Posts etiquetados ‘Eugenio Noel’

Publicado en Cruces de bohemia, Zaragoza, UnaLuna, 2011, pp. 7-11.

El conocimiento de la bohemia española primisecular preocupa a los estudiosos desde hace no demasiado tiempo. Sin embargo, gran parte de nuestra mejor literatura tuvo que ver con ella y su existencia no es un referente pintoresco y marginal sino una tremenda realidad que, a veces, parece haber querido borrarse. Verdaderamente, y pese a la relativa cercanía en el tiempo, resulta muy difícil saber de sus circunstancias. Es cierto que los auténticos bohemios fueron a menudo retratados con pretensiones estéticas por parte de quienes los conocieron o como sujetos de anécdotas con que amenizar los libros de memorias o ficciones, pero sólo en casos muy aislados, como los de Valle-Inclán o Gómez de la Serna, se penetró en su enjundia.

Muchos de los textos en torno a sus chuscos sucedidos y vidas desgarradas pueden parecer hoy excesivos o exagerados, fruto más bien de una selección de episodios que de una realidad patente, pero cualquiera que haya deambulado por los barrios bajos o las tabernas españolas de hace no tantos años sabe que el pintoresquismo más atroz, la arbitrariedad, la miseria y el dolor elevado a chascarrillo eran pasto común, y quienes hayan cumplido los sesenta tendrán noticia de lo que significó el hambre para gran parte de los habitantes de la piel de toro y de los extremos a que puede llevar el sufrirlo. La historia de la humanidad no es fundamentalmente otra cosa que la historia del hambre. Y hasta hace cincuenta años un buen número de españoles lo vivía cotidianamente.

Muchos de los bohemios escribieron acerca de sí mismos y de su ambiente. Pero muy poco nos dejaron de su auténtica identidad. Pinceladas abruptas, un poco de conmiseración y algo de risa. Pero a esos bohemios los recordamos porque escribieron. Muy poco podemos reconstruir de su vida. Los retazos con que los pintaron sus contemporáneos son, como se dijo, impresiones o recuerdos recogidos de otras impresiones. Por ellos sabemos que pedían, bebían, olían y dormían en la calle o en tugurios peores que la calle. En suma, era gente paupérrima y arrostraban la certeza de que no iban a gozar ocasión para dejar de serlo.

Si la bohemia en sus inicios románticos estuvo vinculada a la poesía, a partir de la Restauración se agrupó en torno al periodismo, todavía muy superficialmente estudiado, entre otras causas, porque gran parte de aquellas publicaciones se ha perdido. Fueron principalmente los diarios republicanos promovidos en torno a Ruiz Zorrilla los que congregaron el mayor contingente de bohemios activos, aunque no faltaron en la prensa de otros colores. Cuando la tripa suena, parece que se abaten los escrúpulos. Pero, como no podía ser de otra manera, los bohemios constituían una curiosa amalgama de idealismo y picaresca. Ambas actitudes se fundían o se disgregaban, según la circunstancia impusiera mecanismos de solidaridad o necesidad. De cualquier modo, la bohemia española, sin ánimo de categorizar sus rasgos y periodos, tuvo mucho más de forma de vida que de patrón estético.

Es cierto que algunos de los bohemios aquí retratados vivieron, aunque fuera momentáneamente, el triunfo. Dicenta, a partir del estreno de Juan José, sin que ello significara ni mucho menos que variase su preferencia por el alcohol, la pendencia, el mujerío y los barrios bajos. Vidal y Planas, durante el corto periodo que corrió entre el éxito del estreno de Santa Isabel de Ceres y el asesinato de Luis Antón del Olmet. Retana tuvo una vida desahogada hasta la guerra civil pero sus amistades y preferencias sexuales le hicieron hurgar, aunque irónica y distanciadamente, en las espeluncas de la condición humana. El resto apenas salió nunca de la compañía de la indigencia y la urgencia de emplear el “sable”.

El nivel estético de sus producciones fue naturalmente diverso. De los aquí recogidos, Noel y Gálvez, excelentes escritores minusvalorados y siempre tratados con reticencia, han sobrellevado en su consideración crítica el estigma de su excentricidad y de su pobreza. Si todavía puede decirse que una gran mayoría de los escritores más notables del siglo XX español pertenecía a clases más o menos acomodadas, con todo lo que ello significa, la crítica en general poco hizo por reparar esa injusticia de base. El franquismo y las circunstancias del exilio coadyuvaron para que esa situación no se modificase. Joaquín Dicenta, tan famoso y posiblemente supervalorado en su tiempo, padeció en su prestigio la travesía del desierto que, durante los años inmediatamente posteriores, suele afectar al escritor que desaparece. Su virulento y sincero, aunque decimonónico, enfoque social propició que el franquismo derribase sus bustos y sepultase su obra bajo la socorrida losa del olvido. Retana fue un escritor de gran soltura y correcto estilo aunque cayó frecuentemente en facilidades y nunca le sonrió el genio. Sin embargo, su repercusión sociológica tampoco ha suscitado apenas atención. Pedro Barrantes y Vidal y Planas, a pesar de la abundantísima obra de este último, carecen de interés estético pero son el perfecto ejemplo de esa España descabellada, abrupta, feroz e inclasificable que da razón de nuestra historia.

Todos bebieron con voluntad, lo que, probablemente, costó la vida a Barrantes y Dicenta. Gálvez y Retana murieron de forma violenta; Noel, en la miseria. Contra toda probabilidad, fue Vidal y Planas el único que tuvo una muerte que podríamos calificar de corriente, aunque fuera en el exilio.

Prescindiendo de los memorialistas, que en sus libros de recuerdos utilizaron a los protagonistas de la bohemia para surtirse de anécdotas, los tratadistas de la crítica, salvo en los dos últimos lustros, se han acercado a ella armados de precaución y con toda clase de prevenciones. El polígrafo y arduo erudito Sáinz de Robles, que conoció y trató a muchos de estos escritores aunque fuera de modo superficial, tuvo el mérito inaugural de su reivindicación pero, hasta muchos años después de publicarse, sus libros fueron desatendidos. José Fernando Dicenta, que se aproximó a varios de estos pintorescos personajes por su parentesco con Joaquín y porque entre sus adláteres había quien los conoció personalmente, vio saldado su muy interesante libro sobre la bohemia. La crítica universitaria se acercó en principio a ella de manera tangencial. Zamora Vicente, en sus estudios acerca de Valle-Inclán y Andrés Amorós, en los que dedicó a Pérez de Ayala, hubieron sin embargo de tomarla en cuenta y a ellos debemos las primeras aportaciones. Allen Phillips, Iris Zavala, Manuel Aznar y Claire-Nicolle Robin siguieron desbrozando caminos. La publicación de las memorias de Cansinos y la reivindicación de figuras, en su día ya consagradas como las de Gómez de la Serna y González Ruano, comenzaron a poner de moda a esta turba de olvidados y en su creciente estima influyó la atención de escritores con eco público como Andrés Trapiello, Juan Manuel Bonet, Luis Antonio de Villena y Juan Manuel de Prada. Cada uno de ellos llegó a este puerto por razones particulares y específicas. Los primeros se los toparon con abundancia en sus correrías en pos de libros viejos. Villena, buscando coincidencias en una marginalidad que hoy ha dejado de serlo. El último, que nos ha dejado excelentes páginas afrontadas con voluntad literaria, probablemente, por razones estéticas. Sin que, por supuesto, podamos prescindir de un gusto común por lo desatendido y heterodoxo. Hoy día, con el interés, al fin, suscitado por las ediciones de Novela Corta -en el que, aparte de los mencionados, han tenido protagonismo gentes como Granjel, Lily Litvak, Abelardo Linares y Alberto Sanchez Álvarez-Insúa-, la atracción por el conocimiento de la bohemia ha aumentado, incluso existe una colección monográficamente dedicada a la misma. Pero, sin duda, falta la mayor parte del sendero por recorrer.

 Categorizar a la bohemia española prescindiendo de consideraciones estético-históricas es tarea inútil y condenada al fracaso. Una sociología de la bohemia tendría fronteras siempre gaseosas. Aceptando el común componente de la indigencia, sí puede decirse que Gálvez, Noel, Barrantes se incluyeron en ella por vocación. Buscarini y Vidal y Planas, por temperamento enfermizo. Otros bohemios con posibles se insertaron en sus filas por estética, como fue el caso de Hoyos y Vinent. Sin que faltase la erotofilia, caso también de Retana. Ya se habló de la pasión personal de Dicenta por el limo. No la tuvo Carrère, que se encontró con esta forma de vida en los cafés y se apuntó con todo tipo de prevenciones al cotarro, como quien se inscribe en una sociedad con la que no tiene mucho que ver pero que, sin darle mucho que cavilar, le resulta útil. Los dos grandes Ramones, si estuvieron en la bohemia fue, evidentemente, por amor al Arte que ellos, como nadie, ejemplificaban.

Los seis trabajos aquí reunidos, fruto de varios años de recogida de notas sin propósito específico y de la predilección del autor por estos tan extravagantes como, en su mayor parte, desdichados artífices, quieren dar una visión parcial, aunque en la medida de lo posible coherente, de este universo relativamente cercano en el tiempo pero tan lejano ya a nuestros usos y formas de vida. Los repertorios de obras y bibliografías no llegarán a exhaustivos, pero incrementan de forma sensible lo hasta ahora publicado sobre estos autores y, desde luego, pueden dar pistas para indagaciones posteriores que, probablemente, ya debían haber sido acometidas.

José San Germán Ocaña, Puerto Príncipe, Cuba, 3-XII-1887-Paracuellos del Jarama (Madrid), 7-11-1936.

San Germán Ocaña, San José

Hijo de Ricardo San Germán Alberdi, capitán de carabineros destinado en Cuba, es lógico pensar que volviera a España con su familia al terminar la guerra colonial. Realizó estudios de Medicina en Cádiz y de Filosofía y Letras en la Universidad de la capital.

 El joven San Germán comenzó sus labores de redactor de prensa en el diario  El Cantábrico de Santander, reclamado por quien fuera su fundador y director, José Estrañi y Grau. En esa ciudad publicó Perfiles y quijotadas, el primero de los dos breves e inencontrables libros con que daría comienzo su carrera literaria. En 1908 ya está en Madrid, donde frecuenta a Alejandro Sawa y alquila una buhardilla (Hortaleza, 94), en la que más de una noche alojaría a Eugenio Noel. En principio se mantuvo redactando coplas que vendía a tiendas y tabernas para anunciar sus productos. Una de ellas se hizo popular entre los periodistas madrileños: “Ni Pelayo en Covadonga / ni el rey godo don Witiza / han probado esta longaniza”.

 En 1909 lo encontramos asistiendo al descubrimiento de la lápida dedicada a Larra y, pronto, obtiene un puesto como redactor meritorio de sucesos en El Diario Universal. El novel periodista pertenecía al grupo de la Juventud Liberal, del que se separó en mayo de 1910 para formar una nueva agrupación, “Jóvenes liberales”. En 1911 ya es redactor fijo de El Diario Universal y un año después se afilia a la Asociación de la Prensa de Madrid y publica La jauría de amor, narraciones que la revista Gedeón calificó de pecaminosas pero “tres años tardías para la moda que establecieron Felipe Trigo y Joaquín Belda”. No obstante, el reseñista la considera superior a sus antecedentes. En julio de este mismo año de 1912 muere en Santander su padre, ya con el grado de coronel.

 Cansinos-Asséns, Rafael006En 1913 estrena su única obra para la escena, Los marinos de papel, calificada por sus autores como “estropicio cómico-ortopédico-particular”, pieza de cierta ambición que el público no apreció, según el comentarista de La Correspondencia de España, porque era obra llena de retruécanos y los gustos del público habían cambiado. Por entonces ya figura como redactor de ABC y es nombrado presidente de la junta directiva del Centro de Reporteros. Es el periodo en el que frecuenta a Cansinos-Asséns, que lo distinguió con su aprecio, como muestran las varias referencias que dedica al joven en sus tan ilustrativas como malévolas memorias. Por otra parte, los apellidos del periodista delatan un origen judío, que Cansinos estimaría. Así lo describe en los tiempos en que San Germán acababa de ingresar en ABC: “…un joven simpático, de aire arrogante, con un bigotillo incipiente y unos ojos más bien pequeños, llenos de impertinencia, discípulo de Sawa y amigo de emplear su léxico grandilocuente (I p. 271). Habla también de su talante mujeriego y provocador pero lo distingue con sinceros elogios: “Guapo, digno, con talento, con valor personal, sin esos vicios que arruinan un temperamento. ¿Cómo no triunfa este simpático San Germán?… Pues por eso mismo, porque es digno, altivo, noble… en este país de hampones, pícaros y advenedizos encumbrados y crueles con el talento del escritor” (II p. 311).

El 4 de octubre de 1914 contrajo matrimonio con Pilar Zorrilla Yárritu, hija del director de la fábrica de la Compañía Colonial y sobrina de los condes de Zorrilla, que le daría cuatro hijas, María del Pilar, Manolita, Josefina y Milagros.

En la etapa de su trabajo en ABC publicó una novela, Mamá Rocío, y emprendió una campaña para la erradicación de la tuberculosis que, en las décadas precedentes había tronchado la vida de una gran cantidad de periodistas

En un arranque de dignidad y en protesta por las condiciones de trabajo, San Germán abandonó ABC e intentó sin éxito vivir de la pluma. En 1919 hubo de entrar en La Acción, uno de los muchos diarios dirigidos por el canario Delgado Barreto, que tendría un fin muy parecido al de San Germán Ocaña. También, un hermano del periodista, Ricardo San Germán, guardia de seguridad en Barcelona, murió el día de Reyes de 1920,  a resultas de un atentado sindicalista contra el presidente de la patronal, Manuel Graupera.

Desaparecida La Acción en 1924, al año siguiente Manuel Delgado Barreto funda  La Nación, otro San Germán Ocaña Memorias de una pulga003periódico conservador, órgano oficioso de la Dictadura; San Germán será su redactor jefe y, poco después, será elegido vocal de la junta directiva de la Asociación de la Prensa de Madrid.  Entretanto, había publicado otra novela, La ruta de los cautivos y escrito Memorias de una pulga que no fue editada hasta 1933, más de diez años después de su redacción y de la que se habían publicado fragmentos en varias publicaciones. Se trata de una novela corta de carácter satírico, ilustrada por Bon, que se completa con otras dos muy breves narraciones, “El ilustre Berenjena” y “Los intrigantes de la oficina”, también ya publicadas en prensa.

Durante la República, fue elegido Vicepresidente del Sindicato Autónomo de Periodistas (1934) se afilió a la Falange y viajó, con otros periodistas invitados por Mussolini, a Italia, donde tomó notas para el que fue su último libro: Judíos, masones y marxistas contra Italia (Declaración jurada de un periodista).

Tras estallar la  Guerra Civil, fue detenido en Madrid, preso en la  cárcel Modelo y asesinado en Paracuellos del Jarama el 7 de noviembre de 1936. En la gran saca fueron también víctimas Delgado Barreto (desaparecido) y dos periodistas de El Debate, Emilio Carrascosa y Agustín Solache. Según la esquela que las hijas de José San Germán publicaron en ABC en el 50 aniversario de su muerte, fue enterrado vivo. Sólo ellas han reivindicado su memoria.

San Germán Ocaña Esquela

 

                                                                    OBRAS

-Perfiles y quijotadas (versos), 1902.

-De la propia historia (novela corta), s. f.

La jauría del amor, Madrid, A. Marzo, 1912.

Los marinos de papel (estropicio cómico-ortopédico-particular en tres actos, en colaboración con E. Cerezo Irizaga, estrenado en el teatro Álvarez Quintero el 23 de diciembre de 1913), Madrid, S.A.E., 1913.

Mamá Rocío. (Dietario de un hombre vulgar), Madrid, Felipe Peña Cruz, 1915.

Periodismo y tuberculosis. Solución inicial al problema del sanatorio (conferencia dada en la Asociación de la Prensa de Madrid, el día 25 de Marzo de 1916), Madrid, González y Giménez, 1917.

La ruta de los cautivos, Madrid, Mundo Latino, 1920.

San Germán Ocaña La ruta de los cautivos002

Memorias de una pulga (novela humorística), Madrid, Gráficas Carrozas, 1933. Il. de Bon.

Judíos, masones y marxistas contra Italia (Declaración jurada de un periodista), Madrid, Gráficas Fénix, 1935.

San Germán Ocaña_ Judíos, masones

                                                                BIBLIOGRAFÍ A

-A. R. T., “Reseña” de Memorias de una pulga, ABC, 18-VI-1933.

-CANSINOS-ASSÉNS, Rafael, La nueva literatura (1898-1900-1916) Primer volumen, Madrid, V. H. de San Calleja, s. f. (191?).

-, La novela de un literato, 2 y 3, Madrid, Alianza Tres, 1985 y 1995.

-CASARES, Julio, “La ruta de los cautivos” en, Crítica efímera, Madrid, Espasa Calpe, 1962, pp. 186-191.

-EL ABATE MARCHENA (Seudónimo de Cristóbal de Castro), “Reseña” de La jauría del amor, Heraldo de Madrid, 14-V-1912.

-GONZÁLEZ RUANO, César, “Reseña” de Judíos, masones y marxistas contra Italia, ABC, 28-II-1936.

-L.A.C., “Una tesis sobre la voluntad. La ruta de los cautivos”, La Época, 14-X-1922.

-MIRABAL, “Reseña” de Judíos, masones y marxistas contra Italia, El Siglo Futuro, 4-XII-1935.

-RAMÍREZ TOMÉ, A. “Reseña” de Judíos, masones y marxistas contra Italia, ABC, 19-XII-1935.

-SANZ Y DÍAZ, José, Escritores asesinados por los rojos (2ª ed.), Madrid, Publicaciones Españolas, 1959, pp. 22-23.

Sanz_Escritores asesinados por los rojos004

-TORRES DEL ÁLAMO, Ángel y Antonio ASENJO, Mil y una anécdotas de gente conocida, Madrid, Ediciones Españolas, 1940, p. 164-165.

San German_05San German_06San German_01San German_04