PEDRO MARQUINA (1834-1886) EN LA BOHEMIA DEL SIGLO XIX

Publicado: noviembre 16, 2015 en Bohemia española, Literatura
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Pedro MarquinaArrastrando una borrachera de lustros, Pedro Marquina, una noche en la que excepcionalmente debía llevar algún real por el bolsillo, pidió cama en una herrumbrosa casa de dormir. Y se murió. La patrona, ayudada de algún voluntario, debió bajarlo a la calle para evitarse interrogatorios y complicaciones. Cubierto por la nieve encontraron al amanecer el cadáver.

Malo para el personaje es que quienes escribieron alguna página sobre él, aludan a esta clase de acontecimientos, sin embargo, Pedro Marquina había estrenado muy numerosas obras, algunas de ellas clásicas en el repertorio de las compañías de la época, había sido poeta querido y citado por Zorrilla, con el que colaboró en alguna obra, y durante algún tiempo fue tenido entre los escritores de moda, llegando a estrenar media docena de piezas en un solo año.

Pedro Marquina Dutú había nacido en la Zaragoza de 1834. Expulsado del seminario, derivó hasta la Villa y Corte e ingresó con auténtico furor en la que se puede considerar primera bohemia madrileña, la del Romanticismo. No fue la elección de este áspero camino recurso de fracasado sino opción vital, pues sus primeros escarceos en el teatro tuvieron buena respuesta y obras como El poeta de guardilla, Palabra de aragonésEl arcediano de San Gil fueron muy representadas en su época. Esta última, estrenada en el teatro Martín, fue una de las más clásicas obras de repertorio a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX. En ella un arcediano se niega a dar sepultura al padre de una muchacha si no accede a tener negocio carnal con ella. Pedro I de Castilla, que anda de incógnito, se entera del caso y manda enterrar vivo al susodicho arcediano, que no era trigo limpio. Éste se quejaba:

-¡Tratar así a un arcediano!Marquina, Pedro,El arcediano de San Gil002

¿Qué dirá el pueblo ofendido?

Y el rey respondía, entre la aclamación de un público entonces bastante escamado con la clerigalla:

-Sentirá que no haya sido

el Pontífice romano.

Pero no todo es granza en este corral. He examinado una buena parte de las obras abajo citadas -lo que aunque no espero que se me reconozca, sí que se me compadezca- y la única disculpa que les encuentro es ser contemporáneas al teatro de Tamayo y López de Ayala. De La voz del deber, comedia de ambiente aragonés, lo más ilustrativo es el comentario final del entonces -como tantas otras veces en nuestra historia- preceptivo censor: un tal Narciso S. Serra, poetastro, además, bastante conocido en su tiempo: “Examinada esta comedia, (muy bien escrita) no hallo inconveniente en que su representación se autorice”. No eran, ni mucho menos, frecuentes estos juicios estéticos por parte de tales funcionarios y algo nos ilustran acerca de lo liso de sus meninges. En Palabra de aragonés es el tema de la boda de conveniencia a la que se opone el baturro “bruto y tozudo como mi macho” lo que, al parecer, deparó su extraordinario éxito en el madrileño teatro Recoletos, a no ser que el público estimase rimas como la de “Calatayud” con “ataúd” que, a lo peor, no hubiera desdeñado uno de los augurales modernistas. Al menos, la obreja abunda en dialectalismos y denota facilidad de versificación, que eso sí hay que reconocerle a Marquina.

Un cosechero riojano entrevera la ideología con la boda de interés: el padre, carlista ultramontano, ha prometido su hija a un viejo hacendado más bueno que el pan. Sin embargo, ella anda enamorada de un joven liberal del que el padre abomina. Pero he aquí que el viejo hacendado es un corazón de oro y, enterado del amor de los jóvenes, decide renunciar y apadrinarlos con lo que el padre ultramontano, seguro el condumio, deja a un lado sus convicciones políticas.

¡Viva Cuba española!, “dedicado a los leales habitantes de Cuba y Puerto Rico”, arrima el ascua al molino nacional. La controversia antillana andaba en plena efervescencia y Marquina no vacila en dar el papel de malvado a Roberto, un criollo cruel y aleve que trata a los negros a lonjazos, mientras que el bueno es un capitán español que pretende la mano de Tula y, sobre todo, la herencia que arrastra. La mano del poeta nos da en pocos versos el planteamiento:

Roberto: Por última vez el sol

va usté a ver

Pedro:    Alarde vano

Rob:       Fui negrero y soy cubano

Ped:        Soy militar y español.

La cosa termina mal para los insurrectos y don Pedro da fin entusiásticamente a la obra con una arenga poco profética:

           …Así los hijos dirán

de esta tierra bendecida:

¡Viva la patria querida

de Cortés y de Guzmán;

y cruzando ola tras ola

el grito de los hispanos,

dirá: “¡Vivan mis hermanos!

¡y viva Cuba española!”

Marquina incurrió también en la poesía y la verdad es que a uno le hubiera gustado hincar el diente a su inencontrable poema La cadena del vicio, en el que era tan avezado, aunque Cejador dictamine que se trata de “un poema destartalado y sin interés”.

Pelayo del CastilloFue Pelayo del Castillo, otro bohemio impenitente, su más habitual compañero de correrías tabernarias. Chascarrillos y desventuras de ambos poblaron los recuerdos de los pocos que se animaron a dejarlos por escrito. Hay coincidencia en que don Pedro, además de dipsómano y premioso de palabra, era muy goloso. Tanto que, en una ocasión y acuciado por su laminería, vendió los derechos de Rosa y clavel a un pastelero de la Cava Baja. Al ir éste a presentar el recibo, se encontró con que don Antonio Croselles, empresario del teatro Recoletos, le entregaba la, para el tendero, desorbitada cantidad de trescientas y pico pesetas.

Pelayo del Castillo murió antes que Marquina (Enero de 1883) y éste acudió a Romero Robledo, admirador del poeta valenciano, para darle la noticia. Como es de rigor en tales casos, el político se conmovió, abominó de la injusticia del tiempo, que dejaba en la indigencia a sus mejores cabezas, y le entregó un dinero para que las exequias fueran rumbosas. Como era de esperar, el monto se dilapidó en tabernas y el entierro resultó más grotesco que otra cosa. En las cuartillas que entonces se leían con ocasión de cualquier acto e, ineluctablemente, de un sepelio, figuraban los siguientes versos:

             …y con grandes paletadas de tierra

                 va a cubrirlo el sucio sepulturero.

Éste que se vio, sin comerlo ni beberlo, aludido de tal manera, muy encalabrinado y amenazando al poeta con la pala, aducía que no era propio del caso hablar de que fuera limpio o sucio; estaba allí para enterrar y no había que pedirle otra cuenta. Con unos reales a tiempo, se consideró limpio de alusiones.

Volviendo a su muerte, hay que decir que, pese a lo que cuentan autores como Vicente García Valero y Juan López Núñez y a lo que se aludió en el primer párrafo, Pedro Marquina murió a las 12 horas del 23 de Agosto de 1886 -fecha en la que es difícil pensar en nieves- y en el hospital donde se hallaba ingresado tras haber sido encontrado exánime  en el portal número 11 de la calle de Lavapiés (El Imparcial, 24-VIII-1886). Su entierro fue sufragado por la Asociación de Escritores y Artistas y el duelo fue presidido por el poeta Gaspar Núñez de Arce. El que después sería encumbrado poeta y dramaturgo, Eduardo Marquina, sobrino de don Pedro, tenía por entonces siete años. 

Marquina, Pedro,Esquela La Correspondencia de España 30-9-1886003

Leer hoy las pocas obras de Marquina que pueden encontrarse es empresa sólo recomendable para amantes de la erudición y buscadores del pintoresquismo o del humor que puede encontrarse en el exceso. Como uno se ha tomado algún trabajo en tales excentricidades, cumplo con comunicarlo a sabiendas, gozosas, de que otros vendrán que malo me harán.

Café de Levante x Alenza

                                                                 OBRA

El laurel de Érato (cuadro mitológico) -con música de Cecilio Sanmartín-, Barcelona, Tip. de Jaime Jesús, 1867.

Una herencia de gloria (apropósito en honor a José Zorrilla), Barcelona, Narciso Ramírez y Cía., 1868.

La voz del deber (comedia), Barcelona, Narciso Ramírez y Cía., 1869.

Las faltas de los padres (drama), Barcelona, Narciso Ramírez y Cía., 1869.

La espada de Berenguer (drama histórico, con el seudónimo de José Julián), Barcelona, Tip. de S. Manero, 1869.

Un cosechero riojano (drama), Madrid, Imp. de S. Landáburu, 1871.

El sitio de París (drama) -con Eloy Perillán-, Madrid, Imp. de José Rodríguez, 1871.

El primer beso (drama), Madrid, Imp. de P. Abienzo, 1872.

Un corazón de oro (comedia), Madrid, Imp. de S. Landáburu, 1872.

El sueño de la vida (comedia de magia) -con música de Joaquín Valverde-, estr. en 1872.

El arcediano de San Gil (episodio dramático histórico), Madrid, Imp. de José Rodríguez, 1873.

Carne (drama), estr. en 1873.

El grano de trigo (comedia), Madrid, Imp. de Julián Peña, 1874.

El poeta de guardilla (comedia), Madrid, Imp. de José Rodríguez, 1874.

El mejor derecho (drama), Madrid, Imp. de Pedro Abienzo, 1874.

Diente por diente (drama), estr. en 1874. / Madrid, Imp. de Pedro Abienzo, 1875.

Un padre de familia (comedia), Madrid, Imp. de P. Abienzo, 1875.

El nieto del ciego (balada), estr. en 1875. / Madrid, Imp. de José Rodríguez, 1881.

¡Viva Cuba española! (drama) -con José Olier-, Madrid, Imp. de F. García y D. Caravera, 1876.

El corazón de un baturro (comedia), Madrid, Imp. de Pedro Abienzo, 1876.

La cabeza y el brazo (comedia), Madrid, Imp. de Serafín Landáburu, 1876.

El amigo de los pobres (comedia), estr. en 1876.

Sangre villana, estr. en 1876.

Papel impreso (poesías), Madrid, L. C. Conde y Cía., 1878.

La torrecilla del leal (drama), estr. en 1881.

La mina de oro (cuadro dramático), Madrid, Imp. de José Rodríguez, 1881.

Palabra de aragonés (comedia), Madrid, Enrique Arregui, 1882.

Un hombre de bien (comedia), Madrid, Imp. de F. García, 1882.

La sotana rota (drama), estr. en 1883.

Rosa y clavel (balada) -con música de Isidoro Hernández-, estr. en 1884.

El reo (poesía), 1884.

La cadena del vicio (poesía), Madrid, 1884.

La redención de un alma (drama), estr. en 1888.

Para palabra, Aragón (zarzuela, arreglo de la comedia Palabra de aragonés) -con música de Isidoro Hernández-, estr. en 1888. / Madrid, Enrique Arregui, 1889.

Marquina, Pedro, Para palabra, Aragón001

 

                                                          BIBLIOGRAFÍA

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-, “Pedro Marquina”, Galería del olvido, Zaragoza, Cremallo de Ediciones, 2001, pp. 17-24.

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-CEJADOR Y FRAUCA, Julio, Historia de la lengua y de la literatura castellanas, tomo VIII, Madrid, Gredos, 1972, pp. 409-410.

-COMÍN GARGALLO, Gil, “Padrón sintético de escritores aragoneses”, El Noticiero, 25-VIII-1968.

-CORTÓN, Antonio, “Mi biblioteca: los bohemios”, La Vanguardia, 11-XII-1900, p. 5.

-COSSÍO, José María, Cincuenta años de poesía española (1850-1900), Madrid, Espasa Calpe, 1960.

-DELGADO, Pablo, “Pedro Marquina o el afligido devenir de una historia de la bohemia”, http://poemasdelpurgatorio.blogspot.com.es/2012_03_01_archive.html

-, “Pedro Marquina, entre la bohemia y la golfemia”, http://poemasdelpurgatorio.blogspot.com.es/2015/08/pedro-marquina-entre-la-bohemia-y-la.html

-FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS DE MADRID-INSTITUTO MIGUEL DE CERVANTES, Veinticuatro diarios (Madrid, 1830-1890): artículos y noticias de escritores españoles del siglo XIX , tomo III, Madrid, Universidad de Madrid-CSIC, 1968, pp. 147-149.

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-GARCÍA VALERO, Vicente, Dentro y fuera del teatro, Madrid, Lib. de Victoriano Suárez, 1913, pp. 241-253.

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-RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, Tomás, Catálogo de dramaturgos españoles del siglo XIX, Fundación Universitaria Española, 1994, pp. 356-357.

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Publicado en Galería del olvido, Escritores aragoneses. Zaragoza, Cremallo de Ediciones, 2001, pp. 17-24. Se actualiza texto y bibliografía.

Sereno h. 1875

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comentarios
  1. Miguel Ángel dice:

    Me ha gustado y he disfrutado leyendo lo que escribes sobre Marquina, al que descubrí hace ya tiempo en ese atractivo libro tuyo que es “Galería del Olvido. Escritores Aragoneses” (2001).

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