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(Entrevista de Luis Alegre, publicada en la sección “El patio del recreo” de Heraldo de Aragón, 16-VII-2017)

¿Recuerda qué le hizo reír por primera vez?

-Mi padre intentando coger para mí la luna o convirtiéndose en la estatua del explorador Livingstone, que veíamos en un estereóscopo. Tendría dos o tres años.

¿Y lo que le hizo llorar?

-Sobre todo, a mis tres años, la extracción de las amígdalas en vivo, sujetado por un fornido  enfermero.

¿Qué era en el patio del colegio? (el líder, el gracioso, el empollón, el gamberro..)

-A los nueve o diez años, en el curso anterior al ingreso de bachiller, fui a la vez el líder y el gracioso pero, antes y después, pasé bastante inadvertido.

¿Se sentía alguien raro, especial, diferente?

-Sí, claro. Como hiperemotivo, no entendía la crueldad del mundo, la de los niños, la injusticia, la miseria, la desigualdad aunque, probablemente, yo también fui a veces cruel o injusto sin advertirlo.

¿Recibió algún castigo que le dejara huella?

-Puede que fuera el primer día que entré, con cuatro años, en un colegio de monjas, que, en general, no eran malas. Pero siempre he sido torpe y se me cayó en clase algo de la mantequilla del bocadillo. A la monja no se le ocurrió mejor escarmiento que toda la clase corease “¡El mantecoso!, ¡El mantecoso!”  y entonces no estaba gordito, como ahora. No prosperó como mote pero, luego, me pusieron otro también relacionado con la merienda.

 ¿Qué es lo que más le gustaba hacer cuando no estudiaba?

 -Jugar e imaginar.

 ¿Cuál fue la calle de su infancia?

-Nací en la calle Colón, todavía  sin asfaltar entre el Camino de las Torres, también sin asfaltar y flanqueado por una acequia, hoy subterránea, y una calle Tenor Fleta, con la vía del tren descubierta. Pero mi madre, que tenía pujos de señorita, no quería que jugásemos en la calle

 ¿Qué es lo que más y lo que menos le gustaba del lugar –ciudad o pueblo- en el que vivía?

-Siempre me gustó callejear por el centro. Zaragoza todavía conservaba rincones llenos de misterio, tiendas raras…

 ¿Cuál es el episodio de su infancia o adolescencia que con más frecuencia vuelve a su memoria?

-Muchos, por ejemplo, la felicidad que me deparaban las reuniones familiares -éramos un montón de primos- en la enorme casa de mi abuela paterna, llena de cosas raras y cachivaches. Tenía buena memoria y buena voz y a veces, cantaba fragmentos de zarzuela a la familia. De la adolescencia, por autodefensa, no quiero ni acordarme.

 ¿Echa de menos haber hecho algo en su infancia? 

-Muchas cosas: viajar, aprender música, aprender idiomas… Los niños que han estado en muchos lugares salen mucho más espabilados. Y no es mi caso.

¿Tenía mucha conciencia política?

-Empecé a adquirirla en 6ª y Preu, los dos últimos cursos del bachiller antiguo.

¿Qué imagen tenía de Franco?

-De crío, creo que neutra. Era omnipresente y aburrido. Mi padre, que se decía liberal, no se atrevía a decir nada al respecto. Años  después, sí.

¿Era alguien muy religioso?

-A pesar del ambiente del colegio: misa, ángelus y rosario diario, la verdad es que no. A los catorce años dejé de creer. Me empezaron a gustar las chicas y decidí que una doctrina que prohibía eso era una mala doctrina.

 ¿De qué modo le hizo sufrir el sentido del pecado, la sensación de mala conciencia?

-De niño, la típica desazón de poder ir al infierno, por el sinnúmero de pecados que había en el catecismo. Lo de las ánimas del purgatorio –al que me creía destinado- también me parecía el colmo de la injusticia y, si echaba limosna, iba para ellas.

 ¿Hasta qué punto influía en su conducta el peso del “qué dirán”?

-De adolescente, cualquier cosa me daba vergüenza –no sé por qué- hasta llevar el periódico en la mano. Y eso que aún no sabía lo malo que puede ser un periódico.

¿Cuál fue su primer contacto con la muerte?. ¿Pensaba a menudo en ella? ¿Le angustiaba o le provocaba algún tipo de tormento?

-La de mi tía abuela Carmen, cuando tenía unos ocho años. Pero la muerte nunca me ha impresionado demasiado. Creo que hay que tener buena relación con ella; es nuestro acompañante más constante.

¿Cómo ganó su primer dinero?

-Vendiendo a domicilio la Enciclopedia Monitor con 17 años. Trabajos horribles pero que me ayudaban a superar la timidez.

¿Hizo alguna locura o disparate que le haga sentirse especialmente orgulloso? 

-De eso, siempre he coleccionado.

¿Cuál fue la primera estrella de cine que le fascinó?

-Burt Lancaster y Gina  Lollobrigida.

¿Y la primera chica que, en la vida real, le provocó una emoción inolvidable?

-Hubo bastantes episodios agradables, pero inolvidable es mucho decir. A la primera de las inolvidables, la conocí con 22 ó 23 años.

¿Cuál fue la primera canción que memorizó?

-Mi madre cantaba mucho y yo, de crío, tenía una excelente memoria, así que fueron muchas y no sabría decir una.

El cine, el fútbol, los toros y la radio reinaban en esa España. ¿Qué relación tuvo con ellos?

-Con el cine, intensísima y muy gozosa. Me parecía una injusticia intolerable que hubiera películas para mayores y que la censura  cortase o prohibiese otras. Los toros desde niño me parecieron una fiesta incomprensible. No entendía cómo  alguien podía divertirse viendo torturar un animal ensangrentado. Si había en la tele, apagaba la televisión y mi familia me lo consentía. El fútbol siempre me ha gustado mucho y la radio, también.

De todo lo que le enseñaron sus padres, ¿qué es lo que caló en usted con más fuerza?

-Lo insostenible de la mentira.

¿En qué momento pensó a qué dedicar su vida?

-Siempre supe que quería leer y escribir. Mi vocación fue muy temprana.

Si pudiera viajar en el tiempo y regresar a sus primeros años durante un día, ¿a qué día volvería?

-Al día en que me iban a engendrar mis padres para intentar convencerlos de que lo dejaran para un poco más adelante y así no tener que experimentar durante tantos años la purria clerigo-militar y la suciedad moral del franquismo. Hoy, en cambio, ante tanto progre iletrado, los militares me caen bien.

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Otras entrevistas: 

https://javierbarreiro.wordpress.com/2012/06/05/entrevista-de-raul-lahoz-con-el-firmante/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2017/06/27/entrevista-con-javier-barreiro-en-analecta-malacitana-junio-2017-por-manuel-galeote/

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Realizada por Manuel Galeote, Analecta Malacitana, revista de la Universidad de Málaga, AnMal Electrónica 42 (2017) M. Galeote ISSN 1697-4239.

Javier Barreiro es autor de innumerables publicaciones, como su monumental Diccionario de autores aragoneses contemporáneos (1885-2005) (Zaragoza, Diputación Provincial, 2010), en el que invirtió varios lustros. En su trayectoria investigadora, sobresale el esfuerzo por rescatar las figuras de la bohemia finisecular, la galería de escritores raros y olvidados de principios del XX, así como la discografía española más antigua. Ha reivindicado a los autores heterodoxos y que han antepuesto el alcohol, las drogas o la muerte a la literatura y la vida. Su infatigable rastreo de pistas bio-bibliográficas sobre ellos ha fomentado su dedicación constante a la bibliofilia y al coleccionismo de publicaciones periódicas, revistas, partituras o registros sonoros, incluidos los cilindros de cera, las pizarras monofaciales y cualquier otro soporte. Tiene en prensa dos libros que verán la luz en el último cuatrimestre de 2017, Alcohol y Literatura (en Ediciones Menoscuarto) y una edición de La Cochambrosa, la primera y hasta ahora desconocida novela del malagueño Pedro Luis de Gálvez (1882-1940), que publicará Renacimiento.

                                   «La bohemia española tuvo mucho más de forma de vida que de patrón estético»

Manuel Galeote: En los albores del siglo XX, tras el Desastre colonial de 1898, antes de la Primera Guerra Mundial, ¿encuentras en España un mundo literario lleno de bohemios? En tus libros, por ejemplo, Cruces de Bohemia (2001) y Galería del olvido (2001), ¿cómo se presentaba esa galería de escritores bohemios?

Javier Barreiro: Muchos de los bohemios escribieron acerca de sí mismos y de su ambiente. Pero muy poco nos dejaron de su auténtica identidad. Pinceladas abruptas, un poco de conmiseración y  algo de risa. Pero a esos bohemios los recordamos porque escribieron. Muy poco podemos reconstruir de su vida. Los retazos con que los pintaron sus contemporáneos son impresiones o recuerdos recogidos de otras impresiones. Por ellos sabemos que pedían, bebían, olían y dormían en la calle o en tugurios peores que la calle. En suma, era gente paupérrima y arrostraban la certeza de que no iban a gozar ocasión para dejar de serlo. Si la bohemia en sus inicios románticos estuvo vinculada a la poesía, a partir de la Restauración se agrupó en torno al periodismo, superficialmente estudiado, entre otras causas, porque gran parte de aquellas publicaciones se ha perdido. Fueron principalmente los diarios republicanos promovidos en torno a Ruiz Zorrilla los que congregaron el mayor contingente de bohemios activos, aunque no faltaron en la prensa de otros colores. Cuando la tripa suena, parece que se abaten los escrúpulos. Pero, como no podía ser de otra manera, los bohemios constituían una curiosa amalgama de idealismo y picaresca. Ambas actitudes se fundían o se disgregaban según la circunstancia impusiera mecanismos de solidaridad o necesidad. De cualquier modo, la bohemia española, sin ánimo de categorizar sus rasgos y periodos, tuvo mucho más de forma de vida que de patrón estético.

MG: Los bohemios se marcharon… Recuerdo tu libro Un hombre que se va… Memorias de Eduardo Zamacois (2011). ¿Por qué leer a Zamacois en el siglo XXI?

JB: Nadie mejor situado que Zamacois para darnos una crónica histórica, sociológica y literaria del siglo que le tocó vivir. Sobre todo literaria, porque estuvo en el centro, como testigo y en abundantes ocasiones como protagonista, de muchos de los acontecimientos más significativos de su tiempo. Zamacois fue protagonista y testigo del problema cubano y los pujos regeneracionistas de toda una época, coetáneo del modernismo, que si estéticamente le tentó poco, hubo de vivir con intensidad en sus años de redacciones y bohemias. Si decimos bohemia, Zamacois conoció y trató a todos sus servidores, desde aquellos con pretensiones de exquisitos hasta los más zarrapastrosos y desmandados, como Pedro Barrantes. Vivió, ¿cómo no?, en París, durante unos años. Dirigió la revista sicalíptica más popular de su tiempo, La Vida Galante, y no es de destacar aquí la relevancia que en la vida, la música y el teatro español tuvo esta apertura de mentes y costumbres traídas por el entorno teatral y periodístico de lo que se llamó sicalipsis. Respecto al protagonismo del escritor pinareño en la fundación de un subgénero literario como el que constituyeron las colecciones de novela corta, tan fundamental en la España de sus tres décadas (1907-1936) literariamente más importantes de los últimos siglos, es asunto al que ya se le han dedicado libros y que, venturosamente, los estudiosos están poniendo en los últimos tiempos en su merecido lugar. A Zamacois no le bastó con ello sino que fue, junto a Felipe Trigo, el más influyente de los novelistas eróticos de su tiempo; conoció y visitó América, al fin su continente natal, tanto y tan bien, que muy pocos escritores españoles pueden igualarlo y aquí habría que citar al eximio y desdichado Eugenio Noel. El arte por antonomasia del siglo XX, el cine, no le pasó inadvertido y tuvo un contacto directo con él, como bien nos explican esas memorias que edité, junto a Barbara Minesso, y se publicaron en Renacimiento. Lo tuvo, igualmente, con otro de los fenómenos tan propios del siglo como fue la radiofonía. Y, en sus últimos años en la Argentina, también con la televisión.

MG: ¿Es esto todo lo que podemos subrayar de Zamacois?

JB: Claro que no. En sus 98 años de peripecia vital —en 2008 se cumplieron ciento veinticinco de su nacimiento— asistió a la guerra de 1936-1939, sobre la que nos dejó una novela, El asedio de Madrid, y dos libros de crónicas, vivió después un largo destierro, con regreso y, tras el toque de chufa, renovada escapatoria, al estilo de Max Aub. Todavía en su exilio y con muchos años a cuestas, tuvo oportunidad de conocer y trabajar en Hollywood y, en fin, un montón de cosas más, de las que sus memorias dan cuenta.

                                                              «Hay centenares de escritores olvidados que merecerían una atención»

MG: ¿Nos hemos olvidado hoy, un siglo después, de aquellos grandes bohemios?

JB: Prescindiendo de los memorialistas, que en sus libros de recuerdos utilizaron a los protagonistas de la bohemia para surtirse de anécdotas, los tratadistas de la crítica, salvo en los dos últimos lustros, se han acercado a ella armados de precaución y con toda clase de prevenciones. El polígrafo y arduo erudito Sáinz de Robles, que conoció y trató a muchos de estos escritores aunque fuera de modo superficial, tuvo el mérito inaugural de su reivindicación pero, hasta muchos años después de publicarse, sus libros fueron desatendidos. José Fernando Dicenta, que se aproximó a varios de estos pintorescos personajes por su parentesco con Joaquín y porque entre sus adláteres había quien los conoció personalmente, vio saldado su muy interesante libro sobre la bohemia. La crítica universitaria se acercó en principio a ella de manera tangencial. Zamora Vicente, en sus estudios acerca de Valle-Inclán, y Andrés Amorós, en los que dedicó a Pérez de Ayala, hubieron sin embargo de tomarla en cuenta y a ellos debemos las primeras aportaciones. Allen Phillips, Iris Zavala, Manuel Aznar y Claire-Nicolle Robin siguieron desbrozando caminos. La publicación de las memorias de Cansinos y la reivindicación de figuras, en su día ya consagradas, como las de Gómez de la Serna y González Ruano, comenzaron a poner de moda a esta turba de olvidados y en su creciente estima influyó la atención de escritores con eco público como Andrés Trapiello, Juan Manuel Bonet, Luis Antonio de Villena y Juan Manuel de Prada. Cada uno de ellos llegó a este puerto por razones particulares y específicas. Los primeros se los toparon con abundancia en sus correrías en pos de libros viejos. Villena, buscando coincidencias en una marginalidad que hoy ha dejado de serlo. El último que nos ha dejado excelentes páginas afrontadas con voluntad literaria, probablemente, por razones estéticas. Sin que, por supuesto, podamos prescindir de un gusto común por lo desatendido y heterodoxo. Hoy día, con el interés, al fin, suscitado por las ediciones de Novela Corta —en el que, aparte de los mencionados, han tenido protagonismo gentes como Luis S. Granjel, Lily Litvak, Abelardo Linares y Alberto Sánchez Álvarez-Insúa—, la atracción por el conocimiento de la bohemia ha aumentado, incluso existió una colección monográficamente dedicada a la misma. Pero, sin duda, falta la mayor parte del sendero por recorrer.

MG: ¿Hay algún bohemio al que creas que todavía no conocemos ni hemos leído? Es decir,¿existe una galería de lecturas pendientes?

JB: Bohemios o burgueses, en la llamada Edad de Plata, término que, aunque con límites temporales algo más amplios, no acuñó, como se cree, Mainer, sino Giménez Caballero, hay centenares de escritores olvidados que merecerían una atención. Quizá haga falta un diccionario con una bibliografía, al menos aproximativa, que facilite y encamine la tarea de futuros investigadores, pero allí hay un filón para tesis y trabajos monográficos.

MG: Los bohemios llegaron desde Aragón, Andalucía, etc. a Madrid, y llevaron una vida llena de dificultades. ¿Hay algún paralelismo con la situación de hoy? Por ejemplo, es difícil encontrar editoriales, público, aparecer en los medios de comunicación, etc.

JB: Sociológicamente son dos épocas muy diferentes. Aquel periodo sí que se parece al actual en la cantidad de innovaciones que afectaron a la vida cotidiana. En la época de intersiglos, la electricidad, el teléfono, el automóvil, el fonógrafo, el cine, el agua corriente, las vacunas, el  movimiento obrero y cien cosas más. Hoy, todo lo relacionado con la informática y el mundo digital. En cuanto a la dificultad de editar, ayer y hoy se editaba demasiado. En el sentido de que accedían y acceden a las librerías una gran cantidad de obras que no han pasado por el tamiz de una mediana exigencia.

MG: Desde el punto de vista del mercado, los libros sobre los bohemios, raros y olvidados ¿siguen vendiéndose? ¿Despiertan interés hoy? ¿Quién los lee?

JB: Despiertan un relativo interés porque es un mundo pintoresco y, como se dijo, no muy conocido, pero siempre minoritario. Supongo que los leen profesores, estudiantes, dilettantes y los bichos raros que, afortunadamente, nunca faltan.

MG: En Aragón, gracias a Latassa y hoy gracias a tu Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005), se cuenta con una Biblioteca de autores de esa región española.¿Qué has aprendido durante la elaboración? ¿Cuáles son as dificultades de una obra erudita de ese tipo? ¿Qué se quedó fuera del Diccionario? ¿Habrá una edición electrónica?

JB: Siempre había hecho yo fichas y reunido bibliografía de autores aragoneses contemporáneos, además de muchos otros que no son aragoneses de nacimiento. Con este material empecé el trabajo, pero en los años de elaboración fatigué bibliotecas, repertorios, bibliografías y, evidentemente, aprendí muchísimo. También aprendí sobre el horror de la burocracia, la informalidad de la gente y mil cosas más, que dan para una conferencia. Las dificultades fueron enormes y menos mal que decidí modificar el primer proyecto, en el que pensaba encargar las voces de los escritores más importantes a especialistas en los mismos. Si lo hubiera hecho así, aún no estaría publicado. Con la colaboración de un ayudante, redacté personalmente las casi 1800 voces con la obra completa y la bibliografía de los autores.
Desde que entregué a la imprenta el Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005), a principios de 2010, no llega a veinte el número de autores que he encontrado después. Por cierto, que en el Diccionario se daba un correo para que, si alguien sabía de algún autor que no se hubiera incluido, me lo comunicase. Hasta el momento, no he recibido ni una sola indicación.
No sé si habrá edición electrónica. Fue un encargo institucional y ésa era la intención, además de enriquecerlo con una iconografía, pero nos encontrábamos en medio de la crisis y no estaban las cosas para alegrías. Sería sencillo acometer esa edición. El copyright me pertenece, así que, si hay quien la financie, no tiene más que ponerse en contacto conmigo.

MG: ¿Cómo ves el futuro de los libros electrónicos, los que no se manchan con el café de la taza derramada, ni con el ron? Los que no arden en la chimenea (algún maestro se jactaba de usar los de jóvenes poetas que recibía como regalo y con los que alimentaba su chimenea). Los libros que no son libros, pues se leen en pantallas retroiluminadas. Son libros que resplandecen como las luciérnagas, como Luces de bohemia.

JB: Quienes amamos tanto el papel, tenemos una comprensible resistencia ante las innovaciones en este terreno, pero reconocemos sus ventajas, sus posibilidades, su necesidad… y, además, sabemos que pueden convivir perfectamente estos y otros formatos. Yo utilizo el e-book para leer en la cama. No pesa, no molestas con la luz encendida a la compañía, si la hay, aparte de las ventajas técnicas que todo el mundo conoce.

  «Valle-Inclán sería considerado como el escritor español más importante incluso de todo el siglo XX»

MG: ¿Cuál es el legado hoy de Valle-Inclán? ¿Nos iluminan los resplandores de Luces de bohemia o se han apagado?

JB: Casi hasta los años sesenta del siglo XX, Valle-Inclán era considerado, sobre todo, como un excéntrico —lo que es verdad— sujeto activo de anécdotas y demasías. Afortunadamente, han cambiado las cosas y estoy seguro de que, si se hiciera una encuesta hoy, sería considerado junto a García Lorca, como el escritor español más importante de la primera mitad del siglo XX e, incluso, de todo el siglo. La bibliografía sobre él resulta inabarcable y su obra está perfectamente editada. Para mí es, junto a Quevedo, el gran maestro de la lengua española.

MG: ¿Entre los escritores de Aragón, qué puedes decirnos de los dramaturgos?

JB: Puedo decir muy poco. Aragón ha destacado literariamente en el ensayo, el periodismo o la investigación. Hay pocos poetas de calidad y menos dramaturgos. En cuanto a novelistas, salvo la cumbre de Ramón J. Sender y el casi desconocido fuera de Aragón, Braulio Foz, autor de la Vida de Pedro Saputo, que Menéndez y Pelayo denominó el Quijote aragonés, tampoco hay abundancia, aunque en este momento hay autores de calidad como Ignacio Martínez de Pisón o José María Conget. Los dramaturgos aragoneses dignos de citarse en el último siglo son pocos; el más importante, sin duda, Joaquín Dicenta, el inventor y la cumbre del teatro social y obrero en la España de intersiglos. Podemos citar también a Marcos Zapata, con obras de gran éxito en la segunda mitad del siglo XIX, Muñoz Román, el principal libretista de la revista musical, bilbilitano, como Dicenta, y Alfredo Mañas y Alfonso Plou, en los últimos decenios. Cosecha escasa.

MG: Hay también otra pregunta que siempre te habrán formulado: ¿quiénes han sido las escritoras aragonesas? ¿Quiénes escriben en Aragón después de 1939?

JB: Pocas y mal conocidas, al menos hasta los años ochenta, en los que empiezan a proliferar. Yo citaría a una poeta, no diría que olvidada porque nunca tuvo éxito, pero para mí es la mejor lírica aragonesa del siglo XX. Se llama Sol Acín (1925-1998) y fue hija del artista libertario Ramón Acín, asesinado al comienzo de la guerra. De las muchas que están vivas, habrá que esperar unos lustros para separar el grano de la paja.

MG: Te has interesado por las tradiciones musicales y artísticas, culturales en definitiva, de Aragón. Desde tus Antiguas grabaciones fonográficas aragonesas (2010) hasta la jota (La jota ayer y hoy, 2005), las cupletistas aragonesas (Siete cupletistas de Aragón, 1998), las actrices (Mujeres de la escena, 1996), etc. has mostrado que la literatura popular, la lengua, la música y el arte forman unas tradiciones cuya biografía te fascina (Biografía de la jota aragonesa, 2013). ¿Cómo se llegó a este desarrollo espectacular y cómo pervive en la actualidad? ¿Se conoce fuera de Aragón o crees que necesita proyectarse más a España y el mundo?

JB: Después de los primeros libros de poemas y cuentos, en seguida empecé a publicar sobre el tango, luego, sobre el cuplé, con la biografía de Raquel Meller, la copla, la zarzuela, la fonografía, etc., hasta llegar a la jota. El primer libro sobre ella, del año 2000, fue un encargo. Entonces la jota aragonesa estaba en un mal momento, pero el siglo XXI ha significado un inesperado renacimiento. Los intelectuales aragoneses, al contrario que los andaluces con el flamenco, nunca prestaron atención a la jota, sino que la denostaron. Apenas hay bibliografía y la universidad la ha marginado absolutamente. No conozco un solo trabajo surgido de ella. Como pasó con la canción española, la confundieron con el franquismo cuando el origen del baile se pierde en la noche de los tiempos y la documentación de la música y el canto es incluso anterior al flamenco, pero, a partir de 1850, los dos géneros tienen trayectorias similares. En el siglo XIX escriben jotas aragonesas casi todos los compositores españoles, pero también Liszt, Glinka, Saint-Saëns… A finales del siglo XIX estaba en la cumbre del éxito y la jota no faltaba en el género lírico. Algunas de ellas (las de El dúo de La Africana, La Dolores, Gigantes y cabezudosEl guitarrico…) se hicieron justamente famosas. En la primera mitad del siglo XX casi todos los grandes ballets españoles llevaban la espectacular «jota de Zaragoza», como número final, y ha habido grandes intérpretes masculinos y femeninos a lo largo del siglo pasado. Pero, a causa de este cuestionamiento por parte de los detentadores del poder cultural, la jota pasó de moda y, prácticamente se conservó gracias a que supervivió en el pueblo y en los pueblos, hasta principios del siglo XXI.

«Los intelectuales aragoneses, al contrario que los andaluces con el flamenco, nunca prestaron atención a la jota, sino que la denostaron»

Alguna responsabilidad en ese renacimiento tuvo la serie de libro-discos y espectáculos “La jota ayer y hoy”, tan bien recibida; los programas televisivos, que hoy nutren la afición jotera, con excelentes réditos para unos y otros; la difusión lograda por las nuevas formas en el canto y en la danza sustentadas por artistas como Carmen París y Miguel Ángel Berna; y me gustaría pensar que también los diez mil ejemplares distribuidos del librito de la serie CAI-100 que me encargó el maestro Guillermo Fatás y que es donde por primera vez se trata la jota desde otra perspectiva y se escriben algunas de las cosas que ahora estoy estampando.Pero ya digo que la responsabilidad principal debe otorgarse a quienes, en los tiempos duros, siguieron manteniendo, cantando, bailando y defendiendo la jota, a despecho de las circunstancias. Me refiero, sobre todo, al ámbito rural aragonés de las tres provincias. A los pueblos, hablando en plata. Sus gentes, sus grupos, rondallas y su entorno social siguió teniendo a la jota por bandera y siguió sintiéndola, cantándola, haciéndola transmisora de sus gozos y de sus sombras y, sobre todo, de su forma de entender y afrontar la vida. No podemos olvidar, sin embargo, a los de adentro y a los de afuera. A los grupos zaragozanos que, rodeados de incomprensión y con bajas cada vez más numerosas, no se desmoralizaron y aguardaron tiempos mejores, a los maestros como Jacinta Bartolomé, María Pilar de las Heras o Jesús Gracia, que conservaron y transmitieron la excelsitud en la interpretación y el bien sentir, lo mismo que sucedió con la escuela oscense. Y, en cuanto a los de afuera, a grupos de las Casas de Aragón en otras provincias y, todavía con más dificultades, las de allende las fronteras, emocionantes trasuntos de lo aragonés en tierra ignota.
Con todo esto, hoy la recepción social del género se ha normalizado, incluso se ha prestigiado aunque, como no podía ser de otra manera, queden resistencias y también, ¿por qué no decirlo?, haya elementos jotistas que merezcan esa resistencia. Lucar contra los tópicos de uno y otro lado sin caer en la barata descalificación es fundamental. Sabiendo separar el grano de la paja, hay que aceptar lo tradicional y lo innovador: lo religioso, lo patriótico y lo libertario; lo basto y lo cursi y lo que algunos llaman zafio y otros, jotas de bodega. También, poner en el candelero y en el mercado la jota y aceptar su evolución, como ha hecho el flamenco, y por este camino van las propuestas creativas de gentes como Alberto Gambino. Otra cosa es lo que guste a cada uno. De cualquier manera, no estaría de más no tomarse las cosas muy a la tremenda y echarle el humor que rezuman muchas coplas del género. Humor, expresionismo y autocuestionamiento, que son también rasgos en los que se identifica cualquier aragonés.

                                                            «Soy disperso por naturaleza, y además ansioso»

MG: Como escritor, ensayista, historiador, profesor, investigador, ¿qué faceta de tu actividad te resulta más grata y más atractiva? ¿Cuál es la que te vampiriza? Después de aquella “Entrevista con los vampiros” (2004), ¿crees en los vampiros y en las vampiresas? ¿Cómo serían las vampiresas aragonesas?

JB: Yo soy disperso por naturaleza, y además ansioso. Tengo necesidad vital de pasar de un género a otro, de lo culto a lo popular, de la música a la literatura, de la investigación a la creación… Efectivamente, para mí, en la variedad está el gusto. Y no sólo creo en los vampiros sino que me consta que abundan: los que se aprovechan de tus trabajos sin citarte, los que directamente te copian, los que creen que los escritores tienen que trabajar gratis, los envidiosos que buscan arrinconarte para destacar ellos… Una auténtica caterva de vampiros nocturnos, rapaces diurnos, cocodrilos en el río, tiburones en el mar y hienas de tierra firme. Procuro olvidarlos y bien sé que ellos prefieren no cruzarse conmigo. En cuanto a las vampiresas, no les pregunto si son aragonesas, procuro quedarme a solas con ellas y que me enseñen cosas y sus cosas.

MG: Hubo una actriz malagueña, que a lo mejor cantó alguna jota, llamada Pepa Flores, pero más conocida como Marisol. Tuviste la oportunidad de escribir su biografía (1999). ¿Es una biografía que siga reeditándose? ¿Se venden bien las biografías femeninas? ¿Crees que la biografía está desplazando a la novela en cuanto a ventas de las editoriales? ¿Hay un auge de la biografía?

JB: Marisol cantó jotas ya en sus películas de niña. Mi biografía, Marisol frente a Pepa Flores, se agotó pero, por causas que desconozco, no se reeditó. Luego Antena 3 me compró los derechos y rodó una serie basada en mi libro. Las biografías femeninas están de moda y cada vez se venden mejor, de lo que me alegro porque hasta hace pocas décadas la biografía era un género muy poco cultivado en España.

MG: Ya que también has publicado guías de Zaragoza (2003 y 2007), ¿qué nos recomiendas a los que no conocemos estas tierras aragonesas? ¿Por dónde empezar nuestra visita y cómo planificar nuestros recorridos? ¿Conviene hacer un viaje en la vida a Zaragoza y Aragón o, mejor, un viaje cada año?

JB: Salvo el Pirineo, la ciudad de Zaragoza y algún lugar aislado, como el Monasterio de Piedra o Albarracín, Aragón se conoce mal y es una pena, porque, como ocurre en casi toda España, a pesar de lo mucho que la especulación y la desidia han destruido, está llena de parajes maravillosos y, además, solitarios, de hermosísimos edificios civiles y religiosos, de una bellísima arquitectura popular. Ahí van unas cuantas propuestas:

-La airosa esbeltez de la iglesia mudéjar de Santa María, dominando el casco urbano de Calatayud.
-La recoleta naturalidad y violenta belleza de la obra humana, como es el núcleo urbano de Alquézar en un paraje incomparable.
-El misterio, proporción y sobria originalidad del románico integrado en el entorno de la iglesia de Santiago en Agüero al lado de los espectaculares Mallos de Agüero, muy cerca de los más famosos de Riglos.
-Las iglesias mozárabes del Serrablo, una auténtica sorpresa para quien no las conozca, por ejemplo, San Bartolomé de Gavín en otro paraje maravilloso.
-La bellísima portada que integra arte, historia y mito del ayuntamiento de Tarazona, ciudad que es toda una joya, como su comarca del Moncayo.

-La Seo del Salvador, resumen artístico de la capital de Aragón.
-Los conjuntos monumentales de Albarracín o Daroca, que fascinan y asombran desde sus mi  perspectivas.
-La fusión de la tierra, la piedra roya y el hombre en el castillo de Peracense, esencia montaraz de Aragón.
Y dejo aparte los cientos de paisajes incomparables, porque no quiero pecar de patriotero.

                                                      «He dedicado muchas horas de mi vida a Sender»

MG: ¿Y qué queda en su tierra aragonesa de R. J. Sender, del Maestro Montorio o de Raquel Meller?

JB: Al que se le ha dedicado más atención (y con justicia) es al novelista. Hay un llamado Proyecto Sender, inserto en el Instituto de Estudios Altoaragoneses, que congrega la muy amplia bibliografía e información que va surgiendo sobre él. Se han publicado bastantes libros, se han organizado congresos, se lee en los institutos su obra, etc. Desde que a los 17 años devoré Las criaturas saturnianas, le he dedicado muchas horas de mi vida. Creo que he leído toda su obra publicada y muchos libros acerca de él. He escrito bastantes artículos académicos y periodísticos acerca de su obra, he descubierto textos periodísticos desconocidos de diversas épocas, su primer cuento, sus guiones para lo que hoy llamaríamos novela gráfica, Cocoliche y Tragavientos, he dado decenas de conferencias sobre su obra, edité un libro con una antología de los artículos que sobre él escribió Francisco Carrasquer, el máximo senderiano… Hasta me otorgaron a los 21 años el primer Premio Sender de Periodismo que se convocó. Por cierto que Sender, entonces, metió la pata augurándome en público un brillante porvenir.
Al maestro Montorio no lo conoce apenas nadie y, junto a Quiroga y Monreal, forma el trío de grandes compositores de la música popular española del siglo XX. Su trascendencia estriba en la gran cantidad de canciones y música de obras de teatro y cine que acometió a lo largo de suvida. Muchas de ellas permanecen en el imaginario popular. Considérese que empezó muy joven y tuvo tiempo de tocar todos los géneros. Entre 1930 y 1977, Montorio puso música a unas ciento treinta obras de teatro lírico. Fue el heredero de los maestros Alonso y Guerrero en el género de la revista. Alonso fue el rey entre 1925 y 1940, Guerrero tomó el relevo y, a su muerte, en 1951, Montorio se convirtió en el principal suministrador de música teatral. Sólo en los años cincuenta estrenó más de cuarenta obras. Su capacidad de trabajo fue asombrosa: componía canciones para los artistas, extensas partituras para el teatro musical y el cine y, frecuentemente, dirigía él las orquestas en los teatros en que se interpretaban sus obras. También realizó muy numerosas partituras publicitarias para la radio y, después, para la televisión, muchas de las cuales figuran en el libro-disco Maestro Montorio, que publiqué en 2004. La más recordada tal vez sea la que anunciaba el analgésico llamado Tableta Okal: «La tableta Okal es hoy el remedio más sencillo / yo a ninguna parte voy sin llevarla en el bolsillo. / Y cuando emprendo un viaje por lo que pueda pasar / al hacerme el equipaje pongo un sobrecito Okal / Okal, Okal, Okal es lenitivo del dolor / Okal, Okal, Okal es un producto superior […]», etc.
La relación de Montorio con el cine también fue intensa desde principios del cine sonoro. De hecho, intervino en la musicalización de varias de las primeras películas y, en seguida, consiguió grandes éxitos con El negro que tenía el alma blanca o La hija de Juan Simón, ambas con Angelillo. En los cincuenta lanzó a Antonio Molina con sus canciones para El pescador de coplas o Esa voz es una mina. Pero se puede decir que trabajó con casi todos. En total, intervino en la música de unas setenta películas.
Raquel Meller y su tiempo, la biografía que publiqué en 1992, está agotada y nadie se ha preocupado en reeditarla, pero es un personaje que sigue suscitando interés, porque es la artista más representativa de la época del cuplé, que es también la de la Edad de Plata, y, en los años veinte fue una estrella internacional de la canción y el cine. Me siguen pidiendo artículos y conferencias sobre ella y he hablado en varias ocasiones con directores y productores que pretendían llevar su vida al cine. El problema es que las producciones de época son caras.

                          «La idea de un Diccionario de la bohemia me ha rondado por la cabeza, y podría hacerse»

MG: También has rescatado, por volver al principio de la entrevista, a Guillermo Osorio (1918-1982), «último de los verdaderos bohemios». ¿Qué te gustaría descubrir aún de su obra y vida?

JB: Fuera de lo que digo en la introducción a Guillermo Osorio, Obras, que me costó bastante esfuerzo reunir, no conocemos nada de él. Me gustaría saber de su peripecia en la guerra, como conductor de tanques en el bando republicano, de lo que le sucedió en la posguerra, que no debió de ser nada bueno —él nunca habló ni de una cosa ni de otra—, me gustaría que me proyectaran una jornada de su vida cotidiana, de taberna en taberna, sus conversaciones con poetas y borrachos, su relación con Adelaida Las Santas, su pintoresca mujer. Dicen que era un hombre tan borracho como angélico, una criatura humana capaz de producir excelsos sonetos clásicos y cuentos surrealistas, al tiempo que pululaba por el submundo o dormía en un banco de la calle.

MG: ¿No resucitaránlos bohemios? Tal vez puedan resucitar desde el punto de vista literario, si se reeditan sus obras.

JB: La epidemia de franquicias, fast food, chinos, pizzerías, Mc Donalds y demás ha terminado con los bares clásicos y tabernas. Es complicado encontrar un plato de cuchara en un restaurante, y por la noche es hasta difícil beber vino. Las tabernas han desaparecido y bohemios como aquellos no volverán. El último fue precisamente Guillermo Osorio.

MG: ¿Hay algún proyecto de un Diccionario español de la bohemia? También eres autor de un Diccionario del tango (2001), ¿nos falta el Diccionario de Javier Barreiro? ¿Quién te aficionó a los diccionarios? Imaginamos que ocupan una buena parte de tu biblioteca.

JB: La idea de un Diccionario de la bohemia me ha rondado por la cabeza, y podría hacerse porque hay gentes interesadas en ello. Yo tengo muchos datos, pero tampoco es un trabajo fácil ni corto. Al mismo tiempo, ignoro si tengo una afición especial a los diccionarios. He publicado dos —el de escritores aragoneses y el del tango en colaboración con otros dos autores—, sí que tengo bastantes —doscientos y pico—, y, desde luego, si son buenos, son utilísimos. Todoshemos estudiado y aprendido a escribir, con el Casares, el María Moliner, el Corominas… Si queremos saber de ocultismo, tenemos que ir al de Collin de Plancy; de lunfardo, a los de Gobello y Conde; de vanguardia, al de Juan Manuel Bonet; de literatura aragonesa, al mío; de palabras non sanctas, al de Cela… Hasta en literatura los hay buenos, como el Diccionario del diablo de Ambrose Bierce.

                                                                                                    «Lo que no quiero ser es mayor»

MG: Además de todo lo que hemos dicho, eres bibliófilo y coleccionista de voces (por ejemplo, aquellas que se grababan en pizarra o en cilindros de cera). ¿Cuáles son las voces aragonesas más antiguas que hoy se pueden oír gracias al rescate que has llevado a cabo?

JB: Los cilindros de cera para fonógrafo son anteriores a los discos para gramófono, que los coleccionistas suelen llamar pizarras. Sabemos que los primeros que se grabaron en España corresponden a 1894. Fue el Royo del Rabal, el jotero más mítico, el que impresionó algunos, pero no se conservan. La inmensa mayoría se han perdido o deteriorado. Por otro lado, los cilindros no están datados y se conservan muy pocos catálogos, por lo que no podemos saber con seguridad cuáles son los primeros registros en el tiempo. Sin embargo, en Primeras grabaciones fonográficas en Aragón 1898-1903, recogí 29 registros, algunos muy antiguos, varios de ellos de intérpretes aragoneses. Allí hay seis jotas aragonesas cantadas por Blas Mora, de Albalate del Arzobispo, que, si no aparecen nuevos registros, serían las primeras jotas grabadas que se conservan. También hay un dúo de ocarinas, interpretado por otra figura de la jota, Balbino Orensanz, junto a un tal señor Lahuerta, que es la más antigua interpretación de este artesanal instrumento registrada en el mundo. En cuanto a discos, llegaron a España en 1899, publicados por la casa Berliner, la primera jota en este soporte fue «La mora», cantada por otra olvidada, Isidra Vera.

MG: El coleccionismo ¿nos embriaga? La literatura ¿es embriagadora? El escritor que se embriaga ¿es mejor escritor? La embriaguez ¿mejora la escritura? ¿Hay una literatura de autores que beben y beben y vuelven a beber? Entre los escritores bohemios, raros, olvidados, malditos, etc., ¿se hallan también los que se emborrachan?

JB: Estas preguntas se responden en mi próximo libro, Alcohol y literatura, que espero se publique en 2017. Hay mucha información —el índice onomástico tiene más de 800 referencias— y creo que es muy ameno, además de políticamente incorrecto.

MG: Háblanos de tus proyectos y de tus nuevos diccionarios. Dinos qué te gustaría ser de mayor: ¿investigador?, ¿novelista?, ¿poeta?, ¿autor de libros de viaje?, ¿bohemio?, ¿historiador de la literatura?, ¿ensayista aragonés?

JB: Además del libro citado y del blog “Javier Barreiro”, donde publico artículos y mis conferencias, así como las novedades editoriales, tengo comenzado un libro sobre la historia de las 50 canciones españolas más populares del siglo XX, otro de narraciones, titulado Lugares y fechas; y sí, me gustaría escribir un libro de viajes; reunir en un volumen mis artículos sobre tango; en otro, los de cuplé; el mencionado repertorio de bohemios; escribir más poesía… Lo que no quiero ser es mayor. En esto soy muy poco original.

MG: Muchas gracias, amigo maño, por responder con tanta paciencia, atención y sentido del humor las preguntas. En nombre de los lectores de la revista AnMal Electrónica, te reitero la gratitud y te deseo mucha suerte para los proyectos que te desvelan en la singladura actual. Cuídate de los vampiros y del sablazo de los bohemios.

Otras entrevistas:

https://javierbarreiro.wordpress.com/2012/06/05/entrevista-de-raul-lahoz-con-el-firmante/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2017/07/16/entrevista-a-javier-barreiro-de-luis-alegre-el-patio-del-recreo/

Este es el cartel correcto. Mañana, 19 de abril a las 20.00 h. se inauguran las III Jornadas de Poesía Rosendo Tello con mi perorata “Rosendo Tello por sí mismo”.  

Como aperitivo, recojo aquí la entrevista que, con motivo de la conferencia, “Miguel Labordeta: Entre lo satánico y lo angélico”, Rosendo dictó en la Caja de Ahorros de la Inmaculada sobre la obra del poeta que fue su amigo y contertulio. Fue publicada en El Día de Aragón, 20-IV-1985.

Rosendo Tello sobre Miguel Labordeta Foto rogelio Allepuz

 

Emilio Gastón, que junto a Julio Antonio Gómez, Emilio Alfaro, Fernando Ferreró y el entonces ausente/presente Fernández Molina, fue uno de los que más trataron, conocieron y comprendieron a Miguel Labordeta, nos hablaba recientemente en estas páginas del hombre y su personalidad. Hoy preguntamos a Rosendo Tello que, dentro del homenaje al poeta en el que intervienen su hermano José Antonio, Mariano Anós, Emilio Alfaro, Clemente Alonso, Pilar Delgado y Sergio Zapatería, tocó el tema genérico que nos ocupa, por la poesía de este escritor-emblema.

 Pregunta.- Comencemos ubicando la obra de Miguel Labordeta ante el lector de hoy.

Respuesta.- El mismo poeta se dio perfecta cuenta de la dificultad intrínseca de comprensión que entrañaba su obra, y de ahí que sus poemas abunden en frecuentesLabordeta, Miguel alegatos metapoéticos. El término metalírica es bien explícito al respecto y la formulación nietzscheana, “cuando tú me leas dentro de mil años” no es ajena a esta preocupación.

Por otra parte, esta poesía parece colocarse de espaldas al lector. No se olvide que Labordeta resulta un epígono de los malditismos simbolistas finiseculares. Por tanto, se sitúa al margen de la tradición empalmando con el segundo veintisietismo surrealista social; es decir, conecta con el abuelo modal del 27 e ignora al padre poético del 36. Mirando hacia adelante, ignora al hijo modal de los 60 y entronca con los primeros nietos modales del 70. Resulta, por tanto, un heterodoxo siempre dentro de la tradición literaria que se instala en el poder. Su heterodoxia e iconoclastia formales –verso libre casi siempre, rechazo absoluto de modos estróficos, etcétera–, hacen de su obra un producto difícilmente asimilable y de rara audiencia. Así, no resultará extraño que los castos oídos musicales se rasguen las vestiduras ante la visión herética, irritante y perversa que este producto suscita.

P.- Tú que llevas durante muchos años asediando con hondura la obra labordetiana, ¿has entrevisto alguna de las claves que puedan girar hacia una configuración de su mundo íntimo?

R.- Me obligas a improvisar una respuesta de psiquiatra de la poesía y, que yo sepa, ésa es una ciencia en mantillas, por lo que no puedo responder sino con vaguedades. Si de muchos poetas se podría afirmar que se mueven entre el “eje de sublimación y su caída vertical en el más profundo subconsciente” – como dijo Bachelard –, tanto más de los poetas neorrománticos y surrealistas. Miguel Labordeta fue ambas cosas. La poesía, desde los arranques finiseculares del XIX, brota de un intelecto prometeico rasgado en dos mitades, lo que Labordeta llama “la contradicción del ser”. Es platónico y existencialista, apocalíptico y demoniaco, se mueve entre la orgía dionisiaca y el esplendor apolíneo, entre los deseos terrenales y la sublimación, entre lo satánico y lo angélico. El régimen de su imagen poética bascula entre lo diurno y lo nocturno –signos solar y lunar, paterno y materno –. Labordeta estuvo a punto de rozar una línea clásica, armónica, en que cuerpo-alma y alma-espíritu, realidad y deseo se fundieran, pero no lo consiguió. En términos hegelianos: le faltó la síntesis de armonización clásica liberadora. En su poesía priva más cualquier tipo de titanismo – Prometeo, Ícaro, Sísifo…– y hubo de cargar con su roca terrestre sobre las espaldas “demasiado humanas”.

Su mirada hacia lo alto y hacia adelante se sintió frenada por condicionamientos personales y sociales: su fracaso personal, amoroso y social. De ahí sus insistentes apelaciones a lo misional o evasivo, polos entre los que se debatió sin aportar una solución práctica, porque era esencialmente poeta: que cada uno encuentre – decía – el camino de su purificación interior. A un indagador de lo psíquico, a un psiquiatra de la poesía, yo le aconsejaría bucear en ese pozo subliminal de inhibiciones y exhibiciones constituyentes de sus condicionamientos personales y sociales, que frenen el impulso de sublimación en su poesía.

Miguel Labordeta y su pipa

P.- ¿Cómo resuelve Miguel el devaneo entre sustancialidad y accidentalidad, evasión, juego, humor…?

R.- ¿No pertenece también el accidente, la distracción a las capas más profundas de la sustancialidad? Todo trascendentalismo exacerbado, toda desmesura imposible, si no quiere abocarse al vacío y al abismo, debe encontrar su catarsis liberadora: el humor, humor negro, surrealista. Si el mito no nos acoge, si el espejo que interpone entre nuestros deseos y la realidad deviene opaco por la intromisión radical del ser personal o amoroso o social, la única salida posible es la del espejo cóncavo, la desmitificación crítica y paródica de la realidad: asumir el Dragón, cambiar el árbol prohibido por la varita mágica e imponerse astutamente a los espejos falaces. Así, toda contemplación frenada tarde o temprano acaba en la catarsis práctica, la moral. Todo drama – Durand dixit – tiene al menos dos personajes: uno que representa el anhelo de vida y de eternidad; otro, el destino que obstaculiza la búsqueda del primero. Cuando se añaden otros personajes, el tercero, por ejemplo, no es más que para motivar – mediante el deseo amoroso – la controversia de los otros dos. He ahí la obra del dramático Labordeta, Oficina de horizonte, con toda su carga de mesianismo y de humanística evasión.

Miguel Labordeta x Santiago LagunasP.- De siempre se ha lamentado la no excesiva fortuna crítica del poeta. ¿Responde ello a su intrínseca dificultad?

R.- Ahí está J. C. Mainer, por ejemplo, que nos ha dado visiones muy agudas. No obstante, había que hablar de dos clases de lectores: el culto y el ingenuo. No creo que para el primero resulte inabordable su obra en medida extrema en lo que es la de Lezama o, sin ir más lejos, la de un Cirlot. Para el segundo, sí, ya que a la dificultad se añade un grado frecuente de irritación.

P.- Se cita mucho la influencia de Miguel Labordeta en la poesía aragonesa pero quizá debería hablarse de impacto. ¿Hasta qué punto podrían rastrearse sus modos en nuestra última poesía?

R.- Su impacto fue muy intenso. Te citaré mi caso personal: estos días yo no podía ver las fotografías de Miguel sin emocionarme. Hoy interesa, a sus amigos, tanto la persona como la obra.

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Otros artículos sobre Rosendo Tello en el blog:

https://javierbarreiro.wordpress.com/2011/11/13/una-poesia-de-la-reverberacion-meditaciones-de-medianoche-de-rosendo-tello/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2014/11/25/rosendo-tello-poesia-completa/

Otros artículos sobre Miguel Labordeta en el blog:

https://javierbarreiro.wordpress.com/2011/10/17/miguel-labordeta-2/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2014/02/10/entrevista-con-emilio-gaston-sobre-miguel-labordeta/

Rosendo Tello sobre Miguel Labordeta

Rosita Díaz Gimeno fue, junto a Imperio Argentina, una de las dos grandes actrices cinematográficas españolas del periodo de la II República[1]. Cuando falleció a finales de agosto de 1986, La Vanguardia tituló la noticia: “Muerte en el exilio de la más grande estrella del cine español antes de la guerra”. “La sonrisa de la República” llegó a llamársele y con ese epígrafe le dedicó un importante trabajo el estudioso Juan Antonio Ríos Carratalá en su libro El tiempo de la desmesura. Historias insólitas del cine y la Guerra Civil española (2010).

Rosita Díez-Cinegramas

Según los datos que habitualmente se habían publicado sobre ella, pertenecía a una acomodada familia madrileña, estudió en el Colegio del Sagrado Corazón  y su debut en las tablas surgió tras ganar un premio de recitación en el Real Conservatorio madrileño, donde estudiaba declamación[2]. Fue la prestigiosa compañía de Martínez Sierra y Catalina Bárcena la que acogió estos inicios teatrales y es cierto que la joven actriz cosechó casi siempre elogios de sus actuaciones. Después pasó a la de Díaz-Artigas, con la que hizo una larga gira por los países americanos. Junto a la citada Imperio Argentina, fue la primera actriz española en trabajar en las películas sonoras que la Paramount rodaba en los parisinos estudios de Joinville (1931). Aparte de sus directores extranjeros, rodó con los más importantes cineastas españoles, como Benito Perojo y Florián Rey. En 1934 interpretó el papel femenino en el tan taquillero film  La Dolorosa (Jean Grèmillon). Con ya diez películas en su haber, fue llamada por Hollywood, como primera estrella hispana de la Fox, para interpretar dos nuevas cintas, Angelina o el honor de un brigadier y Rosa de Francia.

Rosita Díez-Artistas de la Fox 1934-1

En suma, al advenimiento de la guerra civil, Rosita era una estrella que copaba las portadas de las revistas, era perseguida por los periodistas y admiradores y despertaba una gran simpatía por su carácter, a un tiempo despejado y risueño. Era también una mujer moderna, lectora y anticonvencional en sus aficiones y comportamientos. Es decir, una mujer de la República. Tal vez por ello, mantenía relaciones con Juan Negrín, Mijailov, hijo del que poco después sería sucesivamente ministro de Hacienda (septiembre 1936) y presidente del Gobierno (mayo 1937), Juan Negrín López. Rosita había dado a luz en 1926 un hijo de padre desconocido y había estado casada y divorciada con el actor teatral Paco Alagón, aunque de esta unión apenas hay noticias[3].

Al iniciarse la sublevación militar, Rosita se encontraba en Córdoba, rodando con el resto del equipo y Rosita_Francisco Fernández de Córdoba007bajo la dirección de Fernando Delgado, las últimas escenas de El genio alegre, basada en la obra de los Quintero y en la que ella hacía el papel estelar. El galán era Fernando Fernández de Córdoba, después famoso como voz oficial del régimen franquista, locutor del parte de la Victoria y habitual en el NO-DO. Éste, como miembro de Falange, se puso de parte de los sublevados, que se habían impuesto en la ciudad de la Mezquita y denunció como espía a Rosita por haber recibido una llamada de Madrid, seguramente de su novio, Juan Negrín. Fue detenida junto a otros miembros del equipo a los que se suponían simpatías izquierdistas. No sabemos exactamente qué ocurrió en los calabozos de Córdoba y Sevilla, famosos por los sádicos sanguinarios que hacían y deshacían bajo la supervisión de Queipo de Llano, con especial mención a Manuel Díaz Criado, militar famoso por sus dotes de torturador y asesino. Mucho de su dignidad debió dejar Rosita en esas espeluncas pero salió viva aunque siguió detenida durante unos meses. Tampoco sabemos los acuerdos o compromisos[4] a los que pudo llegar con las autoridades del bando faccioso. Lo cierto es que, tras publicarse noticias de su fusilamiento, fue liberada en mayo de 1937 y, desde El Havre, pudo embarcar para Hollywood y rodar allí La vida bohemia. Es muy posible que fuera canjeada por otros presos del campo republicano. Ríos Carratalá sugiere, sin afirmarlo, que Ramón Serrano Suñer pudo entrar en el apaño.

Muy poco antes de salir para el definitivo exilio, volvió a España para casarse con Juan Negrín (hijo), que acogió y dio su apellido al hijo de Rosita, que hasta entonces había vivido con sus abuelos y, desde ahora, llevaría el nombre de Francisco Negrín. El matrimonio fijó su residencia en Nueva York y viajó frecuentemente a Méjico, donde interpretó todavía tres películas: Pepita Jiménez (Emilio “Indio” Fernández, 1946), con Ricardo Montalbán como partenaire, El último amor de Goya (Jaime Salvador, 1946)  y El canto de la sirena (Norman Foster, 1948). Actuó también en el teatro, tanto en Broadway como en Méjico y desarrolló una importante labor de difusión de la cultura española. Rosita falleció en Nueva York, el 23 de agosto de 1986. A la sazón, el Ministerio de Cultura le  estaba preparando un homenaje con la proyección de sus viejas películas en la Semana Cinematográfica de Nueva York y se pretendía que después se estrenaran en las filmotecas españolas y Rosita regresara a su país para la ocasión. Esa España en la que a finales de 1939 se estrenó El genio alegre, con la consigna de eliminar de los títulos de crédito a los actores fieles a la República, como se puede certificar en las copias que se conservan.

Rosita Díez 1933Hasta aquí el resumen de la peripecia conocida de Rosita Díaz. Pero ¿las cosas fueron exactamente así? Como en tantas estrellas del cine y de la canción, hay zonas de sombra que habían hecho escribir a quien más páginas le había dedicado, el citado Ríos Carratalá: “…es evidente su intención de confundir con su fantasía un recuerdo desagradable. Lo hizo a menudo” (209). Por su parte, Carmen de Zulueta había escrito: “Contaba con aplomo cosas que poco tenían que ver con la realidad”. Y esas cosas venían de atrás pues en sus entrevistas de los años treinta, aporta habitualmente datos diferentes, sobre todo de su vida pasada pero también de la presente. Por no hablar de la ficción publicitaria, que ella contaba con la mayor de las convicciones y que se reprodujo insistentemente en la prensa de la época[5], sobre su expedición –sola y a caballo- por la Sierra de Ronda, en busca del último bandolero ¡en 1933! Todo para promocionar su film Sierra de Ronda.

Aunque sea muy normal en las profesiones artísticas, Rosita se quitaba años. 1911 es la fecha de su nacimiento oficial[6] pero ya varias notas biográficas la hacen nacer en 1908, fecha mucho más probable que la primera. Pero Carmen Negrín contó a Ríos Carratalá (201 n.) que la diferencia de edad con Negrín jr. era de diez años, “secreto que ella supo guardar”. Su marido, en un alarde de imaginación o desvergüenza, en otro texto citado por RC (226) dice que contaba 17 años en 1936. Seis menos que él[7], con lo que si hacemos caso a Carmen, sobrina de Negrín jr., éste la rejuvenece ¡15 años!

Generalmente, consta su nacimiento en Madrid un 13 ó 14 de septiembre pero varían los centros de educación. Por ejemplo, en una entrevista en Cinegramas, afirma haber estudiado con los hermanos Carmelitas de Bilbao. Tras esta curiosa ubicación, sostiene que, niña todavía, se colocó de taquimeca pero el jefe de la oficina pidió autorización al padre y éste, ignorante de sus propósitos, no le permitió trabajar. También, que estudió en el Conservatorio a las órdenes de Nieves Suárez[8] y quiso cursar la carrera de Medicina, que no pudo seguir por dificultades económicas. Todo absolutamente incoherente con las fechas de su carrera y la buena posición que, presuntamente, disfrutaba su familia. La Vanguardia (15-III-1936) nos proporciona también una biografía que comienza así: “María de la Cruz Rosario Rosa Díaz Gimeno Petter Manjón nació en Madrid un 14 de septiembre. Sus padres, andaluces. Su abuelo materno, alemán”. Materno, pero el apellido teutón figura en tercer lugar.

De momento, la primera mención de su nombre que he encontrado es de enero de 1924 en que se la cita Rosita Díaz Gimeno_Nuevo Mundo 1924. Primeras actuacionescomo una de las intérpretes de Sonatina, de Martínez Sierra en la Fiesta de la Prensa. En agosto aparece su foto en Nuevo Mundo que la presenta como “damita joven de la compañía de Catalina Bárcena” y aunque se la ve morena y muy jovencita, desde luego, ha superado los trece años. ¿Cuándo estudió, pues, Rosita? Si nació en 1911 y es cierto que se dedicó al teatro a causa del premio citado, las fechas no concuerdan, ni siquiera aceptando que su venida al mundo fuera en 1908. ¿Cuándo ejerció de taquimecanógrafa? ¿Mientras actuaba como actriz? Tampoco parece posible que tras las funciones nocturnas, se levantara temprano para ir a trabajar, aparte de participar en los ensayos y en las numerosas giras por provincias de la compañía. Con la de Martínez Sierra incluso llegó a estar en París y en 1930 viajó por América con la de Díaz-Artigas, donde permaneció hasta enero de 1931. Es por entonces que, ante la enfermedad de Santiago Artigas que la impide debutar en el Infanta Beatriz, acepta la oferta para rodar películas en español en los parisinos estudios de Joinville, adonde viaja acompañada de Imperio Argentina.

 

Todo lo que contó Rosita de su vida anterior hay que ponerlo en solfa. En 1937 su hermana Joaquina fue entrevistada, en la localidad turolense de Urrea de Gaén, por Juan M. Soler, corresponsal en el frente de Aragón de la publicación libertaria Mi revista[9]. La entrevista apareció el 15 de abril de 1937, fecha en la que Rosita debía de estar a punto de ser liberada. Esto es lo que el periodista escribe acerca de lo que le contó Joaquina.

 Rosita_MI revista Joaquina 1005

La hermana de Rosita Díaz

 LA PERSEGUIDA DEL FASCISMO vive feliz e ignorada en un pueblecito de la provincia de Teruel

En un lugar… de Aragón

Estábamos saboreando plácidamente un buen vaso de vino negro de Aragón en casa de Fernando, especie de café, taberna y casa de comidas de Urrea de Gaén, cuando alguien nos dijo:

-Aquí, en este pueblo, vive una hermana de Rosita Díaz

-Pero, ¿es posible? – preguntamos nosotros con el natural asombro.

-Y tan posible – añade nuestro interlocutor – que si sigue usted por esta calle arriba y da con el picaporte en la casa que hay al final de la cuesta junto a una hornacina hoy desmontada, a buen seguro que ella misma le abrirá la puerta.

Dejamos sobre la mesa de madera que el uso ha ennegrecido, el vaso, a medio beber, de vino, y salimos rápidos de la taberna, café y casa de comidas de Fernando, ascendiendo a grandes zancadas por la calle pina, hasta dar con la casa donde nos han dicho vive la hermana de la creadora de “Rosa de Francia”

Llamamos a la puerta y a poco se asoma a un balcón donde comienzan a florecer unos claveles rojos, una mujer joven, de facciones perfectas que nos recuerdan otras que hemos visto innúmeras veces proyectadas en la pantalla.

Hablemos de Valera Jimeno

Al pie del balconcete permanecemos unos momentos, fijos los ojos en aquella mujercita que nos han asegurado ser hermana de una de las más famosas artistas de cine españolas, y a seguido le preguntamos:

-¿Usted se llama…?Sin título-2

-Joaquina Jimeno Blasco – contesta rápido.

-Pero, ¿no es usted hermana de Rosita Díaz?

-Sí lo soy.-

-¿Y los apellidos?

-Mi hermana se llama Valera Jimeno Blasco, pero por lo visto se ha cambiado el nombre, porque a una artista no le cuadra mucho llamarse Valera… ¡digo yo!

Y Joaquina suelta el chorro de su risa, de la que nos contagiamos bien pronto.

Pocos momentos después, y acodados a la baranda del balcón donde emergen en desorden unas clavellinas, charlamos con Joaquina Jimeno y, como es muy natural, nuestra conversación gira alrededor de aquella Valera Jimeno convertida hoy en Rosita Díaz.

-¿Le escribe alguna carta su hermana? – preguntamos a Joaquina.-

¡Quiá!… Hace poco menos de quince años que nada sé de ella.

-¿Y cómo fue el meterse a artista? – seguimos preguntando.-¡Vaya usted a saber! – Y tras de una breve pausa añade -: Valera estaba sirviendo en una casa de la Puerta del Carmen, de Zaragoza, de donde somos las dos, cuando de la noche a la mañana, y próxima a contraer matrimonio, desapareció y nada supe de ella hasta que un buen día, en un cine de Híjar, daban la película “Su noche de bodas” y me di cuenta de que ante mis ojos tenía a mi hermana, que casi la había dado por muerta. ¡Figúrese usted que impresión recibiría yo entonces!

Sin título-1-¿Y era jovencita Valera cuando desapareció de Zaragoza?

-Pues no tendría más allá de diecinueve años.

-Cuéntenos cosas de Valera – rogamos a Joaquina.

-Poco le puedo contar, pues de mu pequeñina me separaron de mis padres.

… y  hablemos también de la hermana de Rosita Díaz

-Pues hablemos de usted.

-¡Ay! ¡qué poco tengo que hablar de mí!

-¿Vive usted feliz?

-Sí, aun cuando ahora me preocupa mucho la suerte que pueden haber corrido mi padre y mis tres hermanos. El primero está en Huesca y los chicos al estallar la guerra vivían en Zaragoza.

-Diga usted – nos dice una mujer que viste de luto y en cuyo rostro los años han dejado ya su imborrable huella – que yo la quiero talmente que si hija mía fuera.

-Es muy buena la señora María – arguye Joaquina.

-Es que la tengo a mi lado desde cuando apenas había cumplido once días y yo la he criado y yo he sido como una madre, pues la suya murió siendo ésta muy cría.

Hay unos momentos de silencio emotivo. Nos vamos enterneciendo todos un poco. Hasta Pilar Mur, la joven y muy gentil maestra de Urrea de Gaén, que vive en casa de la señora María con Joaquina, cierra sus ojos negros que deben fulgurar en la obscuridad de la noche como dos ascuas, para ocultar unos puntitos diamantinos.

Es preciso dar nuevo rumbo a la conversación y proponemos a Joaquina hacer unas fotos.

-¿Así, sin arreglarme un poco y con este vestido? – dice ella.

– Así así mismo, que se vea el contraste entre las dos hermanas.

Y Joaquina pasa ante el objetivo fotográfico sin que le permitamos cambie su vestido pueblerino a cuadros ni deslizar tan siquiera el peine por su cabello endrino.

JUAN M. SOLER

 

Rosita_MI revista Joaquina 2006

En resumen, según este reportaje, Rosita se llamaba Valera Jimeno Blasco y había nacido en Zaragoza de familia muy humilde compuesta por cinco hermanos, tres varones y dos hembras. La madre murió prematuramente y la hermana pequeña quedó a cargo de una familia de Urrea de Gaén, un pueblo turolense; el resto quedó en la capital aragonesa en condiciones precarias. Tan es así que Valera, la futura Rosita, muy joven, entró a servir en una casa muy cercana a la zaragozana Puerta del Carmen, de la que desapareció cuando tenía unos 19 años y estaba a punto de contraer matrimonio. Desde entonces Joaquina no ha vuelto a recibir otra noticia de su hermana, que la que tuvo al reconocerla en el film Rosa de Francia (1935), que se habría proyectado en el cercano pueblo de Híjar no mucho antes de esta interviú. Afirma también: “Hace poco menos de quince años que no sé nada de ella”. Como estamos en 1937, esas últimas noticias debieron producirse en torno a 1922-1923. Si Rosita contaba con 19 años en la fecha de su desaparición, su nacimiento debió de producirse alrededor de 1903-1904, lo que coincide con los diez años que, según Carmen Negrín, la actriz sacaba a su marido.

A partir de aquí se pierde su pista y caben todas las suposiciones pero no deja de ser extraño que una muchacha sin formación aparezca de pronto en una compañía teatral de corte más o menos intelectual y exquisito, como fueron los elencos dirigidos por Gregorio Martínez Sierra, el creador del llamado “Teatro del Arte”, por más que fuese su mujer, la riojana María Lejárraga quien le escribiese los textos y otros, los teóricos más conspicuos.

Es evidente que Rosita poseía, además de una gran simpatía, una gran inteligencia. Así lo constatan tanto sus entrevistadores, como quienes la conocieron y nos han dejado  testimonio. Y lo atestigua su carrera teatral y cinematográfica. Pero, aparte del misterio de su aparición en Madrid tras su experiencia como criada, en seguida sobreviene otro: el hijo habido en 1926, cuyo padre Rosita nunca desveló. Según su hermana, cuando la futura actriz marchó de Zaragoza tenía unos 19 años. No sabemos el año en que se produjo la huida pero, contando con que hubo de formarse para el teatro, en el que, como se dijo, hubo de debutar en enero de 1924 o incluso antes, hay que contar al menos dos o tres años para su formación. Si Rosita escapó de Zaragoza con 19 años, tendría que haber nacido en torno a 1902. En cuanto a su matrimonio con el actor Paco Alagón, sólo conozco una mención de  Rosita al mismo y es bastante estrafalaria: en una entrevista con el escritor Mario Arnold publicada en La Libertad (7-VI-1931) afirma:

Cuando estaba en Méjico, una noche mientras dormía, oí muchos gritos terribles que me hicieron levantarme sobresaltada. Quise salir al pasillo para ver qué ocurría y me fue imposible. Toda la casa estaba ardiendo; las llamas llegaban hasta mí amenazadoras; el humo me impedía respirar. Grité también: pedí auxilio; mis ropas se incendiaron y nadie acudía a salvarme; por la ventana de mi cuarto era imposible arrojarse porque estaba a gran altura. No me quedaba más remedio que resignarme a perecer en el fuego. La puerta de la escalera estaba cerrada y sin llave. Me desmayé. Cuando recobré el conocimiento me hallaba en un hospital con los brazos y las piernas llenos de quemaduras. Alguien me había salvado. No sabía quién. Pregunté a todo el mundo y, por fin un día, junto a mi cabecera, conocí al héroe. Llena de gratitud me casé con él a los dos meses. Era también actor de mi compañía.

Rocambolesca y folletinesca historia, difícil de creer. Ni siquiera da el nombre del actor, del que no sabemos cuándo y por qué se divorció Rosita para entrar en relaciones con Negrín hijo o, tal vez porque ya las tuviera con  Negrín padre. Por cierto, que en esta misma entrevista dice ¡estudiar medicina!  Curiosamente, la profesión de los Negrín, aunque su futuro esposo contase a la sazón con apenas 17 años.

Rosita con Negrín Barcelona 1980Se ha especulado con que el hijo fuera realmente de Negrín padre, lo que se compagina con sus propensiones de mujeriego y vividor, pero parece demasiado novelero, aparte de que él nunca simpatizó con la actriz, probablemente porque conocía asuntos de su pasado que su hijo prefería ignorar[10]. Incluso éste no pudo darle el apellido hasta 1956, año en que el político transitó. Por su parte, el hijo de Rosita quedó en 1936 con los padres de ella (?) cuando marchó a rodar El genio alegre. Tras la boda, en 1939 embarcó con la pareja rumbo a las Américas.

Curiosa resulta también la actitud del esposo respecto a los amores de Rosita. Aparte del desconocido padre de su hijo y del matrimonio con Paco Alagón, la actriz sostuvo un romance con Julio Peña, su partenaire en Rosa de Francia, con escapada incluida a la Costa Azul, bien publicitado por la prensa de su tiempo.

Otro episodio interesante de la vida de Rosita es su amistad con Buñuel, al que pudo conocer en la época de Filmófono, incluso antes[11]. Sin embargo, la relación más intensa se dio durante el exilio neoyorquino de ambos en las que las parejas Luis Buñuel-Jeanne Rucar, Juan Negrín-Rosita entablaron amistad íntima y los segundos ayudaron a los primeros en una época en la que los Buñuel sufrían dificultades económicas. Hace unos años Javier Herrera, bibliotecario de la Filmoteca Española, rescató unas películas filmadas con tomavistas en las que aparecían las parejas con los niños Rafael y Juan Luis, hijos del aragonés. Del primero, Rosita fue la madrina en su bautizo.

Buñuel. que reconoció en carta a Max Aub haber estado enamorado de Rosita, escribía al escritor: : “En Nueva York,  Jeanne  vivía bastante lejos, quiero decir, vivíamos bastante lejos, y se ocupaba de los niños. Teníamos poco dinero. Yo trabajaba en el Museo (MOMA) y me enamoré de R (…) Hoy me alegro de que no pasara nada. Para mí, la mujer de un amigo es sagrada”. Sin embargo Aub recuerda que José Luis Sert los vio apretujados y besándose en el andén del metro de Long Island.

La prueba de que el marido de Rosita cerró los ojos ante su pasado es que, pese a que cedió el importantísimo fondo documental de su padre al Estado español, tras la muerte de la actriz,  destruyó todos recuerdos y documentos que guardaba su esposa. Quizá nuevos testimonios investigaciones y documentos, como el aquí reproducido, contribuyan a proporcionar una perspectiva más ajustada a la realidad de una vida tan apasionante y tan conectada con el devenir histórico del siglo XX español, como la de Rosita Díaz Gimeno.

 

EPÍLOGO

Cuando hace tres o cuatro años encontré el reportaje en Mi revista, traté de documentarme y pedí revisar los datos del registro civil zaragozano entre 1902 y 1908. Se trataba de lograr la partida de nacimiento de alguien llamada Valera Jimeno (o Gimeno, dada la vacilante grafía de dicho apellido) Blasco entre estas fechas. No fue nada fácil conseguirlo[12] pero, al final, apareció.

Rosita_Partida de nacimiento

Efectivamente, existía una persona llamada Valera Gimeno Blasco nacida el 4 de febrero de 1907. Sus padres legítimos, Joaquín y Juana, estaban domiciliados en Miralbueno, barrio, por entonces, de agricultores. No soy capaz de desentrañar en el documento el lugar de origen de los padres, pero ambos abuelos paternos eran nacidos en Híjar, pueblo a menos de cinco kilómetros, de Urrea de Gaén, donde su hermana Joaquina moraba desde la niñez hasta la fecha de la interviú reproducida.

Son, de nuevo, demasiadas casualidades que parecen confirmar el testimonio de Joaquina. La entrevista está perfectamente contextualizada, con la maestra como testigo interviniente y fotografías de vecinos de Urrea de Gaén, que, como los milicianos allí destinados, podrían haber desmentido estas noticias, pues ya se hizo notar (nota 9) que Mi revista, se distribuía con profusión en los frentes. Tampoco se entiende qué propósito podría albergar el bisemanario en propalar informaciones falsas de este cariz, aunque en todo lo que se refiere a los asuntos de la Guerra Civil haya que cogérsela con papel de fumar. El autor del reportaje, Juan M. Soler, que firmó también con el seudónimo Silvio Máximo, era un periodista destacado en el frente de Aragón desde el inicio de la contienda y que escribió un muy interesante volumen, La guerra en el frente de Aragón, publicado por Mi revista en 1937, compuesto principalmente, por sus crónicas de guerra para el quincenal y El Noticiero Universal.

La Libertad publicó en 28 de febrero de 1937 la noticia del fusilamiento de la actriz en Salamanca, según noticias procedentes de Lisboa pero el 11 de marzo el bonaerense diario La Prensa lo desmintió asegurando que se encontraba en la capital rebelde y a disposición de las autoridades, a fin de tomar parte en los espectáculos benéficos, que se organizan para los heridos de guerra, noticia que reprodujo el diario madrileño La Voz, un día después. Tal vez, por no haber llegado esta información a tiempo para su conocimiento por parte de la redacción de Mi Revista, en su número del 15 de marzo, ésta dedicó una página al aludido fusilamiento, un mes antes de aparecer la entrevista en cuestión (15-4), fecha en la que Rosita debía estar a punto de ser liberada por los franquistas. En la interviú no se dice nada respecto a la situación de la actriz en ese momento, supiérase o no de su liberación, por lo que todas las conjeturas son posibles.

Finalmente, hay dos elementos que terminan por añadir más incertidumbre y misterio al asunto. En los Rosita_MI revista Publicida LIBRO sOMACARRERA004últimos números conservados de Mi revista, entre el 10 y el 20 de enero de 1938 se anuncia, en algunos casos a toda página, un libro de Manuel P. De Somacarrera[13], redactor habitual del bisemanario, con el título Rosita Díaz, la perseguida por el fascismo. Con el marbete de “Muy pronto aparecerá a la venta”, se dice también: “He aquí la novela más sensacional y emocionante que refleja la ferocidad del fascismo contra una artista española, prestigio de la pantalla nacional. La vida, la persecución y la producción artística de Rosita Díaz contados por la ágil pluma de Manuel P. DE SOMACARRERA”.

Al parecer, han cambiado  las tornas y Rosita, antes o después de su vuelta a España, ya ha contado su peripecia en el bando fascista. Pero, a pesar de haberlo buscado exhaustivamente,  no he localizado este libro, que, probablemente no llegó a salir a consecuencia del empeoramiento de las condiciones en el campo defensor de la República. Como redactor de Mi revista, Somocarrera habría de conocer la entrevista hecha a Joaquina ¿Se volvería a hablar en él del origen aragonés de la estrella?

Finalmente, en el margen derecho de la partida de nacimiento, aparece un nuevo dato que parece poner en solfa todo lo anterior: La defunción de esta Valera Jimeno Blasco se produjo en la localidad sevillana de Camas, el 17 de diciembre de 1996. ¿Mentía, pues, Joaquina y adjudicó a una hermana desaparecida la identidad de Rosita?

Que Rosita calló y fabuló mucho acerca de su vida pasada parece más que evidente. Que, tanto la entrevista como la partida de nacimiento , aquí reveladas son documentos más que interesantes, también. Falta por desenredar la madeja, tirando de uno y otro hilo. El desafío está lanzado.

                                                            POST-EPÍLOGO

El testimonio de Olga Pérez Gaibar  (V.  Comentario del 7-4-2017), al parecer sobrina-bisnieta de la actriz, que escribió un comentario a esta entrada y con la que después he intercambiado informaciones, parece confirmar la tesis expuesta en este artículo. Sería deseable profundizar en todo ello.

NOTAS

[1] Raquel Rodrigo, Rosita Montenegro y Antoñita Colomé estuvieron en el nivel inmediatamente inferior.

[2] Otras noticias indican que estudió en la Academia de Bellas Artes y que los tres años que duraban los estudios los despachó en uno, además de concedérsele el Premio Fin de Carrera. (Ríos Carratalá:186)

[3] Sabemos que estuvo, como Rosita, en las compañías de Martínez Sierra y Díaz-Artigas y que coincidió con ella en diversas obras, como María del Mar de Juan Ignacio Luca de Tena, estrenada en Madrid el 11 de octubre de 1927. En un reportaje de Nuevo Mundo (14-IV-1933, pp. 32-33), bajo el título “¿Cuál es su hobby?”, se da cuenta de que ambos todavía viven juntos.

[4] Lo único seguro es que durante los meses en los que permaneció con los sublevados, llegó a actuar para ellos en varias ciudades.

[5] V. por ejemplo, La Voz (3-III-1933), que titula: “La artista de ‘cine’ que se ha ido a la Sierra de Ronda en busca del sobrino de Flores Arrocha”

[6] Así aparece en un suelto biográfíco que inserta La Vanguardia (15-III-1936, pp. 16-17): “María de la Cruz Rosario Rosa Díaz Gimeno Petter Manjón nació en Madrid un 14 de septiembre. Sus padres, andaluces; su abuelo materno, alemán…”

[7] Juan Negrín Mijailov había nacido en Leipzig el 22 de noviembre de 1914. Sus padres se habían casado en la misma ciudad, en la que el futuro político perfeccionaba sus estudios, el 9 de febrero. El científico y María Mijailova tuvieron cuatro hijos. Las dos hembras murieron y sobrevivieron Juan y Rómulo. Quizá por ello, María sufrió problemas psicológicos que, entre otras cosas, llevaron al matrimonio a la separación. En los años veinte el doctor se emparejó hasta su muerte con Feliciana López de Dom Pablo.

[8] Famosa actriz, que ostentó la Cátedra de Declamación en el Real Conservatorio desde 1915.

[9] Publicación quincenal, -en sus últimos números decenal-, editada en Barcelona desde el 15 de octubre de 1936 hasta el 20 de febrero de 1938 y dirigida por el periodista Eduardo Rubio Fernández, perteneciente a la CNT pero también con redactores de otras ideologías de izquierda. Extracto las líneas siguientes de la información proporcionada por la Hemeroteca Nacional:

 ”Subtitulada ‘ilustración de actualidades’,  (…) nacía de  un ‘grupo de compañeros’ (…) ‘francamente revolucionarios’ (…) revista de ‘combate antifascista y no partidaria’ (…) apareció los días 1 y 15 de cada mes y su paginación la fue ampliando, desde las 32 hasta casi el centenar de páginas. (…) fue sobre todo un magazine con una gran calidad de edición que, junto a crónicas y reportajes de los frentes y la retaguardia, ofrece otras destacadas informaciones sobre la industria cinematográfica y del teatro. También incluye artículos de política, economía, sociedad y cultura y sobre el desarrollo de la contienda, con páginas también dedicadas al mundo financiero, la ciencia, la educación, la mujer o el deporte, pero dándole especial atención a actrices, actores y películas extranjeras (…) y asimismo españolas, en otra sección titulada ‘Pantalla española’.

 Su portada, a veces coloreada y buscando los tonos rojo y negro del anarquismo, fue ocupada generalmente por actrices o por dibujos de milicianas o alusivos a la contienda, siendo distribuida gratuitamente entre los milicianos que se encontraban en los frentes de batalla. También cuenta con otra sección que, bajo el epígrafe “Panorama sindical”, daba espacio para informar de todas las organizaciones obreras ‘sin distinción’. (…) fueron publicadas numerosas fotografías, dedicándole una sección propia denominada “Vistas del frente’. (…) Dio cabida asimismo a una destacada publicidad comercial”.

[10] Otros, sin embargo,  sostienen que el político siempre estuvo enamorado de la actriz y, probablemente, en público optaba por disimular. Esto parece más verosímil, dado el carácter pastueño de su hijo.

[11] Juan Ruiz Mantilla afirma que se conocieron en 1934 en Los Ángeles, cuando ella hacía doblajes para la Paramount. V. “Buñuel íntimo e inédito”.

[12] Agradezco vivamente a Javier Fernández López, profesor de Derecho y reputado historiador, además de amigo, sus gestiones a este respecto.

[13] Periodista (Barcelona, 1902-Barcelona, 1969), perteneció a la CNT y fue responsable de prensa y propaganda del Comité del Producción Cinematográfica del Sindicato de Espectáculos durante la guerra, por lo que colaboró asiduamente en Mi revista. En 1936 filmó para el sindicato el documental de 16 minutos, Aragón trabaja y lucha. Antes de la guerra había trabajado también en Films selectos, El Día Gráfico y El cine, publicado  novelas cortas como Una Margarita Gauthier. Del Diario de una modistilla, Supo vengarse y un breve Diccionario cinebiográfico ilustrado. Hubo de marchar al exilio pero, a su vuelta, consiguió colaborar de nuevo con España Tánger, La Vanguardia, El Noticiero Universal… 

                                                       FILMOGRAFÍA

Un hombre de suerte (Benito Perojo, 1930)

Un caballero de frac (Roger Capellani-Carlos Sanmartín, 1931)

Su noche de bodas (Louis Mercanton, 1931)

Lo mejor es reír  (E. W. Emo-Florián Rey, 1931)

El hombre que se reía del amor (Benito Perojo, 1932)

Sierra de Ronda (Florián Rey, 1933)

El hombre que se reía del amor  (Benito Perojo, 1933)

La Dolorosa (Jean Grémillon, 1934)

Susana tiene un secreto (Benito Perojo, 1934)

Rosita_Susana tiene un secreto

Se ha fugado un preso (Benito Perojo, 1934)

-Angelina o el Honor de un Brigadier (Louis King, 1935)

Rosa de Francia, (José López Rubio-Gordon Wiles, 1935)

La vida bohemia (John Alton-Josef Berne-Edgar G. Ulmer, 1937)

El genio alegre (Fernando Delgado, 1939)

-Pepita Jiménez (Emilio “Indio” Fernández, 1946)

-El último amor de Goya (Jaime Salvador, 1946)

El canto de la sirena (Norman Foster, 1948)

 

                                                                                 BIBLIOGRAFÍA

 -ARMERO, Álvaro, Una aventura americana. Españoles en Hollywood, Madrid, Compañía literaria, 1995.

Armero, Álvaro Una aventura americana Españoles en Hollywood (1)

-DÍEZ PUERTAS, Emeterio, El montaje del franquismo. La política cinematográfica de las fuerzas sublevadas, Barcelona, Laertes, 2002.

-GARCÍA DE DUEÑAS, Jesús, ¡Nos vamos a Hollywood!, Madrid, Nickel Odeón, 1993.

-HERNÁNDEZ GIRBAL, Florentino, Los que pasaron por Hollywood, Madrid, Verdoux, 1992.

Hernández Girbal, Los que pasaron por Hollywood (2)

-HEININK, Juan B. y Alfonso C. VALLEJO, Catálogo del cine español. Films de ficción 1931-1940, Madrid, Cátedra / Filmoteca española, 2009.

-RÍOS CARRATALÁ, Juan Antonio, El tiempo de la desmesura. Historias insólitas del cine y la Guerra Civil española, Barcelona, Barril & Barral, 2010, pp. 175-258.

Ríos Carratalá El tiempo de la desmesura

-RUIZ MANTILLA, Juan, “Buñuel íntimo e inédito”, El País, 4 diciembre 1911.

-ZULUETA, Carmen de, “Los dos Negrines”, Historia16 nº 311, marzo 2002, pp. 110-121.

Díaz Gimeno, Rosita002

En abril de 1985,  con ocasión de un ciclo sobre Miguel Labordeta, Emilio Gastón habló en el palacio de Sástago sobre el poeta y amigo, que tanto influyó sobre los miembros de su generación. El título de su charla fue “Nuestro profesor sin chaqueta”.Por ese motivo hablé con él. La entrevista apareció en El Día (18-IV-1985), con el título “Da miedo comprobar cómo se cumplen los vaticinios de Miguel Labordeta”.

Gastón, Emilio003

 

 

 

 

La conferencia

 

 

 

A la pregunta de cuál sería el símbolo labordetiano por excelencia, su imagen ejemplar hacia el futuro, Emilio se lanza arrebatado:

-Laocoonte –y las oes suenan como campanadas en una cripta–, el símbolo de la gran rebeldía helenística. Un rebelde torturado por su misma impregnación de amor. Pero no con un carácter místico ni religioso sino como propugnador de una mitología adecuada a los tiempos nuevos. Miguel fue, además, el auténtico poeta visionario. Y a su pesar. Tan profeta que da miedo comprobar cómo se cumplen sus vaticinios. Por otro lado, hoy lees sus obras y sacas decenas de palabras que entonces apenas se usaban y hoy están de actualidad.

-Hagamos ciencia ficción ¿qué haría hoy y aquí Miguel Labordeta?

-Sufrir. –contesta, como una centella.

-Hay un punto de inflexión en la personalidad de cada creador que permanece en el misterio, algún reducto turbio, esquinado, montaraz, ambiguo, un teorema sin resolver, una suerte de nostalgia atávica y difusa, un magma borbolleante y caótico que, a veces desplaza y desconcierta – suelto, muy satisfecho de mí mismo, aunque mirando de reojo el papel que llevo escrito.

-Sí, pero todo eso está en su poesía. El se lo sabía guardar muy bien, pero a la hora de escribir se le salía y le desbordaba. En sus poemas aparece todo: dese la gestación hasta su muerte y elegía. El fue un poeta sincero-trágico que se purgaba así: a través de los “presurosos desayunos” y de la cotidianeidad.

-Ese componente trágico que es tan patente en su obra, convivía, sin embargo, con el humor.

-Era su arma ante la realidad. Toda realidad es un fraude. Y él lo utilizaba constantemente contra ellas. Ya no era un humor fino ni sutil sino muchas veces brutal y chocarrero. Ante su carcajada, acudían los guardias. Todo humor es revulsivo y él era el gran desobediente.

-He oído alguna vez que no era un hombre fácil, que podía llegar a ser incómodo.

-Claro, por su sinceridad. Era tan abierto que soltaba lo que tenía que soltar y ponía a cada uno en su sitio. El era el “anti” por excelencia, el inconforme, el que rompía con todo, rebelde incluso con los “formalismos” revolucionarios; rebelde, por supuesto, contra sí mismo: esas llamadas a “los hermanos jóvenes que vendrán a romper lo que nosotros anunciamos”.

Gastón_Foto en El hombre amigo mundo006                                                                 Buscando su barba

-Haznos un retrato robot:

JUERGA: Bebía poco. Se emborrachaba de amor, de vida. Amaba siempre. Estaba enamorado del amor. Respecto a la mujer, como todos entonces, era más reprimido que obseso. Le fascinaban esas dulces alumnas que veía de muchas maneras, pero siempre idealizadas; “le tocaría los tobillos”, dice. Era un platónico rebosante de amor hacia los hermanos en un destino castrado. Le gustaba mucho el fútbol y el cine y ambos espectáculos los usaba de espita para soltar su carga de inconformismo y cachondeo cósmico en un ambiente más propicio.

ARTE: Tenía una intuición natural. Fue de los escasos que defendió y tuvo contacto con los aislados grupos de vanguardia como Pórtico o El Paso. Tenía cuadros; muchas veces en los roperos. Para Oficina Horizonte, después de muchas probatinas, vio algo de Ibarrola cuando apenas nadie le prestaba atención y se quedó prendado. Hizo unos murales maravillosos que luego se perdieron, un poco por desidia. No daba trascendencia a nada.

LECTURAS: Especialmente, los grandes poetas proscritos y exiliados. También los existencialistas, la poesía china, y el psicoanálisis, en un tiempo en el que aquí nadie sabía lo que era. Leyó mucho a Reich y también a Jung y Havelock Ellis”.

MÚSICA: No sabía cantar y tampoco recitaba bien. Le gustaba el jazz, en el que le introdujo El Gordo (Julio Antonio Gómez). Tal vez por ir contra corriente, no apreciaba la jota ni el flamenco.

NATURALEZA. Era un hombre urbano. La naturaleza le gustaba ir de viaje, pero él era persona de reductos: el caserón del colegio, la casa-madre, el cine, Niké…

 -Su influencia en vuestra generación fue más vital y humana que literaria…

-Sí, pero porque él nunca fue proselitista. Aún menos, en el sentido político. Creaba unas entelequias y nos hacía creer que las confeccionábamos entre todos, colectivamente. Realmente, no sabía enseñar y tampoco era orador pero aprendimos de él durante veinte años. Sabía desenseñar, crear continuos interrogantes porque él mismo era un interrogante mayúsculo. De ahí, el título de la conferencia “nuestro ilustre profesor sin chaqueta”. Si siguiéramos verdaderamente su ejemplo, su desordenado ejemplo, no podríamos dar conferencias, él iba siempre desnudo, sin bagaje de sabiduría o academicismo, libre, desnudo y original, arrastrando por el mundo su “baúl imaginario” su “maleta de entelequias”. Había una continua llamada al absurdo que a veces nos superaba. Tal vez no llegábamos a entenderlo del todo. Sí que entendimos el valor de llevar una vida a contrapelo en años a contrapelo pero con una inmensa voluntad de vivir. Pero de vivir revolucionariamente, contra el mundo y contra la poesía, incluso contra la propia poesía, que él en ningún momento imponía.

 Carbonel, Mª José, Gastón y yoJoaquín Carbonell, María José Ochoa, Emilio Gastón y Javier Barreiro.

Abajo, Emilio Gastón y amigos en la exposición “Esculpoemas” en la Escuela de Bellas Artes (2012).

Gastón-Exposición-Esculpoemas

Hoy, 20 de noviembre, se presenta en el Centro Pignatelli de Zaragoza, el nuevo libro de Ortiz Osés, El duelo de existir, publicado por Libros del Innombrable.  Como suyo, será volumen jugoso, henchido de ideas y de originalidad creativa y hermenéutica. Tampoco faltan los aforismos -en los últimos años, su producción más continua-, de los que ya me ocupé en este lugar: https://javierbarreiro.wordpress.com/2013/09/16/prologo-a-amor-y-humor-de-andres-ortiz-oses/ y en los que le pediría cesara, pues lo poco alimenta y lo mucho sacía, aunque no me hará mucho caso, como no se lo hará al arzobispo que le tuerza la oreja.

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Andrés Ortiz Osés anda ahora de nuevo por Zaragoza, jubilado pero siempre hiperactivo. Esta entrevista titulada  “El sentido como herida simbólica”, apareció en  El Día, (8-I-1985), hace casi veintinueve años. A pesar de que ahora no se estilen tales “profundidades”, no me parece que nada de lo que aquí se dice esté anticuado.  Otros habrá para opinar lo contrario.

Ortiz-Osés, Andrés x Daniel Pérez

Fotografía de Daniel Pérez con ocasión de la entrevista (1985)

Aposentado  en su nueva cátedra de Hermenéutica y Metafísica que, por un lado, le facilita hacer de su capa pluvial un sayo de estameña, y por otro, le permite una mayor soltura de movimientos en sus relaciones con el medio, Andrés Ortiz-Osés lanza su analítica mirada de fauno, basilisco o guerrillero áulico con tanta desfachatez como provisión de desengaño. No es sin embargo, el pesimismo brebaje que le ataña. Más cerca de Nietzsche que de Descartes, Ortíz-Osés vive con tanta vehemencia que el objeto de sus investigaciones se ve implicado en esta vorágine dinámico-vivificadora.

Pregunta.- ¿Cómo solventas la disyuntiva entre el necesario distanciamiento que toda disciplina intelectual requiere y la inexcusable turbulencia que conlleva tu inmersión, incluso corpórea, en la sustancia de tu indagación?

Respuesta.- Bueno, es una inmersión con flotador: aunque a veces no lo parezca, he tenido una teutónica formación cultural en la Universidad de Innsbruck. Pero tienes razón en lo de mi dualidad entre la turbulencia vasca y el entrecejo aragonés. Trato de solventarla dialécticamente, recreadoramente, asumiendo la contradicción como con-dicción o condición oblicua que se refleja en mi lenguaje transversal.

P.- La tensión a que sometes tu lenguaje y que constituye uno de los puntos más atractivos de tu discurrir, ¿es lo que te ha llevado últimamente a dedicar alguno de tus ocios a la indagación poética e incluso a servirte de ese lenguaje poético para la expresión personal?

R.- El interés de la poética está en que cierra el círculo místico retrotrayendo lo sentido a su sentido (lo que Valle-Inclán llama en La Lámpara maravillosa, que he conocido por tu mediación, “el significado sensitivo”. En efecto, en el poema lo sentido (la temporalidad) es enmarcada o condenada: el tiempo se reconvierte en tempo, o sea, en tiempo espaciado-despaciado. Desde este momento, no es posible definir el lenguaje del sentido como un espejo estático a lo largo de un camino, sino como un cristal/vidrio a lo anche del mar. Elytis y Cirlot ofrecen una verificación textual de ello: el vidrio/cristal en ambos surrealistas funge como cristalización-vidriación de un sentido así accidentado, en-carnado y vidriado. El sentido, es, pues, un dios vidriado o viceversa.

Para decirlo poéticamente:

Poder quedar a solas entre

entre las dos vertientes,

vertiendo la propia libación

que traigo dentro en el exacto quicio,

en este encuentro vivo

y a la precisa hora del Kairos maduro.

P.- La incompetencia, que es el modus vivendi de nuestros patronos culturales, hace preferir la cautela al atrevimiento. El que ejercita éste es, a menudo, tachado de arbitrario. Tus relaciones con el mandarinato nunca han sido excelentes, ¿verdad?

R.- Acaso me hayan hecho catedrático para ofrecerme una oportunidad académica de “asentar” cabeza, lo que me resulta difícil, dada la connotación de dicha nomenklatura coequivalente a la de “bonzo aristotélico”. En realidad ya sabes que propugno una Gnosis (seria) frente al agnosticismo tiernogalvanizado de boga política y cultural. (Ahí está el pensamiento orteguiano hegemónico que denomino “apaisado)”. Frente a la actual “reconversión cultural” en marcha y a la represión del sentido por parte del realismo hirsuto, el estructuralismo estéril o el realismo político-cultural, trato de superar simbólicamente esta situación de sentido alienado, inmediato, superficial, o “exotérico” reconduciéndolo a su sentido profundo, “esotérico”, arquetípico.

P.- La recuperación del mito como propedéutica, incluso para una serie de disciplinas hasta habitualmente enfrentadas con él, ¿no es, sin embargo, en peligro en cuanto que puede servir de vía de acceso o escape a muchos cultivadores de la banalidad o de la “fantaciencia”?

R.- El llenarse la boca con la palabra “ciencia” sirve hoy para tapar muchas ignorancias supinas. Por lo demás, la auténtica ciencia está descubriendo hoy que sus teorías (físicas, por ejemplo), se explican mejor con los arcaicos modelos mitológicos, como puede verificar quien lea El Tao de la física. Pero tienes razón en lo de que hay mucha morralla bajo el mito, la gnosis y el símbolo: razón de más para tratarlos universitariamente.

P.- ¿En qué estás laborando ahora?

R.- Es inminente la publicación de mis Memorias antropológicas y mitología en Ediciones Zero-Zyx, que, además, va a republicar Ortiz Osés_Mitología cultural y Memorias antropológicasSímbolos, mitos y arquetipos  y Anthropos tiene en prensa mi Antropología simbólica, así como un número monográfico sobre mi obra. Por otro lado, he sido traducido al francés y al portugués en la Universidad de Braga, donde además tengo una especie de “camada hermenéutica que sigue de cerca mi antropología aplicándola al tema de la “saudade” y paralelos. Por lo demás, estoy realizando cierto desplazamiento de lo mítico a lo místico, sobre lo que algo ilustrará mi conferencia.

P.- El título de tu conferencia “Mito, Mística y Utopía”, es tan atrayente como excesivo. Háblanos de qué senda te guiará en este laberinto.

R.- El tema mítico-místico, aunque oculto, está ante nuestras narices, aunque reprimido por nuestra generalizada “melopea”. La mística es, por naturaleza, heterodoxa y es necesario recuperar el Unamuno del “hay que mitologizar”. En él aparece la vidriación de Dios en una figura de Cristo Mater que yo llamaría el “Gran Rajado” (he aquí que su herida femenina del costado simboliza el sentido como agujero matriarcal-femenino).

Mientras que el mito remite al pasado y la utopía al futuro, la mística yace desgarradamente entre pasado y futuro en un presente ausente o presentido. De aquí que el sentido sea tematizado en la mística como “joven evanescente” o “diosa verdeante”. Como dijera el genial Aben Arabi, místico del siglo XII: “Dice Dios (el Amado, el Sentido): No me busques en ti, porque buscarás en vano. Pero no me busques fuera de ti, pues no obtendrás resultado. Mas no renuncies a buscarme, so pena de ser desgraciado. Mientras me buscas hasta llegar a encontrarte, no cesarás de elevarte”.

Ortiz-Osés0

A Francisco Rico lo conocía uno de la filología y los bares de copas de Madrid. In illo tempore (a fines de 1984), vino a Zaragoza para hablar sobre “Magia y literatura” y lo entrevisté. La conversación, que el periódico tituló: “No hay criterios para temas económicos y los va a haber para la triste cultura” se publicó  en El Día de Aragón el 28 de noviembre de 1984.

Rico, Francisco x Daniel Pérez

Con un cierto aire de dandy despistado y, tal vez por analogía con el fósforo que le debe rebosar por las meninges, su estilizada figura recuerda a una larguísima cerilla con facultades ambulatorias. Calificado con originalidad oficiosa de enfant terrible de la erudición española, fértil en facecias y recursos, menos rebuscado de lo que se cuenta, aunque ligeramente malévolo, destila ironía y sentido común. Oigámosle.

Pregunta.- El momento actual del hispanismo es tan bueno como parece?

Respuesta.- Dentro de España es excelente. Tengamos en cuenta que a partir de la guerra hubo una ruptura de la continuidad y asumieron el relevo gentes nefastas como Balbín o Entrambasaguas y otros sicarios de la peor filosofía y la peor política. Compensado, eso sí, por algunos maestros que ejercieron aisladamente una acción positiva alejados de los centros de poder oficial como, en Zaragoza, Yndurain o Blecua. Se pagó esa ruptura pero ahora está en el “poder” otra generación, de la que en Zaragoza también hay excelentes representantes, que ha aprovechado lo positivo de las experiencias extranjeras con una personalidad propia. El hispanismo “interior” está muy bien. No diría lo mismo del de fuera.

P.- En un tiempo en que las escuelas y la escolástica parecen estar bastante desprestigiadas faltan, sin embargo, y puede que venturosamente, hermeneutas con vocación de totalidad. ¿Puede ser éste un hecho irreversible?

R.- El historiador moderno es relativista, si es solvente, porque aprende que toda vigencia estética de valor universal es pasajera y se ha perdido un tanto el orgullo de totalización que guiaba a la generación del Centro de Estudios Históricos con sus martingalas del “me duele España” y otras secuelas noventayochistas. El historiador no aspira más que a la totalidad del periodo que estudia. Necesita una formación general desde la crítica literaria hasta la paleografía y desde la historia económica a la teoría de las artes. Es, pues, sectorial y parcial en el tiempo mientras que la crítica que se interesa por la literatura contemporánea es necesariamente parcial en la doctrina porque la literatura se hace únicamente con pasión y determinando que todo lo anterior es absolutamente detestable aunque uno dependa radicalmente de ello. Si yo creo que Galdós es el máximo novelista español, nunca escribiré una novela. Tengo que pensar – como mi amigo Juan Benet, que acierta en un sentido y en otro se equivoca – que Galdós es detestable, para poder escribir mi novela no sólo como un proyecto estético propio sino en contra de todos los demás.

 Literatura y vida

P.- En cierta ocasión dejó dicho que urgía disociar literatura y vida. Aunque, en cierto modo, los hechos parecen darle la razón, ¿no es cierto que tal enjuague puede ser útil como señuelo?

R.- ¿Eso he dicho yo? ¡Ah, hace diez años! Pues es una tontería. Venía a cuento, sin duda, de los últimos coletazos de la literatura social que no daba la suficiente importancia a la literatura en sí misma, al placer del texto, como ahora se tiende a decir. Por eso hablaba de cierta forma de entender literatura y vida pero no de la otra que es la asunción gozosa de la literatura como experiencia vital, que no tiene porqué ser sustituto de nada. Yo decía que, si a algunos le interesan los libros obscenos como compensación, es muy triste cosa. Leer para vivir vicariamente o para ejercitar cualquier tipo de disfrute está muy bien. Emplear la literatura como arma moral o consigna está muy pasado de moda.

P.- En muchos de sus escritos, incluso eruditos, usted gusta de practicar una suerte de distanciamiento, de juego consigo mismo y hasta de desconcertar al lector. ¿Responde tal actitud a un propósito previo, tal vez con ribetes didácticos, a una postura vital o a una indeclinable propensión a huir de las certezas?

R.- Es una postura vital porque la vida es tan pobre y monótona, es tan poco vivir una sola vida que uno debe distanciarse. Gil de Biedma dice que si los cristianos piensan que Dios tiene tres personas eso es de una pobreza lamentable, cualquiera tenemos muchas más. Uno, por muy crítico, historiador o erudito que sea, se sitúa también con ojos de creador o lector y piensa que no puede tomarse demasiado en serio. Siempre se te filtra alguna de las otras personas. Además, estoy rotundamente en contra de la seriedad profesional o erudita.

 “Hay buenas intenciones y muy pocos criterios”

P.- En un reciente artículo de Ferlosio, que no ha sido el primero en sublevarse, se ponía en solfa el hiperproteccionismo gubernamental hacia cualquier ente susceptible de ser catalogado de cultural, ¿cuál es su opinión respecto a la menorragia subvencionista de nuestros políticos?

R.- Estoy de acuerdo con Ferlosio, aunque en cierto momento de su artículo se mete con algo que yo dije hablando de la Universidad Menéndez y Pelayo como escaparate de la cultura en un tiempo en el que la gente se dedica al ocio o la frivolidad y faltan las noticias periodísticas. Es bueno que se asocien estas cosas. Ocurre que hay muy buenas intenciones y muy pocos criterios. Aunque ¿dónde hay criterios en el mundo en que vivimos? Por eso se caracteriza la posmodernidad: por la falta de criterios. No los hay para cuestiones de armamento o economía y los va a haber para la triste cultura. Los profesores que han pasado a ser asesores de las autonomías, diputaciones o ayuntamientos han de justificarse y lo más sencillo es organizar mesas redondas sobre “Literatura hoy” o “Literatura andaluza”, lo que tampoco está tan mal, a la gente le gusta y el vicio solitario de la lectura también necesita su praxis. Otros organizan un congreso; en Cataluña la Generalidad compra trescientos ejemplares de todo libro editado en catalán, con lo que el poeta se publica 301 y ya tiene cubierto el costo. Las cosas se hacen de forma atolondrada pero ya se harán con mejor criterio. Hay vicios de aldeanismo pero la cultura es de por sí viciosa. ¿Qué le vas a hacer? Ferlosio tiene razón pero no en todo.

P.- El adjetivo “primera” que antecede a su reciente Cuarentena anuncia otras entregas?

R.-No, definitivamente, no. No quiero imitarme a mí mismo.

P.- El marbete “Magia y Literatura”, que ostenta su conferencia resulta lo convincentemente ambiguo como para preguntarle ¿por dónde van los tiros?

R.- Se trata de mostrar la homología o semejanza funcional y estructural entre ambas. Aprovecho para decir – y esto es lo que me divierte – que la novela ha sido siempre de imaginación y que el realismo es una herejía o un mero parpadeo de la historia. Volviendo al tema, hay algo en la textura interna de la Magia y Literatura que las hace afines. Uno recurre a un mago para que le ame su mujer o lee una novela donde las mujeres aman a sus maridos: todo imaginario. Ya se sabe que no hay maridos cornudos sino bien informados. Por otra parte, los elementos que presiden la realización de la magia: el contacto o la semejanza…, son los que también organizan la literatura y, analizando un proceso inquisitorial, muestro como el conjuro tiene los mismos principios constructivos internos y externos de la poesía. Lo dijeron Frazer y Jakobson hablando de otros sistemas y es muy fácil aplicarlo al sistema semiológico o simbólico de la literatura.

La conferencia estuvo muy bien.

Con Francisco Rico