EL OMBLIGO DE ADÁN

Publicado: junio 23, 2014 en Artículos
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Ombligo de Adán

 Esta palpitante cuestión ocupó los ocios de nuestros antepasados y dio quehacer a las meninges más conspicuas sin que se consiguiera una conclusión aceptable para todos. Conviene, pues, refrescar la memoria –ese animal perezoso- antes de meternos en harina.

Los pintores que gustaban de representar la caída original tenían que apechar con la resolución del dilema. Si Adán tenía ombligo ¿para qué le había colocado Dios algo sin propósito? ¿qué fundamento poseía? Si no lo tenía ¿cómo pensar que Dios hubiera creado algo imperfecto? Con Eva la cuestión se resolvía dejándole una cumplida melena pero otorgarle a Adán una barba de las necesarias dimensiones parecía excesivo. Miguel Ángel y Rafael, que trabajaron para el papado, pintaron a nuestro personaje con ostentoso ombligo, lo que, parecería, debería haber zanjado la cuestión. Pero la polémica, según cuenta Bergen Evans en su Historia natural del disparate, reapareció con toda su crudeza y, así, sir Thomas Browne se quejaba de que atribuir a Adán “esta tortuosidad o complicada nudosidad” era proponer que el Creador diseñó superfluidades sin uso ni oficio.

Con el auge de los racionalismos los argumentos se hicieron más sutiles y los defensores de su realidad concluyeron que Dios lo habría colocado para poner a prueba la fe, para ver si los hombres anteponían ésta al pecado de ser sensatos. El naturalista Goose utilizaba esta analogía para conjeturar que, pese a que los fósiles parecían demostrar la fundamentación de las tesis evolucionistas, el Hacedor podía haber determinado esta celada con el fin de verificar el grado de confianza de los creyentes en las palabras bíblicas.

La cuestión parece, aun hoy día, que dista de estar zanjada y, así, el polígrafo Martin Gardner no hace mucho que dedicó una monografía, Did Adam and Eve Have Navels? a tan discutido asunto. En ella se recordaba como Hugo Gernsback escribía en 1926: “Todavía miramos las cosas verdaderamente grandes como un perro miraría un complicado aparato de radio. Puede verlo y oírlo, percibir que es un objeto físico. Pero eso es todo. Nuestro conocimiento actual es muy similar al conocimiento del perro”, para terminar dictaminando que, dentro de cien millones de años, si superviviera, la raza humana estaría tan lejos del conocimiento como ahora.  

Creo estar más bien de acuerdo con Gernsback pero la curiosidad -esa que mata al gato- y el estudio, como sabían los epicúreos, aunque sólo nos proporcione informaciones muy parciales, siguen figurando entre los mayores placeres de la vida.

(Publicado en Aragón Digital, 16-18 de mayo de 2014)

Ombligo de Eva

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comentarios
  1. PMPilar dice:

    ¡pensar que tan humilde como fea oquedad, allá los bajos, haya alcanzado el mito de lugar de encuentro y centro apetecible!

    abrazo

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