LA JOTA EN IBEROAMÉRICA. SUS PASOS INICIALES

Publicado: agosto 8, 2011 en Artículos, Jota
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(Ártículo inédito)

 

 

 

 

 

 

 

Para Alberto Gambino,
músico para todo,
músico integral,
músico íntegro.

Quizá sorprenda conocer que una de las primeras grabaciones de jota aragonesa, interpretadas por una rondalla no se registró en Aragón sino en Buenos Aires, el 3 de mayo de 1910 y fue grabada para la casa Victor en un disco con número de catálogo 62855, por la Estudiantina Centenario, llamada así en honor de la independencia del país, acaecida un siglo antes. Aparte de la citada “Jota aragonesa”, que figura en el título, en ese mismo día la rondalla en cuestión registró otros discos con tangos, milongas, canciones españolas y criollas… y hasta un número de la zarzuela, La alegría de la huerta.

Hacia esta fecha eran abundantes en la Argentina estas agrupaciones, que estaban formadas por guitarra, bandurrias, laúdes, mandolinas, con la ocasional inclusión de flauta, dándose muchas combinaciones de tales instrumentos. La primera rondalla en grabar tangos fue la Rondalla Vázquez, algunas de cuyas versiones llegaron a España en fecha tan temprana como octubre de 1907. Fue, precisamente, en un disco Odeón, que contenía los tangos “De vuelta al pago” y “Pura parada”. Dicho conjunto también registró jotas. Sólo con la marca Atlanta tengo consignadas unas cuantas, entre las que se encuentran jotas aragonesas, navarras y de zarzuela: nº 433 (“Popular”, jota con castañuelas, compuesta por el propio José Vázquez), nº 434 (“La rondalla”, jota original de J. Sancho), nº 435 (“La baturrica”, jota de Soutullo) nº 436 (“¡Viva la Rioja!”, jota de Calleja), nº 437 (“La Dolores”, jota de Tomás Bretón), nº 440 (“La mallenera”, jota de Manso) nº 441 (“Armonía”, jota de José Vázquez), nº 442 (“La alegría de la huerta”, jota de Chueca), nº 445 (“Los estudiantes”, jota de Tomás Bretón), nº 446, “La chiquita de Nájera” de Valverde), nº 447 (“Caridad”, jota de la que no consta el autor). Por no hablar de otros muchos números españoles entre los que se cuenta el “Coro de repatriados” de Gigantes y cabezudos y numerosos pasodobles. Es evidente que, en el periodo inaugural de la fonografía la jota contaba con muchos cultivadores a los dos lados del Atlántico, En la época que grabó para Atlanta, la Rondalla Vázquez constaba de 9 miembros y entre los instrumentos de cuerda se contaban el violín, el chelo y el contrabajo.

Hubo otras muchas, algunas también importantes, como la Rondalla Atlanta, creada por la discográfica de ese nombre o la Rondalla del Gaucho Relámpago, reclutada por Carlos Domingo Nasca, curioso personaje que llegó a fundar una firma fonográfica, ERA, muchos de cuyos discos reproducían al propietario a caballo y ataviado de gaucho. La mentada Estudiantina Centenario, pionera de las grabaciones en rondalla de la jota aragonesa, estuvo dirigida por Vicente Abad y formada por dos bandurrias y una guitarra. Vicente Abad era valenciano y había nacido en torno a 1875. Fue autor de la zarzuela Villa Virtudes y del “Tango de la galera”, de cuya primera parte copiara Arturo de Bassi los acordes que incorporó a su famoso tango “Mano blanca”, cosa, por otra parte, nada inusual en la época.

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Hasta hace tres cuartos de siglo se creía que todas las danzas del folclore criollo provenían de las que llevaron los conquistadores pero lo cierto es que, entre los bailes rurales, sólo hay uno evidentemente español y es la jota.

El folclore sudamericano se nutre, en gran medida, de bailes tradicionales europeos y hasta de danzas de salón que ya no eran bailes folclóricos cuando emigraron entre 1700 y 1850. Muchos de ellos entraron a través de Lima, la capital del virreinato, y allí, adoptados por el pueblo, fueron perdiendo la música original y recogiendo el sustrato indígena. No se encuentran en el Cono Sur las típicas danzas españolas boleras con movimientos de brazos y cintura y, desde luego, está ausente todo lo que tiene que ver con el cante y baile flamencos. Recuérdese también que la guitarra no es instrumento folclórico. Fueron aquellas danzas europeas, modificadas en su estilo y manera, las que volvieron al folclore y constituyen el patrimonio cultural argentino. El único baile europeo perfectamente reconocible en el baile argentino es la jota.

Las primeras noticias sobre la presencia de la jota en América datan de la tercera década del siglo XIX. Concretamente fue en 1828, cuando el tenor madrileño Pablo Mariano Rosquellas (1784-1859), que había llegado a Buenos Aires cinco años antes, “cantó en vasco, en francés, en castellano, en italiano y en portugués, ópera, opereta, gallegadas, malagueñas y jotas”. En 1836 el bonaerense Diario de la tarde anunciaba que, al final de una función teatral, se daría “el escogido sainete nuevo que se introducirá con el canto de la jota aragonesa”.

En el Uruguay la jota aparece en una obra teatral de 1837 y, en Méjico, siete años más después, el pianista Bohrer interpretaría una composición propia basada en temas de jota y jaleo pero inmediatamente, y al igual que en España por tales calendas, empiezan a abundar las noticias sobre representaciones teatrales que incluyen la jota. Igualmente, aparece el baile propiamente dicho y, ya en 1846, un profesor de baile ambulante, José Cañete, ofrece sus lecciones a los habitantes de El Callao y entre sus especialidades figura la jota aragonesa.

Otros muchos van a imitarle y pronto las zarzuelas de la segunda mitad del siglo, que muy frecuentemente, incluyen jotas aragonesas, incrementarán la moda. En 1884 un diario limeño anuncia el sorprendente título. El baile andaluz. La jota aragonesa, por si alguno creía que había inventado la fusión y dos años más tarde Parodia de la jota aragonesa. Y no se olvide que sólo se parodia lo que es muy conocido y tiene éxito. En 1908, Alfredo Franco Zubicueta publica en Santiago de Chile su Tratado de baile, en el que escribe: “Esta danza española es una de las más estimadas en su país y fuera de él; una jota aviva los ánimos y produce la alegría general en toda reunión social (…) se baila con acompañamiento de castañuelas y movimientos de todo el cuerpo”. La jota figuraba también en numerosas colecciones editadas de coplas populares.

Parece, pues, claro, que la jota se conocía bien en América hacia 1850 y las grandes entradas de emigración española a partir de 1882 hubieron de incrementar su protagonismo. Pero no se olvide que la jota, aunque entrara como baile “culto”, a través del teatro, de los profesores de danzas de salón y de los concertistas, hubo de llegar al pueblo, arraigar en el campo y participar en su folclore. Por poner un ejemplo, la “marinera peruana”, en ritmo de 6×8 y también llamada “chilena”, deriva de la jota española y es antecedente de tonada, la zamba y la cueca. Recuerdos de su coreografía aparecen en el vals criollo.

En la Argentina se conservan vestigios en las provincias centrales, desde Mendoza, San Juan y La Rioja hasta el Río de la Plata, aunque el canto y baile de jota desaparecieran como tales en esos territorios hasta su segunda importación por parte de las oleadas de emigrantes durante los últimos años del siglo XIX y primeros del XX. Sus rasgos musicales y algunos de sus versos fueron estudiados, recogidos y archivados por el gran folclorista y musicólogo Carlos Vega y esperan la mano de nieve que venga a exhumarlas en el Instituto Musicológico de la capital argentina.

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comentarios
  1. Dante dice:

    Completamente de acuerdo con su artículo, muy interesante.

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