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Cátulo González Bello (Buenos Aires, 6-VIII-1906 / Paso del Rey (Prov. de Buenos Aires, 19-X-1975).

Cátulo Castillo 1928

Nacido en pleno barrio de Boedo, entre San Juan y Castro Barros, se le impuso el nombre de Ovidio Cátulo[1]. Desde 1907 su padre, José González Castillo, hombre ilustrado y de ideas anarquistas, que había raptado sin matrimoniar a Amanda Bello, madre del artista, se consagró a la escritura de obras teatrales de carácter popular, aunque compaginaba esta labor con sus colaboraciones periodísticas –promovió una Tango de Juan Cianciarulovigorosa campaña anticlerical- y su profesión como corredor de comercio, por lo que en 1910 la familia hubo de asentarse en Valparaíso (Chile), escapando del peligro de ser encarcelado. Regresaron en 1913 para afincarse de nuevo en Boedo. Allí, Cátulo  terminó el bachiller, aprendió violín con Juan Cianciarulo, también compositor de tangos, y cursó piano en el Conservatorio de la capital. Sus cinco primeros tangos, con excelentes letras de su padre, fueron “Organito de la tarde”, compuesto a los diecisiete años, “Caminito del taller”, con letra propia de carácter social,  “Silbando”, “Acuarelita del arrabal” y “Juguete de placer”. Todos ellos llevados al disco por Gardel[2] muestran ya su categoría musical.

Castillo, Cátulo al piano en 1925

Como otros autores de tango, se aficionó al boxeo y llegó a ostentar el título del Castillo, Cátulo boxeadorpeso pluma en su etapa juvenil, además de ser preseleccionado para la Olimpiada de Amsterdam (1924). Compatibilizaba esta dedicación con el empleo en una empresa comercial donde seguía en 1925 y tocando el piano en el cine Nilo de su barrio. En este mismo año formó un trío con el que protagonizó varias actuaciones en Radio LOY. En 1926, pudo viajar a Europa y norte de África acompañado por su padre, gracias a los derechos de reproducción de sus ya exitosos tangos. Por su parte, abandonó el segundo apellido de su padre y quedose con el segundo, con el que, junto a su sonoro nombre, ya sería conocido.

En 1928, ya secretario de publicidad de la marca Odeón, había formado una orquesta que tocaba en el cine Splendid y, dado el éxito en España del trío Irusta, Fugazot y Demare, a través del industrial Manuel Gorina, se procuró unos contratos. A fin de año la orquesta viajaba a Barcelona, donde Cátulo fue entrevistado por El tango de moda. En ella se declaraba “muy satisfecho de la travesía y con una confianza ciega en su orquesta”. Ésta se completó rápidamente con Miguel Caló, Pablo E. Flores y Ricardo Malerba, como bandoneones; Carlos Malerba y Estanislao Savarese con los violines y Alfredo Malerba, más el propio Cátulo Castillo, al piano. Como cantor figuraba uno de los grandes, Roberto Maida, del que la citada revista diría en su número 14 del 19 de enero de 1929: “el único que, después de Gardel, supo traer a nuestra  patria los dulces aires de la nación hermana”. También había grandes elogios para Cátulo, a cuya orquesta la revista considera la mejor de las ”típicas”.  A finales de enero de 1929 se incorporaría, también como cantor, Juan B. Giliberti.

El debut europeo de la jovencísima formación se produjo en el Cabaret Excelsior el 16 de noviembre de 1928, actuando junto a la jazz-band del local, dirigida por Fusté y con Carlos Gardel y Enrique Cadícamo, como asistentes. Pasaron después al  Principal Palace y el 23 de diciembre la orquesta ofreció una actuación  en el Teatro Barcelona. Por entonces, había llegado a la Ciudad Condal José González Castillo, padre de Cátulo y, como el gran letrista que fue, ya presidente del círculo de Autores de Buenos Aires.

Cátulo Castillo, Orquesta 1

Tras las fiestas de Navidad, la orquesta actuó en Madrid, donde volvió a repetir el éxito, como en el resto de su gira española. Meses después lo haría en el salón Palermo  y otros lugares de Sevilla, con motivo de la gran Exposición Universal de la capital andaluza.

Viajó después a París, donde volvería a coincidir con Gardel. Regresó  a España, donde dos días antes de embarcar para la Argentina, la orquesta grabaría diez discos para la firma Odeón y Cátulo compraría libros de teatro ruso para su padre. En Madrid frecuentó las famosas tertulias de los cafés de la capital, especialmente, las de La Granja del Henar y del Prado.

Ya en Buenos Aires decidió perfeccionar sus estudios de armonía y composición pero, instado por la compañía del teatro Sarmiento comandada por Luis Bayón Herrera y Manuel Romero para volver a Europa en 1931, volvió a disfrutar del éxito en sus actuaciones. De nuevo en la Argentina, ejerció como profesor de música en el Conservatorio Municipal “Manuel de Falla” de la capital porteña en el que crearía la cátedra de bandoneón, que se otorgó a Pedro Maffia y del que más tarde sería director.

Castillo, Cátulo con su padre 0A partir de la muerte de su padre, el 22 de diciembre de 1937, Cátulo abandonó la interpretación y se dedicó únicamente a escribir. Desde entonces, muchas más letras que música. Entre los autores con los que colaboró figuran los grandes nombres de la música del tango: Pacho, Maffia, Troilo, Piana, Delfino, Demare, Charlo, Teisseire, Manzi, Sureda, Viván, Mores, Pontier, Olivari, Stamponi… 

Los años cuarenta y cincuenta constituyeron otra edad dorada en la calidad de sus composiciones, al tiempo que seguía cultivando el  periodismo y la literatura y se adhería al peronismo. En 1953 ocupó el Castillo, Cátulo con Peróncargo de presidente de la Comisión Nacional de Cultura. Fue también secretario y director de la Sociedad de Autores argentina (SADAIC) en varios periodos. La caída de Perón significó su ostracismo aunque conservó la dirección del Conservatorio y continuó con sus críticas teatrales en el diario Última hora.

Cinco meses antes del golpe de estado encabezado por el general Videla, Cátulo murió a consecuencia de un infarto. Poco antes había sido declarado Ciudadano  Ilustre de Buenos Aires y el Fondo Nacional de las Artes le había entregado el Gran Premio Anual.

[1] El registro no aceptó el nombre de Descanso Dominical, que pretendía imponerle el padre para celebrar la reciente imposición del mismo, por la que había luchado el Anarquismo.

[2] Le grabaría también “Aquella cantina de la ribera”, “Corazón de papel” y “La violeta”.

Castillo,Cátulo dedicada a Bruno

Principales composiciones:

“A Homero”, “Acuarelita de arrabal, “Adiós, te vas”, “Anoche”, “Arrabalera”, “Café de los Angelitos”, “Caminito del taller”, “Camino del Tucumán”, “Caserón de tejas”, “Circo criollo”, “Corazón de papel”, “Cristina”, “Desencuentro”, “Destino”, “Domani”, “El aguacero”, “El circo se va”,  “El patio de la morocha”, “El último café”, “Eufemio Pizarro”, “Invocación al tango”, “Juan Tango”, “Juguete de placer”, “La calesita”, “La cantina”, “La madrugada”, “La mulateada”, “La última curda”, “Luna llena”, “María”, “Mensaje”, “Mi moro”, “Música de calesita”, “Organito de la tarde”, “Papel picado”, “¿Para qué te quiero tanto?”, “Patio mío”, “Quien te ha visto y quien te ve”, “Responso malevo”, “Silbando”, “Sin ella”, “Sos de La Quema”, “Tango sin letra”, “Tinta roja”, “Tortura”, “Tu cariño”, “Una canción”, “Una vez”, “Viejo ciego”, “Y a mí ¿qué?”.

Grabaciones de su orquesta:

“Esta noche me emborracho”, “Invocación al tango”, “¡Qué vachaché!”,  “Lorenzo”,  “Voy pa’viejo”  “Chiqué”, “¡Che, papusa, oí!”, “Caminito del taller”, “Por el camino”, “Caminito”, “Retintín”, “Malevaje”, “Victoria”, “Cachadora”, Mamá… yo quiero un novio”, “Viejo ciego”, “¿Para qué volvés?”  (Odeón, 1929)

Otras creaciones de la orquesta:

“Sobre el pucho”, “Piedad”, “Insomnio”, “Malevaje”, “El carrerito” (el mayor éxito), “Mala junta”, “Chorra”, “El entrerriano”, “Ramona”,  “Suerte loca”, “Haragán”…

Obra literaria

Danzas argentinas (poemas), 1947.

El patio de la morocha (sainete), 1951

Tango en el Odeón (teatro)

La palabra del diablo (farsa para niños), 1959

Amalio Reyes, un hombre (novela), 1970.

                                                            BIBLIOGRAFÍA

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A Cátulo Castillo de Héctor Negro001

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