(Publicado en Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005), Zaragoza, DPZ, 2010, pp. 1021-1036.

SENDER GARCÉS, Ramón José, Chalamera (Huesca), 03-02-1901 / San Diego (EE.UU.), 16-01-1982
Seudónimos: Pepe Garcés / Lucas La Salle / F. Saila / Dom Sem Tob / El Diablo Hariman / Lord Wais / Clemente Azlor

El escritor aragonés más eminente desde Baltasar Gracián fue hijo de un secretario de ayuntamiento, José Sender Chavanel, y de una maestra, Andrea Garcés Laspalas. Era el tercero de los diecinueve hijos del matrimonio, de los que sobrevivieron diez. Ramón, a quien en su casa siempre llamaron Pepe, nació el día de San Blas, cuando el siglo XX -centuria en la que fue testigo de muchos de sus sucesos más significativos- sólo contaba treinta y cuatro días. En septiembre de 1903 la familia se trasladó a la vecina Alcolea de Cinca, lugar natal de los padres, donde José Sender ejerció también de secretario.

El escritor recreó su infancia en Crónica del alba, donde aparecen, tanto la muy conflictiva relación con su padre, como la mitificación de la madre, imagen que está detrás de gran parte de su obra. Familiares decisivos en su niñez fueron también la tía Ignacia, que nutrió su imaginación con cuentos populares y era contraprima de doña Andrea, a la que ayudaba en casa, y el abuelo paterno, ejemplo para su nieto de las mejores virtudes del hombre aragonés. En 1911, la familia se afincó en Tauste, donde Ramón conoció a Valentina Ventura, hija del notario, personaje clave de la obra citada y, junto a su madre, la figura femenina más importante en su vida. Dos años más tarde se marchó a Reus para cursar tercero de bachiller en el colegio San Pedro Apóstol de los Hijos de la Sagrada Familia. Acabado el curso, volvió a Zaragoza, donde ya se había domiciliado la familia, para proseguir sus estudios.

                                             Casa natal en Chalamera, hoy derribada

Las etapas de Reus y Zaragoza están noveladas en la segunda y tercera partes de Crónica del alba, (“Hipogrifo violento” y “La Quinta Julieta”). Fue a partir de entonces cuando su afición a la literatura se desató: leía compulsivamente y publicó sus primeros textos en revistas escolares. En 1916 comenzó a trabajar como mancebo de botica, hecho que coincide con el inicio de su inquietud social, a través, sobre todo, de la relación con el anarquista Chueca, novelada en El mancebo y los héroes, y también con su primera publicación en un periódico: el cuento “Noche de ánimas”, que, el 31 de agosto de 1916, apareció en La Crónica de Aragón, diario regionalista que poco, después, incluiría otras narraciones del quinceañero. Al año siguiente dejó Zaragoza para matricularse en Alcañiz de las dos asignaturas que le quedaban para concluir el bachiller, al tiempo que ayudaba en la farmacia de Arturo López. Una vez obtenido el título y contra el criterio de su familia, en 1918 se marchó a Madrid. Allí trabajó brevemente en la farmacia de Toribio Zúñiga pero, sobre todo, frecuentó el Ateneo y comenzó a colaborar en periódicos de la capital, como La España Nueva, La Tribuna o El País aunque viviera con grandes estrecheces. Su padre lo fue a buscar para obligarle a regresar y asentarse en la capital oscense.

Comienza entonces -verano de 1919- una de las etapas de mayor estabilidad del escritor. Va a colaborar en el diario La Tierra de Huesca, órgano de la Asociación de Agricultores y Ganaderos de la provincia, del que pronto será redactor jefe y director efectivo. En este periódico escribirá acerca de cualquier tema y se curtirá como periodista todoterreno, mientras, por otro lado, continúa enviando cuentos y poemas a distintos rotativos. Además, en la temporada 1919-1920, se estrenará en el teatro Principal oscense su obra Mariposuela, representada por los estudiantes de Magisterio.

Después de casi cuatro años en la capital del Ésera, Sender se inscribió en el ejército como voluntario. Tras diversas peripecias, a finales de 1923 arribó a Melilla, donde sirvió en el Regimiento de Infantería Ceriñola y llegó a suboficial de complemento. Durante su estancia en Marruecos publicaría artículos en El Telegrama del Rif y le sería concedido el primer premio del concurso de cuentos organizado por la revista Lecturas, dotado con la respetable cantidad de 600 pesetas. El relato ganador, “Una hoguera en la noche”, que luego reelaboraría, manteniendo el título, para una de sus novelas crepusculares, había sido escrito, al parecer, años antes de su salida para África. En enero de 1924 volvió a Huesca. Por poco tiempo porque, tras enviar su currículo y tener una entrevista con Nicolás María de Urgoiti, fundador de El Sol, ingresó en dicho periódico como redactor.

Las ideas de Sender se habían radicalizado y la dictadura primorriverista acrecentó aún más su rebeldía. Comenzó sus relaciones con la CNT y en septiembre de 1926 pasó unas semanas en la cárcel Modelo. En 1928 murió su madre y apareció publicado su primer libro, El problema religioso en Méjico. Al año siguiente, se integró en el grupo Espartaco de la FAI e incrementó su actividad conspirativa. Tras su fecunda etapa en El Sol, durante 1930 comenzó a colaborar en Solidaridad Obrera y La Libertad. Es también el año de la publicación de Imán, obra que iniciaría el ciclo de novelas sociales y comprometidas que lo convertirían en el narrador joven más prestigioso de la República instaurada en 1931. En esas fechas conoció a Amparo Barayón, empleada de la Telefónica, mecanógrafa y primera mujer del escritor, al que daría dos hijos, Ramón (1934) y Andrea (1936). Los años treinta son de gran fecundidad periodística para el escritor y, en cuanto a la publicación de libros de narrativa y artículos, hasta el inicio de la Guerra Civil, editó catorce títulos. Como periodista, sus reportajes más trascendentes fueron los que publicó en La Libertad acerca de los sucesos de Casas Viejas, luego reelaborados en Viaje a la aldea del crimen.

Ideológicamente, se fue escorando hacia las tesis comunistas, lo que se hace notar, especialmente  desde su estancia en la Unión Soviética (1933), invitado por la Unión Internacional de Escritores Revolucionarios. Las crónicas de ese viaje, que tuvo considerable repercusión, fueron publicadas por La Libertad. En 1935 fundó la revista Tensor, de la que salieron tres números, y dio a la luz su obra teatral El secreto, con marcado trasfondo ideológico-social. La novela Mr. Witt en el cantón le vale el premio Nacional de Literatura, concedido el día inicial de 1936 por un prestigioso jurado en el que figuraban A. Machado y Baroja. Durante el mes de julio, Sender y su familia se encontraban veraneando en San Rafael. Abortado el Alzamiento en la capital, el escritor se incorpora a las milicias y Amparo se refugia en su casa familiar de Zamora. Allí es interrogada, puesta en arresto domiciliario y, enterada de que han fusilado a sus hermanos, Antonio y Saturnino, protesta ante el gobernador y es detenida, encarcelada y, el 11 de octubre, asesinada. El certificado de defunción la declaraba soltera. El cura le había negado la absolución por el mismo motivo. El 13 de agosto había sido fusilado en Huesca, Manuel Sender, alcalde de la capital y hermano de Ramón. Este, que se enteró de la muerte de su mujer en enero de 1937, sufrió un comprensible impacto, al pensar, con cierto fundamento, que la habían asesinado por no poder matarlo a él, aunque en el ensañamiento con Amparo influyeran también otros motivos. Los hijos pasaron a la Cruz Roja Internacional y quedaron finalmente en Francia.

Los acontecimientos bélicos tampoco propiciaban el optimismo. Sender alternó las actividades culturales y políticas con las misiones en el frente, donde, como capitán, mandaba la compañía “Amanecer”. Además de editar Crónica del pueblo en armas. Historia para niños, publicó artículos en Milicia Popular, Juventud y El Mono Azul. Destinado como Jefe de Estado Mayor en la I Brigada Mixta de Líster, ante las actitudes de este, prefirió abandonarla, para seguir en Madrid. Las calumnias que el general comunista vertió sobre su conducta han sido ya desmentidas por la documentación aportada por Donatella Pini Moro y Jesús Vived. De hecho, Sender fue felicitado en el boletín de la I Brigada Mixta correspondiente al último día de 1936. De cualquier modo, se fue a Bayona para gestionar el traslado de sus hijos y conoció a Elixabete Altube, con la que convivió junto a ellos en Pau y Louvie-Juzon. Fue allí donde comenzó a escribir El lugar de un hombre y, el 16 de noviembre, nació Emmanuel, el tercero de sus descendientes. Elixabete mecanografió Contraataque, mientras Sender viajaba frecuentemente a Barcelona.

En la primavera de 1938 es enviado a los Estados Unidos para defender la causa republicana. A su vuelta, pide ir al frente pero se le nombra miembro del comité de redacción de Voz de Madrid, semanario editado en París, portavoz del Gobierno legal. Sus dos hijos mayores son ingresados en Duremont, un campo infantil de refugiados en Calais. Ramón entabla relación con una periodista austriaca y Elixabete Altube desaparece de su vida. En marzo de 1939 embarca rumbo a Nueva York, donde la escritora Julia Davis se hace cargo de sus hijos, contingencia que resultó definitiva. Como el escritor todavía no se manejaba en inglés, pensó que saldría adelante con mejor fortuna en Méjico, aunque temía que los comunistas lo asesinaran. No lo hicieron, pero le pusieron todas las dificultades posibles. Él procuró mantenerse independiente, viviendo de los derechos de sus traducciones y de las novelas que iba escribiendo. Al poco de llegar al país azteca, creó la editorial Quetzal, en la que publicó El lugar del hombre, Proverbio de la muerte, Mexicayotl -su primera colección de cuentos, una de las labores del escritor más injustamente desatendidas-, Hernán Cortés y Epitalamio del prieto Trinidad.

Tras el asesinato de Trotsky, todavía más preocupado por su vida, consiguió en agosto de 1942 el visado a los USA, gracias a las gestiones de Eleanor Roosevelt y a una beca de la Fundación Guggenheim. Instalado en Santa Fe (Nuevo México), conoció a Florence Hall, con la que se casó en Las Vegas el 12 de agosto de 1943 y quien iría traduciendo al inglés muchas de sus obras. Al mes siguiente comenzó a trabajar en el Amherst College de Massachusetts y, un año después, en la Universidad de Denver (Colorado), al tiempo que colaboraba en conocidas revistas estadounidenses, como Harper’s Magazine, Partisan Review, The Modern MagazineBooks Abroad, y continuaba con su producción literaria. En 1945 fue a Nueva York para trabajar como adaptador de películas en la Metro Goldwyn Mayer, lo que llevó a cabo con el seudónimo de Clemente Azlor. En enero de 1946 consiguió la ciudadanía norteamericana y, al año siguiente, aceptó una oferta para dar clases de literatura española en la Universidad de Alburquerque (Nuevo México), donde permanecería tres lustros en una situación de tranquilidad que no había conocido en su ajetreada vida. Allí comenzó el contacto con Joaquín Maurín, quizá su mejor amigo en el exilio y con el que entabló una rica correspondencia, ya publicada. Maurín creó en 1948 la American Literary Agency (ALA), donde Sender publicaría centenares de artículos hasta el final de su vida. Sin embargo, ambos no se conocerían hasta fines de 1953 en Chicago. En el transcurso de ese año se había publicado en la colección Aquelarre, dirigida por José Ramón Arana, Mosén Millán que, luego, con el nuevo título de Réquiem por un campesino español, se consagraría como la más popular de las obras senderianas. También allí se publicó Ariadna (1955), primera versión de Los cinco libros de Ariadna.

En 1962, Sender pasó un semestre como profesor visitante en la Universidad de Los Ángeles (UCLA) y, el curso siguiente, obtuvo su jubilación en Alburquerque aunque siguiera impartiendo cursos como emérito. A finales de ese año viajó a Europa y visitó Londres, París y Pau (Francia). Hacía casi un cuarto de siglo que faltaba del Viejo Continente. 1963 fue año de cambios. Al divorcio con Florence Hall, después de que la relación se hubiese ido enfriando, siguió el traslado a Los Ángeles, de clima más benigno y favorable para el asma que siempre padeció y que en los últimos años le fue ocasionando más problemas. Vivió brevemente con la poetisa panameña Rosa Elvira Álvarez y en 1965 aceptó una oferta de la Universidad del Sur de California, en la que impartió clases hasta 1972, fecha en que, afectado por continuas crisis de asma, su médico le aconsejó trasladarse a San Diego.

En 1965 la censura había aceptado sus primeras publicaciones en la España franquista, El bandido adolescente y Crónica del alba, a la que se le concedió el premio Ciudad de Barcelona (1966). El éxito popular de dichas ediciones propició que la editorial Destino publicara buena parte de su obra y que el 23 de noviembre de 1968 apareciese en la revista homónima de la editorial el primer artículo de Sender que se publicaba en España desde la Guerra Civil. Ese mismo año había sido nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Nuevo Méjico. A partir de entonces, obtendría reconocimientos en distintas partes del mundo. El más controvertido fue la concesión del premio Planeta en 1969. Parece ser que le fue ofrecido y aceptó a cambio de que se publicaran algunos de sus libros prohibidos. De finales de los sesenta datan los primeros estudios totalizadores sobre su obra, firmados por Josefa Rivas, Marcelino Peñuelas y su coterráneo Francisco Carrasquer.

Ya en San Diego y asistido por su ex mujer, Florence Hall, Sender pudo dedicarse exclusivamente a escribir, cosa que hizo con la compulsión de siempre. Y no dejó de recibir reconocimientos. En Zaragoza, el diario Aragón Exprés instauró el premio Sender (1972) y la Universidad del Sur de California también lo nombró doctor honoris causa. Desde hacía tiempo, anidaba en su mente el deseo de regresar a su patria. No cuajaron los intentos de diversas instituciones, hasta que en 1974 la Fundación Mediterránea le planteó dictar unas conferencias en Barcelona y Zaragoza. El escritor puso como condición que se publicaran cinco libros suyos prohibidos y Ricardo de la Cierva, a la sazón director general de Cultura, le contestó favorablemente. El 29 de mayo de de 1974 aterrizó en Barcelona, tras más de treinta y cinco años de ausencia. Aunque abundó en episodios de toda laya, el viaje fue un éxito en cuanto a la recepción popular y la repercusión en la prensa. Tras dos semanas, en las que visitó Barcelona, Zaragoza, Huesca y Madrid, volvió a San Diego. Todavía regresaría a España en dos ocasiones más, en mayo y en octubre de 1976. En este último protagonizó un sonoro incidente en la casa mallorquina de Camilo José Cela. El asma, que no hizo ninguna mella en su fecundidad, volvió ingratos muchos momentos de sus viajes. Hasta septiembre de 1980 Sender no recuperó la nacionalidad española, que le había sido arrebatada por el franquismo. Tanto dicho año como el siguiente, aparecieron una docena de títulos de su autoría. Su fecundidad, exacerbada al final de su vida, provocó que muchos de sus libros, exceptuando, Monte Odina y Álbum de radiografías secretas, desmerecieran frente a los títulos más poderosos de su creación.

En 1981 fue propuesto para el premio Nobel por el Spanish Institute, a lo que se adhirieron otras instituciones, como las diputaciones aragonesas, la Universidad de Zaragoza y varios centenares de profesores e intelectuales. Faltó la Real Academia Española y faltó el apoyo del, quizá, mayor muñidor del premio, Arthur Lundkvist, que simpatizaba con los comunistas. Tampoco Sender puso, aparentemente, mucho interés en el asunto. El16 de enero de 1982, tras inyectarse un preparado contra el asma, un infarto de miocardio abatió al escritor en la cocina de su casa de San Diego.

La biografía senderiana tuvo un excelente cronista en Jesús Vived Mairal; su obra, ha sido objeto de una rica bibliografía, que, salvo en los últimos aportes, puede consultarse en el volumen de Elizabeth Espadas. El Instituto de Estudios Altoaragoneses alberga un Centro de Estudios Senderianos que acoge la casi totalidad de sus escritos y gran parte de lo publicado sobre el autor de Chalamera. En cambio, no puede decirse que la crítica de la prensa periódica española de los últimos cuarenta años recibiera los libros de Sender como merecían. Una desvalorización políticamente interesada, proveniente, por un lado, de quienes, cercanos al régimen, no podían ver con buenos ojos su pasado revolucionario pero, también, por parte de la facción dominante de intelectuales doctrinarios y proclives al marxismo, que, con una mirada cercana al estalinismo hasta hace casi nada, juzgaba con severidad a quien no hubiera sido dócil con las tesis emanadas desde su covachuela. En el exterior, por el contrario, su obra fue siempre apreciada y, desde la temprana traducción de Imán, se convirtió en uno de los tres o cuatro escritores españoles del siglo XX más valorados fuera de su ámbito lingüístico.

Cuando Sender publica sus primeras obras, lleva una decena de años bregando con el periodismo diario por lo que puede decirse que es un escritor sin balbuceos y con unas premisas muy claras: el compromiso con el pueblo, las clases trabajadoras y los desfavorecidos. En toda su primera etapa ese será su tema fundamental, pero reaparece siempre y, a veces, con tanta fuerza como en Réquiem por un campesino español.

Ya tanto en su primera obra narrativa como en la anterior, El problema religioso en México, de índole reflexivo-periodística, se sostienen posturas mucho más radicales que las de los literatos considerados entonces en la avanzada social. Carrasquer lo considera como “uno de los tres o cuatro escritores que más influyeron en formar la mentalidad prerrevolucionaria en España” y basta un repaso superficial a toda su producción de los años treinta y cuarenta para concluir que no existe una sola publicación que no contenga un propósito de denuncia y reivindicación humana. Sus libros son siempre “en contra de algo” y, por antonomasia, antirreaccionarios. Pero, además, la altura literaria y la modernidad de sus propuestas formales no tienen parangón entre los novelistas españoles de su tiempo. Su vinculación con la vanguardia poco tiene que ver con la de sus coetáneos, los poetas del 27, pero es manifiesta en la estructura de sus narraciones más tempranas. Imán, por su parte, constituye uno de los alegatos antibelicistas más radicales publicados en el primer tercio del siglo XX.

Un recorrido por la etapa inicial de su obra nos conecta con exactitud con los problemas diarios y la microhistoria de un país en ebullición. Dejando aparte El verbo se hizo sexo, reelaboración de un texto adolescente que, con su punto de tremendismo, refleja las obsesiones místico-trascendentales del autor de Chalamera, el resto de sus títulos –nada menos que quince hasta el estallido de la Guerra Civil– dan cuenta de una estricta vinculación con la actualidad, ya sean de carácter periodístico o narrativo. Piénsese en Siete domingos rojos, novela pionera tanto respecto a la evolución de sus ideas como a los conflictos sociales del país, o en Mr. Witt en el cantón, que admite tantas lecturas que puede parecer tan exagerado como propio considerarlo un facsímil metafórico del último siglo de historia española pero, también, un barrunto de la inminente conflagración. En todo caso, en ambas novelas, el protagonismo en el trasfondo del pueblo español resulta de lo más convincente.

En toda la obra senderiana aparece el mecanismo de la “escritura como acción”, tan fundamental, asimismo, en otros autores del siglo XX, pero también la creencia en la función social de la literatura y la constancia de su compromiso libertario, que es como incidir en la ya comentada connivencia con la “descomunal arremetida del pueblo español en la preguerra”, que tan escaso eco ha suscitado entre los intelectuales patrios. Como señaló Carrasquer, resulta literalmente impresionante observar la cantidad de empresas renovadoras, culminadas o no con éxito, debidas a esta pujanza del pueblo español en los escasos nueve años que van desde la proclamación de la república a la derrota bélica. Más, teniendo en cuenta las circunstancias socio-económicas de quienes apenas podían dedicarse a otra cosa que no fuese a su supervivencia. Escribió Carrasquer: “[Sender] no pertenece en absoluto a ninguna reacción contra la estética ´turriebúrnea` del 27, ni sirve de ´eslabón` entre la novela social de preguerra y la de posguerra”. Efectivamente, aun siendo plenamente consciente de la función y las contradicciones del intelectual en sus contextos, como demuestran sus novelas y su obra periodística en los años treinta, escribía “desde dentro”, poseído de un entrañamiento visceral con el pueblo que, por otra parte, no contradecía su independencia. La única excepción sería Contraataque, obra al servicio de la causa, en la que el autor, en cierto modo, abdica de su creatividad, y que corresponde a un momento histórico en que otros libertarios tomaron actitudes comprensivas o reformistas de las que no tardarían en arrepentirse.

Tanto en las novelas como en los libros de artículos de los años treinta Sender supo estar en el centro de las preocupaciones de su tiempo pero también aportar una personalidad propia que se mantendría enteriza a lo largo de su dilatada vida como escritor. La necesidad de liberar el instinto que aparece en Carta de Moscú sobre el amor (1934) es la misma fe que se manifiesta en Mr. Witt en el cantón o en obras de su último período. Para él, el amor tiene su origen y su legitimidad en el sexo y lo demás son construcciones sociales hipócritas que tratan de imponer una valla para controlar todas las inclinaciones naturales a las que, al identificarlas con el mal, se imponen toda clase de castigos y amenazas.                                      

Contraataque, su novela de la guerra, está, como no podía ser de otra manera, tan condicionada por los acontecimientos bélicos, como por la particular situación del autor en el campo republicano, como trató de explicar en su prólogo a la edición de 1978. Fuera como fuese, se encuentra entre las de mayor calidad escritas durante la contienda y así parecen demostrarlo las varias traducciones que inmediatamente se acometieron. Pero donde el novelista encuentra un tono equilibrado y exacto, pese a su tremendismo, es en El lugar de un hombre, redactada en Francia y cuando la contienda estaba en su ecuador, aunque el autor había recogido materiales para ella desde hacía varios años. Titulada en su primera versión, de 1939, El lugar del hombre, se basaba en el llamado “crimen de Cuenca” sobre el que Sender había publicado una serie de reportajes para El Sol en marzo de 1926. En ellos daba noticia de la aparición de un hombre por cuyo asesinato se condenó a dos inocentes, que habían terminado por reconocer, a través de la tortura, el inexistente crimen y que, desde 1910, fecha de su detención, habían pasado largos años en el penal. Sender no se limitó al relato de los hechos, sino que incorporó otros materiales integrando, también, muchas de las obsesiones de su intensa peripecia personal, con lo que la obra multiplicó sus niveles de significado: la preocupación social; la omnipresencia de las raíces de su niñez rural aragonesa; el trasfondo de la división del país en dos bandos irreconciliables, con la metáfora latente de la guerra civil; el elemento existencial, tan presente en toda la producción senderiana y que durante toda la década de los cuarenta va a convertirse en el principal leitmotiv de la literatura europea, y, sobre todo ello, la afirmación de la importancia de cada ser humano en el mecanismo esencial del desenvolvimiento de la existencia y de la naturaleza, con la denuncia de lo que suponen hechos sociales como la marginación, la exclusión o el exilio interior o forzado. Sender logró así una intensidad descriptiva y emocional que convierte a El lugar de un hombre en una de las cimas de la novela española del siglo XX. La maestría en la distribución de los materiales narrativos, la capacidad de sugerencia y elipsis, el desgarrado realismo orlado de elementos poéticos, así como el magnífico dibujo de los personajes, expresado en trazos rápidos pero creíbles, y la precisa descripción de la sombría sociedad rural española de la preguerra constituyen otros de los principales rasgos de esta poderosa obra.

Los años cuarenta y cincuenta trajeron el periodo de mayor creatividad narrativa del escritor. Proverbio de la muerte (1939), convertido en La esfera a partir de las ediciones de 1947, nos muestra al Sender más metafísico, pulsión a la que tenderá en sus últimos años. Evidentemente influido por la densa peripecia de su último lustro, en el autor se suman la confusión y la perplejidad a la necesidad de encontrar un hilo de Ariadna, alguna clase de explicación que le permita salir no demasiado malparado del piélago de desdichas. Federico Saila, un exiliado, hasta cierto punto contrafigura del autor, viaja hacia su destino americano a bordo de una nave que congrega numerosos elementos simbólicos, como sucederá con otras dos grandes novelas, también en gran parte deudoras del drama de la Guerra Civil, El rey y la reina y El verdugo afable. Esta última recoge numerosos elementos biográficos, reelaboraciones de textos anteriores y referencias a obras de autores aragoneses emblemáticos como Miguel de Molinos y Braulio Foz. Con todo, se trata de una de las grandes creaciones de su autor en la que de nuevo, la perplejidad y la culpa inocente, son temas fundamentales. Antes, había publicado su novela americana, Epitalamio del prieto Trinidad, alucinada narración desarrollada en un penal del Caribe, en la que la violencia y la maldad se exorcizan a través de la pureza natural de la Niña Lucha, una de las figuras femeninas que tanto prodigó Sender, prototípicas imágenes elementales de la madre primigenia y del ideal. Sin embargo, quizá, la obra más trascendente de este periodo es Crónica del alba, que daría inicio a la serie de nueve novelas protagonizadas por Pepe Garcés, contrafigura del escritor, a la que daría remate en 1967. A la inusitada sinceridad, por más que idealizada, del recuerdo se unen un límpido y naturalísimo estilo, la credibilidad humana del protagonista y del resto de los personajes, la fijación de la figura que representa el ideal inalcanzado pero siempre presente en Valentina y la referencia a hechos reales en los que, muy senderianamente, se congregan la poesía, la crueldad de la vida y lo incomprensible del mundo. Sin duda, la obra más leída y celebrada de este periodo es la novela corta Mosén Millán, convertida en Réquiem por un campesino español para la edición de 1960. Ambientada en un pueblo aragonés, el fusilamiento de un joven campesino, delatado por el cura, que había sido su amigo, despierta los recuerdos y remordimientos de éste, lo que, con una precisión y poder evocador admirables, sirve para recrear el clima social, político y moral de la guerra y de su periodo de gestación. Sender dibuja aquí unos retratos inolvidables de personajes, al tiempo que, con un sentido dramático y coral, consigue que el pueblo y su espíritu enmarquen contenidamente la tragedia. Mainer la considera “la novela corta más perfecta y conmovedora de la literatura española contemporánea”.

Los cinco libros de Ariadna, aunque algo farragosa y pasada de extensión, contiene un magnífico y esclarecedor prólogo, con una intensa autoetopeya del autor, que ha sido abundantemente citado. La novela es, ante todo, un ajuste de cuentas con el pasado, en especial con el estalinismo, pero en ella también aparece la grotesca figura de Franco y la herida intimidad de Sender. Llena de connotaciones simbólicas y escrita en una especie de estado poético exaltado, su valor reside en su significación y en algunos fragmentos aislados. El año 1956 vio la aparición de la primera novela específicamente histórica, Bizancio, basada en la gesta de los almogávares y que anticipa con brillantez la capacidad de fabulación del autor en este subgénero narrativo. El personaje de la princesa María, contrapunto de la rudeza de los guerreros y uno más de los ejemplos de mujer-niña que fascinaran al escritor, es para Carrasquer la más bella creación femenina del novelista oscense. Igualmente, Mainer la considera una creación superior, tanto a la Niña Lucha del Epitalamio, como a Milagritos de Mr. Witt en el cantón, personaje que, para José María Jover, era el más humano, complejo y vigorosamente esbozado de cuantos había trazado Sender.

Aparte de obras de menor aliento, entre las que se cuenta La tesis de Nancy, uno de sus mayores éxitos comerciales y que iniciaría un ciclo compuesto por cinco novelas, en la década de los sesenta Sender dará a la luz la mayor parte de sus narraciones históricas: Los tontos de la Concepción, Carolux rex, La aventura equinoccial de Lope de Aguirre, El bandido adolescente, Tres novelas teresianas y Las criaturas saturnianas, entre las que se encuentran obras maestras del género. A partir de la concesión del premio Planeta en 1969 a En la vida de Ignacio Morel y, favorecido por el interés de los lectores españoles que, en su gran mayoría, acababan de conocer al escritor, los años que transcurren hasta su muerte se caracterizarán por el gran número de obras que entregará a su editor barcelonés José Verges, responsable de Destino. Nada menos que treinta y tres novelas, si seguimos la cuenta de Elizabeth Espadas, estudiosa de su bibliografía, entre Tánit (1970) y Hughes y el once negro (1984), publicada póstumamente. Si bien es evidente que no hay títulos inolvidables en el elenco y una porción de ellos pecan de divagatorios, también es cierto que no les suele faltar amenidad, se leen con gusto, abundan en agudezas o escolios memorables y, sobre todo, son un excelente resumen tanto de la amplísima panoplia de inquietudes senderianas como de su particular cosmovisión, que apenas se modifica en medio siglo de producción narrativa. Es precisamente en esta su última época cuando las preocupaciones trascendentes ocupan una parte sustancial de sus ficciones e incluso se apoderan de ellas, lo que ha constituido uno de los argumentos descalificadores más utilizados por la crítica para minusvalorar esta fase de su creación. Se trata, probablemente, de una depuración del tan mentado esencialismo senderiano que, en una etapa menos condicionada por las urgencias históricas y ya aproximándose el final de su vida, toma un protagonismo cada vez mayor. Esas preocupaciones aparecen desde el principio de su obra narrativa y toman cuerpo incluso en novelas tan comprometidas socialmente como puedan ser Imán, O. P., Siete domingos rojos y Mr. Witt en el cantón.

Además de la narrativa, Sender abordó otros géneros literarios y formas de escritura con idéntica convicción y voluntad. Dejando aparte su monumental correspondencia -que sólo se ha recogido parcialmente en dos libros y alguna publicación periódica- y sus muchos miles de artículos, que han dado lugar a una docena de volúmenes, teatro, ensayo y poesía están presentes desde el principio de su actividad literaria. De 1917 data su primer escrito en forma dialogada, publicado en la revista El Pilar, y de 1919, su primer estreno. Para llegar a su primera obra teatral publicada independientemente hemos de esperar hasta 1935, año en que aparece El secreto. A partir de entonces, otra docena títulos se suceden para la escena. Entre los más representativos: La Llave, Jubileo en el Zócalo y Don Juan en la mancebía.

Ensayístico fue su primer título, El problema religioso en Méjico, y ensayística es la vocación de muchos de los precitados libros que recopilaron artículos. Una de las cumbres en este género es la colección de ensayos recogida en Examen de ingenios. Los noventayochos, donde reunió no sólo los dedicados a su amigo Valle-Inclán y a sus congeneracionales, Unamuno y Baroja, sino también semblanzas interpretativas de Santayana, Juan Ramón Jiménez y Federico García Lorca. Poco conocidos y citados, constituyen, sin embargo, una agudísima visión y exégesis de personajes y obras. En Ensayos sobre el infringimiento cristiano Sender resumió su interpretación del hecho religioso y simbólico, en ocasiones, cercano a la filosofía hermética, el misticismo y la teosofía, teniendo en cuenta las aportaciones de los mitólogos contemporáneos. Heterodoxia religiosa que, desde su fascinación por Miguel de Molinos hasta sus últimas novelas, pasando, evidentemente, por la poesía, es una constante senderiana. Tres ejemplos de amor y una teoría, Ensayos del otro mundo y Por qué se suicidan las ballenas son otros tantos ejemplos de la variedad de las preocupaciones de su autor. Particularmente ilustrativos resultan El futuro comenzó ayer. Lecturas mosaicas, otro desatendido libro sobre el judaísmo y Ver o no ver. Reflexiones sobre la pintura española, que nos habla con agudeza de otra de sus pasiones, la pintura, actividad que el escritor practicó, sobre todo en sus años finales, con escasa brillantez. Pero quizá sean dos textos de esta última época, Monte Odina y Álbum de radiografías secretas, la más fascinante ejemplificación de las pulsiones del autor, de su proteica cultura, de su asendereada vida que le hizo asistir a tantos acontecimientos y conocer a tantas personalidades. Poco atendidos en el momento de publicarse, en los últimos años han sido reivindicados y reeditados.

Temprana es también, aunque esto resulte habitual, la relación del autor de Chalamera con la poesía. En 1918 publicó en el alcañizano El Pueblo “Las nubes blancas”, pero hasta 1960 no se decidió a reunir su producción poética en un libro, Las imágenes migratorias, aunque encontramos poemas aislados en alguna de sus novelas. Más adelante, refundió y aumentó la citada obra en Libro armilar y memorias bisiestas, que puede considerarse como la edición definitiva de su lírica y que, en un jugoso prólogo, contiene lo que podríamos considerar su testamento poético. Sender apreció mucho esta vertiente de su creación aunque despertara poco interés entre los estudiosos. El soneto fue su estrofa preferida y privilegió la disposición combinatoria y estructural del material poético en una lisis lírica en la que los elementos simbolistas y herméticos se interaccionaban con los resabios vanguardistas, que nunca lo abandonaron.

En definitiva, la obra de Sender está tintada por la época en que vivió pero también por su fuerte personalidad. Su repetida afirmación: “ir por el mundo sin máscara” no es sólo exhibicionismo sino un rasgo que considera altamente identificador del hombre aragonés. Aragonesismo que él mismo se encargó de corroborar sucesivamente y que alcanza su expresión más cabal en el tan citado y conmovedor prólogo a Los cinco libros de Ariadna pero que siempre estará presente y, de manera especial, en El lugar de un hombre (1939), Crónica del alba (1942), El verdugo afable (1952), Mosén Millán (1953), Bizancio (1956), Solanar y lucernario aragonés (1978), Monte Odina (1980) y Segundo solanar y lucernario aragonés (1981). Por otro lado, el escritor pasó más de la mitad de su vida en América y este continente y sus gentes tuvieron un fuerte protagonismo en su obra. “Novelista de ambos mundos”, lo denomina Carrasquer y es cierto que muy pocos escritores españoles, ni siquiera entre los del exilio, pueden ofrecer un conjunto tan numeroso de títulos dedicados a América -treinta y siete, incluida su primera obra-, ni una imbricación tan íntima con el espíritu y las mitologías del Nuevo Continente.

Si la patria del escritor es su infancia, pocos autores como Sender justifican ese dicho, ya que siempre se contó a sí mismo y en su obra trató de dar cuerpo a su creencia en que la misión del novelista consiste en hacer verosímil la realidad. Por eso, de su universo creativo puede extraerse una suerte de síntesis representativa de los acontecimientos más reseñables de la pasada centuria aunque, por muy pocos años, su factor no alcanzase a contemplar dos episodios tan trascendentales como la revolución informática y el derrumbe del comunismo. Hombre de acción, su escritura se inclina por la expresión directa aunque siempre procure dejar en la trastienda la sugestión del misterio y la perplejidad ante la vida. Pero su escritura es también eso: acción, vitalidad, pulsión de crear, lo que da lugar a una prodigalidad narrativa que nos recuerda a la de Lope, Galdós o Menéndez y Pelayo, autores que, como él, llevaron a la vida esa compulsión, ese deseo de abarcarlo todo que les arrastraba también a la hiperactividad erótica. De cualquier modo, la complejidad y riqueza de la personalidad del escritor no permiten más que apuntar aspectos de una obra y vida inabarcables y todavía con muchos espacios vírgenes en su trayectoria e interpretación. Pero, si se puede decir algo con seguridad es que, con sus errores, vacilaciones y desvíos, Sender no se doblegó ante doctrinas y mantuvo siempre incólume esa independencia, que llevó a la literatura.

                                                              OBRAS

Nota: En la lista de obras se consignan las primeras ediciones, las primeras ediciones españolas y aquellas en las que hay cambios significativos en el texto, son ediciones críticas o con escolios.

Mariposuela (comedia), estr. en 1919.

El problema religioso en Méjico (ensayo), Madrid, Cenit, 1928.

Imán, Barcelona, Cenit, 1930. / Barcelona, Destino, 1976. / (ed. de Francisco Carrasquer) Huesca, IEA, 1992.

América antes de Colón (ensayo), Valencia, Cuadernos de Cultura, 1930.

-O. P. (Orden Público), Madrid, Cenit, 1931. / México, Ediciones Panamericanas, 1941.

El verbo se hizo sexo. Teresa de Jesús (biografía), Madrid, Zeus, 1931.

La República y la cuestión religiosa (artículos), Barcelona, Tip. Cosmos, 1932.

Teatro de masas (artículos), Valencia, Orto, 1932.

Siete domingos rojos, Barcelona, Balagué, 1932. / (ed. de Miguel Oltra Tomás) Zaragoza, Prensas Universitarias-IEA, 2004.

Casas Viejas. Episodios de la lucha de clases (artículos), Barcelona, Cenit, 1933. / (ed. de José Domingo Dueñas y Antonio Pérez Lasheras) Zaragoza, Prensas Universitarias-IEA, 2004.

La noche de las cien cabezas, Madrid, Orto, 1934.

Madrid-Moscú. Notas de viaje (artículos), Madrid, Pueyo, 1934.

Carta de Moscú sobre el amor (artículos), Madrid, Pueyo, 1934.

Viaje a la aldea del crimen (artículos), Madrid, Pueyo, 1934. / (ed. de José María Salguero Rodríguez) Madrid, Vosa, 2000.

Proclamación de la sonrisa (artículos), Madrid, Pueyo, 1934.

El secreto (drama), Madrid, Tensor, 1935.

Mr. Witt en el Cantón, Madrid, Espasa-Calpe, 1936. / Madrid, Alianza, 1968. / (ed. de José María Jover) Madrid, Castalia, 1987.

La llave (teatro), estr. el 2-X-1936. (V. ediciones en La llave [1960]).

Crónica de un pueblo en armas (historia para niños), Valencia, Ediciones Españolas, 1936.

Primera de acero, Madrid, 5º Regimiento, 1936.

Contraataque, Madrid, Nuestro Pueblo, 1938 / Salamanca, Almar, 1987.

El lugar del hombre, México, Quetzal, 1939. / Con el título, El lugar de un hombre, México, CNT, 1958. / Barcelona, Destino, 1968. / (ed. de Donatella Pini Moro) Huesca, IEA, 1998.

Proverbio de la muerte, México, Quetzal, 1939.

Hernán Cortés (teatro), México, Quetzal, 1940.

Mexicayotl (cuentos), México, Quetzal, 1940.

Epitalamio del prieto Trinidad, México, Quetzal, 1942. / Barcelona, Destino, 1966.

Crónica del Alba, México, Nuevo Mundo, 1942. / Nueva York (EE.UU.), Las Américas, 1963. / Barcelona, Andorra, 1969. / Barcelona, Destino, 2001. La ed. de Las Américas recoge también: Hipogrifo violento, La Quinta Julieta El mancebo y los héroes, publicadas anteriormente e incorpora: La onza de oro y Los niveles del existir. La ed. de Andorra constituye la obra completa con la inclusión de tres partes nuevas: Los términos del presagio, La orilla donde los locos sonríen y La vida comienza ahora.

La esfera (nueva versión de Proverbio de la muerte), Buenos Aires, Siglo Veinte, 1947. / Madrid, Aguilar, 1969.

El vado, Toulouse (Francia), La Novela Española nº 8, 1948. / Zaragoza, DPZ, 2001.

El rey y la reina, México-Buenos Aires, Jackson de Ediciones Selectas, 1948-1949. / Barcelona, Destino, 1970.

El verdugo afable, Santiago de Chile, Nascimento, 1952. / Madrid, Aguilar, 1970.

Mosén Millán, México, Aquelarre, 1953. / Con el título Réquiem por un campesino español, Nueva York (EE.UU.), Las Américas, 1960. / (ed. de Patricia Mc Dermott) Manchester (Reino Unido), University Press, 1992. / (ed. de Francisco Carrasquer) Barcelona, Destino, 1998.

Hipogrifo violento, México, Aquelarre, 1954.

Ariadna, México, Aquelarre, 1955. Ampliada considerablemente en Los cinco libros de Ariadna, Nueva York (EE.UU.), Ibérica, 1957. / Barcelona, Destino, 1977. / (ed. de Patricia McDermott) Zaragoza, IEA-Prensas Universitarias, 2004.

Unamuno, Valle Inclán, Baroja y Santayana. Estudios críticos (ensayo), México, De Andrea, 1955.

Bizancio, México, Diana, 1956. / Andorra la Vella, Editorial Andorra, 1968.

La Quinta Julieta, México, Costa Amic, 1957. / (ed. de Jesús Vived Mairal) Zaragoza, DPZ, 2001.

Emen hetan (Aquí estamos), México, Libro Mex, 1958.

El diantre (tragicomedia para el cine según un cuento de Andreyev), México, De Andrea, 1958. / con Los Antofagastas y Donde crece la marihuana en Comedia del diantre y otras dos, Barcelona, Destino, 1969.

Los laureles de Anselmo (novela dialogada), México, Atenea, 1958. / Barcelona, Destino, 1972.

La llave (cuentos), Montevideo, Alfa, 1960. / La llave y otras narraciones, Madrid, Magisterio Español, 1967. / (ed. de Jesús Vived Mairal) Huesca, IEA, 2001.

Las imágenes migratorias (poesía), México, Atenea, 1960.

El mancebo y los héroes, México, Atenea, 1960.

Novelas ejemplares de Cíbola (cuentos), Nueva York (EE.UU.), Las Americas, 1961. / Santa Cruz de Tenerife, Romerman, 1967.

Examen de ingenios. Los noventayochos (ensayo), Nueva York (EE.UU.), Las Américas, 1961.

La luna de los perros, Nueva York (EE.UU.), Las Américas, 1962. / Barcelona, Destino, 1969.

La tesis de Nancy, México, Atenea, 1962. / Madrid, Magisterio Español, 1968. / (ed. de Francisco Troya Márquez y Pilar Úcar Ventura) Barcelona, Casals, 1999.

Carolus Rex. Carlos II el Hechizado, México, Editores Mexicanos Unidos, 1963. / Barcelona, Destino, 1971.

Los tontos de la Concepción. Crónica misionera, Sandoval (EE.UU.), Coronado, 1963.

Jubileo en el Zócalo (teatro), Nueva York (EE.UU.), Florence Hall, 1964. / Barcelona, Delos-Aymá, 1967.

La aventura equinoccial de Lope de Aguirre, Nueva York (EE.UU.), Las Américas, 1964. / Madrid, Magisterio Español, 1967. / (ed. de Pilar Úcar Ventura) Barcelona, Casals, 1998.

El bandido adolescente, Barcelona, Destino, 1965.

Cabrerizas Altas (cuentos), México, Editores Mexicanos Unidos, 1965. / (ed. de Vicente Moga Romero) Cabrerizas Altas (novela). Arabescos. Impresiones del carnet de un soldado (artículos periodísticos), Melilla, Ayuntamiento de Melilla, 1990.

El sosia y los delegados, México, Costa-Amic, 1965.

Valle Inclán y la dificultad de la tragedia (ensayo), Madrid, Gredos, 1965.

Las gallinas de Cervantes y otras narraciones parabólicas (cuentos), México, Editores Mexicanos Unidos, 1967.

Tres novelas teresianas (La puerta grande, La princesa bisoja, En la misa de fray Hernando), Barcelona, Destino, 1967.

Ensayos sobre el infringimiento cristiano, México, Editores Mexicanos Unidos, 1967. / Madrid, Editora Nacional, 1975.

Las criaturas saturnianas, Barcelona, Destino, 1968.

Don Juan en la mancebía (drama litúrgico), México, Editores Mexicanos Unidos, 1968. / Barcelona, Destino, 1972.

El extraño señor Photynos y otras novelas americanas (cuentos), Barcelona, Delos-Aymá, 1968.

En la vida de Ignacio Morel, Barcelona, Planeta, 1969.

Comedia del diantre y otras dos (teatro), Barcelona, Destino, 1969.

Nocturno de los 14, Nueva York (EE.UU.), Iberama, 1969. / Barcelona, Destino, 1970.

Crónica del alba (primera edición completa, con los nueve vols.), Barcelona, Andorra, 1969.

Novelas del otro jueves (cuentos), México, Aguilar, 1969.

Tres ejemplos de amor y una teoría (ensayo), Madrid, Alianza, 1969.

Tánit, Barcelona, Planeta, 1970.

Zu, el ángel anfibio, Barcelona, Planeta, 1970.

Ensayos del otro mundo, Barcelona, Destino, 1970.

Relatos fronterizos (cuentos), México, Editores Mexicanos, 1970. / Barcelona, Destino, 1972.

La antesala, Barcelona, Destino, 1971.

El fugitivo, Barcelona, Planeta, 1972.

Túpac Amaru, Barcelona, Destino, 1973.

Una virgen llama a tu puerta, Barcelona, Destino, 1973.

Donde crece la marihuana (drama), Madrid, Escelicer, 1973.

La mesa de las tres moiras, Barcelona, Planeta, 1974.

Cronus y la señora con rabo (bajo el signo de Cáncer), Barcelona, Akal, 1974.

Nancy, doctora en gitanería, Madrid, EMESA, 1974.

Nancy y el bato loco, Madrid, EMESA, 1974.

Las Tres Sorores (remodelación de Siete domingos rojos), Barcelona, Destino, 1974.

Libro armilar de poesía y memorias bisiestas (poesía), México, Aguilar, 1974.

El futuro comenzó ayer. Lecturas mosaicas (ensayo), Madrid, CVS, 1975.

Las efemérides (bajo el signo de Libra), Madrid, Sedmay, 1976. / Barcelona, Destino, 1981.

El pez de oro, Barcelona, Destino, 1976.

Arlene y la gaya ciencia, Barcelona, Destino, 1976.

El alarido de Yaurí, Barcelona, Destino, 1977.

Gloria y vejamen de Nancy, Madrid, Magisterio Español, 1977.

El mechudo y la llorona, Barcelona, Destino, 1977.

Adela y yo, Barcelona, Destino, 1978.

El superviviente, Barcelona, Destino, 1978.

Solanar y lucernario aragonés (artículos), Zaragoza, Heraldo de Aragón, 1978.

Epílogo a Nancy (bajo el signo de Tauro), Barcelona, Destino, 1979.

La mirada inmóvil, Barcelona, Argos Vergara, 1979.

Por qué se suicidan las ballenas (bajo el signo de Sagitario) (ensayo), Barcelona, Destino, 1979.

Luz zodiacal en el parque (bajo el signo de Acuario), Barcelona, Destino, 1980.

Monte Odina, Zaragoza, Guara, 1980. / (ed. de Jean-Pierre Ressot) La Coruña, Ediciós do Castro, 2003.

Una hoguera en la noche (bajo el signo de Aries) Barcelona, Destino, 1980.

La muñeca en la vitrina (bajo el signo de Virgo), Barcelona, Destino, 1980.

Saga de los suburbios (bajo el signo de Escorpio), Barcelona, Destino, 1980.

Ramú y los animales propicios, Barcelona, Argos Vergara, 1980.

Ver o no ver. Reflexiones sobre la pintura española (ensayo), Madrid, Heliodoro, 1980.

La cisterna de Chichén-Itzá, Barcelona, Acervo, 1981.

Chandrío en la plaza de las Cortes, Barcelona, Destino, 1981.

Orestíada de los pingüinos (bajo el signo de Piscis), Barcelona, Destino, 1981.

El oso malayo (bajo el signo de Leo), Barcelona, Destino, 1981.

Memorias bisiestas (bajo el signo de Sagitario), Barcelona, Destino, 1981.

Segundo solanar y lucernario (artículos), Zaragoza, Heraldo de Aragón, 1981.

El jinete y la yegua nocturna (bajo el signo de Capricornio), Barcelona, Destino, 1982.

La kermesse de los alguaciles (bajo el signo de Géminis), Barcelona, Destino, 1982.

Álbum de radiografías secretas (ensayo), Barcelona, Destino, 1982.

Los cinco libros de Nancy, Barcelona, Destino, 1984.

Hugues y el once negro, Barcelona, Destino, 1984.

Toque de queda (pensamientos), Barcelona, Plaza & Janés, 1985.

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                                                                Autorretrato

Otras entradas sobre Ramón  J. Sender en este blog:

https://javierbarreiro.wordpress.com/2015/02/02/ramon-j-sender-el-lugar-de-un-hombre/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2012/12/09/introduccion-a-sender-en-su-siglo-de-francisco-carrasquer/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2015/08/16/filias-y-fobias-de-r-j-sender-una-entrevista-olvidada/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2016/03/21/el-joven-sender-autor-de-los-desconocidos-guiones-de-cocoliche-y-tragavientos/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2016/11/26/un-cuento-desconocido-el-primer-texto-de-sender-publicado-en-madrid-1916/

 

 

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comentarios
  1. EL mejor escritor narrativo , y de todos los tiempos mas en literatura don ramon j. sender y otros seudonimos que uso por sus creencias rebolucionaris y anti franquistas……………….

  2. Miguel Ángel dice:

    “Ir por el mundo sin máscara”… ¡Genial Sender! ¡Genial recordatorio de un enorme escritor!

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