el lenguaje de la gente corriente, el lenguaje que Juan de Mairena declaraba poético cuando frente a los “eventos consuetudinarios que acontecen en la vía pública” aprobaba al discípulo que lo traducía a lenguaje poético con “lo que pasa en la calle”. Lo cierto es que la poesía, pienso, tiene que arreglárselas con esa ambigüedad. Por un lado, tiene que recurrir a los esplendores y artificios del lenguaje verdaderamente popular. Por fortuna, he comprobado mil veces que, incluso cuando la poesía emplea vocablos esotéricos y sintaxis retorcidas, con tal de que esté acertando a decir el sentir común , la gente corriente y no culta se muestra bien capaz de entender las palabras y las construcciones que, en un plano consciente, no conoce.

-Poesía y Tiempo son conceptos que, de un modo u otro, relacionan todos los que han reflexionado sobre aquélla. Para tí, ¿la Poesía detiene el Tiempo? ¿Lo contradice? ¿Lo transfigura?

-Es, desde luego, como tradicionalmente se decía, un arte temporal. Como la música, juega con el tiempo; lo cual quiere decir que juega con esta contradicción que es inherente a la cuestión del tiempo en el lenguaje mismo, a saber: que, por un lado, la producción lingüística tiene que ser sucesiva, simultánea (esto es lo más claro que se puede decir para reformular con precisión lo de ‘temporal’: que nada, ni frases, ni palabras ni fonemas pueden darse al mismo tiempo que otro del mismo orden) y, en contradicción con ello, el lenguaje es también el sistema de la lengua, el cual es intemporal, eterno con respecto al tiempo en que se habla, y en ese sistema están también depositadas las ideas y, entre ellas, como la más contradictoria y, por ello, madre de todas en el mismo sentido, la idea misma de ‘tiempo’. Entonces, la poesía lo que hace es llevar al extremo y poner en carne viva esa contradicción que es inherente al tiempo, así, hacer al mismo tiempo sentir lo ilusorio de las ideas  o realidades pretendidamente permanentes, pero, a la vez, lo ilusorio de pasar, tal como las ideas recibidas o la Historia tratan de concebir. Por eso es por lo que la Poesía no puede consistir en lo que se dice, en el mero ofrecimiento de significados (ésta es una de las maneras más evidentes de hacer morir la poesía: reducirla a Literatura), sino que tiene que lanzar las palabras siguiéndose y perdiéndose en las artes que más directamente tocan con esa contradicción del Tiempo: los juegos del ritmo y de la sintaxis.

-Quizá por primera vez en la última historia española, una generación -hablando en sentido lato- no tiene misión o programa determinado que cumplir. Ni la lucha contra la tiranía ni la liberación sexual ni el descubrimiento o seguimiento de ninguna escuela. Estas, llámense marxismo, freudianismo o estructuralismo, han demostrado lo que dan de sí y, si no están agotadas, tampoco podemos esperar de ellas grandes revoluciones. Hoy día no atraen en demasía dogmas ni modas. ¿Crees que puede decirse que la realidad, con todas sus amenazas, aparece como un espacio abierto?

-Desde luego, recibo como una especie de bendición eso de que los muchachos que van saliendo estos años estén, en cierta medida, limpios de credos, ideales y hasta de ideas políticas u otras a que atenerse o por las que regir su conducta. Este relativo escepticismo lo he visto ir creciendo a partir de los años en que, después de la rebelión estudiantil de los sesenta,  a los niños se les politizó y orientó del tal manera desde su temprana adolescencia, que ello, junto con la carga más directa de la pedagogía de las instituciones, acabó por despertar un desprecio tanto de los ideales políticos como de las ideas oficiales o dominantes. Esto me parece una prueba de salud por parte de estas oleadas de muchachos y cada año, al recibir en 1º de Filología a un grupo de doscientos o más, no puedo menos de asombrarme de la resistencia de eso que hay de animal en las criaturas humanas que les permite después de trece o catorce años de pedagogía y de formación a través de los distintos medios de formación de masas y de propaganda, seguir estando todavía lo bastante vivos como para que se pueda conversar mejor con muchos de ellos que con los más formados, y sentir despertarse en muchos un interés nuevo ante un planteamiento mínimamente honrado de las cuestiones sobre la realidad y su lenguaje y sus contradicciones, que han sido siempre como una herida fresca y un motor de actividad amorosa y destructiva. Claro que se puede decir que este escepticismo relativo del que hablo puede ser un peligro (desde luego, los mayores y más o menos de derechas no hacen más que quejarse de la falta de ideales de la juventud), que puede llevar a muchos modos triviales de llenar su tiempo como las drogas, las religiones, la televisión o el fútbol o a ponerse a empollar para el fin de curso. Eso es, ciertamente, así; pero, a pesar de todo ello, estimo siempre preferible esa cierta limpieza de creencias y resistencia a las ideas, como una posibilidad de pensar de veras negativamente y, por tanto de, si no vivir, romper con algo de lo que hace imposible la vida lo mismo que el razonamiento.

-Sin embargo, también puede decirse que durante estos últimos años ha remitido un tanto la afición por esoterismos u orientalismos de diverso pelaje, mientras, en cambio, ha aumentado considerablemente el número de alumnos que subliman su conflicto con el entorno mediante el empolle.

-Es posible que esa estimación que me haces sea acertada y que, aunque las oleadas de religiones más o menos orientales sigan florecientes, no hagan tantas presas entre los muchachos como hace todavía diez años; es posible, incluso, que el recurso a las drogas que, durante esos años, solía acompañar al florecimiento de las creencias religiosas, esté también en baja o más bien, que los sectores se hayan especializado más y hayan quedado por un lado, los drogotas, condenados por lo general a la práctica del tráfico, alejados del mundo de los estudiantes y de los muchachos normales; y debe ser verdad que, en compensación, la sumisión al estudio para exámenes y a la prosecución de la carrera de títulos y colocaciones esté dominando a una mayoría de ellos; pero no hay que olvidar que la diferencia entre tirar por un camino o por el otro no es tan importante como parece. Lo importante es que en uno y otro caso, se trata de rendirse a una creencia y de creer sobre todo en una vía, en un camino de salvación personal. Esto es lo que las instancias superiores favorecen y promueven, y siempre han  procurado que la que no pudiera colocarse por el camino del matrimonio se colocara por el camino de la prostitución y viceversa. Lo que nos queda, como una cierta confianza negativa, es ese relativo número de ellos y de ellas que siguen resistiendo, al menos mientras no se hacen inevitablemente adultos, a una vía de colocación y a la otra, a un un modo de creencias y al otro.

-Parece, sin embargo, contrastar con todo ello un fenómeno que se percibe claramente en estos últimos años y que todavía no ha sido, creo, suficientemente valorado. Me refiero a cierta actitud antierótica, a cierta regresión sexual en nuestra sociedad. Sobre todo, en los sectores más jóvenes parecen volver valores como la fidelidad, la continencia…; está de moda el novio fijo; en los debates, al contrario que hace unos años, surge el tema sexual como demanda de información más que de discusión. Quizá sea insuficiente explicar todo esto a través de los típicos bandazos de sensibilidad o ideología. ¿Cómo interpretas estos síntomas?.

-En percibir el fenómeno para estos últimos años estoy de acuerdo contigo, aunque siempre me he mantenido, durante los años anteriores bastante escéptico respecto a los modos de liberación que se intentaban, lo cual no quiere decir que no apreciara los intentos, aunque condenados a un fracaso más o menos rápido, de ensayar nuevos modos de vida y de amor en común que, por aquel entonces, se hicieron y que no haya alabado a la respetable minoría de muchachas que, por afán de liberarse o, simplemente, por negarse a someterse, acabaron, quedándose, sencillamente sin novio y ahora se encuentran, tal vez, sin saber para qué se hizo aquel sacrificio; algunas de ellas, ya no tan muchachas, llevan el desengaño con más gracia que otras. Pero en lo que atañe a la situación más actual, pienso que, aunque muchos factores puedan haber influido en ello, en general, se puede decir que la principal astucia que el Orden había desarrollado para impedir las posibilidades del peligro horrendo de un amor libre y mantener sus instituciones (noviazgo, matrimonio, prostitución, etc.) ha sido que, para sostener la creencia en el amor mayúsculo, la idea del amor que mata y sustituye al sentimiento, se lanzó y se impuso la idea contraria y complementaria: la del sexo; de tal manera que venían a diferenciarse mutuamente, en el sentido de que ‘sexo’ era hacer y sentir lo mismo que con el amor, pero sin amor; y ‘amor’ era aquello que no era mero y cochino sexo. El imperio de esta idea de Sexo se acompañó con un tremendo desarrollo de la industria pornográfica que, así, vino a reemplazar en sus funciones a la Regla moral de la Iglesia decadente y que ha resultado mucho más eficaz que la vieja represión para agostar y desvirtuar los posibles sentimientos amorosos; pues, especialmente para el sexo masculino (las mujeres han permanecido más ajenas a este proceso y más obedientes a las viejas formas de idealización, pero la masculinidad es, como sabes, una flor muy delicada), la pornografía y la ideología del sexo han resultado mortales para el florecimiento de los impulsos y deseos amorosos y es, por tanto, lógico que, en contrapartida, el imperio del Amor mayúsculo de la pareja y, en general, del Contrato y la Idea reemplazando resignadamente el sentimiento que haya llegado a tener esa extensión y fuerza que comentas y que, a veces, le llena a uno de desolación al pasar por los parques o asomarse a una discoteca y comprobar la docilidad con que tantas parejas muy jóvenes se entregan, evidentemente, a las formas de abrazo que han reconocido como convenientes, al Amor convencional, tranquilo y alejado de las turbias aguas del mero sexo, que, correspondientemente, queda reservado a las nuevas formas de prostitución (saunas, señoritas de compañía para ejecutivos, masajes, etc.) que tan espléndidamente ha desarrollado el comercio durante estos años.

Hijo de Rafael Closas Cendra, jurista que ocupó altos cargos en el gobierno catalán en la República y durante la Guerra Civil, el futuro actor recibió una educación esmerada en colegios ingleses y franceses, antes de marchar al exilio: París, Chile, Buenos Aires… Vuelto a España en 1955 para rodar Muerte de un ciclista, se convirtió en una referencia. Toda una vida dedicada a las tablas pero también con más de cincuenta películas, casi todas como primer actor, a sus espaldas. Un clásico del teatro y el cine español y argentino. Tal vez por todo eso, me dio por entrevistarle.

Con el título “Todo se lo debo a las mujeres”, este texto se publicó en El Periódico de Aragón el 10 de marzo de 1991

Discípulo de Margarita Xirgu, y amigo del matrimonio Alberti, Alberto Closas es un actor sólido, con una excelente carrera detrás. Acaba de pasar por Zaragoza, donde interpretó Rosas de Otoño, de Benavente. En esta entrevista habla de su pasión por el teatro.

-¿Si echa la vista atrás y repasa su trayectoria, le parece que abundaron los errores o errores y aciertos son algo que no tiene que ver demasiado con uno mismo?

Los errores son personales. Lo de echarle la culpa a lo de fuera o a los de fuera es muy fácil y sólo sirve para alimentar resentimiento. Yo no me arrepiento de mis errores ni aciertos. En lo profesional sería como escupir al cielo. Ahora cumpliré cincuenta años en esta profesión, soy empresario de un teatro en Buenos Aires, voy y vengo…

– ¿Eso le depara alguna clase de esquizofrenia o más bien le estimula?

   – Me gusta mucho. Aquí nací y allí elegí vivir. Con la Argentina estoy en deuda lo mismo que toda la caterva de refugiados a los que recibieron con los brazos abiertos y, tal vez, nosotros no hemos correspondido al necesitar ellos apoyo en su tragedia. Cuando en el 39 mi hermano y yo llegamos a París, en un país en guerra –estando en edad militar y con un pasaporte caducado de un país existente pero con un gobierno inexistente- en el consulado de la Argentina nos dijeron que el ser españoles era el mejor pasaporte para recibirnos.

– ¿Está más satisfecho de lo que conoció, de las gentes que conoció o de lo que usted mismo ha realizado?

– He sido un hombre que parece haber hecho un pacto con la suerte. A los veinte años conocí a Margarita Xirgu, la primera trágica del siglo, que me preguntó: “Tú ¿por qué quieres ser actor?”. Yo empecé sin vocación y pensando que en este oficio no se trabajaba, así que le contesté que mis necesidades eran mayores que las que me podía pagar trabajando en una oficina y, además, que me podría acostar y levantar tarde que es lo que a mí me gusta y ganar dinero sin trabajar. “Y tú, ¿Cuánto tiempo aguantas sin comer?”. Entre el hambre que había pasado en la Guerra Civil y en el destierro le dije: “yo aguanto fácilmente un año”. Entonces me dijo: “Serás primer actor, hijo mío”. Conocí un Buenos Aires en el que convivían María Teresa León, Rafael Alberti, Álvaro de Albornoz, Francisco Ayala, León Felipe, por no hablar de Jules Supervielle o los intelectuales de allá. Vale más llegar a tiempo que estar invitado y eso me ha pasado a mí.

-¿Su nivel de felicidad es, pues, notable?

Sí, soy vital, agradecido a la vida, estoy satisfecho en lo que atañe a lo privado… Como actor, hago lo que me apetece y como empresario, mi teatro funciona al cien por cien.

– Y, ¿cómo soporta la evidencia de que ese nivel de felicidad coincide con otras vidas que sin hipérbole se pueden clasificar de desdichadas?

   – He pasado la guerra, el destierro, no ha sido un camino de rosas y siento el sufrimiento y las injusticias, pero la verdad es que se me ha endurecido el cuero y paso un poco de todo. Dos veces me operaron de úlcera. El único sitio en el que no me dolía era en el escenario, porque, como no soy yo, no me dolía. Ahí es donde me encuentro feliz, por eso vengo tan pronto al teatro. Quiero olvidarme de lo de fuera y hay mucho para olvidar y poco para recordar. El único lugar donde soy plenamente feliz es en mi trabajo.

            – Se dice que el éxito sólo se sabe que no existe cuando llega.

   – El único éxito es el trabajo. Yo me tomé muy en serio esta carrera que es lo primero de mi vida, luego están los hijos, la mujer… A ella se lo dije así y que si era capaz de cambiar mis prioridades, ese era su problema.

-¿Cómo se ha llevado con las mujeres? ¿Qué les debe o qué les tiene que reclamar?

  Les debo todo y me han enseñado todo. Desde interpretar un cuadro a comer, comprar una corbata o hacer el amor. Siempre he tenido la astucia o la suerte de conectarme con gentes mucho más inteligentes que yo.

-¿Por qué la fascinación por el hecho teatral es mucho mayor en la Argentina que aquí?

  – Es cierto. Empieza por no haber impuestos en el teatro, hay un gran nivel en la escena universitaria y experimental y la gente es muy aficionada al teatro y a la buena lectura. Ya sabemos lo de las librerías abiertas toda la noche, etcétera. Mi teatro, “El Globo”, como el de Shakespeare, funciona desde las diez de la mañana hasta las doce y media de la noche. Hay conferencias, simposios, exposiciones de pintura, taller de teatro, espectáculos para niños… además de ser el primer teatro de comedia. Ahora hay una magnífica comedia musical La banda elástica, que quiero que venga a España y, por supuesto, a Zaragoza.

– La miseria del teatro español hoy, la ausencia o las tragaderas del público, las subvenciones, ¿qué le dice todo esto?

     – La incultura teatral es mayor que hace cincuenta años, pese a lo que se haya avanzado en otros aspectos. Hoy ya no se patea y deberían patearse muchos espectáculos. Yo, a veces, sufro y hasta me marcho porque estoy viendo lo que va a pasar… Habría que iniciar a la gente en el mundo del teatro. Yo estudié el bachiller en Francia y, una vez al mes, había que ver un clásico en la Comédie Française, hacer un análisis gramatical, la crítica… Así, uno veía al menos siete clásicos por año. Aquí ya sabemos lo que pasaba con los cómicos: que no se les enterraba en sagrado pero sí se enterraban o encerraban las gallinas cuando venían. Respecto a las subvenciones yo estoy en contra. La mejor ayuda es adecuar los teatros, ponerlos en condiciones – como el Principal, hoy – Así se ahorra el transporte de material y tantos otros problemas. Y, claro, quitar los impuestos que acaban comiéndose las subvenciones.

Terminamos hablando de poesía catalana y este hombre cordial, seguro, más que fogueado pero aún tierno se entusiasma recitando a Verdaguer y Rusiñol.

Las fotos son de Juan Carlos Arcos.

Esta entrevista fue realizada por la Peña El Tronío, cuyos miembros fundadores fuimos Juan José Vázquez, Miguel Viñerta, Fernando Seral, José Miguel Martínez Urtasun y el firmante, con motivo de una actuación de Antonio Molina en la Sala Aida de Zaragoza. La Peña formada en “defensa y reivindicación de la canción española”, tenía un tono irónico, jactancioso y mitificador del que da cuenta la entrevista. Sin embargo, el toque kitsch, un punto  surreal y costumbrista, viene dado por las declaraciones del propio cantante cuyas respuestas se reprodujeron literalmente. Puede verse, si no, el distinto tono de las respuestas en la entrevista realizada por las mismas fechas a Juanito Valderrama https://javierbarreiro.wordpress.com/2011/12/14/entrevista-con-juanito-valderrama/

 Este trabajo fue publicado por el periódico El Día de Aragón, el 12 de abril de 1985, con el título:

A. Molina: Alma seráfica de la canción

 La plana mayor de la Peña El Tronío – exceptuando al tesorero cuyo paradero se desconoce, por lo que no fue posible entregar la insignia de oro y brillantes a Antonio Molina que, sin embargo, recibió el codiciado diploma que lo acredita como socio de postín de la misma- había mantenido, antes de la actuación y en compañía del amable empresario Felipe Cifuentes, una dilatada y distendida conversación

No resulta fácil sonsacar a Antonio Molina frases rotundas y destellantes. El “To er mundo e güeno” parece inventado por ese garboso jilguerillo que a sus 56 años asegura seguir manteniendo el más impresionante agudo del cante. Cuentan que cuando, en su primera época, Antonio Molina actuó en el coso taurino zaragozano ante veinte mil enfervorizados entusiastas, si soltaba un agudo, uno podía desplazarse a tomar un vino al cercano Bar La Taurina y, a la vuelta, todavía seguía vibrando en el aire la nota lanzada por tan divina garganta. Imposible sacarle una frase azarosa, algo que pueda resultar polémico e irritante, al contrario que a tantas figuras de la canción española, que abnegadamente suministran quintales de morbo al público ibérico, renunciando, incluso, al mantenimiento de su propia reputación.

No fuma, bebe únicamente un litro de leche “al acabar la actuación”, viste un sorprendente y jacarandoso abrigo marinero que a duras penas oculta el impoluto y suntuoso pañuelo de seda blanco que defiende su garganta de las inclemencias, y conserva esos negros cabellos ahuecados que fueron señuelo para una generación de españoles.

Entre chanzas y cuchufletas, rodeados de copas de fino, en el confortable despacho del empresario Felipe Cifuentes, que sólo pretende “poner un granito de arena acercando al público zaragozano una voz que admiro desde niño”, le preguntamos al artista por sus inicios y nos trastea con maestría: “Tengo apalabrada con una revista la publicación por capítulos de mis memorias y no quiero comprometer a nadie” .

Instado por nuestra curiosidad, al fin, se pronuncia: “Empecé a los 16 años por las calles de la Reina y la Victoria de Madrid. Cantaba a Manolete, Arruza, a Bienvenida en La Pañoleta. Me invitaban a comer, me daban unas pesetillas, hasta que gané un concurso de Radio España y me hicieron un contrato por una semana. La gente se arremolinaba. Se me pidió que repitiera y aquello parecia un ascua. Ya, me llamaron de Barcelona, grabé un disco, y aquí me teneis”.

Impresionados por la capacidad sintética del maestro pero ávidos de más noticias, insistimos. “Todos los hermanos de mi madre cantaban, sobre todo uno, teniente de la Guardia Civil, que lo mataron en la guerra. Pero el primer artista de la familia fui yo”.

Enumeramos admirativamente sus películas: El pescador de coplas, El Piyayo, aquel estremecedor documento social: Esa voz es una mina, Malagueña, el impresionante drama humano, que tanto interesó a Buñuel: La hija de Juan Simón, El Cristo de los faroles, Café de Chinitas…y le preguntamos con qué director ha trabajado más a gusto. “Soy una persona muy abierta, muy dado a que me quiera la gente, muy sencillo y conmigo se han intentado llevar bien todos. Y a quien ha intentado llevarse mal, yo me lo he llevado por el terreno bueno y él ha entrado; porque si él ha entrado con la soberbia, yo he entrado con la humildad. Y la humildad siempre vence a la soberbia.”

“¡Qué bonito!” No puede menos que exclamar Felipe Cifuentes, quitándonoslo de la boca. “Yo creo que es así, vamos”, remacha el maestro.

Respecto al cine musical español opina: “Conectaba con el público. Igualmente hoy lo quiere y lo pide, más que el americano y más que ninguno, porque le ahonda más, porque es del pueblo. Lo otro no lo entiende igual que una cosa nativa, lo mismo que en Murcia se entiende de pimientos y tomates, y no de cocos y cacao”.

Sabiendo que no es verdad, le decimos que la canción española pertenece al pasado. “¡Qué va! Eso es infinito, como los toros. Si se acaban los toros, el arte flamenco, el fútbol y los cuarenta deportes que hay, ¿de qué vamos a disfrutar los españoles?” Entre “olés” y tragos percibimos que se han agotado las copas. Con el pesimismo deparado por la situación, una voz exclama: “Faltan los grandes compositores de antaño”.

Corrige el maestro: “Los hay muy buenos. Lo que es que antes bebían muy poco y ahora son muy borrachos. Cuando se tiene la cabeza perdida no se enhebra bien, enhebran en un momento, pero en ese momento en que están enhebrando se les va la cabeza y cogen la cuerda y son capaces de ahogar al que está al lado”.

Conscientes de que no estamos en esa categoría profesional –así va la música- rellenamos las copas. Es el momento de preguntar por su sucesión. “Es muy difícil. El cante flamenco es una cosa que la da Dios. Yo soy muy cristiano y a mí me la ha dado, lo que procuro aprovechar al máximo como todo lo que viene de Dios. La muerte, como viene de Dios, me será tan dulce que moriré riendo”

“Ya no nacen figuras. Si acaso, duran dos o tres años, ganan el dinero, no saben guardarlo y se ven con los calzoncillos rotos. Nosotros marcamos una época y es difícil que se nos vean los pantalones rotos. Además, no son ellos los que cantan, cantan las multinacionales, cantan los micros e, incluso, les cambian las voces en la casa de discos. Pero, cuando se van a enfrentar al público cara a cara, no tienen voz ni voto. A mí el público no me admitía micro, y ahí me tienes en las plazas de toros cantando a pelo. Yo tenía -y tengo- voz para eso. Gracias a Dios”.

Cabeceamos y recordamos algunos de los juicios que el arte de Molina ha merecido. Alguien dice: “el arte de Molina conjuga la técnica de Marchena y el matiz de Angelillo” y se le pregunta su opinión sobre los grandes del cante. Angelillo, “gran persona y mejor cantante. Un caballero”. Miguel de Molina, “gran cantante y gran artista. Se comía las tablas”. Pepe Pinto, “Muy buen artista, también”. Valderrama, “Un fenómeno en lo suyo” El Cojo de Huelva, “Cantaba muy bien. Murió en Sevilla hará veinte años. Lo mató un camión que iba con unas vigas de cemento que se le metieron por el pecho”. Sabemos que Antonio socorrió a su viuda en momentos difíciles, cuando todos los que habían jaleado a su marido le volvían la espalda.

Marchena, “Un genio en lo suyo. Se las sabía todas y una más. Poqueta voz, pero muy administrada y muy dulce”. Manolo Caracol, “Un genio en lo suyo. Esa voz ronca, pastosa, bonita, que sale de lo profundo del alma. Se entregaba al arte, igual que Lola Flores”. Lola Flores, pues, “Un genio en lo suyo. Un fenómeno como artista y persona. Además, muy humana. Lo digo por experiencia”.

Preguntado si había tenido roces con los actores, por modificar el tono encomiástico, nos demuestra que se las sigue sabiendo todas, en un ataque a la gallega. “¡Por qué no me preguntas por los roces con las actrices? Roces, con ellas; con ellos, ninguno.”

Excitados por la chanza y haciéndonos eco de las preocupaciones populares, indagamos por sus hijas, la otra gran aportación de Molina al arte español. “Las adoro, las quiero. Doy mi vida, mi arte y todo por mis hijas. Por mí, no doy nada, por mis hijos, todo”. Y cualquiera.

Hablan y hablan los indocumentados y no saben que Antonio Molina fue pionero en atreverse a cantar en catalán. Entona aquella inmarcesible “Catalaneta”, iniciativa seguida con fervor por todos los presentes. Gritos de “¡Visca Catalunya!”, “¡Viva Aragón!”, “¡Viva España!” se entremezclan en confuso torrente integrador. La conversación deviene francachela, con lo que es el momento de finalizar la entrevista.

He ahí al hombre. Su arte nos acompañará siempre.

A quienes conocimos a don Inocencio Ruiz pocos nos parecerán siempre los recuerdos que se le tributen. Persona de extrema bondad, que hacía honor a su nombre de Inocencio, tenía, sin embargo, las ideas muy claras en cuanto a lo fudamental y no poco humor y retranca, como todavía se puede apreciar en esta entrevista, a pesar de que, a la sazón, ya había cumplido los 86 años.  Se  publicó en El Bosque nº 9, septiembre-diciembre 1994, pp. 29-34.

¿Cómo se ve lo de detrás desde los 86 años? ¿Merece la pena la vida o parece una broma pesada?

Es una mala pasada. La veo lleno de desilusión en materia política. En lo demás, no. He sido un hombre afortunado, amado por los hijos, por la mujer, por todos los que me rodeaban. No sabes la cantidad de amigos que tengo. Pero eso de tener un establecimiento de libros, ser un amante de la cultura y no estrenarse muchos días es decepcionante.

No se creerá, pues, eso de que aumenta el índice de lectura. Los medios de comunicación lo proclaman de cuando en cuando.

Yo de índices no conozco más que el de los libros y, si acaso, el de la mano. Los que lo dicen, no deben conocer ni esos. Es completamente equivocado. En los años veinte o treinta se leía más que ahora, habiendo menos habitantes y más analfabetismo y teniendo en cuenta que los libros pasaban de mano en mano, sobre todo entre los obreros. Había más de cien colecciones de novela, muchas de ellas populares, tres o cuatro de teatro, ahora no hay ninguna. De un número de La Novela Corta se publicaron más de 300.000 ejemplares. Solamente Blasco Ibáñez fundó dos editoriales:  una, Prometeo, que hay que ver lo que hay allí. Están todos los clásicos franceses, italianos, los nuestros, literatura de todos los países… Y antes había fundado otra, a peseta el volumen. Estaban Renacimiento, Sopena, Bauzá, CIAP, Cenit, con sus publicaciones sociales… Las organizaciones obreras publicaban libros como La Novela Ideal, de Urales y la Montseny… los Ateneos libertarios de la CNT… La UGT tenía aquí, en la calle Estébanes, una biblioteca bastante importante. Ahora creo que no tiene ni un periódico. Periódicos se leen también mucho menos. Entonces había varios de gran calidad y prestigio. La Libertad y El Sol darían ciento y raya a cualquiera de los de ahora.

La prosperidad económica no ha conllevado, como debiera ser, un mayor prestigio de la lectura.

Antes, el obrero que podía compraba libros o procuraba que se los dejaran. Ahora, gente que se gasta lo que sea en Canal Plus o en videos se queja hasta del precio de los libros de texto. Que, eso sí, son muy malos. Antes se vendían como ahora tres mil ejemplares de cualquier libro y, como decía, se los pasaban de uno a otro, cosa que se está perdiendo. Cuando presto un libro, digo que permito que no me lo devuelvan a condición de que, después de leerlo se lo dejen a alguien. Ahora me han devuelto uno, Las ruinas de Palmira, que hace muchos años le dejé a Lerín, aquel portero del Zaragoza, del equipo que llamaban “Los Alifantes”. No sé por las manos que habrá pasado.

Ese es uno de los libros que más ha amado y releído.

Sin duda. Es digno de leerse muchas veces. Y no porque sea anticlerical, que hay otros que lo son más, por ejemplo La religión al alcance de todos de Ibarreta, que parece apropiado para leerlo en una taberna, sino porque siempre me ha interesado especialmente lo que tiene que ver con la Revolución Francesa, que es el hecho histórico que me despierta mayor admiración, el acontecimiento más grande que ha habido en el mundo, muy superior a la Revolución Rusa. Sobre ella he leído todo lo que ha caído en mis manos. Desde las más proletarias hasta la Historia de los girondinos de Lamartine, que era conservador. Es una maravilla. ¡Qué hombres aquellos! Eran idealistas y no tenían ningún reparo ante el crimen.

Eso parece una constante histórica. Hábleme de sus lecturas.

Esto de los libros es como los medicamentos. Hay para todos los estados de ánimo. Si estás deprimido, tomas un libro humorístico. Si quieres viajar, lees La vuelta al mundo de un novelista de Blasco Ibáñez que es un libro precioso, y ¡escrito con tanta claridad! Un libro extraordinario para coger el gusto de leer. El fue quien me llevó de la mano en mis primeras lecturas. Luego, tuve más capacidad para elegir. Yo estoy algo educado en literatura francesa, algo menos en la rusa. Víctor Hugo es un genio que tocó todos los géneros con una potencia y clarividencia que asustan, Anatole France, André Gide, qué sé yo … De los alemanes, Goethe. A Ilya Ehrenburg lo he leído mucho y, de los españoles, primero Cervantes, después Quevedo. De los noventayochos, Valle Inclán. Detrás Baroja y, luego, Azorín. Galdós es un precursor y un monstruo…

También ha sido un gran amante de la música y el baile.

El flamenco es lo que más me gusta. Y la canción la española, la música clásica, los tangos… Carlos Gardel, Irusta, Fugazot y Demare, Azucena Maizani, a la que escuché en el Teatro Principal el año 31. Del flamenco, el jondo, no el de tablado de teatro: Manolo Caracol, Antonio Mairena, José Menese. De baile, Carmen Amaya, Pastora Imperio, Vicente Escudero y una que vivió por aquí y murió muy joven, Mary Paz.

Y usted ¿qué bailaba?

La polka –si seré viejo- el chotis, el tango, el fox-trot, hasta me atrevía con el charlestón. Yo podría haber sido un gran bailarín, pero como me dedicaba más a la mujer que a la música… Me gustan morenas y, a pesar de ser pequeño, me han gustado siempre más altas que yo … Las putas de antes eran de muy buenos sentimientos. Yo puse la librería entre dos bares y me dije: o me degeneran a mí o los regenero yo a ellos. Y triunfé porque, al poco, vi en una silla a una que me había comprado una novela y hasta la estaba leyendo.

Usted no viene de una familia de intelectuales. Antes de abrir la librería había sido zapatero, bailarín, botones, sindicalista, algo torero, algo amigo de cabarets y puteques ¿Qué más? ¿Ya leía por entonces?

Más no se puede ser. No da tiempo a ser más. Leer me retiró de todas esas cosas que hubieran sido nefastas a la larga…

Cuente, cuente…

No fui casi al colegio. Mis padres tenían la teoría de que había que llevar los hijos a la escuela muy tarde. Eso hicieron conmigo, pero me sacaron muy pronto. A los once años y nueve meses ya estaba en el Teatro Circo, de botones. Allí había que estar hasta la madrugada, incluso cuando se cerraba el teatro para los bailes, los reservados, el foyer y todo eso… Para atraer a la gente, había allí una tanguista a la que llamaban Sofía Borgia. La Reina del Cabaret, le decían. Resulta que se encaprichó de mí y se me comía a besos, me llevaba al palco donde cenaban y me daba champán y de todo. Los propietarios eran tres socios, José Blasco Ijazo, el que fue después cronista oficial de Zaragoza, uno del que no recuerdo su nombre y Manuel Sánchez Roca. Este me llamó aparte un día y me dijo: “oye, a ti no te conviene esto, vente a una agencia pública que tenemos”. De allí pasé a Casa Montserrat como cortador de calzado. Estuve doce años y, como seguía mi afición a la lectura y tenía poco dinero –debía comprar un libro y venderlo para comprar otro-, pensé que lo mejor era convertirme en librero. Así, en 1941, abrí mi primer local, de mala muerte, en la calle de la Libertad. Ya los dos años me pasé a este otro, que estaba casi al lado.

                             Ruiz Lasala, Inocencio y yo en su librería

                                               Él y yo a la puerta de su librería

Durante la guerra lo había pasado mal.

Al llegar la sublevación las organizaciones obreras llevaron a la huelga general y yo me encerré en casa porque existía el peligro –a un amigo mío le pasó- de que, si ibas por la calle, te paraban las patrullas y, si no estabas trabajando, se te llevaban. Y no para un rato. Yo me encerré en mi casa a leer y escribir y sin salir para nada.

Al acabar también tuvo algún problema

Para que veas cómo era la situación, hice amistad con una chica de Barcelona a la que conocí en la playa. Nos escribíamos y en una de sus cartas me comentaba que había estado en un concierto en el Palau y me mandaba el programa. Yo le contesté diciendo: “me alegro de que te hayas divertido en el concierto, lástima que no tenga yo aquí oportunidad de escuchar esa música”. Son palabras textuales. Debieron abrir la carta en censura y un día vinieron dos policías y se me llevaron a la checa de Ruiseñores. Me dijeron que tenía una multa de cincuenta pesetas por frases despectivas para Zaragoza. Yo dije que no tenía ni trabajo ni nada y no podía pagar si no era a plazos… Así que fui diez veces. Y la última vez que fui, el borde, si será borde, cuando pagué el último duro, dijo “Bueno, y ahora si le gusta a usted tanto la música, cómprese usted una guitarra”. Je, je, ¡el cabrón!

Su relación con los poderes públicos mejoró con la democracia.

Hombre, lo más importante es que un alcalde socialista, Ramón Sainz de Varanda, me dio la medalla de oro de la ciudad. También ha puesto mi nombre a una calle del barrio de Santa Isabel. Y premios y homenajes tengo bastantes desde los años setenta. El último fue el gran homenaje nacional que organizaron los libreros de viejo y al que vinieron representantes de todos los sitios, menos del ayuntamiento de ahora. Yo estoy muy agradecido a todo el mundo, sobre todo porque me conozco algo y sé que no merezco nada.

                                                                    Junto a su calle, recién inaugurada

¿Ha cambiado con el tiempo su visión política?

Yo en el fondo soy anarquista teórico, pero ahora me inclino por el socialismo. ¡Vamos, daos!, je, je. Pero no con el socialismo de ahora sino con los socialistas de antes. Yo tuve el carnet de la CNT desde el año 20 ó 21 y lo guardé muchos años después de la guerra. Hasta que mi mujer me lo rompió. Claro, que tenía miedo, pero, no sé qué te diga…. Tanto, tanto, me cabreaba.

No todos los lectores ni todos los libreros se convierten en escritores. ¿Cómo le dio por empezar a escribir?

Al poco de establecerme, compré un libro impreso por Joaquín Ibarra y quedé prendado de la tipografía y de todo. Lo vendí y se ha acabado, pero, al año siguiente, compré otro y aún me entusiasmó más. Después, al enterarme que había nacido en Zaragoza, empecé a investigar, a leer cosas sobre él, a encontrar contradicciones y me puse a tratar de poner las cosas en claro escribiendo algo. En cuanto encontraba un obstáculo, me ponía a buscar, a preguntar… y hasta no comprobar fehacientemente las cosas no continuaba el libro. Empecé a cartearme con el mejor bibliófilo y bibliógrafo que ha habido en España, Antonio Rodríguez Moñino, y yo en las cartas iba introduciendo cosas sobre Ibarra. Como él asentía, me animé a intentar publicarlo y pensé en dedicárselo. Sabiendo que si el libro era un engendro hubiera sido una ofensa, le pedí permiso, me lo dio y así fue. Me hubiera gustado dedicarme también a los otros dos grandes impresores de la España del siglo XVIII, Antonio Sancha y Benito Monfort pero supe que Rodríguez Moñino estaba escribiendo sobre Sancha y me limité a Monfort.

Su Historia de la Imprenta en Zaragoza y su Bibliografía zaragozana del siglo XIX son también dos clásicos.

El primero es el que más me gusta por el papel, la presentación… es una verdadera edición de bibliófilo. Del otro publiqué, además, un apéndice pero lo que es menester es que otros sigan estos trabajos que nunca están completos.

Por cierto, ¿se acuerda de cuál es el libro más caro que ha comprado y vendido?

No sé, algún incunable en la época en que se cotizaban baratos. Además, los incunables no religiosos tienen mucho más valor. Luego tuve otro, de Savonarola, me parece, en el que había un grabadito que representaba la Justicia, eso de lo que estamos tan faltos siempre, y lo adopté como emblema para mis sobres y cartas. También he tenido dos ejemplares únicos que debí comprar por 10.000 pesetas en la época en que eran muchas pesetas, hace cuarenta o cincuenta años. Y, últimamente, sí que vendí uno que me compró el Ayuntamiento para regalarlo al Papa, Aragón, reino de Cristo, en dos tomos, uno dedicado a los Cristos y otro a las Vírgenes. Pero, luego, han escaseado mucho las piezas buenas y más, el dinero para comprarlas. Yo, que tanto he gozado haciendo catálogos, luego tuve que pasar al ciclostil y ahora me tengo casi que limitar al saldo.

¿Qué personajes de los que han pasado por aquí le han impresionado más?

Tal vez, Marañón. Vino a tratar a un familiar de Escoriaza y pasó por la librería. Eligió un libro y yo quise regalárselo. Pero me contestó: “yo soy médico y vivo de eso. Usted es librero y vive de la librería”. Don Arturo Guillén Urzaiz fue también un gran bibliófilo. Luego, me siento honrado de las visitas de Blecua, Alvar, Castro y Calvo, Lázaro Carreter y tantos otros que, además de clientes, he sentido que recibía su afecto.

Ruiz Lasala, Inocencio1928                                                                                       En 1928

Hábleme de la diferencia entre el comercio de hace cuarenta años con el de la actualidad.

Me establecí el 4 de marzo de 1941. Hacía falta moral en aquellos tiempos. Había, desde luego, más compradores. Va a llegar el día que los libros antiguos sólo se venderán en las subastas, como un cuadro o un bargueño. Pero la diferencia más notable era que entonces estaba aquí constantemente la Policía o algún falangista. Te revisaban la estantería y se llevaban lo que querían. Pero no de pornografía, que yo, a pesar de lo que me han gustado las mujeres y lo putero que he sido, siempre he odiado, sino de lo que les parecía. Se me llevaron a Pérez de Ayala, que colaboraba en ABC, la edición de ocho o diez tomos de Freud. Cosas absurdas. Venían un par de señores, bajaban y decían que eran delegados de Información y Turismo o de la Guardia Civil y ya está. A un tal Félix Ayala Viguera, que había sido de izquierdas, le tuve que decir “usted no tiene nada de personalidad, lo tienen como un muñeco”. Se enfadó. Hasta los catálogos de libros antiguos había que llevar a la censura.

Fue muy nombrada su biblioteca circulante.

Casi arrastro ruina desde entonces. La fundé en 1947. Era exquisita, en cuanto a autores. Compraba las novedades y las exponía en una vitrina del cine Coliseo. Duró catorce años. Por siete pesetas al mes los lectores se podían llevar todo lo que pudieran leer. En cada libro había un sobre y una ficha para el control. Pero aún así hubo uno que me robó todo lo que quiso. No sé cómo fui tan tonto que no me di cuenta hasta después. Con las fichas se llevaba el control; pero éste se los llevaba escondidos. Un militar. Ramillete, se llamaba.

Y ¿lo atrapó?

No.

Con don Inocencio Ruiz, a la  puerta de su tienda_Mayo 93

Muy pinchos, tomándonos el vermut

Ayer , en una de esas presentaciones conjuntas, hoy tan de moda, hablé del periodista Raúl Lahoz, autor de Tinta en vena. Para variar, paso de entrevistador a entrevistado y publico hoy esta interviú- exprés que él me realizó y publicó en la última página del Heraldo de Aragón (21-3-2010).

                                                                            Raúl Lahoz

Barreiro siempre fue diferente.
Diferente, difuso, difícil y profundamente disperso.

Educador, escritor, provocador, vividor? ¿Qué perfil subrayaría?
Escritor y lector. Mi vida son los libros. Proporcionan felicidad y solo dan problemas de espacio. Leer es uno de los escasos placeres sin contraprestación. Comer, beber, divertirse, amar… se pagan, al menos en salud. Leer ilustra, informa, entretiene, evade y, sobre todo, es un maravilloso placer gratuito.

Hablemos de poesía.
Si lo de alrededor no te gusta, la poesía es el último bastión de resistencia. Vivimos tiempos cercanos al despotismo ilustrado, pero tendiendo al analfabetismo social y a lo políticamente correcto, una forma solapada de censura. Padecemos la degradación de lo literario, de lo periodístico, de lo educativo… Cada vez queda menos gente comprometida con su independencia. Y un lenguaje propio es la forma más alta de independencia.

¿No estará censurando a ZP?
Ni el país ni la izquierda de este país merecen a Zapatero. Aunque puede venir algo peor. Algo así parece anunciar la televisión basura o la omnipresencia de Cristiano Ronaldo o la Pasarela Cibeles. La cultura es más divertida.

Demasiados sueños rotos.
Nos vendieron la moto de la Transición, de la monarquía, de las autonomías… Un saco sin fondo de derroche. Eso sí, cualquier tiempo pasado fue peor. No dejo de ser un optimista histórico y un pesimista biológico.

El que canta su mal espanta: entiendo por qué le mola tanto la música.
Mi madre cantaba jota, zarzuela, canción española… Ahora está enferma y le canto yo.

Luego se dejó atrapar por Gardel, el ambiente porteño, los lupanares, el aroma de arrabal.
Gardel es un fenómeno irrepetible. Ninguno de sus admiradores admitiría que haya algo mejor que escucharlo. Tangos malos, en su voz, eran un festín.

También se entregó a la copla y al cuplé.
En los 60 y 70, el pop devoró estos estilos. En los 80, se empezaron a recuperar. Es absurdo el olvido y la marginación que sufrieron.

Defiende con ardor la jota.
El masoquismo aragonés tendió a minusvalorarla.

Se ha acusado a la jota incluso de reaccionaria.
Lamentablemente, el aragonés es su peor enemigo. Aragón tiene mejor prensa fuera. Es cierto que el régimen anterior se la quiso apropiar. Pero también pasó con el fútbol y con todo fenómeno de masas. La jota siempre fue una de las voces del pueblo.

En su creación literaria también se ha aproximado a la canción. Por ejemplo, al fenómeno de Marisol.
Esa biografía fue un encargo de Manu Leguineche, personaje tan respetado como la propia Pepa Flores, de la que nadie habla mal. Y eso no es gratuito.

Regresó a la poesía con el libro ‘Lobotomía’. ¿No querrá recordarnos, como Thomas Hobbes, que el hombre es un lobo para el hombre?
Somos una especie que nos devoramos sin pudor, pero mis lobos no son solo carniceros sino tan entrañables, patéticos y contradictorios como nosotros mismos. En el futuro querría volver a la poesía y la narración. ‘Lobotomía’ es un anticipo. He estado varios años centrado en el ‘Diccionario de Autores Aragoneses’, que aparecerá muy pronto.

 

Otras entrevistas: 

https://javierbarreiro.wordpress.com/2017/06/27/entrevista-con-javier-barreiro-en-analecta-malacitana-junio-2017-por-manuel-galeote/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2017/07/16/entrevista-a-javier-barreiro-de-luis-alegre-el-patio-del-recreo/