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(Publicado en Diccionario de Autores Españoles Contemporáneos (1885-2010), Diputación de Zaragoza, 2010, pp. 340-341.) Con alguna adición

DERQUI MARTOS, Manuel, La Habana (Cuba), 12-09-1921 / Aragüés del Puerto (Huesca), 13-09-1973.
Género: Narrativa

Cuando Manuel era niño, su familia se trasladó a Tetuán y, posteriormente, a Zaragoza, donde se afincó de forma definitiva. En 1944, tempranos problemas pulmonares le hicieron desistir de la carrera naval  y, desde entonces, se dedicó intensamente a las Letras. Comenzó a publicar artículos literarios y musicales y fundó la revista Ansí (1952), en unión de José María Aguirre, Miguel Labordeta, Santiago Lagunas y J. B. Uriel. También colaboró en Almenara, Proa y Orejudín, así como en publicaciones de ámbito nacional como Índice, La Actualidad Española, Acento Cultural y El Español. A partir de los años sesenta fue habitual colaborador de Heraldo de Aragón. Falleció de un ataque al corazón, antes de ver publicada alguna de sus numerosas narraciones.

A pesar de su inexistencia editorial, Manuel Derqui mantuvo un gran prestigio en Zaragoza por su solidez cultural y su preocupación por las nuevas experiencias narrativas. Su amigo Cándido Pérez Gállego, catedrático de Literatura Inglesa, fue uno de sus principales valedores y quien, tras su muerte, se preocupó por dar a conocer su obra. Meterra es una novela arriesgada, experimentalista y críptica, llena de símbolos personales que fue escrita entre 1955 y 1963. Se ha dicho que, de haber sido publicada cuando se terminó, hubiera abierto una línea fuertemente innovadora en la narrativa española. Compleja pero con un trasfondo lírico, su lenguaje, minucioso y artísticamente decantado, denota un fuerte esfuerzo de elaboración. En ella laten ecos de Joyce, Proust, Kafka, Faulkner y V. Woolf. Sus cuentos, aunque en una escala menor, también han cosechado grandes elogios y quizá resistan mejor el paso del tiempo. «De rerum malleorum» y «La torre y el niño» han llegado a ser calificados de obras maestras. En 1992 se editó La ciudad. Apuntes para una biografía, un esbozo de novela que ya había aparecido parcialmente como colofón al libro de cuentos y que poco añade a su trayectoria literaria. Dejó inéditas decenas de narraciones breves y tres novelas: La persecución (1951), La travesía (1953) y El gran verano (1954).

OBRAS

Meterra (novela), Barcelona, Planeta, 1974.

Cuentos (selección de Cándido Pérez Gallego), Zaragoza, Lib. General, 1978.

La ciudad. Apuntes para una biografía (novela), Zaragoza, DGA, 1992.


BIBLIOGRAFÍA

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-NAVALES, Ana María, «Trayectoria literaria y obra inédita de Manuel Derqui», Heraldo de Aragón, 12-X-1976.

-, Antología de narradores aragoneses contemporáneos, Zaragoza, Heraldo de Aragón, 1980, pp. 33-34, 159-165.

-PÉREZ GÁLLEGO, Cándido, «El paraíso perdido de Meterra. En la muerte de Manolo Derqui», Andalán nº 26, 1-X-1973.

-, «El país Derqui», Andalán nº 33, 15-I-1974.

-, «Prólogo» a Cuentos, Zaragoza, Librería General, 1978.

-, «Derqui, la casa de los abuelos, allá lejos», Heraldo de Aragón, 14-X-1982.

-, «El estilo de Derqui: nuevas claves de Meterra», Heraldo de Aragón, 1983.

-PÉREZ GÁLLEGO, José, «Entre Sansueña y Ansí», Heraldo de Aragón, 15-IX-1973.

-, «Diez años sin Derqui», Heraldo de Aragón, 1983.

-PÉREZ GRACIA, César, «Los relatos de Derqui», Heraldo de Aragón, 1983.

-, «Manuel Derqui: un viaje al fondo de la página», Heraldo de Aragón, 14-IX-1993.

-TELLO, Rosendo, «Introducción» a Orejudín (ed. facsímil), Zaragoza, DGA, 1991, pp. 68-75.

-, Naturaleza y poesía. Memorias (1931-1950), Zaragoza, PRAMES, 2008, pp. 284-285.

(Publicado en Diario del AltoAragón, 10 de agosto 2018)

¿Cuántas autobiografías conoce usted de mujeres aragonesas anteriores a 1988? En estos momentos, yo no recuerdo ninguna y tampoco abundan –todo lo contrario- después.  Sólo por esta razón sería ilustrativo detenerse en la que escribiera y editara la oscense Adelina Bello Lasierra, personaje tan insólito como atractivo.

Familia Bello (1911). Adelina sostenida por su padre.

Casi tan longeva como su famoso hermano Pepín, con quien tenía una relación ambivalente de gran cariño y alguna desconfianza, Adelina -o Adelaida- Bello Lasierra (Huesca, 23-04-1909 / Madrid, 22-11-2007) fue una mujer de gran inteligencia y originalidad, cuya formación fue planificada por su padre, que la envió a Ashford para su educación secundaria. De vuelta a Madrid, inició la carrera de Arquitectura pero, finalmente, siguió cursos de Bellas Artes. Hay constancia de que se presentó al concurso para el Cuerpo facultativo de Archiveros Bibliotecarios y Arqueólogos a finales de 1932, pero su matrimonio con el médico Ricardo Martínez Álvarez, que falleció en 1969, la terminó alejando de la vida laboral. No, de la formación intelectual ni del interés por la ciencia. Entre las muchas disciplinas que alentaron su curiosidad, fueron la Biología y la Física las que marcaron su preferencia. Escribió también obras de teatro y narraciones breves, que no llegaría a publicar.

Fue sin embargo en los años finales de su vida cuando decidió dar a la imprenta los dos tomos de su insólita y sincera autobiografía en los que quedó patente su fuerte y original personalidad a la par que la extensión de sus conocimientos. Con el seudónimo de Elenora, en 1988 publicó el primer tomo, Novísimo testamento, y al año siguiente, La resurrección por la ciencia. Pese al origen oscense y la relevancia social de su autora, que yo sepa, ningún medio aragonés se preocupó de ellos, que debieron ser muy poco y mal distribuidos, pues es muy difícil hoy día encontrar algún ejemplar de los mismos, que, en realidad, son el mismo libro, es decir, uno no sucede al otro, sino que el segundo es una reelaboración del anterior con algunas supresiones y modificaciones.

Adelina en una vagoneta

Harto complicado es resumir en unas líneas el contenido y espíritu de un libro que no apuesta por la facilidad sino por la profundidad y la reflexión multidisciplinar. La autora reconoce desde un principio que las ciencias físicas son las raíces materiales de toda su obra y, a través de un recorrido por su familia y por los episodios vitales más destacados en su recuerdo, se somete a una radiografía personal de muy amplio espectro. Son fundamentales en su formación las disímiles pero poderosísimas personalidades de sus padres, Severino Bello Poeyusán (1866-1940), el ingeniero que construyó el pantano de La Peña, obra pionera en su tiempo, y Adelina Lasierra Campaña (1877-1961), mujer hipersensible, genial y de gran simpatía, cuyas cualidades, en uno u otro grado, heredaron sus siete hijos y, en especial, Adelina.

La autora manifiesta que desde niña supo que tenía que escribir y que ideas y vivencias precisaban de ese refuerzo para ser compartidas y entendibles. Nos habla de la formación de su sensibilidad en la que tuvo gran importancia su madre, que consideraba incomprensible que la humanidad fuera capaz tanto de proporcionar dolor a los animales como de servirse de ellos.  Sin que falte el repaso a los hechos concretos, su biografía es, sobre todo, una “historia de su proceso intelectual” y, en palabras de Rafael Santos Torroella: “un muy personal replanteamiento de uno de los grandes enigmas –el del sentimiento de supervivencia- que gravitan sobre la especie humana. La formación en Ciencias Naturales, así como las propias y reales vivencias en torno a las mismas, comunes a todos los Bello, hacen que este libro de Adelina, con su represada vehemencia introspectiva y las reflexiones y clarificaciones en él desarrolladas, sea, a un tiempo, tan desasosegador como estimulante”. Efectivamente, Adelina manifiesta su confianza en que la Física no ha de tardar en lograr la inmortalidad del hombre, cuestión más transcendente que cualquier otra que pudiera plantearse.

Aparte de aparecer en mi Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005), las únicas menciones que conozco de Adelina corresponden, al citado Rafael Santos Torroella, que la nombra varias veces, ya que fue ella quien le proporcionó muchos datos acerca de la familia, en el artículo «Un genio en busca de autor: Pepín Bello», publicado en el libro colectivo Dalí residente (1992). Su hermano se refiere asimismo a ella en La desesperación del té, el ilustrativo libro de conversaciones que mantuvo con José Antonio Martín Otín “Petón”. También Félix Romeo -a quien presté La resurrección por la ciencia, único tomo que había conseguido por entonces- le dedicó una columna, “Elenora» en Heraldo de Aragón (17-VIII-2008).

Es curioso que en estas fechas en las que se reivindica cualquier mujer que hubiera tenido algún protagonismo literario o artístico, Adelina continúe como habitante del limbo del olvido.

LLANAS AGUILANIEDO, José María, Fonz (Huesca), 08-12-1875 / Huesca, 24-07-1921.

Nacido en Fonz, donde su padre regentaba la botica, en 1886 inició sus estudios en el instituto de Huesca y cinco años más tarde comenzó la carrera de Farmacia en Barcelona, de acuerdo a la tradición familiar. Allí, para conseguir independencia económica, entró como mancebo en la farmacia de Pompeu Gener, donde tomó contacto con la flor y nata de la intelectualidad catalana, vinculada al Modernismo. Terminados sus estudios, en 1896 se trasladó a Sevilla al ganar la oposición de farmacéutico militar. Preocupado por temas sociales y antropológicos, publicó estudios sobre el alcoholismo en Cádiz y en la capital hispalense. Fue crítico literario para El Diario de Huesca y en los primeros años del siglo XX, destinado a Madrid, colaboró en publicaciones como Electra, Revista Nueva, La Correspondencia de España, La Lectura y Juventud, algunas de ellas situadas entre las revistas más avanzadas del momento. Su ensayo Alma contemporánea, verdadero compendio de la sensibilidad de la época elogiado por Rubén Darío, Emilia Pardo Bazán y Clarín, le proporcionó crédito y amistades, que se incrementaron con la edición de La mala vida en Madrid, un magnífico estudio de la delincuencia y las taras sociales, escrito en colaboración con Bernaldo de Quirós, muy en la línea de la antropología criminal en boga en la Europa de su tiempo. A partir de entonces, con muy frecuentes traslados, acometió la narración para convertirse en uno de los novelistas más característicos del Modernismo español. En 1912, afincado en Melilla, se agravaron los síntomas de la enfermedad mental que enturbiaría los últimos años de su vida y provocaría su prematura muerte, acontecida en la farmacia oscense, donde su hermano Feliciano lo había acogido para cuidarlo. 

Las novelas de Llanas Aguilaniedo se imbrican en las corrientes narrativas que, teñidas por el simbolismo y, siguiendo los pasos de Huysmans, tratan de alejarse de los realismos decimonónicos. El jardín del amor se vale del diario y lo epistolar para dar vuelo a la vida interior de una mujer, enamorada de otra, que quiere ser modelo de las nuevas tendencias espirituales, dependientes de la rebeldía nietzscheana. Navegar pintoresco sustituye el escenario oscense por el madrileño y presenta un personaje principal falto de voluntad, incapaz de imponerse a su medio. Como en las anteriores, la protagonista de Pityusa, la más sólida de sus obras, tiene tendencias anómalas o anticonvencionales, en la línea del naturalismo positivista. Desarrollada principalmente en Menorca y París, la vida de una joven sensible que deviene en «cocotte» permite a su autor adentrarse en una «sociedad, cosmopolita, ambiciosa, brillante y amoral», en palabras de Broto Salanova, autor de un excelente estudio biográfico-crítico. Literaturización, aunque basada en una observación directa, brillantes descripciones paisajistas y orientación morbosa sitúan el texto en el marco decadentista tan propio de los inicios del siglo XX. La figura de Llanas, que alcanzó cierto prestigio entre sus contemporáneos pero casi nulo reconocimiento como narrador, ha sido, sin embargo, reivindicada por recientes estudios.

                                                                            OBRAS

Alma contemporánea. Estudio de estética (ensayo), Huesca, Tip. de Leandro Pérez, 1899. / Huesca, IEA, 1991.

La mala vida en Madrid (ensayo) -con Constancio Bernaldo de Quirós-, Madrid, 1901. / (ed. de Justo Broto Salanova) Huesca, IEA, 1998.

Del jardín del amor (novela), Mérida (Cáceres), Corchero y Cía., 1902. / Madrid, Lib. Fernando Fe, 1902. / (ed. de José Luis Calvo Carilla) Huesca, IEA, 2001.

Navegar pintoresco (novela), Huesca, Leandro Pérez, 1903. / Madrid, Lib. de Fernando Fe, 1903.

Pityusa (novela), Madrid, Lib. de Francisco Beltrán, 1904.

                                                                 

                                                                     BIBLIOGRAFÍA

-ARA TORRALBA, Juan Carlos, «El alma contemporánea de Alma contemporánea. Claves ideológicas para un libro y un cambio de siglo», Alazet nº 2, 1991, pp. 9-54.

-, «La contribución de José María Llanas a la campaña política de su paisano Costa», La Campana de Huesca nº 16, 1996, pp. 10-12.

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-SOTELO VÁZQUEZ, Adolfo, «Viajeros en Barcelona», Cuadernos Hispanoamericanos nº 544, octubre 1995.

Publicado en Javier Barreiro, Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005), Zaragoza, Diputación Provincial, 2010, pp. 633-635. 

Mira por dónde que -buscando cosas de Melantuche desde hace décadas, preguntando a las amistades de Utebo y a las del Círculo de Aragón en Buenos Aires si podían sacar algún dato de su identidad y peripecia y fatigando bibliotecas y anejos- no conseguí que nadie me diera razón del, en su tiempo, famoso costumbrista aragonés que terminó en buscándose la vida en Méjico y Argentina, hasta que, barruntando su final, volviese a morir en las tablas de la capital española . Y he aquí que hoy leo que en Utebo le han dedicado un homenaje lírico, en el que se han repuesto alguna de sus obras. Y nadie me avisó, a pesar de ser el único que ha escrito sobre don Atanasio en los últimos ochenta años. Para que no vuelva a ocurrir, reproduzco aquí el artículo de mi Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005)  sobre su figura y unas cuantas imágenes.

Melantuche, Atanasio-015

MELANTUCHE LACOMA, Atanasio, Utebo (Zaragoza), 1869 / Madrid, 15-07-1927
Seudónimos: / El Barbo de Utebo / A. Algarroba / Juan Chanela
Género: Teatro

Fue escritor dramático, comentarista taurino y columnista en distintos rotativos de Zaragoza, así como en los madrileños El País (1892-1905) y La Mañana (1902). De ideas republicanas, utilizó el seudónimo de El Barbo de Utebo para sus escritos satíricos y políticos, el de A. Algarroba para la crítica teatral y el de Juan Chanela para la crónica taurina. Además de su producción teatral, ejerció como empresario en varios locales zaragozanos y madrileños. Entre 1915 y 1916 viajó a Méjico como director de la Compañía Española de Comedia y Variedades Melantuche, con la que cubrió varias temporadas y estrenó alguna obra de su autoría. Desde 1919 a 1921 dirigió también el semanario ilustrado Don Quijote, promovido por la colonia española. En dicho país estuvo al frente de varias empresas teatrales, al igual que en Cuba y Argentina, donde, ya muy enfermo, recibió un homenaje del Círculo de Aragón en Buenos Aires antes de regresar a España.

Es uno de los autores más notables del teatro popular de temas aragoneses y en sus obras colaboraron autores como Gregorio García Arista y músicos de reconocido prestigio. Sin embargo, y pese a al éxito alcanzado, especialmente en la primera década del siglo XX, se trata de otro de los escritores costumbristas olvidados, a los que nadie ha dedicado atención. Fue padrastro del periodista Javier Bueno.

Melantuche, Atanasio-Escena de El Olivar014

                                                                                         

                                                              OBRAS

S. H. (recorrido cómico-lírico) -con Gregorio García Arista; música de José Tremps y Luis Aula-.

Fuga de consonantes (zarzuela) -con Gregorio García Arista; música de Arturo Isaura-.Melantuche, Atanasio012

Siempre heroica (recorrido cómico-lírico) -con Gregorio García Arista; música de P. Echegoyen-, estr. en 1898.

El olivar (zarzuela de costumbres aragonesas) -con Gregorio García Arista; música de José Serrano y Tomás Barrera-, Madrid, R. Velasco, 1902.

Jaleo nacional (revista) -con Salvador María Granés y Carlos Cruselles; música de Rafael Calleja, José Serrano y V. Lleó- estr. en 1902.

Danze baturro (zarzuela) -con Gregorio García Arista; música de Arturo Isaura y Julián Ribera-, Madrid, R. Velasco, 1904.

La vara del alcalde (zarzuela de costumbres aragonesas) -con música de Tomás Barrera-, Madrid, SAE, 1905.

Ideícas (zarzuela baturra) -con música de Tomás Barrera-, Madrid, SAE, 1905.

Calínez (zarzuela) -con Gabriel Briones; música de Tomás Barrera y J. M. Alvira-, estr. en 1906.

El golpe de estado (opereta) -con Santiago Oria; música de Jerónimo Giménez y Amadeo Vives-, Madrid, SAE, 1906.

La manzana de oro (opereta fantástica) -con Gabriel Briones; música de Rafael Calleja y Tomás Barrera-, Madrid, SAE, 1906.

El hijo de Budha (opereta) -con Gabriel Briones; música de Rafael Calleja-, Madrid, R. Velasco, 1906.

La tajadera (zarzuela baturra) -con Pedro Melantuche; música de Tomás Barrera-, Madrid, SAE, 1909.

¡Cómo cambean los tiempos! (recorrido histórico-bufo-local) -con Tomás Aznar, Mariano Berdejo, Alberto Casañal, Gregorio García-Arista, Francisco Goyena, Juan José Lorente, Rogelio Maestre, Jorge Roqués, Eduardo Ruiz de Velasco y Ambrosio del Ruste; música de Tomás Barrera y Jesús Ventura-, estr. en 1909.

La luna del amor (opereta) -con Gabriel Briones; música de Tomás Barrera y Rafael Calleja-, estr. en 1910.

Junto al ribazo

La Pirula (zarzuela) -con música de Rafael Calleja-, Madrid, SAE, 1913.

Eva (adaptación de la opereta de Franz Lehar), Madrid, R. Velasco, 1913.

Las píldoras de Hércules (vodevil) -con Ramón Asensio Mas, R. Blasco y J. J. Cadenas; música de Quinito Valverde-, estr. en 1913.

El día del ruido (sainete lírico) -con música de Tomás Barrera-, Madrid, SAE, 1914.

Melantuche, Atanasio-El día del ruido

La modista de mi mujer (adaptación de un vodevil de Albin Valabregue y Maurice Hennequin) -con Ramón Asensio Mas-, Madrid, SAE, 1915.

P´al otro barrio (fantasía lírica) -con música de Joaquín Valverde (hijo)- estr. en Méjico, en 1916.

La fuga (zarzuela) -con Gregorio García Arista; música de Arturo Isaura-.

Coralie et Cie (adaptación de la obra de Valebregue y Hennequin)

Melantuche, Atanasio con García Arista, Serrano y Barrera013

                                                         BIBLIOGRAFÍA

-BARREIRO, Javier, Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005), Zaragoza, Diputación Provincial, 2010, pp. 718-720.

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V. también: https://javierbarreiro.wordpress.com/2019/04/24/un-escritor-de-utebo-cumple-150-anos/

No parece que el 150 aniversario del nacimiento del profuso erudito zaragozano, con calle que desemboca en el parque, haya tenido eco alguno. Para remediarlo mínimamente, traigo aquí el texto publicado en mi Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005), Zaragoza, DPZ, 2010, pp. 295-297.

Zaragoza, 07-01-1864 / Madrid, 01-01-1927

Durante la niñez vivió en Ateca, lugar natal de su padre, y Tudela (Navarra), cuna de su madre. Hizo el bachillerato en Castelruiz (Soria), donde profesaba un tío Cejador, Juliosuyo, e ingresó en la Compañía de Jesús, en la que permaneció entre 1880 y 1900. Amplió sus estudios en Oña (Burgos) y fue profesor de Griego en la Universidad de Deusto (Vizcaya), así como de Ciencias Naturales en Carrión de los Condes (Palencia). Estudió lenguas orientales en Beirut e impartió durante breve tiempo las disciplinas de Griego y Hebreo en el Seminario de Madrid. Catedrático de Lengua Latina en el instituto de Palencia (1905), nueve años después obtuvo la cátedra de Latín en la Universidad Central. También había enseñado Lingüística en la Escuela Superior del Ateneo.

Su inmensa labor erudita y filológica comenzó con Gramática griega (1900) y sus hitos son los catorce volúmenes de la utilísima Historia de la Lengua y Literatura castellanas (1915-1922), auténtico venero de datos; los cinco de La verdadera poesía castellana. Floresta CEJADOR de la antigua lírica popular (1921); y el póstumo Refranero castellano (1928-1929). Hizo también ediciones de obras clásicas de la literatura española. Pero su inmensa capacidad de trabajo le permitió combinar su faceta de estudioso con sus artículos de prensa, a menudo polémicos y combativos, y con la escritura creativa aunque, evidentemente, de valor inferior al de su obra de investigación. De sus tres novelas, analizadas breve pero atinadamente por José Luis Melero, Mirando a Loyola, si bien de estilo algo anticuado y reiterativo, resulta la más interesante. En su obra autobiográfica, prologada por Ramón Pérez de Ayala, además de narrar con intensidad sus primeros años de vida hasta su salida de los jesuitas, se defiende de los muchos ataques que recibió a lo largo de su trayectoria profesional, en especial por su controvertida tesis sobre el origen del lenguaje.

El Pilar en Tierra y alma española de Cejador

                                  Fotografía de su libro Tierra y alma española

                                                            OBRAS

Cabos sueltos (artículos de literatura y lingüística), Madrid, Perlado, Páez y Cía., 1907.

Oro y oropel (novela), Madrid, Perlado, Páez y Cía., 1911.

Pasavolantes (artículos), Madrid, Sáenz de Jubera, 1912.

Mirando a Loyola. El alma de la Compañía de Jesús (novela), Madrid, Renacimiento, 1913.

Cejador, Mirando a Loyola

¡De la tierra..! (artículos), Madrid, Sáenz de Jubera Hnos., 1914.

Trazas del amor (novela), Madrid, Imp. de Jaime Ratés, 1914.

Tierra y alma española (ensayos), Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, s. f. (1925).

Cintarazos (artículos inéditos, 3 vols.), Madrid, Imp. Radio, 1927.

Recuerdos de mi vida (memorias), Madrid, Imp. Radio, 1927.

                                                   BIBLIOGRAFÍA

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Cejador 2

Pasado mañana, 21 dea abril se cumple el primer centenario de la muerte del que fue famoso dramaturgo, poeta y periodista, nacido en Ainzón (Zaragoza) y cuyo segundo apellido, Mañas, también nos trae el recuerdo de otro gran autor de teatro oriundo de la localidad. También bohemio de ingenio mordaz, pese a la gran popularidad que su figura y obra gozaron en vida, es otro de los escritores aragoneses más olvidados, aunque en su pueblo se han organizado actos en su recuerdo y lo celebren su busto en la zaragozana Plaza de Aragón o su calle en el barrio de Las Delicias.

Ya en la fecha de su muerte -le faltaban tres días para cumplir los 71 años- era percibido como un vestigio del antesdeayer y los obituarios fueron más bien paternalistas, celebrando que, gracias al momio de la concesión de un empleo público, no hubiera muerto en la miseria, como sucedió con otros escritores de su generación. Pero sus tres obras fundamentales, La capilla de Lanuza, El anillo de hierro y El reloj de Lucerna, fueron piezas que se representaron y editaron incesantemente durante muchos años y sus versos, un referente que se fue esfumando cuando advinieron las corrientes modernistas.

En su recuerdo, copio la entrada de mi Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005), Diputación Provincial de Zaragoza, 2010, pp. 1156-1159.

Zapata, Marcos, 1870

ZAPATA MAÑAS, Marcos, Ainzón (Zaragoza), 24-4-1842 / Madrid, 21-04-1913.
Seudónimo: Mefisto
Género: Teatro

De familia de labradores con escasos ingresos, inició su formación en las Escuelas Pías zaragozanas. Más tarde, cursó Leyes pero, según propia confesión, sus años de estudiante no le sirvieron de nada. En 1868 viajó a Madrid para tratar de encauzar su vocación literaria y, tras meses de grandes privaciones, tuvo la fortuna de conseguir un rotundo triunfo con su primer estreno, La capilla de Lanuza, pieza sedicentemente retórica y revolucionaria. Su representación consagró al actor Antonio Vico, pero a él apenas le reportó beneficios económicos ya que había malvendido la propiedad de la obra.

Como periodista, fue redactor en La Discusión y El Orden (1868), si bien a lo largo de su vida colaboró en otras muchas publicaciones. Entre las más significadas estuvieron Revista de Aragón (1878-1880), Barcelona Cómica (1895), La Ilustración Española y Gente Vieja (1903).

Nuevos episodios históricos recreados por su pluma e interpretados por Vico, como El solitario de Yuste, lo encumbraron, al igual que los dramas líricos El anillo de hierro y El reloj de Lucerna. Estos últimos, musicados por Miguel Marqués, junto a La capilla de Lanuza, figuraron durante largo tiempo en el repertorio de muchas compañías españolas, tanto grandes como modestas. A partir de la prohibición del estreno de La piedad de una reina, basada en los sucesos revolucionarios de la regencia de María Cristina, se trasladó a Buenos Aires, donde residió entre 1890 y 1898. Allí, al parecer, se mantuvo alejado del mundo escénico, pero firmó versos y artículos en revistas literarias, además de fundar el primer centro aragonés en la Argentina, el 12 de octubre de 1894.

A su vuelta a España y gracias a la protección de Sagasta, consiguió un empleo estable en la Casa de la Moneda, al tiempo que retornaba a las tablas y editaba un heterogéneo conjunto de poesías, con un sorprendente, por inusitado, prólogo de su paisano Santiago Ramón y Cajal.

Pronto herrumbrada por el olvido, la obra de Zapata, autor muy popular en su tiempo, se inscribe en un postromanticismo campanudo y rebelde que privilegia los temas del pasado como vehículo propicio para divulgar ideas políticas. Su verso es brioso, desenfrenado y, a veces, apabullante, pero resulta retórico y falto de ductilidad.

Zapata, Marcos005
                                                             OBRAS

El iris tras la tormenta (comedia), Zaragoza, 1862.

La capilla de Lanuza (cuadro heroico), Madrid, Imp. Española, 1871. / Madrid, R. Velasco, 1901.

La bola negra (cuadro lírico-dramático) -con música de Rafael Aceves-, Madrid, Nicolás González, 1872.

El castillo de Simancas (drama histórico), Madrid, Imp. de José Rodríguez, 1873. / Madrid, Cosme Rodríguez, 1884.

La corona de abrojos (drama histórico), Madrid,  Imp. de la Biblioteca de Instrucción y Recreo, 1875.

El solitario de Yuste (poema histórico), Madrid, Imp. de E. Cuesta, 1877.

El Compromiso de Caspe (leyenda histórica), Madrid, Imp. de E. Cuesta, 1878.

A un valiente, otro mayor (juguete cómico), Madrid, Imp. de José Rodríguez, 1878.

El anillo de hierro (drama lírico) -con música de Miguel Marqués-, Madrid, Imp. de E. Cuesta, 1878.

Camöens (drama lírico) -con música de Miguel Marqués-, Madrid, Imp. de E. Cuesta, 1879.

La abadía del Rosario (drama lírico), Madrid, Administración Lírico-Dramática, 1880.

El reloj de Lucerna (zarzuela) -con música de Miguel Marqués-, Madrid, R. Velasco, 1884.

Un regalo de boda (drama lírico) -con música de Miguel Marqués-, Madrid, Imp. de José Rodríguez, 1885.

¡Patria y libertad! (episodio nacional), Madrid, R. Velasco, 1886.

La piedad de una reina (episodio histórico), Madrid, R. Velasco, 1887.

Colección de obras dramáticas, Madrid, R. Velasco, 1887.

Zapata, Marcos-Colección de obras dramáticas

La campana milagrosa (drama lírico) -con música de Miguel Marqués y J. García Catalá-, Madrid, R. Velasco, 1888.

La abadía del Rosario (drama lírico) -con música de Antonio Llanos-, Madrid, Administración Lírico-Dramática, 1890.

Covadonga (zarzuela) -con Eusebio Sierra; música de Tomás Bretón-, Madrid, R. Velasco, 1901.

María Teresa (boceto dramático), Madrid, R. Velasco, 1902.

Discursos leídos en la III Fiesta de los Juegos Florales de la Ciudad de Zaragoza -con Mariano Ripollés-, Zaragoza, Imp. del Hospicio, 1902.

Poesías, Madrid, Fernando Fe, 1902. / Zaragoza, El Día, 1986.

Zapata, Marcos_Poesías
                                                           BIBLIOGRAFÍA

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-, Voz: «Zapata, Marcos», Enciclopedia Universal Ilustrada Espasa, tomo LXX, Barcelona, Espasa Calpe, 1930, p. 1004.

V. también: https://javierbarreiro.wordpress.com/2015/11/19/prologo-a-tras-las-huellas-de-marcos-zapata-de-samuel-marqueta/

 

Zapata, Marcos002

Hoy, 27 de noviembre de 2012, se cumplen 20 años de la muerte de Pedro Montón, cuya figura recuerdo en este texto, leído en el homenaje convocado por la Biblioteca de Aragón el 23 de enero de 1995. Lo completo con su ficha, extraída de mi Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005), Diputación de Zaragoza, 2010, pp.  755-756.

El cierto tufo entre retórico y decimonónico que transmiten estos homenajes queda compensado en el caso de Pedro Montón, por el necesario reconocimiento a alguien que poco lo alcanzó en vida. Las peculiaridades de nuestra «cultura» -lo pongo entre comillas- propician que los valores oficiales se dictaminen con criterios que tienen más que ver con la capacidad del artista (palabra que también habría que poner tantas veces entre comillas) para la autopublicidad y el medro que con la altura de su obra. Este fue el caso de Pedro que desde siempre lo supo y jamás le dio importancia: «No se puede vivir de la literatura si no estás con las fuentes del poder», declaraba en una de las últimas entrevistas que se le hicieron. Y allí manifestaba también que su ciudad, a la que tanto amaba y de la que quería ser su cronista siempre, «no sabe apreciar mi esfuerzo en ocasiones». De algún modo, y dentro de mis escasas posibilidades, quise impartir mi pequeña justicia y contribuir mínimamente a solventar ese olvido incluyéndolo en la antología de narradores Estrategias de la memoria, dedicada a escritores que hubieran situado sus escenarios en la provincia de Zaragoza y que, junto a Ramón Acín,  publiqué en 1990.

 Culto sin ostentación, amante de su terruño sin complicidad con los tópicos, jaranero sin desplantes, amigo sin intereses, Pedro Montón era representante de un modelo de hombres en extinción. Rodeados por un entorno ajeno, eran capaces de vivir en la sensibilidad y en la estética sin desdeñar, sino todo lo contrario, la inmiscución en el pueblo, el trato con las gentes de todo pelaje que muestran un mosaico variopinto de ese mundo del que no va quedando más que el recuerdo.

 Creo que conocí a Pedro a principios de los años setenta. Tenía amigos bilbilitanos, como él proclives al libro y al morapio, y en uno de mis viajes a Calatayud coincidimos en el viejo barrio de Santo Domingo. Poco después, allá por el 79, pasé un año destinado en la capital del Jalón y el contacto se incrementó. Nos juntábamos muchas veces en la taberna del Patas Cortas, un entrañable zamorano que sólo servía vino, tomate crudo y sardinas rancias. Era una de esas tabernas que ya no quedan, con un banco corrido frente al mostrador y un cubículo interior con cuatro mesas sin desbastar. A Pedro solía acompañarle Larrea, otra especie de erudito local y, al calor de nuestros disparates, se agrupaban Justico, el basurero jubilado que vivía en una cueva cerca de la ermita de San Roque -«Ojalá no vos muráis nunca» era su despedida invariable-, siempre de ojillos chispeantes, sonriente e incrédulo con su suerte: quien había trabajado setenta años como una mula no concebía que se pudiera cobrar una pensión sin hacer nada. Venían también, Frutos, el trajinero; Norberto el pastor, que, de vez en cuando, mataba un cordero que merendábamos al aire libre, Ampedio, un viejo profesor de Peñafiel con doce hijos y que, a los 59 años, había conseguido su plaza de funcionario con su primer destino en Calatayud, uno de los bebedores más constantes y finos que me ha sido dado conocer y al que jamás vi descomponer la figura y muchos otros que recuerdo en nebulosa. Allí se pasaba de Galdós a la jota teórica y práctica; del chiste grueso a La montaña mágica; del repaso a los magníficos escritores baturros como Blas y Ubide o Crispín Botana a los novelistas «raros» del primer tercio de siglo fueran Eugenio Noel, Fernando Mora o Vidal y Planas; de la sesuda reflexión sobre el puteque a las técnicas de escansión poética o de la ruda y práctica disquisición antropológica -todo y todos los que nos rodeaban eran un hontanar de folklore y etnografía- a la cháchara descabellada, gratuita y turulata. Risas, voces, cantos, recitales espontáneos y celéricos, diversidad, intensidad y armonía eran los centros. No recuerdo una bronca, un insulto, una reticencia. Ni siquiera aparecía allí el consabido y maledicente repaso -por otra parte tan gratificante- a los colegas de oficio literario.

Montón Puerto, Pedro

                                                                 Foto de José Verón Gormaz

Pedro Montón era profesionalmente carbonero y su dedicación a la cultura una necesidad que emanaba su sensibilidad y su pasión por la estética. El mercado literario no podía tener sitio para él porque no calculaba sino que dejaba expandirse su corazón y sus necesidades no eran las del reconocimiento sino las de aquél que vive, necesaria pero no vicariamente, en la literatura. Pedro consiguió conjugar intensidad y pasión por lo que hacía -quiénes lo conocieron saben bien lo cierto de esta aseveración- con el debido distanciamiento respecto a la trascendencia o intrascendencia social de aquello que constituía el foco central de sus intereses. Distanciamiento y convicción de que nada, y sobre todo uno mismo, debía tomarse demasiado en serio, lo que propiciaba la ausencia de una de las pulsiones más típicas de nuestro medio: el resentimiento.  

   De cualquier modo, si tengo que resumir de algún modo la personalidad de Pedro me quedaría con su magnífica forma de mezclar sensatez e insensatez. La sensatez en los juicios y en la visión de la vida y la insensatez para vivirla gozosamente y sin sujeción a los criterios de la mediocridad, el convencionalismo y la mojigatería. Cuatro cosas definen para mí la categoría espiritual de un hombre: la independencia de criterio, el sentido de la justicia, la vivencia de la amistad y su biblioteca. Quienes conocieron a Pedro saben de la cantidad y calidad en que poseía todas ellas. El mejor y único homenaje que puedo dispensarle -ahora que le hace tan poca falta- es haberle conocido y el deseo de encontrarme muchas veces con gente parecida a él.

MONTÓN PUERTO, Pedro, Calatayud (Zaragoza), 18-03-1925 / Calatayud (Zaragoza), 27-11-1992

Autodidacto, ejerció varios oficios para, finalmente, dedicarse al negocio de almacenista de carbón. Su vocación literaria, además de sus primerizas obras de teatro y la factura de coplas, se tradujo, sobre todo, en sus colaboraciones en la prensa regional y en la corresponsalía de varios diarios zaragozanos. Como prosista, el periódico El Español publicó, en 1957, su novela corta Superstición y, más tarde, La Estafeta Literaria reprodujo su drama en un acto La luna es de la familia. En cuanto a la poesía, su dedicación más constante, recogieron sus versos numerosas revistas y, ya en su edad madura, dio a la imprenta varios libros de poemas. Estudioso, gran amante de su comarca y hombre muy representativo de la misma en su talante, cultura y personalidad, fue nombrado Cronista Oficial de Calatayud.

OBRAS

Una noche de Calatayud (guión escénico), estr. en 1950.

Los principios de la Orosia (sainete), estr. en 1958.

La cosecha de septiembre (acto alegórico mariano), estr. en 1963.

La casa del molino (novela breve), Zaragoza, IFC, 1966.

Puertas de Zaragoza (crónicas periodísticas), Calatayud, Autor, 1971.

Casi toda una vida y parte de la muerte (antología poética), Zaragoza, IFC, 1980.

Manual del corazón (poesía), Zaragoza, IFC, 1985.

Cuerpo de hombre (poesía), Bilbao, Comunicación Literaria, 1987.

Experiencias y miserias de un escritor de regadío (memorias), Zaragoza, Ateneo-Cuadernos del Ateneo nº 10, 1988.

Himno local (poesía), Calatayud, CEB, 1992.

                                                                         BIBLIOGRAFÍA

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BLASCO Y SOLER, Eusebio, Zaragoza, 28-04-1844 / Madrid, 25-02-1903
Seudónimos: Mondragón / Dragobert / Rabagás / Gil Blas
Género: Varios

Hijo de un arquitecto, miembro de una conocida familia zaragozana, fue el segundo de nueve hermanos. Estudió en el colegio de Mariano Ponzano y en las Escuelas Pías. Adolescente todavía, publicó artículos en La Juventud y en 1861 editó su primer libro de versos, compuesto de quince poemas y una leyenda de aire zorrillesco, «El diablo en Toledo». El 7 de enero del año siguiente, reincidió con el estreno de una comedia en el teatro Principal y la publicación de una novela corta. A finales de 1863 viajó a Madrid para cursar Arquitectura, carrera que abandonó para dedicarse a escribir. Comenzó a colaborar en La Discusión pero muy pronto su firma figuró en otras publicaciones y no tardó en dar a conocer obras de entretenimiento que le fueron haciendo un sitio en el entonces concurrido mundo de aspirantes a la gloria escénica. Su consagración popular llegó con el estreno de El joven Telémaco (1866), un encargo del actor Arderíus que buscaba imitar las piezas teatrales que, con gran respaldo popular, se representaban en el teatro de los Bufos de París, a menudo con música de Offenbach. Su monumental éxito culminaría con la entronización del género chico.

Poco después, mezclado en los sucesos revolucionarios que dieron lugar a la Gloriosa, hubo de exiliarse temporalmente en París. Fue partidario de Martos y Ruiz Zorrilla, pero en 1873 rechazó el ministerio que le ofrecía la I República. Llegada la Restauración, aceptó el puesto de jefe de Correos y también parece que fue nombrado gobernador de Toledo, sin que exista constancia de que llegara a tomar posesión del cargo. Entre 1885 y 1896 residió de nuevo en la capital francesa y, ya más cercano a las ideas canovistas, fue visitante asiduo de la exiliada Isabel II. En 1899, año en que fundó Vida Nueva, intentó sin éxito obtener un puesto de diputado como socialista católico. En sus últimos años ejerció como interventor en el Ministerio de Hacienda.

Autor de más de setenta obras teatrales y numerosos de poemas, cuentos, artículos y libros de recuerdos, Eusebio Blasco fue uno de los periodistas más famosos de su época en España, por no decir el que más. En tal honor le sucedería el también zaragozano Mariano de Cavia y los dos ejercieron fehacientemente de aragoneses en la Corte. Fue director de El Garbanzo, Día de Moda y Vida Nueva. Además, colaboró en El Cascabel, Gil BlasEl Imparcial, Heraldo de Madrid, El Gato Negro, La Ilustración Española y Americana, Blanco y Negro y muchas otras publicaciones periódicas, sin que faltaran artículos en la prensa vindicativa como El Socialista o La Lucha de Clases. Aunque de ideas avanzadas y republicanas, los años lo hicieron algo acomodaticio, si bien siempre se situó en zonas atemperadas por un cálido escepticismo que no le impedía la pasión por las cosas que amaba.

Hombre muy apreciado por su carácter, honradez, sinceridad y energía, fue legendaria su capacidad de trabajo, por lo que su producción escrita es inmensa y, en buena medida, hoy ilocalizable, pese a la edición, poco después de su fallecimiento, de veintisiete tomos con su obra completa. Dejó inéditas, no obstante, zarzuelas, fragmentos de memorias y una novela. Se le tradujo en vida, al menos, al portugués y al francés. Zaragoza le honró en su día con bustos, calles y placas, pero hoy está prácticamente olvidado y no hay reediciones de sus textos, tal vez, porque, como en el caso de Cavia, ninguno descollara claramente sobre el resto. El genio de Blasco residió en la variedad, en el buen humor y en el tono medio-alto de las mayor parte de sus escritos. Tampoco hay estudios sobre su obra y desconocemos en buena medida muchas de sus circunstancias biográficas, aunque Faci Ballabriga le dedicase una monografía, basada en la lectura de sus publicaciones, en la que espigó curiosos datos y reprodujo abundantes fragmentos de las mismas.

Blasco, Eusebio002
                                                                        OBRAS

Veladas de verano (poesía), Zaragoza, Imp. de Vicente Andrés, 1861.

Vidas ajenas (comedia), Zaragoza, Imp. de Vicente Andrés, 1862.

El rey de las hermosas (novela breve), Zaragoza, Imp. de Vicente Andrés, 1862.

Viejos verdes (comedia)

La niñez engañosa (juguete cómico), Madrid, Imp. de J. Rodríguez, 1863.

La antigua Española (comedia), estr. en 1864.

La miseria en un tomo. Cuadros lastimeros, Madrid, Imp. de José Cañizares, 1864. / (selección) Zaragoza, El Día, 1987.

Historia del corazón, Valencia, 1864.

La mujer de Ulises (juguete cómico), Madrid, Imp. de J. Rodríguez, 1865. / Madrid, Hijos de A. Gullón, 1879.

Arpegios. Páginas en verso (poesía), Madrid, Lib. de A. Durán, 1866.

Los curas en camisa (artículos), Madrid, Lib. de A. Durán, 1866.

La tertulia de confianza (juguete cómico), Madrid, Imp. de J. Rodríguez, 1866.

La corte del rey Reuma (pasillo cómico-lírico-fúnebre-achacoso) -con música de José Rogel-, Madrid, Imp. de J. Rodríguez, 1866.

El joven Telémaco (pasaje mitológico) -con música de José Rogel-, Madrid, Imp. de J. Rodríguez, 1866.

Tanto corre como vuela (loa) -con Manuel del Palacio; música de José Rogel-, estr. en 1866.

Cuentos y sucedidos: escenas de la vida privada, Madrid, F. Bueno y Cía., s. f. (h. 1866). / Madrid, Enrique Rubiños, 1886.

Un joven audaz (juguete cómico), Madrid, Imp. de J. Rodríguez, 1867.

El amor constipado (comedia), Madrid, Imp. de J. Rodríguez, 1867.

El vecino de enfrente (juguete cómico), Madrid, Imp. de J. Rodríguez, 1867.

La suegra del diablo (cuento fantástico) -con música de Emilio Arrieta-, Madrid, El Teatro y Administración Lírico-Dramática, 1867.

Pablo y Virginia (zarzuela) -con música de José Rogel-, Madrid, El Teatro y Administración Lírico-Dramática, 1867.

Los novios de Teruel (drama burlesco) -con música de Emilio Arrieta-, Madrid, El Teatro y Administración Lírico-Dramática, 1867.

Cuentos alegres, Madrid, Imp. del Norte, 1867.

Del amor y otros excesos, Barcelona, Lib. de I. López, 1867. / Madrid, Gaceta de los Caminos de Hierro, 1868.

Del suizo a la Suiza: viaje de placer… hasta cierto punto (novela festiva), Madrid, Galería Humorística de Gil Blas, 1868.

El oro y el moro (juguete), Madrid, Imp. de J. Rodríguez, 1868.

Los caballeros de la tortuga (drama lírico-alegórico o zarzuela) -con música de J. Gaztambide-, Madrid, El Teatro y Administración Lírico-Dramática, 1868.

Los progresos del amor (zarzuela) -con música de Emilio Arrieta-, Madrid, El Teatro y Administración Lírico-Dramática, 1868.

A la humanidad doliente. Juicio para la curación de todos los españoles (zarzuela) -con música de Emilio Arrieta-, Madrid, Imp. de J. Rodríguez, 1868.

Una señora comprometida (novela), Madrid, Imp. de C. Moliner y Cía., 1868.

La farsa religiosa, Barcelona, Salvador Manero, 1869.

Mi viaje a Egipto, 1869.

La señora del cuarto bajo (pasillo cómico inverosímil), Madrid, El Teatro y Administración Lírico-Dramática, 1870.

El pañuelo blanco (comedia), Madrid, Imp. de J. Rodríguez, 1870.

Los dulces de la boda (comedia), Madrid, Imp. de J. Rodríguez, 1871.

La mosca blanca (comedia), Madrid, Imp. de J. Rodríguez, 1871.

El miedo guarda la viña (proverbio), Madrid, Imp. de J. Rodríguez, 1872.

La rubia (comedia), Madrid, El Teatro y Administración Lírico-Dramática, 1872.

El baile de la condesa (comedia), Madrid, Imp. de Eduardo Cuesta, 1872.

Almanaque burlesco para 1873 -con otros escritores-, Madrid, Lib. de Alfonso Durán, 1872.

Pascuala (comedia), Madrid, Alonso Gullón, 1873.

Obras festivas en prosa. De 1865 a 1867, Madrid, Imp. de Julián Peña, 1873.

La procesión por dentro (comedia), Madrid, Hijos de A. Gullón, 1873.

Madrid por dentro y por fuera. Guía de forasteros incautos (editor), Madrid, 1873. / (ed. facsímil) Sociedad de Libreros de Lance de Madrid, 1996.

Las manzanas de oro (comedia musical) -con E. Álvarez; música de Emilio Arrieta- estr. en 1873.

Parientes y trastos viejos (comedia), Madrid, Alonso Gullón, 1874.

El anzuelo (comedia), Madrid, Imp. de J. Rodríguez, 1874.

Levantar muertos (comedia) -con Miguel Ramos Carrión-, Madrid, Imp. de J. Rodríguez, 1874.

Almanaque cómico para 1875, Madrid, Lib. de Alfonso Durán, 1874.

Jugar al escondite (juguete cómico), Madrid, Alonso Gullón, 1875.

Esto, lo otro y lo de más allá, Madrid, Imp. y Lib. De Miguel Guijarro, 1875.

No la hagas y no la temas (proverbio), Madrid, Alonso Gullón, 1876.

Flaquezas humanas. Cosas del otro jueves (cuentos y relaciones), Madrid, 1876. / Madrid, Librería de Fernando Fe, 1881.

Los niños y los locos (proverbio), Madrid, Imp. de J. Rodríguez, 1877.

La rosa amarilla (comedia), Madrid, Imp. de J. Rodríguez, 1877.

Soledades (poesía), Madrid, Imp. de M. Tello, 1877. / (ed. corregida y aumentada) Madrid, Perlado, Páez y Cía., Biblioteca Universal, tomo XLI, 1878.

Juan García (comedia), Madrid, Imp. de J. Rodríguez, 1878.

Noches en vela (poesía), Sevilla, Francisco Álvarez y Cía., 1878.

Las niñas del entresuelo (comedia), Madrid, Imp. de J. Rodríguez, 1878.

El bastón y el sombrero (comedia), Madrid, Imp. de J. Rodríguez, 1878.

Pobre porfiado (proverbio), Madrid, Imp. de J. Rodríguez, 1878.

Soledad (comedia), Madrid, Imp. de J. Rodríguez, 1879.

Ni tanto ni tan poco (proverbio), Madrid, Imp. de J. Rodríguez, 1879.

El primer galán (comedia), Madrid, Hijos de A. Gullón, 1879.

Moros en la costa (proverbio), Madrid, Hijos de A. Gullón, 1879.

La posada de Lucas (comedia), Madrid, Hijos de A. Gullón, 1879.

Buena, bonita y barata (comedia), Imp. de J. Rodríguez, 1880.

¡Si yo tuviera dinero! (comedia), Madrid, Hijos de A. Gullón, 1880.

Día completo (apropósito), Madrid, Hijos de A. Gullón, 1880.

Malas costumbres. Apuntes de mi tiempo, seguidos de algunos bocetos biográficos y poesías, Madrid, La Ilustración Española y Americana, 1880.

Poesías festivas, Madrid-Sevilla, Librería de Fernando Fe, 1880. / Madrid, E. Rubiños, 1889.

Epigramas, Sevilla, Francisco Álvarez y Cía., 1881.

Busílis (relación contemporánea), Sevilla, Francisco Álvarez y Cía., 1881.

El secreto (comedia), Madrid, Hijos de A. Gullón, 1882.

El guapo rondeño (comedia arreglada del francés), Madrid, Florencio Fiscowich, 1884.

Ellos y ellas: chistes… internacionales, Sevilla, Francisco Álvarez y Cía., 1884.

El capitán Marín (comedia), Madrid, Florencio Fiscowich, 1885.

Cabeza de chorlito (comedia, arreglo de un original de T. Barriere y Ed. Gondinet), Madrid, Florencio Fiscowich, 1886.

Conferencias dadas en el Ateneo de Madrid en las noches del 17 y 23 de diciembre, Madrid, Francisco Álvarez, 1886.

Mis contemporáneos. Semblanzas varias, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1886.

Mis devociones. Notas íntimas de Madrid a París, Madrid, Francisco Álvarez y Cía., 1886. / Zaragoza, El Día, 1896.

¡Último adiós! (cuadro dramático), Madrid, Florencio Fiscowich, 1887.

Recuerdos. Notas íntimas de Francia y España, Madrid, Lib. Fernando Fe, 1894.

París íntimo: impresiones, biografías instantáneas, relatos y siluetas, 1894.

Juan León (drama), Madrid, Imp. de J. Rodríguez, 1895.

El Ángelus (comedia), Madrid, Imp. Sucesores de Rodríguez y Odriozola, 1897.

Corazonadas (nuevas poesías), Madrid, Lib. Fernando Fe, 1898.

¡Madre mía! (cuadro íntimo), Madrid, Imp. de R. Velasco, 1898.

Mensajero de paz (comedia), Madrid, Imp. de R. Velasco, 1898.

Los dos sueños (cuadro dramático), Madrid, Imp. de R. Velasco, 1898.

Cuentos (1ª serie), Madrid, Lib. Fernando Fe, 1899.

Don Saturnino (monólogo), Madrid, Imp. de R. Velasco, 1899.

La cruz del túnel (melodrama), Madrid, Florencio Fiscowich, 1899.

Policarpito (juguete cómico), Madrid, Florencio Fiscowich, 1900.

¡Pobres hijos! (comedia), Madrid, Imp. de R. Velasco, 1900.

Los timplaos (zarzuela) -con Carlos Fernández Shaw; música de Gerónimo Jiménez-, Madrid, SAE, 1901.

Cuentos aragoneses, Madrid, Viuda de G. Pedraza, 1901.

Cuentos (2ª serie), Madrid, Lib. Fernando Fe, 1901.

Mañana me caso (monólogo), Madrid, Imp. de R. Velasco, 1901.

La adivinadora (pasillo cómico), Madrid, Imp. de R Velasco, 1902.

La Fonda del Potro (pasillo), Madrid, Imp. de R. Velasco, 1902.

Madrid pintoresco. Cuadros madrileños, Madrid, Administración del Noticiero-Guía de Madrid, 1903.

Obras completas (27 vols.), Madrid, Leopoldo Martínez, 1903-1906.

La molinera de Campiel (zarzuela) -con música de Agustín Pérez Soriano-, Madrid, SAE, 1904.

El Ángelus, estr. en 1906.

Cosas baturras en serio y en broma, Barcelona, Maucci, 1908.

Cuentos aragoneses (4ª, 5ª y 6ª series, 3 vols.) –con Antón Pitaco-, Madrid, Biblioteca para todos, 1909.

Su majestad bebé (comedia), Madrid, SAE, 1912.

¡Duerme! ¡Callad! ¡Que no se despierte! (monólogo), Madrid, R. Velasco Imp. 1912.

No la hagas y no la temas (comedia), Madrid, SAE, 1913.

El capricho de las damas (vodevil) -con R. Asensio Mas, J. J. Cadenas; música de Luis Foglietti-, Madrid, Imp. de R. Velasco, 1916.

Dolor de cabeza (opereta) -con música adaptada de Offenbach-.

La miseria, Biblioteca Prensa Roja nº 30, s. f. (193…)

Mostaza inglesa. La comedia de Roque. El banco de la plaza (cuentos), Barcelona, Mainer Til, 1995.

Cuatro proporciones (comedia)

Rinconcito (comedia)

Preston y compañía (géneros ingleses)

Todo por el arte (juguete arreglado del francés)

El niño zangolotino (comedia)

El libro del buen humor

La camisa del hombre feliz

Hablemos claro (teatro)

De prisa y corriendo (teatro) -con Miguel Ramos Carrión-.

El centinela (teatro)

Dulces memorias (teatro)

Calipso y los hombres (teatro)

Las dos cartas (teatro)

Obras completas, Librería Editorial de Leopoldo Martínez, 1903-1906:

I. Primeros y últimos versos (poesías, artículos y epílogo inéditos; juicios de los mejores escritores).

II. Una señora comprometida (novela). Del amor y otros excesos. Don Juan el del ojo pito. Capítulos inéditos.

III. Busílis (relación contemporánea). La ciencia y el corazón. Milord.

IV. Memorias íntimas, con una posfación del Dr. Nicasio Mariscal.

V. Impresiones de viaje. La carta verde. La doncella práctica (narraciones).

VI. Mi viaje a Egipto. Mi viaje a Alemania. El domingo de Carnaval. Tres señoritas sensibles (narraciones).

VII. La señora del 13 (novela). Cuentos alegres.

VIII. Notas íntimas de Madrid y París.

IX. La miseria en un tomo. Cuentos y sucedidos.

X. Arpegios (poesías). Noches en vela (poesías). Teruel (Recuerdos de viaje).

XI. Malas costumbres (Apuntes de mi tiempo).

XII. Flaquezas humanas. Cosas del otro jueves. Ellos y ellas (Chistes… internacionales).

XIII. Mis contemporáneos.

XIV. Esto, lo otro y lo de más allá.

XV. Poesías festivas.

XVI. Páginas íntimas. Crónicas (1ª serie).

XVII. Los de mi tiempo (Castelar, José Castro, Pérez Escrich, Barbieri, Frascuelo, Ayala, Cánovas, M. de Palacio, J. Romero…).

XVIII. Todo en broma.

XIX. Cosas de Francia.

XX. Teatro (1ª serie). Alta chulería (comedia inédita). No la hagas y no la temas. ¡Duerme!

XXI. Escenas y tipos de Madrid.

XXII. Españoles y franceses. Semblanzas (3ª serie).

XXIII. Cuentos nuevos. Cosas raras.

XXIV. Soledades. Poesías.

XXV. Olores patrios. Crónicas (4ª serie). Versos nuevos e inéditos.

XXVI. Perfiles femeninos. Recuerdos de París.

XXVII. Los curas en camisa.
 

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(Publicado en Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005), Zaragoza, 2010, pp. 1039-1042).

Tomás Seral dibujado por Federico Comps

SERAL Y CASAS, Tomás Gregorio Wenceslao, Zaragoza, 28-09-1908 / Madrid, 02-07-1975
Seudónimos: Altazor
Género: Poesía

Nacido en la zaragozana calle de La Yedra, su familia era propietaria de la harinera de Alagón. Las  primeras aficiones de Tomás lo llevaron hacia la aviación y la mecánica pero, finalmente, se matriculó en la Escuela de Estudios Sociales (1930-1932), donde se graduó. Antes, con diecinueve años, había dirigido los cuatro primeros números de Vida Alagonesa, publicación consagrada a la citada localidad. Además, el número dedicado por La Novela de Viaje Aragonesa a esa villa, incluyó su breve relato Héctor y yo. Desde 1928, colaboró en La Voz de Aragón, diario en el que hizo críticas de cinematografía y literatura. Un año más tarde, publicó Sensualidad y futurismo, libro todavía no cuajado pero con rasgos prometedores. Y, en 1930, participó en la creación del primer cine-club zaragozano y fundó, con Valero Muñoz-Ayarza, Cierzo. En dicha revista, de la que entre abril y junio salieron cuatro números recogidos en edición facsímil (1995), ejerció como redactor jefe. El carácter republicano de la publicación, aparecida mientras cumplía el servicio militar, deparó que fuera trasladado a San Sebastián, donde ultimó su poemario Mascando goma de estrellas, ya decididamente vanguardista.

A partir de entonces, Seral y Casas estuvo en la punta de lanza de la vanguardia en Aragón. Impulsó los Carteles Líricos de Noreste -quizá la más importante revista literaria aragonesa de la primera mitad del siglo XX-, puso su firma en muchas de las publicaciones literarias españolas más avanzadas, así como en otras europeas y americanas, e intervino en la creación de Cuadernos de Poesía (1935), que totalizó nueve números, algunos editados después de la Guerra Civil. Al desencadenarse ésta, fue incorporado al Regimiento Gerona. Fruto de esos terribles años, concibió sus últimos poemas publicados, uno dedicado a Federico Comps y «Estar cansado tiene plumas», dado a la imprenta en la Barcelona de 1951. Cuando la contienda concluyó, Seral encargó a José Yarza la adecuación de una librería con sala de exposiciones, Libros, en la zaragozana calle Fuenclara, que trató de sustraerse a la uniformidad del ambiente. En 1945 se mudó a Madrid, donde, en colaboración con su mujer, Gloria Aranda, abrió otra librería, Clan (Calle Arenal, 18). Decorada por Alfonso Buñuel, fue una ventana para asomarse al arte nuevo en la medida que era posible en la España de los cuarenta. También funcionó como editorial, con publicaciones tan interesantes como la serie «Artistas nuevos», en cuyo número 4 aparecieron, bajo el título «Muerte española», los dibujos de su amigo Federico Comps, fusilado, con veintiún años, en 1936. La introducción poemática era, precisamente, del propio Tomás Seral.

En 1954, tras fundar la revista Índice, cuya propiedad pronto traspasó, se trasladó a París, donde abrió Cairel, otra librería-galería de arte. El mismo nombre puso a su nueva librería madrileña, ciudad a la que regresó en 1962. Durante todos esos años participó en iniciativas que muchas veces no cristalizaron, viajó, cultivó amistades y, episódicamente, colaboró en algunas publicaciones. Una de las últimas fue el diario zaragozano Aragón Exprés, que en 1972 le otorgó una sección con el título «¿Qué pasa?».

Si en Huesca fue Ramón Acín quien introdujo el concepto moderno de vanguardia, en Zaragoza fue Seral el creador que capitalizó el movimiento, sin una claridad diáfana, pero sí con una voluntad proclive al cambio. A pesar de su escasa producción, la poesía de Seral y Casas, estudiada por Serrano Asenjo, constituye uno de los más interesantes logros de la literatura aragonesa de la centuria. Se trata de poemas de juventud -publica su último libro, Cadera del insomnio, con tan sólo veinticinco años-, que culminan un ciclo personal, pues en sus versos postreros se advierte un descreimiento en la palabra que confirma su casi total silencio posterior. Si en la primeriza narración, Héctor y yo, no encontramos al Seral que va a ser sino, en todo caso, a alguien que trasuda un inconformismo más convencional que otra cosa, en Sensualidad y futurismo ya vemos asomar la influencia de la nueva sensibilidad desde el mismo título. La búsqueda de una expresión diferente y la carga de intelectualismo nos anuncian al poeta que en 1931 publica los «poemas bobos» de Mascando goma de estrellas. Ludismo y sentido social muy años treinta se juntan en este breve poemario de intensos aciertos y que depara un conjunto insólito en la poesía aragonesa de su tiempo. De mayor unidad y más desasosegado, Poemas del amor violento confirma la originalidad del autor y es para algunos su mejor libro, aunque no para Serrano Asenjo quien, en su certero análisis (1998b), señala que, siendo la más ambiciosa, no es la mejor de sus obras. En ella la impureza «se hace interior y contamina las peripecias de un amor hecho de gestos infantiles y de sexo a partes iguales, y plasmado en moldes neopopularistas de octosílabos y cuartetas asonantadas (…) Sus afectos envuelven un manto de ideales que los desfiguran y que llevan rápidamente al sufrimiento. Sin embargo (…) Seral supera la dolencia con una vuelta a los territorios del sueño y del deseo, que da a sus textos una serenidad, a veces fingida, pero que, en cualquier caso, no será fácil recuperar en páginas ulteriores». Los poemas de Cadera del insomnio oscilan entre el humor descreído y la agresividad, entre la inadaptación y la impotencia, en una línea de un surrealismo habitual en la poesía española de la época. Por su parte, Chilindrinas, publicado en su primera edición en Buenos Aires, constituye un rebufo de las greguerías ramonianas, donde brilla la inteligencia del autor aun sin llegar a la sorprendente brillantez del fecundo precursor de la vanguardia española. Como Serrano Asenjo ha destacado, «escribir para Seral equivale siempre a un compromiso», lo que le llevó a un grado máximo de insatisfacción y autocrítica que significó la interrupción de su valiosa obra.

                                                                                         OBRAS

Héctor y yo (novela breve), Zaragoza, La Novela de Viaje Aragonesa, nº 64 (número extraordinario dedicado a Alagón), 9-VI-1928.

Sensualidad y futurismo (prosa y verso), Madrid, Crédito Editorial Hernando, 1929.

Mascando goma de estrellas (poemas bobos), Madrid, CIAP, 1931. / Zaragoza, Guara, 1988.

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Poemas de amor violento, Madrid, Índice, 1932. / Zaragoza, Cierzo, Col. Libros de Poesía, 1933.

Cadera del insomnio -con il. de Maruja Mallo-, Zaragoza, Cierzo, Col. Cuadernos de Poesía, 1935.

Chilindrinas, Buenos Aires, La Revista Americana, 1935. / Madrid, Clan, 1953. / Zaragoza, Prensas Universitarias, 2004.

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Poesía, Zaragoza, Guara, 1988.
                                                             

                                                                                        BIBLIOGRAFÍA

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-, «Cierzo (1930), la utopía vencida» (Introducción a la ed. facsímil de Cierzo), Zaragoza, Gobierno de Aragón, 1995).

-, «Tomás Seral y Casas», Luces de la ciudad. Arte y cultura en Zaragoza, 1914-1936, Zaragoza, Gobierno de Aragón-Ayuntamiento, 1995, pp. 376-378.

-, «La poesía de Tomás Seral y Casas», El desierto sacudido. Actas del curso Poesía Aragonesa Contemporánea, Zaragoza, Gobierno de Aragón, 1998, pp. 45-56.

-, Fragmentos de la modernidad (Antología de la poesía nueva en Aragón), 1931-1945), Huesca, IEA, 2000.

-, «Prólogo» a Chilindrinas, Zaragoza, Prensas Universitarias, 2004.

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-SIN AUTOR, «Reseña» de Cadera del insomnio, Noreste, primavera 1935.

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-VV.AA., Tomás Seral y Casas, un galerista en la posguerra, Zaragoza, Gobierno de Aragón, 1998.

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En el 81 aniversario de la proclamación de la II República, no estará de más traer hasta aquí a un republicano. Reproduzco el artículo dedicado a  José Ramón Arana en mi Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005), Diputación de Zaragoza, 2010, pp. 950-953.


RUIZ BORAU, José, Garrapinillos (Zaragoza), 13-03-1905 / Zaragoza, 23-07-1973
Seudónimos: José Ramón Arana / Pedro Abarca / Juan de Monegros
Género: Narrativa

Hijo de un maestro muerto prematuramente en 1913, hubo de trabajar desde muy joven. En los años veinte se encaminó a Barcelona para emplearse en una fundición. Allí se casó con Mercedes Gracia, con la que tendría seis hijos, ingresó en la CNT y se fue haciendo con una cultura autodidacta. Tras cinco años en la Ciudad Condal, volvió a Zaragoza, consiguió un puesto en la banca y se convirtió en dirigente sindical de la UGT. Al iniciarse la Guerra Civil, se refugió con su familia en Monegrillo, donde gracias al apoyo de los anarquistas profesó de maestro. Poco después, y ya adscrito secretamente al Partido Comunista, fue nombrado consejero de Obras Públicas y, más tarde, de Hacienda, en el Consejo de Aragón, institución de la que llegó a ser vicepresidente. Por entonces, entabló relación con María Dolores Arana (https://javierbarreiro.wordpress.com/2018/08/22/maria-dolores-arana-escritora/), de la que posteriormente tomaría el apellido con el que tituló todas sus obras, excepto la inicial, que salió con su nombre real, y las dos que firmó como Pedro Abarca. Un viaje a la Unión Soviética para representar al Consejo de Aragón en las celebraciones del 1 de mayo dio lugar a su primer libro, Apuntes de un viaje a la URSS. Disuelto el Consejo, ejerció labores de información para el Servicio de Investigación Militar (SIM) y, finalmente, pasó a Francia. Allí escapó del campo de concentración de Gurs y tuvo el primero de sus dos hijos con María Dolores. Unos meses más tarde, logró marchar a América con su nueva mujer, abandonando a su primera familia. 

Arana en el campo de Gurs dibujado por un compañero

                                                       Retrato realizado por José Oliay en el campo de concentración de Gurs

Comenzó a publicar obras poéticas y, asentado en Méjico, tras una breve estancia en Santo Domingo, creó colecciones y revistas, entre estas últimas, Las Españas, quizá la más importante del exilio republicano. Al tiempo, se ganaba la vida como vendedor ambulante de libros, como refleja Simón Otaola en su obra La librería de Arana (1952). A principios de los años cincuenta, estableció una nueva relación amorosa, con Elvira Godás, de la que tuvo otro hijo, y se dio a conocer como narrador con El cura de Almuniaced, además de dar un nuevo impulso a su vocación literaria, sobre todo en el campo del ensayo. En 1968 comenzó a padecer problemas de salud y se acrecentó su deseo de regresar a España, que no se hizo realidad hasta junio de 1972, cuando, por fin, pudo afincarse en Castelldefells (Barcelona). Publicó entonces Can Girona, primera parte de unas memorias noveladas que no tuvieron continuación, pues el tumor cerebral que le corroía no tardó en acabar con su vida. Fue enterrado en Monegrillo, junto a su madre.

Varios números de la revista Pluma aragonesa (1924-1926) habían recogido versos de juventud y, salvo el citado libro basado en su viaje a la URSS, poéticas serán sus primeras obras, que trascienden la situación emocional y la crisis vivencial de un escritor que asume acontecimientos trascendentales en su vida. Esta casi desconocida poesía de Arana ha sido reeditada en su centenario y revela un lírico humanista, apasionado, enreligado con la naturaleza, tierno y descarnado por la ausencia de la figura materna y la lejanía de la patria. El más conseguido de esos libros poéticos resulta A tu sombra lejana, dedicado a su madre.

La novela corta El cura de Almuniaced es la obra maestra del autor de Garrapinillos y, en su día, tuvo un alto reconocimiento crítico. Llegó a ser comparada con la unamuniana San Manuel Bueno, mártir, con la senderiana Réquiem por un campesino español, cuya primera edición (Mosén Millán, 1953) es posterior, y hasta con Pedro Páramo, que Juan Rulfo publicara en 1955. La narración, de una intensidad y fuerza magistrales, especialmente en su tramo inicial, presenta la figura de mosén Jacinto, un cura rural -Almuniaced es un pueblo aragonés en el que se refleja Monegrillo- de buena voluntad, contradictorio y apasionado que, en defensa de sus feligreses, se enfrenta primero a los poderosos; en la guerra, a los milicianos; y, después, a las tropas franquistas. Can Girona, también con buena recepción crítica y hoy casi olvidada, recrea su formación político-social en la empresa metalúrgica barcelonesa donde trabajó. Transmite sinceridad y traza con acierto el ambiente obrero de los años veinte. Póstumamente, fueron recogidos sus cuentos con el título de uno de los más cuajados ¡Viva Cristo Ray!, en el que rememora los días del Alzamiento y su estancia en Monegrillo. El resto, así como otros que publica Luis Esteve en la última edición de El cura de Almuniaced, dan cuenta de un autor muy dotado para el género pero que, seguramente como consecuencia de lo agitado de su peripecia vital, no se prodigó en él.

Una obra de teatro, Veturián, drama rural de contenido social potente pero quizá algo anticuado, y varios ensayos completan su producción. Estos últimos revelan la constante presencia de España en su pensamiento y su preocupación por la reanudación de la convivencia. Carta a las nuevas generaciones españolas es el más significativo. En él aboga por el protagonismo de los jóvenes en la reconstrucción del país bajo las bases de la justicia y la reconciliación de todos los antifascistas, labor que quienes han estado en el barro de la terrible confrontación guerrera y posbélica ya no estaban en condiciones de afrontar. Arana, que alcanzó algún reconocimiento en su vuelta del exilio y en su centenario, en el que, además, de acometerse algunas reediciones, se le dedicaron calles y bibliotecas, es, sin duda, tras Sender, el escritor de mayor entidad literaria entre los aragoneses desterrados.
                                                                       OBRAS

Apuntes de un viaje a la URSS (libro de viajes), Barcelona, Imp. La Polígrafa, 1938.

Ancla (poesía), Santo Domingo, Maeza, 1941.

A tu sombra lejana (poesía), México, Medea, 1942.

Politiquería y política (ensayo), México, Ruedo Ibérico, 1945.

El cura de Almuniaced (cuentos), México, Aquelarre, 1950. / Madrid, Turner, 1979. / Sevilla, Renacimiento, 2005.

Veturián (teatro), México, Aquelarre, 1951.

Arana, José Ramón Veturián

Esta hora de España. Contestación a una encuesta de Ibérica (ensayo), México, Las Españas, 1957.

Romance del ciego Viroque (cuaderno de poesía en forma de pliego suelto), México, Autor, 1960.

De pereza mental (ensayo, con el seudónimo de Pedro Abarca), México, 1967.

Cartas a las nuevas generaciones españolas (ensayo, con el seudónimo de Pedro Abarca), México, Finisterre, 1968.

Can Girona. Por el desván de los recuerdos (novela), Madrid, Al-Borak, 1973.

¡Viva Cristo Ray! y todos los cuentos (relatos), Zaragoza, Heraldo de Aragón, 1980.

Poesías (Edición de Javier Barreiro), Zaragoza, REA-DPZ, 2005.


                                                           BIBLIOGRAFÍA

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Publicado en Javier Barreiro, Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos, Zaragoza, Diputación Provincial, 210, pp. 342-351.

DICENTA BENEDICTO, Joaquín, Calatayud (Zaragoza), 03-02-1863 / Alicante, 20-02-1917
Seudónimos: Don Hermógenes
Género: Varios

Nació accidentalmente en Calatayud, durante un viaje familiar de Alicante a Vitoria, adonde había sido destinado su padre. Fue bautizado ya en la capital alavesa y, sin embargo, él se consideró siempre aragonés y así lo manifestó en muy diversas ocasiones. En la última Guerra Carlista su progenitor, teniente coronel de húsares, resultó herido, lo que afectó gravemente a sus facultades mentales y provocaría finalmente su fallecimiento en 1875. Cuando Joaquín contaba con cinco años, la familia volvió a Alicante. Allí terminó el bachiller y comenzó a manifestar el carácter rebelde e indisciplinado que siempre le caracterizó. Tras concluir sus estudios primarios, ingresó en la Academia de Artillería de Segovia (1877-1878), de la que fue expulsado. También inició y abandonó en Madrid las carreras de Derecho y Medicina.

Inficionado por la literatura, consiguió estrenar su primer drama, El suicidio de Werther, gracias a los buenos oficios de su madre con Manuel Tamayo y Baus. A partir de entonces, vivió sumido en la bohemia más estricta, en la que militó por voluntad y convicción durante gran parte de su vida. Se implicó en el periodismo revolucionario de El Edén, La Piqueta, El Resumen, Las Dominicales del Libre Pensamiento, La Avispa, El Radical, La Opinión, El Liberal, Heraldo de Madrid y otros rotativos de la época. Publicó cuentos y artículos, sin lograr más que un eco parcial hasta que Juan José (1895), el mayor éxito del teatro español desde el Tenorio, lo lanzó a la fama. Convertido en emblema de las luchas sociales, alternó sus obras de carácter combativo y militancia obrerista con otras de tono más lírico. Mantuvo su compromiso en el periodismo con sus colaboraciones en la prensa social, sobre todo en el semanario Don Quijote (1892-1902). También fundó el periódico republicano La Democracia Social (1895) y dirigió Germinal (1897-1899), una de las revistas más importantes del periodo finisecular, así como el diario El País, cargo en el que sustituyó a Lerroux. Posteriormente, participó en la noventayochista Alma Española y en muchas otras publicaciones contemporáneas, como El Liberal, diario e n el que dio a la luz centenares de artículos, casi siempre de contenido reivindicativo.

Lleno de energía, desmesura y generosidad, fue hombre de estricto sentido de la justicia, pero de carácter agresivo, retador y polémico. Sus pasiones y la atracción por los barrios bajos, la noche y el alcohol minaron su salud, lo que deparó su rápido deterioro físico y pronta desaparición, considerada entonces como la del más señalado escritor progresista del país e «inventor de la izquierda literaria», en palabras de Eugenio Noel.

Caricatura de Dicenta, escribiendo Juan José, dibujada por Cilla

La figura de Dicenta, casi mítica en su tiempo, presenta gran desigualdad y ya sus contemporáneos repararon en sus contradicciones y carencias. Junto a una gran potencia escénica y un innato sentido de la construcción teatral, excesos retóricos y un inevitable maximalismo perjudican su obra que, pese a ello, ostenta una gran personalidad y el mérito de marcar el camino a otros escritores sociales menos dotados. Desde su primer estreno, El suicidio de Werther, que tuvo una buena recepción, se echó de ver la levadura romántica que no abandonaría ni en sus obras más militantes. Su rebeldía consustancial ya asoma en su libro inicial, Spoliarium, que recoge artículos periodísticos de corte narrativo publicados en El Resumen y que fue prologado por un inevitable Bonafoux. No presentan el mismo registro, sin embargo, sus primeros dramas en verso. Estos oscilan entre el convencionalismo y el planteamiento de problemas de su tiempo. Su oposición a la moral burguesa tiene un tinte echegarayano que sólo empezaría a abandonar en Luciano (1894), pieza escénica en prosa y de corte más realista, donde plantea cuestiones como la incomprensión del artista por parte de la sociedad y el amor libre, además de apuntar la lucha de clases que tendrá en Juan José su manifestación más cuajada. Aunque en la órbita del movimiento temático deparado por Los tejedores (1892) de Gerhart Hauptmann, que dio origen a dramas como El pan del pobre (1894) de González Llana y Francos Rodríguez, Juan José fue saludado como un hito revolucionario en el teatro español. Su trascendencia fue enorme, si bien muchos vieron que el individualismo y la herencia del tema de la honra, con toda la emotividad a flor de piel que Dicenta sabía imprimir, lastraban su poderosa intención social. Reincidiría Dicenta con estrenos de parecido tono, como El señor feudal (1896) o la más lograda Daniel (1907), que se suman a más de una veintena de títulos de todo jaez, entre los que destacan Curro Vargas, Aurora, Amor de artistas, Lorenza, Sobrevivirse y El lobo. A su vez, no dejó de cultivar profusamente el cuento y la novela, especialmente la corta, géneros todavía mal estudiados en el conjunto de su obra, y en los que, junto a narraciones prescindibles, se encuentran logros considerables, como Encarnación, una recreación del mundo periodístico y bohemio que vivió en su juventud. Varios libros de viajes y estampas, un interesante esbozo de memorias que, lamentablemente, no continuó, Idos y muertos, y un volumen de poemas juveniles, Del tiempo mozo, completan su abundante producción literaria.

Atrapado entre la bohemia vital, cierta formación retórica propia de la Restauración y sus anhelos de justicia social y reivindicación de los desfavorecidos, Dicenta constituye un caso único pero, al mismo tiempo, muy representativo de esa España conflictiva, variopinta y en continua confrontación entre las trampas deparadas por su propia historia y el señuelo de la modernidad, que protagoniza los lustros iniciales del siglo XX. Estudiado monográficamente por Mas Ferrer y, de modo más sintético, por Mainer con su habitual solvencia, Dicenta ocupa un lugar de primer orden en la encrucijada que establecen literatura y sociedad en el periodo de su producción escrita. Su adscripción a la bohemia, su decisiva influencia en la consolidación de una ideología entre lo convencionalmente popular -y hasta folletinesco- y lo republicano radical, su estricta y combativa laicidad y su labor dinamizadora en el terrero del publicismo le otorgan un lugar en la historia literaria más destacado que aquel a que se haría acreedor por la calidad estética de su obra.

V. también en este blog: 

https://javierbarreiro.wordpress.com/2013/01/30/150-aniversario-de-joaquin-dicenta-dicenta-y-sus-criticos/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2017/10/18/regalar-tu-libro-un-texto-de-joaquin-dicenta/

OBRAS

Spoliarium (cuadros sociales), Madrid, Lib. de Fernando Fe, 1888.

El suicidio de Werther (drama), Madrid, Imp. de R. Velasco, 1888.

La mejor ley (drama), Madrid, Imp. de José Reguera, 1889.

Los irresponsables (drama), Madrid, Florencio Fiscowich, 1890.

Honra y vida (leyenda dramática), Madrid, Imp. de J. Rodríguez, 1891.

Tinta negra (artículos y cuentos), Madrid, Lib. de Fernando Fe, 1892.

Luciano (drama), Madrid, Imp. de R. Velasco, 1894.

El Duque de Gandía (drama lírico) -con música de Antonio Llanos y Ruperto Chapí-, Madrid, Imp. de José Rodríguez, 1894.

Juan José (drama), Madrid, Imp. de R. Velasco, 1895. / Madrid, Taurus, 1965. / Madrid, Cátedra, 1982.

El señor feudal (drama), Madrid, Imp. de R. Velasco, 1896.

De la batalla (novelas cortas), Madrid, Mariano Núñez Samper, 1896.

Crónicas, Madrid, Imp. de Fortanet, 1898.

Curro Vargas (drama lírico) -con Antonio Paso; música de Ruperto Chapí-, Madrid, Imp. de R. Velasco, 1899.

La cortijera (drama lírico) -con Manuel Paso Cano; música de Ruperto Chapí-, Madrid, SAE, 1900.

El tío Gervasio (monólogo), Madrid, Imp. de R. Velasco, 1900.

Páginas de oro (cuentos), Madrid, Imp. de Antonio Marzo, 1900.

Visto y vivido (narración), Barcelona, Sopena, Col. Regente, tomo XLIII, 1900.

Una mujer de mundo (narración), Barcelona, Sopena, Col. Regente, tomo XLVIII, 1900.

Aurora (comedia), Barcelona, Sopena, 1902.

Raimundo Lulio (drama lírico) -con música de Ricardo Villa-, Madrid, SAE, 1902.

De tren a tren (juguete cómico inspirado en un cuento francés), Madrid, SAE, 1902.

Espumas y plomo. Cartas sin sobre (cartas y cuentos), Madrid, Imp. de Fortanet, 1903.

La finca de los muertos (cuentos), Madrid, Viuda de Rodríguez Serra, Biblioteca Mignon, 1904.

¡Pa mí que nieva! (comedia), Madrid, SAE, 1904.

Juan Francisco (drama lírico) -con música de Ruperto Chapí-, Madrid, SAE, 1905.

La conversión de Mañara (comedia), Madrid, SAE, 1905.

De piedra a piedra (libro de viajes), Cartagena (Murcia), Artes Gráf. de Levante, 1905. / Calatayud, López Alcoitia, 1994.

Traperías (cuadros de costumbres sociales), Madrid, López del Arco, 1905.

Desde los rosales (libro de viajes), San Vicente de la Barquera (Cantabria), Tip. El Liberal, 1906.

El vals de las sombras (juguete cómico-lírico) -con música de Quinito Valverde-, Madrid, SAE, 1906.

Familia modelo. El busto de Aspasia. El oso blanco (novelas), Barcelona, Maucci, ¿1906?

Amor de artistas (comedia), Madrid, SAE, 1906.

Entre rocas (zarzuela) -con música de Ruperto Chapí-, Madrid, SAE, 1906.

Daniel (drama), Madrid, SAE, 1907.

Lorenza (comedia), Madrid, SAE, 1907.

Marinera (monólogo), Madrid, SAE, 1907.

Una letra de cambio (novela breve), Madrid, El Cuento Semanal nº 8,22-II-1907.

Del camino (novela breve), Madrid, El Cuento Semanal nº 53,3-I-1908.

La gañanía (novela breve), Madrid, El Cuento Semanal nº 80,10-VII-1908.

Galerna (novela breve), Madrid, El Cuento Semanal nº 92,2-X-1908.

El crimen de ayer (drama), Madrid, SAE, 1908.

Los majos de plante (sainete lírico) -con Pedro de Répide; música de Ruperto Chapí-, Madrid, SAE, 1908.

La confesión (comedia), Madrid. SAE, 1908.

Los tres maridos burlados (enredo inspirado en una obra de Tirso de Molina) -con Pedro de Répide; música del maestro Lleó-, Madrid, SAE, 1909.

El lobo (novela), Madrid, Los Contemporáneos nº 1,2-I-1909.

El sino (novela), Madrid, Los Contemporáneos nº 28,9-VII-1909

Idos y muertos (narración), Madrid, Los Contemporáneos nº 37,10-IX-1909.

Por Bretaña (impresiones de viaje), Madrid, Antonio Garrido, 1910.

El idilio de Pedrín (novela), Madrid, El Cuento Semanal nº 168,18-III- 1910.

Serranas (impresiones de viaje)

Informe sobre reorganización de la enseñanza municipal de Madrid (ensayo), Madrid, Ayuntamiento, 1910.

Rebeldía (novela), Barcelona, Eduardo Doménech, 1910.

Del tiempo mozo (poesía), Madrid, Sucesores de Hernando, 1912.

Los bárbaros (novela breve), Madrid, Renacimiento 1912. / Madrid, La Novela Corta nº 44,4-XI-1916.

Infanticida (narración), Madrid, El Libro Popular Año I nº 1,11-VII-1912.

¡Redención!.. (narración), Madrid, El Libro Popular Año I nº 8,29-VIII-1912.

Puesta de sol (cuento que forma parte de una obra colectiva), Madrid, El Cuento Decenal, Galante y Popular, 1913.

El hampón (narración), Madrid, El Libro Popular Año II nº 1,7-I-1913.

Niñerías (narración), Madrid, El Libro Popular Año II nº 8,25-II-1913.

Página rota (narración), Madrid, El Libro Popular Año II nº 35,2-IX-1913.

Caballería maleante (novela breve), Madrid, La Novela de Bolsillo nº 1, 1913.

¿Cuál de los dos? (narración), Madrid, El Cuento Galante nº 19, 1913.

Los de abajo (narraciones y poesía), Madrid, Tip. Antonio Marzo, 1913.

Galerna (cuentos), Madrid, Renacimiento, s. f. (h. 1913).

Mares de España (impresiones de viaje), Madrid, Renacimiento, 1913.

Encarnación (novela), Madrid, Sucesores de Hernando, 1913.

Sobrevivirse (drama), Madrid, Los Contemporáneos y Los Maestros nº 254,7-XI-1913.

Novelas (incluye: El idilio de Pedrín; Idos y muertos; Infanticida; y Sol de invierno), París, Garnier Hnos., 1913.

El lobo (drama), Madrid, Renacimiento, 1914. / Madrid, Los Contemporáneos y Los Maestros nº 295,21-VIII-1914.

De la vida que pasa (novelas breves), Barcelona, Tip. Iris, 1914.

El pasaporte amarillo (novela breve), Madrid, La Novela de Bolsillo nº 50, 1914.

Estrellita del alba (novela breve), Madrid, El Cuento Popular nº 2,8-VI-1914.

Mi Venus (novela), Madrid, Hispania, 1915.

Las esmeraldas (novela), Madrid, Los Contemporáneos, nº 323,5-III-1915.

Con la bandera en alto (novela), Madrid, Los Contemporáneos, nº 357,29-X-1915.

El capitán Anselmo (novela), Madrid, La Novela de Bolsillo nº 83, 1915.

La leyenda del yermo, Barcelona, Biblioteca Teatro Mundial, 1915.

El león de bronce (monólogo), Barcelona, Bibl. Teatro Mundial, 1915.

Novelas, Madrid, Suc. de Rivadeneyra, 1915.

El idilio de Pedrín (drama lírico) -con Joaquín Dicenta (hijo); música de Gimeno Sanchiz-, estr. en 1915.

Trance de honor (narración), Madrid, Los Contemporáneos nº 367,7-I-1916.

El hijo del odio (novela breve), Madrid, La Novela Corta nº 2,22-I-1916. / Madrid, Emiliano Escolar, 1980.

Garcés de Marsilla (novela breve), Madrid, La Novela Corta nº 10,18-III-1916. / Madrid, Emiliano Escolar, 1981.

Juan José (novela breve), Madrid, La Novela Corta, nº 17, 1916.

Bajo los mirtos (libro de viajes), Barcelona, Ed. Millá y Piñol, 1916.

La herencia (novela breve), Valencia, La Novela con Regalo nº 2,21-X-1916.

¡Quién fuera tú! (novela breve), Madrid, La Novela Corta nº 61,3-III-1917.

Interior (novela breve), Valencia, La Novela con Regalo nº 22,10-III-1917.

Paraíso perdido (novela), Madrid, Sucesores de Hernando, 1917.

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SENDER GARCÉS, Ramón José, Chalamera (Huesca), 03-02-1901 / San Diego (EE.UU.), 16-01-1982
Seudónimos: Pepe Garcés / Lucas La Salle / F. Saila / Dom Sem Tob / El Diablo Hariman / Lord Wais / Clemente Azlor

El escritor aragonés más eminente desde Baltasar Gracián fue hijo de un secretario de ayuntamiento, José Sender Chavanel, y de una maestra, Andrea Garcés Laspalas. Era el tercero de los diecinueve hijos del matrimonio, de los que sobrevivieron diez. Ramón, a quien en su casa siempre llamaron Pepe, nació el día de San Blas, cuando el siglo XX -centuria en la que fue testigo de muchos de sus sucesos más significativos- sólo contaba treinta y cuatro días. En septiembre de 1903 la familia se trasladó a la vecina Alcolea de Cinca, lugar natal de los padres, donde José Sender ejerció también de secretario.

El escritor recreó su infancia en Crónica del alba, donde aparecen, tanto la muy conflictiva relación con su padre, como la mitificación de la madre, imagen que está detrás de gran parte de su obra. Familiares decisivos en su niñez fueron también la tía Ignacia, que nutrió su imaginación con cuentos populares y era contraprima de doña Andrea, a la que ayudaba en casa, y el abuelo paterno, ejemplo para su nieto de las mejores virtudes del hombre aragonés. En 1911, la familia se afincó en Tauste, donde Ramón conoció a Valentina Ventura, hija del notario, personaje clave de la obra citada y, junto a su madre, la figura femenina más importante en su vida. Dos años más tarde se marchó a Reus para cursar tercero de bachiller en el colegio San Pedro Apóstol de los Hijos de la Sagrada Familia. Acabado el curso, volvió a Zaragoza, donde ya se había domiciliado la familia, para proseguir sus estudios.

                                             Casa natal en Chalamera, hoy derribada

Las etapas de Reus y Zaragoza están noveladas en la segunda y tercera partes de Crónica del alba, («Hipogrifo violento» y «La Quinta Julieta»). Fue a partir de entonces cuando su afición a la literatura se desató: leía compulsivamente y publicó sus primeros textos en revistas escolares. En 1916 comenzó a trabajar como mancebo de botica, hecho que coincide con el inicio de su inquietud social, a través, sobre todo, de la relación con el anarquista Chueca, novelada en El mancebo y los héroes, y también con su primera publicación en un periódico: el cuento «Noche de ánimas», que, el 31 de agosto de 1916, apareció en La Crónica de Aragón, diario regionalista que poco, después, incluiría otras narraciones del quinceañero. Al año siguiente dejó Zaragoza para matricularse en Alcañiz de las dos asignaturas que le quedaban para concluir el bachiller, al tiempo que ayudaba en la farmacia de Arturo López. Una vez obtenido el título y contra el criterio de su familia, en 1918 se marchó a Madrid. Allí trabajó brevemente en la farmacia de Toribio Zúñiga pero, sobre todo, frecuentó el Ateneo y comenzó a colaborar en periódicos de la capital, como La España Nueva, La Tribuna o El País aunque viviera con grandes estrecheces. Su padre lo fue a buscar para obligarle a regresar y asentarse en la capital oscense.

Comienza entonces -verano de 1919- una de las etapas de mayor estabilidad del escritor. Va a colaborar en el diario La Tierra de Huesca, órgano de la Asociación de Agricultores y Ganaderos de la provincia, del que pronto será redactor jefe y director efectivo. En este periódico escribirá acerca de cualquier tema y se curtirá como periodista todoterreno, mientras, por otro lado, continúa enviando cuentos y poemas a distintos rotativos. Además, en la temporada 1919-1920, se estrenará en el teatro Principal oscense su obra Mariposuela, representada por los estudiantes de Magisterio.

Después de casi cuatro años en la capital del Ésera, Sender se inscribió en el ejército como voluntario. Tras diversas peripecias, a finales de 1923 arribó a Melilla, donde sirvió en el Regimiento de Infantería Ceriñola y llegó a suboficial de complemento. Durante su estancia en Marruecos publicaría artículos en El Telegrama del Rif y le sería concedido el primer premio del concurso de cuentos organizado por la revista Lecturas, dotado con la respetable cantidad de 600 pesetas. El relato ganador, «Una hoguera en la noche», que luego reelaboraría, manteniendo el título, para una de sus novelas crepusculares, había sido escrito, al parecer, años antes de su salida para África. En enero de 1924 volvió a Huesca. Por poco tiempo porque, tras enviar su currículo y tener una entrevista con Nicolás María de Urgoiti, fundador de El Sol, ingresó en dicho periódico como redactor.

Las ideas de Sender se habían radicalizado y la dictadura primorriverista acrecentó aún más su rebeldía. Comenzó sus relaciones con la CNT y en septiembre de 1926 pasó unas semanas en la cárcel Modelo. En 1928 murió su madre y apareció publicado su primer libro, El problema religioso en Méjico. Al año siguiente, se integró en el grupo Espartaco de la FAI e incrementó su actividad conspirativa. Tras su fecunda etapa en El Sol, durante 1930 empezó a colaborar en Solidaridad Obrera y La Libertad. Es también el año de la publicación de Imán, obra que iniciaría el ciclo de novelas sociales y comprometidas que lo convertirían en el narrador joven más prestigioso de la República instaurada en 1931. En esas fechas conoció a Amparo Barayón, empleada de la Telefónica, mecanógrafa y primera mujer del escritor, al que daría dos hijos, Ramón (1934) y Andrea (1936). Los años treinta son de gran fecundidad periodística para el escritor y, en cuanto a la publicación de libros de narrativa y artículos, hasta el inicio de la Guerra Civil, editó catorce títulos. Como periodista, sus reportajes más trascendentes fueron los que publicó en La Libertad acerca de los sucesos de Casas Viejas, luego reelaborados en Viaje a la aldea del crimen.

Ideológicamente, se fue escorando hacia las tesis comunistas, lo que se hace notar, especialmente  desde su estancia en la Unión Soviética (1933), invitado por la Unión Internacional de Escritores Revolucionarios. Las crónicas de ese viaje, que tuvo considerable repercusión, fueron publicadas por La Libertad. En 1935 fundó la revista Tensor, de la que salieron tres números, y dio a la luz su obra teatral El secreto, con marcado trasfondo ideológico-social. La novela Mr. Witt en el cantón le vale el premio Nacional de Literatura, concedido el día inicial de 1936 por un prestigioso jurado en el que figuraban A. Machado y Baroja. Durante el mes de julio, Sender y su familia se encontraban veraneando en San Rafael. Abortado el Alzamiento en la capital, el escritor se incorpora a las milicias y Amparo se refugia en su casa familiar de Zamora. Allí es interrogada, puesta en arresto domiciliario y, enterada de que han fusilado a sus hermanos, Antonio y Saturnino, protesta ante el gobernador y es detenida, encarcelada y, el 11 de octubre, asesinada. El certificado de defunción la declaraba soltera. El cura le había negado la absolución por el mismo motivo. El 13 de agosto había sido fusilado en Huesca, Manuel Sender, alcalde de la capital y hermano de Ramón. Este, que se enteró de la muerte de su mujer en enero de 1937, sufrió un comprensible impacto, al pensar, con cierto fundamento, que la habían asesinado por no poder matarlo a él, aunque en el ensañamiento con Amparo influyeran también otros motivos. Los hijos pasaron a la Cruz Roja Internacional y quedaron finalmente en Francia.

Los acontecimientos bélicos tampoco propiciaban el optimismo. Sender alternó las actividades culturales y políticas con las misiones en el frente, donde, como capitán, mandaba la compañía «Amanecer». Además de editar Crónica del pueblo en armas. Historia para niños, publicó artículos en Milicia Popular, Juventud y El Mono Azul. Destinado como Jefe de Estado Mayor en la I Brigada Mixta de Líster, ante las actitudes de este, prefirió abandonarla, para seguir en Madrid. Las calumnias que el general comunista vertió sobre su conducta han sido ya desmentidas por la documentación aportada por Donatella Pini Moro y Jesús Vived. De hecho, Sender fue felicitado en el boletín de la I Brigada Mixta correspondiente al último día de 1936. De cualquier modo, se fue a Bayona para gestionar el traslado de sus hijos y conoció a Elixabete Altube, con la que convivió junto a ellos en Pau y Louvie-Juzon. Fue allí donde comenzó a escribir El lugar de un hombre y, el 16 de noviembre, nació Emmanuel, el tercero de sus descendientes. Elixabete mecanografió Contraataque, mientras Sender viajaba frecuentemente a Barcelona.

En la primavera de 1938 es enviado a los Estados Unidos para defender la causa republicana. A su vuelta, pide ir al frente pero se le nombra miembro del comité de redacción de Voz de Madrid, semanario editado en París, portavoz del Gobierno legal. Sus dos hijos mayores son ingresados en Duremont, un campo infantil de refugiados en Calais. Ramón entabla relación con una periodista austriaca y Elixabete Altube desaparece de su vida. En marzo de 1939 embarca rumbo a Nueva York, donde la escritora Julia Davis se hace cargo de sus hijos, contingencia que resultó definitiva. Como el escritor todavía no se manejaba en inglés, pensó que saldría adelante con mejor fortuna en Méjico, aunque temía que los comunistas lo asesinaran. No lo hicieron, pero le pusieron todas las dificultades posibles. Él procuró mantenerse independiente, viviendo de los derechos de sus traducciones y de las novelas que iba escribiendo. Al poco de llegar al país azteca, creó la editorial Quetzal, en la que publicó El lugar del hombre, Proverbio de la muerte, Mexicayotl -su primera colección de cuentos, una de las labores del escritor más injustamente desatendidas-, Hernán Cortés y Epitalamio del prieto Trinidad.

Tras el asesinato de Trotsky, todavía más preocupado por su vida, consiguió en agosto de 1942 el visado a los USA, gracias a las gestiones de Eleanor Roosevelt y a una beca de la Fundación Guggenheim. Instalado en Santa Fe (Nuevo México), conoció a Florence Hall, con la que se casó en Las Vegas el 12 de agosto de 1943 y quien iría traduciendo al inglés muchas de sus obras. Al mes siguiente comenzó a trabajar en el Amherst College de Massachusetts y, un año después, en la Universidad de Denver (Colorado), al tiempo que colaboraba en conocidas revistas estadounidenses, como Harper’s Magazine, Partisan Review, The Modern MagazineBooks Abroad, y continuaba con su producción literaria. En 1945 fue a Nueva York para trabajar como adaptador de películas en la Metro Goldwyn Mayer, lo que llevó a cabo con el seudónimo de Clemente Azlor. En enero de 1946 consiguió la ciudadanía norteamericana y, al año siguiente, aceptó una oferta para dar clases de literatura española en la Universidad de Alburquerque (Nuevo México), donde permanecería tres lustros en una situación de tranquilidad que no había conocido en su ajetreada vida. Allí comenzó el contacto con Joaquín Maurín, quizá su mejor amigo en el exilio y con el que entabló una rica correspondencia, ya publicada. Maurín creó en 1948 la American Literary Agency (ALA), donde Sender publicaría centenares de artículos hasta el final de su vida. Sin embargo, ambos no se conocerían hasta fines de 1953 en Chicago. En el transcurso de ese año se había publicado en la colección Aquelarre, dirigida por José Ramón Arana, Mosén Millán que, luego, con el nuevo título de Réquiem por un campesino español, se consagraría como la más popular de las obras senderianas. También allí se publicó Ariadna (1955), primera versión de Los cinco libros de Ariadna.

En 1962, Sender pasó un semestre como profesor visitante en la Universidad de Los Ángeles (UCLA) y, el curso siguiente, obtuvo su jubilación en Alburquerque aunque siguiera impartiendo cursos como emérito. A finales de ese año viajó a Europa y visitó Londres, París y Pau (Francia). Hacía casi un cuarto de siglo que faltaba del Viejo Continente. 1963 fue año de cambios. Al divorcio con Florence Hall, después de que la relación se hubiese ido enfriando, siguió el traslado a Los Ángeles, de clima más benigno y favorable para el asma que siempre padeció y que en los últimos años le fue ocasionando más problemas. Vivió brevemente con la poetisa panameña Rosa Elvira Álvarez y en 1965 aceptó una oferta de la Universidad del Sur de California, en la que impartió clases hasta 1972, fecha en que, afectado por continuas crisis de asma, su médico le aconsejó trasladarse a San Diego.

En 1965 la censura había aceptado sus primeras publicaciones en la España franquista, El bandido adolescente y Crónica del alba, a la que se le concedió el premio Ciudad de Barcelona (1966). El éxito popular de dichas ediciones propició que la editorial Destino publicara buena parte de su obra y que el 23 de noviembre de 1968 apareciese en la revista homónima de la editorial el primer artículo de Sender que se publicaba en España desde la Guerra Civil. Ese mismo año había sido nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Nuevo Méjico. A partir de entonces, obtendría reconocimientos en distintas partes del mundo. El más controvertido fue la concesión del premio Planeta en 1969. Parece ser que le fue ofrecido y aceptó a cambio de que se publicaran algunos de sus libros prohibidos. De finales de los sesenta datan los primeros estudios totalizadores sobre su obra, firmados por Josefa Rivas, Marcelino Peñuelas y su coterráneo Francisco Carrasquer.

Ya en San Diego y asistido por su ex mujer, Florence Hall, Sender pudo dedicarse exclusivamente a escribir, cosa que hizo con la compulsión de siempre. Y no dejó de recibir reconocimientos. En Zaragoza, el diario Aragón Exprés instauró el premio Sender (1972) y la Universidad del Sur de California también lo nombró doctor honoris causa. Desde hacía tiempo, anidaba en su mente el deseo de regresar a su patria. No cuajaron los intentos de diversas instituciones, hasta que en 1974 la Fundación Mediterránea le planteó dictar unas conferencias en Barcelona y Zaragoza. El escritor puso como condición que se publicaran cinco libros suyos prohibidos y Ricardo de la Cierva, a la sazón director general de Cultura, le contestó favorablemente. El 29 de mayo de de 1974 aterrizó en Barcelona, tras más de treinta y cinco años de ausencia. Aunque abundó en episodios de toda laya, el viaje fue un éxito en cuanto a la recepción popular y la repercusión en la prensa. Tras dos semanas, en las que visitó Barcelona, Zaragoza, Huesca y Madrid, volvió a San Diego. Todavía regresaría a España en dos ocasiones más, en mayo y en octubre de 1976. En este último protagonizó un sonoro incidente en la casa mallorquina de Camilo José Cela. El asma, que no hizo ninguna mella en su fecundidad, volvió ingratos muchos momentos de sus viajes. Hasta septiembre de 1980 Sender no recuperó la nacionalidad española, que le había sido arrebatada por el franquismo. Tanto dicho año como el siguiente, aparecieron una docena de títulos de su autoría. Su fecundidad, exacerbada al final de su vida, provocó que muchos de sus libros, exceptuando, Monte Odina y Álbum de radiografías secretas, desmerecieran frente a los títulos más poderosos de su creación.

En 1981 fue propuesto para el premio Nobel por el Spanish Institute, a lo que se adhirieron otras instituciones, como las diputaciones aragonesas, la Universidad de Zaragoza y varios centenares de profesores e intelectuales. Faltó la Real Academia Española y faltó el apoyo del, quizá, mayor muñidor del premio, Arthur Lundkvist, que simpatizaba con los comunistas. Tampoco Sender puso, aparentemente, mucho interés en el asunto. El 16 de enero de 1982, tras inyectarse un preparado contra el asma, un infarto de miocardio abatió al escritor en la cocina de su casa de San Diego.

 

La biografía senderiana tuvo un excelente cronista en Jesús Vived Mairal; su obra, ha sido objeto de una rica bibliografía, que, salvo en los últimos aportes, puede consultarse en el volumen de Elizabeth Espadas. El Instituto de Estudios Altoaragoneses alberga un Centro de Estudios Senderianos que acoge la casi totalidad de sus escritos y gran parte de lo publicado sobre el autor de Chalamera. En cambio, no puede decirse que la crítica de la prensa periódica española de los últimos cuarenta años recibiera los libros de Sender como merecían. Una desvalorización políticamente interesada, proveniente, por un lado, de quienes, cercanos al régimen, no podían ver con buenos ojos su pasado revolucionario pero, también, por parte de la facción dominante de intelectuales doctrinarios y proclives al marxismo, que, con una mirada cercana al estalinismo hasta hace casi nada, juzgaba con severidad a quien no hubiera sido dócil con las tesis emanadas desde su covachuela. En el exterior, por el contrario, su obra fue siempre apreciada y, desde la temprana traducción de Imán, se convirtió en uno de los tres o cuatro escritores españoles del siglo XX más valorados fuera de su ámbito lingüístico.

Cuando Sender publica sus primeras obras, lleva una decena de años bregando con el periodismo diario por lo que puede decirse que es un escritor sin balbuceos y con unas premisas muy claras: el compromiso con el pueblo, las clases trabajadoras y los desfavorecidos. En toda su primera etapa ese será su tema fundamental, pero reaparece siempre y, a veces, con tanta fuerza como en Réquiem por un campesino español.

Ya tanto en su primera obra narrativa como en la anterior, El problema religioso en México, de índole reflexivo-periodística, se sostienen posturas mucho más radicales que las de los literatos considerados entonces en la avanzada social. Carrasquer lo considera como «uno de los tres o cuatro escritores que más influyeron en formar la mentalidad prerrevolucionaria en España» y basta un repaso superficial a toda su producción de los años treinta y cuarenta para concluir que no existe una sola publicación que no contenga un propósito de denuncia y reivindicación humana. Sus libros son siempre «en contra de algo» y, por antonomasia, antirreaccionarios. Pero, además, la altura literaria y la modernidad de sus propuestas formales no tienen parangón entre los novelistas españoles de su tiempo. Su vinculación con la vanguardia poco tiene que ver con la de sus coetáneos, los poetas del 27, pero es manifiesta en la estructura de sus narraciones más tempranas. Imán, por su parte, constituye uno de los alegatos antibelicistas más radicales publicados en el primer tercio del siglo XX.

Un recorrido por la etapa inicial de su obra nos conecta con exactitud con los problemas diarios y la microhistoria de un país en ebullición. Dejando aparte El verbo se hizo sexo, reelaboración de un texto adolescente que, con su punto de tremendismo, refleja las obsesiones místico-trascendentales del autor de Chalamera, el resto de sus títulos –nada menos que quince hasta el estallido de la Guerra Civil– dan cuenta de una estricta vinculación con la actualidad, ya sean de carácter periodístico o narrativo. Piénsese en Siete domingos rojos, novela pionera tanto respecto a la evolución de sus ideas como a los conflictos sociales del país, o en Mr. Witt en el cantón, que admite tantas lecturas que puede parecer tan exagerado como propio considerarlo un facsímil metafórico del último siglo de historia española pero, también, un barrunto de la inminente conflagración. En todo caso, en ambas novelas, el protagonismo en el trasfondo del pueblo español resulta de lo más convincente.

En toda la obra senderiana aparece el mecanismo de la «escritura como acción», tan fundamental, asimismo, en otros autores del siglo XX, pero también la creencia en la función social de la literatura y la constancia de su compromiso libertario, que es como incidir en la ya comentada connivencia con la «descomunal arremetida del pueblo español en la preguerra», que tan escaso eco ha suscitado entre los intelectuales patrios. Como señaló Carrasquer, resulta literalmente impresionante observar la cantidad de empresas renovadoras, culminadas o no con éxito, debidas a esta pujanza del pueblo español en los escasos nueve años que van desde la proclamación de la república a la derrota bélica. Más, teniendo en cuenta las circunstancias socio-económicas de quienes apenas podían dedicarse a otra cosa que no fuese a su supervivencia. Escribió Carrasquer: «[Sender] no pertenece en absoluto a ninguna reacción contra la estética ´turriebúrnea` del 27, ni sirve de ´eslabón` entre la novela social de preguerra y la de posguerra». Efectivamente, aun siendo plenamente consciente de la función y las contradicciones del intelectual en sus contextos, como demuestran sus novelas y su obra periodística en los años treinta, escribía «desde dentro», poseído de un entrañamiento visceral con el pueblo que, por otra parte, no contradecía su independencia. La única excepción sería Contraataque, obra al servicio de la causa, en la que el autor, en cierto modo, abdica de su creatividad, y que corresponde a un momento histórico en que otros libertarios tomaron actitudes comprensivas o reformistas de las que no tardarían en arrepentirse.

Tanto en las novelas como en los libros de artículos de los años treinta Sender supo estar en el centro de las preocupaciones de su tiempo pero también aportar una personalidad propia que se mantendría enteriza a lo largo de su dilatada vida como escritor. La necesidad de liberar el instinto que aparece en Carta de Moscú sobre el amor (1934) es la misma fe que se manifiesta en Mr. Witt en el cantón o en obras de su último período. Para él, el amor tiene su origen y su legitimidad en el sexo y lo demás son construcciones sociales hipócritas que tratan de imponer una valla para controlar todas las inclinaciones naturales a las que, al identificarlas con el mal, se imponen toda clase de castigos y amenazas.                                      

Contraataque, su novela de la guerra, está, como no podía ser de otra manera, tan condicionada por los acontecimientos bélicos, como por la particular situación del autor en el campo republicano, como trató de explicar en su prólogo a la edición de 1978. Fuera como fuese, se encuentra entre las de mayor calidad escritas durante la contienda y así parecen demostrarlo las varias traducciones que inmediatamente se acometieron. Pero donde el novelista encuentra un tono equilibrado y exacto, pese a su tremendismo, es en El lugar de un hombre, redactada en Francia y cuando la contienda estaba en su ecuador, aunque el autor había recogido materiales para ella desde hacía varios años. Titulada en su primera versión, de 1939, El lugar del hombre, se basaba en el llamado «crimen de Cuenca» sobre el que Sender había publicado una serie de reportajes para El Sol en marzo de 1926. En ellos daba noticia de la aparición de un hombre por cuyo asesinato se condenó a dos inocentes, que habían terminado por reconocer, a través de la tortura, el inexistente crimen y que, desde 1910, fecha de su detención, habían pasado largos años en el penal. Sender no se limitó al relato de los hechos, sino que incorporó otros materiales integrando, también, muchas de las obsesiones de su intensa peripecia personal, con lo que la obra multiplicó sus niveles de significado: la preocupación social; la omnipresencia de las raíces de su niñez rural aragonesa; el trasfondo de la división del país en dos bandos irreconciliables, con la metáfora latente de la guerra civil; el elemento existencial, tan presente en toda la producción senderiana y que durante toda la década de los cuarenta va a convertirse en el principal leitmotiv de la literatura europea, y, sobre todo ello, la afirmación de la importancia de cada ser humano en el mecanismo esencial del desenvolvimiento de la existencia y de la naturaleza, con la denuncia de lo que suponen hechos sociales como la marginación, la exclusión o el exilio interior o forzado. Sender logró así una intensidad descriptiva y emocional que convierte a El lugar de un hombre en una de las cimas de la novela española del siglo XX. La maestría en la distribución de los materiales narrativos, la capacidad de sugerencia y elipsis, el desgarrado realismo orlado de elementos poéticos, así como el magnífico dibujo de los personajes, expresado en trazos rápidos pero creíbles, y la precisa descripción de la sombría sociedad rural española de la preguerra constituyen otros de los principales rasgos de esta poderosa obra.

Los años cuarenta y cincuenta trajeron el periodo de mayor creatividad narrativa del escritor. Proverbio de la muerte (1939), convertido en La esfera a partir de las ediciones de 1947, nos muestra al Sender más metafísico, pulsión a la que tenderá en sus últimos años. Evidentemente influido por la densa peripecia de su último lustro, en el autor se suman la confusión y la perplejidad a la necesidad de encontrar un hilo de Ariadna, alguna clase de explicación que le permita salir no demasiado malparado del piélago de desdichas. Federico Saila, un exiliado, hasta cierto punto contrafigura del autor, viaja hacia su destino americano a bordo de una nave que congrega numerosos elementos simbólicos, como sucederá con otras dos grandes novelas, también en gran parte deudoras del drama de la Guerra Civil, El rey y la reina y El verdugo afable. Esta última recoge numerosos elementos biográficos, reelaboraciones de textos anteriores y referencias a obras de autores aragoneses emblemáticos como Miguel de Molinos y Braulio Foz. Con todo, se trata de una de las grandes creaciones de su autor en la que de nuevo, la perplejidad y la culpa inocente, son temas fundamentales. Antes, había publicado su novela americana, Epitalamio del prieto Trinidad, alucinada narración desarrollada en un penal del Caribe, en la que la violencia y la maldad se exorcizan a través de la pureza natural de la Niña Lucha, una de las figuras femeninas que tanto prodigó Sender, prototípicas imágenes elementales de la madre primigenia y del ideal. Sin embargo, quizá, la obra más trascendente de este periodo es Crónica del alba, que daría inicio a la serie de nueve novelas protagonizadas por Pepe Garcés, contrafigura del escritor, a la que daría remate en 1967. A la inusitada sinceridad, por más que idealizada, del recuerdo se unen un límpido y naturalísimo estilo, la credibilidad humana del protagonista y del resto de los personajes, la fijación de la figura que representa el ideal inalcanzado pero siempre presente en Valentina y la referencia a hechos reales en los que, muy senderianamente, se congregan la poesía, la crueldad de la vida y lo incomprensible del mundo. Sin duda, la obra más leída y celebrada de este periodo es la novela corta Mosén Millán, convertida en Réquiem por un campesino español para la edición de 1960. Ambientada en un pueblo aragonés, el fusilamiento de un joven campesino, delatado por el cura, que había sido su amigo, despierta los recuerdos y remordimientos de éste, lo que, con una precisión y poder evocador admirables, sirve para recrear el clima social, político y moral de la guerra y de su periodo de gestación. Sender dibuja aquí unos retratos inolvidables de personajes, al tiempo que, con un sentido dramático y coral, consigue que el pueblo y su espíritu enmarquen contenidamente la tragedia. Mainer la considera «la novela corta más perfecta y conmovedora de la literatura española contemporánea».

Los cinco libros de Ariadna, aunque algo farragosa y pasada de extensión, contiene un magnífico y esclarecedor prólogo, con una intensa autoetopeya del autor, que ha sido abundantemente citado. La novela es, ante todo, un ajuste de cuentas con el pasado, en especial con el estalinismo, pero en ella también aparece la grotesca figura de Franco y la herida intimidad de Sender. Llena de connotaciones simbólicas y escrita en una especie de estado poético exaltado, su valor reside en su significación y en algunos fragmentos aislados. El año 1956 vio la aparición de la primera novela específicamente histórica, Bizancio, basada en la gesta de los almogávares y que anticipa con brillantez la capacidad de fabulación del autor en este subgénero narrativo. El personaje de la princesa María, contrapunto de la rudeza de los guerreros y uno más de los ejemplos de mujer-niña que fascinaran al escritor, es para Carrasquer la más bella creación femenina del novelista oscense. Igualmente, Mainer la considera una creación superior, tanto a la Niña Lucha del Epitalamio, como a Milagritos de Mr. Witt en el cantón, personaje que, para José María Jover, era el más humano, complejo y vigorosamente esbozado de cuantos había trazado Sender.

Aparte de obras de menor aliento, entre las que se cuenta La tesis de Nancy, uno de sus mayores éxitos comerciales y que iniciaría un ciclo compuesto por cinco novelas, en la década de los sesenta Sender dará a la luz la mayor parte de sus narraciones históricas: Los tontos de la Concepción, Carolux rex, La aventura equinoccial de Lope de Aguirre, El bandido adolescente, Tres novelas teresianas y Las criaturas saturnianas, entre las que se encuentran obras maestras del género. A partir de la concesión del premio Planeta en 1969 a En la vida de Ignacio Morel y, favorecido por el interés de los lectores españoles que, en su gran mayoría, acababan de conocer al escritor, los años que transcurren hasta su muerte se caracterizarán por el gran número de obras que entregará a su editor barcelonés José Verges, responsable de Destino. Nada menos que treinta y tres novelas, si seguimos la cuenta de Elizabeth Espadas, estudiosa de su bibliografía, entre Tánit (1970) y Hughes y el once negro (1984), publicada póstumamente. Si bien es evidente que no hay títulos inolvidables en el elenco y una porción de ellos pecan de divagatorios, también es cierto que no les suele faltar amenidad, se leen con gusto, abundan en agudezas o escolios memorables y, sobre todo, son un excelente resumen tanto de la amplísima panoplia de inquietudes senderianas como de su particular cosmovisión, que apenas se modifica en medio siglo de producción narrativa. Es precisamente en esta su última época cuando las preocupaciones trascendentes ocupan una parte sustancial de sus ficciones e incluso se apoderan de ellas, lo que ha constituido uno de los argumentos descalificadores más utilizados por la crítica para minusvalorar esta fase de su creación. Se trata, probablemente, de una depuración del tan mentado esencialismo senderiano que, en una etapa menos condicionada por las urgencias históricas y ya aproximándose el final de su vida, toma un protagonismo cada vez mayor. Esas preocupaciones aparecen desde el principio de su obra narrativa y toman cuerpo incluso en novelas tan comprometidas socialmente como puedan ser Imán, O. P., Siete domingos rojos y Mr. Witt en el cantón.

Además de la narrativa, Sender abordó otros géneros literarios y formas de escritura con idéntica convicción y voluntad. Dejando aparte su monumental correspondencia -que sólo se ha recogido parcialmente en dos libros y alguna publicación periódica- y sus muchos miles de artículos, que han dado lugar a una docena de volúmenes, teatro, ensayo y poesía están presentes desde el principio de su actividad literaria. De 1917 data su primer escrito en forma dialogada, publicado en la revista El Pilar, y de 1919, su primer estreno. Para llegar a su primera obra teatral publicada independientemente hemos de esperar hasta 1935, año en que aparece El secreto. A partir de entonces, otra docena títulos se suceden para la escena. Entre los más representativos: La Llave, Jubileo en el Zócalo y Don Juan en la mancebía.

Ensayístico fue su primer título, El problema religioso en Méjico, y ensayística es la vocación de muchos de los precitados libros que recopilaron artículos. Una de las cumbres en este género es la colección de ensayos recogida en Examen de ingenios. Los noventayochos, donde reunió no sólo los dedicados a su amigo Valle-Inclán y a sus congeneracionales, Unamuno y Baroja, sino también semblanzas interpretativas de Santayana, Juan Ramón Jiménez y Federico García Lorca. Poco conocidos y citados, constituyen, sin embargo, una agudísima visión y exégesis de personajes y obras. En Ensayos sobre el infringimiento cristiano Sender resumió su interpretación del hecho religioso y simbólico, en ocasiones, cercano a la filosofía hermética, el misticismo y la teosofía, teniendo en cuenta las aportaciones de los mitólogos contemporáneos. Heterodoxia religiosa que, desde su fascinación por Miguel de Molinos hasta sus últimas novelas, pasando, evidentemente, por la poesía, es una constante senderiana. Tres ejemplos de amor y una teoría, Ensayos del otro mundo y Por qué se suicidan las ballenas son otros tantos ejemplos de la variedad de las preocupaciones de su autor. Particularmente ilustrativos resultan EPSON scanner imageEl futuro comenzó ayer. Lecturas mosaicas, otro desatendido libro sobre el judaísmo y Ver o no ver. Reflexiones sobre la pintura española, que nos habla con agudeza de otra de sus pasiones, la pintura, actividad que el escritor practicó, sobre todo en sus años finales, con escasa brillantez. Pero quizá sean dos textos de esta última época, Monte Odina y Álbum de radiografías ecretas, la más fascinante ejemplificación de las pulsiones del autor, de su proteica cultura, de su asendereada vida que le hizo asistir a tantos acontecimientos y conocer a tantas personalidades. Poco atendidos en el momento de publicarse, en los últimos años han sido reivindicados y reeditados.

Temprana es también, aunque esto resulte habitual, la relación del autor de Chalamera con la poesía. En 1918 publicó en el alcañizano El Pueblo «Las nubes blancas», pero hasta 1960 no se decidió a reunir su producción poética en un libro, Las imágenes migratorias, aunque encontramos poemas aislados en alguna de sus novelas. Más adelante, refundió y aumentó la citada obra en Libro armilar y memorias bisiestas, que puede considerarse como la edición definitiva de su lírica y que, en un jugoso prólogo, contiene lo que podríamos considerar su testamento poético. Sender apreció mucho esta vertiente de su creación aunque despertara poco interés entre los estudiosos. El soneto fue su estrofa preferida y privilegió la disposición combinatoria y estructural del material poético en una lisis lírica en la que los elementos simbolistas y herméticos se interaccionaban con los resabios vanguardistas, que nunca lo abandonaron.

En definitiva, la obra de Sender está tintada por la época en que vivió pero también por su fuerte personalidad. Su repetida afirmación: «ir por el mundo sin máscara» no es sólo exhibicionismo sino un rasgo que considera altamente identificador del hombre aragonés. Aragonesismo que él mismo se encargó de corroborar sucesivamente y que alcanza su expresión más cabal en el tan citado y conmovedor prólogo a Los cinco libros de Ariadna pero que siempre estará presente y, de manera especial, en El lugar de un hombre (1939), Crónica del alba (1942), El verdugo afable (1952), Mosén Millán (1953), Bizancio (1956), Solanar y lucernario aragonés (1978), Monte Odina (1980) y Segundo solanar y lucernario aragonés (1981). Por otro lado, el escritor pasó más de la mitad de su vida en América y este continente y sus gentes tuvieron un fuerte protagonismo en su obra. «Novelista de ambos mundos», lo denomina Carrasquer y es cierto que muy pocos escritores españoles, ni siquiera entre los del exilio, pueden ofrecer un conjunto tan numeroso de títulos dedicados a América -treinta y siete, incluida su primera obra-, ni una imbricación tan íntima con el espíritu y las mitologías del Nuevo Continente.

Si la patria del escritor es su infancia, pocos autores como Sender justifican ese dicho, ya que siempre se contó a sí mismo y en su obra trató de dar cuerpo a su creencia en que la misión del novelista consiste en hacer verosímil la realidad. Por eso, de su universo creativo puede extraerse una suerte de síntesis representativa de los acontecimientos más reseñables de la pasada centuria aunque, por muy pocos años, su factor no alcanzase a contemplar dos episodios tan trascendentales como la revolución informática y el derrumbe del comunismo. Hombre de acción, su escritura se inclina por la expresión directa aunque siempre procure dejar en la trastienda la sugestión del misterio y la perplejidad ante la vida. Pero su escritura es también eso: acción, vitalidad, pulsión de crear, lo que da lugar a una prodigalidad narrativa que nos recuerda a la de Lope, Galdós o Menéndez y Pelayo, autores que, como él, llevaron a la vida esa compulsión, ese deseo de abarcarlo todo que les arrastraba también a la hiperactividad erótica. De cualquier modo, la complejidad y riqueza de la personalidad del escritor no permiten más que apuntar aspectos de una obra y vida inabarcables y todavía con muchos espacios vírgenes en su trayectoria e interpretación. Pero, si se puede decir algo con seguridad es que, con sus errores, vacilaciones y desvíos, Sender no se doblegó ante doctrinas y mantuvo siempre incólume esa independencia, que llevó a la literatura.

                                                              OBRAS

Nota: En la lista de obras se consignan las primeras ediciones, las primeras ediciones españolas y aquellas en las que hay cambios significativos en el texto, son ediciones críticas o con escolios.

Mariposuela (comedia), estr. en 1919.

El problema religioso en Méjico (ensayo), Madrid, Cenit, 1928.

Imán, Barcelona, Cenit, 1930. / Barcelona, Destino, 1976. / (ed. de Francisco Carrasquer) Huesca, IEA, 1992.

América antes de Colón (ensayo), Valencia, Cuadernos de Cultura, 1930.

-O. P. (Orden Público), Madrid, Cenit, 1931. / México, Ediciones Panamericanas, 1941.

El verbo se hizo sexo. Teresa de Jesús (biografía), Madrid, Zeus, 1931.

Sender El verbo se hizo sexo

La República y la cuestión religiosa (artículos), Barcelona, Tip. Cosmos, 1932.

Teatro de masas (artículos), Valencia, Orto, 1932.

Siete domingos rojos, Barcelona, Balagué, 1932. / (ed. de Miguel Oltra Tomás) Zaragoza, Prensas Universitarias-IEA, 2004.

Casas Viejas. Episodios de la lucha de clases (artículos), Barcelona, Cenit, 1933. / (ed. de José Domingo Dueñas y Antonio Pérez Lasheras) Zaragoza, Prensas Universitarias-IEA, 2004.

La noche de las cien cabezas, Madrid, Orto, 1934.

Madrid-Moscú. Notas de viaje (artículos), Madrid, Pueyo, 1934.

Carta de Moscú sobre el amor (artículos), Madrid, Pueyo, 1934.

Viaje a la aldea del crimen (artículos), Madrid, Pueyo, 1934. / (ed. de José María Salguero Rodríguez) Madrid, Vosa, 2000.

Proclamación de la sonrisa (artículos), Madrid, Pueyo, 1934.

El secreto (drama), Madrid, Tensor, 1935.

Mr. Witt en el Cantón, Madrid, Espasa-Calpe, 1936. / Madrid, Alianza, 1968. / (ed. de José María Jover) Madrid, Castalia, 1987.

La llave (teatro), estr. el 2-X-1936. (V. ediciones en La llave [1960]).

Crónica de un pueblo en armas (historia para niños), Valencia, Ediciones Españolas, 1936.

Primera de acero, Madrid, 5º Regimiento, 1936.

Contraataque, Madrid, Nuestro Pueblo, 1938 / Salamanca, Almar, 1987.

El lugar del hombre, México, Quetzal, 1939. / Con el título, El lugar de un hombre, México, CNT, 1958. / Barcelona, Destino, 1968. / (ed. de Donatella Pini Moro) Huesca, IEA, 1998.

Proverbio de la muerte, México, Quetzal, 1939.

Hernán Cortés (teatro), México, Quetzal, 1940.

Mexicayotl (cuentos), México, Quetzal, 1940.

Epitalamio del prieto Trinidad, México, Quetzal, 1942. / Barcelona, Destino, 1966.

Crónica del Alba, México, Nuevo Mundo, 1942. / Nueva York (EE.UU.), Las Américas, 1963. / Barcelona, Andorra, 1969. / Barcelona, Destino, 2001. La ed. de Las Américas recoge también: Hipogrifo violento, La Quinta Julieta El mancebo y los héroes, publicadas anteriormente e incorpora: La onza de oro y Los niveles del existir. La ed. de Andorra constituye la obra completa con la inclusión de tres partes nuevas: Los términos del presagio, La orilla donde los locos sonríen y La vida comienza ahora.

La esfera (nueva versión de Proverbio de la muerte), Buenos Aires, Siglo Veinte, 1947. / Madrid, Aguilar, 1969.

El vado, Toulouse (Francia), La Novela Española nº 8, 1948. / Zaragoza, DPZ, 2001.

El rey y la reina, México-Buenos Aires, Jackson de Ediciones Selectas, 1948-1949. / Barcelona, Destino, 1970.

El verdugo afable, Santiago de Chile, Nascimento, 1952. / Madrid, Aguilar, 1970.

Mosén Millán, México, Aquelarre, 1953. / Con el título Réquiem por un campesino español, Nueva York (EE.UU.), Las Américas, 1960. / (ed. de Patricia Mc Dermott) Manchester (Reino Unido), University Press, 1992. / (ed. de Francisco Carrasquer) Barcelona, Destino, 1998.

Hipogrifo violento, México, Aquelarre, 1954.

Ariadna, México, Aquelarre, 1955. Ampliada considerablemente en Los cinco libros de Ariadna, Nueva York (EE.UU.), Ibérica, 1957. / Barcelona, Destino, 1977. / (ed. de Patricia McDermott) Zaragoza, IEA-Prensas Universitarias, 2004.

Unamuno, Valle Inclán, Baroja y Santayana. Estudios críticos (ensayo), México, De Andrea, 1955.

Bizancio, México, Diana, 1956. / Andorra la Vella, Editorial Andorra, 1968.

La Quinta Julieta, México, Costa Amic, 1957. / (ed. de Jesús Vived Mairal) Zaragoza, DPZ, 2001.

Emen hetan (Aquí estamos), México, Libro Mex, 1958.

El diantre (tragicomedia para el cine según un cuento de Andreyev), México, De Andrea, 1958. / con Los Antofagastas y Donde crece la marihuana en Comedia del diantre y otras dos, Barcelona, Destino, 1969.

Los laureles de Anselmo (novela dialogada), México, Atenea, 1958. / Barcelona, Destino, 1972.

La llave (cuentos), Montevideo, Alfa, 1960. / La llave y otras narraciones, Madrid, Magisterio Español, 1967. / (ed. de Jesús Vived Mairal) Huesca, IEA, 2001.

Las imágenes migratorias (poesía), México, Atenea, 1960.

El mancebo y los héroes, México, Atenea, 1960.

Novelas ejemplares de Cíbola (cuentos), Nueva York (EE.UU.), Las Americas, 1961. / Santa Cruz de Tenerife, Romerman, 1967.

Examen de ingenios. Los noventayochos (ensayo), Nueva York (EE.UU.), Las Américas, 1961.

La luna de los perros, Nueva York (EE.UU.), Las Américas, 1962. / Barcelona, Destino, 1969.

La tesis de Nancy, México, Atenea, 1962. / Madrid, Magisterio Español, 1968. / (ed. de Francisco Troya Márquez y Pilar Úcar Ventura) Barcelona, Casals, 1999.

Carolus Rex. Carlos II el Hechizado, México, Editores Mexicanos Unidos, 1963. / Barcelona, Destino, 1971.

Los tontos de la Concepción. Crónica misionera, Sandoval (EE.UU.), Coronado, 1963.

Jubileo en el Zócalo (teatro), Nueva York (EE.UU.), Florence Hall, 1964. / Barcelona, Delos-Aymá, 1967.

La aventura equinoccial de Lope de Aguirre, Nueva York (EE.UU.), Las Américas, 1964. / Madrid, Magisterio Español, 1967. / (ed. de Pilar Úcar Ventura) Barcelona, Casals, 1998.

El bandido adolescente, Barcelona, Destino, 1965.

Cabrerizas Altas (cuentos), México, Editores Mexicanos Unidos, 1965. / (ed. de Vicente Moga Romero) Cabrerizas Altas (novela). Arabescos. Impresiones del carnet de un soldado (artículos periodísticos), Melilla, Ayuntamiento de Melilla, 1990.

El sosia y los delegados, México, Costa-Amic, 1965.

Valle Inclán y la dificultad de la tragedia (ensayo), Madrid, Gredos, 1965.

Las gallinas de Cervantes y otras narraciones parabólicas (cuentos), México, Editores Mexicanos Unidos, 1967.

Tres novelas teresianas (La puerta grande, La princesa bisoja, En la misa de fray Hernando), Barcelona, Destino, 1967.

Ensayos sobre el infringimiento cristiano, México, Editores Mexicanos Unidos, 1967. / Madrid, Editora Nacional, 1975.

Las criaturas saturnianas, Barcelona, Destino, 1968.

Don Juan en la mancebía (drama litúrgico), México, Editores Mexicanos Unidos, 1968. / Barcelona, Destino, 1972.

El extraño señor Photynos y otras novelas americanas (cuentos), Barcelona, Delos-Aymá, 1968.

En la vida de Ignacio Morel, Barcelona, Planeta, 1969.

Comedia del diantre y otras dos (teatro), Barcelona, Destino, 1969.

Nocturno de los 14, Nueva York (EE.UU.), Iberama, 1969. / Barcelona, Destino, 1970.

Crónica del alba (primera edición completa, con los nueve vols.), Barcelona, Andorra, 1969.

Novelas del otro jueves (cuentos), México, Aguilar, 1969.

Tres ejemplos de amor y una teoría (ensayo), Madrid, Alianza, 1969.

Tánit, Barcelona, Planeta, 1970.

Zu, el ángel anfibio, Barcelona, Planeta, 1970.

Ensayos del otro mundo, Barcelona, Destino, 1970.

Relatos fronterizos (cuentos), México, Editores Mexicanos, 1970. / Barcelona, Destino, 1972.

La antesala, Barcelona, Destino, 1971.

El fugitivo, Barcelona, Planeta, 1972.

Túpac Amaru, Barcelona, Destino, 1973.

Una virgen llama a tu puerta, Barcelona, Destino, 1973.

Donde crece la marihuana (drama), Madrid, Escelicer, 1973.

La mesa de las tres moiras, Barcelona, Planeta, 1974.

Cronus y la señora con rabo (bajo el signo de Cáncer), Barcelona, Akal, 1974.

Nancy, doctora en gitanería, Madrid, EMESA, 1974.

Nancy y el bato loco, Madrid, EMESA, 1974.

Las Tres Sorores (remodelación de Siete domingos rojos), Barcelona, Destino, 1974.

Libro armilar de poesía y memorias bisiestas (poesía), México, Aguilar, 1974.

El futuro comenzó ayer. Lecturas mosaicas (ensayo), Madrid, CVS, 1975.

EPSON scanner image

Las efemérides (bajo el signo de Libra), Madrid, Sedmay, 1976. / Barcelona, Destino, 1981.

El pez de oro, Barcelona, Destino, 1976.

Arlene y la gaya ciencia, Barcelona, Destino, 1976.

El alarido de Yaurí, Barcelona, Destino, 1977.

Gloria y vejamen de Nancy, Madrid, Magisterio Español, 1977.

El mechudo y la llorona, Barcelona, Destino, 1977.

Adela y yo, Barcelona, Destino, 1978.

El superviviente, Barcelona, Destino, 1978.

Solanar y lucernario aragonés (artículos), Zaragoza, Heraldo de Aragón, 1978.

Epílogo a Nancy (bajo el signo de Tauro), Barcelona, Destino, 1979.

La mirada inmóvil, Barcelona, Argos Vergara, 1979.

Por qué se suicidan las ballenas (bajo el signo de Sagitario) (ensayo), Barcelona, Destino, 1979.

Luz zodiacal en el parque (bajo el signo de Acuario), Barcelona, Destino, 1980.

Monte Odina, Zaragoza, Guara, 1980. / (ed. de Jean-Pierre Ressot) La Coruña, Ediciós do Castro, 2003.

Una hoguera en la noche (bajo el signo de Aries) Barcelona, Destino, 1980.

La muñeca en la vitrina (bajo el signo de Virgo), Barcelona, Destino, 1980.

Saga de los suburbios (bajo el signo de Escorpio), Barcelona, Destino, 1980.

Ramú y los animales propicios, Barcelona, Argos Vergara, 1980.

Ver o no ver. Reflexiones sobre la pintura española (ensayo), Madrid, Heliodoro, 1980.

La cisterna de Chichén-Itzá, Barcelona, Acervo, 1981.

Chandrío en la plaza de las Cortes, Barcelona, Destino, 1981.

Orestíada de los pingüinos (bajo el signo de Piscis), Barcelona, Destino, 1981.

El oso malayo (bajo el signo de Leo), Barcelona, Destino, 1981.

Memorias bisiestas (bajo el signo de Sagitario), Barcelona, Destino, 1981.

Segundo solanar y lucernario (artículos), Zaragoza, Heraldo de Aragón, 1981.

El jinete y la yegua nocturna (bajo el signo de Capricornio), Barcelona, Destino, 1982.

La kermesse de los alguaciles (bajo el signo de Géminis), Barcelona, Destino, 1982.

Álbum de radiografías secretas (ensayo), Barcelona, Destino, 1982.

Los cinco libros de Nancy, Barcelona, Destino, 1984.

Hugues y el once negro, Barcelona, Destino, 1984.

Toque de queda (pensamientos), Barcelona, Plaza & Janés, 1985.

Primeros escritos (1916-1924), Huesca, IEA, 1993.

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                                                                         Autorretrato

Otras entradas sobre Ramón  J. Sender en este blog:

https://javierbarreiro.wordpress.com/2015/02/02/ramon-j-sender-el-lugar-de-un-hombre/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2012/12/09/introduccion-a-sender-en-su-siglo-de-francisco-carrasquer/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2015/08/16/filias-y-fobias-de-r-j-sender-una-entrevista-olvidada/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2016/03/21/el-joven-sender-autor-de-los-desconocidos-guiones-de-cocoliche-y-tragavientos/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2016/11/26/un-cuento-desconocido-el-primer-texto-de-sender-publicado-en-madrid-1916/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2018/07/07/leer-hoy-a-sender/