Hoy, 2 de febrero de 2015, se cumplen 114 años del nacimiento en Chalamera de Cinca del más importante escritor aragonés desde Gracián. Quizá, su novela más intensa, entre las muchas que publicó, sea El lugar de un hombre. Reproduzco aquí el artículo que acerca de ella escribí en 2001 para el Centro Virtual del Instituto Cervantes , incluyendo unas cuantas líneas nuevas.

Publicada en su primera versión (1939), con el título de El lugar del hombre, por la editorial Quetzal, Autorretrato de Senderfundada por Sender al llegar a México, la obra debía haber sido terminada poco antes de su exilio, aunque el autor había recogido materiales para ella desde hacía varios años. La novela se basa en un hecho histórico: la vuelta en 1926 a su pueblo de un hombre por cuyo asesinato se condenó a dos inocentes, que habían terminado por reconocer el inexistente crimen debido a las brutales torturas infligidas por la guardia civil consentidas por la maquinaria judicial, y que, desde 1910, fecha de su detención, habían pasado largos años en el penal. Desde entonces este asunto, que causó honda conmoción en el país y sobre el que Sender había publicado una serie de reportajes para el El Sol en marzo de 1926, se conoció como «El crimen de Cuenca».

El narrador ligó estos hechos con otro que se dio durante su niñez en Aragón: el de la desaparición de un hombre marginado y miserable,que huyó de su aldea natal al campo, al verse despreciado y anulado por sus convecinos.

Sender, sin embargo, no se limita al relato de los hechos sino que incorpora otros materiales integrando también muchas de las obsesiones de su intensa peripecia personal, con lo que la obra multiplica sus niveles de significado: la preocupación social, que había convertido al novelista en el principal representante de esta tendencia durante los años treinta y que aquí toma la forma de una exacta denuncia del caciquismo; la omnipresencia de las raíces de su niñez rural aragonesa, con su paisaje natural y humano; el trasfondo de la división del país en dos bandos irreconciliables, con la metáfora latente de la guerra civil; el elemento existencial, tan presente en toda la producción senderiana y que durante toda la década de los cuarenta va a convertirse en el principal leif-motiv de la literatura europea. Y, sobre todo ello, la afirmación de la importancia de cada ser humano, por humilde e insignificante que éste sea, en el transcurso y desenvolvimiento de la existencia y de la naturaleza, con la denuncia de lo que suponen hechos sociales como la marginación, la exclusión y el exilio interior o forzado. Con estas bases, Sender se afirmaba en su defensa del individuo como valor primario, en la línea de sus planteamientos anarquistas.

A todo ello se une la situación emocional del escritor en el periodo de la redacción final de la obra. Aunque los materiales básicos venían de atrás, al parecer, estructuró su configuración definitiva en los meses inmediatamente anteriores a su primer exilio mejicano y durante las primeras semanas del mismo. Asesinados en 1936 por los fascistas, su mujer, Amparo, y su hermano Manuel, en Zamora y Huesca, respectivamente; con las calumnias y amenazas venidas de los comunistas en lo más enconado de la guerra y recién separado de sus hijos, a quienes había dejado al cuidado de Julia Davis en los Estados Unidos, sorprende la serenidad de la mirada sobre un mundo que le habría de resultar apocalíptico.

Sender-Martín Mariscal, asesino de Amparo Barayón                                                  Gregorio Martín Mariscal, asesino de Amparo Barayón

Junto a todo ello, Sender logra una intensidad descriptiva y emocional que convierte El lugar de un hombre en una de las cimas de la novela española del siglo XX. La maestría en la distribución de los materiales narrativos, la capacidad de sugerencia y elipsis, el desgarrado realismo orlado de elementos poéticos, así como el magnífico dibujo de los personajes, expresado en rasgos rápidos pero creíbles, y la precisa descripción de la terrible sociedad rural española de la preguerra constituyen otros de los principales rasgos de esta poderosa obra.

La segunda edición (1958), con importantes modificaciones, que no siempre mejoran el original, y cambio definitivo de título, El lugar de un hombre, fue también publicada en Méjico por Ediciones CNT. La primera edición española, aparecida en 1968, se debe a la barcelonesa editorial, Destino y ha tenido muy numerosas reimpresiones. Hay también una excelente edición crítica de la profesora Donatella Pini, publicada en Huesca por el Instituto de Estudios Altoaragoneses, en coedición con Destino. La novela ha sido traducida a los principales idiomas europeos.

Para una visión global sobre el escritor V. https://javierbarreiro.wordpress.com/2011/09/17/ramon-jose-sender/

Otras entradas sobre Ramón  J. Sender en este blog:

https://javierbarreiro.wordpress.com/2012/12/09/introduccion-a-sender-en-su-siglo-de-francisco-carrasquer/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2015/08/16/filias-y-fobias-de-r-j-sender-una-entrevista-olvidada/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2016/03/21/el-joven-sender-autor-de-los-desconocidos-guiones-de-cocoliche-y-tragavientos/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2016/11/26/un-cuento-desconocido-el-primer-texto-de-sender-publicado-en-madrid-1916/

Primera imagen: Autorretrato de Sender

Sender_El lugar del hombre 1ª ed                                                                       Primera edición

 

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