LOS AFORISMOS DE CARLOS EDMUNDO DE ORY: UNA TEORIA POETICA

Publicado: septiembre 1, 2015 en Artículos, Literatura
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Ory en su patria

(Publicado en Carlos Edmundo de Ory. Textos críticos sobre su obra, Cádiz, Diputación de Cádiz, 2001, pp. 241-247.

Los intentos de definir el aforismo han sido cuantiosos, sobre todo entre los franceses, donde el género tiene honda raigambre[i]. La cuestión tiene evidentemente tanto que ver con la teoría literaria como con los deseos de los aforistas por justificar sus planteamientos personales al respecto. El aforismo revela por un lado conciencia de la profesionalidad del escritor y hasta cierta vanidad en cuanto que considera que estos chispazos de ingenio, que muchas veces quedan en mero apunte o vuelan como angelotes en la conversación, deben ser llevados a la imprenta.                                                                                                                                                                             Ory Aerolitos003

Ory no escapa a esta justificación teórica y el primero de sus libros en español dedicado exclusivamente a ellos, Aerolitos[ii], se abre con seis citas de Francis Bacon, Michelet, Emerson, Walt Whitman, Novalis y Nietzsche, sumamente reveladoras de su planteamiento. A continuación reproduce un fragmento de su diario (15-V-1983) donde vuelve a darnos pautas sobre el asunto. El lector interesado hará bien en recurrir a estos textos ya que la extensión de este trabajo veda el apostillamiento e, igualmente, al excelente estudio de Jaume Pont, “Visión y forma de los Aerolitos de Carlos Edmundo de Ory”[iii].

Sería desmedido enumerar los antecedentes de un género, por otra parte, no demasiado cultivado por el escritor español aunque debamos recordar dos cimas como Gracián y Gómez de la Serna[iv]. Por otra parte, es la variedad, si vale la paradoja, la constante en los aerolitos oryanos. Tal vez, un resumen aceptable lo ofrezca el último de los recogidos en Nuevos Aerolitos: “La palabra fragmentaria desquicia el mundo. Sacraliza y profana todo y todo lo vuelve del revés” (p. 105). Pero, como es natural, el poeta introduce también otros que son meras notas u observaciones de uso personal y, como en todos los aforistas, el género se convierte en ocasiones en algo así como un cajón de sastre. Pero, es cierto, que los “aerolitos” poseen lo que es uno de los rasgos de toda la obra de Ory: a pesar de no ser una lectura “fácil” se devora con la fruición que deparan la originalidad y la amenidad y, aparte de nutrirnos sobradamente de ideas, en ellos se revela la multiplicidad de intereses, la fascinación por la ambigüedad, el destello de rareza y la antena alerta de un espíritu siempre dispuesto a la estupefacción.

Aunque sea difícil categorizar un universo tan variopinto y pequemos de reduccionismo, pueden encontrarse tres procedimientos básicos en la concepción de los “aerolitos”: de carácter lingüístico, filosófico y “greguerizante”. En todos ellos aparece, claro está, la identidad del autor, de modo, que su personalidad se filtra siempre por los resquicios de estas definiciones aventuradas[v].

En los de carácter lingüístico se asoma el Ory juguetón, desmitificador y rebelde: las homofonías, las paronomasias y derivaciones, polípotes, dilogías, zeugmas o calambures campan por doquier con la frescura de la mañana: “¡Ave, abejorro!”; “Tuyo: Tú y yo”; “Nuestros seres afines son serafines”; “Un pavo rosa es una cosa pavorosa”; “Somos recuerdos: dos veces cuerdos” … pero en muchos se trasciende el mero juego lingüístico hasta integrar lo que es poesía esencial: el salto en el vacío, la asociación inaudita, el cerebro agujereado, como ocurre en el inicial de Nuevos Aerolitos: “Despedida de los amantes: -Hasta manzana”. La carnalidad, la teología, el paraíso perdido o deseado… porque si por algo se caracterizan los aforismos oryanos es por su capacidad de provocar incursiones variopintas. No suelen incidir en una sola línea de reflexión o interpretación sino que se gozan en picotear en distintos registros con la ambigüedad y capacidad de sugestión que otorgamos a la poesía.

Los de carácter filosófico entrarían en la tradición más firme del aforismo: “Si Dios ha muerto: NOSOTROS somos el cadáver de Dios”; “Cambiar de nombre cuando se está enfermo”; “Sólo son dichosos los nonatos eternos”; “El hombre es un animal que miente”… Sólo que en ellos no puede dejar de aparecer, aparte del compromiso ético, el chispazo imaginativo, el descomedimiento vital (“Los únicos metafísicos simpáticos son los borrachos”) pues, al fin, estas máximas se integran de manera natural con toda la cosmovisión y las vivencias de Ory. Así, podemos encontrar la misma línea en las actividades y publicaciones propiciadas desde su Atelier de Poésie Ouverte de Amiens entre 1967 y 1971[vi].

Suficientemente se ha buceado en la encarnadura de la greguería, aunque su misma entidad la haga inabarcable o inagotable: “Hacer pedazos el lenguaje o convertirlo en carbunclo” nos dice Ory en la página 78 de Aerolitos. Naturalmente dotado para sacar “los pelos del mármol” se mueve en este territorio con la facilidad y soltura del adicto a la perplejidad que tiene capacidad para suscitarla: “En las estrellas cuelgan nuestros calcetines cuando soñamos”; “La risa es la campanada del cuerpo” “Los sordomudos limpian sus bellas trompetas”; “La almohada es la flauta del sueño”… La vinculación del postismo con Gómez de la Serna y su buena recepción a las greguerías de Ory que conoció nos eximen de otras glosas[vii].

Hay otros, naturalmente, que se escapan a estas clasificaciones y en los que se puede ver la rebeldía falsamente gratuita de la vanguardia: “Ordeno la caja de los clavos”, la pirueta paradójica: “Me puse en pie para verme sentado”, o el simple apunte con el que el poeta nos comunica su placer, fascinación o extrañeza por un conocimiento adquirido: “El poeta inglés Charles Algernon Swinburne funda la escuela de la carne: The School of Flesh “; “Antes de decidirse a llamar FUTURISMO a su movimiento de vanguardia, Marinetti pensó en denominarlo ELECTRICISMO”; “Existencia oficial del infierno (concilio de 547)”.  También, el mero descubrimiento de una imagen poética: “El silencio tatuado”; “Rocío a cuarenta grados”; el encanto del verbo, unido al del recuerdo de lo visto: “Bajaban las muchachas por los barrios del verano”, etc.

Pero también encontramos muchos que expresan un deseo: el niño real que debe ser el poeta: “Ama la lluvia como a ti mismo”; “Que crezca la Esencia, esa rosa sin espinas”; “Tener una amiga que se llame Kyrie Eleison”; “El bienestar tiene que hacerse pesadilla”.

Ory Tarjeeta invitación006

Con las percepciones incluídas en los aforismos podemos desmenuzar la teoría poética del autor mejor que con cualquier otro instrumento: “Di algo que no sepas decir”, por ejemplo, nos  entrega un irreplicable manual de la poesía como conocimiento. Pero, también puede aparecer la otra opción de la vieja controversia: “¡Escritores, escoged!: El estilo o la Revolución”. El poeta deslumbrado y perplejo ante el entorno: lo que ve se convierte no en referente sino en esencia que lo modifica y hace comulgar y confundirse platónicamente con el medio: “Soy lo que veo”; “El espejo refleja nuestra cara, no nuestro nombre”; “He visto hormigas. Soy hormigas”; “La sangre de águila de los poetas”. “¡Lo invisible! Lo invisible es el verdadero esqueleto de toda cosa y el solo hueso del vacío”.

El poeta es también bufón y dador del secreto espectáculo de la vida: “La poesía como circo ambulante”; un error de la naturaleza: “La palabra poeta es una falta de ortografía de Dios”; un mistagogo capaz de dar forma y plenitud al significado: “El poema es la autobiografía del sueño”. Si Rubén, poeta tan vinculado a nuestro autor, sabía que a todas las pérdidas podía responder con la célica exclamación: “Mas es mía el alba de oro”, Ory, tan consciente de su misión en el mundo, asume el deber de aquél que posee: “Nosotros, los enseñadores del alba”. O la augural pureza y espontaneidad del bardo: “Un poema como el grito de un recién nacido”; “No productividad sino escritura criatural”; “La franqueza como técnica de la poesía”.

El poeta conoce (“Los poetas, ángeles antediluvianos”) pero nada sabe (“Un poeta no puede contestar nunca a nada. Él es la esfinge. Él hace preguntas”). Es reseñable que una de las obsesiones de Ory la constituyan los ángeles con los que establece una suerte de identificación mucho más estricta que con los niños, siempre presentes pero que constituyen una manifestación de “lo otro”. Por su misma indefinición, Ory encuentra en los ángeles una fórmula de interrogación y de desdoblamiento. Al fin el ángel, como nos explicó Guillermo de Occam, pertenece a nuestra conciencia intuitiva y viene a constituir una proyección de nuestra psique. Por eso los entendemos tan mal y, silenciosos, locos, cojos, enamoradizos y fríos sirven para expresar lo innombrable[viii]

Los aerolitos, a mitad de camino entre la palabra y el silencio, nos muestran el laboratorio del poeta en el que, además de dolor, inteligencia, estupefacción, amor y verbo informe, hay una grieta para dar salida al material crudo. Si “El poema es la casa sin puertas”, el aerolito es ese ventanuco a través del que  el poeta observa lo incomprensible del mundo y nosotros nos asomamos al crisol alquímico de este creador irrepetible.

Ory duerme en Cela

                                                                           Ory duerme en Cela

                                                                                       NOTAS

[i]. V., por ejemplo, Roland Barthes, Le degré zéro de l’écriture, suivi de Noveaux essais critiques, Paris, Seuil-Points, pp. 69-88. A. J. Greimas, Sémantique structurale. Recherche de méthode, Paris, Larousse, 1974. S. Meleuc, “Structure de la maxime”, Langages nº 13, mars 1969. M. Nemer, “Intermittences de la verité. Maxime, sentence ou aphorisme: notes sur l’evolution d’un genre”, Studi Francesi nº 78, sept.-déc. 1982 y “Réthorique du proverbe”, Revue de Sciences humaines nº 163, 1976. J. Onimus, “Poétique de l’aphorisme en marge de René Char”, Revue d’Esthétique de Paris, 1969/22, fasc. 2.

Ory Nuevos aerolitos004[ii]. La primera entrega de aforismos apareció en francés con traducción de Denise Breuihl y prefacio de Marcel Béalu, Aérolithes, Paris, Imprimerie Rougerie, abril 1962. Una segunda fue publicada por la revista Réalités secrêtes, Rougerie, Paris, 1963. En español apareció una selección de las anteriores en Cuadernos hispanoamericanos nº 181, Madrid, enero 1965. Todos ellos fueron recogidos en el citado Aerolitos, Madrid, Ediciones El Observatorio, 1985. Tras él, Nuevos aerolitos, Madrid, Ediciones Libertarias, 1995 y “Novísimos aerolitos”, publicado también en Cuadernos hispanoamericanos nº 546, Diciembre 1995.

[iii]. Publicado en Cuadernos hispanoamericanos nº 467, Madrid, Enero 1989, pp. 161-166.

[iv]. Para las influencias y orígenes, V. Jaume Pont (art. cit.) pp. 162-163.

[v]. Jaume Pont inicia su citado análisis con estas certeras palabras: “De las muchas experiencias literarias que la escritura de Carlos Edmundo de Ory ha llevado a cabo (…) ninguna de ellas refunde e integra su cosmovisión poética como esas sentencias breves (…) que el autor denomina Aerolitos. (p. 161)                                                                                                                                 Ory Novísimos aerolitos005      

[vi]. Una esclarecedora aproximación al A.P.O. se encuentra en Jesús Fernández Palacios, “Carlos Edmundo de Ory y el A.P.O” en Dadá-Surrealismo, precursores, marginales y heterodoxos, Universidad de Cádiz, 1986, pp. 99-101.

[vii]. V. Jaume Pont (art. cit., p. 163) y del mismo autor El Postismo. Un movimiento estético-literario de vanguardia, Barcelona, Llibres del Mall, 1987, pp. 229-230.

[viii]. V. Malcolm Godwin, Ángeles, Barcelona, Círculo de Lectores, 1991.

Sobre C. E. de Ory, véase también en esta página:

https://javierbarreiro.wordpress.com/2011/10/11/soneto-adjetival-para-carlos-edmundo-de-ory/

Ory tutelando el amor                                                                               Ory tutelando el amor

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