NICANOR PARRA: UNA BIBLIOGRAFÍA Y UNA ENTREVISTA

Publicado: diciembre 1, 2011 en Entrevistas, Literatura
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 Concedido hoy el Premio Cervantes al gran poeta chileno, Nicanor Parra, y en reconocimiento a su palabra poética, inserto aquí esta bibliografía que, junto a una entrevista realizada por Joaquín Carbonell en la residencia del poeta en Las Cruces y un artículo de Rolando Mix (“La buena cepa de Parra”), publiqué hace quince años en la sección “El autor y su obra” de la revista El Bosque (nº 12), correspondiente a marzo de 1996.  Por dicha razón, el tramo cronológico abarca hasta el año 1994.                  

Dado el interés que ha suscitado esta entrada y el número de visitantes que ha congregado, hoy (25-VI-2012), incluyo, al final, la entrevista que, para el mismo número de El Bosque (pp. 43-50), encargué al amigo, cantautor y escritor, Joaquín Carbonell.

Parra, Nicanor6                            

                                         OBRAS DE NICANOR PARRA

Cancionero sin nombre, Nascimento, Santiago, 1937.

Poemas y antipoemas, Nascimento, Santiago, 1954.

La cuenca larga, Universitaria, Santiago, 1958.

Versos de Salón, Nascimento, Santiago, 1962.

-Discursos (con Pablo Neruda), Santiago, Nascimento, 1962.

Manifiesto,Santiago, Nascimento, 1963.

Poems and Anti-poems (Ed. Miller Williams),New York, 1967.

Canciones rusas, Nascimento, Santiago, 1968.

Obra gruesa, Santiago, Ed. Universitaria, 1969.

Poemas (Ed. Rodríguez Rivera), La Habana, Casa de las Américas,   1969.

Los profesores, Nueva York, Ediciones de la Librería Villa Miseria, 1971.

Emergency Poems, New Directions,New York, 1972.

Anti-poemas (Ed. José M. Ibáñez Langlois), Barcelona, Seix Barral, 1972.

Poesía rusa contemporánea (Edición), Santiago, Ediciones Nueva  Universidad, 1972.

Artefactos, Santiago, Nueva Universidad, 1977.

Sermones y Prédicas del Cristo de Elqui, Valparaíso, Ganymedes, 1977.

Nuevos Sermones y Prédicas del Cristo de Elqui, Ganymedes, Valparaíso, 1978.

El anti-Lázaro, Valparaíso, Gráfica Marginal, 1981.

Ecopoema de Nicanor Parra, Valparaíso, Gráfica Marginal, 1982.

Poema y antipoema de Eduardo Frei, Santiago, América del Sur, 1982.

Chistes para desorientar a la Poesía, Santiago, Ed. Galería Época, 1982.

Coplas de Navidad (anti-villancico), Santiago, Camaleón, 1983.

Poesía política, Santiago, Bruguera, 1983.

Hojas de Parra, Santiago, Ganymedes, 1985.

Antipoems: new and selected,New York, New Directions, 1985.

Poemas y antipoemas (Ed. René de Costa), Madrid, Cátedra, 1988.

Trabajos prácticos (exposición), Santiago, Encuentro Nacional   de Arte, 1990.

Poemas para combatir la calvicie (Muestra de antipoesía), (Ed. Julio Ortega), México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Universidad de Guadalajara/Fondo de Cultura Económica,  1993.

-Poesía y antipoesía (Ed. Hugo Montes Brunet), Castalia, Madrid,   1994.

E S T U D I O S

-BRONS, Thomas, Die Antipoesia Nicanor Parra Versuch einer Deuntung aus weltanschaulicher Sicht, Göppingen, Verlang Alfred Kummerle, 1972.

-CARRASCO, Iván M., Nicanor Parra: La escritura antipoética, Santiago, Imprenta Universitaria, 1990.

-FERNANDEZ, Maximino, Vicente Huidobro y Nicanor Parra, Santiago, Lord Crochane, s. f.

-FLORES, Ángel (Edición), Aproximaciones a Nicanor Parra,  Barcelona, Ocnos, 1973.

-GOTTLIEB, Marlene, La poesía de Nicanor Parra: “No se termina nunca de nacer”, Madrid, Nova Scholar, 1978.

-GROSSMAN, Edith, The Antipoetry of Nicanor Parra,New York University Press, 1975.

-LIHN, Enrique, Introducción a la poesía de Nicanor Parra, Santiago, Universidad de Chile, 1952.

-MIX TORO, Rolando, “La buena cepa de Parra”, El Bosque nº 12, marzo, 1996, pp. 51-62.

-MONTES, Hugo y Mario RODRIGUEZ, Nicanor Parra y la poesía de lo cotidiano (Vida y obra), Santiago, Ed. del Pacífico, 1970.

-MORALES T., Leónidas, La poesía de Nicanor Parra, Anejos de Estudios Filológicos nº 4, Santiago, Coedición de Universidad Austral de Chile y Ed. Andrés Bello, 1972.

-, Conversaciones con Nicanor Parra, Santiago, Ed. Universitaria, 1991.

-REIN, Mercedes, Nicanor Parra y la antipoesía, Montevideo, Universidad de la República, 1970.

-SALVADOR JOFRE, Álvaro, Para una lectura de Nicanor Parra (El proyecto ideológico y el inconsciente), Sevilla, Universidad de Sevilla, 1975.

-SCHOPF, Federico, Del vanguardismo a la antipoesía, Roma, Bulzoni, 1986.

-SZMULEWICZ, Efraín, Nicanor Parra (Biografía emotiva), Santiago, Ediciones Rumbos, 1988.

-YAMAL, Ricardo, Sistema y visión de la poesía de Nicanor Parra, Valencia, Albatros Ediciones Hispanofila, 1985.

 

                                                                               ENTREVISTA

                                                                          Joaquín Carbonell

Acaba de cumplir los 80 y mantiene un cuerpo ágil y sarmentoso; una actitud que podría ser juvenil si la rebeldía fuese un valor en alza. Encallado en su casa de Las Cruces, a 125 Km. de Santiago, en una pequeña bahía donde el mar nunca se limpia de espuma al rozar la playa. Frente a su terraza se divisa la tumba dercana de Vicente Huidobro y a su espalda reposa la más célebre mansión de Chile, el hogar del premio Nobel Pablo Neruda. Flanqueado por tanta historia reciente, Nicanor no sienta la tentación de dejarse llevar por los recuerdos que reclama la memoria. Todo lo contrario.

Durante cuatro intensos meses, el Chile entero de la universidad y la canción, del teatro popular y el folclore, ha recabado la atención de este poeta contra la poesía. Sus 80 años se han celebrado como el reconocimiento de la memoria viva de un país que es capaz de convivir con el peso de un embajador universal como fue Neruda, y la frescura heterodoxa de un constructor de “artefactos” como es Nicanor Parra.

Hermano de una leyenda cultural de la talla de Violeta, la Viola como él la llama, Nicanor pasea orgulloso sus “Antipoemas” por universidades y plazas enfrentado al papel de demiurgo que tantos poetas se atribuyen vanidosamente.

P.: Maestro, ha sido una sorpresa para mí encontrarme en Chile con la lengua muy viva, con un idioma muy fresco….

R.: Bueno, hay que informarse y tomar nota del hecho de que hay una crisis del discurso. Hay que leer a fondo a los teóricos franceses, especialmente a Baudrillard que estuvo aqui el año pasado. Él insistió sobre todo en que la gente de Iberoamérica es más vital, pero añadió que lamentablemente los escritores latinoamericanos manejan un discurso que ya no va a más, un discurso que no es latinoamericano, sino de origen europeo y que en Europa está ya obsoleto.

P.: Completamente de acuerdo con Baudrillard…

R.: ¿Qué quiere decir todo esto? Que hay que proponer algún discurso que tenga que ver con nuestro mundo, y esa es la idea clave de los antidiscursos.

P.: Es decir, la clase intelectual latinoamericana mira en exceso a Europa, cuando acá existe un territorio virgen por ocupar…

R.:Hay una posibilidad con un autor que es de esta tierra; ni siquiera me atrevo a decir que es hispanoamericano porque esa palabra nos la colgaron los propios europeos. El discurso que pronincié en Guadalajara toma en cuenta estas consideraciones y se llama “Mai mai peñi”, que es una expresión mapuche que significa “Buenos dias hermano”. Mapu significa tierra, y esto se llamaba Mapu cuando llegaron los españoles. Cuando los chilenos llegamos a Madrid no le cambiamos en nombre a Madrid, ¡Madrid, sigue llamándose Madrid!, per cuando los españoles llegan acá nos cambian el nombre y pasa a llamarse Hispanoamérica. ¡Qué locura! Entonces yo estaba pensando en el autor, que es un autor mapuche realmente, Rulfo…

P.: ¿Juan Rulfo?

R.: claro, claro. Es un autor mapuche, de la tierra. Es el gran modelo; como el peruano José María Arguedas. Esos dos escritores de la tierra. Con Rulfo hay un problemazo, porque en la tradición grecolatina el arte es un espectáculo; siempre. Y en Rulfo no es un espectáculo, es la vida tal cual, no la vida embellecida. Por ejemplo, una frase típica de él: Esta muriendo la Susana Sanjuán y junto a ella está Justina, su dama de compañía, y Pedro Páramo cerca de la puerta y el padre Rentería dos pasos más allá. La Susana Sanjuán hace unos movimientos extraños y la Justina cree que ha muerto; se pone a lloar. Y la Susana Sanjuán se incorpora en su lecho de muerte y le dice: “Justina, hazme el favor de irte a llorar a otra parte”. Eso no es arte, es vida tal cual. Qué maravilla. Este es el camino que habría que seguir…

P.: ¿Porque usted diría que lo de García Márquez es escenificado?

R.: Creo que eso es arte en la línea grecolatina todavía; el arte como espectáculo. El escritor como atleta del espíritu…

P.: Atleta del espíritu…

R.: Como un atleta. El arte como exhibicionismo personal. ¡Y esto no puede ser! Rulfo no es un exhibicionista.

P.: Pero qué hacemos con el que tiene esa capacidad para ser un atleta del espíritu?

R.: Bueno, se dice que vivimos en el pluralismo, de forma que no insisto. No soy un predicador.

P.: Sus textos en Antipoemas están muy influidos por el surrealismo europeo. ¿Conoció bien la obra de Buñuel, de Dalí?

R.: Claro, la obra de todos ellos llegó bien acá.

P.: La obra de esos autores fue muy espontánea, pese a ser un ejercicio exhibicionista…

R.: Pero están en la tradición grecolatina. La palabra clave ahí es la de genio; el autor como genio. El poeta como un semidiós. El propio Huidobro cayó en eso. En cambio, yo, personalmente, prefiero trabajar con la idea del poeta como un hombre del montón…

P.: Maestro, ¿quiere decir que el carnicero podría ser, es un poeta?

R.: En realidad, lo es. Él vive, y lo que hace el poeta es dejar constancia de la vida. No hay ningún tipo de dierencia entre este poeta qe yo propongo y el hombre común…

P.: Pero el carnicero probablmente jamás dejará una píldora de creatividad…

R.: Pero él vive su vida poéticamente. Vivir la vida, eso es lo importante. No veo que ninguna vida pueda tener más valor que otra.

P.: Pero en el hecho de publicar su poesía, incluso los Antipoemas, hay un buena dosis de exhibición…

R.: Claro, pero, pero, pero… La finalidad que se persigue no es autoexhibición, sino que tendría que ver con la ciencia más bien. Así somos. Con la historia. El arte, el poema, como documento.

P.: Hay una dosis de transcendecia.

R.: Eso parece inevitable, ¿no? Parece que no se puede luchar contra eso, salvo que seas un místico.

P.: La vanidad…

R.: Claro, vanidad, vanidad, todo es vanidad. Hay que desplazarse tal vez hacia la no vanidad. Yo personalmente, prefiero a un amigo no vanidoso le concedo mayor valor. Pero sin vanidad, nomás, el mundo, dice la vida.

P.: Son peores los excesivaente modestos.

R.: No se puede negar. La falsa modestia. Pero hay personas que dan la sensación de verdadera modestia. Tal vez en los niños se ve solamente.

P.: En los niños y en los animales.

R.: Esa es la palabra crucial: el animal. El modelo, según mis maestros, es el animal.

P.: Sería el cínico, según la etimología griega. El perro.

R.: Claro. El hombre es un animal degradado y habría que recuperar su condición de animal puro. ¿Por qué el animal está por encima del hombre? Porque tiene menos necesidades, dice Diógenes con todas sus letras. Y claro, por encima del animal estarían los llamados dioses, que tienen menos necesidades que los animales. De forma que el modelo inmediato a imitar sería el animal y, a largo plazo, los semidioses. El antisócrates, la marginalidad griega.

P.: Una pureza insólita…

R.: Había que tener la reacción del abuelo Ricardo Sandoval. Cuando llegaba a la casa, que era muy pobre, la mamá le decía “¿Qué se quiere servir? Hay té, café y chocolate”. “De las tres cosas”, decía. “¿Y dónde quiere sentarse, en el piso o en la silla?”. “En las dos cosas, m’hijita”.

P.: Eso es surrealismo puro.

R.: Es tremendo, eh. En este caso, Platón y Aristóteles, pero también Diógenes. De las tres cosas, m’hijita. Eso me lo contaba la mamá. Es una respuesta digna de Macedonio Fernádez. Fíjese en el lenguaje de Macedonio: “Perdoná, che, pero yo no pienso ser uruguayo. De uruguayo yo no tengo más que el haber nacido en Buenos Aires”. Ja, ja. ¡Qué increíble! ¿no?.

P.: Precioso…

R.: Es lo que dice mi señora madre: “cumplidos los nueve meses no me quedó otra cosa que nacer”.

P.: Ja, ja…

R.: “Hijo de padres ricos, pero honrados”. Ja ja.

P.: Ese tipo de humor, en Aragón se llama socarronería, y de él sabía mucho Buñuel…

R.: Hay un título de un libro de Macedonio en que él está retratado en cuerpo entero. El libro se titula Continuación de la nada. Yo creo que va un poquitito más alla de la socarronería, ja, ja. Un poquitito más allá.

P.: Tampoco se encuentra fácil Macedonio en las librerías…

R.: No, para nada; menos mal. Bueno, las obras completas están editadas en la editorial Ayacucho de Venezuela. Museo de la novela de la eterna. Es un título que provoca una especie de atomización de la mente. Es todo lo contrario de lo publicitario. Y a lo mejor tiene que ver con la afirmación de Nietszche cuando dice que “El mal supremo es la memoria”. El hombre pierde su espontaneidad por recordar las cosas anteriores. Los títulos de Macedonio son inmemorizables. Él no tiene nada que ver con la memoria. Claro, son expresiones que no tienen que ver con la lógica. Veamos Huidobro: “Una mujer descuartizada viene cayendo desde hace 140 años”. Este es Huidobro; es bastante ilógico pero fácil de recordar. Pero Museo de la novela de la eterna no se puede recordar nunca.

P.: Nunca…

R.: Bueno, él tiene antecedentes. Era una gran humorista…

P.: Se clasificaba a sí mismo como el primer metafísico…

R.: … del Río de la Plata. El sentido del humor que tenía desarmaba incluso al propio Borges. Borges se queja en alguna parte de las pavadas de Macedonio. Quería que los amigos, en las tapas de los libros, pusieran “artista de Buenos Aires”. Y es claro que Macedonio tenía toda la razón porque se burlaba de la función del artista. Dio un paso que Borges no dio nunca. Borges estaba siempre como un atlas, como un atleta del espíritu, y, en cambio, Macedonio, no.

P.: Vi una vez un anuncio antiguo de un guitarrista que decía: “Juan Perez, tercer guitarrista español”.

R.: ¡Ah, muy bien! ¡Qué bonito! Es magnífico. Es el yo en vías de desaparecer. Aceptar este hecho de que el sujeto está muerto. Nosotros no nos expresamos a través del lenguaje, sino que ¡el lenguaje se expresa a través de nosotros!

P.: En Chile, el lenguaje está vivo, con unas acepciones muy ricas.

R.: Voy a decir una cosa un poco esandalosa; no sé cómo he llegado a la siguiente conclusión: el Medioevo europeo es lo que se pone en tela de juicio en el Renacimiento. ¿Pero qué es el Medioevo? Este es el punto clave: es Grecia. ¿Quién pone en tela de juicio a Grecia? Roma. Los conquistadores trajeron lo medieval, lo griego, añadiendo lo aborigen. La riqueza que usted encuentra aquí proviene de Grecia, lo popular, que no está totalmete absorbido por la televisión. Sin ir más lejos, ¿cómo empieza el Quijote?

P.: “En un lugar de la Mancha”.

R.: Medioevo. Trovadores. El romancero. Ocho sílabas. “De cuyo nombre no quiero acordarme” Once sílabas. Eso ya es Italia. Ya es Roma. En Cervantes, entonces, se de la conjugación de lo medieval y renacentista. Por eso estoy embarcado en entender qué ha ocurrido con el derrumbe de la cultura occidental; y, necesariamente, hay que retroceder.

P.: ¿Europa sería Roma; la decadencia y los bárbaros, Estados Unidos? Y queda por descubrir una tierrra virgen como es Latinoamérica…

R.: ¿La palabra bárbaro la usa usted peyorativamente?

P.: Como usted quiera…

R.: ¿Ah, si? Yo tengo mis simpatías por Estados Unidos. Tuve una impresión muy notable hace cinco años volviendo de Florencia. Algo me pasó que tuve que huir de Florencia.

P.: No me diga.

R.: ¡No quería más Florencia! Estaba abrumado. Cuando el avión aterrizó en el aeropuerto Kennedy respiré aliviado. Y digo ¡Yo soy del nuevo mundoooo!

P.: No me diga. ¿Por el síndrome de Stendhal? ¿Por el exceso de arte?

R.: No por el arte, el arte está bien. Por tanto comercio. ¿De qué viven allá? No son artesanos, no son agriculturoes, ¿de qué viven?Del comercio. Del comercio del arte. Esto me pasó en Florencia, pero cuando me tocó viajar entre Milán y Pisa, en un compartimento del tren iban cuatro personas más, y me fascinó la humanidad que irradiaban esas cuatro personas. Nunca he absorbido tanta hermandad humana a pesar de que yo no crucé ni una palabra con ellos. Yo me querría quedar con ellos para siempre y cuando bajaron vi que mi mundo se me despedazaba, me quedé solo, y miraba por la ventanilla tratando de captar las últimas imágenes…

P.: ¿Conoce bien España?

R.: No. He estado en Madrid, en Sevilla y en Valencia, pero no tengo una idea cabal del país. Incluso tengo pendiente la literatura española. Sólo puedo jactarme de concocer El Quijote. Pero mi especialidad es Shakespeare. Traduje El rey Lear y se representó en Santiago 114 funciones. Pero no me olvido de Cervantes…

P.: Camilo José Cela prefiere a Quevedo….

R.: En realidad no puedo decir que conozco a Cela. Tengo muchas lagunas y una de ellas es Cela.

P.: Él apenas lee a sus contemporáneos….

R.: Bueno, yo he leído a Kafka. Y ahora estoy con un joven argentino discípulo de Macedonia que se llama Ricardo Piglia: La ciudad ausente. Tengo a los poetas españoles, pero no se puede llegar a todo. Y, desgraciadamente, Cela es uno de los desconocidos. A quien he estudiado a fondo es a José Hernández, el autor del Martín Fierro.

P.: Claro… Le gustan los autores populares, ¿verdad?

R.: Desde luego. Soy un admirador del Romancero Español. Hernández es un buen romancista: “Con la guitarra en la mano / ni las moscas se me arriman / nadie me pone el pie encima / y cuando el pecho se entona / hago gemir a la prima / y llorar a la bordona”.

P.: La prima y la sexta …

R.: “Las mujeres desde entonces / conozco a todas en una. / Ya no he de probar fortuna / en carta tan conocida. / Mujer y perra parida / no se acerquen a ninguna”. Él es un gaucho…

P.: Toda la familia Parra son grandes creadores. Violeta….

R.: Bueno, ahí está la Violeta… ¿Conoce el texto que hice cuando se pegó el tiro en la sien en 1967? “Defensa de Violeta Parra”.

P.: Lo conozco…

R.: Leyendo ese texto se hace uno idea de la relación que hubo entre ella y yo. “Chile debía llamarse Violeta, de lo contrario que se llame Chuchunco”…

P.: ¿Chuchunco?

R.: Sí, es un barrio muy miserable de los suburbios de Santiago. Lo más despreciable… Ella no fue a la universidad; yo era el hermano mayor y tenía cuatro años más que ella, de modo que para empezar hay una relación de hermano mayor con menor. Y escribí una cosa que decía “Yo soy la Violeta Parra”. Nos entendíamos demasiado bien; también, que no había ninguna diferencia entre lo nuestro. Cuando ella ganaba algo de dinero me lo entregaba a mí para que se lo administrase, y nunca me pedía cuentas. A ese extremo. Cuando me preguntan por el talento de los Parra digo yo ¿qué talento? porque la respuesta la tenía el abuelo José Calixto Parra: “Más discurre un hambriento que cien letrados”.

P.: Muy español. Muy Lazarillo…

R.: Por cierto. ¿Conoce usted a Roberto?

P.: ¿El autor de La negra Ester?

R.: Sí, eso es. Roberto, práctiamente no sabe escribir. El va por ahí vendiendo sus poemas, que se los edita él mismo, y no hay forma de ubicarlo. No se sabe dónde está.

P.: Eso me han comentado. Que es un bohemio…

R.: Auténtico. Se dice que la historia del teatro chileno se divide en antes y después de La negra Ester. ¿Cómo es posible que un semianalfabeto haga esas cosas? Porque él nunca salió de su idioma patrio. En cambio, yo perdí mi idioma patrio porque fui al liceo y luego a la universidad, y allí se hablaba otro idioma; y luego fui a Estados Unidos y aquello es una catástrofe lingüística. Yo no tengo idioma. Roberto nunca dejó su idioma patrio y ahí reside la fuerza de su poesía. La Viola está  en una situación intermedia; yo saqué a la Violeta de los suburbios y la metí en la historia de la cultura. La Viola me parece a estas alguras más débil que Roberto, que hace cosas como esta: “Al puerto de San Antojio / me “jui” con mucho placer / Conocí a la negra Ester / en casa de Celedonio / Era hija del demonio / donde ella se divertía / su cuerpo al mundo vendia / le quitaban su trabajo / igual que un escabajo / donde los chiles caían”

P.: Magnífico….

R.: Tú ves que esto es arte-vida. No hay artificio, la vida sin artificio, Rulfo, de nuevo. No se ha teorizado sobre La negra Ester en Chile porque creo que cumple una función similar a la del Martín Fierrro en Argentina. Una de las cosas pocas que ha leído Roberto es Cervantes y El Lazarillo

P.: Quizás sea suficiente….

R.: ¡Suficiente, claro!, ja, ja. Va bien equilibrado. Él vive en Santiago, pero es inubicable y además difícil de meter en una grabadora. Hay una estrofa de Roberto: “Un marino en altamar / que andaba miraguaneao. / Mató al capitán del barco./ ¿Qué le hace el agua al pescao?”.

Parra, Nicanor5

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