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La publicación de los primeros originales poéticos de uno de los líricos más potentes del siglo XX, que también fue el mejor crítico de arte contemporáneo de su época y uno de los mayores simbólogos del siglo, debería constituir un acontecimiento. Es muy dudoso que lo sea pero la edición en Zaragoza de Pájaros tristes merece no sólo el reconocimiento a sus factores sino una indagación más compleja que las noticias que aquí se den. Cirlot publicó su primer cuaderno poético, Seis sonetos y un poema de amor celeste, en 1943, recién regresado a Barcelona. En 1939 había salido de un campo de concentración y al año siguiente marchó a Zaragoza para cumplir su servicio militar con el ejército vencedor. En la capital del Ebro entró en contacto con Alfonso Buñuel, Luis García-Abrines, Pilar Bayona, José Camón Aznar y algún otro elemento del escaso reducto intelectual que había quedado en la urbe tras el desastre. Sus vivencias zaragozanas resultaron decisivas en el hallazgo de sus caminos poéticos.

Antón Castro, que abrió el camino a esta edición, centra en las páginas preliminares la actividad de Cirlot en Zaragoza durante el periodo 1940-1943. La figura de Pilar Bayona era para el grupo una especie de musa que, además, les permitía vivir excelsas audiciones de piano que a Cirlot, que había estudiado música y que hasta 1950 se dedicó regularmente a ella, le sumieron en rendida fascinación. Incluso, puede que, como Alfonso Buñuel y Luisito García-Abrines, anduviera cerca de la pulsión amorosa. Fuese como fuera, Cirlot dedicó a Pilar Bayona una versión manuscrita –y parece que única- de Pájaros tristes, que sus herederos encontraron entre los papeles de la pianista. También, un soneto dedicado a ella y un breve poema a Scriabin. El libro está fechado en 1941, es decir, dos años antes de los primeros textos publicados por Cirlot. El soneto, en 1942.

Pájaros tristes (Oiseaux tristes) toma el título de la cuarta pieza de una obra de Ravel, Miroirs, que, según se dice, Pilar Bayona interpretaba como nadie. Otro de nuestros grandes olvidados, el citado García-Abrines, pianista y musicólogo -además de aportar a la edición material gráfico y un elocuente dibujo, El alma de un músico, que Juan Eduardo le dedicó en 1941- nos proporciona también en un breve texto claves preciosas de esta pieza raveliana, que completa Julián Gómez contextualizando la obra en la actividad de Pilar Bayona.

Los once poemas de Pájaros tristes exhiben ya muchos de los rasgos del estilo cirlotiano y nos lo muestran en una suerte de recogido éxtasis que da lugar a textos que resultarían muy ilustrativos en una antología poética de la inmediata posguerra. Hay todavía un eco lorquiano pero no olvidemos que del granadino y del barcelonés son los mejores sonetos salidos de pluma española en el siglo pasado. El origen impresionista de los textos, que no desdeña la asonancia, produce que abunde la sinestesia y el sonido ocupe un lugar cenital. Pero concurren también algunas imágenes surrealistas y varios de los símbolos que Cirlot amplificaría en su poesía posterior. La espiritualidad de los pájaros, también elementos fálicos y símbolos del amante metamorfoseado, se combina con la presencia de elementos tan característicos del Cirlot posterior como son las rocas y las grutas que nos asoman al centro del abismo interior.

Los poemas dedicados a Pilar Bayona y Scriabin, en especial este último, son también altamente ilustrativos de la génesis de su mundo lírico. Jaime Parra escribió recientemente que la pasión del poeta por este músico ruso que trató de hallar una suerte de sinestesia global de las artes, significó “la primera ordenación de su sistema poético y a la vez su primera inmersión en un misticismo esotérico cargado de simbolismo”.

En suma, este libro nos da la clave de las preocupaciones estéticas del poeta que en 1944 escribiera: “Tuvo que ser la música –Maurice Ravel con sus pájaros tristes-, quien desvelara para mí mi propio tesoro encerrado” o, como diría a José Cruset en 1967: “La música ha intervenido en la génesis de mi poesía tanto o más que las influencias poéticas”, citando allí mismo “al prodigioso y desconocido Scriabin”.

El libro se completa con varias fotos cedidas por García-Abrines y un instructivo epílogo de Antonio Fernández Molina, que quedó pronto atraído por la  multiforme e intensa personalidad del poeta catalán, y que tanto tiene que ver con la tan atrayente como necesaria línea editorial de los Libros del Innombrable. Sería de una inconsciencia culpable no tenerlos en cuenta como muestra de una actividad intelectual independiente, rigurosa y ajena a los programados localismos que tanto abundan hoy.

 

CIRLOT EXCLUIDO

La inquisición a la poesía de Cirlot ha sido largamente demorada. Su destellante perfección, la complicación de su empeño, la monumental incultura emanada y extendida durante la dictadura y el interés de los funcionarios de la poesía por acotar su terreno propio hicieron que la vocación de soledad que todo poeta hermético trasciende tuviera en Cirlot un exponente único. La marginación otorgada al poeta, por parte de los dispensadores de certificados, andaba plena de coherencia. Exclusión y ostracismo que Cirlot asumió enriquecido y sin ningún aspaviento. Ni siquiera la excelente antología preparada por Azancot suscitó el interés de los estudiosos. Bien es verdad que no existía en este país una corriente crítica capaz de enfrentarse con instrumentos propicios a una hermeneusis ardua y compleja. Tan sólo al cuarto de siglo de su muerte unos cuantos admiradores, secretos a la fuerza, y, probablemente, estimulados por la situación sepulcral de la poesía en España empezaron a tramar algún acercamiento.

Cirlot poseía no sólo una imaginación poética en estado de excitación constante sino un repertorio exhaustivo de lo Imaginario en todos los estratos de la historia, las mitologías, la lengua y las artes. Mal podía ser comprendido en un tiempo empeñado en devaluar ontológicamente la imagen y psicológicamente la función de la imaginación. Cuando Cirlot muere, en nuestro país está en trance de imposición un estructuralismo banal y estéril jaleado, por si fuera poco, por los medios de comunicación culturalmente más influyentes.

(Reseña publicada en Heraldo de Aragón, 9-V-2002)

V. también: 

https://javierbarreiro.wordpress.com/2012/05/02/los-sonetos-de-cirlot-el-ideal-y-la-muerte/

El miércoles 15 de enero, a las 19.45 h. se presenta mi edición de las Obras de Guillermo Osorio (Ed. Libros del Innombrable) en la Librería Antígona de Zaragoza.  Incluyo aquí la solapa, con noticias biográficas de este insólito escritor, descartado por la literatura oficial. Y, también, la contraportada, con un breve comentario de su sorprendente obra.

Guillermo Osorio

                                                          BIOGRAFÍA

Guillermo Osorio (Cuenca, 22-11-1918 / Madrid, 27-12-1982), escritor semisecreto, último de los verdaderos bohemios, borracho inveterado del vino de las tabernas y personaje angélico, las pocas y raras obras de este poeta y cuentista son casi desconocidas. Tampoco sabemos mucho de los primeros años de su vida. Tras estudiar en el Instituto de su ciudad, se vio arrebatado por la guerra y adscrito a una unidad de tanques del ejército republicano, que lo marcó decisivamente. Tras el paso por los campos de prisioneros franceses, volvió a España, donde hubo de padecer cárcel y campo de concentración. Rechazado por su ciudad natal, en 1950 se instaló en Madrid y comenzó su vida peripatética y deambulante, de taberna en Osorio, Guillermo con Adelaida 1950taberna, de tertulia en tertulia, al tiempo que escribía impresionantes sonetos y un puñado de cuentos que hasta 1960 no pudo recoger en libro, El bazar de la niebla. Su ángel guardián fue una estrambótica poetisa y periodista, Adelaida Las Santas, con la que casó en 1955, que le dio acogida y fue solucionando los problemas cotidianos, a pesar de que él siempre siguió viviendo de noche y jamás tuvo medios de subsistencia.

Perteneciente a la olvidada generación etílica del café Varela, donde estuvieron sus mejores amigos (Manuel Alcántara, Eduardo Alonso, Manuel Martínez Remis, Alejandro Carriedo…), que siempre lo recordaron como alguien entrañable, sólo se daría a conocer en recitales conjuntos y revistas literarias de poca circulación. No obstante, tras la edición de su primer libro de cuentos no volvió a publicar hasta que su mujer fundara en 1980 la colección Aguacantos, destinada a acoger la obra del poeta, que sólo vería editados otros dos muy breves libros en vida, Veinticinco sonetos y El perro azul. Cuentos (1981). Los últimos, Río de los peces (1984) y Guillermo Osorio 10 años después (1993), fueron publicados póstumamente.

A finales de 1982 Guillermo Osorio moriría al caer sobre una Osorio, Guillermo-Última fotografíaestufa encendida, tras sufrir un paro cardiaco. Manuel Alcántara escribiría en su necrológica: “…pertenecía a otro lugar del que tenía permanente nostalgia; por no sé qué azar afortunado, pasó su destierro entre nosotros (…) Es todo lo que sabemos de él. Eso y que ha muerto, después de haber consumido gloriosamente algunas cosechas de vino tinto y de haber escrito veintitantos sonetos prodigiosos”.

                                                            LA OBRA

 Guillermo Osorio ha trascendido fundamentalmente por lo pintoresco de su alcohólica vida y como autor de extraordinarios sonetos de corte casi quevedesco, que no vieron la luz en volumen hasta 1980, y de un puñado de cuentos oníricos, que se mueven en las fronteras del absurdo, el delirium tremens y el humor.

Se recoge en este volumen la totalidad de la obra publicada por el escritor conquense compuesta por dos libros de cuentos y tres muy breves entregas poéticas. Sus 25 sonetos ostentan una límpida perfección formal lo que, unido a su equilibrio expresivo y sus hallazgos lingüísticos, que nunca retuercen el sentido o la sintaxis, nos proporciona la inflexión justa de la emoción con que están concebidos y transmiten de modo tan intenso. El destino, la muerte, la condena fatal de la tristeza dan paso a un escepticismo humanista que, si encuentra un atisbo de salvación, es en uno de los temas eternos de la poesía: la integración con la naturaleza. Río de los peces y Guillermo Osorio 10 años después recogen poemas dispersos y desiguales pero donde se puede encontrar la gracia alada y la profusa melancolía que caracterizan al poeta de Cuenca.

Los cuentos de El bazar de la niebla y El perro azul  parecen basarse en los agitados sueños que, probablemente, le deparara el alcohol. Una situación cotidiana en la que, de pronto e inesperadamente, aparece un elemento distorsionador de la realidad, que da lugar a visiones entrecortadas en las que se alternan lo macabro y lo ingenuo, lo horripilante y lo banal. Los símbolos de transformación junguianos y la llamada literatura del absurdo, casi contemporánea a la vida literaria de Guillermo, junto a algunas reminiscencias surrealistas, son los elementos que aparecen más cercanos a estos relatos en los que  una serie de acontecimientos inquietantes y, a menudo, gratuitos, se suceden vertiginosamente como en los delirios febriles, y alternan espanto y humor.

 Osorio, Guillermo en su chozo

 

GÁLVEZ, Pedro Luis de (Pedro Luis de Gálvez y López), Málaga 3-V-1882 – Madrid, 24-XII-1940. Escritor bohemio.

Hijo de un empleado de ideas muy conservadoras, recibió una estricta educación con profesores eclesiásticos para después ingresar en el seminario, de donde escapó. Una vida altamente turbulenta y llena de increíbles episodios lo llevó al correccional, a la Academia de Bellas Artes de San Fernando, con dieciséis años, a París, para seguir perfeccionándose en el arte pictórico y, finalmente, a la cárcel por sus soflamas antimonárquicas. Entre los muchos meses en espera de juicio que estuvo encerrado en Cádiz y la condena que cumplió en el penal de Ocaña pasó cuatro años en prisión, a menudo, en condiciones infrahumanas. Sin embargo, allí escribió sus primeros libros, La Cochambrosa, En la cárcel Existencias atormentadas y obtuvo un premio con “El ciego de la flauta”, en el Concurso Nacional de Cuentos, promovido por El Liberal. Al conocerse su situación, se produjo una gran conmoción y, con la presión de varios periodistas y escritores, fue indultado.

Comienza entonces su vida bohemia para convertirse en el emblema de esta cofradía, con una vida llena de episodios descabellados próximos a la delincuencia, junto con gestos de honradez y grandeza de corazón, que lo convierten en una referencia habitual en los libros de memorias de su época. Entretanto, publicó algunos cuentos y poemas en la prensa y visitó Portugal, Marruecos, como corresponsal de El Liberal, y París, donde retomó la relación con su paisano Picasso y con Apollinaire, que dedicó un  texto a su figura. Se dice que también recorrió Bélgica, Holanda, Alemania, Italia y Albania, donde llegó mandar un batallón en la guerra europea aunque todos estos episodios estén muy poco aclarados, al no haber constancia documental sobre los mismos. Ya en Madrid, volvió a su bohemia y sus publicaciones, en forma de cuentos, alguna obra teatral y, sobre todo poemas, que fueron apareciendo anárquicamente. Participó en los orígenes del Ultraísmo, intervieniendo en la Fiesta del Ultra del Ateneo sevillano y colaborando en la revista Grecia. Durante los años veinte, también residió en Barcelona.

Por su rareza, han de destacarse los sonetos infamatorios de ¡Buitres! y su tratado, El sable, acerca de las personas y modos de los que sacar dinero. Lo más granado de su nada desdeñable producción se encuentra en Negro y azul (1930), volumen que iba a constituir el primero de sus obras completas, de las que se anunciaban dieciocho tomos; fue uno de los pocos libros que se publicó a su gusto, Gálvez fue considerado como un gran sonetista por sus contemporáneos e incluso el propio Borges le declaró autor de alguno de los mejores sonetos escritos en castellano. Es sorprendente pero también muestra de su talento el que tuviera relaciones con personajes tan de primera línea como Picasso, Juan Gris, Marinetti, Apollinaire, Baroja, Gómez de la Serna, Cansinos- Asséns, Baroja…

Sus relaciones con las mujeres fueron pasto de muchos comentarios. Su última compañera fue Teresa Espíldora, que le acompañó durante sus últimos veintidós años y de la que tuvo dos hijos. Su actuación en la guerra ha sido también muy controvertida. Hay quien dice que organizó ejecuciones y otros que salvó a varios amigos escritores; que lo hizo con el guardameta Ricardo Zamora, lo reconocen hasta sus enemigos. Estuvo en el Partido Sindicalista, fundado por Ángel Pestaña y participó en los periódicos que editó. En El Pueblo de Valencia publicó ciento diez poemas, la mayor parte retratos de personajes de la contienda. También publicó sonetos en Nosotros Según el escritor Diego San José, que le acompañó en la cárcel, su fama de ferocidad le servía para que los milicianos no desconfiaran de él, mientras, por su parte, favorecía la salvación o huida de ciertos sospechosos. Al final de la guerra, amigos escritores, como el argentino Enrique Larreta y el venezolano Rufino Blanco-Fombona, que habían tenido relación con él quisieron llevárselo a Sudamérica. Gálvez se negó porque dijo tener la conciencia limpia y pensaba que no corría peligro. Sin embargo, el 12 de abril de 1939 fue detenido en Valencia e ingresado en su prisión. De allí pasó a Yeserías y llegaron las denuncias. El 5 de mayo se inició el procedimiento sumarísimo de urgencia que lo llevó a Consejo de Guerra el 24 de noviembre. Hallado culpable de conspiración marxista y de otros cargos, entre los que no faltaba el asesinato de docenas de monjas, fue condenado a muerte el 5 de diciembre. Entretanto, fue objeto de la habitual gama de torturas con que se machacaba a los desafectos y, finalmente, fusilado.

Hombre contradictorio, exaltado, capaz de lo mejor y lo peor, probablemente, a causa de su alcoholismo,su figura ha sido utilizada en distintas de sus obras por Baroja, Gómez de la Sena, Apollinaire, Borges, Cansinos Asséns, etc. y rescatada sin demasiado rigor histórico por el novelista Juan Manuel de Prada en El silencio del patinador (1995).

Sobre el personaje puede verse también mi entrada:

https://javierbarreiro.wordpress.com/2011/07/23/la-prehistoria-de-pedro-luis-de-galvez-en-la-carcel-cronica-y-narracion/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2018/05/25/la-cochambrosa-primera-y-desconocida-novela-de-pedro-luis-de-galvez/

                                                            OBRA

-Alma andaluza (discursos), 1905.

La cochambrosa, Cádiz, Imprenta Heraldo de Cádiz, 1906.

 –En la cárcel. (Diario de un preso político), Cádiz, Imprenta Heraldo de Cádiz, 1906.

Existencias atormentadas. Los aventureros del arte, Madrid, Imprenta Ibérica, 1907.

Por los que lloran (Apuntes de la Guerra) (con Francisco Martínez), Madrid, Imprenta de Gabriel López del Horno, 1910.

La chica del tapicero, Madrid, Los Contemporáneos nº 72, 13-V-1910.

– Las hembras de Las Vistillas, Madrid, Los Contemporáneos nº 86, 19-VIII-1910.

La santita de Sierra Nevada, Madrid, Los Contemporáneos nº 105, 30-XII-1910. Firmada por él, el autor real es Javier Bueno.

La rosa blanca, Madrid, El Cuento Semanal nº 229, 19-V-1911.

La casa verde, Madrid, González y Giménez Editores, 1913.

La tragedia de Don Iñigo, Madrid, Biblioteca Patria, s. f. (h. 1920).

Luz de lo alto, Madrid, Esquemas-Novela Semanal nº 4, 1921.

La que no supo elegir, Madrid, La Novela de Amor nº 3, s. f. (1922).

Los caballos negros (La tragedia del juego) (con Luis Antón del Olmet), Madrid, Sociedad de Autores Españoles, 1922.

Figuras del Congreso Eucarístico, Barcelona, La Prensa, 1923.

La Corte del rey Assuero (con Tomás Casals Marginet), Barcelona, Imp. L. Avenç Gràfic, 1924.

Los siete pecados capitales, Mateu, Barcelona, s. f. (h. 1925).

El Sable. Arte y modos de sablear, Barcelona, J. Sanxo Editor, 1925.

El demonio de San Miguel, Madrid, La Novela Nueva nº 9, 1926.

La reina del Barrio Chino (zarzuela en colaboración con Rafael Salanova y Alberto Álvarez Cienfuegos), Madrid, Sociedad de Autores Españoles, 1927.

-Poesías seleccionadas. Barcelona, Impresos Costa, 1927.

Juan Jacobo Rousseau, Madrid, Colón-M. Saez Hnos., 1930.

Negro y azul, Madrid, Editorial Rubén Darío, 1930.

Redención, Publicaciones Mundial-La Novela del Pueblo nº 14, Barcelona, s. f.

Sonetos de una guerra (Primera serie), Valencia, Socorro Rojo de España, Comité Provincial, 1938.

Doce sonetos (Selección de Álvaro García), Málaga, Imp. Montes, 1987.

Antología, Málaga, Newman, 1988.

Negro y azul (Poesías completas), Granada, Comares, 1996.

Tres novelas breves de 1910, Málaga, Diputación Provincial, 1996.

                                          BIBLIOGRAFÍA CRONOLÓGICA

-José LÓPEZ PINILLOS, Gente graciosa y gente rara, Madrid, Pueyo, 1920.

-Alfonso CAMÍN, Hombres de España y América, Madrid, Imp. Militar, 1925.

-Ramón GÓMEZ DE LA SERNA, Retratos completos, Madrid, Aguilar, 1961;

-José Fernando DICENTA, La Santa Bohemia, Madrid, Ediciones del Centro, 1976.                                                                                                                                                   

-José María BARRERA LÓPEZ, El ultraísmo de Sevilla (Historia y textos), Sevilla, Universidad de Sevilla, 1987, pp. 203-219.                                                        

-Diego SAN JOSÉ, De cárcel en cárcel, La Coruña, Ediciós do Castro, 1988.        

-Javier BARREIRO, Cruces de bohemia (Vidal y Planas, Noel, Retana, Gálvez, Dicenta y Barrantes), Zaragoza, Unaluna, 2001.            

-Jesús GÁLVEZ YAGÜE, “Andanzas, aventuras y desventuras de Pedro Luis de Gálvez en Barcelona (1915-1927)”, Barcarola nº 63-64, julio 2004, pp. 293-303.                                                  

-Javier BARREIRO, -“La prehistoria de Pedro Luis de Gálvez” en Retorno al Café de Fornos en el sesquicentenario de Julio Burell (1859-2009). Estudio sobre literatura española, periodismo y política (Edición de Manuel Galeote y Antonio Cruz Casado), Iznájar (Córdoba), Letras de la Subbética, 5, 2010. pp. 87-100.

-RIVAS, Francisco, “Pedro Luis de Gálvez: sablista y poeta, Madrid, Vacaciones en Polonia nº 5, 2011, pp. 285-293.                                                                                                                                               

-Javier BARREIRO, Voz: “Gálvez, Pedro Luis”, Diccionario biográfico español, Vol. XXI, Madrid, Real Academia de la Historia, 2011, pp. 268-269.

-RIVAS,  Francisco, Reivindicación de Don Pedro Luis de Gálvez a través de sus úlceras, sables y sonetos, Málaga, Zut Ediciones, 2014.