CUESTIONES ESPECULARES

Publicado: julio 9, 2014 en Artículos
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                         metamorfosis-de-narciso

 Ya Joyce nos previno: “Hay fantasmas en el espejo”. La duquesa los instruía en el arte supremo de sobrevivirla. El folklore sabe que nadie conversa con ellos impunemente. Tú, lector, tal vez aprendiste en ellos a desconocerte.

 Ningún objeto más lejano y simulador, más esquinado y ambiguo. Al carecer de memoria y, acaso, de sustancia, supervive imaginando, sustrayendo la esencia de quien se le acerca. Bien lo sabían los primitivos, que evitaban darle la cara. Narciso es ya, frente a ellos, un hombre civilizado. Cuando nosotros tratamos allí de retener, de fijar o definir nuestra imagen, el espejo viaja hacia el olvido. Su entidad es nocturna, lunar y alusiva.

 En algunos espejos de la lejana Catay habitaban animales. De cualquier modo, ninguna cosa menos creíble que nuestra imagen sedicente reflejada en ellos.

 espejo (2)Nadie supo nunca si el espejo refleja o es reflejado y, de ahí, la fascinación y, al tiempo, el terror que ejerce este objeto sobre cualquier artista, que ve en él la verificación positiva de su desdoblamiento interior junto con la asechanza de la esquizofrenia, tan bien intuida por el temor popular a su rotura que, al devolver centuplicada la imagen, fragmenta, por tanto, la identidad.

 Pasar de la zona de luz a la zona de sombra, o viceversa, es trayecto inexcusable para el creador. Transgresión también ejemplificada por el espejo que nos devuelve la otra cara de la realidad, que nos funde con el cosmos, espejo de la memoria divina que incluye hasta los más fugaces reflejos del azogue. Al fin, el arte es otro espejo ilusorio, capaz, en ocasiones, de contener el mundo y el artista, un diosecillo menor, un demiurgo de andar por casa.

 Borges, Carroll, Lezama, Ginsberg les dedicaron líneas memorables. Nunca para aprehenderlos. Siempre para hacernos partícipes de su estupor, de su alienamiento.

 Fue Paracelso quien lo intuyó y aquí quiero recordarlo: “El que quiere entrar en el Reino de Dios (o en el espejo) debe entrar primero en el de su madre y morir allí. Arte, cierto es, al alcance de muy pocos.

 

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Publicado en Aragón Digital, 7-8 de abril de 2014.

 

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