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Realizada por Manuel Galeote, Analecta Malacitana, revista de la Universidad de Málaga, AnMal Electrónica 42 (2017) M. Galeote ISSN 1697-4239.

Javier Barreiro es autor de innumerables publicaciones, como su monumental Diccionario de autores aragoneses contemporáneos (1885-2005) (Zaragoza, Diputación Provincial, 2010), en el que invirtió varios lustros. En su trayectoria investigadora, sobresale el esfuerzo por rescatar las figuras de la bohemia finisecular, la galería de escritores raros y olvidados de principios del XX, así como la discografía española más antigua. Ha reivindicado a los autores heterodoxos y que han antepuesto el alcohol, las drogas o la muerte a la literatura y la vida. Su infatigable rastreo de pistas bio-bibliográficas sobre ellos ha fomentado su dedicación constante a la bibliofilia y al coleccionismo de publicaciones periódicas, revistas, partituras o registros sonoros, incluidos los cilindros de cera, las pizarras monofaciales y cualquier otro soporte. Tiene en prensa dos libros que verán la luz en el último cuatrimestre de 2017, Alcohol y Literatura (en Ediciones Menoscuarto) y una edición de La Cochambrosa, la primera y hasta ahora desconocida novela del malagueño Pedro Luis de Gálvez (1882-1940), que publicará Renacimiento.

                                   «La bohemia española tuvo mucho más de forma de vida que de patrón estético»

Manuel Galeote: En los albores del siglo XX, tras el Desastre colonial de 1898, antes de la Primera Guerra Mundial, ¿encuentras en España un mundo literario lleno de bohemios? En tus libros, por ejemplo, Cruces de Bohemia (2001) y Galería del olvido (2001), ¿cómo se presentaba esa galería de escritores bohemios?

Javier Barreiro: Muchos de los bohemios escribieron acerca de sí mismos y de su ambiente. Pero muy poco nos dejaron de su auténtica identidad. Pinceladas abruptas, un poco de conmiseración y  algo de risa. Pero a esos bohemios los recordamos porque escribieron. Muy poco podemos reconstruir de su vida. Los retazos con que los pintaron sus contemporáneos son impresiones o recuerdos recogidos de otras impresiones. Por ellos sabemos que pedían, bebían, olían y dormían en la calle o en tugurios peores que la calle. En suma, era gente paupérrima y arrostraban la certeza de que no iban a gozar ocasión para dejar de serlo. Si la bohemia en sus inicios románticos estuvo vinculada a la poesía, a partir de la Restauración se agrupó en torno al periodismo, superficialmente estudiado, entre otras causas, porque gran parte de aquellas publicaciones se ha perdido. Fueron principalmente los diarios republicanos promovidos en torno a Ruiz Zorrilla los que congregaron el mayor contingente de bohemios activos, aunque no faltaron en la prensa de otros colores. Cuando la tripa suena, parece que se abaten los escrúpulos. Pero, como no podía ser de otra manera, los bohemios constituían una curiosa amalgama de idealismo y picaresca. Ambas actitudes se fundían o se disgregaban según la circunstancia impusiera mecanismos de solidaridad o necesidad. De cualquier modo, la bohemia española, sin ánimo de categorizar sus rasgos y periodos, tuvo mucho más de forma de vida que de patrón estético.

MG: Los bohemios se marcharon… Recuerdo tu libro Un hombre que se va… Memorias de Eduardo Zamacois (2011). ¿Por qué leer a Zamacois en el siglo XXI?

JB: Nadie mejor situado que Zamacois para darnos una crónica histórica, sociológica y literaria del siglo que le tocó vivir. Sobre todo literaria, porque estuvo en el centro, como testigo y en abundantes ocasiones como protagonista, de muchos de los acontecimientos más significativos de su tiempo. Zamacois fue protagonista y testigo del problema cubano y los pujos regeneracionistas de toda una época, coetáneo del modernismo, que si estéticamente le tentó poco, hubo de vivir con intensidad en sus años de redacciones y bohemias. Si decimos bohemia, Zamacois conoció y trató a todos sus servidores, desde aquellos con pretensiones de exquisitos hasta los más zarrapastrosos y desmandados, como Pedro Barrantes. Vivió, ¿cómo no?, en París, durante unos años. Dirigió la revista sicalíptica más popular de su tiempo, La Vida Galante, y no es de destacar aquí la relevancia que en la vida, la música y el teatro español tuvo esta apertura de mentes y costumbres traídas por el entorno teatral y periodístico de lo que se llamó sicalipsis. Respecto al protagonismo del escritor pinareño en la fundación de un subgénero literario como el que constituyeron las colecciones de novela corta, tan fundamental en la España de sus tres décadas (1907-1936) literariamente más importantes de los últimos siglos, es asunto al que ya se le han dedicado libros y que, venturosamente, los estudiosos están poniendo en los últimos tiempos en su merecido lugar. A Zamacois no le bastó con ello sino que fue, junto a Felipe Trigo, el más influyente de los novelistas eróticos de su tiempo; conoció y visitó América, al fin su continente natal, tanto y tan bien, que muy pocos escritores españoles pueden igualarlo y aquí habría que citar al eximio y desdichado Eugenio Noel. El arte por antonomasia del siglo XX, el cine, no le pasó inadvertido y tuvo un contacto directo con él, como bien nos explican esas memorias que edité, junto a Barbara Minesso, y se publicaron en Renacimiento. Lo tuvo, igualmente, con otro de los fenómenos tan propios del siglo como fue la radiofonía. Y, en sus últimos años en la Argentina, también con la televisión.

MG: ¿Es esto todo lo que podemos subrayar de Zamacois?

JB: Claro que no. En sus 98 años de peripecia vital —en 2008 se cumplieron ciento veinticinco de su nacimiento— asistió a la guerra de 1936-1939, sobre la que nos dejó una novela, El asedio de Madrid, y dos libros de crónicas, vivió después un largo destierro, con regreso y, tras el toque de chufa, renovada escapatoria, al estilo de Max Aub. Todavía en su exilio y con muchos años a cuestas, tuvo oportunidad de conocer y trabajar en Hollywood y, en fin, un montón de cosas más, de las que sus memorias dan cuenta.

                                                              «Hay centenares de escritores olvidados que merecerían una atención»

MG: ¿Nos hemos olvidado hoy, un siglo después, de aquellos grandes bohemios?

JB: Prescindiendo de los memorialistas, que en sus libros de recuerdos utilizaron a los protagonistas de la bohemia para surtirse de anécdotas, los tratadistas de la crítica, salvo en los dos últimos lustros, se han acercado a ella armados de precaución y con toda clase de prevenciones. El polígrafo y arduo erudito Sáinz de Robles, que conoció y trató a muchos de estos escritores aunque fuera de modo superficial, tuvo el mérito inaugural de su reivindicación pero, hasta muchos años después de publicarse, sus libros fueron desatendidos. José Fernando Dicenta, que se aproximó a varios de estos pintorescos personajes por su parentesco con Joaquín y porque entre sus adláteres había quien los conoció personalmente, vio saldado su muy interesante libro sobre la bohemia. La crítica universitaria se acercó en principio a ella de manera tangencial. Zamora Vicente, en sus estudios acerca de Valle-Inclán, y Andrés Amorós, en los que dedicó a Pérez de Ayala, hubieron sin embargo de tomarla en cuenta y a ellos debemos las primeras aportaciones. Allen Phillips, Iris Zavala, Manuel Aznar y Claire-Nicolle Robin siguieron desbrozando caminos. La publicación de las memorias de Cansinos y la reivindicación de figuras, en su día ya consagradas, como las de Gómez de la Serna y González Ruano, comenzaron a poner de moda a esta turba de olvidados y en su creciente estima influyó la atención de escritores con eco público como Andrés Trapiello, Juan Manuel Bonet, Luis Antonio de Villena y Juan Manuel de Prada. Cada uno de ellos llegó a este puerto por razones particulares y específicas. Los primeros se los toparon con abundancia en sus correrías en pos de libros viejos. Villena, buscando coincidencias en una marginalidad que hoy ha dejado de serlo. El último que nos ha dejado excelentes páginas afrontadas con voluntad literaria, probablemente, por razones estéticas. Sin que, por supuesto, podamos prescindir de un gusto común por lo desatendido y heterodoxo. Hoy día, con el interés, al fin, suscitado por las ediciones de Novela Corta —en el que, aparte de los mencionados, han tenido protagonismo gentes como Luis S. Granjel, Lily Litvak, Abelardo Linares y Alberto Sánchez Álvarez-Insúa—, la atracción por el conocimiento de la bohemia ha aumentado, incluso existió una colección monográficamente dedicada a la misma. Pero, sin duda, falta la mayor parte del sendero por recorrer.

MG: ¿Hay algún bohemio al que creas que todavía no conocemos ni hemos leído? Es decir,¿existe una galería de lecturas pendientes?

JB: Bohemios o burgueses, en la llamada Edad de Plata, término que, aunque con límites temporales algo más amplios, no acuñó, como se cree, Mainer, sino Giménez Caballero, hay centenares de escritores olvidados que merecerían una atención. Quizá haga falta un diccionario con una bibliografía, al menos aproximativa, que facilite y encamine la tarea de futuros investigadores, pero allí hay un filón para tesis y trabajos monográficos.

MG: Los bohemios llegaron desde Aragón, Andalucía, etc. a Madrid, y llevaron una vida llena de dificultades. ¿Hay algún paralelismo con la situación de hoy? Por ejemplo, es difícil encontrar editoriales, público, aparecer en los medios de comunicación, etc.

JB: Sociológicamente son dos épocas muy diferentes. Aquel periodo sí que se parece al actual en la cantidad de innovaciones que afectaron a la vida cotidiana. En la época de intersiglos, la electricidad, el teléfono, el automóvil, el fonógrafo, el cine, el agua corriente, las vacunas, el  movimiento obrero y cien cosas más. Hoy, todo lo relacionado con la informática y el mundo digital. En cuanto a la dificultad de editar, ayer y hoy se editaba demasiado. En el sentido de que accedían y acceden a las librerías una gran cantidad de obras que no han pasado por el tamiz de una mediana exigencia.

MG: Desde el punto de vista del mercado, los libros sobre los bohemios, raros y olvidados ¿siguen vendiéndose? ¿Despiertan interés hoy? ¿Quién los lee?

JB: Despiertan un relativo interés porque es un mundo pintoresco y, como se dijo, no muy conocido, pero siempre minoritario. Supongo que los leen profesores, estudiantes, dilettantes y los bichos raros que, afortunadamente, nunca faltan.

MG: En Aragón, gracias a Latassa y hoy gracias a tu Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005), se cuenta con una Biblioteca de autores de esa región española.¿Qué has aprendido durante la elaboración? ¿Cuáles son as dificultades de una obra erudita de ese tipo? ¿Qué se quedó fuera del Diccionario? ¿Habrá una edición electrónica?

JB: Siempre había hecho yo fichas y reunido bibliografía de autores aragoneses contemporáneos, además de muchos otros que no son aragoneses de nacimiento. Con este material empecé el trabajo, pero en los años de elaboración fatigué bibliotecas, repertorios, bibliografías y, evidentemente, aprendí muchísimo. También aprendí sobre el horror de la burocracia, la informalidad de la gente y mil cosas más, que dan para una conferencia. Las dificultades fueron enormes y menos mal que decidí modificar el primer proyecto, en el que pensaba encargar las voces de los escritores más importantes a especialistas en los mismos. Si lo hubiera hecho así, aún no estaría publicado. Con la colaboración de un ayudante, redacté personalmente las casi 1800 voces con la obra completa y la bibliografía de los autores.
Desde que entregué a la imprenta el Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005), a principios de 2010, no llega a veinte el número de autores que he encontrado después. Por cierto, que en el Diccionario se daba un correo para que, si alguien sabía de algún autor que no se hubiera incluido, me lo comunicase. Hasta el momento, no he recibido ni una sola indicación.
No sé si habrá edición electrónica. Fue un encargo institucional y ésa era la intención, además de enriquecerlo con una iconografía, pero nos encontrábamos en medio de la crisis y no estaban las cosas para alegrías. Sería sencillo acometer esa edición. El copyright me pertenece, así que, si hay quien la financie, no tiene más que ponerse en contacto conmigo.

MG: ¿Cómo ves el futuro de los libros electrónicos, los que no se manchan con el café de la taza derramada, ni con el ron? Los que no arden en la chimenea (algún maestro se jactaba de usar los de jóvenes poetas que recibía como regalo y con los que alimentaba su chimenea). Los libros que no son libros, pues se leen en pantallas retroiluminadas. Son libros que resplandecen como las luciérnagas, como Luces de bohemia.

JB: Quienes amamos tanto el papel, tenemos una comprensible resistencia ante las innovaciones en este terreno, pero reconocemos sus ventajas, sus posibilidades, su necesidad… y, además, sabemos que pueden convivir perfectamente estos y otros formatos. Yo utilizo el e-book para leer en la cama. No pesa, no molestas con la luz encendida a la compañía, si la hay, aparte de las ventajas técnicas que todo el mundo conoce.

  «Valle-Inclán sería considerado como el escritor español más importante incluso de todo el siglo XX»

MG: ¿Cuál es el legado hoy de Valle-Inclán? ¿Nos iluminan los resplandores de Luces de bohemia o se han apagado?

JB: Casi hasta los años sesenta del siglo XX, Valle-Inclán era considerado, sobre todo, como un excéntrico —lo que es verdad— sujeto activo de anécdotas y demasías. Afortunadamente, han cambiado las cosas y estoy seguro de que, si se hiciera una encuesta hoy, sería considerado junto a García Lorca, como el escritor español más importante de la primera mitad del siglo XX e, incluso, de todo el siglo. La bibliografía sobre él resulta inabarcable y su obra está perfectamente editada. Para mí es, junto a Quevedo, el gran maestro de la lengua española.

MG: ¿Entre los escritores de Aragón, qué puedes decirnos de los dramaturgos?

JB: Puedo decir muy poco. Aragón ha destacado literariamente en el ensayo, el periodismo o la investigación. Hay pocos poetas de calidad y menos dramaturgos. En cuanto a novelistas, salvo la cumbre de Ramón J. Sender y el casi desconocido fuera de Aragón, Braulio Foz, autor de la Vida de Pedro Saputo, que Menéndez y Pelayo denominó el Quijote aragonés, tampoco hay abundancia, aunque en este momento hay autores de calidad como Ignacio Martínez de Pisón o José María Conget. Los dramaturgos aragoneses dignos de citarse en el último siglo son pocos; el más importante, sin duda, Joaquín Dicenta, el inventor y la cumbre del teatro social y obrero en la España de intersiglos. Podemos citar también a Marcos Zapata, con obras de gran éxito en la segunda mitad del siglo XIX, Muñoz Román, el principal libretista de la revista musical, bilbilitano, como Dicenta, y Alfredo Mañas y Alfonso Plou, en los últimos decenios. Cosecha escasa.

MG: Hay también otra pregunta que siempre te habrán formulado: ¿quiénes han sido las escritoras aragonesas? ¿Quiénes escriben en Aragón después de 1939?

JB: Pocas y mal conocidas, al menos hasta los años ochenta, en los que empiezan a proliferar. Yo citaría a una poeta, no diría que olvidada porque nunca tuvo éxito, pero para mí es la mejor lírica aragonesa del siglo XX. Se llama Sol Acín (1925-1998) y fue hija del artista libertario Ramón Acín, asesinado al comienzo de la guerra. De las muchas que están vivas, habrá que esperar unos lustros para separar el grano de la paja.

MG: Te has interesado por las tradiciones musicales y artísticas, culturales en definitiva, de Aragón. Desde tus Antiguas grabaciones fonográficas aragonesas (2010) hasta la jota (La jota ayer y hoy, 2005), las cupletistas aragonesas (Siete cupletistas de Aragón, 1998), las actrices (Mujeres de la escena, 1996), etc. has mostrado que la literatura popular, la lengua, la música y el arte forman unas tradiciones cuya biografía te fascina (Biografía de la jota aragonesa, 2013). ¿Cómo se llegó a este desarrollo espectacular y cómo pervive en la actualidad? ¿Se conoce fuera de Aragón o crees que necesita proyectarse más a España y el mundo?

JB: Después de los primeros libros de poemas y cuentos, en seguida empecé a publicar sobre el tango, luego, sobre el cuplé, con la biografía de Raquel Meller, la copla, la zarzuela, la fonografía, etc., hasta llegar a la jota. El primer libro sobre ella, del año 2000, fue un encargo. Entonces la jota aragonesa estaba en un mal momento, pero el siglo XXI ha significado un inesperado renacimiento. Los intelectuales aragoneses, al contrario que los andaluces con el flamenco, nunca prestaron atención a la jota, sino que la denostaron. Apenas hay bibliografía y la universidad la ha marginado absolutamente. No conozco un solo trabajo surgido de ella. Como pasó con la canción española, la confundieron con el franquismo cuando el origen del baile se pierde en la noche de los tiempos y la documentación de la música y el canto es incluso anterior al flamenco, pero, a partir de 1850, los dos géneros tienen trayectorias similares. En el siglo XIX escriben jotas aragonesas casi todos los compositores españoles, pero también Liszt, Glinka, Saint-Saëns… A finales del siglo XIX estaba en la cumbre del éxito y la jota no faltaba en el género lírico. Algunas de ellas (las de El dúo de La Africana, La Dolores, Gigantes y cabezudosEl guitarrico…) se hicieron justamente famosas. En la primera mitad del siglo XX casi todos los grandes ballets españoles llevaban la espectacular «jota de Zaragoza», como número final, y ha habido grandes intérpretes masculinos y femeninos a lo largo del siglo pasado. Pero, a causa de este cuestionamiento por parte de los detentadores del poder cultural, la jota pasó de moda y, prácticamente se conservó gracias a que supervivió en el pueblo y en los pueblos, hasta principios del siglo XXI.

«Los intelectuales aragoneses, al contrario que los andaluces con el flamenco, nunca prestaron atención a la jota, sino que la denostaron»

Alguna responsabilidad en ese renacimiento tuvo la serie de libro-discos y espectáculos “La jota ayer y hoy”, tan bien recibida; los programas televisivos, que hoy nutren la afición jotera, con excelentes réditos para unos y otros; la difusión lograda por las nuevas formas en el canto y en la danza sustentadas por artistas como Carmen París y Miguel Ángel Berna; y me gustaría pensar que también los diez mil ejemplares distribuidos del librito de la serie CAI-100 que me encargó el maestro Guillermo Fatás y que es donde por primera vez se trata la jota desde otra perspectiva y se escriben algunas de las cosas que ahora estoy estampando.Pero ya digo que la responsabilidad principal debe otorgarse a quienes, en los tiempos duros, siguieron manteniendo, cantando, bailando y defendiendo la jota, a despecho de las circunstancias. Me refiero, sobre todo, al ámbito rural aragonés de las tres provincias. A los pueblos, hablando en plata. Sus gentes, sus grupos, rondallas y su entorno social siguió teniendo a la jota por bandera y siguió sintiéndola, cantándola, haciéndola transmisora de sus gozos y de sus sombras y, sobre todo, de su forma de entender y afrontar la vida. No podemos olvidar, sin embargo, a los de adentro y a los de afuera. A los grupos zaragozanos que, rodeados de incomprensión y con bajas cada vez más numerosas, no se desmoralizaron y aguardaron tiempos mejores, a los maestros como Jacinta Bartolomé, María Pilar de las Heras o Jesús Gracia, que conservaron y transmitieron la excelsitud en la interpretación y el bien sentir, lo mismo que sucedió con la escuela oscense. Y, en cuanto a los de afuera, a grupos de las Casas de Aragón en otras provincias y, todavía con más dificultades, las de allende las fronteras, emocionantes trasuntos de lo aragonés en tierra ignota.
Con todo esto, hoy la recepción social del género se ha normalizado, incluso se ha prestigiado aunque, como no podía ser de otra manera, queden resistencias y también, ¿por qué no decirlo?, haya elementos jotistas que merezcan esa resistencia. Lucar contra los tópicos de uno y otro lado sin caer en la barata descalificación es fundamental. Sabiendo separar el grano de la paja, hay que aceptar lo tradicional y lo innovador: lo religioso, lo patriótico y lo libertario; lo basto y lo cursi y lo que algunos llaman zafio y otros, jotas de bodega. También, poner en el candelero y en el mercado la jota y aceptar su evolución, como ha hecho el flamenco, y por este camino van las propuestas creativas de gentes como Alberto Gambino. Otra cosa es lo que guste a cada uno. De cualquier manera, no estaría de más no tomarse las cosas muy a la tremenda y echarle el humor que rezuman muchas coplas del género. Humor, expresionismo y autocuestionamiento, que son también rasgos en los que se identifica cualquier aragonés.

                                                            «Soy disperso por naturaleza, y además ansioso»

MG: Como escritor, ensayista, historiador, profesor, investigador, ¿qué faceta de tu actividad te resulta más grata y más atractiva? ¿Cuál es la que te vampiriza? Después de aquella “Entrevista con los vampiros” (2004), ¿crees en los vampiros y en las vampiresas? ¿Cómo serían las vampiresas aragonesas?

JB: Yo soy disperso por naturaleza, y además ansioso. Tengo necesidad vital de pasar de un género a otro, de lo culto a lo popular, de la música a la literatura, de la investigación a la creación… Efectivamente, para mí, en la variedad está el gusto. Y no sólo creo en los vampiros sino que me consta que abundan: los que se aprovechan de tus trabajos sin citarte, los que directamente te copian, los que creen que los escritores tienen que trabajar gratis, los envidiosos que buscan arrinconarte para destacar ellos… Una auténtica caterva de vampiros nocturnos, rapaces diurnos, cocodrilos en el río, tiburones en el mar y hienas de tierra firme. Procuro olvidarlos y bien sé que ellos prefieren no cruzarse conmigo. En cuanto a las vampiresas, no les pregunto si son aragonesas, procuro quedarme a solas con ellas y que me enseñen cosas y sus cosas.

MG: Hubo una actriz malagueña, que a lo mejor cantó alguna jota, llamada Pepa Flores, pero más conocida como Marisol. Tuviste la oportunidad de escribir su biografía (1999). ¿Es una biografía que siga reeditándose? ¿Se venden bien las biografías femeninas? ¿Crees que la biografía está desplazando a la novela en cuanto a ventas de las editoriales? ¿Hay un auge de la biografía?

JB: Marisol cantó jotas ya en sus películas de niña. Mi biografía, Marisol frente a Pepa Flores, se agotó pero, por causas que desconozco, no se reeditó. Luego Antena 3 me compró los derechos y rodó una serie basada en mi libro. Las biografías femeninas están de moda y cada vez se venden mejor, de lo que me alegro porque hasta hace pocas décadas la biografía era un género muy poco cultivado en España.

MG: Ya que también has publicado guías de Zaragoza (2003 y 2007), ¿qué nos recomiendas a los que no conocemos estas tierras aragonesas? ¿Por dónde empezar nuestra visita y cómo planificar nuestros recorridos? ¿Conviene hacer un viaje en la vida a Zaragoza y Aragón o, mejor, un viaje cada año?

JB: Salvo el Pirineo, la ciudad de Zaragoza y algún lugar aislado, como el Monasterio de Piedra o Albarracín, Aragón se conoce mal y es una pena, porque, como ocurre en casi toda España, a pesar de lo mucho que la especulación y la desidia han destruido, está llena de parajes maravillosos y, además, solitarios, de hermosísimos edificios civiles y religiosos, de una bellísima arquitectura popular. Ahí van unas cuantas propuestas:

-La airosa esbeltez de la iglesia mudéjar de Santa María, dominando el casco urbano de Calatayud.
-La recoleta naturalidad y violenta belleza de la obra humana, como es el núcleo urbano de Alquézar en un paraje incomparable.
-El misterio, proporción y sobria originalidad del románico integrado en el entorno de la iglesia de Santiago en Agüero al lado de los espectaculares Mallos de Agüero, muy cerca de los más famosos de Riglos.
-Las iglesias mozárabes del Serrablo, una auténtica sorpresa para quien no las conozca, por ejemplo, San Bartolomé de Gavín en otro paraje maravilloso.
-La bellísima portada que integra arte, historia y mito del ayuntamiento de Tarazona, ciudad que es toda una joya, como su comarca del Moncayo.

-La Seo del Salvador, resumen artístico de la capital de Aragón.
-Los conjuntos monumentales de Albarracín o Daroca, que fascinan y asombran desde sus mi  perspectivas.
-La fusión de la tierra, la piedra roya y el hombre en el castillo de Peracense, esencia montaraz de Aragón.
Y dejo aparte los cientos de paisajes incomparables, porque no quiero pecar de patriotero.

                                                      «He dedicado muchas horas de mi vida a Sender»

MG: ¿Y qué queda en su tierra aragonesa de R. J. Sender, del Maestro Montorio o de Raquel Meller?

JB: Al que se le ha dedicado más atención (y con justicia) es al novelista. Hay un llamado Proyecto Sender, inserto en el Instituto de Estudios Altoaragoneses, que congrega la muy amplia bibliografía e información que va surgiendo sobre él. Se han publicado bastantes libros, se han organizado congresos, se lee en los institutos su obra, etc. Desde que a los 17 años devoré Las criaturas saturnianas, le he dedicado muchas horas de mi vida. Creo que he leído toda su obra publicada y muchos libros acerca de él. He escrito bastantes artículos académicos y periodísticos acerca de su obra, he descubierto textos periodísticos desconocidos de diversas épocas, su primer cuento, sus guiones para lo que hoy llamaríamos novela gráfica, Cocoliche y Tragavientos, he dado decenas de conferencias sobre su obra, edité un libro con una antología de los artículos que sobre él escribió Francisco Carrasquer, el máximo senderiano… Hasta me otorgaron a los 21 años el primer Premio Sender de Periodismo que se convocó. Por cierto que Sender, entonces, metió la pata augurándome en público un brillante porvenir.
Al maestro Montorio no lo conoce apenas nadie y, junto a Quiroga y Monreal, forma el trío de grandes compositores de la música popular española del siglo XX. Su trascendencia estriba en la gran cantidad de canciones y música de obras de teatro y cine que acometió a lo largo de suvida. Muchas de ellas permanecen en el imaginario popular. Considérese que empezó muy joven y tuvo tiempo de tocar todos los géneros. Entre 1930 y 1977, Montorio puso música a unas ciento treinta obras de teatro lírico. Fue el heredero de los maestros Alonso y Guerrero en el género de la revista. Alonso fue el rey entre 1925 y 1940, Guerrero tomó el relevo y, a su muerte, en 1951, Montorio se convirtió en el principal suministrador de música teatral. Sólo en los años cincuenta estrenó más de cuarenta obras. Su capacidad de trabajo fue asombrosa: componía canciones para los artistas, extensas partituras para el teatro musical y el cine y, frecuentemente, dirigía él las orquestas en los teatros en que se interpretaban sus obras. También realizó muy numerosas partituras publicitarias para la radio y, después, para la televisión, muchas de las cuales figuran en el libro-disco Maestro Montorio, que publiqué en 2004. La más recordada tal vez sea la que anunciaba el analgésico llamado Tableta Okal: «La tableta Okal es hoy el remedio más sencillo / yo a ninguna parte voy sin llevarla en el bolsillo. / Y cuando emprendo un viaje por lo que pueda pasar / al hacerme el equipaje pongo un sobrecito Okal / Okal, Okal, Okal es lenitivo del dolor / Okal, Okal, Okal es un producto superior […]», etc.
La relación de Montorio con el cine también fue intensa desde principios del cine sonoro. De hecho, intervino en la musicalización de varias de las primeras películas y, en seguida, consiguió grandes éxitos con El negro que tenía el alma blanca o La hija de Juan Simón, ambas con Angelillo. En los cincuenta lanzó a Antonio Molina con sus canciones para El pescador de coplas o Esa voz es una mina. Pero se puede decir que trabajó con casi todos. En total, intervino en la música de unas setenta películas.
Raquel Meller y su tiempo, la biografía que publiqué en 1992, está agotada y nadie se ha preocupado en reeditarla, pero es un personaje que sigue suscitando interés, porque es la artista más representativa de la época del cuplé, que es también la de la Edad de Plata, y, en los años veinte fue una estrella internacional de la canción y el cine. Me siguen pidiendo artículos y conferencias sobre ella y he hablado en varias ocasiones con directores y productores que pretendían llevar su vida al cine. El problema es que las producciones de época son caras.

                          «La idea de un Diccionario de la bohemia me ha rondado por la cabeza, y podría hacerse»

MG: También has rescatado, por volver al principio de la entrevista, a Guillermo Osorio (1918-1982), «último de los verdaderos bohemios». ¿Qué te gustaría descubrir aún de su obra y vida?

JB: Fuera de lo que digo en la introducción a Guillermo Osorio, Obras, que me costó bastante esfuerzo reunir, no conocemos nada de él. Me gustaría saber de su peripecia en la guerra, como conductor de tanques en el bando republicano, de lo que le sucedió en la posguerra, que no debió de ser nada bueno —él nunca habló ni de una cosa ni de otra—, me gustaría que me proyectaran una jornada de su vida cotidiana, de taberna en taberna, sus conversaciones con poetas y borrachos, su relación con Adelaida Las Santas, su pintoresca mujer. Dicen que era un hombre tan borracho como angélico, una criatura humana capaz de producir excelsos sonetos clásicos y cuentos surrealistas, al tiempo que pululaba por el submundo o dormía en un banco de la calle.

MG: ¿No resucitaránlos bohemios? Tal vez puedan resucitar desde el punto de vista literario, si se reeditan sus obras.

JB: La epidemia de franquicias, fast food, chinos, pizzerías, Mc Donalds y demás ha terminado con los bares clásicos y tabernas. Es complicado encontrar un plato de cuchara en un restaurante, y por la noche es hasta difícil beber vino. Las tabernas han desaparecido y bohemios como aquellos no volverán. El último fue precisamente Guillermo Osorio.

MG: ¿Hay algún proyecto de un Diccionario español de la bohemia? También eres autor de un Diccionario del tango (2001), ¿nos falta el Diccionario de Javier Barreiro? ¿Quién te aficionó a los diccionarios? Imaginamos que ocupan una buena parte de tu biblioteca.

JB: La idea de un Diccionario de la bohemia me ha rondado por la cabeza, y podría hacerse porque hay gentes interesadas en ello. Yo tengo muchos datos, pero tampoco es un trabajo fácil ni corto. Al mismo tiempo, ignoro si tengo una afición especial a los diccionarios. He publicado dos —el de escritores aragoneses y el del tango en colaboración con otros dos autores—, sí que tengo bastantes —doscientos y pico—, y, desde luego, si son buenos, son utilísimos. Todoshemos estudiado y aprendido a escribir, con el Casares, el María Moliner, el Corominas… Si queremos saber de ocultismo, tenemos que ir al de Collin de Plancy; de lunfardo, a los de Gobello y Conde; de vanguardia, al de Juan Manuel Bonet; de literatura aragonesa, al mío; de palabras non sanctas, al de Cela… Hasta en literatura los hay buenos, como el Diccionario del diablo de Ambrose Bierce.

                                                                                                    «Lo que no quiero ser es mayor»

MG: Además de todo lo que hemos dicho, eres bibliófilo y coleccionista de voces (por ejemplo, aquellas que se grababan en pizarra o en cilindros de cera). ¿Cuáles son las voces aragonesas más antiguas que hoy se pueden oír gracias al rescate que has llevado a cabo?

JB: Los cilindros de cera para fonógrafo son anteriores a los discos para gramófono, que los coleccionistas suelen llamar pizarras. Sabemos que los primeros que se grabaron en España corresponden a 1894. Fue el Royo del Rabal, el jotero más mítico, el que impresionó algunos, pero no se conservan. La inmensa mayoría se han perdido o deteriorado. Por otro lado, los cilindros no están datados y se conservan muy pocos catálogos, por lo que no podemos saber con seguridad cuáles son los primeros registros en el tiempo. Sin embargo, en Primeras grabaciones fonográficas en Aragón 1898-1903, recogí 29 registros, algunos muy antiguos, varios de ellos de intérpretes aragoneses. Allí hay seis jotas aragonesas cantadas por Blas Mora, de Albalate del Arzobispo, que, si no aparecen nuevos registros, serían las primeras jotas grabadas que se conservan. También hay un dúo de ocarinas, interpretado por otra figura de la jota, Balbino Orensanz, junto a un tal señor Lahuerta, que es la más antigua interpretación de este artesanal instrumento registrada en el mundo. En cuanto a discos, llegaron a España en 1899, publicados por la casa Berliner, la primera jota en este soporte fue «La mora», cantada por otra olvidada, Isidra Vera.

MG: El coleccionismo ¿nos embriaga? La literatura ¿es embriagadora? El escritor que se embriaga ¿es mejor escritor? La embriaguez ¿mejora la escritura? ¿Hay una literatura de autores que beben y beben y vuelven a beber? Entre los escritores bohemios, raros, olvidados, malditos, etc., ¿se hallan también los que se emborrachan?

JB: Estas preguntas se responden en mi próximo libro, Alcohol y literatura, que espero se publique en 2017. Hay mucha información —el índice onomástico tiene más de 800 referencias— y creo que es muy ameno, además de políticamente incorrecto.

MG: Háblanos de tus proyectos y de tus nuevos diccionarios. Dinos qué te gustaría ser de mayor: ¿investigador?, ¿novelista?, ¿poeta?, ¿autor de libros de viaje?, ¿bohemio?, ¿historiador de la literatura?, ¿ensayista aragonés?

JB: Además del libro citado y del blog “Javier Barreiro”, donde publico artículos y mis conferencias, así como las novedades editoriales, tengo comenzado un libro sobre la historia de las 50 canciones españolas más populares del siglo XX, otro de narraciones, titulado Lugares y fechas; y sí, me gustaría escribir un libro de viajes; reunir en un volumen mis artículos sobre tango; en otro, los de cuplé; el mencionado repertorio de bohemios; escribir más poesía… Lo que no quiero ser es mayor. En esto soy muy poco original.

MG: Muchas gracias, amigo maño, por responder con tanta paciencia, atención y sentido del humor las preguntas. En nombre de los lectores de la revista AnMal Electrónica, te reitero la gratitud y te deseo mucha suerte para los proyectos que te desvelan en la singladura actual. Cuídate de los vampiros y del sablazo de los bohemios.

Otras entrevistas:

https://javierbarreiro.wordpress.com/2012/06/05/entrevista-de-raul-lahoz-con-el-firmante/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2017/07/16/entrevista-a-javier-barreiro-de-luis-alegre-el-patio-del-recreo/

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Casi desconocido por los mismos aragoneses, el 13 de septiembre se cumple el 150 aniversario del nacimiento en Zaragoza de este ingeniero polifacético, militar, escritor novedoso y peregrino, científico, políglota, inventor del proyector cinematográfico “Cinesófoto”, que presentó en 1931 y hombre de personalidad tan interesante como estrambótica. Recojo aquí el artículo de mi Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005), Zaragoza, DPZ, 2010, pp. 725-727.

MENDIZÁBAL BRUNET, Carlos, Zaragoza, 13-09-1864 / Málaga, 31-01-1949

Seudónimos: Lázaro Clendábims / Zacharías M. Blondel

Género: Narrativa

 

Mendizábal, Carlos003

A temprana edad quedó huérfano de padre, un catedrático de Francés del instituto de Zaragoza que estuvo entre los fundadores del diario El Noticiero. Estudió el bachillerato en la capital aragonesa e ingresó en la Academia de Ingenieros de Guadalajara, de donde salió con el número uno de su promoción. Permaneció en el ejército hasta 1894 cuando, con el grado de teniente, solicitó la licencia absoluta. Ocupó entonces un puesto directivo en Altos Hornos de Bilbao, pero, tras mostrar su apoyo a los obreros durante una huelga, abandonó su cargo y en 1901 regresó a Zaragoza. En la capital del Ebro fundó fábricas y sociedades, divulgó inventos y tuvo un destacado protagonismo en el desarrollo empresarial de la ciudad. Su pasión por los avances industriales le llevó a crear una oficina de patentes en Barcelona y a trabajar en diferentes campos de la Mecánica y la Óptica. Fue miembro de la Academia de Ciencias y viajó por toda Europa empujado por su curiosidad intelectual. Germanófilo convencido y de arraigadas convicciones religiosas, que reflejó en su literatura, en sus últimos años impartió clases en el colegio de los Jesuitas de Málaga.

Hombre de gran cultura, políglota y traductor, con su novela Elois y Morlocks, publicada bajo el seudónimo de Lázaro Clendábims, se convirtió en uno de los principales pioneros de la ficción científica en España. Dicha obra está relacionada con La máquina del tiempo de H. G. Wells y, en algunos aspectos, anticipa presupuestos de la orwelliana 1984. Más tarde, inició la redacción de una serie de narraciones bajo el marbete común de “Los milagros laicos”. Tuvo preparadas más de una decena de ellas pero, finalmente, sólo se editaron dos: Pygmalion y Galatea y Anafrodisis, que aparecieron ya sin seudónimo. En ellas, como subraya Juan Domínguez Lasierra, “fracasa el milagro científico humano frente al único y último poder divino”. El autor abomina tanto de comunismo como de capitalismo, en favor de un humanismo católico. Su primer baile es una crítica de costumbres con una muy original disposición formal que, en su estructuración, participa de la poesía y el género teatral, si bien no deja de sorprender el desaforado conservadurismo de su mensaje. Por su parte, La colisión incide en el género histórico. Décadas después de su fallecimiento, uno de sus hijos dio a la imprenta La ira del sol, otra de sus apocalípticas creaciones de ciencia-ficción, con poso moralizante, en la que toda la humanidad sufre ceguera tras varias explosiones solares.

Mendizábal, Carlos_La ira del sol
                                                                                            OBRAS

Estudio sobre el estado en que se encuentra el templo de Nuestra Señora del Pilar (ensayo), Zaragoza, Tip. La Editorial, 1904.

Elois y Morlocks. Historia de lo porvenir según la narración de Zacharias M. Blondel (novela, con el seudónimo de Dr. Lázaro Clendábims), Barcelona, Juan Gili Editor, 1909.

Aragón, productor de aceros (conferencias), Zaragoza, Tip. La Editorial, 1918.

Pygmalion y Galatea (novela), Madrid, Pueyo, 1922.

Anafrodisis (novela), Madrid, Renacimiento, 1922.

Su primer baile (novela breve), Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1924.

Mendizábal, Carlos_Su primer baile

La colisión (novela), Madrid, Editora Internacional, 1925.

Mendizábal, Carlos_La colisión

 

La ira del sol (novela, con el seudónimo de Zacharías M. Blondel), Madrid, Biblioteca Nueva, 1983.

 
                                                                                BIBLIOGRAFÍA

-CASTÁN PALOMAR, Fernando, Aragoneses contemporáneos 1900-1934 (Diccionario biográfico), Zaragoza, Herrein, 1934, pp. 354-355.

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-TENREIRO, Ramón María, La Lectura nº IX, 1909, pp. 304-305.

-VILLAESCUSA, Modesto H., “Prólogo” a Elois y Morlocks. Historia de lo porvenir según la narración de Zacharias M. Blondel, Barcelona, Juan Gili Editor, 1909.

-VV.AA., La ciencia ficción española, Madrid, Robel, 2002.

Mendizábal, Carlos

 

Muchas historias pintorescas podría contar acerca de este hombre, que vivió inmerso en poesía y dePinillos, Manuelo002 muy singular catadura personal. Estuve en su casa, estuvo en la mía, estuvimos en la de otros poetas y compartimos recitales y tabernas. Fuimos más cómplices que amigos, tanto por la diferencia de edad, como porque, sabedores de que ambos éramos capaces de echar los pies por alto, nos teníamos alguna prevención. Pero coincidíamos en muchas cosas y nos reíamos bastante. Como Ildefonso Manuel Gil, casi contemporáneo suyo, Luis García-Abrines, Antonio Fernández Molina y algún otro poeta coterráneo, acostumbraba a decir lo que pensaba, incluso por escrito. Verbalmente, podía ser injusto, intemperante o arbitrario; con la pluma, no.

Nunca fui devoto de su poesía, que ha tenido buena fortuna póstuma, en cuanto que ha contado con estudiosos como José Luis Calvo Carilla, Pilar Martínez Barca o, más recientemente, José Ángel Monteagudo. En cambio, como crítico, función que ejerció muchos años en Heraldo de Aragón y en otras publicaciones, era excelente. Y, además, justo. De los malos poetas no escribía, a menos que le diesen la lata con lo de “Don Manuel, que no me ha sacado crítica…” Entonces, los fulminaba. Reseñó mis primeros ejercicios poéticos y a fe que lo hizo con generosidad y buen tino. En sus últimos años, se aisló, cuidado por su mujer, Margarita Sanjuán, que lo asistió, lo moderó y lo admiró sin límites. ¡Cuántos creadores –en especial poetas, músicos y pintores- han tenido a su lado una admiradora con culto de latría que les solucionaba los problemas de la vida práctica, atemperaba sus desmanes, disculpaba los egoísmos tan habituales en el artista y los amaba con furor y sin condiciones! Un brindis por ellas.

Pinillos con su mujer Margarita Sanjuán en su última lectura pública001

Pinillos, que en una época en que se publicaba menos, escribió veinticinco libros -únicamente, de poesía-, murió hace veinticinco años y había nacido hace cien. Lo único que he escrito sobre él aparece en mi Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005), Zaragoza, 2010, pp. 863-867. Y, en su recuerdo, aquí lo copio.

 

PINILLOS DE CRUELLS, Manuel, Zaragoza, 14-05-1914 / Zaragoza, 23-03-1989

Hijo de un prestigioso abogado y pequeño terrateniente que, en su juventud, había tenido veleidades poéticas, su inadaptación familiar le llevó a alistarse en el ejército. Tras un destino en Guinea Ecuatorial, participó en la Guerra Civil, que le dejó secuelas morales perceptibles en sus libros. Cursó sin entusiasmo la carrera de Derecho y ejerció como funcionario de prisiones en Gerona y Teruel. Por entonces, ya había comenzado su dedicación a la poesía y publicado en Alicante el primer libro salido de su estro. En Gerona fundó la revista Ámbito y en el turolense diario Lucha firmó reseñas literarias. Abandonó pronto su trabajo para dedicarse totalmente a la creación poética. Se convirtió en una referencia para la poesía en Zaragoza y su participación en revistas, tertulias y cenáculos fue constante durante casi cuatro décadas. De vida bohemia, la presencia de su compañera y colaboradora, Margarita Sanjuán, mitigó su difícil temperamento. Ejerció durante años su magisterio en su sección de crítica en Heraldo de Aragón, donde reveló su amplio conocimiento de la poesía española y extranjera. No vacilaba en arremeter contra lo que consideraba extrapoético y era generoso con quienes ofrecían alguna clase de originalidad.

Su producción poética fue profusa y desigual. A pesar de ser galardonado con el premio Ciudad de Barcelona en 1951 por De hombre a hombre y a su habitual presencia en revistas de ámbito nacional durante lustros, no obtuvo demasiado eco fuera de Aragón. Es verdad que careció de carácter para componendas y tampoco se adscribió a ninguna corriente definida. Además, tuvo escaso criterio a la hora de deslindar el grano de la paja en su producción poética, de modo que su incontinencia al dar a la imprenta sus obras sacó a la luz textos que debiera haber desechado.

Sus comentaristas han destacado con acierto su independencia, sus rasgos existenciales, su tono desgarrado y la eterna pulsión inconcreta por el paraíso perdido o el ideal inaccesible, que se manifiesta en su inclinación a los extremos ejemplificados por Eros y Tánatos. De cualquier modo, su poesía es más enérgica que admirable estéticamente. Su apasionada necesidad de comunicación le hacía caer en la precipitación y, cuando respondía al ansia de conocimiento, el tono solía ser gris. A juicio de Rosendo Tello, “en su poesía se da una tendencia integradora de elementos y una actitud personal desintegradora, propia de su rebeldía contra el mundo”. Su estilo, directo y rotundo, logra sus más altas cotas al pulsar sus íntimas efusiones. Puede sorprender al lector de hoy su trazo desmañado, que no venía tanto de su ansiosa hiperactividad lírica como de su contumaz aversión por los formalismos y de su odio a esteticismos retóricos. Su obra, estudiada por Calvo Carilla y Martínez Barca, ha merecido algunas antologías que intentan salvar las anfractuosidades que presenta.

Pinillos, cumplido el último viaje

                                                                              OBRAS

A la puerta del hombre, Alicante, Col. Verbo, 1948.

Sentado sobre el suelo, Zaragoza, Col. Almenara, 1951.

Demasiados ángeles, Gerona, Col. Ámbito, 1951.

De hombre a hombre, Las Palmas, Col. Alisio, 1952.

Tierra de nadie, Madrid, Col. Neblí, 1952.

La muerte o la vida, Guadalajara, Doña Endrina, 1955.

Se aplaca el río (novela), publicada en El Español entre el 14 y el 22-VIII-1955.

El octavo día, Tarragona, Sugrañes Hnos., 1958.

Débil tronco querido, Zaragoza, Coso Aragonés del Ingenio, Col. Dezir de Poesía, 1959.

Debajo del cielo, Zaragoza, Col. Orejudín, 1960.

En corral ajeno, Bilbao, Col. Alrededor de la Mesa, 1962.

Aún queda sol en los veranos, Santander, Col. La Isla de los Ratones, 1962.

Esperar no es un sueño, Palencia, Col. Rocamador, 1962.

Nada es del todo, Zaragoza, Col. Poemas, 1963.

Atardece sin mí, Zaragoza, Ediciones La Calle, Col. Adarce, 1964.

Lugar de origen, Zaragoza, IFC, 1965.

De menos al más, Málaga, Publicaciones del Guadalhorce, 1966.

Viento y marea, Carboneras de Guadazón (Cuenca), Col. El Toro de Barro, 1968.

Hasta aquí, del Edén, Zaragoza, Heraldo de Aragón, 1970.

Pinillos, Manuel-Hasta aquí del  edén

Sitiado en la orilla, Luesia, Publicaciones Porvivir Independiente, 1976.

Pinillos, Manuel-Sitiado en la orilla

Viajero interior, Borja, Taller de Poesía Bóveda, 1980.

Cuando acorta el día, Zaragoza, Ayuntamiento, 1982.

Poemas, Madrid, Kilómetro Cero, 1989 (Anexo de la revista Malvís nº 5).

Canto a la tierra y otros poemas, Zaragoza, La Cadiera, 1989.

Poesía, Zaragoza, IFC, 1990.

                                                              BIBLIOGRAFÍA

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Pinillos-Introducción Calvo Carilla

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Pinillos, Manuel_Dibjuo de Barbosa

Pasado mañana, domingo 22 de enero, se cumple el centenario del nacimiento de Ildefonso, escritor vocacional y hombre íntegro, con el que, tanto en cafés como en su despacho de la Institución Fernando el Católico, conversé tantas veces y al que dediqué una separata en el número 6 de la revista El Bosque. Como recuerdo al amigo y al hombre de letras, reproduzco el artículo que publiqué en mi Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005), Zaragoza, DPZ, 2010, pp. 455-461.

GIL LÓPEZ, Ildefonso-Manuel, Paniza (Zaragoza), 22-01-1912 / Zaragoza, 28-04-2003

Vivió desde niño en Daroca, donde obtuvo el título de bachiller. En 1929 se trasladó a Madrid para cursar Derecho, carrera que terminó en 1931, el mismo año en que publicó su primer poemario. Participó intensamente en la vida cultural de Madrid y Zaragoza e intervino en la fundación y desarrollo de revistas como Boletín Último, Brújula, Literatura y Noreste. Enviado a Teruel como miembro del Cuerpo Técnico-Administrativo del Ministerio de Educación, en julio de 1936, al caer la ciudad en manos de los militares sublevados, fue encarcelado. Durante meses sufrió prisión y estuvo a punto de ser ejecutado. Esta experiencia, que le marcó profundamente, la relata de forma vibrante en Concierto al atardecer y se refleja en muchas de sus obras. Tras salir de presidio, fue incorporado a filas en el ejército franquista aunque no participó en hechos bélicos. Concluida la contienda y desposeído de su puesto de funcionario, hubo de trabajar en distintos empleos episódicos.

 En la década de los cuarenta escribió una historia de la literatura,tradujo Os Lusiadas y terminó los estudios de Letras. En 1951 ganó el premio de Primera Novela Janés con La moneda en el suelo y tres años más tarde pudo reintegrarse en el Ministerio de Educación y ser destinado al colegio mayor Pedro Cerbuna. En 1959 era profesor adjunto en la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza y dirigía la sección de Literatura en la Institución Fernando el Católico. Francisco Ayala le consiguió, en 1962, un puesto de profesor de Literatura Española en los Estados Unidos. Allí impartió clase en varias universidades hasta su jubilación (1982). Regresó entonces a Zaragoza, donde se le otorgó la Medalla de Oro de la ciudad. En 1985 fue nombrado director de la Institución Fernando el Católico, cargo que ejerció hasta 1993. Fue miembro correspondiente de la Real Academia Española y en sus últimos años recibió abundantes galardones y reconocimientos. 

                                                B. Jarnés, R. Gullón e I. M. Gil, 29-VI-1932

La dilatada vocación poética de I. M. Gil se entroncacon las corrientes propias de su tiempo desde Borradores, si bien sus veleidades vanguardistas vienen contenidas por una innegable atracción por el clasicismo. El individualismo, la mirada bronca y pesimista, la queja cívica, rasgos muy propios de este poeta, se acomodan a la perfección a las tendencias de posguerra, que después irá matizando. Es notable su gusto por las obras de temática unitaria y consigue un adecuado equilibrio en su lucha por compatibilizar la emoción con la contención y el análisis intelectual, aunque puede achacársele cierta dificultad para alcanzar altos tonos líricos. Por no decir adiós, con el tema de la decrepitud e inminencia de la muerte, es uno de sus últimos poemarios, pero también de los más intensos.

Como prosista, fue autor de una obra de resabios vanguardistas, Gozo y muerte de Cordelia, de la que publicó algún fragmento y se perdió en la guerra. La moneda en el suelo, escrita en 1945 y premiada en su aparición, tiene tintes parabólicos mientras que Pedro el dallador, un relato de venganza desarrollado en un pueblo zaragozano, fue llevado al cine con el título de Ley de raza. Diez años después dio a la imprenta Pueblonuevo, la historia de un núcleo de colonización, con los tintes sociales propios de la narrativa de su época y a los que, sin sectarismos, se agrega el característico tono de este autor, entre humano y pesimista. La muerte hizo su agosto,su libro de cuentos, está presidido por el sujeto del título y en Concierto al atardecer repasa con potencia y precisión sus recuerdos de la represión en Teruel y su cautiverio durante la Guerra Civil. Es, probablemente, su narración más conseguida. Sus memorias, esperadas largamente, no cumplieron las expectativas planteadas. Editó también obras de crítica y ensayo.
                              

                                                              OBRAS

Borradores (poesía), Madrid, Imp. de Galo Sáez, 1931.

La voz cálida (poesía), Madrid, PEN Colección, 1934. / (ed. facsímil), Zaragoza, IFC, 2003.

Poesía y dolor (ensayo), Bilbao, ECE, 1944.

Poemas de dolor antiguo (poesía), Madrid, Adonais, 1945.

Homenaje a Goya (poesía), Zaragoza, Pórtico, 1946.

Las horas situadas (poesía), Zaragoza, Imp. de Luis de Boya, 1946.

El corazón en los labios (poesía), Valladolid, Halcón, 1947.

Ensayo sobre poesía portuguesa (ensayo), Zaragoza, Estudios Literarios, 1948.

El tiempo recobrado (poesía), Madrid, Ínsula, 1950.

La moneda en el suelo (novela), Barcelona, Janés, 1951. / Madrid, Fermín Uriarte, 1965. / Huesca, IEA, 2001.

Cancionerillo del recuerdo y la tierra (poesía), Zaragoza, IFC, 1952.

Poesía. Antología, 1928-1952, Zaragoza, Heraldo de Aragón, 1953.

Juan Pedro el dallador (novela breve), Zaragoza, Estudios Literarios, 1953.

Don Francisco de Goya (ensayo), Plasencia (Cáceres), Sánchez Rodrigo, 1954.

El incurable (poesía), Madrid, Adonais, 1957.

O último entardecer (narración), Lisboa, Pequeña Antología de Obras Primas, 1957.

Pueblonuevo (novela), Madrid, Aguilar, 1960.

Los días del hombre (poesía), Santander, La Isla de los Ratones, 1968.

Amor, muerte y otras historias (narraciones), Filadelfia (EE.UU.), Chilton, 1970.

De persona a persona (poesía), Santander, La Isla de los Ratones, 1971.

Luz sonreída, Goya, amarga luz (poesía), Zaragoza, Javalambre, 1972.

Poemas del tiempo y del poema (poesía), Málaga, Halcón que se Atreve, 1973.

Valle Inclán, Azorín y Baroja (artículos), Madrid, Seminarios y Ediciones, 1975.

Unos cuentos, Santander, Bedia, 1975.

Elegía total (poesía), Luesia, Publicaciones Porvivir Independiente, 1976.

Diez poemas de amor (poesía), Zaragoza, Publicaciones de La Cadiera, 1979.

Hombre en su tierra (Antología temática), Zaragoza, IFC, 1979.

Escritores aragoneses. Ensayos y confidencias (artículos), Zaragoza, Lib. General, 1979.

La muerte hizo su agosto (cuentos), Zaragoza, Guara, 1980.

Poema, Santander, Pablo Beltrán de Heredia, 1980.

Poemaciones (poesía), Zaragoza, Guara, 1982.

Zaragoza (verso y prosa), Zaragoza, Guara, 1983.

Vuelta al amor en 54 poemas (poesía), Zaragoza, Ayuntamiento, 1986.

Ciudades y paisajes aragoneses en la obra de Benjamín Jarnés (ensayo), Zaragoza, IFC, 1988.

Las colinas (poesía), Zaragoza, DPZ, 1989.

Cancionero segundo del recuerdo y de la tierra (poesía), Zaragoza, IFC, 1992.

Concierto al atardecer (narración), Zaragoza, DGA, 1992.

Hojas sueltas (artículos), Zaragoza, IFC, 1994.

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Publicado en Javier Barreiro, Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005), Zaragoza, Diputación Provincial, 2010, pp. 483-485.

GÓMEZ FRAILE, Julio Antonio, Zaragoza, 27-05-1933 / Las Palmas de Gran Canaria (Las Palmas), 20-04-1988.
Género: Poesía

                                                   Foto de Joaquín Alcón

Hijo de un habilitado de clases pasivas que le facilitó una juventud desahogada, fue poeta precoz. Duende malévolo y, muy a menudo pagano, en los tiempos de formación de la tertulia del café Niké, en la que fue llamado por antonomasia “El Gordo”, su humor, sus anécdotas y su homosexualidad -más desinhibida de lo que era habitual en la época- lo han convertido en una figura casi legendiaria. En 1955 ganó el premio Doncel de Oro de la barcelonesa editorial Rumbo con Los Negros. Poco después, a sus expensas, publicó dos números de la revista Papageno (1958-1960). El segundo, constituyó la primera edición de Oficina Horizonte, de Miguel Labordeta, con un anejo que pasó a ser el primer libro editado por Julio Antonio, Al oeste del lago Kivú los gorilas se suicidaban en manadas numerosísimas. Sus plaquettes anteriores ya habían dado cuenta de un poeta original y diferente que no bebía de las fuentes tópicas de los poetas sociales y revolucionarios de su tiempo.

En Julio Antonio Gómez, vanguardia, existencialismo y epigonía de Elliot y del teatro del absurdo daban lugar a una poesía de gran singularidad, no poca rebeldía y muy pugnaz lenguaje que, pese a su calidad, apenas tuvo repercusión. Bohemio, provocador, con vocación de maldito y acusado de perversor de menores, hubo de trasladarse a París y, a su vuelta, fundó la más bella e importante colección poética creada en Aragón, Fuendetodos, donde, entre otros títulos de destacados poetas, tanto aragoneses como del resto del país, publicó la que sería su última obra en vida, Acerca de las trampas, uno de los poemarios más originales y potentes de la poesía aragonesa. En 1973, acuciado por problemas de toda laya, se trasladó a Tánger y, seis años más tarde, a Las Palmas de Gran Canaria, donde trabajó como encargado de cuentas en una casa de lenocinio. Su obra y figura, reivindicadas póstumamente en ediciones académicas, dan cuenta de una de las escasas llamas de la poesía aragonesa del siglo XX.

                                                         OBRAS

Los negros, 1955 (publicado en 1992 en Una pasión sombría).

Las islas y los puertos (plaquette), Zaragoza, Autor, 1958.

La edad definitiva (teatro), escrito en 1958, apareció en Andalán en 1983.

El Cantar de los Cantares (plaquette), Zaragoza, Autor, 1959.

Al oeste del lago Kivú los gorilas se suicidaban en manadas numerosísimas, Zaragoza, Col. Papageno, 1960. / Zaragoza, IFC, 1993.

Acerca de las trampas (1960-1970), Zaragoza, Javalambre, Col. Fuendetodos de Poesía, 1970.

El corazón desbordado (epistolario, incluye El fuego de la historia, 1977), Zaragoza, Olifante-Ibercaja, 1989.

Una pasión sombría. Vida y obra de Julio Antonio Gómez, tomo II (textos), Zaragoza, DPZ, 1992.
                                                      

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-, Con esa oscura intuición. Ensayo sobre la poesía de Julio Antonio Gómez, Zaragoza, Prensas Universitarias, 1994.

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-, “Introducción” a Orejudín (ed. facsímil), Zaragoza, DGA, 1991, pp. 47-49, 66-67, 75.

Gómez, Julio Antonio-Foto Joaquín Alcón001

Publicado en Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005), Zaragoza, Diputación Provincial, 2010.

LABORDETA SUBÍAS, Miguel, Zaragoza, 16-07-1921 / Zaragoza, 01-08-1969.

Fue el primogénito de una familia oriunda del Campo de Belchite. Su padre, que había estudiado en el seminario, se instaló en Zaragoza a comienzos de la década de 1920 como catedrático de instituto. Con inquietudes políticas y culturales, fundó el colegio Santo Tomás de Aquino, laico pese a su patrono, con internado y germen de varias generaciones de notables personalidades aragonesas. Miguel cursó sus primeras letras en el establecimiento paterno y el bachillerato como alumno libre en el instituto Goya. La biblioteca familiar y su amistad con Tomás Seral y Casas, propietario de una librería cercana al colegio y uno de los dinamizadores culturales de la ciudad, le descubrieron el mundo de la poesía. La Guerra Civil marcó profundamente su vida. Su padre fue denunciado y salvó la vida de milagro, aunque perdió su cátedra de Latín. Miguel se licenció en Historia en 1942, con premio extraordinario, y se marchó a Madrid para obtener el doctorado, lo que le permitió entrar en contacto con otros autores y corrientes literarias, como el postismo y el surrealismo. Sin acabar su tesis, regresó a Zaragoza para comenzar a impartir clases en el colegio familiar. En 1948 publicó su primer libro y sus poemas comenzaron a aparecer en revistas nacionales. Entabló amistad con nuevos poetas locales, impulsó con alguno de ellos el nacimiento de la revista Ansí (1952) y se convirtió en el alma de una tertulia en el café Niké que reunió lo más destacado de la joven lírica aragonesa. En ella tomó forma su Oficina Poética Internacional (OPI) y nacería su principal órgano de expresión, Despacho Literario. Su prometedora trayectoria sufrió, sin embargo, un brusco parón a comienzos de los años cincuenta, tras la prohibición por parte de la censura de uno de sus poemarios, Los nueve en punto, que no vieron la luz hasta diez años después con el título de Epilírica. A ello se sumó la muerte de su padre (1953) y la consiguiente obligación de hacerse cargo de la dirección del colegio, que estuvo a punto de ser cerrado por las autoridades y cuya gestión le abrumó el resto de su vida. Sin embargo, continuó publicando en revistas, acumulando cantidad de inéditos, dando cancha a las actividades y humoradas de la OPI, frecuentando tertulias y cenas, viajando lo que podía e impartiendo sin demasiada vocación sus clases. Con tendencia a la obesidad y a la depresión, y con una vida algo descuidada, aparentaba mayor edad de la que tenía. Recién cumplidos los cuarenta y ocho años, falleció repentinamente a consecuencia de un aneurisma de aorta.

Labordeta, Miguel-Dibujo de Santiago Lagunas

                                                                                                                M. L. visto por Santiago Lagunas

La poesía de Miguel Labordeta, a pesar de su escaso eco en el contexto nacional, ha sido generalmente considerada como la más original y brillante en Aragón durante el siglo XX y ha dado lugar a una considerable bibliografía. Existencialismo, expresionismo, surrealismo, malestar personal y social, vehiculados por un lenguaje original y rotundo son sus rasgos más aparentes.

Redactado a los veinticinco años, de ahí su título, y en una muy reducida edición sufragada por su madre, el primer libro del poeta, Sumido 25, aparece en 1948, con portada de Mingote y versos mutilados por la censura. Su vinculación con el surrealismo se concreta ya en dicha portada cuyo motivo está inspirado en una pintura de Magritte. Aunque su poesía no se nutra de automatismos, son patentes sus apelaciones al subconsciente, las continuas imágenes surreales y la carga de rebeldía. Un yo incómodo e inconforme asoma incesante, mientras los símbolos de escape pululan por doquier. El autor no se siente representante de los oprimidos, como sucede en la poesía social, pero sí encastrado en un ámbito que le provoca náusea, desazón y alejamiento.

La buena acogida por parte de críticos y poetas, propició la pronta salida de sus dos libros siguientes, también en ediciones muy pequeñas y en los que un existencialismo de raíz heideggeriana, su principal base filosófica, toma el relevo al predominio surrealista en Violento idílico y anuncia ya, en Transeúnte central, un giro de su poesía hacia lo testimonial. De cualquier modo, estas tres primeras publicaciones anteriores a 1950 constituyen una primera etapa bastante homogénea, interrumpida por el embate de la censura al libro que después titularía Epilírica y que hubo de ser publicado en 1961, cuando ya había perdido parte de su pertinencia en cuanto a su adscripción al movimiento poético predominante en la España de principios de los cincuenta. El compromiso de Miguel Labordeta con la poesía social siempre fue matizado, a causa de su escasa simpatía hacia el realismo imperante y, como afirma Amador Palacios, “debido a su resistencia a actuar con los presupuestos igualadores de esta tendencia”. En un breve manifiesto publicado en la revista Espadaña (1950), “Poesía revolucionaria”, Labordeta da cuenta de su clara postura al respecto: “No una poesía minoritaria y cadavérica, mas tampoco una poesía popular y sentimental (…) Necesitamos una poesía catártica, depurativa…”

Durante diez años (1951-1960) Miguel no publicó poemario alguno -si exceptuamos Memorándum, la breve antología de 1959 con composiciones de sus tres primeras obras- aunque sus versos fueron reproducidos por las revistas más afines a su poética, en general deudoras del postismo, como El Pájaro de Paja, Deucalión y Doña Endrina. Cuando, al fin, aparece Epilírica, la censura había reducido a siete los nueve poemas de los que constaba originalmente, si bien los dos fulminados habían sido ya recogidos en revistas. Labordeta es consciente de que se trata de un cierre a una primera etapa poética y prepara lo que desde ahora llamará Metalírica. Así, tras otra antología publicada en una colección de prestigio nacional y en la que, como en la anterior, cambia el orden y disposición de varios de los poemas incluidos, dio a la imprenta Los soliloquios, libro con el que Julio Antonio Gómez quiso abrir su colección FuendetodosEl cambio de orientación de su poesía deriva en un volcarse hacia el experimentalismo, privilegiando la ruptura formal y dando entrada a un mayor componente irracionalista. Sin embargo, conserva rasgos ligados a su poesía anterior como son el verbalismo y la tendencia antirrealista, mientras se exacerban otros, empezando por el verso libre, al que siempre fue fiel y que aquí se combina con distintas audacias tipográficas, muy en línea con las corrientes españolas de la época.

Póstumamente, además de varias compilaciones y ediciones de obras completas, se publicó otro libro poético, basado en borradores que, sin duda, el autor hubiera depurado. El editor, Rosendo Tello, uno de los mejores amigos y conocedores del poeta, afirma en su prólogo: “…después del despliegue parentético de Epilírica, ¿qué significan Los soliloquios y Autopía? A mi modo de ver, una segunda etapa, un segundo ciclo, no diferentes, sino más hondos de tono y timbre; un ahondamiento circular centrípeto más depurado, en el sentido juanramoniano”. Las rupturas de Los soliloquios se incrementan en este libro, en el que las audacias tipográficas no ocultan el poderoso lenguaje poético, que se impone a lo accesorio.

Oficina de Horizonte responde al interés de Labordeta por el teatro de vanguardia, así como a preocupaciones personales y metafísicas similares a las de su poesía. Posiblemente, Miguel no pensara en su estreno, pero la insistencia de su gran amigo, el recitador, poeta y actor cántabro Pío Fernández Cueto, terminó por convencerle. Presentada en público el 6 de noviembre de 1955, en el teatro Argensola de Zaragoza, con decorados de Agustín Ibarrola, no obtuvo apenas resonancia y tardó cinco años en ser editada en un número de la revista Papageno. Obra alegórica, enfrenta al autor con el mundo, que acaba por devorarlo. No obstante, no es una pieza apocalíptica sino irónica y fantasiosa donde la esperanza se cifra en La Alegría que, encerrada en una botella, “navega y navegará hasta el fin por los mares del mundo”.

Miguel Labordeta fue un poeta de contrastes que supo conjugar un romanticismo de base con una veta antirretórica; un verbalista apocalíptico y un sí es no mesianista, que transmitió en sus versos la sensación casi cernudiana de alguien que quería estar de viaje, huir, no participar en la mascarada sangrienta; un buceador en el misterio de la palabra que utilizó como nadie los coloquialismos; un escritor, al fin, que influyó poderosamente en la poesía aragonesa de la segunda mitad del siglo XX, a pesar de que, como bien destacó Ricardo Senabre, él fuera el destinatario de su propia escritura, contemplándose incesantemente, utilizando unas y otras técnicas de desdoblamiento. Pese al escaso eco que alcanzó en vida, la obra labordetiana, difundida por amigos y cofrades, consiguió una notable difusión tras su temprano deceso. Además, se han publicado numerosas monografías y estudios -incluso, una biografía-, con lo que Miguel Labordeta, como corresponde a la valía de sus creaciones, es uno de los escritores aragoneses contemporáneos mejor conocidos.

OBRAS


Sumido 25, Zaragoza, Heraldo de Aragón, 1948. / Zaragoza, IFC, 1988.

Violento idílico, Zaragoza, Cierzo, Col. Cuadernos de Poesía, 1949. / Madrid, Clan, 1949.

Transeúnte central, San Sebastián, Escelicer, 1950. / Madrid, Ediciones Libertarias, 1994.

Oficina de Horizonte (teatro), estr. en 1955 y publicada en la revista Papageno, invierno de 1960.

Memorándum. Poética Autología, Zaragoza, Col. Orejudín, 1959.

Epilírica, Bilbao, Alrededor de <la Mesa>, 1961. / Barcelona, Lumen, 1981.

Punto y aparte (antología), Barcelona, El Bardo, 1967. / San Cugat del Vallés (Barcelona), Amelia Romero, 2000.

Los soliloquios, Zaragoza, Javalambre, Col. Fuendetodos de Poesía, 1969.

Pequeña antología, Palma de Mallorca, Col. Tamarindo, 1970.

Autopía, Barcelona, El Bardo, 1972.

Obras completas, Zaragoza, Javalambre, Col. Fuendetodos de Poesía, 1972.

La escasa merienda de los tigres (antología), Barcelona, Barral, 1975.

Obra completa (3 vols.), Barcelona, Amelia Romero, 1983.

Metalírica (antología), Madrid, Hiperión, 1983.

Donde perece un dios estremecido (Antología poética), Zaragoza, Mira, 1994.

Abisal cáncer (textos en prosa), Zaragoza, Olifante-Ibercaja, 1994.

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Café Niké

                                                                                                                                     Café Niké

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