Archivos de la categoría ‘Tango’

 

Plus Ultra La gloria del águila

El 10 de febrero se cumplió el 90 aniversario del vuelo del Plus Ultra, acontecimiento que suscitó un desatado entusiasmo tanto en la España gobernada por el general Primo de Rivera, como en la Argentina presidida por Marcelo T. de Alvear. Muy escaso eco ha tenido en los medios de comunicación españoles la hazaña de los cuatro tripulantes, Franco, Durán, Ruiz de Alda y Rada, que, por entonces, alcanzaron la categoría de héroes.

Ya casi solo se recuerda al controvertido Ramón Franco, masón, ferviente republicano y, finalmente, tras muchas dudas, al servicio del ejército mandado por su plus_ultra_02hermano, en el que falleció por accidente aéreo en una misión de guerra. El menos recordado es el teniente de navío jerezano Juan Manuel Durán, tal vez porque hubo de abandonar el hidroavión en cabo Verde, la segunda escala del vuelo, al que hubo de aligerar de peso. O porque falleció sólo cinco meses después del vuelo en una exhibición aérea. También ha pasado la apisonadora del tiempo para Julio Ruiz de Alda, uno de los fundadores de Falange, fusilado por las turbas en el asalto a la Cárcel Modelo en el Madrid revolucionario de agosto de 1936. También navarro, de Caparroso, era el cabo mecánico Pablo Rada, muy lejano en su ideología a su paisano, y el único que sobrevivió a la guerra civil. Aunque hubo de exiliarse en Colombia y Venezuela, en 1969 volvió para morir en Madrid.

plus_ultra_03El vuelo, con seis escalas,  duró 19 días para un total de vuelo de 61 horas y 44 minutos. Fue seguido con inusitada expectación por la prensa y las jovencísimas radios de los dos continentes con la total convicción de que se vivía un hecho histórico. Se erigieron sendos monumentos en los lugares de despeje y aterrizaje, el puerto de Palos y la Costanera Sur de Buenos Aires. El hidroavión fue donado a la Armada argentina y durante un tiempo prestó servicio como correo. Hoy se encuentra en el Museo de Luján.

En plena efervescencia del tango, muchos compositores se lanzaron a componer páginas conmemorativas. La que más ha trascendido, “La gloria del águila” no lo fue por la calidad de su letra o su música sino porque tuvo la fortuna de ser cantada por Gardel: https://www.youtube.com/watch?v=DUQp_4O02D La letra era de Enrique Nieto de Molina (https://javierbarreiro.wordpress.com/2013/07/07/enrique-nieto-de-molina/ y la música de Martín Montserrat Guillemat, que solía firmar sus canciones como Serramont. Aunque Gardel se encontraba en Barcelona cuando se efectuó el vuelo del Plus Ultra, la grabación se llevó a cabo en 1927.

Traigo aquí las carátulas de las partituras de unos cuantos más.

Plus Ultra Franco-Solo003Plus Ultra Oh Galicia!013Plus Ultra Oh Galicia!012Plus Ultra ¡Franco!009Plus Ultra Vencedor001Plus Ultra Plus Ultra pasodoble011Plus Ultra El Plus Ultra008Plus Ultra El Chacal (Gallego lindo)006Plus Ultra El Raid del Plus Ultra005Plus Ultra Pájaro de oro002Plus Ultra La gloria del águilaPlus Ultra Rada-Fox004Plus Ultra Comandante Franco010

 

Tania004TANIA (Ana Luciano Divis), Toledo, 13.X.¿1900? – Buenos Aires, 17.II.1999. Cantante de tangos.

 

Su fecha de nacimiento siempre fue un misterio, desde la más antigua de las propuestas (1893) hasta la más moderna (1908), proporcionada por ella misma en las memorias firmadas por José Miguel Couselo (1973) y, evidentemente, falsa. Como dijo Gobello, la averiguación de su edad se convirtió en folclore de Buenos Aires. Hoy día se piensa que, en todo caso, nació en el siglo XIX. 

Hija de Carlo Luciano, un teniente coronel que dirigió la Banda Municipal en Toledo y, después fue destinado a Valencia, En 1916, debutó en Gandía como cupletista con el nombre de Tania Visdi. Actuó casi siempre en Ándalucía y las plazas españolas norteafricanas. En ocasiones, la acompañaron sus hermanos, Paco e Isabel, también artistas.

Tania como The MexicansEn 1917 conoció al guitarrista Antonio Fernández Rodríguez, con el que se casó a finales de 1921. Junto a su hermano, pasaron a formar el conjunto de bailes de salón, “Trío Mexican” o”Les Mexicans”, con el que recorrieron España, Portugal y actuaron en París. En principio, se llamaron Trio Mexican, después Tania-Luciano-Mexican y, cuando su hermano desapareció. Tania-Mexican. Además de bailar, Tania también cantaba. Tuvieron dos niñas, una que murió prematuramente y otra que quedó al cuidado de la madre en Valencia. A finales de 1924 la pareja llegó  a Buenos Aires. En una larga gira por Uruguay y Brasil, Tania se atrevió con los tangos y con ellos volvió a Buenos Aires en 1926. Ya había abandonado a su marido y se hacía acompañar por el guitarrista Mario Pardo. Pronto comenzó a cantar con orquestas de prestigio, como las de Firpo o Fresedo. En el Follies Bergère bonaerense saltó a la popularidad por su estilo personal, expresivo y desenfadado de cantar tangos como Fumando espero, Lechuza, A la luz del candil, Esta noche me emborracho, Niño bien o Sentencia. Allí la conoció en 1928 el más famoso de los letristas tangueros, Enrique Santos Discépolo, con el que formó una de las parejas más exitosas y míticas del tango hasta la muerte del autor.

A partir de 1930 grabó, con las firmas Columbia, Pathé, Victor, Odeón y Music-Hall, Bondar y Magenta, más de un centenar de tangos. Estrenó asimismo varias de las más famosas composiciones discepolianas, como Confesión o Uno y otros tangos populares como Clavel del aire, Madreselva, Paseo de julio, El carrillón de la Merced En 1935 la pareja viajó a España, donde obtuvo un gran reconocimiento. Tras pasar por Portugal y Marruecos, llegaron a París, donde actuaron varios meses. La guerra civil frustró el previsto regreso a España.

En 1939 se estrenó Cuatro corazones, dirigida por Discépolo, película donde Tania hace una gran interpretación del tango Tormenta. También actuó en el teatro favorecida por sus dotes histriónicas ya que se la llegó a llamar “La actriz del tango”. Durante los años cuarenta siguió con sus giras, grabaciones y actuaciones radiofónicas y teatrales.

La muerte de Discépolo en 1951 no la retiró de su arte sino que se refugió en el mismo y realizó numerosas actuaciones en distintos países de América. Tras la caída del presidente Perón y como consecuencia de la estrecha relación de Discépolo con él, se vio obligada a emprender giras lejos de la Argentina. Estuvo en París y actuó en el madrileño teatro de La Comedia. En 1959 volvió a Buenos Aires yen 1963 abrió finalmente un local de tango, “Cambalache”. Actuó también en el teatro y populares programas de televisión.

Declarada Ciudadana Ilustre de Buenos Aires (1989) y Personalidad Emérita de la Cultura Argentina (1998), España le concedió también la Orden de Isabel la Católica (1993). Convertida en mito del tango, continuó trabajando como actriz y cantante hasta rondar o superar el siglo de edad. 

 

                                                             ALGUNOS TANGOS

“Aburrido”: https://www.youtube.com/watch?v=YKKU7AIBs8MTania-Cancionero

“Canción desesperada”: https://www.youtube.com/watch?v=pw1B5Akd4Wk

“Desencanto”: https://www.youtube.com/watch?v=ANkEYEW4MxA

“Infamia”: https://www.youtube.com/watch?v=G-I7Q7hq40E

“Tormenta”: https://www.youtube.com/watch?v=apmphYoxnkk

“Un reproche”: https://www.youtube.com/watch?v=oJ4r0-Pckos

“Yira, Yira”: https://www.youtube.com/watch?v=mK0NhzgD4cM

“Yuyo verde”: https://www.youtube.com/watch?v=E23k7jUPy2U

 

                                            FILMOGRAFÍA

El pobre Pérez (Luis César Amadori, 1937).

-Cuatro corazones (Enrique Santos Discépolo-C. Schlieper, 1939)

-Caprichosa y millonaria (Enrique Santos Discépolo) 1940.

 

                                                  BIBLIOGRAFÍA

BARREIRO, Javier, Voz “Tania”, Diccionario del tango, Madrid, SGAE, 2001, pp. 150-151.

-, Voz “Tania”, Diccionario biográfico de la Real Academia de la Historia, Vol. XXXI, Madrid, 2012, p. 264.

COUSELO, José Miguel y Ana Luciano DIVIS, Discepolín y yo, Buenos Aires, La Bastilla, 1973.

GOBELLO,  José, Mujeres y hombres que hicieron el tango, Buenos Aires, Meralma, 1998, p. 50.

PALACIOS, J. y otros,  “Tania”, Las grandes del tango nº 45, septiembre 1991, pp. 5-23.

PUJOL, Sergio,  Discépolo. Una biografía argentina, Buenos Aires, Emecé, 1996, pp. 113-144.

Pujol, Sergio, Discépolo011

SANTOS, Estela dos, La historia del tango. T. 13. Las cantantes, Buenos Aires, Corregidor, 1979, pp. 2362-2367.

-, Damas y milongueras del tango, Buenos Aires, Corregidor, 2001.

 

Tania-Fumando espero001

 

Cátulo González Bello (Buenos Aires, 6-VIII-1906 / Paso del Rey (Prov. de Buenos Aires, 19-X-1975).

Cátulo Castillo 1928

Nacido en pleno barrio de Boedo, entre San Juan y Castro Barros, se le impuso el nombre de Ovidio Cátulo[1]. Desde 1907 su padre, José González Castillo, hombre ilustrado y de ideas anarquistas, que había raptado sin matrimoniar a Amanda Bello, madre del artista, se consagró a la escritura de obras teatrales de carácter popular, aunque compaginaba esta labor con sus colaboraciones periodísticas –promovió una Tango de Juan Cianciarulovigorosa campaña anticlerical- y su profesión como corredor de comercio, por lo que en 1910 la familia hubo de asentarse en Valparaíso (Chile), escapando del peligro de ser encarcelado. Regresaron en 1913 para afincarse de nuevo en Boedo. Allí, Cátulo  terminó el bachiller, aprendió violín con Juan Cianciarulo, también compositor de tangos, y cursó piano en el Conservatorio de la capital. Sus cinco primeros tangos, con excelentes letras de su padre, fueron “Organito de la tarde”, compuesto a los diecisiete años, “Caminito del taller”, con letra propia de carácter social,  “Silbando”, “Acuarelita del arrabal” y “Juguete de placer”. Todos ellos llevados al disco por Gardel[2] muestran ya su categoría musical.

Castillo, Cátulo al piano en 1925

Como otros autores de tango, se aficionó al boxeo y llegó a ostentar el título del Castillo, Cátulo boxeadorpeso pluma en su etapa juvenil, además de ser preseleccionado para la Olimpiada de Amsterdam (1924). Compatibilizaba esta dedicación con el empleo en una empresa comercial donde seguía en 1925 y tocando el piano en el cine Nilo de su barrio. En este mismo año formó un trío con el que protagonizó varias actuaciones en Radio LOY. En 1926, pudo viajar a Europa y norte de África acompañado por su padre, gracias a los derechos de reproducción de sus ya exitosos tangos. Por su parte, abandonó el segundo apellido de su padre y quedose con el segundo, con el que, junto a su sonoro nombre, ya sería conocido.

En 1928, ya secretario de publicidad de la marca Odeón, había formado una orquesta que tocaba en el cine Splendid y, dado el éxito en España del trío Irusta, Fugazot y Demare, a través del industrial Manuel Gorina, se procuró unos contratos. A fin de año la orquesta viajaba a Barcelona, donde Cátulo fue entrevistado por El tango de moda. En ella se declaraba “muy satisfecho de la travesía y con una confianza ciega en su orquesta”. Ésta se completó rápidamente con Miguel Caló, Pablo E. Flores y Ricardo Malerba, como bandoneones; Carlos Malerba y Estanislao Savarese con los violines y Alfredo Malerba, más el propio Cátulo Castillo, al piano. Como cantor figuraba uno de los grandes, Roberto Maida, del que la citada revista diría en su número 14 del 19 de enero de 1929: “el único que, después de Gardel, supo traer a nuestra  patria los dulces aires de la nación hermana”. También había grandes elogios para Cátulo, a cuya orquesta la revista considera la mejor de las ”típicas”.  A finales de enero de 1929 se incorporaría, también como cantor, Juan B. Giliberti.

El debut europeo de la jovencísima formación se produjo en el Cabaret Excelsior el 16 de noviembre de 1928, actuando junto a la jazz-band del local, dirigida por Fusté y con Carlos Gardel y Enrique Cadícamo, como asistentes. Pasaron después al  Principal Palace y el 23 de diciembre la orquesta ofreció una actuación  en el Teatro Barcelona. Por entonces, había llegado a la Ciudad Condal José González Castillo, padre de Cátulo y, como el gran letrista que fue, ya presidente del círculo de Autores de Buenos Aires.

Cátulo Castillo, Orquesta 1

Tras las fiestas de Navidad, la orquesta actuó en Madrid, donde volvió a repetir el éxito, como en el resto de su gira española. Meses después lo haría en el salón Palermo  y otros lugares de Sevilla, con motivo de la gran Exposición Universal de la capital andaluza.

Viajó después a París, donde volvería a coincidir con Gardel. Regresó  a España, donde dos días antes de embarcar para la Argentina, la orquesta grabaría diez discos para la firma Odeón y Cátulo compraría libros de teatro ruso para su padre. En Madrid frecuentó las famosas tertulias de los cafés de la capital, especialmente, las de La Granja del Henar y del Prado.

Ya en Buenos Aires decidió perfeccionar sus estudios de armonía y composición pero, instado por la compañía del teatro Sarmiento comandada por Luis Bayón Herrera y Manuel Romero para volver a Europa en 1931, volvió a disfrutar del éxito en sus actuaciones. De nuevo en la Argentina, ejerció como profesor de música en el Conservatorio Municipal “Manuel de Falla” de la capital porteña en el que crearía la cátedra de bandoneón, que se otorgó a Pedro Maffia y del que más tarde sería director.

Castillo, Cátulo con su padre 0A partir de la muerte de su padre, el 22 de diciembre de 1937, Cátulo abandonó la interpretación y se dedicó únicamente a escribir. Desde entonces, muchas más letras que música. Entre los autores con los que colaboró figuran los grandes nombres de la música del tango: Pacho, Maffia, Troilo, Piana, Delfino, Demare, Charlo, Teisseire, Manzi, Sureda, Viván, Mores, Pontier, Olivari, Stamponi… 

Los años cuarenta y cincuenta constituyeron otra edad dorada en la calidad de sus composiciones, al tiempo que seguía cultivando el  periodismo y la literatura y se adhería al peronismo. En 1953 ocupó el Castillo, Cátulo con Peróncargo de presidente de la Comisión Nacional de Cultura. Fue también secretario y director de la Sociedad de Autores argentina (SADAIC) en varios periodos. La caída de Perón significó su ostracismo aunque conservó la dirección del Conservatorio y continuó con sus críticas teatrales en el diario Última hora.

Cinco meses antes del golpe de estado encabezado por el general Videla, Cátulo murió a consecuencia de un infarto. Poco antes había sido declarado Ciudadano  Ilustre de Buenos Aires y el Fondo Nacional de las Artes le había entregado el Gran Premio Anual.

[1] El registro no aceptó el nombre de Descanso Dominical, que pretendía imponerle el padre para celebrar la reciente imposición del mismo, por la que había luchado el Anarquismo.

[2] Le grabaría también “Aquella cantina de la ribera”, “Corazón de papel” y “La violeta”.

Castillo,Cátulo dedicada a Bruno

Principales composiciones:

“A Homero”, “Acuarelita de arrabal, “Adiós, te vas”, “Anoche”, “Arrabalera”, “Café de los Angelitos”, “Caminito del taller”, “Camino del Tucumán”, “Caserón de tejas”, “Circo criollo”, “Corazón de papel”, “Cristina”, “Desencuentro”, “Destino”, “Domani”, “El aguacero”, “El circo se va”,  “El patio de la morocha”, “El último café”, “Eufemio Pizarro”, “Invocación al tango”, “Juan Tango”, “Juguete de placer”, “La calesita”, “La cantina”, “La madrugada”, “La mulateada”, “La última curda”, “Luna llena”, “María”, “Mensaje”, “Mi moro”, “Música de calesita”, “Organito de la tarde”, “Papel picado”, “¿Para qué te quiero tanto?”, “Patio mío”, “Quien te ha visto y quien te ve”, “Responso malevo”, “Silbando”, “Sin ella”, “Sos de La Quema”, “Tango sin letra”, “Tinta roja”, “Tortura”, “Tu cariño”, “Una canción”, “Una vez”, “Viejo ciego”, “Y a mí ¿qué?”.

Grabaciones de su orquesta:

“Esta noche me emborracho”, “Invocación al tango”, “¡Qué vachaché!”,  “Lorenzo”,  “Voy pa’viejo”  “Chiqué”, “¡Che, papusa, oí!”, “Caminito del taller”, “Por el camino”, “Caminito”, “Retintín”, “Malevaje”, “Victoria”, “Cachadora”, Mamá… yo quiero un novio”, “Viejo ciego”, “¿Para qué volvés?”  (Odeón, 1929)

Otras creaciones de la orquesta:

“Sobre el pucho”, “Piedad”, “Insomnio”, “Malevaje”, “El carrerito” (el mayor éxito), “Mala junta”, “Chorra”, “El entrerriano”, “Ramona”,  “Suerte loca”, “Haragán”…

Obra literaria

Danzas argentinas (poemas), 1947.

El patio de la morocha (sainete), 1951

Tango en el Odeón (teatro)

La palabra del diablo (farsa para niños), 1959

Amalio Reyes, un hombre (novela), 1970.

                                                            BIBLIOGRAFÍA

BATES, Héctor y Luis J. La historia del tango, Buenos Aires, Compañía General Fabril Financiera, 1936, pp. 139-142.

CURUTCHET, Abel, “Recuerdo para Cátulo”, La Campaña nº 17, Chivilcoy, 20-4-1986.

FEBRÉS, Xavier, Gardel a Barcelona i la febre del tango, Barcelona, Enciclopedia Catalana, 2001, pp. 75-77; 85-88.

FERRER, Horacio, El libro del tango. Historias e imágenes (Tomo I), Buenos Aires, Ediciones Ossorio-Vargas, 1970, pp. 124-127.

GALLINA, Mario, Virginia Luque. La estrella de Buenos Aires, Buenos Aires, Proa, 2012.

Gallina, Mrio001

GARCÍA JIMÉNEZ, Francisco, Así nacieron los tangos, Buenos Aires, Corregidor, 1980.

GIGLIO, Tito, “Cátulo Castillo”, Cuadernos de difusión del tango nº 1, pp. 3-4.

GOBELLO, José, Tangos, letras y letristas, 2, Buenos Aires, 1991.

-, Tangos, letras y letristas, 3, Buenos Aires, 1993, pp. 78-84.

Gobello, José, Tangos, letras y lerirstas003

-, Mujeres y hombres que hicieron el tango, Buenos Aires, Moralma, 1998, p. 56.

GOBELLO, José y Jorge Alberto BOSSIO, Tangos, letras y letristas, Buenos Aires, Plus Ultra, 1975.

LOZADA, Luis María, “El pueblo canta”, El Hogar, 21-4-1925.

NEGRO, Héctor, “Ahora y para siempre, hermano Catulín…!” “A Cátulo Castillo”, Buenos Aires Tango nº 19, 1976, pp. 10-11.

-, “Recordación de Cátulo Castillo”, Academia Porteña del Lunfardo, Comunicación Académica nº 1364, 31-X-1995.

PELLETIERI, Osvaldo, “Cátulo Castillo, el poeta de la intimidad porteña”, Buenos Aires Tango nº 19, diciembre 1977. pp. 4-5.

ROLDÁN, Leonardo Jorge, “Cátulo también tuvo orquesta”,  Cuadernos de difusión del tango nº 7, pp. 9-9.

SALAS, Horacio, El tango, La Habana, Casa de Las Américas, 2006.

SIN AUTOR, “José y Cátulo González Castillo. La gran poesía popular”, Tango. 1880. Un siglo de historia. 1980, Fascículo nº 16, Buenos Aires, Buenos Aires, Perfil, s. f. (198?), pp. 61-67.

SUÁREZ SUÁREZ, Manuel,  A emigración galega no tango riopratense, La Coruña, Tórculo Edicións, 2000.

ULLA, Noemí, Tango, rebelión y nostalgia, Buenos Aires, Jorge Álvarez, 1967, pp. 84-91.

VARELA, Gustavo, Mal de tango. Historia y genealogía moral de la música ciudadana, Buenos Aires, Paidós, 2005.

Varela, Gustavo Mal de tango

VARIOS AUTORES, Los poetas del tango, Buenos Aires, Sophia Ediciones del Río de la Plata, 1986.

A Cátulo Castillo de Héctor Negro001

Con tres meses de retraso, me entero de la muerte en Perigny, localidad de la costa atlántica francesa, de Juan Carlos Cáceres, a consecuencia de un cáncer. Extraordinario compositor y pintor, lo conocí en 2003, cuando llegó a Zaragoza para exponer en el Museo del Monasterio de Veruela y dar un par de conciertos (solos su piano y su voz rota) emocionantes de los que hacen llorar.

Reproduzco aquí el texto que escribí para su exposición: “Juan Carlos Cáceres: la fuerza interior” recogido en Tres argentinos hoy de la profunda Buenos Aires, Diputación de Zaragoza, 2003.

Cáceres, Juan Carlos  (2)

En la historia de la estética es muy difícil encontrar un artista de rango que incurra simultáneamente con un alto nivel en dos de las disciplinas catalogadas desde los griegos como artes. Justamente es éste el caso de Juan Carlos Cáceres (Buenos Aires, 1936) que pagó sus siete años de estudios de Bellas Artes con los ingresos que obtenía como músico. A partir de su llegada a París –un 14 de mayo de 1968- en plena orgía de barricadas, contracultura y esperanza, y adonde llegó para ser músico acompañante de Marie Laforet, decidió afincarse en la capital francesa y alternar sus periodos de mayor dedicación a la música y al arte hasta que en los últimos años parece haber conseguido fusionar sus dos placeres. “Hoy si sos multimedia, mejor”, declaraba a La Nación no hace mucho.Cáceres, Juan Carlos Burde

  Ha sido precisamente una música tan eminentemente sincrética como el tango el vehículo de esa fusión. Aunque Cáceres fuera un pianista de formación clásica que derivó hacia el jazz, tanto su educación sentimental, en una Argentina que a lo largo de los años cuarenta y cincuenta vivía su tercera época de oro del tango, como su traslado a París, capital bautizada por Enrique Cadícamo como la segunda patria del tango, propiciaron ese encuentro. Pero también el mismo carácter de esta música popular en la que confluyeron para su formación y llevan contribuyendo para su evolución géneros tan variopintos. El propio Cáceres recordaba una suerte de ripio con el que se anunciaba un programa radiofónico en su niñez:

                                         Del candombe a la habanera,Cáceres, Juan Carlos Duelo criollo

                                         de la habanera al fandango,

                                         del fandango a la milonga

                                         y de la milonga al tango.

  De la misma manera, la triple potestad del tango (música, poesía, danza). Respecto a la primera, no hay otra que durante más de un siglo se haya mantenido siempre en primer plano y asumiendo con propiedad las sucesivas aportaciones. Las letras, hace años que vengo estampando que no tienen rival cercano en la música popular del ámbito hispánico. Y, en cuanto a la danza, no hay más que observar alrededor para certificar como en cualquier ciudad de cualquier país del mundo se abren academias en las que se enseña a bailar tango a aspirantes de corta o mediana edad.

  A la hora de enfocar su acercamiento al tango, Juan Carlos Cáceres hizo hincapié en lo negro porque, puesto en la tesitura de hablar sobre sus orígenes, comprobó que ésta era la parcela más desatendida en su evolución. Aunque, como los extremos se tocan, después de muchos años de marginación, desprecio e indisculpable olvido, el componente negro esté hoy más presente que nunca en la música latinoamericana.

  El tango es negro desde el mismo vocablo que lo denomina -que significa tambor y, después, por metonimia, tanto el lugar donde los morenos se reúnen para tocarlo, como la fiesta y la danza que se originan- hasta el mismo momento de su explosión como música en las orillas del Río de la Plata hacia 1885, fecha en la que inevitablemente lo negro comienza a perder protagonismo en beneficio de otras aportaciones.  Las guerras civiles, las campañas de conquista del desierto, las confrontaciones con Brasil y el Paraguay, en que fueron utilizados como carne de cañón, y otros factores, como la elevada mortalidad por las deficientes condiciones de vida, el lento ritmo de reproducción biológica, la fiebre amarilla de 1871 y, sobre todo, el descomunal aporte inmigratorio fueron empequeñeciendo el componente negro. De la misma manera, en el último tercio del siglo XIX, el moreno, que hasta entonces había estado en el mismo plano de protagonismo social –que no, naturalmente, de igualdad- que el indio o el criollo va desapareciendo. No ocurrió lo mismo en la orilla oriental del Río de la Plata, donde no todos estos procesos se repitieron.

  Cáceres, Juan Carlos CDCuando en 1993 Juan Carlos Cáceres decide cantar su música cuenta con 57 años, los mismos que Cervantes al publicar la primera parte del Quijote. Anteriormente, había formado tres grupos: Malón (1972), Gotán (1979) y Tangofón (1992). Su primer CD, Solo (1993), con sus propias composiciones y algún tango clásico, abre camino a Sudacas (1995) en el que ya lo negro, a través del candombe y la milonga, tiene un protagonismo. Tras el pianístico Íntimo (1996) y Live (1997), sus dos últimos compactos, Tango negro (1999) y Toca tango (2001), penetran decididamente en el campo de lo que hoy con notoria impropiedad se llama música étnica y que en realidad constituyen un buceo en las raíces de lo popular.

Para mejor comprender el sentido de la muestra que Juan Carlos Cáceres expone en Veruela y que privilegia la temática tanguera, es imprescindible tener en cuenta estas precisiones sobre su particular inmiscución en dicho mundo. Lo mismo para mejor penetrar en el resto de sus pinturas centradas en la época colonial, cuando el susodicho componente negro –después negado- era fundamental en el decurso de la vida argentina. Queda fuera otra de sus más interesantes vertientes, como es la abstracta

  De gran soltura y maestría técnica, el dibujo de Cáceres, de vastos trazos, revela una seguridad manifiesta en loCáceres, Juan Carlos El mío que quiere hacer aunque, como todo verdadero creador, el hallazgo se produce dejándose llevar. Estas sus figuras de tango son ensimismadas, seguras, reconcentradas, solitarias, como lo es la danza. El encuentro con la mujer se produce más allá de la identidad de estos personajes masculinos que se encierran bajo sus anchas solapas, su expresión dura y hermética pero que transmiten una desolada pasión interior

  Pintura muy sudamericana en su fuerza, en su fiereza, en su pasión por lo abigarrado y el color que, en cierto modo, la vincula con un maestro de la práctica y teoría pictóricas como Luis Felipe Noé pero, también, pintura de raíz literaria, tan rica en sugestiones, que es difícil hablar de ella sin incurrir en lo intrincado de sus propuestas. Si el expresionismo –un poco a lo Ensor- es evidente a primera vista, hay a la vez un tono lírico nada esteticista sino vinculado a cierto carácter moral que naturalmente, incluye una reinterpretación de la historia. Historia tan feroz que no es posible afrontar sin distanciamiento sin una suerte de autodefensa que, a veces, como en el caso de Solana, se resuelve por oposición y de hay el tono grotesco de muchas de sus figuras, por otro lado tan esencial en la coreografía e iconografía de los negros.

Cáceres, Juan Carlos Bandoneón en el Paraguay

  Aunque elemental, es imprescindible recordar a Pedro Figari (1861-1938), nacido y muerto en Montevideo, el pintor que supo reflejar lo negro con mayor fuerza y espontaneidad a la par que en su vida pública defendió a los pobres, valorizó lo autóctono y sacudió por su originalidad, audacia y fuerza épica, el arte sudamericano de su tiempo. Cáceres, como Figari, es antes que nada un pintor rioplatense, lo que quiere decir garra y quiere decir preocupación por la identidad. Si a través de  esta indagación,  en el tango ha llegado a lo negro, en su pintura a través de la historia, que es una pintura sobre la memoria argentina, se reencuentra con el hombre –blanco, negro o indio- pero siempre la figura humana -agresiva, inocente o estupefacta- protagonista a su pesar de una historia épica pero que hoy debe –necesita- ser mirada con otros ojos. El pintor nos entrega su figuración, libre y personal, su indesmentible gusto por la composición, el colorido brutal sin perder nunca la fidelidad al dibujo, su humanismo entre antropológico y lírico que a veces, privilegia al individuo y otras veces al grupo humano. El espectador percibe a la vez el estupor y la incandescencia, el distanciamiento se hace identificación y la comunicación sobreviene, a mitad de camino entre la memoria social y la pulsión íntima.

Tango negro: https://www.youtube.com/watch?v=9uQh5RfE2XA

Cáceres, Juan Carlos  (1)

Es curioso que este olvidado músico valenciano se constituya en el pionero español de un instrumento y un género, que, en principio, tienen tan poco que ver, aunque tango y jazz coincidan en ser las únicas músicas populares que, con bastante más de un siglo de continuada vigencia, conserven hoy su creatividad, sus muchos seguidores y su predicamento.Sanz Vila, Enrique con el acordeón-armónium

Por lo demás, por su origen, poco tienen en común el melancólico bandonéon, un instrumento musical alemán que durante el siglo XIX se utilizó en las ceremonias de la iglesia protestante como sucedáneo del piano por su carácter portátil, con el jazz, una música negro-americana, civil  y protestataria.

De cualquier manera, sobre Enrique Sanz Vila y el bandonéon no he hallado otros testimonios que los del propio músico. En noviembre de 1922 declaraba a Heraldo de Madrid que con él había recorrido el mundo, desde que en 1908 lo presentara durante un concierto en el madrileño teatro de la Zarzuela. Es esta la primera referencia al instrumento que he encontrado en la prensa española.

Desde estas manifestaciones de Sanz, habrían de pasar casi dos años para que el legendario compositor Eduardo Arolas, junto a su orquesta criolla, actuara en el madrileño hotel Palace (febrero-marzo 1924), aunque en tal ocasión se le da la denominación de “bandolión”, lo mismo que en octubre de 1926, cuando Los Orlando, tocan en el Teatro Alkázar. En 1927 aparecerá con su bandoneón Carlos Begliero y, poco más tarde, Manuel Pizarro, un mito del tango en París, actuando respectivamente en el Maipu Pigall’s y en el Teatro Maravillas. Pero no estaba muy lejos nuestro hombre: en noviembre de este mismo año aparece Enrique Sanz tocando con la Orquesta Ibáñez, en el Teatro Excelsior de la calle Barbieri.

Enrique Sanz sería, en cualquier caso, el introductor del bandoneón en España y, mientras no haya otras noticias -cosa poco probable ya que las primeras orquestas criollas no aparecieron por la Península Ibérica hasta la década del veinte- el músico levantino se adelantó en más de quince años a sus continuadores. No sabemos cómo se procuró ese primer instrumento en fecha tan temprana. Por entonces y hasta mucho tiempo después, todos los bandoneones se importaban de Alemania y era Alfred Arnold, de Carsfeld (Sajonia), el constructor, con sus legendarios modelos A y AA, que hoy alcanzan precios altísimos. Con el tiempo fueron mejorando sus prestaciones hasta llegar a las cinco octavas cromáticas completas y estar perfectamente acordado con el piano. Las orquestas de tango hacia 1910 y, poco después, muchas de jazz, lo incluyeron en sus conjuntos. Por esta razón, Enrique Sanz Vila llegó con él a la primera orquesta de jazz compuesta por españoles que se formó en nuestro país, lo que remacha su condición de pionero. En dicha formación era él quien hacía los arreglos musicales.

Orquestina Nic-Fusly001

Dicho conjunto se formó en octubre de 1919 para actuar exclusivamente en el Hotel Ritz de Barcelona, donde debutaron poco después, y tomó el nombre de Orquestina Nic-Fusly, cuyo nombre completo, tal como aparecía en sus primeros discos, era Orquestrinan Tzigan Americana Nic-Fusly. La denominación surgió de los apellidos de sus fundadores Gustavo Nicolau (director), que deshizo la Orquesta que dirigía en el Palace de Barcelona para formar la nueva, Miguel Fusellas (contrabajo y saxofón) e Isidro Pauli (piano y segundo director). Al principio constó de siete miembros que pronto se convirtieron en nueve. Además de los  tres citados, figuraba Enrique Sanz Vila (viola y bandonéon pero que también tocaba el violín el, tubofón y jazz-band), el después tan popular Juan Durán Alemany, llamado el hombre del ruido, por tener  a su cargo cuarenta instrumentos, Andrés Mogas (viola y flauta de varas), Jenaro Oltra (saxofón y clarinete), Santiago Margenat (violoncello), Ramón Domínguez (contrabajo) y, finalmente, Miguel Alfonso (2º violín).

En junio de 1920 fueron también los primeros españoles en grabar discos de jazz (“Alabama Jubilee”, puede oírse en Spotify). Fueron 19 registros para la marca Gramófono, con predominio del fox-trot pero en los que figuraban también estilos como el one-step, marcha, vals, fado o pericón. En fin, los de moda en la época.

Cuestión no totalmente aclarada es la de quién fue el primer español en tocar la jazz-band o batería. García Martínez afirma en su libro que fue Pauli (p. 33), mientras que Pujol lo atribuye a Durán Alemany (p. 32). Sin embargo,  en la entrevista de Antonio Cases (21-XI-1922), Sanz Vila afirma ser él quien toca el jazz band. No obstante, en las fotos que publicamos es Juan Durán el que se encuentra a cargo de la percusión.

En marzo de 1921 dicha orquesta , también la primera que grabó en España discos de jazz, debutó en el hotel Palace de Madrid, donde continuaron varios meses, mientras que durante la temporada de verano actuaba en el Kursaal de San Sebastián, es decir en los lugares más aristocráticos del país. El diario La Voz (2-IX-1922) no se cortaba en considerarla como “la mejor orquesta que hay hoy en España“.

En El jazz en Barcelona, Pujol Baulenas nos informa sobre su modo de tocar en los inicios:

“…fue la primera en España que, sin renunciar a la instrumentación habitual de las orquestrinas tziganes (formada en su caso por dos pianos y una sección de cuerda compuesta por tres violines, violoncelo y contrabajo), agregó una primitiva batería (compuesta por un enorme bombo, platillo, caja, cajitas chinas, bocina, triángulo, etc.),  un swanee whistle, un banjo y, ocasionalmente, un saxo tenor, cuya ejecución corría a cargo de tres de sus propios músicos. Su idea fue suavizar y europeizar los considerados “estridentes y disonantes acordes” que producían las jazz-bands afroamericanas, haciéndolos agradables y gratos al oído. El resultado de esta orquestación produjo una música sofisticada y bien equilibrada, que dio lugar a un peculiar estilo de interpretar los sincopados ritmos 4/4 de los bailables modernos (one-step, foxtrot, shimmy). Su éxito fue tan notable que, rápidamente, trascendió fuera del distinguido ámbito del Ritz, convertido desde su inauguración en el lugar predilecto de reunión de la alta sociedad barcelonesa y del turismo aristocrático que visitaba la ciudad”. (pp. 20-21).

Orq. Sanz Vila (1)

La Nic-Fusly, con diversos cambios entre sus componentes, realizó una larga gira por Europa entre 1924 y 1929 y, tras la guerra civil, regresó al hotel Ritz pero, siguiendo la imposición de los tiempos, hubo de cambiar su nombre, que no tenía nada de extranjerizante, por el de Orquesta Nicolau, que continuaba siendo su director.

 No sabemos en qué fecha se desvincularía de ella Enrique Sanz Vila, de quien no tengo noticia que alguien haya escrito. Nacido en Valencia el 15 de junio de 1881, aprendió música a escondidas de la familia. Tuvo como maestro al gran músico levantino Salvador Giner, con quien se formó en composición. Cuando consiguió un acordeón por cuatro pesetas, pensó en modificarlo y, en seis años, con material que trajo de Alemania, creó el acordeón-armonium, del que en 1922 dice ser el único que lo toca en el mundo. Lo más probable es que en este hecho, cuyo rastro habría que seguir, estuviera el quid de su temprana vinculación con el bandoneón.

Ya en 1907 aparece con su nueva creación:

“En los salones del Centro Regional Valenciano, ante numerosa y distinguida concurrencia, se ha celebrado un concierto a cargo del joven artista D. Enrique Sanz Vila, quien con el instrumento de su invención, acordeón-armonium, ejecutó selectas piezas de concierto, entre las que sobresalieron la sinfonía de Mefistofele, un poutpourri de aires españoles y el pasodoble “La entrá de la murta”, que el público aplaudió con entusiasmo” (Heraldo de Madrid, 27 de mayo).La entrá de la murta

Como arriba se escribió, en 1908 dio en el madrileño teatro de la Zarzuela un concierto con el bandoneón, que llamó la atención de la Infanta Isabel “La chata”, que requirió su presencia en palacio. Por supuesto, sería interesante establecer las diferencias entre acordeón-armonium y bandoneón, pero, más allá de la foto que publico, desconozco las características físicas del instrumento inventado por el valenciano

El músico casó en Zaragoza con Teresa Aguelo Fillola (15-X-1887 /29-VIII-1941), maestra y pianista, nacida en la capital del Ebro. En 1915 vino la primera hija,  Teresa (1915), a la que siguieron,  Josefina (1920) y Enrique (1922), que todavía vive en La Coruña.

En 1913 había escrito la música del drama lírico El Niño de Córdoba, que, con buena recepción, se estrenó en el Teatro Principal de Zaragoza. En el mismo año, el barcelonés teatro Soriano acogió el estreno de la opereta Espuma de champagne, con texto del olvidado, pintoresco y muy interesante, José Fola Igúrbide, cuya extensa obra, fundamentalmente de carácter social y vindicativo aunque con aura místico-libertaria en la línea de Tolstoi, aparece entre 1885 y 1920. Sanz Vila estrenó también La perfidia de la Encarna o Quien más mira menos ve. En la entrevista de 1922 menciona otras obras que ha compuesto:  “El bancalico” y “Tenorio de sangre azul” en tres actos. También dice tener editadas innumerables obras para canto y toda clase de instrumentos. Durante estos años viajó con frecuencia aFamiliaSanz02 América, como músico en las orquestas de diferentes trasatlánticos. Siempre le acompañaba su mujer, Teresa, que le preparaba comidas apropiada, ya que padecía dispepsia y otros trastornos estomacales.

En cuanto sus hijos tuvieron edad y preparación musical suficiente, Enrique Sanz formó un cuarteto, que tomó el nombre de la menor de sus hijas, Cuarteto Fina Sanz, que, con sólo diez años, se hacía cargo del violonchelo, instrumento para el que la había preparado Juan Ruiz Casane; la hermana mayor, Teresa, ejecutaba al piano y  Guillermo Barrios, amigo del compositor, lo completaba al violín, que enseguida pasó al benjamín, Enrique. Eran capaces de interpretar más de cuatrocientas piezas del repertorio clásico, que llevaron por distintos cafés de Madrid y otros locales filarmónicos.

Durante estos años de la II República, Enrique Sanz Vila compuso la música de varias zarzuelas llevadas a la escena: La moza esquiva y El imaginero[i]. Su última obra estrenada fue ¡Gitana de mi alma!, programada en el  Teatro Ideal de Madrid, cuando ya la contienda civil daba sus boqueadas.

Desconocemos si Sanz Vila, al que no se le conocen veleidades políticas, tuvo algún problema con la nueva situación, tras la entrada de Franco en Madrid, sí que pasó por las penurias económicas que compartieron tantos españoles, hasta el punto de que hubo de vender su acordeón-armonium, instrumento al que desde entonces se la ha perdido el rastro. De igual manera, su nombre desaparece de la actualidad y pronto muere en la capital, el 30 de junio de 1941. Tan sólo dos meses después, lo haría Teresa, su mujer.

Todavía nos faltan por saber muchas cosas que aclaren los puntos oscuros o vacíos de la vida de este compositor y músico pionero. Sirva esta aproximación como acicate[ii].

 

[i] Heraldo de Madrid (28-III-1935) informa de una comedia lírica, Rael, que el escritor Luis de Castro está haciendo en colaboración con los músicos Ángel Díaz y Sanz Vila.

[ii] Agradezco vivamente a Begoña Sanz, Enrique Sanz, Mercedes Errecart y María Luz González Peña la ayuda prestada.

                                     OBRAS LIRICAS DE LAS QUE CONSTA SU ESTRENO

El niño de Córdoba (drama lírico en un acto en colaboración con Jaime Rivelles, estrenado en el Teatro Principal de Zaragoza el 5-4-1913), Madrid, S.A.E., 1913.

Espuma de champagne (opereta en colaboración con José Fola Igúrbide, estrenado en el Teatro Soriano de Barcelona el 4-10-1913), Madrid, S.A.E., 1913.

La perfidia de la Encarna o quien más mira menos ve (sin datos).

La moza esquiva (zarzuela en colaboración con Álvaro Orriols, estrenada en el Teatro Fuencarral de Madrid el 26-1-1934)

¡Gitana de mi alma! (apunte de sainete de Apolinar Sanz y música del fallecido maestro Barrera, estrenado en el Teatro Ideal el 4-11-1938), Madrid, Sociedad General de Autores de España, 1938.

OTRAS

El imaginero, zarzuela que el  libretista Álvaro Orriols cita está escribiendo en colaboración con Boris y Sanz Vila (Heraldo de Madrid, 29-1-1935).

Rael, comedia lírica que el libretista Luis de Castro cita está escribiendo en colaboración con Ángel Díaz y Sanz Vila (Heraldo de Madrid, 28-3-1935).

DISCOGRAFÍA DE LA ORQUESTRINA NIC-FUSLY (Discos Marca Gramófono)

260752   420am 20-6-1920 Hindustán –fox trot- (Wallace y Weeks)     AE27  AG 354

260753   416am 20-6-20 Indianola –fox trot.  (Henry y Oniv   as)         AE27 AG 354

260754  396am 14-6-20 Caraqueño –pericón- (Durán Alemany)          AE415

260755  403am 14-6-20 Yearning –fox trot- (Neil Moret)                     AE416 AG187

260756  395am 14-6-20 Arabian nights,-fox trot- (David y Hewitt)      AE416 AG187

260757   397am 14-6-20 Quand Madelon –marcha- (Camile Roberts)   AE415

260758  400am 14-6-20 Córdoba (Albéniz) 1ª parte                               AE417

260759  401am 14-6-20 Córdoba (Albéniz) 2ª parte                               AE417

260760  398am 14-6-20 Les petites girls –one step- (Barlet)                  AE418

260761  399am 14-6-20 Alabama Jubilé, -one step- (Hickman)             AE418

260762   4460am 9-11-20 The pelican –fox trot-(Clapson)                      AE419

260763   4456ah  6-11-20 Vixen’s dream -fox trot- (Worsley)                 AE419

260778   4458ah  9-11-20 I’m for ever blowing bubbles –vals- (Kenbrovin y Kellette) AE427

260779   4461ah  9-11-20 Sand dunes –fox trot-(Byron Gay)                  A427 AG189

260782   4462ah  9-11-20 A broken doll –fox trot- (Tate)                       AE428 650631

260783   4455ah  6-11-20 Siffles pierrettes –one step- (Popi)                  AE428 650632

260834   4459ah  9-11-20  Natalia -fado- (Juan Alins)                             A24 AG177

260845  4457ah  9-11-20 Cigany Czardas (Michiels), 1ª parte               AE455

260846  446 ah   9-11-20   Cigany Czardas (Michiels) 2ª parte               AE455

Orq.Sanz Vila2

CANCIONES                      

A la luna de Valencia, A unos ojos hechiceros, Brasilera, Camiño da Coca, Canción bélica, Canción bohemia, Canción tango, Caramellas, Colombina y  Arlequín, Date pisto (schotis), El tango trágico, Esa soy yo (couplet achulapado), Escena lírica, Gitanillo, La Alhambra duerme, Luz de España, Mimosa, Noche de ronda, Ohé Ohá (barcarola), Pura macana (tango), Seguidillas y canción, Una macana, che (tango), Zambra brasileira, Zambra mora.

Esa soy yo de Enrique Sanz Vila-i

  BIBLIOGRAFÍA

-CASES, Antonio, “La orquesta de los grandes solistas”,  Heraldo de Madrid 21-XI-1922

-GARCÍA MARTÍNEZ, José María, Del fox-trot al jazz flamenco. El jazz en España 1919-1996, Madrid, Alianza, 1996.

-IGLESIAS SOUZA, Luis, Teatro lírico español (4 tomos), Diputación Provincial de La Coruña, 1991-1996.

-PUJOL BAULENAS, Jordi, Jazz en Barcelona 1920-1965, Barcelona, Almendra Music, 2005.

Sanz Vila

El martes, 18 de junio, vuelvo al Instituto Cervantes de Dublín, con una conferencia sobre “El tango en su historia”. De lo internacional a lo local, reproduzco aquí este trabajo publicado hace un año en el nº 8 de la revista. Imán. http://revistaiman.es/2013/05/29/el-tango-en-zaragoza/

La inexistencia de hemerotecas digitales de la prensa zaragozana no nos permite acometer investigaciones exhaustivas, cosa que sí puede hacerse, en cambio, en la capital oscense, cuyo Instituto de Estudios Altoaragoneses hace algún tiempo digitalizó el Diario de Huesca, desde su inicio en 1875 hasta la actualidad en la que, tras pasar por distintas épocas y denominaciones, ha devenido en Diario del Alto Aragón. De cualquier manera, la situación geográfica de la ciudad de Zaragoza, equidistante entre Barcelona y Madrid, en tiempos en que los viajes eran mucho más lentos, propició que muchas figuras del mundo del espectáculo recalaran a menudo en su suelo.

argentinas1907parish Sabemos que el primer periodo de difusión internacional del tango se dio a principios de la segunda década del siglo XX, llegando a ser espectacular en el París de 1912-1914, pero a la Península Ibérica había llegado años antes, concretamente, a finales de 1906, cuando una pareja que se hacía llamar Las Argentinas, compuesta por la bonaerense María Cores y la italiana Olimpia d’Avigny, que luego triunfaría como cupletista, importó el tango criollo y dio también motivo a toda suerte de reprobaciones. Que se extendieron a lo personal pues parece claro que en la intimidad seguían proyectando los papeles -María el de varón y Olimpia el de mujer- que desempeñaban en el escenario. Las Argentinas, que también bailaban la machicha brasileña, aún más descocada que el tango, al menos para los tiempos que corrían, tuvieron un gran éxito.

Es problemático aventurar quién sería la primera aragonesa que cantó en público un tango. Pero es Paquita Escribano-2muy probable que se tratara de la cupletista Paquita Escribano, que gozó de gran notoriedad a partir de 1910. A finales de enero de 1914 estrenó el que probablemente es el primer tango español que se cantó en público, “La hora del thé” (sic), con música de Ricardo Yust y letra de Álvaro Retana, que se hizo famosa, sobre todo por los versos que rezaban: “dicen que el tango tiene una gran languidez / por eso lo ha prohibido el Papa, Pío X”. Muy poco después, Paquita incrementaría su repertorio tanguero con “Mi gatito”. Una más

Más sencillo es aventurar la primera aragonesa que registró tangos para el gramófono. Fue, seguramente, la inevitable pero genial Raquel Meller que, en su primer viaje a Buenos Aires (1920), dejó versiones de “Maldito tango”, “Milonguita” y “Una más”.

Durante la década del veinte, también viajaron a la Argentina Ofelia de Aragón, que grabó “A contramano”, y  Elvira de Amaya, que registró “Mecha”. Todas ellas lo hicieron bastante bien pero el intérprete de tangos, no sólo aragonés sino español más reconocido de siempre, es un zaragozano, Mariano Royo Maestro (1908-2000), que tomó el nombre artístico de Mario Visconti. Desde que en 1929 formara el trío Visconti, su larga carrera se desarrolló en torno al tango aunque a partir de los años cuarenta, se acercara también a otros ritmos, especialmente al bolero. En distintas épocas, Mario Visconti_Esta noche me emborracho001Visconti fue cantor de orquestas típicas criollas tan importantes como las de Cruz Mateo-José Melín, Horacio Pettorosi, Eduardo Bianco y Rafael Canaro. Él también llegaría a formar sus propios conjuntos. Con unos y otros viajó por toda Europa y América e, incluso a finales de los cuarenta, estuvo contratado durante un par de años por Radio El Mundo de Buenos Aires, como una de las estrellas de sus programas de tango. En 1960 grabó su último disco, un EP con cuatro tangos y, aunque no se retirara definitivamente, el retroceso del género junto a la irrupción de la música joven anglosajona lo fue relegando al olvido. Todavía a finales de 1979 participó en el programa “Canciones de una vida” de TVE y,  siete años más tarde, en “Toda una vida” de Radio Barcelona. Sus últimas actuaciones ocasionales en la Ciudad Condal se dieron en escenarios de aficionados, hasta que en el verano de 1993 intervino como invitado especial en la sala de baile Festa Major de la calle Viladomat. Poco después ingresó en una residencia de ancianos. Aunque no sean fáciles de encontrar, entre los años 2000 y 2005, las firmas Gardenia y Rama Lama editaron cuatro discos compactos con muchas de sus grabaciones. (V. https://javierbarreiro.wordpress.com/2012/12/15/mario-visconti/)Val, Francisco de001

A Visconti habría que unir el nombre de otro cantor y compositor zaragozano, nacido en Villafeliche y recriado en Sierra de Luna, pueblo al que dedicó el famosísimo pasacalle-jota homónimo. Se trata de Francisco de Val (1897-1984), cuya carrera empezó en los años veinte como cantor de tangos. Este compositor, autor de obras fundamentales de la canción popular española como “Viajera”, “Torito bravo”, “¡Qué bonita que es mi niña!“, “Las palomas del Pilar”, “Una lágrima cayó en la arena”, compuso tangos como “Que camine sola”, grabado por Héctor Maure,”La vuelta del trío argentino Irusta, Fugazot y Demare”, “Maldición” o “Alma de tango”, que cantara la gran Carmelita Aubert en la película Mercedes. Pero él también llevó al disco al menos dos tangos “Compañera de su vida” y “Murió El Zorzal”, también dedicado a Gardel.

Aunque después de la primera época de expansión del tango rioplatense, que fue casi siempre en su vertiente bailable, este no desapareció, en la década de los veinte volvió con la misma o mayor fuerza pero ahora con predominio de la dimensión cantora. De más, por evidente, estaría proclamar a Gardel, que llegó por primera vez a España en 1923, como máximo responsable aunque su mayor resonancia se produjo a partir de su segundo viaje (1925) y de los muchos discos que grabaría en Barcelona, donde fue idolatrado. Gardel no llegó a actuar en Zaragoza. Sí lo haría el otro introductorSpaventa-Celebridades de varietés002 del tango cantado en España, Francisco Spaventa, un intérprete muy mediano que, tras grabar un buen número de discos y triunfar durante unos años, hubo de desaparecer cuando otras orquestas argentinas con destacados cantores empezaron a poblar los escenarios ibéricos. Puede cifrarse entre 1928 y 1933, la época dorada del tango cantado en España, donde circularon al menos tres revistas monográficamente dedicadas a él: El Tango Popular, Tangomanía y El Tango de moda, que llegó a alcanzar 245 números.

Durante esta época pasaron por los escenarios los mejores intérpretes tangueros que viajaron a Europa y cuyos destinos más habituales eran las llamadas segunda y tercera patrias del tango (París y Barcelona) pero también Madrid y, como se apuntó, en calidad de ciudad de paso, Zaragoza. Tuvo especial predicamento el trío Irusta, Fugazot y Demare, que también editó muchos discos en España, Maizani, Azucena-Los grandes del tango001rodó películas y se hizo con un considerable número de fanáticas. Sin embargo, quizá la actuación más importante de un intérprete tanguero en Zaragoza se dio en noviembre de 1931 en el Teatro Principal. En dicha sesión Azucena Maizani, que recorrió en triunfo los escenarios de la vieja Iberia durante nueve meses (entre septiembre de 1931 y junio de 1932), arrebató a los zaragozanos. Aún conservo una libreta de un tío abuelo, Eugenio Bordonaba, en la que apuntó minuciosamente todos los tangos que esa noche cantara la conocida  como “Ñata gaucha”.

Prueba del protagonismo que tuvo el tango en Zaragoza es que a la Carlos Gardel-Partitura editada en Zaragoza 1935001muerte de Carlos Gardel tras el accidente de Medellín, acaecido el día de San Juan de 1935, se editó un tango cuya partitura lleva la firma Ediciones Verlosment, razón sita en el número 1 de la zaragozana calle Manifestación. Son rarísimas las partituras de canción popular publicadas en la capital aragonesa por esa época, lo que nos habla de la pasión por El Zorzal Criollo en cualquier esquina del mundo. En los cines zaragozanos, como sucedía en muchos otros lugares, el público interrumpía las películas de Gardel para que sus intervenciones canoras fueran rebobinadas y repetidas.

Por otra parte, el tango como baile mantuvo su alta estimación desde la época de su arribo pero ya sin los pujos represores que lo recibieron en toda Europa y que en España habían llevado a la reina Victoria Eugenia a proscribirlo en los bailes de palacio, pese a las solicitudes en su favor de damas de la aristocracia. Toda represión engendra atracción y prurito de soslayarla y a ello unió el tango la belleza de su música y lo fascinante y sensual de su danza sinuosa. En Zaragoza se bailó en verbenas callejeras, en salones aristocráticos, en locales de espectáculos, como el Iris Park, en cafés, como el Ambos Mundos, en cabarets como el Aragonés, luego llamado Conga Dancing y, finalmente, El Plata. Y hoy se baila en las numerosas milongas que congregan a los muchos aficionados que tienen la danza tanguera casi como una forma de vida.

En el periodo de postguerra el tango hubo de convivir con la pujante canción española, hoy redenominada copla y, en su vertiente de baile, con otros ritmos americanos, especialmente el bolero, que, como el tango, venía de los finales del siglo XIX pero que hubo de aguardar décadas hasta hacerse universal. El aislamiento de España no favoreció que llegaran al país las grandes orquestas de tango que tuvieron su época de oro en los años cuarenta, a pesar de la buena sintonía del franquismo con el régimen de Perón. Pero estas agrupaciones tenían el cocido bien asegurado en el Río de la Plata y no tenía sentido emprender largos y caros viajes trasatlánticos para tropezar con la vacilante economía de un país autárquico. Al contrario, fueron los artistas españoles los que procurábanse contratos para cruzar el charco, en la seguridad de encontrar allí un público favorable, incrementado por el de los muchos exiliados con necesidad de aligerar su nostalgia. Sólo unos cuantos cantores argentinos arribaron a la península y  lograron cierto predicamento: Uno, Jorge Cardoso (La Pampa, 1914-Alicante, 1994), que llegó con la orquesta de Rafael Canaro a principios de los cuarenta y grabó un buen número de discos, hasta afincarse definitivamente en España. Otro, Agustín Irusta (Santa Fe, 1903-Caracas, 1987), el cantor del famoso trío, que a sus muchos corazones rotos en España había añadido el de la mujer de Jardiel Poncela, que naturalmente, cobró odio eterno al tango. Irusta protagonizó con Carmen Sevilla el film de León Klimovski, La guitarra de Gardel (1948)  Ambos artistas actuaron  en varias ocasiones en la capital del Ebro.

Sin embargo, la auténtica figura del tango en España a partir de los sesenta, fue Carlos Acuña, por Acuña-Primer disco en Españaotra parte, magnífico intérprete que en la Argentina no tuvo el reconocimiento merecido, al menos, a partir de su radicación en España, donde permaneció casi tres décadas. Porteño de ley, su verdadero nombre era Carlos Ernesto di Loreto (1915-1999). Llegado a Madrid en 1961, se acogió al círculo cercano al general Perón y actuó en los mejores locales del país. En Zaragoza estuvo muchas veces en la prestigiosa sala de fiestas Cancela 3, de la calle Royo y, en su última época, actuó en el Teatro del Mercado, acompañado del Pibe Sanjo, de quien pronto se hablará.

La década de los setenta y la primera mitad de los ochenta no fueron especialmente brillantes para el tango. No obstante, habría que recordar la actuación del Cuarteto Cedrón, con sus extraordinarias versiones tangueadas de los textos de Raúl González Tuñón y otros poetas. Estuvieron en Zaragoza actuando en el antiguo Polideportivo del Parque. Habría que citar también al grupo Malevaje, formado hacia 1984, en cuyo elenco se incluyeron varios muy conocidos músicos del rock de la llamada “movida”. Fue capitaneado por Antonio Bartrina, que luego, se desgajó del grupo y actuó durante muchos años con músicos argentinos con guitarra, contrabajo y bandoneón. Con su grupo y en solitario, Bartrina actuó varias veces en Zaragoza.

Durante los meses de noviembre y diciembre de 1986 y con el título, “El tango hasta Gardel”, El tango hasta Gardel-Alma de bohemio002organicé una gran exposición en el Museo de Sástago. Además de partituras de tango, fotografías, proyecciones, decoración, ambientación y música de la época, diversos coleccionistas aportaron material, con especial referencia a Bruno Cespi, que trajo de Buenos Aires distintos objetos personales de Gardel. La cancionista criolla Julia Cosentino y el guitarrista y cantor Carlos Montero  dieron recitales y José Gobello, presidente de la Academia Porteña del Lunfardo, Blas Matamoro, Marcelo Cohen, Tomás Buesa, Ana Basualdo y el comisario Javier Barreiro impartieron sendas conferencias. Además, se programó un ciclo de cine con las películas de Gardel y otras de temática tanguera en la Filmoteca de Zaragoza. Se editó un hermoso affiche sobre una partitura de “Alma de bohemio”, motivo que ilustró también la portada del libro, El tango hasta Gardel, editado con motivo de la exposición y escrito por el firmante.

MauricioUno de los visitantes más habituales de la exposición fue Mauricio Aznar, líder del grupo de rockabilly Más Birras, tan pirrado por el Carlos Gardel y el tango que, frecuentemente, lo incluyó durante esta época en sus recitales. Luego evolucionó hacia los predios de Atahualpa Yupanqui y la chacarera, hasta el punto de que abandonó el rock para dedicarse casi exclusivamente a este último género. (V. https://javierbarreiro.wordpress.com/2012/06/30/mauricio-aznar-buscador/).

Aproximadamente a partir de 1985, tras varias décadas en las que el tango pasó por su fase más oscura, se produjo un nuevo renacimiento, mucho más notable en su vertiente de danza. Algunas voces apuntan a la repercusión del espectáculo “Tango Argentino” de Claudio Segovia, estrenado en París en 1983 y posteriormente en Broadway. Fuera como fuese, cuando, incluso en el Río de la Plata, tan sólo quedaban unas cuantas milongas tradicionales, empezaron a aparecer profesores, academias, locales y aprendices y su crecimiento fue exponencial. Unos años más tarde, las milongas se convirtieron en una moda que no tiene visos de retracción.

Así, en septiembre de 1989 llegó a Zaragoza, Carlos San José “El pibe Sanjo” que, en la calle Zumalacárregui, abrió la primera academia de baile tanguero que se instaló en la ciudad en el último cuarto del siglo XX, con su pareja, Karina y que formó bailarinas tan expertas como Carmen Sanjulián, hoy día, pareja de Brendan Hughes, elegido “milonguero del año” en Dublín, e Isabel Lou, que continúa maravillando cuando, ocasionalmente, se luce en las milongas parisinas.  El pibe Sanjo, morocho, pequeño de estatura y carnicero de profesión, era hombre, sin embargo, de gran iniciativa personal y consiguió la proeza de supervivir unos años de la enseñanza del tango y organizar varios festivales a algunos de los cuales acudió como figura estelar Carlos Acuña. Buscó después fortuna en otras ciudades como Valladolid y Vigo y, finalmente, regresó a Buenos Aires, donde sigue dando clases. Años después y cuando ya la danza criolla empezaba a despegar, llegó José Carlos de la Fuente que, tras una formación como bailarín en la capital argentina, fundó la Milonga del Arrabal, que hoy continúa y ha formado numerosos bailarines. De allí surgió la Asociación El Garage, fundada a fines de 1997 y que también reúne un buen número de bien preparados entusiastas del baile. Luego, varias academias, milongas o asociaciones han proliferado, al arrimo de la vitalidad de esta danza. Por nombrar unas cuantas: La de Domingo Rey, que estuvo en La Galería de la Plaza de Sas y  ahora regenta Rocío Rubio, que continúa perfeccionándose en Buenos Aires, Punto Vital, Tango Zaragoza, Gotán, M&G Zaragoza, El Almacén y, sin duda,  alguna más que no conozco o se me olvida.

Como cantantes que han visitado Zaragoza, además del mentado Carlos Montero, que cada tanto repite, antes con preferencia por el Teatro del Mercado y, ahora, ya  con menor asiduidad, en La Campana de los Perdidos, habría que destacar a Juan Carlos Cáceres, pianista bonaerense afincado en Francia, reivindicador del tango negro, que en junio de 2003 protagonizó una emocionante actuación en el Monasterio de Veruela, donde también expuso sus obras, pues, además, es un cotizado pintor. Si puede, hágase con su disco, “Tango negro”. Dos años después, Cristóbal Repetto, un excelente cantor con voz muy similar a la de Agustín Magaldi  ofreció un exitoso recital en un repleto auditorio Eduardo del Pueyo. Puede que me falle la memoria pero, en los últimos años, no recuerdo en la capital del Ebro ninguna actuación superior a la de los citados.

Pero también ha habido cantantes de tangos zaragozanos que en época reciente han llevado al disco su voz y sus creaciones. El más significado, Gregorio López, con una bella voz de timbre gardeliano, que en 1996 se hizo con la segunda edición del televisivo concurso de Antena 3 “Lluvia de estrellas” y, después, ha actuado frecuentemente en nuestra ciudad y, durante varias temporadas, en la capital del reino. Tiene editado un CD, “Mano a mano con el tango”. Recientemente, se han incorporado dos intérpretes más, Antonio Aguelo, que a finales de 2012 ha sacado a la luz un CD con el título, “13 tangos de color y una bossa desesperada” y Enrique Cavero, polifacético personaje, bien conocido en la noche zaragozana, que en 2013 presentaba un CD, “Doce tangos”, con  las piezas más clásicas.

Zaragoza y el tango. Una historia, venturosamente, sin terminar.  

El tango hasta Gardel-Programa Exposición 1986001 

 

PALMERO, Anita, Ronda (Málaga), 6 IX.1902 – Buenos Aires, 11.I.1987. Cantante de tangos.

Palmero, Anita-Rev. Sintonía

 Su padre trabajó como electricista en diversos teatros, lo que puede vincularse con la vocación de Anita. Fallecida en 1917 la madre, la familia se trasladó a Casablanca, donde se abrió camino como cupletista y actuaría en Gibraltar, Casablanca y Tánger. Tras actuar en varios países americanos, en una gira por el norte de África, se unió a una compañía de varietés y con ella debutó en el madrileño Teatro Romea (1925).

  Llegó a Buenos Aires el cinco de septiembre de 1925 y allí conoció a Gardel, con quien tuvo una amistosa relación, y, también, a su acompañante, José Razzano, que se convirtió en su mentor, y comenzó a cantar tangos de forma muy personal y, generalmente, con un enfoque cómico. En 1930 grabó con el guitarrista que había acompañado a Carlos Gardel, José Ricardo, Botarate y Encantadora, pero Burrero (1931) fue su gran éxito. En total llevó al disco cuarenta y dos temas, en su mayoría, tangos, aunque no se editó más que la mitad. En la Fiesta del Tango celebrada en el Teatro Colón (1931) fue proclamada “Reina del Tango”.

   Muy bella, fue una figura de la radiofonía hasta su primera retirada en Palmero, Anita-21934, por cuestiones sentimentales. Los asuntos amorosos le depararon una ajetreada vida. Incluso uno de sus maridos, el actor Lalo Harbín, le disparó en la calle dos tiros con intención de matarla. En 1938 volvió con éxito a Radio El Mundo y, pronto volvió a abandonar la profesión para retirarse a Brasil con un nuevo admirador. A su regreso  actuó con diversa fortuna, como cantante y actriz de teatro, pero manteniendo su simpatía y su fama de vampiresa. Adicta al peronismo, no le benefició la caída en desgracia del mismo por lo que unido al retroceso de popularidad del tango, por la pujanza de la música popular anglosajona, en sus últimos años su fama se fue apagando hasta provocar su retirada en 1963.

 Como protagonista, Interpretó dos películas: Fúlmine (Bayón Herrera, 1949) y El ladrón canta boleros (Cahen Salaberry, 1950). En la que se considera la primera cinta argentina íntegramente sonora, Mosaico criollo (Edmo Comminetti, 1929), había cantado el tango Botarate, por lo que resulta que una española es la primera intérprete de un tango en el cine.

 Botarate: http://www.youtube.com/watch?v=MvG65N-FfvI

Bigotito: http://www.youtube.com/watch?v=tfNu30LqWss

Burrero: http://www.youtube.com/watch?v=rMVJ8CKBNdw

ito Schippa-Anita Palmero-Ratti052

                                    Anita entre Hugo Ratti y Tito Schippa con guitarras         

                               

                                                                        BIBLIOGRAFÍA

-ABALLE, G., “Anita Palmero”, Cuadernos difusión del tango nº 9, s.. f.

-BARREIRO, Javier, Voz: “Palmero, Anita”, Diccionario del tango, Madrid, SGAE, 2001, p. 120-121.

CERNUDA, Fabio Daniel, “Grabaciones realizadas por Anita Palmero”,  http://discografiasdetango.blogspot.com/2010/03/grabaciones-realizadas-por-anita.html

-OLIVIERI, Ángel, Historias de tango, Buenos Aires, AqL., 2005.

-SANTOS,  Estela dos, La historia del tango, 13, Las cantantes, pp. 2301-2304, Buenos Aires, Corregidor, 1978.

-SIN AUTOR, “Anita Palmero. ‘La gallega de Málaga’”, Los grandes del tango: Tania y Anita Palmero, Buenos Aires, Tango, 1991, pp. 24-29.

-, “Discografía de Anita Palmero”, Club de Tango nº 62, septiembre-octubre 2003, pp. 16-17.

                                                          DISCOGRAFÍA

Araca Corazón-Viejo ciego-Gurrumina-Fumando esperoPara qué vivir (sin difusión comercial), 1927.

Piedad-Marioneta-Alma en pena-Noviecita mía (sin difusión comercial) 1928.

¿Te acordás de aquella vidalita-Caperucita (sin difusión comercial) 1930.

Encantadora-Botarate, Odeón 13600, 1930.

El niño de las monjas-Ilusión marina, Odeón 13601, 1930.

Hasta que ardan los candiles-Ilusión marina Odeón 13602, 1930.

Reza por mí-Burrero (seco), Odeón 13603, 1931.

La carrera de la sortija-La comadreja, Odeón 13604, 1931

Escribile al comisario-Bajando la serranía, Odeón 13605, 1931.

El que con chicos se acuesta-Vuelvo hacia ti, Odeón 13608, 1931.

Poderoso-La mentirosa, Odeón 13609, 1931.

Negrita ¿querés café?-Sentencia gitana, Odeón 13610, 1932.

Palmero, Anita_Botarate

FILMOGRAFÍA

Mosaico criollo (Edmo Comminetti, 1929),

Fúlmine (Bayón Herrera, 1949)

El ladrón canta boleros (Cahen Salaberry, 1950).

Misión en Buenos Aires (Ricardo Gascón, 1954)

Anita Palmero, una suerte de tangos (documental), 2010 (Gaby Beneroso y Enrique de la Vega, 2010).