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 Define en una frase quién era Amparo Poch?

-Una médica libertaria que, en la parte central y más conflictiva del siglo XX, desarrolló una gran labor en favor de la mujer obrera y de los desfavorecidos.

-Define en una frase por qué fue importante A. Poch?

-Por ser pionera en obtener una licenciatura universitaria, en escribir publicaciones en favor de la libertad de la mujer y trabajar gratuitamente para promocionar la higiene de las mujeres, propagando  los conocimientos sobre anticoncepción, la maternidad, el amor libre…

-Cuál era la situación de la mujer en España cuando crece Amparo?

-Leyes retrogradas en la familia y en el matrimonio, una mayoría de la población femenina, en gran medida tutelada por la Iglesia, sin posibilidad de voto… Incluso su situación no era mucho mejor en sectores progresistas salvo excepciones, como,por ejemplo, sucedía con Lulú, la compañera de Durruti.

-¿Cuándo nace Amparo Poch y en qué ambiente crece?

-Nace el 15 de octubre de 1902, día de Santa Teresa, con la que tiene alguna concomitancia. Clase media muy conservadora, lo que se incrementa con su padre militar y el ambiente en que ella se desenvolvía, al menos hasta que comienza sus estudios universitarios.

-Qué movilizaciones sociales existían en la Zaragoza de los años 20?

-Desde 1918 a 1923, Zaragoza registró el mayor número de huelgas de todo el país. En el verano del 23 fue asesinado del cardenal Soldevilla y sólo entre 1922 y el advenimiento de la Dictadura (13-9-1923) hubo tres huelgas generales y 19 parciales, aparte de atracos recaudatorios, el asesinato del policía López Feced y numerosos atentados entre sindicalistas y elementos al servicio de la patronal.  

-Cómo se implica Amparo en ellas?

-Su implicación es, más que nada, a través de su enfoque social en el ejercicio de la medicina, con sus trabajos en periódicos como La Voz de Aragón, La Voz de la Región, Tiempos Nuevos y otros, sobre todo a partir de la República, en los que defiende, las ideas libertarias, feministas y de progreso.

-¿Qué relación tiene con el anarquismo?

 -Como es sabido, Aragón era, con Cataluña y Andalucía, la mayor cantera anarquista en España: los hermanos Ascaso, los hermanos Carrasquer, Felipe Aláiz, Ángel Samblancat, Ramón Acín, Torres Escartín, Ramón J. Sender, etc. En 1919 la CNT tenía 15.000 afiliados en la región y la UGT, apenas 1.000. Dado su sentido social y sus amistades, lo normal es que muy pronto se adhiriera a las ideas libertarias. 

-Qué formación tiene Amparo en aquella época?

-Los estudios de Magisterio, por supuesto, los de Medicina, más las lecturas que, a partir de sus contactos con el periodismo y los ambientes progresistas, sindicalistas y libertarios, fue realizando.  Ella fue una magnífica estudiante.

-Cómo ve el papel de la mujer en la sociedad de los años veinte?

Lo cierto es que en las clases burguesas o pequeño-burguesas, hubo grandes avances, sobre todo en cuanto a la libertad de comportamiento, de indumentaria, de horarios, de huida del  control que ejercía la iglesia… Se debatían asuntos como el divorcio o la contraconcepción que antes eran tabú. Hay mujeres que practican el naturismo, el amor libre… Pero, naturalmente, la mayoría seguía anclada en la esclavitud de los prejuicios.  

¿A que se dedica profesionalmente al concluir la carrera de medicina?

-Sobre todo a la divulgación científica dirigida a las mujeres, en especial, las obreras: higiene, sexo, anticoncepción, maternidad, puericultura… Su Cartilla de consejos a las madres es de 1931; también se dedica al ejercicio del periodismo. Como mujer se le prohibió ejercer la medicina, pero se colegió el 3 de octubre de 1929 y pronto fue vicesecretaria del Colegio de Médicos. Tuvo consulta en su casa de la Calle Madre Rafols y, después, en el nº 30 de la calle Cerdán, vía urbana hoy desaparecida, A las mujeres sin recursos no les cobraba.

-Cuál crees que era el modelo de mujer por el que luchó Amparo Poch?

-Lo refleja muy bien el nombre de la Asociación en la que militó desde su llegada a Madrid: Mujeres libres. El concepto de libertad en su tiempo y en el nuestro era muy diferente y la libertad de la mujer de hoy parecía una utopía.

-Qué aspectos destacarías de su pensamiento en el campo de la sexualidad de la mujer?

Muy cercano al que tenía Hildegarth, con la que compartía muchas ideas. Necesidad de información, de higiene y de posibilidades económico-sociales de disfrutar del propio cuerpo y el de los demás sin ataduras, complejos o condicionamientos. Uno de sus textos más significativos es “Elogio del amor libre” (1936).

-Crees que la situación de la mujer hoy se asemeja a su ideal de mujer?

-Se aproxima bastante, al menos en las sociedades occidentales. Si Amparo tuviera posibilidad de visitar hoy cualquier ciudad europea se maravillaría al comprobar que casi todo lo que por ella luchó se ha conseguido.

-Cuáles son las principales publicaciones de la época en Zaragoza?

La Voz de la Región. La Voz de Aragón, luego en Mujeres españolas y revistas cercanas al anarquismo como Orto, Estudios, CNT, Solidaridad Obrera…

-En cuáles de ellas escribe Amparo? Cuáles era las que leía?

Leería La Novela Ideal, la colección de narrativa anarquista que lanzó Germinal Esgleas y otras colecciones de Novela Corta de índole progresista, como La Novela de Hoy, La Novela Semanal, Los Novelistas. Y, seguramente, al Dr. Félix Martí Ibáñez, la firma más señera de la medicina libertaria.…

*Producido por Institut Catalá de les Dones

V. también en este blog:

https://javierbarreiro.wordpress.com/2011/02/06/amparo-poch-el-hallazgo-de-un-personaje/

ALÁIZ DE PABLO, Felipe, Belver de Cinca (Huesca), 23-05-1887 / París (Francia), 08-04-1959
Seudónimos: Rodela / Javierre / Marco Flavio / Clavileño
Género: Narrativa

Alaiz, Felipe

Fue hijo de un capitán que participó en la Guerra de Cuba y, al retirarse, se trasladó con la familia a Albalate de Cinca, donde pronto fallecería. Felipe cursó estudios en Lérida, Huesca y Zaragoza. Al mismo tiempo, comenzó a colaborar en publicaciones periodísticas y a contagiarse del ambiente bohemio y militante de la época, que lo llevó hasta Barcelona, París, Sevilla y Madrid, si bien la Ciudad Condal fue su principal centro de operaciones. En Zaragoza dirigió durante dos años la Revista de Aragón y, más tarde, firmó artículos en Heraldo de Aragón, Cultura y Acción y Diario de Aragón. En Madrid y a instancias de Ortega y Gasset, colaboró en El Sol y tuvo un estrecho contacto con la vida cultural. En ese periodo, al finalizar la segunda década del siglo, su republicanismo federal fue dando paso a las ideas libertarias, de las que llegó a ser uno de los más conspicuos difusores en el tiempo que le tocó vivir. Para su principal estudioso, Francisco Carrasquer, se trata del novelista más valioso que dio el anarquismo español. De cualquier modo, su quehacer periodístico se mantuvo siempre vigente y fue el que cimentó su reputación. Dio a la prensa centenares de artículos y dirigió periódicos de tanta repercusión como Tierra y Libertad o Solidaridad Obrera. Multado, detenido y encarcelado en numerosas ocasiones, durante la Guerra Civil se opuso a la participación cenetista en el gobierno republicano, lo que deparó su confinamiento en Lérida. En el exilio francés, tras larga estancia en campos de concentración, vivió en hoteluchos parisinos con escapadas a Toulouse y Burdeos, donde publicó los breves y lúcidos ensayos a los que dedicó su energía. Volvió a colaborar y dirigir publicaciones libertarias como CNT y, en la medida de lo posible, siguió con su labor como traductor de escritores contemporáneos hasta su muerte en un hospital parisino.

Alaiz QuinetEn 1922 publicó su primer folleto, El trabajo será un derecho, y un año Alaiz Tipos españoles IIImás tarde comenzó su serie de novelas cortas, dada la dificultad de publicar textos revolucionarios durante la dictadura primorriverista. Muy pronto apareció la que será su única novela larga, Quinet, original estampa de la sociedad española de su tiempo, donde ya destacan su preocupación por el estilo y la solidez de la construcción narrativa. Lo que empieza siendo en la primera parte, “Ciudad mudéjar”, la visión personal del protagonista, Quinet, de una capital de provincia (Zaragoza), se fragmenta y multiplica en la Villa de Segundones (Albalate de Cinca). En “Corros”, los estilos se gradan en torno a los temas de reunión de los estudiantes, monjas, asistentes a cafés y niñas que la protagonizan. En el tramo final, “Virgen Ceñuda”, un Quinet andariego que ya “ha aprendido a mirar”, claro y distinto, se ofrece a la libre opinión y a la libre plática con el lector. Se trata, pues, de una novela “diferente” y de gran modernidad, de la que no existen ediciones recientes.

Aláiz, Felipe 1955

                                                                         OBRAS

Ellisabet (novela), Barcelona, Col. La Novela Roja nº 32, 1923.

Oro molido (novela), Sevilla, Barral, Col. La Novela de Actualidad nº 7, mayo 1923.

Quinet (novela), Barcelona, Hoy, 1924. / París, Ediciones Solidaridad Obrera, 1961.

Fulano de tal (novela), Barcelona, La Revista Blanca, Col. La Novela Ideal, 1924.

El grumete (novela), Sabadell (Barcelona), Crisol, Col. La Novela Social nº 4, 1926.

Amor mío, ven temprano (novela), Barcelona, Col. La Novela Roja nº 3, 1926.

El voluntario superviviente. Sociología del lobo (novelas), Barcelona, Vértice, 1931.

Un club de mujeres fatales (novela), Barcelona, La Revista Blanca, Col. La Novela Ideal nº 241, 1931.

María se me fuga de la novela (novela), Barcelona, La Revista Blanca, Col. La Novela Ideal nº 303, 1932.

Cómo se hace un diario. Una hora de lectura (ensayo), Barcelona, Horizontes, 1933.

La expropiación invisible (ensayo), Barcelona, Cuadernos Rojo y Negro, 1933.

Los aparecidos (novela),  Barcelona, La Revista Blanca, Col. La Novela Ideal nº 381, 1935. / (ed. modificada) El aparecido, Toulouse (Francia), Universo, s. f. ¿1947?

El problema de la tierra. Reforma agraria y expropiación social (ensayo), Barcelona, La Revista Blanca, 1935.

Vida y muerte de Ramón Acín (biografía), Barcelona, CNT-FAI-JJLL, 1937.

Durruti. Biografía del héroe de la revolución de julio, Barcelona, Maucci, 1937.

Por una economía solidaria entre el campo y la ciudad (ensayo), Barcelona, CNT-FAI, 1937.

La Universidad popular (ensayo), Valencia, Nosotros, 1938.

Vicente Blasco Ibáñez (biografía), Barcelona, Mundo, 1938.

España social federal (ensayo), Burdeos (Francia), Tierra y Libertad, 1945.

Nueva maldición del practicismo (ensayo), Burdeos (Francia), Tierra y Libertad, 1945.

El municipio español desde la época de Roma (ensayo), Burdeos (Francia), Tierra y Libertad, 1945.

La federación local es el municipio (ensayo), Burdeos (Francia), Tierra y Libertad, 1945.

El municipio, mandatario de la asamblea abierta (ensayo), Burdeos (Francia), Tierra y Libertad, 1945.

Excursión reclusiana por la España fluvial (ensayo), Burdeos (Francia), Tierra y Libertad, 1946.

Excursión reclusiana por la España árida (ensayo), Burdeos (Francia), Tierra y Libertad, 1946.

Las costas de la Península Ibérica (ensayo), Burdeos (Francia), Tierra y Libertad, 1946.

Cultura metódica de base funcional (ensayo), Burdeos (Francia), Tierra y Libertad, 1946.

Economía federable (ensayo), Burdeos (Francia), Tierra y Libertad, 1946.

Arte de escribir sin arte (ensayo), Toulouse (Francia), FIJL, 1946.

Sentido actual de la cooperativa (ensayo), Burdeos (Francia), Tierra y Libertad, 1947.

Arte accesible (ensayo), Burdeos (Francia), Tierra y Libertad, 1947.

Cifra y prueba de la vida local española (ensayo), Burdeos (Francia), Tierra y Libertad, 1947.

Alaiz Hacia una federación de autonomías Ibéricas006

Indalecio Prieto, padrino de Negrín y campeón anticomunista (ensayo), Toulouse (Francia), Páginas Libres, 1947.

La jueza (comedia social), estr. en Toulouse en 1947.

Carta municipal acordada (ensayo), Burdeos (Francia), Tierra y Libertad, ¿1947?

Urbanismo (ensayo), Burdeos (Francia), Tierra y Libertad, ¿1947?

Las ideas universales en el pensamiento español (ensayo), Burdeos (Francia), Tierra y Libertad, ¿1947?

País Vasco y Cataluña (ensayo), Burdeos (Francia), Tierra y Libertad, 1948.

Las ideas universales en el pensamiento español (ensayo), Burdeos (Francia), Tierra y Libertad, 1948.

La zarpa de Stalin sobre Europa (ensayo), Toulouse (Francia), Páginas Libres, 1948.Alaiz La zarpa de Stalin sobre Europa

Azaña. Combatiente en la paz, pacifista en la guerra (ensayo), Toulouse (Francia), Páginas Libres, ¿1948?

Sugestión de España en el mundo (ensayo), Toulouse (Francia), CNT, 1948.

Tipos españoles (semblanzas, 2 vols.), París, Umbral, 1962-1965.

Por una Iberia vertebrada (ensayo), Madrid, Fundación Anselmo Lorenzo, 1984.

Relación sociable de los pueblos ibéricos (ensayo), Madrid, Fundación Anselmo Lorenzo, 1984.

Conclusiones (ensayo), Madrid, Fundación Anselmo Lorenzo, 1984.

                                                           BIBLIOGRAFÍA

-CALVO ALFARO, Julio, “Acotaciones. Felipe Aláiz”, El Ebro nº 135, agosto 1928.

-CALVO CARILLA, José Luis, El modernismo literario en Aragón, Zaragoza, IFC, 1989, p. 194.

-CARRASQUER, Francisco, “Samblancat, Aláiz y Sender: tres compromisos en uno”, Papeles de Son Armadans nº 228, marzo 1975.

-, Voz: “Aláiz de Pablo, Felipe”, Gran Enciclopedia Aragonesa, tomo I, Zaragoza, UNALI, 1980, p. 85.

-, Felipe Aláiz o el compromiso elíptico, Zaragoza, Guara, 1980.

-, Felipe Aláiz, Madrid, Júcar, 1981.

Carrasquer Felipe Aláiz Estudio y Antología008

-, “La eutrapelia de un aragonés irreductible: Felipe Aláiz”, Andalán nº 360, 30-VI-1982.

-, “Felipe Aláiz: la heterodoxia de un radical”, La línea y el tránsito, Zaragoza, IFC, 1990, pp. 287-291.

-, “Cinco oscenses en la punta de lanza de la prerrevolución española: Samblancat, Aláiz, Acín, Maurín y Sender”, Alazet nº 5, 1993, pp. 9-69.

-COMÍN GARGALLO, Gil, “En memoria de un gran escritor que se nos perdió”, El Noticiero, 21-I-1970.

-, “Tres escritores aragoneses”, El Noticiero, 23-IV-1972.

-, Padrón sintético de escritores aragoneses, Zaragoza, Biblioteca de Aragón, Col. Facsímiles nº 2, 1992.

-CONTE OLIVEROS, Jesús, Personajes y escritores de Huesca y provincia, Zaragoza, Librería General, 1981, p. 50.

-DOMÍNGUEZ, Antonio (dir.), Voz: “Aláiz de Pablo, Felipe”, Gran Enciclopedia Aragonesa 2000, tomo I, Zaragoza, El Periódico de Aragón, 2000, p. 116.

-DUEÑAS LORENTE, José Domingo, Costismo y anarquismo en las letras aragonesas. El grupo de Talión (Samblancat, Aláiz, Acín, Bel, Maurín), Zaragoza, Edizions de l´Astral, 2000.

-, “Felipe Aláiz, escritor anarquista huido del Parnaso”, Trébede nº 52, junio 2001.

-,  “Muere Felipe Aláiz de Pablo”, Gran Enciclopedia Aragonesa, apéndice IV, Zaragoza, UNALI, 2001, p. 290.

-, “Felipe Aláiz de Pablo”, Historia de la Autonomía de Aragón, Zaragoza, REA, 2003, pp. 79-81.

-FERNÁNDEZ CLEMENTE, Eloy, Gente de Orden. Aragón durante la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), tomo IV, Zaragoza, Ibercaja, 1997, pp. 223-224.

FONTAURA (Vicente Galindo Cortés), “Felipe Aláiz, anarquista heterodoxo”, Ruta nº 35, 1-VI-1978.

-GONZÁLEZ, Ildefonso, “Felipe Aláiz, periodista y escritor”, Conclusiones, Madrid, Fundación Anselmo Lorenzo, 1984, pp. 29-39.

-HORNO LIRIA, Luis, Autores aragoneses, Zaragoza, IFC, 1996, p. 23.

-LÓPEZ DE ZUAZO ALGAR, Antonio, Catálogo de periodistas españoles del siglo XX, Madrid, Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense, 1981, p. 17.

-MAINER, José Carlos, “Literatura moderna y contemporánea”, Enciclopedia Temática de Aragón, tomo VII, Literatura, Zaragoza, Moncayo, 1988, p. 253.

-MELERO RIVAS, José Luis, Los libros de la guerra, Zaragoza, REA, 2006, pp. 41-42.

-MONTSENY, Federica, “En torno a Felipe Aláiz”, Cénit nº 101 (Toulouse), mayo 1959, pp. 2695 y ss.

-VV.AA., La voz de los náufragos. La narrativa republicana entre 1936 y 1939, Madrid, Ediciones de La Torre, 1997.

Publicado en Javier Barreiro, Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005), Zaragoza, Diputación Provincial, 2010, pp. 60-63.

Alaiz Sugestión de España en el mundo005Aláiz Arte accesible

Hace poco más de un año y coincidiendo con el primer aniversario de su muerte, se publicó esta novela póstuma de Francisco Carrasquer, que, como era previsible, no ha tenido apenas eco crítico. Reproduzco aquí mi prólogo, con la ingenua pretensión de que sirva para que alguien se acerque a esta  lúcida narración.

Carrasquer_Los centauros de Onir

 

En el discurso de recepción del Premio de las Letras Aragonesas, concedido al autor en 2006, este aseguró. “…el libro en el que más me confieso y me doy a conocer es mi biografía, Los centauros de Onir, todavía inédita, aunque confío en su próxima aparición”. Carrasquer se equivocó en el último adjetivo y su confianza no podía tener otros agarres que la difusión que el eco del premio pudiera deparar a su tan poco conocida obra porque ya hacía años que el libro había rodado por casi todas las editoriales aragonesas y alguna de carácter nacional, sin que sus responsables se dieran por enterados.

Como otros exiliados, Carrasquer sufrió tanto los efectos de su lejanía física como los de la heterodoxia de sus ideas y, así, su pensamiento y obra fueron escasamente conocidos y divulgados. Él se tomó con humor esta marginación y nunca fue un hombre amargado ni deprimido, incluso, escribió al respecto un ilustrativo artículo, que tituló: “Cómo no triunfar en la vida”. En el discurso antes aludido adujo que el libro suyo que más le interesaba era el ensayo socio-filosófico, El grito del sentido común. De los automatismos a la libertad (1994), en el que, un poco ingenuamente, había puesto expectativas, en cuanto a la trascendencia de su mensaje. Cuando el libro fue desatendido, sintió más claramente la exclusión.

Llama también la atención en las palabras del autor el que, sin ambages, defina Los centauros de Onir como biografía cuando su estructura es claramente novelística pero, en efecto, carece de otro argumento fuera de las peripecias vitales y reflexiones del escritor, que por cierto, ocupan la primera etapa de su vida, desde su nacimiento en Albalate de Cinca (Huesca) en 1915 hasta su definitivo exilio francés en 1948. Biografía novelada o, mejor, novela biográfica habría que denominarla, aunque también le cupieran adjetivos como filosófica, ensayística, evocativa y hasta histórica. Y, sin embargo, no es una obra desprovista de amenidad, entre otras cosas, por la riqueza de episodios fuera de lo común que su autor protagonizó y por la trascendencia del periodo histórico que le tocó vivir.

De cualquier modo, tanto el título, como el marbete que lo acompaña –guión de sueños- vinculan el texto con lo onírico aunque, verdaderamente, ello no sea lo medular en la obra sino, en todo caso, un recurso o técnica literaria. En el preludio, el autor lo explica meridianamente:

(…) este guión que ofrezco de mis sueños, podría ser una especie de autobiografía pantográfica: mi vida contada en todas direcciones, con las tres personas de la narrativa, a la vez o no, y con las más variadas técnicas en un discurso puntual, imprevisible, perspectivista, sincrónico, paralelo antipódico, trampantójico…

En efecto, la vida de Francisco Carrasquer[1], que abarcó desde la monarquía de la Restauración hasta la democracia de hogaño -también tutelada por otro Borbón y su cohorte-, pasando por la llamada Dictablanda, II República, Guerra Civil y franquismo, da para muchas cosas que contar. Nacido en 1915 y fallecido en 2012, su padre era secretario del ayuntamiento de Albalate de Cinca y su hermano Félix, pese a la ceguera que le afectó ya en los años treinta, fue una de las figuras señeras de la pedagogía libertaria. Francisco estuvo también emparentado con el importante escritor anarquista Felipe Alaiz, con cuya hermana casó su padre después de que su primera mujer, la madre del escritor, se ahogara en la acequia, al caer cuando estaba lavando.

A los diez años, Francisco ingresaba en el Seminario de Lérida, donde permaneció cuatro años, antes de trasladarse a Barcelona, donde vivió la proclamación de la República e, instado por su padre a volver a su pueblo para ayudar a sus hermanos en la panadería, la proclamación en la comarca del comunismo libertario, acción en la que tuvo no poco que ver su familia, que sufrió las represalias consiguientes y propició que Francisco volviera a Barcelona, donde, con ayuda de su hermano José, maestro, cursó el Bachillerato, al tiempo que impartía sus propias clases en la Escuela Racionalista Eliseo Reclús y en el Ateneo de Las Corts, que regentaba dicho hermano.

Al estallido de la sublevación militar -y ya miembro de la CNT-, fue de los primeros en ocupar el Cuartel de Pedralbes y rendir el Cuartel de Caballería. En estos días evitó el saqueo del convento de los Descalzos, arengando a la multitud, con lo que se salvaron tanto las vidas de los religiosos como las grandes riquezas artísticas allí guardadas. En seguida, marchó al frente como miliciano, fue nombrado jefe de centuria e hizo toda la guerra en primera línea, al tiempo que daba clase de primeras letras a los combatientes. Llegó a Jefe de Estado Mayor de la 119 Brigada de la 26 División, hasta su paso a Francia el 10 de Febrero de 1939.

Tras siete meses en el campo de concentración de Vernet d’Ariege, fue reclamado como lector por la Universidad de Nantes pero la guerra mundial estalló antes de incorporarse y hubo de volver al trabajo para ayudar al mantenimiento de su familia, toda ella huida a Francia. Acosado por los nazis, Francisco cruzó clandestinamente la frontera española en 1943 y; al poco, fue detenido, internado seis meses en la barcelonesa Cárcel Modelo e  incorporado a filas en Marruecos, donde pasó tres años. A fines de 1946, ya licenciado, fue detenido por redactar un manifiesto de la Alianza Democrática, torturado y vuelto a ingresar en prisión durante seis meses. Con la libertad condicional consiguió  terminar el Bachillerato en 1948. Escribió entonces su primer libro, Manda el corazón, una novela rosa con cuyo producto pudo pagar su matrícula en la Universidad. A punto de salir su juicio, decidió cruzar la frontera y abandonar España.

Hasta aquí, el periodo de su vida contenida en Los centauros de Onir, que sería el del protagonismo de la acción y que daría paso a la otra vertiente, la intelectual, que resumo brevemente.

En 1949 cursa Psicología en la Sorbona, con maestros como Piaget, Gurvitch o Merleau-Ponty. Se ayuda con clases particulares y sucede, como secretario de la FUE y delegado de Interayuda Universitaria, a José Martínez, el fundador de El Ruedo Ibérico, con el que mantuvo una gran amistad y una rica correspondencia. En 1953 acepta trabajar en una emisora internacional holandesa, en la que llegó dictar más de mil quinientas charlas de índole cultural. En Holanda se doctora en Letras y enseña Literatura Española durante diez años en la Universidad de Groninga y dieciocho en la de Carrasquer_En la Universidad de LeidenLeiden. Allí realizó la primera tesis doctoral europea sobre Ramón J. Sender, autor del que es el especialista más fecundo. También fundó dos importantes revistas de hispanismo Norte (Leiden, 1957-1971) y Revista de Accidente (Leiden, 1975-1979). Fue también director de Molinos (Amsterdam, 1982-1984). Además de sus obras de poesía y ensayo, tradujo decenas de libros. Entre los principales, una voluminosa Antología de la poesía holandesa moderna (El Bardo, 1971) y la obra maestra de la literatura holandesa: Max Havelaar de Multatuli (Los Libros de la Frontera, 1975). Antes ya le habían sido concedidos los Premios Nacionales de Traducción en Holanda (1960) y Bélgica (1963). En 1980 la reina Beatriz de Holanda le impuso la distinción de Comendador de la Orden de Oranje-Nassau, por su labor de difusión de la cultura holandesa. En 1985 vuelve a España y recibe la Encomienda de la Orden del Mérito Civil, por su labor de hispanista. En Tárrega, lugar natal de su mujer, continúa su labor intelectual, publicando libros de todos los géneros. En diciembre de 2006, ya decano de los escritores de Aragón, recibe el Premio de las Letras Aragonesas “por su obra progresista y radical, largo tiempo silenciada, que sirve de testimonio ejemplar para todos los aragoneses”. Ocho días después de cumplir los 97 años, muere en Tárrega[2].

No es extraño que la vida tan ajetreada de quien nació en un pueblo español en el que, en muchos sentidos, la vida cotidiana había cambiado poco desde la Edad Media y reflexiona sobre ella en su vejez y manejando el ordenador, aparezca como un sueño, a pesar de las muchas precisiones que contiene. En Carrasquer se unen la sólida formación filosófica de quien ha pasado por el tomismo del seminario, los mal llamados pensadores utópicos de sus lecturas militantes y los prestigiosos maestros de sus cursos en la Sorbona con una sólida carrera como profesor y crítico de literatura y con unas experiencias populares y vitales muy difíciles de encontrar en los mencionados grupos de intelectuales. Así, la historia deparada por estas vivencias, aunque a menudo es vista desde la misma entraña del sentimiento, se aquilata con un enfoque caleidoscópico que convierte el contenido en una discusión con profusos matices. Como en una pintura vibracionista, el texto, fragmentario, denso, estalla en numerosas fracciones, que vuelven a reunificarse y su técnica nos recuerda a la de otro contemporáneo al que Carrasquer dedicó muchos estudios: el Sender de La noche de las cien cabezas, O. P. o La Esfera.  El propio autor se explica: “Este vivir convocado en mis sueños que voy a transcribir aquí está compuesto de momentos «constelares» más que de mi propia experiencia (…) La sustancia de mis sueños es toda mi Substancia: la substancia de todo mi yo en el mundo y de todo el mundo en mí. Fuera de mis sueños no queda nada, ni de mí ni del mundo”.

Y deberíamos también aludir a la música, presente en tantos fragmentos del texto, esos flashes, a modo de entrevisiones soñadas, donde acronológicamente aparecen episodios y obsesiones de la vida del autor tamizados por dichos exordios musicales. Onirismo, pintura, música, prescindencia del tiempo sucesivo, variedad de técnicas narrativas… Vanguardia, al fin, que estaba apareciendo cuando Carrasquer llegaba al mundo, que revolucionó las artes y revolucionó a ese mundo y que en la narrativa codificaron en la década del veinte, los dos Passos, Döblin, Huxley… aunque hoy la lección aparezca tan lejana.

En Carrasquer luchan y conviven, pues, el intelectualismo de un cultivado hombre de su tiempo, con lo que fue siempre su obsesión: la necesidad de entrañarse en ese pueblo, al que todo se le había negado. El lector advertirá la sensibilidad a flor de piel de FC, que en el trato personal afloraba en forma de una gran naturalidad, cuajada de timidez. Hombre de observaciones profundas, temía expresarlas, como para no dejar a su interlocutor en situación de inferioridad intelectual. Mientras que, en cambio, en el arte suele suceder que la hiperestesia busque su propia vacuna y derive en un expresionismo que revela las más profundas heridas de su artífice.

Autor, cuya peripecia vital aparece a saltos en el tiempo y el espacio, entreverada con las más diversas reflexiones y hechos históricos, pero muy fiel a los sucesos que el joven libertario vivió. Desde los primeros recuerdos de la niñez y la sexualidad hasta su decisión definitiva de salir de España en 1948, el texto pasa por sucesos tan ilustrativos, como las dramáticas muertes de su madre y hermanos, la una, ahogada y ellos, uno muerto en combate y otro, a consecuencia de una tuberculosis que no puede ser convenientemente tratada. O la ceguera de otro hermano, el pedagogo Félix, no atajada a tiempo, en parte por incultura y en parte por la desidia para esas cuestiones propias del ambiente rural. Pasamos también por la previsible sordidez y el sadismo del seminario, la pérdida de la fe, sus trabajos de chico para todo en Barcelona, antes y después de la guerra, la tortura, la militancia confederal…

Todo ello enmarcado en un contexto histórico, veteado por acontecimientos concretos, como son la visita del tenor Fleta a Albalate de Cinca, su pueblo natal, que es el mismo que el del autor, los preparativos para la proclamación del comunismo libertario en dicho lugar, la aparición de una Hildegart ficcionalizada en las tristes circunstancias de su muerte a manos de su madre aunque no en su esencia, la muerte de Francisco Ascaso (Francho en el texto) durante el asedio al cuartel de Atarazanas, el suicidio de Evaristo Viñuales, el asesinato de Ponzán, quemado vivo por los nazis, el mecanismo siniestro por el que los comités cenetistas, caían uno tras otro en manos de la policía… Una pequeña historia, pues, desde dentro del movimiento confederal pero, por parte de alguien nada partidario de consignas ni doctrinas. FC siempre otorga lugar privilegiado al pensamiento y, cuando le parece oportuno expresa sus discrepancias, dentro de un gran entrañamiento con lo que los precursores del anarquismo llamaron la Idea y, sobre todo, con ese pueblo, al que la guerra civil todo le arrebató.

Como hicieron los humanistas del Renacimiento español, Carrasquer recurre frecuentemente al coloquio como medio de confrontar ideas y explorar los infinitos matices de la realidad. Especialmente representativos son los del hombre de acción frente al filósofo, representados por Francisco Ascaso y su compañera Jeannine, el de Paco (trasunto del autor) y su hermano José (muerto en la guerra), en el que se profundiza sobre el sexo y los sentimientos, o los de Paco y Pere sobre la guerra civil, y con Pilar sobre el referido asesinato de Paco Ponzán, su hermano.

Carrasquer vivió más años en Holanda y Cataluña que en su natal Aragón, como constata el repaso a su biografía. Sin embargo, es tan intensa su vinculación afectiva con su tierra que  escribe:

 (…) a veces temo caer en el «chicopatrioterismo» a tus ojos, por hacer, a lo mejor, demasiado el panegírico de mis paisanos. Pero no lo puedo remediar, amor, porque ¡cuidado que me esfuerzo en ser ecuánime, imparcial, objetivo y todo lo lúcido que puedo! Pero siempre me he de rendir a la evidencia de cuán excelente es mi Aragón, sobre todo de las virtudes que adornan a los aragoneses.

Habla en otra ocasión del “gracejo maño”, no perdona diminutivos como “hermanico”, utiliza numerosos aragonesismos léxicos: “somorda”, “enfuriada” y tantos otros y teoriza sobre la identidad del habitante del antiguo reino:

 Y es que el aragonés sabe estar por encima del infortunio; es, seguramente, el espécimen de hombre que sabe entender mejor la vida. A uno se le vienen a las mientes los orientales, los hindúes en especial: pero el aragonés tiene, además de ese sentimiento de lo sagrado del hindú, la gracia de poner un toque creador que tan patente asoma en su folklore.

Para remate, se precia en varias ocasiones de cantador de jotas, facultad que no llegué a comprobar, pese a los casi ocho lustros de conocimiento mutuo.

Carrasquer (4) Los centauros de Onir es, pues, la crónica a retazos de la asendereada vida de un hombre de acción pero en la que importan más los elementos sustentadores de las ideas  y la emoción que los propios acontecimientos. Tras los fogonazos del ensueño o del recuerdo, siempre la preocupación, la obsesión por su pueblo pero, aun manteniendo la idea libertaria, siempre con una inquietud por no perderse en el desierto de los anhelos ilusorios:

Porque hay que partir siempre de la realidad, si no, tendrás que imponer tu imagen mediante un montaje que se te  puede ir abajo el día menos pensado. Porque, entretanto, te habrás tenido que imponer dictatorialmente y, a la corta o la larga, todo dictador acaba siendo derribado (…) todas las grandes revoluciones verdaderamente populares, no políticas, ha partido de una reacción de rechazo, de una imperiosa necesidad de destruir el presente sublevante, sin previo programa. Por puro reflejo justiciero y de la más primaria dignidad humana.

Como sucede a lo largo de su obra ensayística, el faro rector del pensamiento de Carrasquer es la Ethica de Spinoza[3], proclamada en este libro como una de las siete maravillas del mundo, aunque apenas vuelva a citarla. La modernísima visión del filósofo, excomulgado del judaísmo y visionario de disciplinas como la ecología o el psicoanálisis, coincide con el autor en su intento de dar “una nueva dirección a la vida”, de arrostrar el futuro, guiados por el faro de la libertad pero teniendo en cuenta las enseñanzas de la historia, Desde Espartaco, los revolucionarios que en el mundo han sido, han sufrido derrotas estrepitosas, que, sin embargo, han repercutido por ósmosis en el progreso de la humanidad. Carrasquer ejemplifica este proceso en las mitológicas luchas entre centauros y lapitas, atribuyendo a los primeros la bandera del deseo, la libertad y la independencia frente a los segundos, representantes del orden y la eficacia. Como no puede ser de otra manera, Carrasquer vincula esta batalla con la revolución libertaria de 1936 y su perspectiva es crítica pero voluntaristamente optimista:

 (…) no somos más que fermentos de algo que tardará siglos en alquitararse Pero no por esta vez, lo cierto es que no hemos sabido hacerlo.  deberíamos haber colaborado en todo y por todo con el poder republicano, y así habríamos gozado del favor del gobierno en el interior y de los gobiernos del exterior, sin que hubiésemos significado una especie de coco para las democracias; o deberíamos haber dado, con la gran parte del pueblo que creyó en nosotros, el salto mortal, nuestra revolución, aquel «a por todo» de julio del 36. Pero se nos encogió el ombligo para eso… era demasiado grandioso para nuestra mental indefensión y menudencia representativa en el mundo. Y para lo otro, perdimos miserablemente el tren. Total: los lapitas astutos derrotan a los nobles centauros. No se ha hecho el mundo para los inocentes.

-…Todavía. Pero los inocentes acabarán por alzarse con la victoria…

Los centauros de Onir, la retrospectiva de una vida que tuvo protagonismo en los momentos cruciales del siglo XX español, el reflejo de una historia en la conciencia de unos revolucionarios que, casi siempre murieron en el intento pero también el sueño de un hombre bueno, cuya confianza en la humanidad, tal vez pueda consolarnos en las desolaciones cotidianas.

[1] Más información sobre su vida y obra, en los siguientes textos de mi autoría:

-Edición e Introducción a Francisco Carrasquer Sender en su siglo (Antología de textos críticos sobre Ramón J. Sender), Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2001, pp. 9-45.

“Prólogo” a Baladas del alba bala de Francisco Carrasquer, Madrid, Bartleby Ediciones, 2001, pp. 7-12.

-“Francisco Carrasquer: del pueblo y para el pueblo”, Letras Aragonesas nº 4, Zaragoza, Abril 2007, pp. 3-8. Criaturas Saturnianas nº 7, 2º trimestre 2007, pp. 115-121.

-“Francisco Carrasquer en su circunstancia”, Turia nº 84, noviembre 2007-febrero 2008, pp. 307-315.

-“Francisco Carrasquer, una vida intensa y desprendida”, Imán nº 7, noviembre 2012-“

“R. J. Sender y F. Carrasquer. El reencuentro literario de dos libertarios del Cinca”, Alazet, Instituto de Estudios Altoaragoneses, Huesca, 2013 (en prensa).

[2] Carrasquer, a lo largo de su vida, publicó los siguientes libros: Manda el corazón (novela), Barcelona, Bruguera, 1948. Cantos rodados (poesía), Ámsterdam, Cinca, 1956. Baladas del alba bala (poesía), Santander, Isla de los ratones, 1956. “Imán” y la novela histórica de Ramón J. Sender, Ámsterdam, Heijnis, 1968. Vísperas (poesía), Barcelona, El Bardo, 1969. Felipe Alaiz, estudio y antología del primer escritor anarquista español, Madrid, Júcar, 1977. La literatura española y sus ostracismos, Cuadernos de la Universidad de Leiden, 1980. La verdad de Sender, Leiden-Tárrega, Cinca, 1982. Nada más realista que el anarquismo, Madrid, Madre Tierra, 1991. La integral de ambos mundos: Sender, Zaragoza, Prensas Universitarias, 1994. El grito del sentido común. De los automatismos a la libertad, Madrid, Libertarias/Prodhufi, 1994. Holanda al español, Madrid, Libertarias/Prodhufi, 1995. Palabra bajo protesta (poesía), Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 1999. Sender en su siglo (Ed. de Javier Barreiro), Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 200. Ramón J. Sender, el escritor del siglo XX, Lérida, Milenio, 2001. Ascaso y Zaragoza. Dos pérdidas: la pérdida, Zaragoza, Alcaraván, 2003. Servet, Spinoza, Sender. Miradas de eternidad. Zaragoza, Prensas Universitarias, 2007. El altruismo del superviviente. Antología (Ed. de Javier Barreiro), Gobierno de Aragón, Zaragoza, 2007 Pondera… ¡que algo queda!, Zaragoza, Alcaraván, 2007. Poesía completa, Ayuntamiento de Tárrega, 2009. Poemario aleatorio, Zaragoza, Prensas Universitarias, 2010.

[3] Al pensador judío dedicó el autor numerosas páginas, especialmente, en El grito del sentido común, Holanda al español y Servet, Spinoza, Sender. Miradas de eternidad.

Otros textos acerca de Francisco Carrasquer en estas páginas:

https://javierbarreiro.wordpress.com/2012/12/09/introduccion-a-sender-en-su-siglo-de-francisco-carrasquer/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2012/12/09/introduccion-a-sender-en-su-siglo-de-francisco-carrasquer/

 

Con alumnas en Holanda

 

Reproduzco aquí esta rememoración de un  anarquista viajero, cuyos libros fueron bastante leídos en los años setenta y hoy anda sepultado bajo siete sueldos. Lo  escribí a instancias del amigo José Ramón Marcuello que lo publicó en su libro, Siempre Mequinenza, Ayuntamiento de Mequinenza, 2007, pp. 361-363.

Gracia Ibars, Germinal (Víctor García)001

Uno de los estigmas más difícilmente disculpables de nuestra cultura es la marginación, el olvido, la culpable omisión de personajes cuya recuperación, presencia y revisión constante debiera ser parte importante de la formación de los ciudadanos. Más de tres décadas después de desaparecido el franquismo ya no puede ser el culpable antonomásico. En muchos casos, el pecado es la ignorancia, la desidia y, en el caso de anarquistas como el que nos ocupa, también la maniobra política, la buscada exclusión desde todos los puntos del espectro político. Nada nuevo bajo el sol; en España el fenómeno ha cumplido tres cuartos de siglo.

   Víctor García, llamado realmente Tomás-Germinal Gracia Ibars, fue un ejemplo ciudadano, un cultísimo escritor, un hombre de una pieza, un personaje de nuestra historia. Pese a la cantidad de libros que en vida publicó, su significación en el movimiento libertario y su vida apretada, ejemplar y llena de actividad y aventura, su figura, prácticamente, no existe. Aunque muchos repertorios biográficos lo dan como nacido en Mequinenza parece que, realmente, lo había hecho en Barcelona el 24 de agosto de 1919 pero, muy pronto huérfano de padre, su madre, que era de dicha localidad zaragozana, lo llevó cuando era muy pequeño a su pueblo natal, donde pasó la mayor parte de su niñez y le sorprendió la guerra civil. Según su compañera, Mar y Sol: “A él le entusiasmaba considerarse aragonés y le complació muchísimo cuando Carrasquer lo incluyó en la Enciclopedia Aragonesa como hijo de Mequinenza y cuando le preguntaban su origen decía que era aragonés, pues su padre y su madre lo eran”.

 A los doce años se había apuntado a las Juventudes Libertarias, luego a la Gracia, Germinal en BarcelonaCNT y muy pronto comenzó a colaborar en la prensa del sindicato. El 19 de julio, aún no cumplidos los diecisiete, se enroló en las milicias falsificando la firma de su difunto padre pero alguien lo reconoció y fue devuelto a Cataluña, donde organizó colectividades y grupos libertarios juveniles. En abril de 1938 logró incorporarse al frente aragonés, donde fue herido. Trasladado a Francia, en febrero de 1939, conoció sucesivos campos de concentración hasta ser enviado en mayo de 1944 al mortífero de Dachau, de donde pocos salieron. Sin embargo Germinal, junto a varios compañeros, consiguió escaparse levantando las planchas del vagón de ganado en que viajaban, antes de llegar a la frontera alemana. Luchó con los aliados y, acabada la guerra, fue secretario de la Internacional Juvenil Anarquista y administrador de Solidaridad Obrera. Entró en España, fue detenido en diciembre de 1946 y encarcelado durante ocho meses. Tras la caída de varios comités, y una sangrienta refriega con la policía en la que murió algún compañero, hubo de esconderse y pasar de nuevo a Francia. Allí decidió comenzar otra vida  y en diciembre de 1948 embarcó para Venezuela.

 Se hallaba entonces el país caribeño en situación de bonanza económica y muchos españoles hicieron en él rápidas fortunas. Germinal trabajó como gerente de una empresa y,  una vez que hubo ahorrado lo necesario, decidió emprender un periplo viajero por Sudamérica, que duró cinco años. De ahí surgió su primer libro, América hoy, publicado por la bonaerense editorial Americalee en 1956. Utilizó ya entonces el seudónimo de Víctor García que le había adjudicado en C.N.T. José Peirats para firmar las crónicas sobre Venezuela que publicaba en dicho periódico y que su autor no tuviera problemas en el país que habitaba. Cada vez más espoleado por el hábito viajero, Germinal se lanzó a una vorágine migratoria que le valdría el sobrenombre de “Marco Polo del anarquismo”, con el que tituló su libro sobre Germinal el ambién escritor libertario Carlos Díaz[1]:

  …durante cinco años por tierra, mar y aire, a pie, en bicicleta, en  barcaza, en mula, en moto, en coche, en autobús, en tren, en barco, compartiendo olor de pueblo y posada humilde, trabajando cuando ha lugar y es menester, deteniéndose sin prisa en lo hermoso y en lo humanista, no considerando nada ajeno de cuanto fuese humano, hermanándose con todos los hombres de buena voluntad a los que lee en clave de anarquismo potencial (…) este hombre mitad stirneriano mitad bakuninista, desapegado respecto a las sugerentes posibilidades empresariales que le ofrecía el Nuevo Mundo, este políglota y romántico (…) se irá ni más ni menos que a dar la vuelta al mundo (…) ajeno a los falsos caminos pretrazados por los tour-operators  antes al contrario, con la actitud del homo viator que prefiero lo que el filósofo Martin Heidegger llamara Holzwege, caminos de madera, señas del leñador del bosque.

  Recorrida toda América,salió para el Japón, el Sudeste asiático, China, India, Turquía, Egipto, Irak e Israel donde participó en la experiencia kibutzim. Después le tocó el turno a Europa para volver a Venezuela en 1961. Cinco años por América y tres por el resto del mundo dieron lugar a otros libros como El Japón hoy, México, Editores Mexicanos Unidos, 1960;  Escarceos sobre China, México, Tierra y Libertad, 1962; España hoy, Caracas, F.I.J.L., 1962; Coordenadas andariegas. México, Pánama y Océano Pacífico, México, Editores Mexicanos Unidos, 1963; El sudeste asiático, Buenos Aires, Proyección, 1966 y muy numerosos artículos y folletos. No por eso, abandonó su tarea propagandista. La cuestión social y la idea anarquista están presentes a lo largo de toda su obra.                                                                                 

  A su vuelta a Caracas se emplea en Air France lo que le permite seguir colmando sus hábitos viajeros aunque la familia (su mujer Mar y Sol, la suegra Teresa Torellas y las hijas, Maya y Grecia, nacidas en 1964 y 1965) lo retienen a menudo. Por su parte, reiniciará la publicación de Ruta, órgano de la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias y publicará El pensamiento anarquista, Ediciones Cenit, Toulouse, 1963 y La Internacional Obrera, Ediciones F.I.J.L., Caracas, 1964. En 1966 toma la decisión de volver a Europa con su familia. Ha de trabajar de pintor de brocha gorda y, dadas las precarias condiciones económicas que padecen, acepta el empleo de secretario de embajada en Trípoli. El ambiente colonial e islámico está muy lejos de su forma de entender la vida, con lo que permanece allí poco tiempo y en 1968 vuelve a Caracas. Entretanto ha seguido publicando artículos, prólogos y folletos y empezado a colaborar con el grupo Tierra y Libertad de México en la traducción y actualización de la monumental Enciclopedia del anarquismo de Sebastián Faure. En Caracas retoma también la edición de Gracia, Germinal_En Macchu Pichu con su familiaRuta, que no abandonaría hasta 1980, y vuelve a emplearse en Air France como administrador, lo que le permite a él y su familia viajar frecuentemente para saludar a amigos en todas las partes del mundo. Aún le quedará tiempo para organizar un sindicato que conseguirá un contrato colectivo y grandes mejoras para todos los trabajadores de la empresa.

  Tras casi treinta años de no pisar suelo ibérico, en 1976 regresaba a España, en medio de la agitación, euforia y desencanto postfranquistas. Con 57 años, Germinal -ya Víctor García- era relativamente joven, al menos en el espectro de los viejos militantes que veían con alguna desconfianza –que luego se reveló muy justa- la atracción de muchos jóvenes por las ideas libertarias. Sus publicaciones en esta etapa ya se centran en el anarquismo estricto: Bakunin hoy, Rosario, Grupo Editor de Estudios Sociales, 1974; Museihushugi. El anarquismo japonés, México, Editores Mexicanos Unidos, 1976 o Utopías y anarquismo, México, Editores Mexicanos Unidos, 1977. Pero Víctor García, aun respaldado por muchos amigos y correligionarios, no encuentra en su país el ambiente ni la motivación que le fuercen a reconstruir su vida en él. Seguirá viviendo en Caracas la temporada invernal y en Montady, no lejos de Montpellier, en la veraniega. Allí había comprado en 1960, cuando fue enviado como secretario de la CNT en Caracas al congreso de la reunificación que no se produjo, una viña por sólo cinco mil francos, lugar donde luego se construyó la llamada Villa Canaima. Otros libertarios, como José Peirats, compraron terrenos colindantes y se estableció allí una suerte de moderno falansterio.

  Durante la década de los ochenta se publicaron los tres últimos libros de Víctor García: una gran monografía acerca de unos de los precursores del anarquismo: El pensamiento de P. J. Proudhon, México, Editores Mexicanos Unidos, 1981. Un libro escrito por encargo de Carlos Díaz y que es el único que pudo publicar en España y el más fácil de conseguir hoy, dado que se hicieron tres ediciones: La sabiduría oriental: Taoísmo, budismo, confucionismo, Madrid, Cincel, 1985 y una gran Antología del anarcosindicalismo, Caracas-Montady, Ediciones Ruta-Base, 1988. En este último planteó cien temas a través de 800 citas extraídas de 400 libros y cincuenta colecciones hemerográficas. Un esfuerzo de síntesis que tampoco fue recompensado. Encargado en España por el editor Giner, este no lo pudo sacar a la luz y fue entregado a ZYX que, al decir de Carlos Díaz, no sólo no lo publicó sino que se apropió de las 138.000 pesetas que había adelantado el autor para facilitar su edición.

  En 1987 Germinal padeció un ataque cardíaco que minó su salud y sus últimos años fueron difíciles. Finalmente, se le declaró una leucemia, que, tras los duros tratamientos que se emplearon para paliarla, terminó con su vida el 10 de mayo de 1991.

    Humanista, esperantista, perteneciente al sector duro del anarquismo pero siempre alentando en él los deseos de unificación, no sólo con otras corrientes libertarias sino con cualquier movimiento que tuviera la libertad, y la filantropía como norte, fue un hombre serio e irónico, familiar y trotamundos. Vinculado a su tierra, que tan poco le dio y con facilidad para integrarse con las culturas más disímiles, como demuestra su monumental obra literaria, compuesta, además de sus libros, de muchos miles de cartas y artículos,  fue hombre con gran capacidad de trabajo, inagotable curiosidad, pasión por el conocimiento de saber y dotado de un notable rigor intelectual. Su obra es de las más sólidas dentro del espectro ideológico del anarquismo español.

Gracia Ibars, Germinal (Víctor García)002


[1] Carlos Díaz, Víctor García “El Marco Polo del anarquismo”, Madrid, Tierra y Libertad, 1993, p. 69.

Nueve días después de colgar este artículo, me comunican la muerte de mi amigo. Salvo la edad, nada hacía pensar en ella. Aunque ingresado en una residencia y con algunas lagunas ocasionales, se encontraba perfectamente y su familia me comunicó su alegría y sus abrazos, cuando le llevó este texto. Estoy de viaje y no tengo a mano alguna otra cosa, que me gustaría publicar. Quedo comprometido en hacerlo a mi vuelta. Mientras este sindicalista radical y puro desaparece, veo en televisión cómo los capos de CCOO y UGT se reúnen con el Borbón. Estupor ante la muerte, repulsión ante esta clase de vidas.   

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Francisco Carrasquer cumple hoy 97 años. En 2006, año en que recibió el Premio de las Letras Aragonesas, como se dice en este artículo, era el decano de las mismas y, venturosamente, sigue siéndolo. Lo conozco hace cuarenta años y a pocos seres humanos he respetado más por su entereza, su bonhomía, su inteligencia y su compromiso con la justicia. Carrasquer es uno de esos libertarios que empequeñecen porque uno siente que nunca podrá llegar a su grandeza de corazón.

El texto que se reproduce fue publicado en la revista Turia nº 84, noviembre 2007-febrero 2008, pp. 307-315.

   La figura de Francisco Carrasquer (Albalate de Cinca, 1915), último Premio de las Letras Aragonesas y hoy decano de los escritores nacidos en el antiguo reino, resume en su peripecia un siglo de historia de España, centuria frondosa en acontecimientos, como lo fue la anterior, pero en la que los cambios estructurales y superestructurales en el país han sido infinitamente mayores. Carrasquer nace en el mismo año en que se publica la teoría de la relatividad y andan en eclosión los vanguardismos. En 1915 nacen también dos hombres generalmente bienintencionados, como Fernando Claudín y Manuel Tuñón de Lara, pero que militaron en la otra izquierda, la que calumnió, persiguió y, a menudo, pudo eliminar a la izquierda libertaria de la que Carrasquer es hoy, quizá, su representante vivo más eximio. De 1915 fueron también Torcuato Fernández Miranda, según algunos, árbitro y muñidor de la transición española, y dos Arturos universales, el checo Artur London, prófugo malgré-lui del “ideal” comunista y otro superviviente de mil batallas de otro cariz, el dramaturgo estadounidense Arthur Miller. Igualmente, durante ese año vinieron al mundo los aragoneses Alfonso Buñuel y Luis Horno Liria.

 Poco tuvieron que ver los orígenes de todos ellos con los de Francisco Carrasquer, que ve la luz en un pueblo en el que, como la mayoría de los núcleos rurales españoles de la época, el tiempo se ha detenido y cuyos habitantes, menos de una década después, se fotografiarán maravillados rodeando el lujoso automóvil de su hijo más conocido, Miguel Fleta. Francisco es el sexto hijo de una familia de nueve de la que sobrevivieron cinco, Félix, Antonio, José, Francisco y Presentación. La situación familiar, aun dentro de la precariedad con la que entonces se vivía, no era mala porque el padre, Félix Carrasquer Pueyo, era secretario del Ayuntamiento, del Juzgado y del Sindicato de Riegos y también poseía algunas tierras. Prueba de la citada precariedad es que en 1921 la madre, Presentación Launed Carrera, muere ahogada en la acequia a la que había ido a lavar la ropa. El padre contrae nuevo matrimonio con Mariana Alaiz de Pablo, hermana del excelente y muy olvidado escritor anarquista, Felipe Alaiz[1] (1887-1959), con la que tuvo otro hijo.

 Como sucedía frecuentemente con los escolares de algunas luces, Francisco ingresa a los diez años en el seminario de su diócesis, sito en Lérida. Cuatro años más tarde, perdida la fe, no quiere regresar a casa y se marcha a Barcelona, donde prueba en varios oficios y vive intensamente la proclamación de la República y la euforia popular pero, como le sucedió al Sender adolescente, su padre lo va a buscar para llevarlo de regreso al pueblo. Allí trabaja en el campo y, como panadero, en la tahona de su hermano mayor, Félix (1903-1995), que, a pesar de su ceguera, con el tiempo se convertiría en el referente inexcusable de la pedagogía libertaria en España. En 1933, como sucedió en otros lugares, Albalate de Cinca  proclama efímeramente el comunismo libertario, lo que significa la cárcel para los izquierdistas que propiciaron el hecho, entre los que se encuentran tanto Félix, principal instigador de la revolución, como el padre de Francisco. Este decide volver a Barcelona, donde, con ayuda de su hermano José, que oficia de maestro en Esparraguera, cursa el Bachillerato en el Instituto Balmes y él mismo aprovecha su incipiente formación para impartir clases en la Escuela Racionalista Eliseo Reclús y en el Ateneo de las Corts. Ya comprometido militante libertario, al producirse la sublevación militar, es de los primeros en ocupar los cuarteles de Pedralbes y de Caballería. Todo ello lo ha narrado con vívida intensidad en “Mis tres días de julio”, texto incluido en Ascaso y Zaragoza. Dos pérdidas: la pérdida (2003). Allí cuenta cómo, cuando las multitudes se disponían a saquear el convento de los Descalzos, lanzó una arenga que salvó las vidas de los frailes y los tesoros del convento, que fueron puestos a buen recaudo.

 Carrasquer hizo toda la guerra[2] en el frente, primero como miliciano, después como jefe de centuria y, finalmente, como jefe de Estado Mayor de la Columna Durruti que pasó a denominarse 119ª Brigada de la 26ª División. Como era de rigor, combinó sus funciones estrictamente militares con las clases de primeras letras a milicianos no alfabetizados.

 En plena derrota republicana Carrasquer cruza la frontera francesa el 10 de febrero de 1939 y es internado, con más de diez mil combatientes de su división, en el campo de concentración de Vernet d’Ariège, 58 kilómetros al sur de Toulouse. Las terribles condiciones de los internados las narra por ejemplo, otro Arturo más, Koestler, en La hez de la tierra. Sin embargo, Francisco tiene, al fin, algo de suerte pues, justo cuando el campo se va a convertir en el depósito de los intelectuales y revolucionarios considerados como peligrosos por el gobierno francés, es reclamado por la Universidad de Nantes para trabajar como lector. Sin embargo, Francia es invadida antes de incorporarse, con lo que ha de buscar un trabajo más productivo para ayudar a mantener a sus padres y hermanos, todos refugiados en el país galo. Acosado por los alemanes, en 1943 Francisco pasa clandestinamente la frontera pero es detenido, recluido durante seis meses en la Cárcel Modelo de Barcelona e incorporado al tabor nº 5 de Regulares en Marruecos, donde pasó tres años[3]. Licenciado a fines de 1946, vuelve a tomar relación con los círculos de la resistencia y es detenido de nuevo por redactar un manifiesto de la Alianza Democrática. Torturado, como era usual, y tras seis meses de cárcel, obtiene la libertad provisional en espera de juicio. Termina entonces su Bachillerato y, para sufragar su matrícula en la Universidad, escribe su primer libro, Manda el corazón (Bruguera, 1948), una novela rosa, que ni el propio autor pudo encontrar cuando se preparó la exposición conmemorativa de su reciente premio de las Letras Aragonesas.

 Llevaba entonces Francisco, más de diez años –toda su juventud- consumida, en la guerra, en el campo de concentración, en la resistencia antifascista, en la cárcel y, como reclutado forzoso, en el ejército de Franco. No resulta extraño que, ante la perspectiva de la pronta celebración de su juicio, decidiera volver a cruzar la frontera y “descansar” en Francia. Más extraño parece el que gentes que pasaron por penurias como las que se narran, conservaran –y, en su caso, conserven- una inusitada bondad personal, una suerte de pureza que a algunos puede parecer ingenua y que sólo se comprende por la posesión de una fe en la humanidad, como la que ostentaban los primeros anarquistas, formados en una sociedad tan injusta y brutal, que hacía necesario construir una esperanza.

 Carrasquer se apresta finalmente a cultivar lo que era su verdadera vocación, la intelectual, y opta por matricularse en la Sorbona para estudiar Psicología con maestros como Gurvitch, Merleau-Ponty o Piaget. Se ayuda con clases particulares y sucede a José Martínez como secretario de la FUE y delegado de Interayuda Universitaria. Con José Martínez Guerricabeitia, el fundador de El Ruedo Ibérico, sin duda, la más potente y digna iniciativa cultural antifranquista de toda la oposición al régimen, mantuvo Carrasquer una larga y profunda amistad, cimentada en una muy copiosa correspondencia.

                                        Con José Martínez, fundador de Ruedo Ibérico, París, h. 1980 

Con los cuatro certificados de la carrera en su poder, en 1953 acepta una propuesta para trabajar en programas culturales de la Radio Internacional neerlandesa, ubicada en Hilversum. Acomete entonces los estudios de letras, que culminará en 1965 y en 1956 publicará en Ámsterdam su primer libro de poesía, Cantos rodados. Desde entonces su labor cultural en los campos de la radiofonía, la traducción y los estudios literarios va a ser fecunda. Destacaremos en esta década de los cincuenta, la fundación de la revista Norte en 1956 y el premio Nijhoff del Gobierno holandés a la mejor traducción del neerlandés a la lengua extranjera (1960). En 1963 obtendrá similar distinción por parte del gobierno belga. Y es en ese mismo año cuando publica en la santanderina colección de La Isla de los Ratones el que quizá es su mejor libro poético, Baladas del alba bala, reeditado en 2001. En 1968 publica su tesis doctoral sobre Sender, la primera que se leía en una universidad europea.

 No resulta nada extraño que Carrasquer tomara la obra y, después, la figura de Sender como objetos de su indagación intelectual. Las coincidencias y concomitancias entre su vida y la de su paisano, nacido tan sólo catorce años[4] antes que él y a diez kilómetros de su pueblo, sólo que en distintas riberas del Cinca, son tantas que parece que no podría haber sido de otro modo, a pesar de que entre ellos nunca hubiese habido el menor contacto. A la cercanía de edad, origen y formación, se unía la militancia libertaria, la participación en la guerra y la dura peripecia del exilio, la actividad intelectual, el profesar en una universidad extranjera y una similitud de puntos de vista y hasta de actitudes literarias -salvando las naturales distancias en intención, actitud y género-, que pueden resumirse en el estilo desafectado, la multidireccionalidad temática y el variado sustrato cultural no acomodado a escuelas o esquemas.

  Carrasquer no sólo fue el primer estudioso europeo que se acercó a Sender[5] sino el que, a través del tiempo, más ha insistido en la atención y en la voluntad de desentrañamiento. Desde la publicación de su tesis en 1968[6], han sido cinco libros monográficos[7],dos ediciones críticas[8] y una antología poética[9] en torno a la obra senderiana. Ocho, pues, en total, los libros dedicados al autor de Chalamera, amén de otros muchos trabajos dispersos, como el que contiene su, por ahora, último libro, Servet, Spinoza, Sender. Miradas de eternidad (2007). Para Carrasquer, fue Sender el autor del siglo XX que más se acercó y mejor comprendió críticamente el anarcosindicalismo y también el escritor español que, a lo largo de dicha centuria, más se ha inspirado en el pueblo y conspirado con él. Lo que, sin duda, le valió el ninguneo de la crítica durante mucho tiempo y, lo que es más grave, la neutralización de su obra. Efectivamente Sender, que en los años treinta se había constituido en el novelista más sólido y prometedor del panorama nacional, padeció el arrumbamiento destinado a los exiliados políticos, pese a que en los años cuarenta y cincuenta realizó, seguramente, la aportación más decisiva y más alta cualitativamente de toda su trayectoria narrativa[10]. Si desde muy temprano le acompañó el reconocimiento de la crítica, especialmente de la anglosajona, y fue repetidamente traducido, no corrió la misma suerte en los círculos críticos del exilio y hubo que esperar a los años sesenta para que en España se lo conociera y apreciara. A la primera recepción entusiasta -y más por parte de los lectores que de los orientadores de opinión- sucedieron las reticencias y guiños reprobatorios de una buena porción de críticos[11], en su mayor parte cómplices, conscientes o inconscientes, de la manipulación cultural comunista, que enfangó el debate intelectual durante tantos años. Francisco Carrasquer, especialmente en “El raro impacto de Sender en la crítica española”, pero también a lo largo de muchos otros de sus escritos, es uno de los que con más tino han denunciado esa evidencia que sólo desde hace unos cuantos años ha  empezado a suscitar las reflexiones oportunas.

 Tras la publicación de su tesis, Carrasquer publicó en la prestigiosa colección El Bardo de Barcelona el que era su tercer libro de poesía, Vísperas (1969), que tuvo dos reediciones bilingües holandesas, la primera de ellas prologada por Lucebert, el más reconocido de los poetas de los Países Bajos. En la misma colección apareció poco después su monumental Antología de la poesía neerlandesa moderna (1971). Junto a la traducción del clásico por antonomasia de la literatura holandesa, el Max Havélaar de Multatuli y su libro Holanda al español (1995), amplísima visión sobre la sociedad y la cultura neerlandesas, son las tres principales contribuciones del escritor aragonés a la difusión cultural del país que le había dado acogida. Entre los reconocimientos que los holandeses le otorgaron, además de los citados Premios Nacionales de Traducción en Holanda (1960) y Bélgica (1963) figura la distinción de Comendador de la Orden de Orange-Nassau, impuesta por la reina Juliana.

 A partir de la publicación de su tesis, pasa de la Universidad de Groninga a la de Leiden, donde enseñará durante dieciocho años. Será esta su época de mayor actividad en el campo de la crítica literaria[12], que combina con su pasión por el arte –junto a su mujer, María Antonia Vidal Morera, regentó durante varios años una galería en Leiden- y la defensa y difusión del ideal ácrata. Aunque en este terreno todas sus publicaciones serían en periódicos y revistas libertarias, especialmente en Cuadernos de Ruedo Ibérico, a partir de la llegada de la libertad de prensa en España publicará en revistas de ideas afines como El viejo topo, Ajoblanco o Polémica. Será años más tarde cuando aparezcan sus libros, llamémosles ideológicos: Nada más realista que el anarquismo (1991), El grito del sentido común. De los automatismos a la libertad (1994) y Ascaso y Zaragoza. Dos pérdidas: la pérdida (2003). Es en la segunda de estas obras donde el autor trató de explicar su pensamiento filosófico y político en un intento de sistematizar desde muy diversos ángulos el ejercicio del sentido común, que no es sino el ejercicio de la libertad y del deseo. Para él, en la historia -un continuo tejer y destejer- el hombre se ha ido alejando de su instinto, de su intuición, de su naturalidad primordial pero también ha ido avanzando en el sentido de la justicia. Por otra parte, el hecho de no forzar las convicciones y de que la actitud libertaria por antonomasia sea la duda, el poner continuamente en solfa aquello que se propone en un momento dado, ha hecho al movimiento libertario tan atractivo como débil. Aunque, como estampó Enzensberger: “la seducción tiene más fuerza que la imposición”, ocurre que las certezas son más fáciles y la gente lucha más segura en favor de las evidencias impuestas, como sucede con los seguidores de fascismos, leninismos e integrismos. La nueva misión de la izquierda sería conjugar libertad y orden y sustituir la fascinación del poder por la de la palabra.

 Una vez jubilado, Carrasquer había regresado a España en 1985 para instalarse en el pueblo de su mujer, Tárrega, y recibir la Encomienda de la Orden del Mérito Civil por su labor de hispanista. Desde entonces no ha cesado su labor intelectual y a los libros citados hay que unir una amplia antología de su poesía con mucho material inédito, Palabra bajo protesta (1999) y el recientemente publicado Pondera… que algo queda! (2007) en el que reúne poemas exaltatorios para amigos y personajes que admira.

 Asimismo parece que próximamente el ayuntamiento de Tárrega va a publicar la obra lírica completa* de quien es uno de nuestros poetas más desconocidos, tanto por haber vivido la parte central de su vida lejos de Aragón, como por haber sido muy desigualmente publicado en nuestro medio. Por otro lado, sus ideas libertarias han dificultado la acogida de su obra por parte de los poderes culturales y, al mismo tiempo, su carácter poco adicto a capillas y cenáculos tampoco podía facilitarle la positiva recepción que en algunos ámbitos -no muchos ni muy poderosos, es cierto- se dispensa a quienes ostentan el marbete de heterodoxo. Pero, dada su originalidad y fuerza, la variedad de registros (épico, existencial, intelectual, amoroso, social…) y su falta de respeto a las modas y tópicos del tiempo es indispensable recuperar la figura del albalatino para la poesía aragonesa contemporánea.

 Poeta enérgico, reflexivo y, a la vez, conflictivo. Analítico y, como tal, profundamente conceptista; vanguardista, por expresionista; pasional y existencial, como no podía ser de otra manera, su visión del mundo está mucho más cerca de Camus que de Sartre y es, por tanto, más humanista, más moderna, más inteligente. En ella, frecuentemente, se establece un juego de prioridades entre la razón y los sentidos. Desconfiando de una y de otros, la salida es muchas veces el juego lingüístico, el humor. Juegos ocasionales, humor grave, si se quiere, pero siempre asomando ese hocico burlón y escépticamente admonitorio.

 Carrasquer continúa escribiendo y todavía tiene entre manos varios proyectos, entre los que se encuentra la publicación de su novela Los centauros de Onir. Lástima que una vida tan larga y plena de acontecimientos no nos haya deparado unas memorias, género cada vez más en auge, en  un país, que no sé si acertadamente, siempre ha sido señalado por la escasez de producciones en dicho terreno[13]. Tal vez, el característico exceso de modestia de Carrasquer le haya llevado a decidir que su vida no tenía demasiada importancia. Pero él sigue en la brecha de la crítica literaria, la poesía y la reflexión histórica y social. Por ejemplo, y por citar uno de sus textos recientes, en el último artículo –aún inédito- que he recibido de él, escribe:

 “…ya hemos aprendido todos la lección de que sólo es realmente libertaria la revolución que se hace por educación y civismo bien entendido, a saber: el comportamiento libertario en sociedad nos da el derecho a todos a ser libres, pero también nos impone el deber de hacer libres a los demás. He aquí la fórmula definitiva del libertarismo”.

 La sorprendente vitalidad intelectual y la ejemplar trayectoria civil de un hombre tan representativo de nuestra reciente historia y de nuestro siglo y que, por su audacia, potencia intelectual y singularidad, debiera haber sido objeto de otra atención, resalta la justicia y el buen tino del último Premio de las Letras Aragonesas.

*Poesía completa, Ayuntamiento de Tárrega, 2007. En 2010 Prensas Universitarias de Zaragoza editó Poemario aleatorio.


[1] Carrasquer le dedicó un estudio-antología, Felipe Alaiz, Madrid, Júcar, 1981, todavía hoy la obra más importante que se puede encontrar en nuestras librerías sobre el escritor de Bellver de Cinca.

[2] Carrasquer ha novelado su peripecia bélica en la que, salvo su primera obra alimenticia, hoy es su única narración extensa, Los centauros de Onir, que, increíblemente, permanece inédita.

[3] Aunque Carrasquer ya hubiese bregado con peores dificultades, parece que su paso por África no fue tan duro como se podía prever, gracias a la simpatía que inspiró en su capitán y a su capacidad, entonces inusual entre la tropa, para las cuestiones burocráticas.

[4]  Cronológicamente, Sender pertenecería a la del 27, mientras que Carrasquer -tres años más joven que Ridruejo, por ejemplo- se incluiría en la del 36.

[5] La primera tesis –mediocre pero meritoria, por pionera- fue americana y se debe a la pontevedresa Josefa Rivas. La publicó Editores Mexicanos Unidos en 1967.

[6] “Imán” y la novela histórica de Ramón J. Sender -primera incursión en el “realismo mágico” senderiano-, Uitgeverij Firma J. Heijnis Tsz., Zaandijk, 1968. Reeditada, con  numerosas corrreciones y ampliaciones, bajo el título de Imán” y la novela histórica de Sender (prólogo de Ramón J. Sender), London, Tamesis Books Limited, 1970.

[7] La tesis citada y La verdad de Sender, Tárrega, Cinca, 1982; La integral de ambos mundos: Sender, Zaragoza, Prensas Universitarias, 1994; Sender en su siglo (edición de Javier Barreiro), Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2001; Ramón J. Sender, el escritor del siglo XX, Lérida, Milenio, 2001.

[8] Imán, Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 1992; Réquiem por un campesino español, Barcelona, Destino, 1998.

[9] Rimas compulsivas (Antología de la poesía de Ramón J. Sender), El Ferrol, Esquío, 1999.

    [10] Carrasquer apunta que el exilio probablemente favoreció artísticamente su escritura, como les sucedió a otros autores. Aunque sea aventurado hablar de supuestos, puede concluirse que la tensión a que se ven sometidos los creadores en circunstancias vitales difíciles ha deparado muchas de las mejores producciones intelectuales de la historia.

    [11] Reveladora es la observación de Carrasquer acerca de la distinta recepción por parte de la intelligentsia de los premios Planeta concedidos a Sender y Vázquez Montalbán. Lo que en uno se interpretaba como achantamiento de cerviz y venta al todopoderoso capital, en el otro constituía el reconocimiento de la industria editorial a una trayectoria literaria y civilmente modélica.

[12] Algunos de sus numerosos artículos se reúnen en dos publicaciones de la Universidad de Leiden en 1980: La literatura española y sus ostracismos y Antología de artículos.

[13] Fernando Durán López en su Catálogo comentado de la autobiografía española (Siglos XVIII y XIX), Madrid, Ollero & Ramos, 1997, recoge 479 autores.

                                                       Carrasquer y el firmante en Leiden

(Publicado en Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005), Zaragoza, DPZ, 2010, pp. 1021-1036.

SENDER GARCÉS, Ramón José, Chalamera (Huesca), 03-02-1901 / San Diego (EE.UU.), 16-01-1982
Seudónimos: Pepe Garcés / Lucas La Salle / F. Saila / Dom Sem Tob / El Diablo Hariman / Lord Wais / Clemente Azlor

El escritor aragonés más eminente desde Baltasar Gracián fue hijo de un secretario de ayuntamiento, José Sender Chavanel, y de una maestra, Andrea Garcés Laspalas. Era el tercero de los diecinueve hijos del matrimonio, de los que sobrevivieron diez. Ramón, a quien en su casa siempre llamaron Pepe, nació el día de San Blas, cuando el siglo XX -centuria en la que fue testigo de muchos de sus sucesos más significativos- sólo contaba treinta y cuatro días. En septiembre de 1903 la familia se trasladó a la vecina Alcolea de Cinca, lugar natal de los padres, donde José Sender ejerció también de secretario.

El escritor recreó su infancia en Crónica del alba, donde aparecen, tanto la muy conflictiva relación con su padre, como la mitificación de la madre, imagen que está detrás de gran parte de su obra. Familiares decisivos en su niñez fueron también la tía Ignacia, que nutrió su imaginación con cuentos populares y era contraprima de doña Andrea, a la que ayudaba en casa, y el abuelo paterno, ejemplo para su nieto de las mejores virtudes del hombre aragonés. En 1911, la familia se afincó en Tauste, donde Ramón conoció a Valentina Ventura, hija del notario, personaje clave de la obra citada y, junto a su madre, la figura femenina más importante en su vida. Dos años más tarde se marchó a Reus para cursar tercero de bachiller en el colegio San Pedro Apóstol de los Hijos de la Sagrada Familia. Acabado el curso, volvió a Zaragoza, donde ya se había domiciliado la familia, para proseguir sus estudios.

                                             Casa natal en Chalamera, hoy derribada

Las etapas de Reus y Zaragoza están noveladas en la segunda y tercera partes de Crónica del alba, (“Hipogrifo violento” y “La Quinta Julieta”). Fue a partir de entonces cuando su afición a la literatura se desató: leía compulsivamente y publicó sus primeros textos en revistas escolares. En 1916 comenzó a trabajar como mancebo de botica, hecho que coincide con el inicio de su inquietud social, a través, sobre todo, de la relación con el anarquista Chueca, novelada en El mancebo y los héroes, y también con su primera publicación en un periódico: el cuento “Noche de ánimas”, que, el 31 de agosto de 1916, apareció en La Crónica de Aragón, diario regionalista que poco, después, incluiría otras narraciones del quinceañero. Al año siguiente dejó Zaragoza para matricularse en Alcañiz de las dos asignaturas que le quedaban para concluir el bachiller, al tiempo que ayudaba en la farmacia de Arturo López. Una vez obtenido el título y contra el criterio de su familia, en 1918 se marchó a Madrid. Allí trabajó brevemente en la farmacia de Toribio Zúñiga pero, sobre todo, frecuentó el Ateneo y comenzó a colaborar en periódicos de la capital, como La España Nueva, La Tribuna o El País aunque viviera con grandes estrecheces. Su padre lo fue a buscar para obligarle a regresar y asentarse en la capital oscense.

Comienza entonces -verano de 1919- una de las etapas de mayor estabilidad del escritor. Va a colaborar en el diario La Tierra de Huesca, órgano de la Asociación de Agricultores y Ganaderos de la provincia, del que pronto será redactor jefe y director efectivo. En este periódico escribirá acerca de cualquier tema y se curtirá como periodista todoterreno, mientras, por otro lado, continúa enviando cuentos y poemas a distintos rotativos. Además, en la temporada 1919-1920, se estrenará en el teatro Principal oscense su obra Mariposuela, representada por los estudiantes de Magisterio.

Después de casi cuatro años en la capital del Ésera, Sender se inscribió en el ejército como voluntario. Tras diversas peripecias, a finales de 1923 arribó a Melilla, donde sirvió en el Regimiento de Infantería Ceriñola y llegó a suboficial de complemento. Durante su estancia en Marruecos publicaría artículos en El Telegrama del Rif y le sería concedido el primer premio del concurso de cuentos organizado por la revista Lecturas, dotado con la respetable cantidad de 600 pesetas. El relato ganador, “Una hoguera en la noche”, que luego reelaboraría, manteniendo el título, para una de sus novelas crepusculares, había sido escrito, al parecer, años antes de su salida para África. En enero de 1924 volvió a Huesca. Por poco tiempo porque, tras enviar su currículo y tener una entrevista con Nicolás María de Urgoiti, fundador de El Sol, ingresó en dicho periódico como redactor.

Las ideas de Sender se habían radicalizado y la dictadura primorriverista acrecentó aún más su rebeldía. Comenzó sus relaciones con la CNT y en septiembre de 1926 pasó unas semanas en la cárcel Modelo. En 1928 murió su madre y apareció publicado su primer libro, El problema religioso en Méjico. Al año siguiente, se integró en el grupo Espartaco de la FAI e incrementó su actividad conspirativa. Tras su fecunda etapa en El Sol, durante 1930 comenzó a colaborar en Solidaridad Obrera y La Libertad. Es también el año de la publicación de Imán, obra que iniciaría el ciclo de novelas sociales y comprometidas que lo convertirían en el narrador joven más prestigioso de la República instaurada en 1931. En esas fechas conoció a Amparo Barayón, empleada de la Telefónica, mecanógrafa y primera mujer del escritor, al que daría dos hijos, Ramón (1934) y Andrea (1936). Los años treinta son de gran fecundidad periodística para el escritor y, en cuanto a la publicación de libros de narrativa y artículos, hasta el inicio de la Guerra Civil, editó catorce títulos. Como periodista, sus reportajes más trascendentes fueron los que publicó en La Libertad acerca de los sucesos de Casas Viejas, luego reelaborados en Viaje a la aldea del crimen.

Ideológicamente, se fue escorando hacia las tesis comunistas, lo que se hace notar, especialmente  desde su estancia en la Unión Soviética (1933), invitado por la Unión Internacional de Escritores Revolucionarios. Las crónicas de ese viaje, que tuvo considerable repercusión, fueron publicadas por La Libertad. En 1935 fundó la revista Tensor, de la que salieron tres números, y dio a la luz su obra teatral El secreto, con marcado trasfondo ideológico-social. La novela Mr. Witt en el cantón le vale el premio Nacional de Literatura, concedido el día inicial de 1936 por un prestigioso jurado en el que figuraban A. Machado y Baroja. Durante el mes de julio, Sender y su familia se encontraban veraneando en San Rafael. Abortado el Alzamiento en la capital, el escritor se incorpora a las milicias y Amparo se refugia en su casa familiar de Zamora. Allí es interrogada, puesta en arresto domiciliario y, enterada de que han fusilado a sus hermanos, Antonio y Saturnino, protesta ante el gobernador y es detenida, encarcelada y, el 11 de octubre, asesinada. El certificado de defunción la declaraba soltera. El cura le había negado la absolución por el mismo motivo. El 13 de agosto había sido fusilado en Huesca, Manuel Sender, alcalde de la capital y hermano de Ramón. Este, que se enteró de la muerte de su mujer en enero de 1937, sufrió un comprensible impacto, al pensar, con cierto fundamento, que la habían asesinado por no poder matarlo a él, aunque en el ensañamiento con Amparo influyeran también otros motivos. Los hijos pasaron a la Cruz Roja Internacional y quedaron finalmente en Francia.

Los acontecimientos bélicos tampoco propiciaban el optimismo. Sender alternó las actividades culturales y políticas con las misiones en el frente, donde, como capitán, mandaba la compañía “Amanecer”. Además de editar Crónica del pueblo en armas. Historia para niños, publicó artículos en Milicia Popular, Juventud y El Mono Azul. Destinado como Jefe de Estado Mayor en la I Brigada Mixta de Líster, ante las actitudes de este, prefirió abandonarla, para seguir en Madrid. Las calumnias que el general comunista vertió sobre su conducta han sido ya desmentidas por la documentación aportada por Donatella Pini Moro y Jesús Vived. De hecho, Sender fue felicitado en el boletín de la I Brigada Mixta correspondiente al último día de 1936. De cualquier modo, se fue a Bayona para gestionar el traslado de sus hijos y conoció a Elixabete Altube, con la que convivió junto a ellos en Pau y Louvie-Juzon. Fue allí donde comenzó a escribir El lugar de un hombre y, el 16 de noviembre, nació Emmanuel, el tercero de sus descendientes. Elixabete mecanografió Contraataque, mientras Sender viajaba frecuentemente a Barcelona.

En la primavera de 1938 es enviado a los Estados Unidos para defender la causa republicana. A su vuelta, pide ir al frente pero se le nombra miembro del comité de redacción de Voz de Madrid, semanario editado en París, portavoz del Gobierno legal. Sus dos hijos mayores son ingresados en Duremont, un campo infantil de refugiados en Calais. Ramón entabla relación con una periodista austriaca y Elixabete Altube desaparece de su vida. En marzo de 1939 embarca rumbo a Nueva York, donde la escritora Julia Davis se hace cargo de sus hijos, contingencia que resultó definitiva. Como el escritor todavía no se manejaba en inglés, pensó que saldría adelante con mejor fortuna en Méjico, aunque temía que los comunistas lo asesinaran. No lo hicieron, pero le pusieron todas las dificultades posibles. Él procuró mantenerse independiente, viviendo de los derechos de sus traducciones y de las novelas que iba escribiendo. Al poco de llegar al país azteca, creó la editorial Quetzal, en la que publicó El lugar del hombre, Proverbio de la muerte, Mexicayotl -su primera colección de cuentos, una de las labores del escritor más injustamente desatendidas-, Hernán Cortés y Epitalamio del prieto Trinidad.

Tras el asesinato de Trotsky, todavía más preocupado por su vida, consiguió en agosto de 1942 el visado a los USA, gracias a las gestiones de Eleanor Roosevelt y a una beca de la Fundación Guggenheim. Instalado en Santa Fe (Nuevo México), conoció a Florence Hall, con la que se casó en Las Vegas el 12 de agosto de 1943 y quien iría traduciendo al inglés muchas de sus obras. Al mes siguiente comenzó a trabajar en el Amherst College de Massachusetts y, un año después, en la Universidad de Denver (Colorado), al tiempo que colaboraba en conocidas revistas estadounidenses, como Harper’s Magazine, Partisan Review, The Modern MagazineBooks Abroad, y continuaba con su producción literaria. En 1945 fue a Nueva York para trabajar como adaptador de películas en la Metro Goldwyn Mayer, lo que llevó a cabo con el seudónimo de Clemente Azlor. En enero de 1946 consiguió la ciudadanía norteamericana y, al año siguiente, aceptó una oferta para dar clases de literatura española en la Universidad de Alburquerque (Nuevo México), donde permanecería tres lustros en una situación de tranquilidad que no había conocido en su ajetreada vida. Allí comenzó el contacto con Joaquín Maurín, quizá su mejor amigo en el exilio y con el que entabló una rica correspondencia, ya publicada. Maurín creó en 1948 la American Literary Agency (ALA), donde Sender publicaría centenares de artículos hasta el final de su vida. Sin embargo, ambos no se conocerían hasta fines de 1953 en Chicago. En el transcurso de ese año se había publicado en la colección Aquelarre, dirigida por José Ramón Arana, Mosén Millán que, luego, con el nuevo título de Réquiem por un campesino español, se consagraría como la más popular de las obras senderianas. También allí se publicó Ariadna (1955), primera versión de Los cinco libros de Ariadna.

En 1962, Sender pasó un semestre como profesor visitante en la Universidad de Los Ángeles (UCLA) y, el curso siguiente, obtuvo su jubilación en Alburquerque aunque siguiera impartiendo cursos como emérito. A finales de ese año viajó a Europa y visitó Londres, París y Pau (Francia). Hacía casi un cuarto de siglo que faltaba del Viejo Continente. 1963 fue año de cambios. Al divorcio con Florence Hall, después de que la relación se hubiese ido enfriando, siguió el traslado a Los Ángeles, de clima más benigno y favorable para el asma que siempre padeció y que en los últimos años le fue ocasionando más problemas. Vivió brevemente con la poetisa panameña Rosa Elvira Álvarez y en 1965 aceptó una oferta de la Universidad del Sur de California, en la que impartió clases hasta 1972, fecha en que, afectado por continuas crisis de asma, su médico le aconsejó trasladarse a San Diego.

En 1965 la censura había aceptado sus primeras publicaciones en la España franquista, El bandido adolescente y Crónica del alba, a la que se le concedió el premio Ciudad de Barcelona (1966). El éxito popular de dichas ediciones propició que la editorial Destino publicara buena parte de su obra y que el 23 de noviembre de 1968 apareciese en la revista homónima de la editorial el primer artículo de Sender que se publicaba en España desde la Guerra Civil. Ese mismo año había sido nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Nuevo Méjico. A partir de entonces, obtendría reconocimientos en distintas partes del mundo. El más controvertido fue la concesión del premio Planeta en 1969. Parece ser que le fue ofrecido y aceptó a cambio de que se publicaran algunos de sus libros prohibidos. De finales de los sesenta datan los primeros estudios totalizadores sobre su obra, firmados por Josefa Rivas, Marcelino Peñuelas y su coterráneo Francisco Carrasquer.

Ya en San Diego y asistido por su ex mujer, Florence Hall, Sender pudo dedicarse exclusivamente a escribir, cosa que hizo con la compulsión de siempre. Y no dejó de recibir reconocimientos. En Zaragoza, el diario Aragón Exprés instauró el premio Sender (1972) y la Universidad del Sur de California también lo nombró doctor honoris causa. Desde hacía tiempo, anidaba en su mente el deseo de regresar a su patria. No cuajaron los intentos de diversas instituciones, hasta que en 1974 la Fundación Mediterránea le planteó dictar unas conferencias en Barcelona y Zaragoza. El escritor puso como condición que se publicaran cinco libros suyos prohibidos y Ricardo de la Cierva, a la sazón director general de Cultura, le contestó favorablemente. El 29 de mayo de de 1974 aterrizó en Barcelona, tras más de treinta y cinco años de ausencia. Aunque abundó en episodios de toda laya, el viaje fue un éxito en cuanto a la recepción popular y la repercusión en la prensa. Tras dos semanas, en las que visitó Barcelona, Zaragoza, Huesca y Madrid, volvió a San Diego. Todavía regresaría a España en dos ocasiones más, en mayo y en octubre de 1976. En este último protagonizó un sonoro incidente en la casa mallorquina de Camilo José Cela. El asma, que no hizo ninguna mella en su fecundidad, volvió ingratos muchos momentos de sus viajes. Hasta septiembre de 1980 Sender no recuperó la nacionalidad española, que le había sido arrebatada por el franquismo. Tanto dicho año como el siguiente, aparecieron una docena de títulos de su autoría. Su fecundidad, exacerbada al final de su vida, provocó que muchos de sus libros, exceptuando, Monte Odina y Álbum de radiografías secretas, desmerecieran frente a los títulos más poderosos de su creación.

En 1981 fue propuesto para el premio Nobel por el Spanish Institute, a lo que se adhirieron otras instituciones, como las diputaciones aragonesas, la Universidad de Zaragoza y varios centenares de profesores e intelectuales. Faltó la Real Academia Española y faltó el apoyo del, quizá, mayor muñidor del premio, Arthur Lundkvist, que simpatizaba con los comunistas. Tampoco Sender puso, aparentemente, mucho interés en el asunto. El16 de enero de 1982, tras inyectarse un preparado contra el asma, un infarto de miocardio abatió al escritor en la cocina de su casa de San Diego.

La biografía senderiana tuvo un excelente cronista en Jesús Vived Mairal; su obra, ha sido objeto de una rica bibliografía, que, salvo en los últimos aportes, puede consultarse en el volumen de Elizabeth Espadas. El Instituto de Estudios Altoaragoneses alberga un Centro de Estudios Senderianos que acoge la casi totalidad de sus escritos y gran parte de lo publicado sobre el autor de Chalamera. En cambio, no puede decirse que la crítica de la prensa periódica española de los últimos cuarenta años recibiera los libros de Sender como merecían. Una desvalorización políticamente interesada, proveniente, por un lado, de quienes, cercanos al régimen, no podían ver con buenos ojos su pasado revolucionario pero, también, por parte de la facción dominante de intelectuales doctrinarios y proclives al marxismo, que, con una mirada cercana al estalinismo hasta hace casi nada, juzgaba con severidad a quien no hubiera sido dócil con las tesis emanadas desde su covachuela. En el exterior, por el contrario, su obra fue siempre apreciada y, desde la temprana traducción de Imán, se convirtió en uno de los tres o cuatro escritores españoles del siglo XX más valorados fuera de su ámbito lingüístico.

Cuando Sender publica sus primeras obras, lleva una decena de años bregando con el periodismo diario por lo que puede decirse que es un escritor sin balbuceos y con unas premisas muy claras: el compromiso con el pueblo, las clases trabajadoras y los desfavorecidos. En toda su primera etapa ese será su tema fundamental, pero reaparece siempre y, a veces, con tanta fuerza como en Réquiem por un campesino español.

Ya tanto en su primera obra narrativa como en la anterior, El problema religioso en México, de índole reflexivo-periodística, se sostienen posturas mucho más radicales que las de los literatos considerados entonces en la avanzada social. Carrasquer lo considera como “uno de los tres o cuatro escritores que más influyeron en formar la mentalidad prerrevolucionaria en España” y basta un repaso superficial a toda su producción de los años treinta y cuarenta para concluir que no existe una sola publicación que no contenga un propósito de denuncia y reivindicación humana. Sus libros son siempre “en contra de algo” y, por antonomasia, antirreaccionarios. Pero, además, la altura literaria y la modernidad de sus propuestas formales no tienen parangón entre los novelistas españoles de su tiempo. Su vinculación con la vanguardia poco tiene que ver con la de sus coetáneos, los poetas del 27, pero es manifiesta en la estructura de sus narraciones más tempranas. Imán, por su parte, constituye uno de los alegatos antibelicistas más radicales publicados en el primer tercio del siglo XX.

Un recorrido por la etapa inicial de su obra nos conecta con exactitud con los problemas diarios y la microhistoria de un país en ebullición. Dejando aparte El verbo se hizo sexo, reelaboración de un texto adolescente que, con su punto de tremendismo, refleja las obsesiones místico-trascendentales del autor de Chalamera, el resto de sus títulos –nada menos que quince hasta el estallido de la Guerra Civil– dan cuenta de una estricta vinculación con la actualidad, ya sean de carácter periodístico o narrativo. Piénsese en Siete domingos rojos, novela pionera tanto respecto a la evolución de sus ideas como a los conflictos sociales del país, o en Mr. Witt en el cantón, que admite tantas lecturas que puede parecer tan exagerado como propio considerarlo un facsímil metafórico del último siglo de historia española pero, también, un barrunto de la inminente conflagración. En todo caso, en ambas novelas, el protagonismo en el trasfondo del pueblo español resulta de lo más convincente.

En toda la obra senderiana aparece el mecanismo de la “escritura como acción”, tan fundamental, asimismo, en otros autores del siglo XX, pero también la creencia en la función social de la literatura y la constancia de su compromiso libertario, que es como incidir en la ya comentada connivencia con la “descomunal arremetida del pueblo español en la preguerra”, que tan escaso eco ha suscitado entre los intelectuales patrios. Como señaló Carrasquer, resulta literalmente impresionante observar la cantidad de empresas renovadoras, culminadas o no con éxito, debidas a esta pujanza del pueblo español en los escasos nueve años que van desde la proclamación de la república a la derrota bélica. Más, teniendo en cuenta las circunstancias socio-económicas de quienes apenas podían dedicarse a otra cosa que no fuese a su supervivencia. Escribió Carrasquer: “[Sender] no pertenece en absoluto a ninguna reacción contra la estética ´turriebúrnea` del 27, ni sirve de ´eslabón` entre la novela social de preguerra y la de posguerra”. Efectivamente, aun siendo plenamente consciente de la función y las contradicciones del intelectual en sus contextos, como demuestran sus novelas y su obra periodística en los años treinta, escribía “desde dentro”, poseído de un entrañamiento visceral con el pueblo que, por otra parte, no contradecía su independencia. La única excepción sería Contraataque, obra al servicio de la causa, en la que el autor, en cierto modo, abdica de su creatividad, y que corresponde a un momento histórico en que otros libertarios tomaron actitudes comprensivas o reformistas de las que no tardarían en arrepentirse.

Tanto en las novelas como en los libros de artículos de los años treinta Sender supo estar en el centro de las preocupaciones de su tiempo pero también aportar una personalidad propia que se mantendría enteriza a lo largo de su dilatada vida como escritor. La necesidad de liberar el instinto que aparece en Carta de Moscú sobre el amor (1934) es la misma fe que se manifiesta en Mr. Witt en el cantón o en obras de su último período. Para él, el amor tiene su origen y su legitimidad en el sexo y lo demás son construcciones sociales hipócritas que tratan de imponer una valla para controlar todas las inclinaciones naturales a las que, al identificarlas con el mal, se imponen toda clase de castigos y amenazas.                                      

Contraataque, su novela de la guerra, está, como no podía ser de otra manera, tan condicionada por los acontecimientos bélicos, como por la particular situación del autor en el campo republicano, como trató de explicar en su prólogo a la edición de 1978. Fuera como fuese, se encuentra entre las de mayor calidad escritas durante la contienda y así parecen demostrarlo las varias traducciones que inmediatamente se acometieron. Pero donde el novelista encuentra un tono equilibrado y exacto, pese a su tremendismo, es en El lugar de un hombre, redactada en Francia y cuando la contienda estaba en su ecuador, aunque el autor había recogido materiales para ella desde hacía varios años. Titulada en su primera versión, de 1939, El lugar del hombre, se basaba en el llamado “crimen de Cuenca” sobre el que Sender había publicado una serie de reportajes para El Sol en marzo de 1926. En ellos daba noticia de la aparición de un hombre por cuyo asesinato se condenó a dos inocentes, que habían terminado por reconocer, a través de la tortura, el inexistente crimen y que, desde 1910, fecha de su detención, habían pasado largos años en el penal. Sender no se limitó al relato de los hechos, sino que incorporó otros materiales integrando, también, muchas de las obsesiones de su intensa peripecia personal, con lo que la obra multiplicó sus niveles de significado: la preocupación social; la omnipresencia de las raíces de su niñez rural aragonesa; el trasfondo de la división del país en dos bandos irreconciliables, con la metáfora latente de la guerra civil; el elemento existencial, tan presente en toda la producción senderiana y que durante toda la década de los cuarenta va a convertirse en el principal leitmotiv de la literatura europea, y, sobre todo ello, la afirmación de la importancia de cada ser humano en el mecanismo esencial del desenvolvimiento de la existencia y de la naturaleza, con la denuncia de lo que suponen hechos sociales como la marginación, la exclusión o el exilio interior o forzado. Sender logró así una intensidad descriptiva y emocional que convierte a El lugar de un hombre en una de las cimas de la novela española del siglo XX. La maestría en la distribución de los materiales narrativos, la capacidad de sugerencia y elipsis, el desgarrado realismo orlado de elementos poéticos, así como el magnífico dibujo de los personajes, expresado en trazos rápidos pero creíbles, y la precisa descripción de la sombría sociedad rural española de la preguerra constituyen otros de los principales rasgos de esta poderosa obra.

Los años cuarenta y cincuenta trajeron el periodo de mayor creatividad narrativa del escritor. Proverbio de la muerte (1939), convertido en La esfera a partir de las ediciones de 1947, nos muestra al Sender más metafísico, pulsión a la que tenderá en sus últimos años. Evidentemente influido por la densa peripecia de su último lustro, en el autor se suman la confusión y la perplejidad a la necesidad de encontrar un hilo de Ariadna, alguna clase de explicación que le permita salir no demasiado malparado del piélago de desdichas. Federico Saila, un exiliado, hasta cierto punto contrafigura del autor, viaja hacia su destino americano a bordo de una nave que congrega numerosos elementos simbólicos, como sucederá con otras dos grandes novelas, también en gran parte deudoras del drama de la Guerra Civil, El rey y la reina y El verdugo afable. Esta última recoge numerosos elementos biográficos, reelaboraciones de textos anteriores y referencias a obras de autores aragoneses emblemáticos como Miguel de Molinos y Braulio Foz. Con todo, se trata de una de las grandes creaciones de su autor en la que de nuevo, la perplejidad y la culpa inocente, son temas fundamentales. Antes, había publicado su novela americana, Epitalamio del prieto Trinidad, alucinada narración desarrollada en un penal del Caribe, en la que la violencia y la maldad se exorcizan a través de la pureza natural de la Niña Lucha, una de las figuras femeninas que tanto prodigó Sender, prototípicas imágenes elementales de la madre primigenia y del ideal. Sin embargo, quizá, la obra más trascendente de este periodo es Crónica del alba, que daría inicio a la serie de nueve novelas protagonizadas por Pepe Garcés, contrafigura del escritor, a la que daría remate en 1967. A la inusitada sinceridad, por más que idealizada, del recuerdo se unen un límpido y naturalísimo estilo, la credibilidad humana del protagonista y del resto de los personajes, la fijación de la figura que representa el ideal inalcanzado pero siempre presente en Valentina y la referencia a hechos reales en los que, muy senderianamente, se congregan la poesía, la crueldad de la vida y lo incomprensible del mundo. Sin duda, la obra más leída y celebrada de este periodo es la novela corta Mosén Millán, convertida en Réquiem por un campesino español para la edición de 1960. Ambientada en un pueblo aragonés, el fusilamiento de un joven campesino, delatado por el cura, que había sido su amigo, despierta los recuerdos y remordimientos de éste, lo que, con una precisión y poder evocador admirables, sirve para recrear el clima social, político y moral de la guerra y de su periodo de gestación. Sender dibuja aquí unos retratos inolvidables de personajes, al tiempo que, con un sentido dramático y coral, consigue que el pueblo y su espíritu enmarquen contenidamente la tragedia. Mainer la considera “la novela corta más perfecta y conmovedora de la literatura española contemporánea”.

Los cinco libros de Ariadna, aunque algo farragosa y pasada de extensión, contiene un magnífico y esclarecedor prólogo, con una intensa autoetopeya del autor, que ha sido abundantemente citado. La novela es, ante todo, un ajuste de cuentas con el pasado, en especial con el estalinismo, pero en ella también aparece la grotesca figura de Franco y la herida intimidad de Sender. Llena de connotaciones simbólicas y escrita en una especie de estado poético exaltado, su valor reside en su significación y en algunos fragmentos aislados. El año 1956 vio la aparición de la primera novela específicamente histórica, Bizancio, basada en la gesta de los almogávares y que anticipa con brillantez la capacidad de fabulación del autor en este subgénero narrativo. El personaje de la princesa María, contrapunto de la rudeza de los guerreros y uno más de los ejemplos de mujer-niña que fascinaran al escritor, es para Carrasquer la más bella creación femenina del novelista oscense. Igualmente, Mainer la considera una creación superior, tanto a la Niña Lucha del Epitalamio, como a Milagritos de Mr. Witt en el cantón, personaje que, para José María Jover, era el más humano, complejo y vigorosamente esbozado de cuantos había trazado Sender.

Aparte de obras de menor aliento, entre las que se cuenta La tesis de Nancy, uno de sus mayores éxitos comerciales y que iniciaría un ciclo compuesto por cinco novelas, en la década de los sesenta Sender dará a la luz la mayor parte de sus narraciones históricas: Los tontos de la Concepción, Carolux rex, La aventura equinoccial de Lope de Aguirre, El bandido adolescente, Tres novelas teresianas y Las criaturas saturnianas, entre las que se encuentran obras maestras del género. A partir de la concesión del premio Planeta en 1969 a En la vida de Ignacio Morel y, favorecido por el interés de los lectores españoles que, en su gran mayoría, acababan de conocer al escritor, los años que transcurren hasta su muerte se caracterizarán por el gran número de obras que entregará a su editor barcelonés José Verges, responsable de Destino. Nada menos que treinta y tres novelas, si seguimos la cuenta de Elizabeth Espadas, estudiosa de su bibliografía, entre Tánit (1970) y Hughes y el once negro (1984), publicada póstumamente. Si bien es evidente que no hay títulos inolvidables en el elenco y una porción de ellos pecan de divagatorios, también es cierto que no les suele faltar amenidad, se leen con gusto, abundan en agudezas o escolios memorables y, sobre todo, son un excelente resumen tanto de la amplísima panoplia de inquietudes senderianas como de su particular cosmovisión, que apenas se modifica en medio siglo de producción narrativa. Es precisamente en esta su última época cuando las preocupaciones trascendentes ocupan una parte sustancial de sus ficciones e incluso se apoderan de ellas, lo que ha constituido uno de los argumentos descalificadores más utilizados por la crítica para minusvalorar esta fase de su creación. Se trata, probablemente, de una depuración del tan mentado esencialismo senderiano que, en una etapa menos condicionada por las urgencias históricas y ya aproximándose el final de su vida, toma un protagonismo cada vez mayor. Esas preocupaciones aparecen desde el principio de su obra narrativa y toman cuerpo incluso en novelas tan comprometidas socialmente como puedan ser Imán, O. P., Siete domingos rojos y Mr. Witt en el cantón.

Además de la narrativa, Sender abordó otros géneros literarios y formas de escritura con idéntica convicción y voluntad. Dejando aparte su monumental correspondencia -que sólo se ha recogido parcialmente en dos libros y alguna publicación periódica- y sus muchos miles de artículos, que han dado lugar a una docena de volúmenes, teatro, ensayo y poesía están presentes desde el principio de su actividad literaria. De 1917 data su primer escrito en forma dialogada, publicado en la revista El Pilar, y de 1919, su primer estreno. Para llegar a su primera obra teatral publicada independientemente hemos de esperar hasta 1935, año en que aparece El secreto. A partir de entonces, otra docena títulos se suceden para la escena. Entre los más representativos: La Llave, Jubileo en el Zócalo y Don Juan en la mancebía.

Ensayístico fue su primer título, El problema religioso en Méjico, y ensayística es la vocación de muchos de los precitados libros que recopilaron artículos. Una de las cumbres en este género es la colección de ensayos recogida en Examen de ingenios. Los noventayochos, donde reunió no sólo los dedicados a su amigo Valle-Inclán y a sus congeneracionales, Unamuno y Baroja, sino también semblanzas interpretativas de Santayana, Juan Ramón Jiménez y Federico García Lorca. Poco conocidos y citados, constituyen, sin embargo, una agudísima visión y exégesis de personajes y obras. En Ensayos sobre el infringimiento cristiano Sender resumió su interpretación del hecho religioso y simbólico, en ocasiones, cercano a la filosofía hermética, el misticismo y la teosofía, teniendo en cuenta las aportaciones de los mitólogos contemporáneos. Heterodoxia religiosa que, desde su fascinación por Miguel de Molinos hasta sus últimas novelas, pasando, evidentemente, por la poesía, es una constante senderiana. Tres ejemplos de amor y una teoría, Ensayos del otro mundo y Por qué se suicidan las ballenas son otros tantos ejemplos de la variedad de las preocupaciones de su autor. Particularmente ilustrativos resultan El futuro comenzó ayer. Lecturas mosaicas, otro desatendido libro sobre el judaísmo y Ver o no ver. Reflexiones sobre la pintura española, que nos habla con agudeza de otra de sus pasiones, la pintura, actividad que el escritor practicó, sobre todo en sus años finales, con escasa brillantez. Pero quizá sean dos textos de esta última época, Monte Odina y Álbum de radiografías secretas, la más fascinante ejemplificación de las pulsiones del autor, de su proteica cultura, de su asendereada vida que le hizo asistir a tantos acontecimientos y conocer a tantas personalidades. Poco atendidos en el momento de publicarse, en los últimos años han sido reivindicados y reeditados.

Temprana es también, aunque esto resulte habitual, la relación del autor de Chalamera con la poesía. En 1918 publicó en el alcañizano El Pueblo “Las nubes blancas”, pero hasta 1960 no se decidió a reunir su producción poética en un libro, Las imágenes migratorias, aunque encontramos poemas aislados en alguna de sus novelas. Más adelante, refundió y aumentó la citada obra en Libro armilar y memorias bisiestas, que puede considerarse como la edición definitiva de su lírica y que, en un jugoso prólogo, contiene lo que podríamos considerar su testamento poético. Sender apreció mucho esta vertiente de su creación aunque despertara poco interés entre los estudiosos. El soneto fue su estrofa preferida y privilegió la disposición combinatoria y estructural del material poético en una lisis lírica en la que los elementos simbolistas y herméticos se interaccionaban con los resabios vanguardistas, que nunca lo abandonaron.

En definitiva, la obra de Sender está tintada por la época en que vivió pero también por su fuerte personalidad. Su repetida afirmación: “ir por el mundo sin máscara” no es sólo exhibicionismo sino un rasgo que considera altamente identificador del hombre aragonés. Aragonesismo que él mismo se encargó de corroborar sucesivamente y que alcanza su expresión más cabal en el tan citado y conmovedor prólogo a Los cinco libros de Ariadna pero que siempre estará presente y, de manera especial, en El lugar de un hombre (1939), Crónica del alba (1942), El verdugo afable (1952), Mosén Millán (1953), Bizancio (1956), Solanar y lucernario aragonés (1978), Monte Odina (1980) y Segundo solanar y lucernario aragonés (1981). Por otro lado, el escritor pasó más de la mitad de su vida en América y este continente y sus gentes tuvieron un fuerte protagonismo en su obra. “Novelista de ambos mundos”, lo denomina Carrasquer y es cierto que muy pocos escritores españoles, ni siquiera entre los del exilio, pueden ofrecer un conjunto tan numeroso de títulos dedicados a América -treinta y siete, incluida su primera obra-, ni una imbricación tan íntima con el espíritu y las mitologías del Nuevo Continente.

Si la patria del escritor es su infancia, pocos autores como Sender justifican ese dicho, ya que siempre se contó a sí mismo y en su obra trató de dar cuerpo a su creencia en que la misión del novelista consiste en hacer verosímil la realidad. Por eso, de su universo creativo puede extraerse una suerte de síntesis representativa de los acontecimientos más reseñables de la pasada centuria aunque, por muy pocos años, su factor no alcanzase a contemplar dos episodios tan trascendentales como la revolución informática y el derrumbe del comunismo. Hombre de acción, su escritura se inclina por la expresión directa aunque siempre procure dejar en la trastienda la sugestión del misterio y la perplejidad ante la vida. Pero su escritura es también eso: acción, vitalidad, pulsión de crear, lo que da lugar a una prodigalidad narrativa que nos recuerda a la de Lope, Galdós o Menéndez y Pelayo, autores que, como él, llevaron a la vida esa compulsión, ese deseo de abarcarlo todo que les arrastraba también a la hiperactividad erótica. De cualquier modo, la complejidad y riqueza de la personalidad del escritor no permiten más que apuntar aspectos de una obra y vida inabarcables y todavía con muchos espacios vírgenes en su trayectoria e interpretación. Pero, si se puede decir algo con seguridad es que, con sus errores, vacilaciones y desvíos, Sender no se doblegó ante doctrinas y mantuvo siempre incólume esa independencia, que llevó a la literatura.

                                                              OBRAS

Nota: En la lista de obras se consignan las primeras ediciones, las primeras ediciones españolas y aquellas en las que hay cambios significativos en el texto, son ediciones críticas o con escolios.

Mariposuela (comedia), estr. en 1919.

El problema religioso en Méjico (ensayo), Madrid, Cenit, 1928.

Imán, Barcelona, Cenit, 1930. / Barcelona, Destino, 1976. / (ed. de Francisco Carrasquer) Huesca, IEA, 1992.

América antes de Colón (ensayo), Valencia, Cuadernos de Cultura, 1930.

-O. P. (Orden Público), Madrid, Cenit, 1931. / México, Ediciones Panamericanas, 1941.

El verbo se hizo sexo. Teresa de Jesús (biografía), Madrid, Zeus, 1931.

La República y la cuestión religiosa (artículos), Barcelona, Tip. Cosmos, 1932.

Teatro de masas (artículos), Valencia, Orto, 1932.

Siete domingos rojos, Barcelona, Balagué, 1932. / (ed. de Miguel Oltra Tomás) Zaragoza, Prensas Universitarias-IEA, 2004.

Casas Viejas. Episodios de la lucha de clases (artículos), Barcelona, Cenit, 1933. / (ed. de José Domingo Dueñas y Antonio Pérez Lasheras) Zaragoza, Prensas Universitarias-IEA, 2004.

La noche de las cien cabezas, Madrid, Orto, 1934.

Madrid-Moscú. Notas de viaje (artículos), Madrid, Pueyo, 1934.

Carta de Moscú sobre el amor (artículos), Madrid, Pueyo, 1934.

Viaje a la aldea del crimen (artículos), Madrid, Pueyo, 1934. / (ed. de José María Salguero Rodríguez) Madrid, Vosa, 2000.

Proclamación de la sonrisa (artículos), Madrid, Pueyo, 1934.

El secreto (drama), Madrid, Tensor, 1935.

Mr. Witt en el Cantón, Madrid, Espasa-Calpe, 1936. / Madrid, Alianza, 1968. / (ed. de José María Jover) Madrid, Castalia, 1987.

La llave (teatro), estr. el 2-X-1936. (V. ediciones en La llave [1960]).

Crónica de un pueblo en armas (historia para niños), Valencia, Ediciones Españolas, 1936.

Primera de acero, Madrid, 5º Regimiento, 1936.

Contraataque, Madrid, Nuestro Pueblo, 1938 / Salamanca, Almar, 1987.

El lugar del hombre, México, Quetzal, 1939. / Con el título, El lugar de un hombre, México, CNT, 1958. / Barcelona, Destino, 1968. / (ed. de Donatella Pini Moro) Huesca, IEA, 1998.

Proverbio de la muerte, México, Quetzal, 1939.

Hernán Cortés (teatro), México, Quetzal, 1940.

Mexicayotl (cuentos), México, Quetzal, 1940.

Epitalamio del prieto Trinidad, México, Quetzal, 1942. / Barcelona, Destino, 1966.

Crónica del Alba, México, Nuevo Mundo, 1942. / Nueva York (EE.UU.), Las Américas, 1963. / Barcelona, Andorra, 1969. / Barcelona, Destino, 2001. La ed. de Las Américas recoge también: Hipogrifo violento, La Quinta Julieta El mancebo y los héroes, publicadas anteriormente e incorpora: La onza de oro y Los niveles del existir. La ed. de Andorra constituye la obra completa con la inclusión de tres partes nuevas: Los términos del presagio, La orilla donde los locos sonríen y La vida comienza ahora.

La esfera (nueva versión de Proverbio de la muerte), Buenos Aires, Siglo Veinte, 1947. / Madrid, Aguilar, 1969.

El vado, Toulouse (Francia), La Novela Española nº 8, 1948. / Zaragoza, DPZ, 2001.

El rey y la reina, México-Buenos Aires, Jackson de Ediciones Selectas, 1948-1949. / Barcelona, Destino, 1970.

El verdugo afable, Santiago de Chile, Nascimento, 1952. / Madrid, Aguilar, 1970.

Mosén Millán, México, Aquelarre, 1953. / Con el título Réquiem por un campesino español, Nueva York (EE.UU.), Las Américas, 1960. / (ed. de Patricia Mc Dermott) Manchester (Reino Unido), University Press, 1992. / (ed. de Francisco Carrasquer) Barcelona, Destino, 1998.

Hipogrifo violento, México, Aquelarre, 1954.

Ariadna, México, Aquelarre, 1955. Ampliada considerablemente en Los cinco libros de Ariadna, Nueva York (EE.UU.), Ibérica, 1957. / Barcelona, Destino, 1977. / (ed. de Patricia McDermott) Zaragoza, IEA-Prensas Universitarias, 2004.

Unamuno, Valle Inclán, Baroja y Santayana. Estudios críticos (ensayo), México, De Andrea, 1955.

Bizancio, México, Diana, 1956. / Andorra la Vella, Editorial Andorra, 1968.

La Quinta Julieta, México, Costa Amic, 1957. / (ed. de Jesús Vived Mairal) Zaragoza, DPZ, 2001.

Emen hetan (Aquí estamos), México, Libro Mex, 1958.

El diantre (tragicomedia para el cine según un cuento de Andreyev), México, De Andrea, 1958. / con Los Antofagastas y Donde crece la marihuana en Comedia del diantre y otras dos, Barcelona, Destino, 1969.

Los laureles de Anselmo (novela dialogada), México, Atenea, 1958. / Barcelona, Destino, 1972.

La llave (cuentos), Montevideo, Alfa, 1960. / La llave y otras narraciones, Madrid, Magisterio Español, 1967. / (ed. de Jesús Vived Mairal) Huesca, IEA, 2001.

Las imágenes migratorias (poesía), México, Atenea, 1960.

El mancebo y los héroes, México, Atenea, 1960.

Novelas ejemplares de Cíbola (cuentos), Nueva York (EE.UU.), Las Americas, 1961. / Santa Cruz de Tenerife, Romerman, 1967.

Examen de ingenios. Los noventayochos (ensayo), Nueva York (EE.UU.), Las Américas, 1961.

La luna de los perros, Nueva York (EE.UU.), Las Américas, 1962. / Barcelona, Destino, 1969.

La tesis de Nancy, México, Atenea, 1962. / Madrid, Magisterio Español, 1968. / (ed. de Francisco Troya Márquez y Pilar Úcar Ventura) Barcelona, Casals, 1999.

Carolus Rex. Carlos II el Hechizado, México, Editores Mexicanos Unidos, 1963. / Barcelona, Destino, 1971.

Los tontos de la Concepción. Crónica misionera, Sandoval (EE.UU.), Coronado, 1963.

Jubileo en el Zócalo (teatro), Nueva York (EE.UU.), Florence Hall, 1964. / Barcelona, Delos-Aymá, 1967.

La aventura equinoccial de Lope de Aguirre, Nueva York (EE.UU.), Las Américas, 1964. / Madrid, Magisterio Español, 1967. / (ed. de Pilar Úcar Ventura) Barcelona, Casals, 1998.

El bandido adolescente, Barcelona, Destino, 1965.

Cabrerizas Altas (cuentos), México, Editores Mexicanos Unidos, 1965. / (ed. de Vicente Moga Romero) Cabrerizas Altas (novela). Arabescos. Impresiones del carnet de un soldado (artículos periodísticos), Melilla, Ayuntamiento de Melilla, 1990.

El sosia y los delegados, México, Costa-Amic, 1965.

Valle Inclán y la dificultad de la tragedia (ensayo), Madrid, Gredos, 1965.

Las gallinas de Cervantes y otras narraciones parabólicas (cuentos), México, Editores Mexicanos Unidos, 1967.

Tres novelas teresianas (La puerta grande, La princesa bisoja, En la misa de fray Hernando), Barcelona, Destino, 1967.

Ensayos sobre el infringimiento cristiano, México, Editores Mexicanos Unidos, 1967. / Madrid, Editora Nacional, 1975.

Las criaturas saturnianas, Barcelona, Destino, 1968.

Don Juan en la mancebía (drama litúrgico), México, Editores Mexicanos Unidos, 1968. / Barcelona, Destino, 1972.

El extraño señor Photynos y otras novelas americanas (cuentos), Barcelona, Delos-Aymá, 1968.

En la vida de Ignacio Morel, Barcelona, Planeta, 1969.

Comedia del diantre y otras dos (teatro), Barcelona, Destino, 1969.

Nocturno de los 14, Nueva York (EE.UU.), Iberama, 1969. / Barcelona, Destino, 1970.

Crónica del alba (primera edición completa, con los nueve vols.), Barcelona, Andorra, 1969.

Novelas del otro jueves (cuentos), México, Aguilar, 1969.

Tres ejemplos de amor y una teoría (ensayo), Madrid, Alianza, 1969.

Tánit, Barcelona, Planeta, 1970.

Zu, el ángel anfibio, Barcelona, Planeta, 1970.

Ensayos del otro mundo, Barcelona, Destino, 1970.

Relatos fronterizos (cuentos), México, Editores Mexicanos, 1970. / Barcelona, Destino, 1972.

La antesala, Barcelona, Destino, 1971.

El fugitivo, Barcelona, Planeta, 1972.

Túpac Amaru, Barcelona, Destino, 1973.

Una virgen llama a tu puerta, Barcelona, Destino, 1973.

Donde crece la marihuana (drama), Madrid, Escelicer, 1973.

La mesa de las tres moiras, Barcelona, Planeta, 1974.

Cronus y la señora con rabo (bajo el signo de Cáncer), Barcelona, Akal, 1974.

Nancy, doctora en gitanería, Madrid, EMESA, 1974.

Nancy y el bato loco, Madrid, EMESA, 1974.

Las Tres Sorores (remodelación de Siete domingos rojos), Barcelona, Destino, 1974.

Libro armilar de poesía y memorias bisiestas (poesía), México, Aguilar, 1974.

El futuro comenzó ayer. Lecturas mosaicas (ensayo), Madrid, CVS, 1975.

Las efemérides (bajo el signo de Libra), Madrid, Sedmay, 1976. / Barcelona, Destino, 1981.

El pez de oro, Barcelona, Destino, 1976.

Arlene y la gaya ciencia, Barcelona, Destino, 1976.

El alarido de Yaurí, Barcelona, Destino, 1977.

Gloria y vejamen de Nancy, Madrid, Magisterio Español, 1977.

El mechudo y la llorona, Barcelona, Destino, 1977.

Adela y yo, Barcelona, Destino, 1978.

El superviviente, Barcelona, Destino, 1978.

Solanar y lucernario aragonés (artículos), Zaragoza, Heraldo de Aragón, 1978.

Epílogo a Nancy (bajo el signo de Tauro), Barcelona, Destino, 1979.

La mirada inmóvil, Barcelona, Argos Vergara, 1979.

Por qué se suicidan las ballenas (bajo el signo de Sagitario) (ensayo), Barcelona, Destino, 1979.

Luz zodiacal en el parque (bajo el signo de Acuario), Barcelona, Destino, 1980.

Monte Odina, Zaragoza, Guara, 1980. / (ed. de Jean-Pierre Ressot) La Coruña, Ediciós do Castro, 2003.

Una hoguera en la noche (bajo el signo de Aries) Barcelona, Destino, 1980.

La muñeca en la vitrina (bajo el signo de Virgo), Barcelona, Destino, 1980.

Saga de los suburbios (bajo el signo de Escorpio), Barcelona, Destino, 1980.

Ramú y los animales propicios, Barcelona, Argos Vergara, 1980.

Ver o no ver. Reflexiones sobre la pintura española (ensayo), Madrid, Heliodoro, 1980.

La cisterna de Chichén-Itzá, Barcelona, Acervo, 1981.

Chandrío en la plaza de las Cortes, Barcelona, Destino, 1981.

Orestíada de los pingüinos (bajo el signo de Piscis), Barcelona, Destino, 1981.

El oso malayo (bajo el signo de Leo), Barcelona, Destino, 1981.

Memorias bisiestas (bajo el signo de Sagitario), Barcelona, Destino, 1981.

Segundo solanar y lucernario (artículos), Zaragoza, Heraldo de Aragón, 1981.

El jinete y la yegua nocturna (bajo el signo de Capricornio), Barcelona, Destino, 1982.

La kermesse de los alguaciles (bajo el signo de Géminis), Barcelona, Destino, 1982.

Álbum de radiografías secretas (ensayo), Barcelona, Destino, 1982.

Los cinco libros de Nancy, Barcelona, Destino, 1984.

Hugues y el once negro, Barcelona, Destino, 1984.

Toque de queda (pensamientos), Barcelona, Plaza & Janés, 1985.

Primeros escritos (1916-1924), Huesca, IEA, 1993.

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                                                                Autorretrato

Otras entradas sobre Ramón  J. Sender en este blog:

https://javierbarreiro.wordpress.com/2015/02/02/ramon-j-sender-el-lugar-de-un-hombre/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2012/12/09/introduccion-a-sender-en-su-siglo-de-francisco-carrasquer/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2015/08/16/filias-y-fobias-de-r-j-sender-una-entrevista-olvidada/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2016/03/21/el-joven-sender-autor-de-los-desconocidos-guiones-de-cocoliche-y-tragavientos/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2016/11/26/un-cuento-desconocido-el-primer-texto-de-sender-publicado-en-madrid-1916/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2018/07/07/leer-hoy-a-sender/