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(Publicado en Imán nº 9, noviembre 2013)

Cuando Zapata moría el 20 de abril de 1913 ya era una especie de trasto viejo, al que las necrológicas trataron con displicencia y cierto despego. Probablemente, si no es por el momio que un ministro le concedió en la Casa de la Moneda, el escritor se hubiera visto en la miseria como les sucedió a tantos otros compañeros de fatigas literarias. Sin embargo, durante las últimas décadas del siglo XIX fue un autor de gran predicamento en el teatro español y también en el periodismo, especialmente en su vertiente satírica. Tres obras, La capilla de Lanuza, El anillo de hierro y El reloj de Lucerna, las dos últimas, musicadas por Miguel Marqués, mallorquín de Valldemosa, figuraron durante largo tiempo en el repertorio de muchas compañías españolas, tanto grandes como modestas.

Tras una comedia zaragozana y un drama estrenado con regular éxito, la citada La capilla de Lanuza fue la obra que supuso su lanzamiento en el teatro, cuando recién llegado a Madrid, se encontraba en apuradísima situación. El joven Marcos había nacido en Ainzón (20-IV-1842), hijo de una familia de labradores con escasos ingresos y venía de Zaragoza, donde se había formado en las Escuelas Pías de la capital aragonesa. Cursó Leyes pero, según propia confesión, sus años de estudiante no le sirvieron de nada. En 1868, y con quince duros en la faltriquera, viajó a Madrid para tratar de encauzar su vocación literaria y consiguió colaborar en La Discusión, diario del que pronto fue su principal redactor, y también en El Orden. Como era frecuente en la época, la actividad periodística no le evitó grandes privaciones, que suelen resumirse con la famosa anécdota de sus noches en los bancos del Prado. En esta situación, el actor Parreño acudió en su socorro pues recordaba que, estando en Zaragoza, el joven Zapata le había leído unas cuantas escenas que le habían gustado y ahora necesitaba una obra para su beneficio. El autor que, efectivamente,  había comenzado a escribir La capilla de Lanuza en 1861, pidió  a sus padres las cuartillas, las terminó y las leyó en su tertulia con gran éxito aunque cuenta Enrique Chicote que el más enternecido fue el mozo que les servía. De una forma u otra Zapata hubo de vender por cien duros la propiedad de la obra y se hicieron famosos los versos que Manuel de Palacio dedicó al asunto:

                                              ¡Tu razón podrá ser mucha,

                                              pero caíste en la lucha,

                                              respetable Zapatilla,

                                             que al vender esta Capilla

                                              te has convertido en babucha!

Contraatacó Zapata:

                                             Oye, pedazo de tal:

                                             cuando no se tiene un real,

                                             desde Homero hasta Zorrilla,

                                             no digo yo una Capilla…

                                             ¡Se vende una Catedral!

Tal era la indigencia del autor que en la noche del estreno se presentó con un pantalón que dejaba ver sus tobillos, con lo que alguien se apiadó del joven estrenista y le prestó otro pero en esta ocasión demasiado largo. La gente en la época no era escasa en ocurrencias. En seguida recibió un paquete que contenía cinco duros, unas tijeras y una carta con esta redondilla:

                                            Ahí te remite un centén

                                            quien te desea millones

                                            y para… los pantalones

                                            ese remedio también.

 El caso es que este su primer estreno tuvo un éxito descomunal y consagró a Antonio Vico como uno de los monstruos de la interpretación teatral de las últimas décadas del siglo. La capilla de Lanuza, ampulosa y retórica en sus formas y revolucionaria en sus tesis, se benefició de la gran facilidad versificadora de Zapata. Su estilo, a veces, elocuente, a veces, satírico y, muy frecuentemente, campanudo, recuerda, salvando las distancias, los destellantes periodos líricos calderonianos.

Zapata tenía una tertulia en el Café Inglés, a la que sus contemporáneos se pirraban por asistir para escuchar sus ingeniosidades pues, como escribió el gran actor cómico Enrique Chicote, “era hombre de claro talento y simpatía aragonesa”. De hecho, si nos fijamos en quienes escribieron de Zapata, casi siempre se refieren a él con un deje simpático y cómplice y es para contar alguna de sus ocurrencias, de sus frases lapidarias, de sus coplas ingeniosas y malévolas. Sus experiencias bohemias, su don de gentes, su condición de fácil poeta lírico y festivo le hicieron un hombre querido, de modo que, pese a su militancia política, en una ocasión fue el propio Alfonso XII quien pidió entrevistarse con él, a resultas de lo cual se le otorgó un bien remunerado puesto administrativo en Cuba, donde apenas aguantó unos meses. 

Fue en el periodismo donde el aragonés, adscrito al republicanismo de batalla[1], desarrolló su faceta satírica e ideológica colaborando en muchas publicaciones. Entre las más significadas estuvieron Revista de Aragón (1878-1880), Barcelona Cómica (1895), La Ilustración Española y Gente Vieja (1900). En el teatro, recogiendo la sensibilidad de su tiempo, también expresada por la pintura, se especializó en episodios históricos, casi siempre interpretados por Vico, como El castillo de Simancas, La corona de abrojos,  El solitario de YusteEl compromiso de Caspe, ¡Patria y libertad! o La piedad de una reina. Esta última obra, basada en los sucesos revolucionarios de la regencia de María Cristina, fue prohibida, por lo que el escritor se trasladó Buenos Aires, donde residió entre 1890 y 1899. Allí, se hizo empresario de teatro, llevó la representación del vespertino El Tiempo, firmó versos y artículos en diarios y revistas literarias, además de fundar el primer centro aragonés en la Argentina, el 12 de octubre de 1894, que con el nombre de Círculo de Aragón, subsiste hoy día en el número 1872 de la calle Fray Justo Santa María de Oró en la capital argentina.

A su vuelta a España, y gracias a la protección de Sagasta, consiguió un empleo estable en la Casa de la Moneda, al tiempo que retornaba a las tablas y el librero Fernando Fe le editaba un heterogéneo conjunto de poesías, con prólogo de su paisano Santiago Ramón y Cajal. No conozco los intríngulis del mismo pero, por lo que don Santiago estampa, no tenía mucho que decir sobre Zapata y su obra porque, aunque, como todo lo que el futuro Premio Nobel escribiera, posee alto interés y honda perspicacia, se entrega a divagar sobre el desdoblamiento de personalidad que se acostumbra a operar en escritores y artistas.

Aunque son muchos los libros que citan a Zapata, en la mayor parte se trata de noticias aisladas sobre el autor. Marcos Zapata es otro de los casos de olvido absoluto y flagrante de nuestra historia literaria. Pese a su calle en el barrio de las Delicias y su busto en la céntrica plaza de Aragón de Zaragoza, no conozco un solo trabajo consistente sobre su figura en todo el siglo XX [2] y ni siquiera se nos ocurra pensar en el porcentaje de aragoneses que conocen su nombre, no digamos ya su obra. Sin embargo, Marcos Zapata, por más que el tipo de literatura, pomposa y retórica de su época nos resulte tan lejana, fue una de las figuras centrales del teatro y el periodismo del último tercio del siglo XIX. Sí, ese en el que se produjeron las transformaciones tecnológicas, industriales y sociales más decisivas, quizá, de toda la historia. Y Zapata, que las vivió y que tanto nos hubiera podido contar, pese a su republicanismo y sus actitudes progresistas, quedó en la perezosa memoria colectiva de la cultura española como el dramaturgo rimbombante, cantor de las glorias patrias que ahora parece mirarnos desde ese lejano siglo XIX. Sí, ese siglo donde era posible que, tras el éxito de su drama histórico El castillo de Simancas, media España supiera de memoria los versos que describían la batalla de Villalar.

NOTAS

[1] En 1868 fue fundador, junto a gentes tan significativas como Nicolás Salmerón, Federico Balart, Manuel Palacio, Pablo Nougués, Segismundo Moret, Rafael María de Labra, Francisco Giner de los Ríos, Ramón Chíes  y otros, del Círculo de la Revolución, con un programa político constituido por los principios: Soberanía nacional, Sufragio Universal, Libertad de Prensa y pensamiento, Inviolabilidad del domicilio y Seguridad individual garantizada y cuyo objeto era “propagar y difundir la doctrina revolucionaria, discutir los asuntos y cuestiones que interesen a la causa de la revolución y procura por todos los medios legales la consolidación y organización definitiva del régimen liberal”.  

[2] Cuando se publicó este texto todavía no se había había publicado Tras las huellas de Marcos Zapata (2015) de Samuel Marqueta, libro no académico pero que constituye un gran trabajo de investigación y que constituye la mejor guía para conocer la vida y obra del escritor.

                                                  OBRAS

El iris tras la tormenta (comedia), Zaragoza, 1862.

Jesús y San Juan Bautista (drama estrenado en el Teatro Novedades en marzo de 1870).

La capilla de Lanuza (cuadro heroico), Madrid, Imp. Española, 1871.

La bola negra (cuadro lírico-dramático) -con música de Rafael Aceves-, Madrid, Nicolás González, 1872.

El castillo de Simancas (drama histórico), Madrid, Imprenta de José Rodríguez, 1873.

La corona de abrojos (drama histórico), Madrid,  Imprenta de la Biblioteca de Instrucción y Recreo, 1875.

El solitario de Yuste (poema histórico), Madrid, Imprenta de E. Cuesta, 1877.

El Compromiso de Caspe (leyenda histórica), Madrid, Imprenta de E. Cuesta, 1878.

A un valiente, otro mayor (juguete cómico), Madrid, Imprenta de José Rodríguez, 1878.

El anillo de hierro (drama lírico) -con música de Miguel Marqués-, Madrid, Imprenta de E. Cuesta, 1878.

Camöens (drama lírico) -con música de Miguel Marqués-, Madrid, Imprenta de E. Cuesta, 1879.

La abadía del Rosario (drama lírico), Madrid, Administración Lírico-Dramática, 1880.

El reloj de Lucerna (zarzuela) -con música de Miguel Marqués-, Madrid, R. Velasco, 1884.

Un regalo de boda (drama lírico) -con música de Miguel Marqués-, Madrid, Imprenta de José Rodríguez, 1885.

¡Patria y libertad! (episodio nacional), Madrid, R. Velasco, 1886.

La piedad de una reina (episodio histórico), Madrid, R. Velasco, 1887.

Colección de obras dramáticas, Madrid, R. Velasco, 1887.

La campana milagrosa (drama lírico) -con música de Miguel Marqués y J. García Catalá-, Madrid, R. Velasco, 1888.

La abadía del Rosario (drama lírico) -con música de Antonio Llanos-, Madrid, Administración Lírico-Dramática, 1890.

Covadonga (zarzuela) -con Eusebio Sierra; música de Tomás Bretón-, Madrid, R. Velasco, 1901.

María Teresa (boceto dramático), Madrid, R. Velasco, 1902.

Discursos leídos en la III Fiesta de los Juegos Florales de la Ciudad de Zaragoza -con Mariano Ripollés-, Zaragoza, Imp. del Hospicio, 1902.

Poesías, Madrid, Fernando Fe, 1902. / Zaragoza, El Día, 1986.

                                           BIBLIOGRAFÍA ESCOGIDA

-CAVIA, Mariano de, «El mejor número», Presencias de un zaragozano ausente, Zaragoza, CAZAR, 1969, pp. 77-79.

-CHICOTE, Enrique, La Loreto y este humilde servidor, Madrid, Aguilar, 1944, pp. 163-166.

-GARCÍA MERCADAL, José, «El cantor de las libertades: Marcos Zapata», Heraldo de Aragón, 22-III-1906.

-LACADENA BRUALLA, Ramón de, Retratos a pluma, Zaragoza, Heraldo de Aragón, 1958, pp. 311-328.

-, Vidas aragonesas, Zaragoza, IFC, 1972, pp. 653-668.

-LUSTONÓ, Eduardo de, «Presentación» en Poesías, Madrid, Fernando Fe, 1902, pp. 7-14.

-MAINER, José Carlos, Voz: «Zapata, Marcos», Gran Enciclopedia Aragonesa, tomo XII, Zaragoza, UNALI, 1982, pp. 3387-3388.

-, «Literatura moderna y contemporánea», Enciclopedia Temática de Aragón, tomo VII, Literatura, Zaragoza, Moncayo, 1988, pp. 234-235.

-PÉREZ, Darío, «Marcos Zapata. A propósito de su muerte», Heraldo de Aragón, 23-IV-1913.

-RAMÓN Y CAJAL, Santiago, «Prólogo» a Poesías, Madrid, Fernando Fe, 1902, pp. 15-26.

-TABOADA, Luis, Intimidades y recuerdos (Páginas de la vida de un escritor), Madrid, Administración de El Imparcial, 1900.


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Pasado mañana, 21 dea abril se cumple el primer centenario de la muerte del que fue famoso dramaturgo, poeta y periodista, nacido en Ainzón (Zaragoza) y cuyo segundo apellido, Mañas, también nos trae el recuerdo de otro gran autor de teatro oriundo de la localidad. También bohemio de ingenio mordaz, pese a la gran popularidad que su figura y obra gozaron en vida, es otro de los escritores aragoneses más olvidados, aunque en su pueblo se han organizado actos en su recuerdo y lo celebren su busto en la zaragozana Plaza de Aragón o su calle en el barrio de Las Delicias.

Ya en la fecha de su muerte -le faltaban tres días para cumplir los 71 años- era percibido como un vestigio del antesdeayer y los obituarios fueron más bien paternalistas, celebrando que, gracias al momio de la concesión de un empleo público, no hubiera muerto en la miseria, como sucedió con otros escritores de su generación. Pero sus tres obras fundamentales, La capilla de Lanuza, El anillo de hierro y El reloj de Lucerna, fueron piezas que se representaron y editaron incesantemente durante muchos años y sus versos, un referente que se fue esfumando cuando advinieron las corrientes modernistas.

En su recuerdo, copio la entrada de mi Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005), Diputación Provincial de Zaragoza, 2010, pp. 1156-1159.

Zapata, Marcos, 1870

ZAPATA MAÑAS, Marcos, Ainzón (Zaragoza), 24-4-1842 / Madrid, 21-04-1913.
Seudónimo: Mefisto
Género: Teatro

De familia de labradores con escasos ingresos, inició su formación en las Escuelas Pías zaragozanas. Más tarde, cursó Leyes pero, según propia confesión, sus años de estudiante no le sirvieron de nada. En 1868 viajó a Madrid para tratar de encauzar su vocación literaria y, tras meses de grandes privaciones, tuvo la fortuna de conseguir un rotundo triunfo con su primer estreno, La capilla de Lanuza, pieza sedicentemente retórica y revolucionaria. Su representación consagró al actor Antonio Vico, pero a él apenas le reportó beneficios económicos ya que había malvendido la propiedad de la obra.

Como periodista, fue redactor en La Discusión y El Orden (1868), si bien a lo largo de su vida colaboró en otras muchas publicaciones. Entre las más significadas estuvieron Revista de Aragón (1878-1880), Barcelona Cómica (1895), La Ilustración Española y Gente Vieja (1903).

Nuevos episodios históricos recreados por su pluma e interpretados por Vico, como El solitario de Yuste, lo encumbraron, al igual que los dramas líricos El anillo de hierro y El reloj de Lucerna. Estos últimos, musicados por Miguel Marqués, junto a La capilla de Lanuza, figuraron durante largo tiempo en el repertorio de muchas compañías españolas, tanto grandes como modestas. A partir de la prohibición del estreno de La piedad de una reina, basada en los sucesos revolucionarios de la regencia de María Cristina, se trasladó a Buenos Aires, donde residió entre 1890 y 1898. Allí, al parecer, se mantuvo alejado del mundo escénico, pero firmó versos y artículos en revistas literarias, además de fundar el primer centro aragonés en la Argentina, el 12 de octubre de 1894.

A su vuelta a España y gracias a la protección de Sagasta, consiguió un empleo estable en la Casa de la Moneda, al tiempo que retornaba a las tablas y editaba un heterogéneo conjunto de poesías, con un sorprendente, por inusitado, prólogo de su paisano Santiago Ramón y Cajal.

Pronto herrumbrada por el olvido, la obra de Zapata, autor muy popular en su tiempo, se inscribe en un postromanticismo campanudo y rebelde que privilegia los temas del pasado como vehículo propicio para divulgar ideas políticas. Su verso es brioso, desenfrenado y, a veces, apabullante, pero resulta retórico y falto de ductilidad.

Zapata, Marcos005
                                                             OBRAS

El iris tras la tormenta (comedia), Zaragoza, 1862.

La capilla de Lanuza (cuadro heroico), Madrid, Imp. Española, 1871. / Madrid, R. Velasco, 1901.

La bola negra (cuadro lírico-dramático) -con música de Rafael Aceves-, Madrid, Nicolás González, 1872.

El castillo de Simancas (drama histórico), Madrid, Imp. de José Rodríguez, 1873. / Madrid, Cosme Rodríguez, 1884.

La corona de abrojos (drama histórico), Madrid,  Imp. de la Biblioteca de Instrucción y Recreo, 1875.

El solitario de Yuste (poema histórico), Madrid, Imp. de E. Cuesta, 1877.

El Compromiso de Caspe (leyenda histórica), Madrid, Imp. de E. Cuesta, 1878.

A un valiente, otro mayor (juguete cómico), Madrid, Imp. de José Rodríguez, 1878.

El anillo de hierro (drama lírico) -con música de Miguel Marqués-, Madrid, Imp. de E. Cuesta, 1878.

Camöens (drama lírico) -con música de Miguel Marqués-, Madrid, Imp. de E. Cuesta, 1879.

La abadía del Rosario (drama lírico), Madrid, Administración Lírico-Dramática, 1880.

El reloj de Lucerna (zarzuela) -con música de Miguel Marqués-, Madrid, R. Velasco, 1884.

Un regalo de boda (drama lírico) -con música de Miguel Marqués-, Madrid, Imp. de José Rodríguez, 1885.

¡Patria y libertad! (episodio nacional), Madrid, R. Velasco, 1886.

La piedad de una reina (episodio histórico), Madrid, R. Velasco, 1887.

Colección de obras dramáticas, Madrid, R. Velasco, 1887.

Zapata, Marcos-Colección de obras dramáticas

La campana milagrosa (drama lírico) -con música de Miguel Marqués y J. García Catalá-, Madrid, R. Velasco, 1888.

La abadía del Rosario (drama lírico) -con música de Antonio Llanos-, Madrid, Administración Lírico-Dramática, 1890.

Covadonga (zarzuela) -con Eusebio Sierra; música de Tomás Bretón-, Madrid, R. Velasco, 1901.

María Teresa (boceto dramático), Madrid, R. Velasco, 1902.

Discursos leídos en la III Fiesta de los Juegos Florales de la Ciudad de Zaragoza -con Mariano Ripollés-, Zaragoza, Imp. del Hospicio, 1902.

Poesías, Madrid, Fernando Fe, 1902. / Zaragoza, El Día, 1986.

Zapata, Marcos_Poesías
                                                           BIBLIOGRAFÍA

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-CAVIA, Mariano de, «El mejor número», Presencias de un zaragozano ausente, Zaragoza, CAZAR, 1969, pp. 77-79.

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V. también: https://javierbarreiro.wordpress.com/2015/11/19/prologo-a-tras-las-huellas-de-marcos-zapata-de-samuel-marqueta/

 

Zapata, Marcos002