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No tuve noticias de este joven hacendado argentino, que pasó en Europa la mayor parte de su vida, hasta que mi amiga, la escritora coruñesa Elisa Vázquez de Gey, lo citara en uno de sus muy documentados libros sobre Anita Delgado, la bellísima bailarina malagueña que casara con Jagatjit Singh (1872-1949), séptimo maharajá de Kapurtala.

Al parecer, y procedente de París, Benigno Macías (1882-1921) había llegado a Madrid en las fechas precedentes a la boda (31-V- 1906) de Alfonso XIII con Victoria de Battenberg, donde coincidió, entre otros muchos personajes del gran mundo, con el maharajá. Sabida es la sensacional historia de la fascinación del indio por la belleza de la malagueña Anita, una simple telonera del Kursaal, donde actuaba junto a su hermana Victoria con el nombre de Las Camelias o Hermanas Camelia, que de las dos formas aparecen en los programas y postales de la época. Conocida es también la novelesca historia de la participación de Valle-Inclán y los pintores Julio Romero de Torres, Ricardo Baroja y Anselmo Miguel Nieto en la feliz culminación de la historia. Todos ellos frecuentaban el citado lugar de diversión –frontón, durante el día y templo de variedades por la noche- y, además del maharajá, también acudían muchas de las personalidades llegadas a Madrid para las bodas reales, entre las que debió de estar Benigno Macías, que se amistó con los citados pintores y, parece que se encaprichó perdidamente de Victoria Delgado. Benigno Macías coincidió en París con Victoria, cuando la familia de Anita viajó a la capital francesa para acompañarla durante el tiempo que durara la educación de princesa que para ella había preparado el príncipe indio, que terminó casándose con ella, en su reino, el 20 de enero de 1908.

Benigno Macías, hijo de un gran estanciero, había nacido en 1882 y, como la mayor parte de los jóvenes adinerados argentinos, debió de marchar a París en fechas coincidentes con el comienzo del siglo XX. Fecha clave, pues, para las primeras relaciones del tango criollo con Europa, de las que Benigno pudo ser uno de sus primeros embajadores. Por las memorias de Anita Delgado, la maharajaní de Kapurtala, sabemos que, una vez llegado a España, trató de introducir los tangos en los teatros de varietés. Pero nada hemos conseguido averiguar al respecto y nos parece un poco prematuro pues, por entonces, todavía el tango no era común en París. Tal vez, Anita Delgado con la distancia, temporal, confundiera las fechas y el intento de Benigno Macías fuera posterior. De hecho, el primer tango argentino documentado que se interpreta en España sigue siendo el que presentan Las Argentinas (María Cores, bonaerense y Olimpia d’Avigny, italiana) en el madrileño Circo de Parish cuando termina 1906. De cualquier modo, la amistad que Macías labró con el maharajá sirvió también para que este se apasionara por el tango argentino, que extendió a alguna de sus intérpretes, pues constan sus intentos de seducción a Ada Falcón y Rosita Barrios cuando, en los años veinte, visitara Buenos Aires.

En cuanto a París, la biógrafa de Anita Delgado nos informa que artistas a los que él representaba bailaron en el Folies Bergère y que era denominado como “el rey del tango argentino”, título que debieron atribuirse unos cuantos. Aparte de los libros de Cadícamo y Zalko, más preocupados por los reflejos externos que por la intrahistoria empresarial, curiosamente, no hay bibliografía sobre un fenómeno sociológicamente tan intenso y crucial como la introducción del tango en París. Apenas, en las tesis producidas por la habitualmente sólida universidad francesa, se toca tangencialmente, este fenómeno.

Henri Dreyfus[1] (1866-1929) escribe en sus memorias, publicadas con el seudónimo de Fursy y el título, Mon petit bonhomme de chemin,[2] que la adopción del tango en París se inicia una noche con el siguiente episodio: un joven argentino llamado Macías pagó a la orquesta del cabaret L’Abbaye Albert de la Place Pigalle[3] para que leyera, ensayara y tocara la partitura de un tango argentino. Al comenzar la interpretación, Macías se lanzó a bailar con Loulou Christie, una amiga previamente aleccionada, ante la sorpresa de la concurrencia “une sort de pas lent et traîné, coupé de repos rythmés, et accompagné par une mélopée en mineur, d’une infinie mélancolie” Ocho días después veinte parejas los imitaban y daban paso a la fiebre del tango que duró hasta el inicio de la Gran Guerra. 

Por su parte, Carlos Vega nos traslada alguno de estos datos y comenta:

Ocurrió hacia diciembre de 1910, a juzgar por otros documentos que veremos. Lo que sigue, por lógico, excluye la fantasía. El tango se repite noche a noche. A la primera pareja se añaden otras, también de argentinos, con las compañeras posibles. El escritor francés Paul Morand nos da un segundo nombre. Al recordar a Ricardo Güiraldes dice de él que “antes de ser un gran escritor en la Argentina lanzó el tango en París[4]

 Fuera como fuese, a finales de 1910 y quizá antes, Benigno Macías habitaba en la capital francesa, donde era habitual en la alta sociedad y arrastraba fama de dandy y seductor. En más de una ocasión recibió y acompañó al maharajá y a la maharaní en sus frecuentes visitas a París. Pese a que Victoria, la hermana de Anita, se había casado en 1908 con el millonario americano Jorge Winans, Macías siguió siempre manteniendo una férvida admiración y una amistad incondicional.

Durante la I Guerra Mundial, Anita escribe a Benigno desde la India, pidiéndole ayuda porque su hermana Victoria ha sido abandonada por su marido y se encuentra enferma en París con sus tres hijos y embarazada de otro. El argentino les presta todo el apoyo posible pero, finalmente, en 1918, Victoria muere con sólo veintinueve años, a consecuencia de la llamada gripe española. Benigno se hizo cargo del entierro y consiguió sacar del país a los tres niños –el pequeño había muerto, contagiado por la madre- entregándolos a sus abuelos maternos en la frontera española. En ese mismo año regresa a Argentina, desde donde encarga a Anselmo Miguel Nieto una copia del retrato que el pintor había hecho a Anita en 1909, ya que había otro realizado en 1905. El artista complació a su amigo y llevó a Buenos Aires, acompañado de Julio Romero de Torres, la obra solicitada, de la que, por tanto, hay dos versiones.

Delgado, Anita por Anselmo Miguel Nieto 1905007

Benigno regresó pronto a París, seguramente en mala hora, porque el 19 de diciembre de 1921 fallecía en una de sus residencias parisinas, sita en la rue Berlioz nº 19, a la edad de 39 años, al parecer, a consecuencia de una infección en las piernas, provocada por un accidente automovilístico. Por las mismas fechas, un anuncio en Le Figaro ofrecía en alquiler otra de sus casas situada en el Parc de La Malmaison a 12 kilómetros de París. Marcelo T. de Alvear, embajador argentino y Alberto F. Figueroa, consejero de la legación argentina, ante la ausencia de la familia, asumieron la representación en el entierro.

A pesar de su temprana muerte, Macías, soltero, dejó testamento de sus bienes: entre otros, cuatro estancias –algo más de 25.000 hectáreas- en la provincia de Buenos Aires. Los destinatarios fueron los hijos de Victoria Delgado, que, en cuanto fue legalmente posible, dieron orden de vender las lejanas posesiones del país sureño.

NOTAS

[1] Cantante de cabaret, luego, propietario y director de varios de los music-hall más selectos del París de la Belle Époque

[2] Fursy, Mon petit bonhomme de chemin: souvenirs de Montmartre et d’Ailleurs, Paris, 1928.

[3] Restaurante, antes llamado L’Abbaye de Thélème, que había comprado Albert Abbey para convertirlo en el más caro y chic de Montmartre y en el que también actuaron artistas españoles.

[4] Carlos Vega, Estudios para los orígenes del tango argentino (2ª edición corregida de Coriún Aharonián), Buenos Aires, Facultad de Artes y Ciencias Musicales-Instituto de Investigación Musicológica Carlos Vega, 2016, p. 145.

Publicado en Todotango, julio 2011. Más añadidos, ilustraciones y correcciones.

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Publicada en Club de Tango nº 60, mayo-junio 2003, pp. 4-5
Reproducida en Tango Reporter, Año XI nº 24, Los Angeles, junio 2006, pp. 194-195.

Publicada a primeros de 1914, Tanguinópolis constituye el número 6 de La Novela de Bolsillo, una de las Bonnat-Tanguinópolis006numerosas colecciones de novela corta que proliferaron en España durante el periodo del primer tercio del siglo XX, a partir de la fundación en 1907, por parte de Eduardo Zamacois, de El Cuento Semanal. Está ilustrada por Federico Ribas (Vigo, 1890-Madrid, 1952), que pasó su infancia y adolescencia en Buenos Aires, trabajó en París y, luego, fue uno de los más constantes ilustradores españoles en el periodo citado.

La Novela de Bolsillo, dirigida por Francisco de Torres, se publicaba en Madrid y tenía un formato de 137×82 mm., con alrededor de sesenta páginas. Salieron semanalmente cien números desde 1914 a 1916 y se vendía al módico precio de 30 céntimos, teniendo en cuenta que incluía ilustraciones en huecograbado y papel couché. Hacia la mitad de la colección, la guerra hizo que el couché pasara a papel prensa y el huecograbado a línea. Cada cuatro tomitos se ofrecía encuadernación y, normalmente, es agrupadas así como aparecen cuando se tiene la suerte de encontrarlas, lo que no es nada fácil. En esta colección publicaron muchos de los más conocidos escritores de la época desde Joaquín Dicenta, que abre su sumario, a Joaquín Belda, pasando por Hoyos y Vinent, Colombine, Fernando Mora, Répide, José Francés, Alvaro Retana, Díez de Tejada, los comediógrafos Perrín y Palacios, Federico García Sanchiz y tantos otros.

Agustín Rodríguez Bonnat (1873-1925), madrileño que firmaba siempre como A. R. Bonnat, es hoy un olvidado periodista y escritor pero en su época participó en las publicaciones periódicas más importantes, desde Madrid Cómico a La Esfera, pasando por El Globo, Blanco y Negro, España Nueva, La Correspondencia de España y otras de similar trascendencia. Sin embargo, sus dos colaboraciones más constantes fueron en la revista Nuevo Mundo, donde sustituyó al satírico Luis Taboada, y en el diario El Liberal. En el campo de la literatura escribió sobre todo para el aludido género de la novela corta en el que publicó alrededor de veinticinco títulos dentro de las colecciones más populares.. Tiene también una novela larga de carácter humorístico, Jacinta Ruiz (1920). Hoy es un autor absolutamente relegado.

Tanguinópolis cuenta el viaje a París del joven químico Gabino Orduña para que su amigo Paco Núñez, que disfruta de una beca para ampliar sus estudios científicos, le muestre los principales centros de investigación de la ciudad, que describe como intensamente vital y abigarrada. Cuando su compañero de estudios acude a la cita lo primero que hace es llevarle al teatro Olympia, primer music-hall parisino, que había construido e inaugurado en 1893 el catalán José Oller. La intención de Paco Núñez es satisfacer a su amigo con la culminación de las perspectivas de todos los que acuden a París: visitar los centros en que se tanguea. En el Olympia encuentran a dos orquestas tocando alternativamente el tango y a una caterva de bailarines que no permiten el menor reposo a sus piernas. La bella Smyra y su bailarín Andrée ocupan el centro del salón. El viajero se maravilla de que señores respetables acometan sin recato un baile tan poco apropiado para ellos aunque Bonnat no se ocupa de las tan habituales descalificaciones sobre la moralidad del tango. En el Olympia nos dice que suena “el popular Che ¿y cómo le va?, de Valverde” y, entretanto, aparece el catedrático y gran investigador Genot, totalmente sudoroso y jadeante, tras llevar bailando una hora. Éste no atiende las palabras admirativas de Gabino sobre su actividad científica y cuando le pide permiso para visitarlo en su domicilio, le dice que será más fácil que lo encuentre en casa de Ciro, donde se tanguea. El sabio se despide para correr a bailar Le dernier tango y los dos amigos deciden marchar mientras las señoras hacen fila ante Andrée para darle sus señas y recibir clases de baile.

Tras describir un rimero de lugares populares de París y a los españoles que más los frecuentan, entre los que se cuentan la bella Otero, el periodista Gómez Carrillo, de origen guatemalteco y que unos años después casaría con Raquel Meller, el pintor Sorolla y el pretendiente carlista don Jaime, su amigo explica a Gabino las actividades de los bohemios españoles en París y termina por conducirle al Folies Bergere, que nos describe prolijamente. Finalmente, aparece en el escenario la Mado Minty, una morena de piel satinada con fuerte rojo en los labios que baila el tango de un modo voluptuoso. Todo el mundo echa monedas en los gemelos, dispuestos al efecto en las localidades, para ver más de cerca a la artista. Cuando ésta termina, la orquesta arremete con el mismo tango y todo el mundo sale a bailar. Media hora después continúa la representación con una escena también dedicada al tango.

Son las doce de la noche y Paco se empeña en llevar a Gabino a Montmartre. Éste no hace sino reclamarle datos sobre su vida científica, que su amigo apenas atiende. Pasan cerca del Tabarís, de Mónico, Pigalle, la Abadía de Albert, el Rat Mort, cuya orquesta de tango dejó algunas grabaciones, y, finalmente, se dirigen a La Feria, celebrado colmado-restaurante español que regentaba Amalio Cuenca, guitarrista flamenco que también llegó a grabar tangos. Allí encuentra a bailaores españoles como La Lola o los famosos Faíco y Antonio de Bilbao, que fue el maestro de Vicente Escudero, el más genial bailarín español del siglo XX. La Feria había sido inaugurado por Amalio Cuenca en 1912 y la guerra europea le forzó a cerrarlo. Pero en ese lugar… también se baila el tango, ahora acompañado por una orquesta de bandurrias. Diez minutos después, Gabino se encuentra también acometiendo la danza rioplatense.

Pasados ocho días, los amigos se despiden y Gabino promete volver pero para bailar el tango. La novelita termina con estas palabras: “Volveré, vaya si volveré ¡Es mucho tango este de París!…”

Como se ve, la intención de la novela es mostrar satíricamente cómo el tango ha sorbido el seso a los pobladores y visitantes de París, que no tienen en su vida otro objetivo que danzarlo, lo que se ajusta a muchas otras visiones contemporáneas. La obra, publicada hacia mayo de 1914, debía corresponder a alguna reciente visita del autor a la Ciudad Luz y coincide con el periodo de apogeo del tango en la capital de Francia en torno a 1913.

El verdadero interés de la novela consiste en ser la primera que se publica con tema de tango en España, pues hasta 1919 no aparece El compadrito de Joaquín Belda, de ambiente más suburbial que estrictamente tanguero. Tampoco conozco en la Argentina ninguna novela de tango contemporánea*, aunque sí como es lógico, obras de teatro, como también las hay en España. Del mismo año 1914 es El tango argentino, humorada en un acto de Luis de Larra y Manuel Fernández de la Puente que, con música de Luis Foglietti y Quinito Valverde, fue estrenada en el teatro Cómico de Madrid el 16 de marzo de 1914, con el protagonismo de la gran cómica de su tiempo, Loreto Prado. Sin embargo, en el campo de la narrativa y de no aparecer alguna otra obra que lo desmienta, sería esta Tanguinópolis la primera y, durante muchos años la única, en la que figura el tango como tema central.

*Sería Raucho (1917) de Ricardo Güiraldes, al relatarnos tres noches de tango en París, la primera que contiene de una manera significativa ambiente de tango aunque tampoco sea éste su tema principal.