LAS PRIMERAS PUBLICACIONES Y DOS CARTAS DE ROBERTO BOLAÑO

Publicado: noviembre 13, 2014 en Artículos, Literatura
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Bolaño, Roberto

Conocí la existencia de Bolaño a través de un genio, un fauno, un mago visionario que respondía al nombre de Carlos Edmundo de Ory y era poeta. 

https://javierbarreiro.wordpress.com/2011/10/11/soneto-adjetival-para-carlos-edmundo-de-ory/

Aunque el escritor chileno era, a la sazón, plenamente desconocido, vistos algunos de sus poemas, decidí escribirle  a una dirección de Blanes proporcionada por Carlos para que colaborase en el número 9 de la revista El Bosque, correspondiente a los meses de septiembre-diciembre de 1994.

El Bosque 9003

En cada número de la revista sólo se insertaba una sección monográfica dedicada a la creación poética. Es decir, debían ser versos inéditos de un poeta acreditado. Hasta entonces El Bosque había recogido poemas de Juan Eduardo Cirlot, Juan Luis Panero, el citado Carlos Edmundo de Ory, Francisco Brines, José María Álvarez, Gabino Alejandro Carriedo, Osías Stutman, Philip Larkin y Felipe Benítez-Reyes. En el  caso del número 9, dado que se incluía a otro autor de lengua no española, se hizo una excepción y se reprodujeron composiciones de dos poetas, Bolaño y la búlgara Blaga Dimitrova. Lo mismo ocurrió en el número anterior, que reunió a Larkin y Benítez-Reyes.

Bolaño, Roberto_Fragmentos de la universidad desconocida001A mi carta de pedido, Roberto Bolaño respondió enviándome los poemas y dos de sus libros publicados en España, el poemario, Fragmentos de una universidad desconocida, Colección Melibea, 1993, que había obtenido el XVIII Premio Rafael Morales, y la novela, La senda de los elefantes, Toledo, Bolaño_La senda de los elefantes0051993, ganadora en el año anterior del “Premio de Novela Corta Félix Urabayen”, patrocinado por Caja Madrid y que en 1999 republicaría Anagrama bajo el título Monsieur Pain. Años atrás, Bolaño había publicado en Anthropos otra obra narrativa, Consejos de un fanático de Morrison a un discípulo de Joyce (1984), a la que había sido adjudicado el Premio Ámbito Literario, lo que no valió para que el chileno alcanzara un mínimo reconocimiento y, durante el mismo año 1993, La pista de hielo, publicada en Alcalá de Henares. Ni que decir tiene que a ninguna de ellas prestó atención la crítica, que años después lo catalogaría de genio y, mucho menos, a sus dos primeros libros poéticos, editados precariamente en México, Reinventar el amor (1976) y Muchachos desnudos bajo el arcoíris de fuego (1979).

La primera reseña de cierta importancia que conozco la firmó el zaragozano Javier Goñi en el suplemento Babelia de El País (16-III-1996), con el título “Letraheridos de reprobable ideología” y se refería a La literatura nazi en América. Es decir, el escritor chileno hubo de esperar a publicar en una editorial de importancia como Seix Barral, para que la crítica diera oídos a su palabra. Ocho meses después, ABC (29-XI-1996), con la firma de Joaquín Marco, reseñaba Estrella distante, publicada ese mismo año por Anagrama. La Vanguardia, mucho más cercana geográficamente al escritor, esperaría al 6 de marzo de 1998 para que Juan Antonio Masoliver Ródenas reseñara  la colección de cuentos, Llamadas telefónicas (Anagrama, 1997).


Bolaño_El Bosque Cano002Volviendo a la poesía, los siete poemas que Bolaño entregó para su Bolaño_El Bosque Cano003publicación en El Bosque fueron ”Los hombres duros. Comentario Crítico y Etnográfico”, “Los perros románticos”, “El regreso de Roberto Bolaño”, “Las enfermeras”,  “Versos de Juan Ramón”, “Ernesto Cardenal y yo” y “El señor Wilshire” y contaron con dos ilustraciones de José Luis Cano. Todos ellos fueron incluidos catorce años más tarde en el libro póstumo La universidad desconocida (Anagrama, 1997), que reunió su poesía completa publicada.

Ilustraciones de J. L. Cano para poemas de R. Bolaño

Los primeros poemas publicados por Bolaño en España, cuando sólo había editado en Méjico, el citado Reinventar el amor, aparecieron en noviembre de 1978, reunidos en un intrascendente librito de

Bolaño_Algunlos poetas en Barcelona006Ediciones La Cloaca titulado, Algunos poetas en Barcelona, cuyo principal atractivo estribaba en el prólogo que Carlos Edmundo de Ory tituló “No leer, peligro de vida” (pp. 5-11) y en el que, por cierto, no nombraba a ninguno de los dieciséis poetas aparecidos en la breve antología.  De ellos el único nombre cuyo eco ha supervivido hoy es el de Bolaño, que firmaba los poemas “Amanecer”, “Bienvenida”, “Untergehen” y “La compañía del camino” (pp. 35-42), fechados entre julio de 1977 y agosto de 1978. Aparece también el chileno Bruno Montané, gran amigo de Bolaño y uno de los poetas que, con él, habían concebido y montado el movimiento Infrarrealista. De esta amistad y peripecias se da cumplida cuenta en Los detectives salvajes (1998). Antes de la edición de los siete poemas que incluí en El Bosque, Bolaño, únicamente  había publicado en España un poema en la madrileña revista Trilce (julio 1982) y cuatro en la gerundense, Regreso a la Antártida (1983), que sólo lanzó a la calle un único número fotocopiado.

Reproduzco ahora la carta que Bolaño me envió accediendo a mi pedido de colaboración y la que unos Carta Bolaño_sept 94meses después me mandaría, acuciado por sus sempiternos problemas económicos. El Bosque pagaba -y bien- a sus Carta Bolaño_mayo 95003colaboradores pero, como dependiente de instituciones aragonesas, tardaba en hacerlo más de lo que aquellos desearan. Roberto cobró poco más tarde y, durante ese verano y en otra ocasión más, coincidimos en alguno de mis viajes a la Costa Brava. No fue posible publicar a su amigo el mejicano Mario Santiago Papasquiaro, perteneciente también al movimiento Infrarrealista, pues de la revista sólo se publicaron otros tres números y Papasquiaro, sin duda un buen poeta, quedó en la lista espera. A la espera, también, de la que nunca falla, que lo arrebató de hic lacrimarum valle en 1998, cuando únicamente contaba 42 años y justo cuando a su amigo chileno le comenzaron a marchar bien las cosas. Literariamente hablando, porque ya luchaba con la enfermedad que también se lo llevó con cincuenta años. Efectivamente en 1998 se concedió a Los detectives salvajes el Premio Herralde de novela y en 1999 la misma obra obtendría también el Rómulo Gallegos y el reconocimiento mundial.

Reproduzco aquí dos de los poemas aparecidos en El Bosque. Los veinte años que han pasado desde que se publicaron estos textos de Bolaño, bien justifican este rescate.Bolaño_El Bossque001

Bolaño_El Bosque 004

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