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(Publicado en Javier Barreiro: Voz: «García Pérez Moratalla, Juan», Diccionario biográfico español. Tomo XXII, Madrid, Real Academia de la Historia, 2011. p. 174)

García Guirao–Juan García Pérez. Moratalla (Murcia), 18.VIII.1904-Moratalla (Murcia)  26.V.1971. Cantante.

Nacido en el seno de una familia campesina, fue el único varón de siete hijos, por lo que a edad temprana hubo de abandonar la escuela para ayudar en las labores agrícolas, como era costumbre en la época. Sin embargo, los propietarios de las tierras que labraban y cultivaban, apreciando sus dotes para el canto, que llevaba a cabo mientras faenaba, acordaron pagarle los estudios de música en el Conservatorio de Murcia, bajo la dirección del maestro Tabuyo, que alternó con alguna actuación, para la cual adoptó el nombre artístico de García Guirao, cambiando su segundo apellido por el de su padre. Una vez terminados sus estudios, marchó a Madrid para actuar como tenor en varias compañías líricas. Una docena de años estuvo llenando los principales escenarios de zarzuela en teatros como el Fuencarral, Ideal, Fontalba o Calderón, aunque también acompañó a Celia Gámez en alguna de sus revistas. También grabó en esta década de 1930 su primer disco en dúo con Lola Cabello, “Tú yo”.

Tras la Guerra Civil Española, pasó ciertas dificultades económicas, a pesar de que en la década de 1940 se pusieran de moda las orquestas con vocalista, tarea para la que el murciano reunía excelentes condiciones.  Así, canciones como la bellísima habanera “Limosna de amor”, que recogería Basilio Martín Patino en su película Canciones para después de una guerra, así como la habanera “Tarde de otoño en Platerías”, o canciones como “Limosna de amor”, “Mis tres novias” o “Promesa de amor”, fueron éxitos notables en su voz y grabó decenas de discos. Aun así, estuvo tentado de dejar el mundo de la canción y regresar a su Moratalla, sin embargo, unos paisanos emigrados a Argentina le animaron para que marchara a Sudamérica. Influyó decisivamente en su decisión el argentino Fernando Ochoa para que en 1953 visitara Buenos Aires, en principio para una estancia de cuatro meses, que finalmente se dilató ocho años. Su buen gusto para los tangos propició que se afincara en la capital argentina, donde actuó habitualmente en emisoras tan prestigiosas, como Radio Belgrano y Radio El Mundo. Sin embargo, sintiéndose mal de salud y con sus negocios resintiéndose, decidió retornar a España en 1965, editando para Columbia sus tres últimos discos de cuatro canciones antes de retirarse definitivamente a su localidad natal, donde murió al poco tiempo. En su homenaje, el Ayuntamiento de Moratalla le dedicó una calle con su nombre y promocionó una grabación con algunas de las canciones que más fama le dieron.

 

                                                                             DISCOGRAFÍA

Homenaje póstumo al cantante moratallero García Guirao, Moratalla (Murcia), Valor, 1983.

CD García Guirao, Madrid, Big Mad Music, 2000.     

CD Garcia Guirao, Todas sus grabaciones, Rama Lama, 2004

MEDINA, Rafael (Rafael Jaimez Medina), Las Palmas de Gran Canaria, 11-III-1906 / Las Palmas de Gran Canaria, 20-IV-1978. Cantante, violonchelista y actor.Medina, Foto de Galán002

Hijo de un coronel de artillería, de niño formó parte de una rondalla como primer bandurria e inició estudios de solfeo y piano, que pronto sustituyó por el violonchelo. Terminado el bachillerato en su ciudad natal, se trasladó a Barcelona para estudiar Farmacia, carrera que pronto abandonó por la música. Instruido en el violonchelo por su maestro José Getán,  marchó a Ginebra para perfeccionarse con el profesor Benito Brandía. Ya maestro concertista, fue alabado por Pablo Casals y actuó en distintos lugares pero la fuerza de la radio y el cine sonoro le hicieron emprender otro camino. El 16 de marzo de 1933 se presentó en la sala Studium de Barcelona y cosechó excelentes críticas.

 Antes, había debutado en Masnou (Barcelona) como cantor de tangos en una revista de aficionados. Tuvo éxito y el director de Parlophon, que lo había escuchado, le invitó a impresionar su primer disco: “Peteneras” y “Segovianas”. También, tangos como “La pulpera de Santa Lucía” y “Vecinita”. Llamado por los estudios de la Paramount en Joinville, apareció en la película de Carlos Gardel, Melodía de arrabal y en 1931 acompañó a Imperio Argentina en dos cortometrajes, Cuando te suicidas, cantando a dúo el vals «Ya verás, ya verás»  y Buenos días, en el que el dúo fue en la zamba «Niña graciosa»,  pero la crisis de la productora hizo que Rafael tuviera que buscarse la vida en París, donde prescindió del Jaimez, de difícil pronunciación, y se hizo llamar Rafael Medina. En seguida consiguió actuar en locales tan prestigiosos como el Bovino, el Alcázar y en el Casino, con gran éxito. Del mismo modo, fue llamado para actual en las llamadas “Conférences de Charles Cros”, así llamadas en memoria del inventor francés del fonógrafo, bajo los auspicios de Paul Valery, Ravel y Stravinsky.

 A su vuelta España, se casó con Mercedes Bou, hizo dos películas y siguió, únicamente acompañado por su guitarra, actuando por Europa con muy buena acogida. La guerra mundial hizo que volviera a Barcelona para actuar en las orquestas de Martín de la Rosa y Vicente Montoliu, formar la propia y convertirse en uno de los vocalistas más importantes de la posguerra. Grabó muy numerosos discos y sus especialidades fueron el bolero, el tango y el fox. Su educada voz, excelente presencia y conocimientos musicales lo convirtieron en uno de los ídolos musicales de su tiempo.

Una vez retirado, volvió a su tierra natal se aficionó a la colombofilia, volvió a la Orquesta Filarmónica de su ciudad natal como primer violonchelo y llegó a dirigir el Conservatorio donde se había empezado a formar musicalmente y dejó un gran recuerdo como pedagogo.Medina, Cancionero003

«En los jardines de Granada»: https://www.youtube.com/watch?v=Br6cMHnW8Io

Vals de las velas: http://www.goear.com/listen/1d7d0d8/vals-de-las-velas-rafael-jaimez-medina

Arrullo de amor (fox-trot de la película «Pobre rico»: https://www.youtube.com/watch?v=7nWE9vL6txs

FILMOGRAFÍA

-Louis GASNIER, Melodía de arrabal, 1932.

-Fernando DELGADO, Doce hombres y una mujer, 1934.

-Max NOSSECK, ¡Alegre voy!, 1934. Poderoso caballero, 1935.

A. HUGON, Tres argentinos en Montmartre, 1941.

-José LÓPEZ RUBIO, Rosa de África, 1941.

DISCOGRAFÍAMedina, Rafael-Celebridades del Cancionero

-Rafael Medina Vol. 1 (1931-1942) CDVentura 8431194005021.

-Rafael Medina y su orquesta Rafael Medina y su orquesta. Vol. 2 (1942-1949) CD Rama Lama, RO 52342.

BIBLIOGRAFÍA

-BARREIRO, Javier y José Carlos ORTIZ GARCÍA, Voz: «Jaimez Medina, Rafael», Diccionario biográfico español. Madrid, Real Academia de la Historia, Tomo XXVI, pp. 639-640.

J. M. RODRÍGUEZ “RODRI”,  “Rafael Medina”, CD Rafael Medina y su orquesta Rafael Medina y su orquesta. Vol. 2 (1942-1949), Madrid, 2003.

 

Hoy  se cumplen veinte años desde la muerte (30-IX-2000) de Mauricio, que, por muy poco, no llegó a habitar el tercer milenio. Venturosamente, la memoria no ha sido esquiva con él y en Zaragoza lo recuerdan su paseo y su escultura; todos los años se le evoca en diversos actos, se ha rodado un largometraje sobre su figura y sigue vivo en sus canciones y en sus amigos.  Desde los que tuvo en sus épocas de estudiante en el Colegio Alemán y en la Sagrada Familia, que le llamaban Tío Boris, hasta  sus compañeros de Golden Zippers, Más Birras y Almagato o Gabriel Sopeña, que tanto influyó en su carrera. Mauricio, nacido el 25 de enero de 1964,  fue hombre de gran precocidad y ya a los trece años la música se convirtió en su principal ocupación. Aprendió a tocar de oído aunque su hermano mayor, que le inició en la música, no  le dejaba su guitarra.  Una navidad le regalaron el que fue su primer disco, El submarino amarillo y todo se precipitó.

Aunque ya lo conocía de vista, cosa fácil por su pintoresco aspecto, en 1986 se acercó a mí  con motivo de la exposición sobre el tango que realicé en el Palacio de Sástago. Su interés era, como siempre, desaforado y la amistad, unida a la comunidad de intereses de muchos tipos, surgió naturalmente, incrementada por sus intereses literarios lo que llevó a que yo le prestase numerosos libros y que él me diera a leer sus textos literarios, que conservo. Durante varios años hizo convivir el rock y el tango pero hacia 1991 se interesó por el folclore argentino, pasión que llevaría a sus últimas consecuencias. Ya en sus composiciones aparecían obvios componentes de la música popular de tradición latina.  Más Birras fue un grupo que se caracterizó por su coherencia, ausencia de esnobismo y la búsqueda de contenidos de enjundia pero vinculados con la cultura popular en sus textos. También por la facilidad de conectar con el público sin explotar recursos facilones. O en la creatividad de sus composiciones que, en la lengua oral de Mauricio, era una cosa natural.

Cuando en 2012 acudí al Congreso Nacional de Folclore en la provincia argentina de Corrientes, para hablar de la jota, viva en tantos países hispánicos, pensé en cuánto le hubiera gustado a Mauricio acompañarme y llevar allí su pasión por la chacarera. En su memoria, recupero este texto publicado en Revista del Circuito, Zaragoza, muy poco después de su desaparición.

El sincero estupor y el revuelo producidos por la muerte de Mauricio suscitaron abundantes reflexiones. En muchas de ellas se destacaba su importancia en la música zaragozana en los últimos quince años. Pese a este reconocimiento, su camino no fue nada sencillo y su creatividad encontró siempre escasas facilidades para encontrar un cauce. Que se trataba de un creador en estado puro y, como tal, inconformista y siempre en busca de nuevos senderos parece claro.  Cuando consideraba que un camino  estaba trasegado, ya bullía en su imaginación un caudal de nuevas propuestas, sin que jamás tratase de privilegiar el rédito económico. De hecho abandonó el rock cuando su grupo era uno de los dos o tres más reconocidos de la región y, en su inmersión en la música argentina, pasó por el tango y la milonga, géneros más populares, para desembocar en la chacarera, folclore seductor,  pero con escasísimas posibilidades comerciales.

   Quizá el talento natural era el rasgo más sobresaliente de Mauricio Aznar. No había acabado el bachiller ni los ambientes en que se movió durante largo tiempo eran los más adecuados para  culturizarse. Sin embargo, fui muchas veces testigo de su curiosidad intelectual, de cómo devoraba cualquier libro –le dejé bastantes: el último La parranda de Eduardo Blanco-Amor- y del entusiasmo desatado que le hacía demandar nuevas lecturas. Sus comentarios solían ser de una agudeza y profundidad muy superiores a los de muchos que ostentan birrete, a lo que unía una creatividad verbal y una chispa espontánea,  ya muy raras, incluso entre el pueblo.  Tenía, por otra parte, vocación literaria que, si habitualmente se expresó en sus excelentes letras de muchas épocas, en los últimos años empezó a encontrar cauce en el artículo periodístico, el cuento y la poesía. En el recientemente publicado Los cuentos de nuestra tribu (Zaragoza, Prames, 2000), se recoge un muy audaz y curioso texto narrativo y su librito inédito, Coplas para mis pasos, contiene piezas de poesía popular de ambiente argentino de gran perfección. No resultaría ocioso recopilar sus escritos.

  Venció el miedo a hablar en público y sus intervenciones orales en recitales o presentaciones tenían una frescura e ingenio absolutamente inhabituales en su medio. Sinceridad no agresiva, naturalidad, capacidad de admiración para los méritos ajenos, rasgos tan poco habituales, eran  otros de sus patrimonios.

 Enamoradizo, pero sucesivamente monógamo, absolutamente peculiar sin buscarlo, con una turbulencia interior que apenas se manifestaba en sus palabras, que daban una sorprendente sensación de apasionado equilibrio, la gente percibía su naturalidad y su genio. Pero, como todos los verdaderamente independientes, no encontró la unánime aprobación y reconocimiento sino cuando decidió transitar.

Mauricio en primer plano, junto a él, su novia, Olga, el firmante, Carlos Carabajal, una leyenda de la chacarera, su mujer, Joaquín Carbonell y Miguel Pardeza. De pie, Mario Rivas.

Con Mauricio y Carlos Carabajal en El Pajarcico004

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