Posts etiquetados ‘Maestro Cayo Vela’

(Publicado en Aragón Digital, 14-16 de febrero de 2020).

La casa natal de la cupletista Ramoncita Rovira, la creadora de “Fumando espero” y “El tango de la cocaína”, ya tiene protección municipal y “Cal Bisbe”, en la plaza mayor del pueblo, será convertida en un museo, ya que el ayuntamiento de La Fullola (Lérida), al que fue cedida, así lo ha aprobado en el marco del proyecto FEDER, Camí de Sant Jaume (Camino de Santiago).

Por seguir con la música, en Albalate de Cinca, localidad próxima a La Fullola, fue el propio Miguel Fleta quien compró su casa natal, la modernizó y al poco tiempo se deshizo de ella, con lo que el único recuerdo del tenor que allí queda es una doble placa conmemorativa. Solamente a 11 kilómetros de Albalate se encuentra Chalamera, lugar donde vio la luz Ramón José Sender, cuya casa fue derribada antes de que el novelista pudiera verla en su viaje de regreso en 1976.

Raquel Meller, la más esclarecida de las colegas en el arte de Ramoncita Rovira y la actriz española más internacional de los años veinte, tuvo en Tarazona su casa natal que también fue derribada el año de Mari Castaña. Y, menos mal que no han tirado su partida de nacimiento, porque ya hace tiempo que habría sido declarado formalmente su origen riojano o catalán, como así se ha defendido y escrito. Por cierto, que Raquel tiene estatua en Barcelona pero no en Zaragoza.

Para no alejarnos en el tiempo de las demoliciones, podríamos recordar que en Villanueva de Gállego se derribó la casa donde nació uno de los pintores más importantes del siglo XIX, Francisco Pradilla, pese a toda la energía que puso en evitarlo APUDEPA. Como la citada y benemérita asociación en defensa del patrimonio aragonés defendió, la modesta construcción estaba muy arraigada en la memoria popular de Villanueva, y reconocida como un lugar de conmemoración entre los grupos artísticos aragoneses, de lo que daban cuenta las dos lápidas que ostentaba la modesta construcción, una de ellas colocada sólo 14 años antes por el propio ayuntamiento que en 2012 concedió licencia para su derribo.

Y, si hablamos de pintores, un colega de Pradilla, nacido un siglo antes y con su mismo nombre, llevó el apellido Goya. Su casa natal tuvo que descubrirla o inventarla otro pintor y viajero llamado Zuloaga, más de una centuria después de su nacimiento.

Alguna vez he contado cómo a finales de los años setenta desembarqué en Codo, lugar muy cercano a Belchite, para comprar una garrafa de su excelente vino y pregunté por Benjamín Jarnés. El habitante del agro aragonés solía mostrarse curioso con el forastero, con lo que en seguida se formó un nutrido grupo que incluía al alguacil, preguntándose y, sobre todo preguntando al viajero, quién podía ser ese señor. Al final fue una vieja quien aclaró el entuerto: según recordó, debía de ser el hermano de “aquel tontico que tocaba tan bien las campanas”. Y hasta tenía mérito la memoriosa señora, pues los Jarnés eran 22 hermanos y algunos no tenían ni pizca de tontos.

Si vamos a los compositores aragoneses del pasado siglo, no pregunte usted por la casa natal del maestro Monreal en Ricla ni por la del maestro Montorio en Huesca, tampoco por la del maestro Marquina en Calatayud o por la del maestro Cayo Vela en Brea. Si le muestran algo, será lo que han edificado encima de lo que demolieron.

Por eso, no es extraño que en muchas de estas localidades pregunte a sus moradores y no sepan decirle casi nada acerca de sus hijos más ilustres, cuando su figura, trascendencia y relevancia deberían enseñarse desde la escuela primaria.

Otro día nos referiremos a las honrosas excepciones.

Maestro Monreal

 

Maestro Marquina

Maestro Marquina

Maestro Montorio

Maestro Montorio

 

 

 

 

Suspiros de España-Partitura001

Casi todos convendrán en que el género de música popular español por excelencia es el pasodoble. Y no sé si una encuesta entre expertos tendría ahora el mismo resultado que la realizada por el semanario Nuevo Mundo en 1930 a varios compositores españoles, con motivo de la Fiesta del Pasodoble. Preguntados sobre las tres mejores piezas del género, la vencedora en el cómputo fue “Suspiros de España”, que obtuvo nueve votos, mientras que la segunda, “La Giralda”, quedose con cuatro. Los nombres de quienes la votaron otorgan más realce a esa decisión. Fueron: Manuel Penella, Francisco Alonso, Modesto Romero, Ricardo Villa, José María Acevedo, Federico Moreno Torroba, Rafael Calleja y Cayo Vela. Y veamos con qué se descolgó este último maestro nacido en Brea de Aragón:

 “Álvarez es para mí el Albéniz del pasodoble, armonizado maravillosamente y, como su título refleja, un sollozo en que se juntan de modo admirable el romanticismo y la elegancia”.

 El maestro Penella aún fue más explícito:

“Entre ese y los demás que se han escrito hay una grandísima diferencia. Diferencia de técnica, de sentimiento y de españolismo. Ningún otro pasodoble puede compararse a aquel, tan español, tan inspirado, tan perfecto y tan original”.

Y por cierto que Penella ya había homenajeado a su pasodoble favorito, cuando escribió “En tierra extraña” para Conchita Piquer, que la valenciana estrenaría en 1927. Como casi todos recordarán, la letra, después de describir la nostálgica cena de españoles en Nueva York, hacia el final, reza: “…mas, de pronto, se escuchó un gramófono sonar. ‘Callad todos’  -dije yo- y un pasodoble se oyó, que nos hizo suspirar”… A continuación suenan los acordes de “Suspiros de España”, con lo que la llantina es general.

El pasodoble por antonomasia fue una marcha –el origen del género-, que se estrenó sin letra en 1902. Mariano Sanz de Pedre cuenta que su autor, pianista y director de la orquesta del Café España de Cartagena, lo compuso en un descanso de su actuación, acuciado por los amigos de su tertulia, que discutían acerca de la inspiración y la técnica. El músico defendió esta última maestría y lo demostró escribiendo en una mesa del café la partitura en el transcurso de dos breves lapsos de quince minutos. Al final del programa, lo interpretó al piano. Cuando a la salida se discutió sobre la conveniencia de adjudicarle un título, fue la casualidad de pasar ante una pastelería que, como especialidad, tenía unos bartolillos o bocaditos de nata, la que decidió al maestro a bautizar su composición con el nombre que el confitero daba a su producto: “Suspiros de España”. Otros cuentan la misma historia cambiando los nombres del café –que sería La Palma Valenciana- y de la pastelería, que llevaría el nombre de la nación. Fuera como fuese, “Suspiros de España” quedó ahí, como rey del género.

 El compositor, Antonio Álvarez Alonso, había nacido en Martos (Jaén), el 11 de marzo de 1867. Huérfano muy pronto, un tío materno lo adoptó y, vistas sus aptitudes, a los nueve años lo envió a Madrid para ingresar en el Conservatorio, donde estudió armonía con Rafael Hernando, piano con Dámaso Zabala, órgano con Ignacio Ovejero y composición con el célebre maestro Arrieta, director a la sazón del Conservatorio.  En todas las asignaturas brilló y en seguida, empezó a trabajar como director de varias compañías de zarzuela y pianista de concierto, incluso llegó a acompañar en alguno de ellos al legendario Sarasate. Parece que el órgano era una sus mayores competencias como instrumentista. Durante un breve período, residió en las Islas Madeira como organista titular en la catedral de Funchal, pero no le debió probar el clima y pronto regresaría.

Álvarez Alonso, Antonio001

 Como la mayor parte de los músicos de su época, su principal dedicación como compositor se dirigió al triunfante género chico, para el que escribió varias decenas de obras, muchas de ellas en colaboración. Como director de una compañía de zarzuela llegó a Cartagena en 1897, donde decidió establecerse, ya que recientemente se había separado de su mujer, la aristócrata cántabra Gumersinda del Río Cevallos, matrimonio que resultó harto fugaz. En la ciudad murciana, disolvió la compañía y formó una orquestina con la que dio conciertos en el Café de la Marina y en el Café-Restaurante España. En 1902 ganó el primer premio del concurso de composición que se había convocado con motivo de la jura real, Marcha solemne para la coronación del rey Alfonso XIII, que fue estrenada el 24 de mayo de dicho año en el Teatro Real. Muy pocos días después, el 2 de junio, víspera del Corpus, la Banda de Infantería de Marina interpretaba “Suspiros de España” que, en su partitura, viene catalogada como “marcha popular” y está dedicada al ayuntamiento cartagenero.

 Apenas sobrevivió el maestro poco más de un año a su pasodoble ya que el 22 de junio de 1903 una angina de pecho se lo llevaba del mundo.

 La composición de Álvarez fue ganando terreno poco a poco. A partir de 1908 aparece frecuentemente en los programas de concierto como marcha para piano, denominación que conservará, pero, a partir de 1917 se la empieza a citar como pasodoble. Su despegue se produce en los años veinte en los que numerosas orquestas, bandas y pianistas lo incluyen en su repertorio. Fue la Banda Real de Alabarderos la primera en llevarlo al disco en 1909 pero hubieron de pasar diecinueve años para que apareciese otro registro. Fue al poco de la aparición de sus acordes en la citada composición de Penella cuando la Banda Municipal de Barcelona lo registró en una pizarra marca La Voz de su Amo (1928). Su popularidad es tal que Bodegas Los Ceas lanza un vino con su nombre: “Suspiros de España, el vino de las damas”. Y lo que es más pintoresco, a una de las primeras marcas de máquinas aspiradoras que se comercializaron en España a principios de los años treinta también se le otorga ese tan adecuado nombre.

 Supervía, ConchitaFue esta popularidad la que, seguramente, provocó que un sobrino del maestro Álvarez, con su mismo apellido le colocara una letra –la que comienza: “Siento en mí triste emoción”- , que grabó nada menos que la inmensa mezzosoprano Conchita Supervía en un disco Odeón  (SO7723 184289) registrado el 28 de mayo de 1932. Pese a la excelencia de la versión, mayor popularidad logró Estrellita Castro al cantarla en la película homónima rodada en Alemania por Benito Perojo, que se estrenó en España a finales de 1939. A partir de aquí, decenas de versiones: Lolita Sevilla, Paquita Rico, Rosita Ferrer, Manolo Escobar, Plácido Domingo –estos dos últimos con la letra original-, Rocío Jurado, Dyango, Rosa López, Diego El Cigala…

 Quiérase o no, “Suspiros de España” ha provocado hondas emociones a multitud de españoles, que, según muchos testimonios, se intensifican fuera de la patria. Desde que el 30 de diciembre de 1931 dos barbastrenses remitieran una carta al diario Heraldo de Madrid, proponiendo este pasodoble como himno nacional, otros muchos han pensado lo mismo y quien recurra a youtube verá que prosiguen los comentarios en esa línea.

Montero Alonso habló con conocimiento de la “suprema elegancia triste” de su música pero su capacidad de suscitar la emoción va más allá de la tristeza, la evocación y la elegía. Es, como la de Chopin o Satie, música del alma.

………………………………………………………………………………………………………………………..

Conchita Supervía, Suspiros de España 1932

 Fragmento del film homónimo en el que Estrellita Castro interpreta el pasodoble

Estrellita Castro001