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Uno de los cantadores y maestros más importantes de la jota en el siglo XX, hoy totalmente olvidado, tal vez por su corta carrera como intérprete, fue Bernardo Benito.

 

Nacido en María de Huerva el 6 de noviembre de 1889, cuando contaba tan sólo tres meses, sus padres se trasladaron al número 152 de la zaragozana calle de San Pablo.  A los 7 años ya cantaba, imitando a su padre y a la tía Pajarela, una vecina que muy bien lo debía de hacer para cobrar fama en el barrio más profuso en buenos cantadores del orbe. Con ocho años, Bernardo quedó huérfano, por lo que fue acogido por unos parientes vecinos de la cercana calle del Portillo. Ya con tan sólo seis años, había llamado la atención cantando en la plaza de San Felipe y alguien le ofreció presentarse esa noche en un concurso que se celebraba en el Teatro Principal. Consiguió un premio de treinta pesetas, pero recogió cuatrocientas más entre el público.  

En 1903 empezó los estudios con Balbino Orensanz, acudiendo a la Academia que el ayuntamiento había puesto cargo de éste en el Teatro Principal, aunque quien la costeaba fuese el empresario, señor Simón. Fue mano de santo pues, al año siguiente, los dos discípulos del cheso, con los que aparece en una fotografía muy difundida, obtuvieron sendos galardones en el Certamen Oficial. Gerardo Gracia (1890-1981) consiguió el primer premio y Bernardo, el segundo, al alimón con Romualdo Arana, el llamado Sansón de Zuera. En el jurado figuraron: Francisco Benavegge, Santiago Carvajal, Ricardo Salvo Casas, Juan Simón y Francisco Pomares. Esto es lo que se consta en los repertorios oficiales de dicho certamen pero, entre la documentación de Bernardo Benito que se conserva, figura un diploma en que se le concede dicho primer premio. 

Bernardo Benito siempre defendió las enseñanzas de su maestro, como la más pura expresión de la jota. Afirmó que dio a conocer de 75 a 80 estilos auténticos y él mismo redactó una lista con los aprendidos de su maestro, que sin embargo, contiene más de 100, que publicaré en otro momento. Entre los que más gustaban enumera algunos como “La canal”, “Los copos de nieve”, “Alta tienes la ventana”, “La cadenica”, el llamado de Algora, correspondiente a un cantador, Mariano Algora, que triunfó en Madrid en 1887 y fue alabado por Mariano de Cavia… A la muerte de Orensanz, el 6 de marzo de 1936, Bernardo heredó su guitarra.

Entre los que cantores que conoció y trató en la época en que se inicia su breve carrera (1904-1910), se contaban El Royo del Rabal, El Tuerto de las Tenerías, Urbano Gracia, Blas Mora, Antonio Aznar “El Andorrano”, Juan Gracia “El Jardinero”, El Perú, Sansón de Zuera, José Moreno, Pilar  López “La Arenera”, Isabel Muñoz y Miguel Asso. Y, por supuesto, Juanito Pardo. De hecho, Bernardo Benito participó en el festival organizado en el Teatro Principal para redimir del servicio militar al joven cantador y ya maestro. Corría 1905.  

En cuanto a sus hitos como jotero, debe señalarse que también durante 1905 cantó a Joaquín Costa y en 1906, a Galdós. Entre las coplas que Bernardo, acompañado de la rondalla del maestro Orós, cantó a don Benito, hospedado en la Fonda Europa de la Plaza de la Constitución, guardaba éstas de no muy inspirado estro:

“Estoy viéndole, maestro, / y pa’mis adentros digo / quién tuviá su mano derecha / aunque fuera en cabestrillo”.

“Episodios nacionales/ que tanta gloria te dieron / España entera te ofrece /su cariño más sincero”.

“Con la jota te saludo / Benito del alma mía / Zaragoza te recibe / con su más viva alegría”.

Mayores problemas había tenido durante el año anterior con las que cantó en el homenaje celebrado en el Teatro Circo al llamado León de Graus, de factura algo más culta que las ofrecidas en la serenata al novelista y dramaturgo: 

“Una enferma vieja y pobre / se muere de consunción / si don Joaquín no la salva / no hay para ella salvación”.

“En las maniguas cubanas / gritan tumbas de españoles / ni es español ni es honrado / quien defiende a los Borbones”.

“Si la culpa es sólo nuestra / no sé pa’qué nos quejamos / el que con chicos se acuesta / ya sabéis lo que me callo”.

El jefe de policía quiso detenerlo y amenazó con encarcelarlo. Sólo lo dejó tranquilo  cuando se le demostró que las coplas no eran creaciones del cantador sino que se las habían entregado los republicanos que organizaban el homenaje a Joaquín Costa.

En 1910 hubo de abandonar el canto por el cambio de voz: un desdichado accidente que han padecido muchos cantadores que la forzaron en exceso cuando eran niños o demasiado jóvenes y que cambió la vida de Bernardo.

A partir de entonces hubo de buscar otros medios de vida y trabajó como agente de seguros. También, durante algunos años, regentó en Francia un comercio. Finalmente, entró como funcionario en la Caja de Previsión pero combinó su Andrés de Villamayor, discípulo de Bernardo Benitotrabajo con la enseñanza de la jota en la Academia de Canto Regional que instaló en el piso principal de la calle Hermanos Ibarra, número 10. Al parecer, ya enseñaba desde antes del cambio de voz, pues se conserva una fotografía dedicada, nada menos que de María Blasco que tenía un año más que Bernardo, donde lo llama “Mi querido maestro” y otra que le envía un discípulo de Villamayor en 1908. Entre sus alumnos estuvieron Félix Colás, de Juslibol; Celestino Ballarín, de Torres de Berrellén, aunque nacido en Rueda de Jalón, y las hermanas Perié, de Nuez de Ebro. De todos ellos, también ejerció de representante en la década de los treinta. Se conserva una carta de Bernardo dirigida en 1935 a la Casa de Aragón en Madrid, en la que escribe que Pascuala Perié no puede acudir pero que Celestino pide 350 pesetas por un día y 500, por dos.

Como buen jotero aragonés, Bernardo fue un cerrado polemista que se enfrentó una y otra vez a distintos molinos de viento para defender sus convicciones acerca del género: En una carta al crítico de teatro y también jotista entusiasta, Pablo Cistué de Castro, Barón de la Menglana, Benito escribía que los cantadores que de joven había conocido no conocían más que unos cuantos estilos: Lo llevan por la ribera, Me embarqué en una avellana (ambos del Royo), La fematera, La golondrina, Si no le ponen puntales, El Peral, La cara yo le tapé, Al puerto de Guadarrama, El guitarrico y El juicio oral. El resto había sido obra de Balbino Orensanz y, suponemos, que de Santiago Lapuente, al que no llega a nombrar. Conociendo Aragón, quizá la relación de ambos maestros joteros no fuera tan buena como hubiera sido deseable.

Los dos últimos de los estilos citados eran jotas zarzueleras y el resto de El Royo o Juanito Pardo, así que, según su criterio, el repertorio era muy pobre, lo que, dio lugar a la decadencia y por eso el Ayuntamiento determinó poner una academia en el Teatro Principal. Naturalmente, la que dirigió Orensanz y de la que fue alumno Benito. Desde 1904, gracias a él y a sus discípulos, se dieron a conocer más de 90 estilos aprendidos de Balbino. A su juicio, los cantadores que habían sabido conservar la pureza –estamos en la década de los treinta- eran Cecilio Navarro, Gerardo y Juan Antonio Gracia y de los modernos, Felisa Galé, Pascuala y Lucía Perié y Raquel Ruiz.

En otra ocasión Bernardo Benito defendió que fue él, junto a Gerardo Gracia, el primero que cantó la ansotana en 1903. En una carta muy extensa, hablando de certámenes y fiestas de jota, argumenta:

“… ni Cecilio Navarro ni ninguno de los que hoy se tienen por cantadores saben ni una palabra de lo que es la jota y esto estoy dispuesto a demostrárseles (sic) en donde quieran ante una persona que sea competente”.

Como se ve, el concepto sobre Cecilio es diferente al de la carta citada anteriormente. También llama la atención que en la relación de conservadores de la pureza no aparece José Oto, con el que quizá también tuviera algún encontronazo.

Una de las confrontaciones más notorias se dio en 1932 por haber dado nombramiento de Academia Oficial de Jota a la establecida por Cecilio Navarro en la calle Méndez Núñez, 38. Hubo protestas dirigidas al ayuntamiento por parte de cantadores y bailadores y Miguel Asso propició una recogida de firmas. Entre Benito y Cecilio se cruzaron cartas muy crudas y acusadoras y no faltó, como, por desgracia, suele ser frecuente, el ataque personal. A Cecilio le acusa Benito de tener la voz “completamente nasal”, cantar los estilos “totalmente transformados” y no poner jamás “en juego el corazón”. Pese a que otras veces, como se ha visto, había hablado bien de él.

Resulta evidente que B. B. se sintió siempre representante y responsable de lo que él consideraba auténtico sentir jotero e intervenía con su testimonio siempre que lo consideraba conveniente. Por ejemplo, en su correspondencia figura una carta al CSIC, en la que afirma haber entregado al prestigioso folklorista Arcadio Larrea estilos de jota musicalmente escritos y manifiesta que desea que ello conste en la documentación del Instituto. Benito poseía, en efecto, el libro de Larrea, dedicado por éste a quien llama “su maestro”.

Bernardo Benito, que había tenido una de sus academias en el Paseo de la Independencia nº 6, en 1964 vivía en la calle de San Blas y pasó sus últimos días en la calle Colón número 8, en casa contigua a aquella en la que el firmante vio la luz. Su hija, con más de ochenta años y medio ciega, donó sus recuerdos en marzo de 2005.

Las imágenes corresponden, por orden de inclusión, a 1. Bernardo Benito; 2. Bernardo Benito, Balbino Orensanz y Gerardo Gracia; 3. María Blasco; 4. un discípulo de Villamayor; 5. Raquel Ruiz. 6. Celestino Ballarín.

(Publicado en Aragón Digital, 10-11 enero 2019).

Acaba de cumplirse el centenario (7 de enero) de uno de los sabios aragoneses menos conocidos en su propia tierra. Me refiero a Julián Gállego (1919-2006), al que -aparte de los estudiosos del arte que continuarán durante mucho tiempo consultando sus magníficas monografías sobre Velázquez, pintura barroca y Goya- casi nadie recuerda, a pesar de que no hace más que una docena de años que abandonara este valle de risas y lágrimas.

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Es verdad que residió en Madrid buena parte de su vida, por otra parte muy viajera, pero el desconocimiento de su muy atractiva obra literaria creo que se debe más a que el público difícilmente encaja entre sus meninges que el conocido por una actividad –en este caso, la crítica de arte- se dedique también a otras cosas. Efectivamente, Julián Gállego fue autor de un puñado de obras que van desde la narrativa (San Esteban de afuera, Muertos y vivos, Apócrifos españoles, Nuevos cuentos de la Alhambra) hasta el teatro (Fedra), pasando por los viajes, a los que tan adicto fue (Postales, Años de viaje), las crónicas, en las que fue maestro (Mi portera, París y el arte) y el género autobiográfico en su libro, El arte de la memoria, una deliciosa evocación de la Zaragoza de la primera mitad del siglo XX.

Recuerdo que sus primeros textos los leí en los dominicales de Heraldo de Aragón, entonces con un excelente elenco de colaboradores culturales remunerados. No sé si ese periódico lo ha recordado en estos días, pero sí que uno de dichos colaboradores, César Pérez Gracia, ha procurado preservar su excelencia y su memoria escribiendo en varias ocasiones del maestro nacido en la calle Mayor, número 47.

Mi portera, París y el arte

Don Julián, que se había doctorado en Derecho e Historia del Arte, ejerció algún tiempo como técnico de la Administración Civil en Sevilla y Barcelona hasta que decidió cambiar su orientación profesional y trasladarse a París. Enseñó en las universidades de la Sorbona y Complutense, fue miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y pronto se convirtió en un crítico de arte de talla internacional, que comisarió una exposición sobre Velázquez en el Metropolitan neoyorquino y varias en el Museo del Prado. Zaragoza lo galardonó con alguna medalla y una calle, allá por el Parque Ebro.

Julián Gállego vivió de mozo en las calles Mayor y Argensola, de cuyo sector nos proporciona preciosas informaciones. Escojo unas pocas: los panecillos con forma humana que fabricaba el horno sito en el patio de su casa; la fascinación de los niños ante el palacio de Larrinaga, que todos creían que era el de la Reina Hada, y así lo nombraban; la supervivencia del dance de las Tenerías, del que recuerda una de las coplas dedicadas a un político que no señala: “Tienes la cabeza gorda / y el culo de señorita / y donde quiera que vas / vas tirando la levita”. Pero, sobre todo, una que viene al pelo para corregir a los memos y cursis que llaman “Piñateli” al famoso canónigo, propulsor del Canal Imperial, que da nombre al parque y al edificio del Gobierno de Aragón: “Pig-natelli (y pronúnciese, como es uso en Zaragoza, separando la G de la N, sin apiñarlas, y, en cambio, juntando las dos “ele” para dar lugar a la letra “elle”, que tantos países nos envidian)…”

Si lo dice un sabio y yo no me canso de corregir a los puñeteros “piñatelieros”, habrá que aplicar el cuento.

 

                                           BIBLIOGRAFÍA DE SU OBRA LITERARIA

-BADOSA, Enrique, “Prólogo” a Muertos y vivos, Barcelona, Rocas, 1959.

-BORRÁS, Gonzalo, Voz: “Gállego Serrano, Julián”, Gran Enciclopedia Aragonesa, apéndice IV, Zaragoza, UNALI, 2001, p. 119.

-CENTELLAS, Ricardo, “Julián Gállego, la memoria recobrada” (Reseña de El arte de la memoria), Heraldo de Aragón, 25-V-2000.

-DOMÍNGUEZ, Antonio (dir.), Voz: “Gállego Serrano, Julián”, Gran Enciclopedia Aragonesa 2000, tomo X, Zaragoza, El Periódico de Aragón, 2000, p. 2334.

-HORNO LIRIA, Luis, Más convecinos… y algún forastero, Zaragoza, IFC, 1995, pp. 115-117.

-, Autores aragoneses, Zaragoza, IFC, 1996, pp. 28, 205-211.

-LÓPEZ FONSECA, Antonio, “Rumor de clásicos: el grito de algunos autores invisibles del teatro español del siglo XX”, Cuadernos de Filología Clásica, Estudios Latinos, vol. 26, nº 1, 2006, pp. 181-198.

-MAINER, José Carlos, Voz: “Gállego Serrano, Julián”, Gran Enciclopedia Aragonesa, tomo VI, Zaragoza, UNALI, 1981, p. 1477.

-MINISTERIO DE CULTURA, INSTITUTO NACIONAL DEL LIBRO, Quién es quién en las letras españolas, Madrid, 1979 (3ª ed.), p. 181.

-NAVALES, Ana María, Antología de narradores aragoneses contemporáneos, Zaragoza, Heraldo de Aragón, 1980, pp. 25, 107-124.

-PADRÓS DE PALACIOS, Esteban, “Prólogo” a Apócrifos españoles, Barcelona, Rocas, 1966, pp. XI-XIX.

-PÉREZ GRACIA, César, “Retrato de Granada” (Reseña de Nuevos cuentos de la Alhambra), Heraldo de Aragón, 22-XII-1988.

-, “Semblanza de un ilustrado de Zaragoza” (Introducción a El arte de la memoria, Zaragoza, Ayuntamiento, 1999, pp. 9-19).

-, “Las memorias inéditas de Julián Gállego”, Heraldo de Aragón, 18-VII-1999.

-PÉREZ LATORRE, J. M., “Reseña” de El arte de la memoria, Turia nº 55-56, febrero 2001, pp. 333-335.

-RINCÓN, Wifredo, “Necrológica”, Archivo español de arte, Vol. 79 nº 314, 2006.

-, “Julián Gállego y Aragón” en Homenaje a Julián Gállego, Anales de Historia del Arte, Vol. 28, 2008, p. 25-38.

 

 

SALILLAS PANZANO, Rafael, Angüés (Huesca), 26-03-1854 / Madrid, 22-05-1923
Género: Varios

Hijo de militar, estudió bachiller en Huesca y cursó Medicina en Zaragoza y Madrid. Ejerció como médico durante un breve periodo en la capital oscense pero, dada su vocación literaria y su preocupación por ampliar horizontes, decidió desplazarse a Madrid (1880) en compañía de su amigo Joaquín Costa. Allí publicó artículos periodísticos y estrenó en el teatro Español Las dos ideas, drama que no obtuvo demasiada repercusión. En esas fechas, había ingresado ya como oficial de prisiones, lo que le llevó a estudiar con pasión el mundo del hampa a través de las teorías antropológicas y sociales en boga, así como el Derecho Penal y Administrativo. Pronto y a pesar de su formación autodidacta, se convirtió en el mayor especialista español de su tiempo en la materia. Desde una óptica relativamente progresista, su obra contribuyó decisivamente en las reformas penales que se acometieron. Colaboró en la fundación de la Escuela de Criminología (1903), que dirigió, y estuvo al frente de la cárcel Celular de Madrid. Elegido dos veces diputado, asistió a numerosos congresos internacionales y fue, junto a Bernaldo de Quirós, el criminólogo español más destacado de la Restauración. Falleció a resultas de una operación quirúrgica.

Su labor periodística fue amplísima, como lo fue el espectro de sus preocupaciones y el número de folletos, conferencias y libros publicados, algunos, clásicos de especial relevancia en su especialidad, como El delincuente español. El lenguaje. Estudio filológico, psicológico y sociológico (1896) o Hampa. Antropología picaresca (1898), que admiten sin desdoro una lectura hodierna. Asimismo, incidió en el estudio de la poesía de la delincuencia, con apreciables trabajos aparecidos en 1905 y 1907. Su obra creativa, estudiada por Ara Torralba, es escasa, pese a ser su primera vocación. Las dos ideas, dedicado al militar y escritor Antonio Ros de Olano, es una obra neorromántica en verso que sólo tuvo tres representaciones. Su argumento, lleno de misterios familiares, intrigas y anagnórisis, resulta convencional y farragoso. Quiero ser santo, por su parte, constituye un intenso repaso de las experiencias de un criminólogo. En él redibuja diversos episodios de su trayectoria, poniendo el acento en la crueldad del sistema carcelario y su olvido de la dignidad humana y la posibilidad de rehabilitación.

 

Publicado en Javier Barreiro, Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005), Zaragoza, DPZ, 2010, pp. 971-974.

                                                                      OBRAS

Las dos ideas (drama), Madrid, Imp. de José Rodríguez, 1884.

La vida penal en España, Madrid, Imp. de la Revista de Legislación-Librería de Victoriano Suárez, 1888. / Pamplona, Analecta, 1999.

La antropología en el Derecho Penal, Madrid, Imp. de la Revista de Legislación y Jurisprudencia, 1888. / Madrid, Lib. de Victoriano Suárez, 1889.

Pedro Gasca. El pacificador del Perú (conferencia), Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1892.

Doña Concepción Arenal en sus obras. En la ciencia jurídica sociológica y en la literatura -con

Gumersindo de Azcárate y Antonio Sánchez Moguel-, Madrid, Lib. de Victoriano Suárez, 1894.

El delincuente español. El lenguaje. Estudio filológico, psicológico y sociológico, Madrid, Lib. de Victoriano Suárez, 1896. / Madrid, BOE, 2004.

Hampa. Antropología picaresca, Madrid, Lib. de Victoriano Suárez, 1898. / Pamplona, Analecta, 2004.

La teoría básica. Biosociología (2 vols.), Madrid, Biblioteca de Derecho y Ciencias Sociales, 1901.

-La fascinación en España. Brujas, brujerías y amuletos, Madrid, Eduardo Arias, 1905. / Madrid, MRA Creación y Realización Editorial, 2000.

Un gran inspirador de Cervantes. El Doctor Juan Huarte y su “Examen de ingenios”, Madrid, Eduardo Arias, 1905. / Pamplona, Analecta, 2003.

Golfines y golfos, Madrid, Eduardo Arias, 1905.

Poesía rufianesca. Jácaras y bailes, París, Revue Hispanique, 1905.

La traslación de los presidios de África y la reforma penitenciaria. Historia palpitante, Madrid, Bernardo Rodríguez, 1906.

Un gran penólogo español. El coronel Montesinos, Madrid, Eduardo Arias, 1906.

Quiero ser santo, Madrid, El Cuento Semanal nº 52, 27-XII-1907.

El anarquismo en las prisiones (estudio documental), Madrid, Eduardo Arias, 1907.

Poesía matonesca (romances), Nueva York (EE.UU.), Revue Hispanique, 1907.

La ejecución de Angiolillo, París, Macon Protat Frères, 1908. / Pamplona, Analecta, 1999.

La casa como célula social, Madrid, E. Arias, 1908.

El tatuaje y su evolución histórica en sus diferentes caracterizaciones antiguas y actuales y en los delincuentes franceses, italianos y españoles, Madrid, Eduardo Arias, 1908.

Sentido y tendencia de las últimas tendencias en criminología, Madrid, Eduardo Arias, 1908.

Las Cortes de Cádiz. Revelaciones acerca del estado político social, Madrid, Imp. Sucesores de Hernando, 1910. /  Ayuntamiento de Cádiz, 2002.

La Cárcel Real de esclavos y forzados de las minas de azogue de Almadén y las características legales de la penalidad utilitaria, Madrid, Imp. Alemana, 1913.

Morral el anarquista. Orígenes de una tragedia, Madrid, Sucesores de Hernando, 1914.

Evolución penitenciaria en España (2 vols.), Madrid, Imp. Clásica Española, 1918. / Pamplona, Analecta, 1999.

Inspiradores de Doña Concepción Arenal, Madrid, Ed. Reus, 1920.

Dos manuscritos de Rafael Salillas, Madrid, Centro de Publicaciones del Ministerio del Interior, 1998.

BIBLIOGRAFÍA

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-ARA TORRALBA, Juan Carlos, “Tres calas en el pensamiento nacional de Joaquín Costa a través de sus corresponsales (A. Machado, R. Salillas, P. Dorado)”, Anales de la Fundación Joaquín Costa. 150 Aniversario, Huesca, IEA-Fundación Joaquín Costa, 1996, pp. 67-117.

-, “Rafael Salillas, literato”, A escala. Letras oscenses (siglos XIX y XX), Zaragoza, Edizions de l´Astral, 1999, pp. 147-150.

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-BROTO SALANOVA, Justo, Un olvidado: José María Llanas Aguilaniedo, Huesca, IEA, 1892.

-BURILLO, Fernando, “Rafael Salillas. En los orígenes de la Criminología”, Rolde nº 90, octubre-diciembre 1999, pp. 45-50.

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-CASTROVIDO, Roberto, “Un aragonés ilustre. Don Rafael Salillas”, Heraldo de Aragón, 30-V-1923.

-COLECCIÓN DE ÍNDICES DE PUBLICACIONES PERIÓDICAS, Veinticuatro diarios (Madrid, 1830-1900), tomo IV, Madrid, CSIC, 1975.

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-GONZÁLEZ TROYANO, Alberto, “Prólogo” a En las Cortes de Cádiz. Revelaciones acerca del estado político y social, Cádiz, Ayuntamiento de Cádiz, 2002.

-IBARZ, Virgilio, “La Psicología en la obra de Rafael Salillas”, Diario del Alto Aragón, 10-VIII-2007.

-JIMÉNEZ DE ASÚA, Luis, “D. Rafael Salillas, sus precursores y discípulos”, El Criminalista nº 3, 1949, pp. 36 y ss.

-LITVAK, Lily, España 1900. Modernismo, anarquismo y fin de siglo, Barcelona, Anthropos, 1990.

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-MAINER, José Carlos, “Literatura moderna y contemporánea”, Enciclopedia Temática de Aragón, tomo VII, Literatura, Zaragoza, Moncayo, 1988, p. 242.

-MARISTANY, Luis, El gabinete del Dr. Lombroso. Delincuencia y fin de siglo en España, Barcelona, Cuadernos Anagrama, 1973.

-MARTÍNEZ, E., “Salillas, médico antropólogo”, Revista de la Escuela de Estudios Penitenciarios nº 108, 30-III-1954. Número homenaje a Salillas.

-PALAU Y DULCET, Antonio, Manual del librero hispanoamericano, tomo XVIII, Barcelona, Lib. Palau, 1966, pp. 390-391.

-PASCUAL, Pedro, Escritores y editores en la Restauración canovista (1875-1923), tomo II, Madrid, Ediciones de La Torre, 1994, p. 748.

-REVERTE COMA, José Manuel, “Rafael Salillas y la antropología”, El Bosque nº 5, Zaragoza, mayo-agosto 1993, pp. 107-117.

-RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, Tomás, Catálogo de dramaturgos españoles del siglo XIX, Madrid, Fundación Universitaria española, 1994, p. 532.

-SASTRE, Alfonso, “Atención a don Rafael Salillas y su lenguaje delincuente”, Lumpen, marginación y jerigonza, Madrid, Legasa, 1980, pp. 117-130.

-SIN AUTOR, Voz: “Salillas, Rafael”, Enciclopedia Universal Ilustrada Espasa, tomo LIII, Barcelona, Espasa Calpe, 1926, p. 236.

-TOMÉ, A., “Salillas, penitenciarista”, Revista de la Escuela de Estudios Penitenciarios nº 108, 30-III-1954. Número homenaje a Salillas.

-VALBUENA, Antonio de, Corrección fraterna (2ª ed.), Madrid, Imp. del Asilo de Huérfanos, 1911, pp. 23-38.

Sisa, Jaume (Jaime Sisa Mestres), Barcelona, 24-IX-1948. Cantautor. Seudónimos: Ricardo Solfa (como cantante). Armando Llamado (como autor)

 

Hijo de un sastre y músico autodidacto, se inicia en 1966 con una gira con varios amigos por distintos países europeos y Túnez, en los que actúan como músicos ambulantes. En 1968 regresa a Barcelona e ingresa en Grup de Folk, movimiento nacido en respuesta a Setze Jutges. En 1970 publica Orgía, su primer LP en solitario. Tras cuatro años de travesía del desierto, el LP Qualsevol nit pot surtir el sol es un gran éxito y Sisa puede profesionalizarse y empieza a grabar regularmente. Pronto se convierte en un símbolo contracultural tan amable como vitriólico.

En 1975, junto a Gato Pérez y otros músicos barceloneses, funda la Orquesta Platería, en la que durante un año actúa como vocalista con el nombre de Ricardo Solfa. Participa en exitosos montajes teatrales como Antaviana y La nit de San Joan. En 1984 decide retirarse pero al cabo de dos años reaparece cantando en castellano y recuperando el nombre de Ricardo Solfa, con el que seguirá hasta 1996. A principios de los noventa hizo una serie en televisión,  “España en solfa”, compuesta de doce capítulos sobre temas de música popular. En 1996 publica el LCD, El Viajante, compendio de todas sus personalidades y hasta 1998 actúa con el susodicho marbete de El Viajante. Será frecuente su colaboración con músicos y otros artistas.

A partir de entonces continúa publicando discos de gran originalidad de concepción y fuera de las líneas que marca la actualidad pero siempre dotados de una enorme riqueza musical y un agudo componente satírico.  Ha participado en varias películas, obras de teatro y  y programas televisivos. También ha publicado un par de libros y artículos de prensa tan sensatos como polémicos. Últimamente suele actuar con su amigo, el también músico “galáctico” Pau Riba, improvisando diálogos salpimentados de música con temas satíricos que ponen en cuestión los tópicos de actualidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

OBRAS : Lletres galactiques, Barcelona, Ed. del Mall, 1984; El viajante (libro-disco), Madrid, El Europeo, 1996.

DISCOGRAFÍA: L’home dibuixat (single), Als 4 vents, 1968; Miniaturas, (EP), Concentric, 1969; Música dispersa (LP), Diábolo, 1970; Orgía (LP), Diábolo, 1971; Qualsevol nit pot surtir el sol (LP), EDIGSA, 1975; Galeta galactica (LP),  EDIGSA, 1976; La catedral (LP), EDIGSA, 1977; Antaviana (LP),  EDIGSA, 1978; La magia de l’estudiant (LP),  EDIGSA, 1978; Sisa y melodrama (LP), EDIGSA, 1979; Nit de Sant Joan (LP),  EDIGSA, 1981; Barcelona postal (LP), PDI, 1982; Roda la musica (LP), PDI, 1983; Transcantautor, Última noticia (LP doble), PDI, 1984.. El viajante (libro-disco), El Europeo, 1996; Visca la llibertat (CD), Virgin, 2000; Bola voladora (CD), Virgin, 2002; El Congres dels solitaris (CD), Dmedi, 2005; Sisa al Zeleste’75 (CD), Enderroc, 2005; Sisa y Suburbano cantan a Vainica Doble (CD), Fundación Autor, 2006; Ni cap ni peus (CD), K Industria, 2006; Extra (CD), Satélite K (2013).

Como Ricardo Solfa: Carta a la novia (LP), Nuevos Medios, 1987; Cuando tú seas mayor (LP), Nuevos Medios, 1989; Ropa fina en las ruinas (LP y CD), Nuevos Medios, 1992; Yo quiero un TBO (single), Saló del comic, 1993

 

 

 

 

FILMOGRAFIA: F. BELLMUNT (dir), La nova cançó, 1976; Canet Rock, 1976; M. IBORRA (dir.), Tres por cuatro, VARIOS DIRECTORES, Delirios de amor, 1986; B. MARTÍN PATINO (dir), Madrid, M. IBORRA (dir.), Caín, 1987; El baile del pato, 1989; L. GARCÍA BERLANGA (dir.), Todos a la cárcel, 1993; A. VERDAGUER (dir.), don Jaime el Conquistador, 1994; V. PONS (dir.), El gran gato, 2002. B. MARTÍN PATINO (dir.), La seducción o el caos, 2002.

BIBL: V. CLAUDÍN, Sisa, Madrid, Júcar, 1981; M. PUJADÓ, Diccionari de la cançó: d’els Setze Jutges al rock catalá, Barcelona, Enciclopedia Catalana, 2000; S. DOMÍNGUEZ, Los hijos del rock, Madrid, Iberautor, 2004;  F. GONZÁLEZ LUCINI, Y la palabra se hizo música; Madrid, Fundación Autor, 2006.

 

 

(Publicado en Aragón Digital, 5-6 de marzo de 2018)

El “Royo Villanova”, al que hasta hace unos lustros todo el mundo llamaba “El Cascajo”,  es el nombre de uno de los grandes hospitales zaragozanos, pero ya pocos se acuerdan de quien fue el personaje al que debe su denominación. Conviene recordarlo, ya que fue una de las grandes figuras aragonesas de la primera mitad del siglo XX y en 2018 se cumplen los 150 años de su nacimiento, es decir, el sesquicentenario, otra palabra que se está olvidando, casi tanto como el propio don Ricardo, perteneciente a una muy arraigada familia aragonesa, que dio otras figuras, como su padre, Mariano Royo Urieta y sus hermanos, Antonio, gran jurista, y Luis, escritor y periodista muerto en plena juventud a resultas de una operación quirúrgica, cuando ya estaba cimentando su prestigio en la capital del reino.

Volviendo a Ricardo Royo Villanova (1868-1943), ya durante su época de estudiante, participó muy activamente en la vida cultural zaragozana y dio a la luz poesías y obras teatrales, además de fundar la revista El Cocinero (1888), empresa en la que participaron, entre otros, sus hermanos y escritores zaragozanos tan prestigiosos como Mariano de Cavia, Eusebio Blasco y Jerónimo Vicén. Años después, colaboró en la Revista Aragonesa (1907-1908) y en Aragón (1912-1917).

En 1890 se doctoró en Medicina e impartió docencia en la Universidad zaragozana, donde obtuvo la cátedra de Patología Médica en 1894 y fue nombrado rector en 1913, cargo que ejerció hasta 1928, cuando sus problemas con la dictadura primorriverista se tornaron insolubles, con lo que fue destituido y desterrado a Almuñécar. Ya en 1923, año en que el dictador asumió la presidencia del gobierno, había dejado el escaño de senador que ostentaba desde 1914.

Hombre rígido pero muy querido por su gran solvencia moral, tuvo problemas, con la Monarquía, con la Dictadura y con la República. Pero sobre todo, -cómo no- con la envidia y mala índole de algunos de sus conciudadanos. Para defender su buen nombre no tuvo mejor ocurrencia que escribir una curiosísima obra de kilométrico título, El caso del doctor Royo Villanova, por su médico de cabecera. Viva… la Pepa y muera la libertad. Al servicio de la Pravda, donde, en tercera persona, repasa con beligerancia su trayectoria profesional y resulta un excelente documento de la vida político-cultural zaragozana en las primeras décadas del pasado siglo.

Como hombre de gran protagonismo público, muchos otros fueron sus méritos y actividades: presidente del Ateneo de Zaragoza desde 1913 hasta su muerte, perteneció a varias academias y obtuvo un gran número de condecoraciones y honores. Tuvo tiempo para dar a la imprenta una biografía de Servet, una temprana defensa de la eutanasia y otras obras de variada índole pero, especialmente, sobre su especialidad, en la que fue una figura respetada en Europa. Su sentido social le llevó a impulsar con especial dedicación la lucha antituberculosa en España, enfermedad hoy casi olvidada, pero que durante muchos años segó la vida de tanta gente joven y valiosa. Él mismo llegó a fundar y sostener económicamente una clínica especializada. No fue casual que, cuando en 1956, en los terrenos del barrio de San Gregorio denominados El Cascajo por su abundancia de piedras, se inauguró el sanatorio, dedicado por entonces al tratamiento de pacientes afectados por la tuberculosis, se acudiese a titularlo con el nombre del gran médico zaragozano.

                                                                             OBRAS 

Pepito (juguete cómico), Zaragoza, Tip. La Derecha, 1888. Royo Villanova, Ricardo_Pepito003

El batín (comedia), estr. en 1888.

Útil condicional (sainete)

La mise en escene (sainete)

El nudo en el pañuelo (poesía), Zaragoza, 1889.

Esfigmogramas (crónicas médicas), Zaragoza, Imp. de Emilio Casañal, 1910.

Almas opacas (novela breve), Zaragoza, La Novela de Viaje Aragonesa nº 8, 21-V-1925.

Miguel Servet (biografía), Madrid, Imp. de A. Marzo, 1927.

Coloquios eucarísticos (narraciones místicas), Zaragoza, El Noticiero, 1928. / Zaragoza, La Cadiera, 1982.

El derecho a morir sin dolor (El problema de la Eutanasia), Madrid, Aguilar, 1929.

El caso del doctor Royo Villanova, por su médico de cabecera. Viva… la Pepa y muera la libertad. Al servicio de Pravda (memorias), Madrid, Compañía General de Artes Gráficas, 1931.

Fernando el Católico (biografía), Plasencia (Cáceres), Sánchez Rodrigo, 1943.

 

                                                            BIBLIOGRAFÍA

-AZNAR MOLINA, José, “La Medicina y las Letras aragonesas están de luto”, Aragón nº 186, enero-febrero 1944, pp. 8-9.

BARREIRO, Javier, Diccionario de autores aragoneses contemporáneos (1885-2005), Zaragoza, Diputación de Zaragoza, 2010, pp. 894-895.

-CASTÁN PALOMAR, Fernando, Aragoneses contemporáneos 1900-1934 (Diccionario biográfico), Zaragoza, Herrein, 1934, pp. 466-468.

-CASTRO Y CALVO, José María, Veinticinco años después, Barcelona, Talleres Gráficos de Agustín Núñez, 1950, pp. 89-104.

-, Mi gente y mi tiempo, Zaragoza, Lib. General, 1968.

-CAVIA, Mariano de, “El bálsamo de fierabrás”, Presencias de un zaragozano ausente, Zaragoza, CAZAR, 1969, pp. 127-129.

-CEJADOR Y FRAUCA, Julio, Historia de la lengua y la literatura castellana, vol. IX, Madrid, Gredos, 1972, p. 492.

-FUNDACIÓN JUAN MARCH, Catálogo de obras del teatro español del siglo XIX, Madrid, 1986.

-LACADENA Y BRUALLA, Ramón de, Retratos a pluma, Zaragoza, Heraldo de Aragón, 1958, pp. 267-273.

-, Vidas aragonesas, Zaragoza, IFC, 1972, pp. 573-588.

-LÓPEZ DE ZUAZO ALGAR, Antonio, Catálogo de periodistas españoles del siglo XX, Madrid, Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense, 1981, p. 533.

-PALAU Y DULCET, Antonio, Manual del librero hispanoamericano, tomo XVIII, Barcelona, Lib. Palau, 1966, pp. 37-38.

-RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, Tomás, Catálogo de dramaturgos españoles del siglo XIX, Madrid, Fundación Universitaria española, 1994, p. 518.

-ROYO VILLANOVA, Carlos, Voz: “Royo Villanova, Ricardo”, Gran Enciclopedia Aragonesa, tomo XI, Zaragoza, UNALI, 1982, pp. 2936-2937.

-RUIZ LASALA, Inocencio, Bibliografía zaragozana del siglo XIX, Zaragoza, IFC, 1977.

-SAGARDÍA, Ángel, “Los hermanos Royo Villanova”, Doce de Octubre nº XXII, 1968.

-SIN AUTOR, Voz: “Royo Villanova, Ricardo”, Enciclopedia Universal Ilustrada Espasa, tomo LII, Barcelona, Espasa Calpe, 1926, pp. 573-574.

-VV.AA., Velada necrológica en honor del Dr. D. Ricardo Royo Villanova, Zaragoza, Tip. Berdejo y Casañal, 1944

-, Un zaragozano inolvidable. Don Ricardo Royo Villanova, Zaragoza, La Cadiera, 1971.

 

LLANAS AGUILANIEDO, José María, Fonz (Huesca), 08-12-1875 / Huesca, 24-07-1921.

Nacido en Fonz, donde su padre regentaba la botica, en 1886 inició sus estudios en el instituto de Huesca y cinco años más tarde comenzó la carrera de Farmacia en Barcelona, de acuerdo a la tradición familiar. Allí, para conseguir independencia económica, entró como mancebo en la farmacia de Pompeu Gener, donde tomó contacto con la flor y nata de la intelectualidad catalana, vinculada al Modernismo. Terminados sus estudios, en 1896 se trasladó a Sevilla al ganar la oposición de farmacéutico militar. Preocupado por temas sociales y antropológicos, publicó estudios sobre el alcoholismo en Cádiz y en la capital hispalense. Fue crítico literario para El Diario de Huesca y en los primeros años del siglo XX, destinado a Madrid, colaboró en publicaciones como Electra, Revista Nueva, La Correspondencia de España, La Lectura y Juventud, algunas de ellas situadas entre las revistas más avanzadas del momento. Su ensayo Alma contemporánea, verdadero compendio de la sensibilidad de la época elogiado por Rubén Darío, Emilia Pardo Bazán y Clarín, le proporcionó crédito y amistades, que se incrementaron con la edición de La mala vida en Madrid, un magnífico estudio de la delincuencia y las taras sociales, escrito en colaboración con Bernaldo de Quirós, muy en la línea de la antropología criminal en boga en la Europa de su tiempo. A partir de entonces, con muy frecuentes traslados, acometió la narración para convertirse en uno de los novelistas más característicos del Modernismo español. En 1912, afincado en Melilla, se agravaron los síntomas de la enfermedad mental que enturbiaría los últimos años de su vida y provocaría su prematura muerte, acontecida en la farmacia oscense, donde su hermano Feliciano lo había acogido para cuidarlo. 

Las novelas de Llanas Aguilaniedo se imbrican en las corrientes narrativas que, teñidas por el simbolismo y, siguiendo los pasos de Huysmans, tratan de alejarse de los realismos decimonónicos. El jardín del amor se vale del diario y lo epistolar para dar vuelo a la vida interior de una mujer, enamorada de otra, que quiere ser modelo de las nuevas tendencias espirituales, dependientes de la rebeldía nietzscheana. Navegar pintoresco sustituye el escenario oscense por el madrileño y presenta un personaje principal falto de voluntad, incapaz de imponerse a su medio. Como en las anteriores, la protagonista de Pityusa, la más sólida de sus obras, tiene tendencias anómalas o anticonvencionales, en la línea del naturalismo positivista. Desarrollada principalmente en Menorca y París, la vida de una joven sensible que deviene en “cocotte” permite a su autor adentrarse en una “sociedad, cosmopolita, ambiciosa, brillante y amoral”, en palabras de Broto Salanova, autor de un excelente estudio biográfico-crítico. Literaturización, aunque basada en una observación directa, brillantes descripciones paisajistas y orientación morbosa sitúan el texto en el marco decadentista tan propio de los inicios del siglo XX. La figura de Llanas, que alcanzó cierto prestigio entre sus contemporáneos pero casi nulo reconocimiento como narrador, ha sido, sin embargo, reivindicada por recientes estudios.

                                                                            OBRAS

Alma contemporánea. Estudio de estética (ensayo), Huesca, Tip. de Leandro Pérez, 1899. / Huesca, IEA, 1991.

La mala vida en Madrid (ensayo) -con Constancio Bernaldo de Quirós-, Madrid, 1901. / (ed. de Justo Broto Salanova) Huesca, IEA, 1998.

Del jardín del amor (novela), Mérida (Cáceres), Corchero y Cía., 1902. / Madrid, Lib. Fernando Fe, 1902. / (ed. de José Luis Calvo Carilla) Huesca, IEA, 2001.

Navegar pintoresco (novela), Huesca, Leandro Pérez, 1903. / Madrid, Lib. de Fernando Fe, 1903.

Pityusa (novela), Madrid, Lib. de Francisco Beltrán, 1904.

                                                                 

                                                                     BIBLIOGRAFÍA

-ARA TORRALBA, Juan Carlos, “El alma contemporánea de Alma contemporánea. Claves ideológicas para un libro y un cambio de siglo”, Alazet nº 2, 1991, pp. 9-54.

-, “La contribución de José María Llanas a la campaña política de su paisano Costa”, La Campana de Huesca nº 16, 1996, pp. 10-12.

-, “Hitos literarios de la Huesca moderna (1893-1912)”, Argensola nº 114, 2004.

-ASÚN, Raquel y Vicente MARTÍNEZ TEJERO, Voz: “Llanas Aguilaniedo, José María”, Gran Enciclopedia Aragonesa, tomo VIII, Zaragoza, UNALI, 1981, p. 2123.

-AYALA, Jorge, Pensadores aragoneses, Zaragoza, IFC, 2001, pp. 510-513.

-BROTO SALANOVA, Justo, “José María Llanas Aguilaniedo: el ingrato olvido de la historia”, Heraldo de Aragón, 12-IX-1985.

-, “Introducción” a Alma contemporánea, Huesca, IEA, 1991.

-, Un olvidado, José María Llanas Aguilaniedo. Estudio biográfico y crítico, Huesca, IEA, 1992.

-BUSTILLO, Eduardo, Campañas teatrales (Crítica dramática), Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1901.

-CALVO CARILLA, José Luis, El modernismo literario en Aragón, Zaragoza, IFC, 1989, pp. 99-109.

-, “Alma contemporánea de Llanas Aguilaniedo: una estética de la modernidad”, Castilla. Estudios de Literatura nº 15, 1991, pp. 33-51

-, La cara oculta del 98. Místicos e intelectuales en la España del fin de siglo (1895-1902), Madrid, Cátedra, 1998.

-, Escritores aragoneses de los siglos XIX y XX, Zaragoza, REA, 2001, pp. 147-149.

-, “Introducción” a Del jardín del amor, Zaragoza, IEA-Prensas Universitarias, 2002.

-CALVO SALILLAS, Mª José, El Círculo Oscense. Cien años de historia (1904-2004), Huesca, Ayuntamiento-Diputación Provincial, 2005, pp. 19-20.

-CEJADOR Y FRAUCA, Julio, Historia de la lengua y la literatura castellanas, tomo XI, Madrid, Gredos, 1972, pp. 258 y ss.

-CONTE OLIVEROS, Jesús, Personajes y escritores de Huesca y provincia, Zaragoza, Librería General, 1981, p. 92.

-DARÍO, Rubén, “El Modernismo”, España Contemporánea, Barcelona, Lumen, 1987.

-, “La crítica”, España Contemporánea, Barcelona, Lumen, 1987.

-DOMÍNGUEZ LASIERRA, Juan, Los biznietos de Gracián. Las letras en Aragón en el siglo XX, Zaragoza, Ibercaja, 2005, pp. 41-43.

-DUEÑAS LORENTE, José Domingo, “Síntomas de un época” (Reseña de Del jardín del amor), Trébede nº 71, enero 2003.

-ENTRAMBASAGUAS, Joaquín de, “José María Llanas Aguilaniedo, 1875-1921”, Las mejores novelas contemporáneas III, 1905-1909, Barcelona, Planeta, 1968.

-FÁCIL, Luis Enrique y Pablo CUEVAS, “José María Llanas: una trayectoria defraudada”, El Día, 9-VIII-1986.

-GONZÁLEZ BLANCO, Andrés, Historia de la novela contemporánea en España, Madrid, H. Sevilla y Cía., 1909.

-HORNO LIRIA, Luis, Autores aragoneses, Zaragoza, IFC, 1996, p. 22.

-LLANAS, Feliciano, “José María Llanas Aguilaniedo y la Farmacia Llanas”, Diario del Alto Aragón, 10-VIII-2002.

-LLANAS, José Antonio, “José María Llanas Aguilaniedo. El único escritor altoaragonés de la generación del 98”, Heraldo de Aragón, 10-VIII-1985.

-“Los libros en la familia Llanas y sus aledaños”, Diario del Alto Aragón, 10-VIII-2010, pp. 172-173.

-MAINER, José Carlos, “Literatura moderna y contemporánea”, Enciclopedia Temática de Aragón, tomo VII, Literatura, Zaragoza, Moncayo, 1988, p. 244.

-, “La crisis de fin de siglo a la luz del emotivismo: Sobre Alma contemporánea de Llanas Aguilaniedo”, Letras Aragonesas (siglos XIX y XX), Zaragoza, Oroel, 1989, pp. 97-115.

-NAVAL, María Ángeles, “Estética fin de siglo” (Reseña de Alma contemporánea), Turia nº 20, junio 1992, pp. 280-282.

-PARDO BAZÁN, Emilia, “La nueva generación de novelistas en España”, Helios nº XII, marzo 1904.

-REVERTE COMÁ, José Manuel, “Prólogo” a La mala vida en Madrid, Huesca, IEA, 1998.

-SAINZ DE ROBLES, Federico Carlos, Diccionario de la Literatura, vol. II, Madrid, Aguilar, 1973, p. 695.

-, La promoción de “El Cuento Semanal”, Madrid, Espasa Calpe, 1975.

-SIN AUTOR, Voz: “Llanas Aguilaniedo, José María”, Enciclopedia Universal Ilustrada Espasa, tomo XXXI, Barcelona, Espasa Calpe, 1926, p. 994.

-SOTELO VÁZQUEZ, Adolfo, “Viajeros en Barcelona”, Cuadernos Hispanoamericanos nº 544, octubre 1995.

Publicado en Javier Barreiro, Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005), Zaragoza, Diputación Provincial, 2010, pp. 633-635. 

MONREAL ACOSTA, Genaro (Ricla (Zaragoza) 1-XII-1894/Madrid, 30-IX-1974)

Hijo del veterinario de Ricla, en plena ribera del Jalón, desde niño mostró gran inclinación a la música, de modo, que, cuando le regalaron un flautín, se pasaba el día intentando sacarle sonidos, por lo que en el pueblo comenzaron a llamarle “Genaro chufla”. Su madre le enseñó las primeras nociones musicales pero, por esa aludida inclinación, a los siete años, aprobó las pruebas y pudo ingresar como infantico en la escolanía de la Basílica del Pilar. En las celebraciones del Centenario de los Sitios de Zaragoza (1908), interpretó los solos de una misa de Réquiem ante los restos de Agustina de Aragón. Se dice que  Alfonso XIII, admirado, le impuso la medalla de oro del Centenario.

Muy poco después, con 15 años, se trasladó a Madrid para estudiar en el Conservatorio. Alternaba su preparación con un trabajo como flautista de una orquestina y, después, como pianista en el Salón Madrileño, uno de los sitios de baja estofa más populares en el Madrid del cuplé. Allí acompañó a artistas de varietés como Preciosilla, Adela Margot, Chelito… con el sueldo de 4 pesetas diarias. Pronto lo complementó tocando el piano en el café de La Magdalena. Lo primero que compuso fue “Atchís”, un chotis con letra de Leandro Blanco, estrenado en el Salón Madrileño por La Chisperita (foto).

El mucho trabajo, arreglando canciones para las artistas y el fácil éxito le llevó a renunciar a una carrera superior en el Conservatorio. Su primer gran éxito fue el tan bello cuplé con ritmo de vals, “Las tardes del Ritz”, que estrenó el imitador de artistas Egmont de Bries https://javierbarreiro.wordpress.com/2016/07/20/edmond-de-bries-el-mas-famoso-de-los-imitadores-de-artistas/.

Años después, Mercedes Serós popularizaría en el teatro Lara, otra de sus más populares  creaciones, “El capote de paseo”, un pasacalle, que había sido estrenado por Tina de Jarque. Enseguida comenzó a componer para las grandes figuras hasta trasladarse a París en 1924, donde estuvo siete años trabajando para artistas, casas de discos y cabarets y recorrió Europa “con un número de carácter español, admirablemente orientado” (La Tierra, 19-2-1931). Vuelto a España, su fama ya era imparable. Desde los años veinte le acompañaría la reconocida bailarina murciana Paquita Pagán -Inocencia Moreno Cánovas era su nombre auténtico-, con la que recorrió muchos países al frente de su compañía y con la que fundó una prestigiosa academia de baile y canto en la madrileña calle del Horno de la Mata. Tuvieron un hijo pero no se casaron hasta 1974, doce días antes de la muerte del maestro.

PAQUITA PAGÁN

Su trabajo fue siempre improbo y polifacético. A sus más de mil composiciones de todos los géneros registradas en la SGAE, hay que unir decenas de obras musicales para la escena (V, abajo la relación), adaptaciones de melodías populares aragonesas, navarras, riojanas, vascas, murcianas, andaluzas…  puede decirse que no hubo región española a la que el maestro no dedicara alguna composición. Igualmente, los artistas que cantaron sus canciones están entre los más populares de aquellas décadas: Mercedes Serós, Ofelia de Aragón, Antoñita Colomé, Pepe Blanco, Manolo Caracol, Lola Flores, Gracia de Triana, Antonio Molina, Miguel de Molina, Carmen Morell, Los Xey, Lilián de Celis, Sara Montiel,  Antoñita Moreno, Margarita Sánchez, Ana María, Joselito, Marisol, Manolo Escobar, Lola Flores, el parodista Gran Kiki, Raimundo Lanas… También compuso la música de muchísimos anuncios, que, desde los años treinta hasta principios de los sesenta, sonaron incesantemente en las emisoras españolas. Aún se recuerdan algunos como los de Okal, Medias Vilma, Cucarex, Cervecería La Tropical, DDT Chas…

Con tanta actividad, a partir de la Guerra Civil, el maestro se hizo ayudar de su sobrino Manuel Monreal Díaz (1915-1992), también músico. El compositor de Ricla había fundado la editorial El Momento Musical, que luego vendió a Ediciones Quiroga. Ahí se juntaban dos de los músicos más populares de la edad de oro de la canción española. Quizá proveniente de sus primeros tiempos de penuria, y como ha sido frecuente en la música popular, parece que Monreal tenía cierta tendencia a registrar en la Sociedad de Autores músicas populares como suyas. Así ocurrió con “La pulga”, “Fru-fru”, “Los cuatro muleros”… Esta última, arreglada también por García Lorca para la Argentinita, provocó alguna polémica en la que el maestro supo defenderse con buenos argumentos:

http://hemerotecadigital.bne.es/issue.vm?id=0001076544&page=4&search=monreal+%22los+cuatro+muleros%22&lang=es

En esta línea de música popular, a Raimundo Lanas, el cantador de Murillo el Fruto, que instituyó la forma canónica de cantar la jota navarra, Monreal le armonizó e instrumentó todo el repertorio de jotas escritas por Ezequiel Endériz, con las que instituyó el canon  de la jota navarra.

Cuando en España no existía la televisión y la radio era sin duda el electrodoméstico más popular para los españoles, aunque un gran contingente de ellos ni siquiera podía acceder a ella, la publicidad radiofónica tenía una gran importancia en la vida social y en la economía.  Como además, apenas había emisoras, el zapeo era complicado pero no importaba mucho porque los anuncios eran maravillosos. Frecuentemente se recurría al humor y a la música y, como ocurre hoy en los factores de la publicidad, las empresas requerían el concurso de los mejores compositores y letristas. Por ejemplo, el anuncio del DDT Chas, entonces recién inventado y que supuso una revolución en la lucha contra el insecto,  desternillante chotis en que los insectos convocan asamblea para luchar contra los devastadores efectos del DDT Chas. El cantante de esta y de casi todos los anuncios que musicó Monreal, hoy olvidado, es uno de los vocalistas que más actuó en los años cuarenta, Don Liñán.

El texto de este y de casi todos los anuncios cuya música firmó el maestro fue de Ramón Perelló, De los muchos que colaboraron con Monreal como autores de las letras, el más constante  fue este murciano, que, después de haber pasado unos años en las cárceles de Franco por su pasado leal a la República, se convirtió en uno de los letristas más dotados de la larga posguerra española.

En cuanto a la relación de sus principales canciones, es complicado elegir: ¡Ay, mi sombrero!, Tani Campanera, Mesonera de Aragón, Clavelitos, Las tardes del Ritz, El capote de paseo, El berebito, Serva la Bari, Mi vaca lechera, Habanera del cariño, La gallina papanatas, El lerele, Pasodoble te quiero, Ni se compra ni se vende, ¡Que se mueran los feos!, una creación del gran cómico Ramper, naturalmente, anterior a la que firmó Curiel para Los Sirex, que triunfó en los años sesenta.

Apenas se conoce la historia de una canción tan famosa como “Clavelitos”. Con este título ya hubo un cuplé de La Fornarina, que se hizo muy popular hacia 1910 y que después han cantado numerosas artistas. El “Clavelitos” moderno parece una melodía de toda la vida pero fue escrita en 1949 por el famoso dibujante ecijano Federico Galindo Lladó,  que la dedicó a su novia y después esposa, Rosita Calonge. El maestro Monreal le puso música a ritmo de vals pero tardó nueve años en estrenarse. Aunque no fue compuesta como canción de tuna, lo hizo con su título original “Dame un clavel”. Fue la Estudiantina de Madrid quien la llevó al disco (Cuando los “tunos” pasan), en el que se dice que es el primer vinilo (1958) grabado por una tuna o estudiantina. Desde entonces se convirtió en la más cantada por parte de estas agrupaciones, hoy en decadencia. En aquel disco EP Philips de cinco canciones todavía el título fue “Dame un clavel”; pero sólo en el centro del vinilo, en la cubierta figuraba ya “Clavelitos”; entre el resto, figuraba también la canción de tuna que sigue en popularidad a la del maestro Monreal, “La tuna pasa”, también creada por otro aragonés, el médico y compositor Luis Araque. El solista era Antonio Albadalejo, después psiquiatra, y la futura “Clavelitos” fue inmediatamente incluida en dos películas: Escucha mi canción (Antonio del Amo, 1958) cantada por  Joselito y por la tuna que actúa en La casa de la Troya (Rafael Gil, 1959) y, después, intelrpretada por multitud de artista en numerosos los idiomas

Muy famosa se hizo también “Campanera”, la  canción que logró la mayor recaudación en la España de 1956. Con letra de Naranjo y Murillo, la estrenó la sevillana Ana María (Ana Mª Catalán López) en 1953, pero la popularizó enormemente Joselito en El pequeño ruiseñor (Antonio del Amo, 1956).

Monreal fue nombrado en en 1956 delegado de la SGAE en Madrid y sus últimos años transcurrieron con la tranquilidad de sus saneados derechos como autor 

El 22 de octubre de 1974, pocos días después de su muerte, Ricla, su pueblo natal, le rindió homenaje y puso su nombre al Grupo Escolar pero su figura -uno de las grandes nombres de la música popular del siglo XX- ha sido, de momento, poco reconocida, incluso en Aragón donde, con Montorio, Marquina y Luna, forma el póker de grandes maestros de la pasada centuria. 

                                                                                           OBRA LÍRICA

-Las cosas del mundo (zarzuela en un acto en colaboración con Luis Barta con libreto de Ernesto Tecglen y Rafael Solís, estrenado en el Circo Americano el 19-9-1924).

-Los ponchos rojos (zarzuela en un acto en colaboración con C. Roig y libreto de Julián Moyrón, estrenado en P. Nuevo, XI-1933).

Viñeta romántica (un acto en colaboración con Eugenio Barrenechea y libreto de Manuel Machado y Basilio García Cabello, estrenada en el T. Español, 24-XI-1942).

Filigranas (Fantasía en dos actos en colaboración con Gerardo Gómez de Agüero y libreto de Ramón Perelló, estrenada en el T. Albéniz de Málaga, 28-XII-1945).

Tablao ((apropósito en dos actos con libreto de Ramón Perelló estrenado en el Gran Teatro de Córdoba el 2-II-1946).

Caravana (comedia musical en dos actos con libreto de Francisco Muñoz Acosta, estrenado en el T. Cervantes de Ciudad Real), 8-VI-1946).

Sol de España (fantasía en dos actos con libreto de José López de Lerena y Pedro Llabrés, estrenada en el cine Salamanca, 30-VIII-1946).

-Combinado de estrellas (fantasía en dos actos con libreto de Pedro Llabrés y José López de Lerena, estrenada en el T. de la Comedia, 16-IX-1946).

Gracia española (fantasía en dos actos con libreto de José López de Lerena y Pedro Llabrés, estrenada en el Liceo Salamanca, 19-IX-1946).

Volando por el mundo (fantasía en dos actos con libreto de José López de Lerena y Pedro Llabrés, estrenada en el cine Salamanca, 11-X-1946).

Porcelanas (fantasía en dos actos con libreto de Pedro Llabrés y José  López de Lerena, estrenada en el T. Albéniz, 15-XI-1946).

Melodías de España (comedia musical en dos actos con libreto de José Blanco Ruiz y Ramón Perelló, estrenada en el T. Pradrea de Valladolid, 14-II-1947).

-Fiesta 1947 (revista con libreto de Ramón Perelló, estrenada en el T. Cervantes el 15-IV-1947).

Coplas al viento (fantasía en dos actos en colaboración con Manuel Monreal y libreto de Ramón Perelló y Manuel Martínez Remis, estrenada en el T. Cómico 13-V-1947).

Dos gemelos de oro (comedia musical en tres actos con libreto de Luis García Sicilia, estrenada en el T. San Fernando de Sevilla el 14-I-1948), 14-I-1948.

Alrededor del mundo  (revista con libreto de Ramón Perelló, estrenada en Barcelona en 1948).

– Acuarelas (fantasía en dos actos con libreto de Francisco Ramos de Castro y Ramón Perelló, estrenado en el Teatro de la Comedia, 15-IX-1948)

Maracas y castañuelas (comedia musical en dos actos, con libreto de Francisco Muñoz Acosta, estrenada en Aranjuez, 6-XI-1948).

Tus ojos negros (comedia musical en dos actos, con libreto de Ramón Perelló y Antonio Paso Díaz, estrenada en el Teatro Pradera de Valladolid, el 15-IV-1950.

Cascabeles españoles (revista en dos actos con libreto de Consuelo Losada Sánchez y J. A. Verdugo, estrenada en el T. Pavón el 2-6-1950.

Sin fecha: Almadieros (con libreto de Ezequiel Endériz), Luz y color (fantasía en dos actos con libreto de José López de Lerena y Pedro Llabrés, estrenada en el T. de la Comedia),

                                                                                                    BIBLIOGRAFÍA

Burgos, Antonio, Juanito Valderrama. Mi España querida, Madrid, La Esfera de los Libros, 2004.

Cobos Aparicio, Carlos, Homenaje al maestro Monreal, Ricla (Zaragoza), Asociación Cultural Ricla y sus raíces, 1999.

Baliñas, María, Voz: “Monreal Lacosta” en Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana. Vol, VII,Madrid, SGAE, 2000, p. 698.

Molina, Miguel de, Botín de guerra. Autobiografía, Barcelona, Planeta, 1998.

Retana, Álvaro, Historia de la canción española, Madrid, Tesoro, 1964, p. 431 y 451.

Román, Manuel, Memoria de la copla. La canción española de Conchita Piquer a Isabel Pantoja, Madrid, Alianza, 1993.

-, La copla, Madrid, Acento, 2000.

VVAA, El cine y su música, La Almunia de Doña Godina (Zaragoza), Asociación Cultural Florián Rey, 2003.