(Pubicado en Aragón Digital, 22-24 de abril de 2017)

Moda de diversos pueblos en distintas épocas de la  historia, rasurarse el cráneo tenía una finalidad práctica: despojar la cabeza de indeseables parásitos. Por esta razón, incluso en nuestro pasado reciente, a los niños se les cortaba el pelo al cero o al uno, sobre todo en los pueblos. En cambio, respecto a los adultos, el pelo al cero ha sido cosa poco vista en España hasta hace unas pocas décadas. De hecho, alguien como Yul Brynner, el famoso actor norteamericano de origen ruso, llamaba la atención precisamente por ello. Hoy, por ese lado, sería uno más, sin ninguna atención especial. Otro pionero en nuestro país fue el buen poeta y querible ser humano José Hierro que, fallecido en 2002, aún pudo contemplar con alguna sorpresa  como una gran parte de varones que sobrellevaban su calva o su peluca se afeitaba el cráneo, con lo que su originalidad quedaba borrada y pasaba a ser uno más. Lo que, como poeta y, por tanto, receptáculo de cierta vanidad, no dejaba de molestarle.

En la primera parte del siglo XX, la cabeza pelada fue, sobre todo, un uso alemán, que en el resto de Europa llamaba la atención, como la llamaba la pelambrera de los rusos antes de que el comunismo terminara de afeitarles exterior e interiormente. Dos italianos, el poeta, D’Annunzio y el caudillo fascista Benito Mussolini, fueron también casos paradigmáticos pero, a partir del final de la guerra, la costumbre se hizo muy rara. En España los “cabeza rapada” aparecieron en los últimos tiempos del franquismo y en la llamada transición. Solían formar parte de las bandas de ideología nazi. Curiosamente, años después imitaron el uso los jóvenes del movimiento punk, que se decían anarquistas aunque no lo eran. Es cierto que muchos de ellos usaban historiadas crestas, similares a las de algunas tribus nativas del este de Norteamérica.

Poco después los sufridos calvos que portaban unos pocos pelos a la buena de Dios, patéticas pelucas, penosas calvas en forma de herradura o el famoso peinado de persiana, que pasó a llamarse “Anasagasti”, por ser el que gastaba este político vasco, decidieron afeitarse totalmente la cabeza, con lo que se ganaba en estética, en limpieza y en economía.

Una afortunada apuesta que, sin embargo, puede tener su contraprestación.  Muchos neurólogos piensan que el pelo es una extensión del sistema nervioso (pelos de punta o como escarpias, ante una emoción poderosa), una especie de antenas que transmiten y también recogen del cerebro una gran cantidad de información.

Esa energía electromagnética emitida por el cerebro cambiaría, pues, nuestra relación con el medio ambiente y, por tanto, la información que emitimos y percibimos. Recordemos qué le ocurrió a Sansón cuando Dalila acabó con su cabellera o la costumbre de los guerreros de muchos pueblos históricos de portar largas melenas aunque no fuera muy cómodo para la batalla.

Como los extremos se tocan, así como vimos pueblos indios que se afeitaban, otros se dejaban largas trenzas. Lo mismo que hoy vemos ridículos practicantes de lucha libre que quieren dar miedo portando luengas guedejas mientras otros pretenden ocasionarlo  rasurándose el cráneo.

De cualquier modo, disfrutemos de estos  buenos tiempos en los que cada uno puede llevar su almendruco como le venga en gana. No siempre ha sido así en todos los lugares ni épocas históricas. Recordemos cómo se pusieron ciertos sectores sociales cuando aparecieron Los Beatles y cuanto tuvieron que aguantar los jóvenes que pretendían imitarlos. Aunque alguno deseara que volvieran esos tiempos.

MONREAL ACOSTA, Genaro (Ricla (Zaragoza) 1-XII-1894/Madrid, 30-IX-1974)

Hijo del veterinario de Ricla, en plena ribera del Jalón, desde niño mostró gran inclinación a la música, de modo, que, cuando le regalaron un flautín, se pasaba el día intentando sacarle sonidos, por lo que en el pueblo comenzaron a llamarle “Genaro chufla”. Su madre le enseñó las primeras nociones musicales pero, por esa aludida inclinación, a los siete años, aprobó las pruebas y pudo ingresar como infantico en la escolanía de la Basílica del Pilar. En las celebraciones del Centenario de los Sitios de Zaragoza (1908), interpretó los solos de una misa de Réquiem ante los restos de Agustina de Aragón. Se dice que  Alfonso XIII, admirado, le impuso la medalla de oro del Centenario.

Muy poco después, con 15 años, se trasladó a Madrid para estudiar en el Conservatorio. Alternaba su preparación con un trabajo como flautista de una orquestina y, después, como pianista en el Salón Madrileño, uno de los sitios de baja estofa más populares en el Madrid del cuplé. Allí acompañó a artistas de varietés como Preciosilla, Adela Margot, Chelito… con el sueldo de 4 pesetas diarias. Pronto lo complementó tocando el piano en el café de La Magdalena. Lo primero que compuso fue “Atchís”, un chotis con letra de Leandro Blanco, estrenado en el Salón Madrileño por La Chisperita (foto).

El mucho trabajo, arreglando canciones para las artistas y el fácil éxito le llevó a renunciar a una carrera superior en el Conservatorio. Su primer gran éxito fue el tan bello cuplé con ritmo de vals, “Las tardes del Ritz”, que estrenó el imitador de artistas Egmont de Bries https://javierbarreiro.wordpress.com/2016/07/20/edmond-de-bries-el-mas-famoso-de-los-imitadores-de-artistas/.

Años después, Mercedes Serós popularizaría en el teatro Lara, otra de sus más populares  creaciones, “El capote de paseo”, un pasacalle, que había sido estrenado por Tina de Jarque. Enseguida comenzó a componer para las grandes figuras hasta trasladarse a París en 1924, donde estuvo siete años trabajando para artistas, casas de discos y cabarets y recorrió Europa “con un número de carácter español, admirablemente orientado” (La Tierra, 19-2-1931). Vuelto a España, su fama ya era imparable. Desde los años veinte le acompañaría la reconocida bailarina murciana Paquita Pagán -Inocencia Moreno Cánovas era su nombre auténtico-, con la que recorrió muchos países al frente de su compañía y con la que fundó una prestigiosa academia de baile y canto en la madrileña calle del Horno de la Mata. Tuvieron un hijo pero no se casaron hasta 1974, doce días antes de la muerte del maestro.

PAQUITA PAGÁN

Su trabajo fue siempre improbo y polifacético. A sus más de mil composiciones de todos los géneros registradas en la SGAE, hay que unir decenas de obras musicales para la escena (V, abajo la relación), adaptaciones de melodías populares aragonesas, navarras, riojanas, vascas, murcianas, andaluzas…  puede decirse que no hubo región española a la que el maestro no dedicara alguna composición. Igualmente, los artistas que cantaron sus canciones están entre los más populares de aquellas décadas: Mercedes Serós, Ofelia de Aragón, Antoñita Colomé, Pepe Blanco, Manolo Caracol, Lola Flores, Gracia de Triana, Antonio Molina, Miguel de Molina, Carmen Morell, Los Xey, Lilián de Celis, Sara Montiel,  Antoñita Moreno, Margarita Sánchez, Ana María, Joselito, Marisol, Manolo Escobar, Lola Flores, el parodista Gran Kiki, Raimundo Lanas… También compuso la música de muchísimos anuncios, que, desde los años treinta hasta principios de los sesenta, sonaron incesantemente en las emisoras españolas. Aún se recuerdan algunos como los de Okal, Medias Vilma, Cucarex, Cervecería La Tropical, DDT Chas…

Con tanta actividad, a partir de la Guerra Civil, el maestro se hizo ayudar de su sobrino Manuel Monreal Díaz (1915-1992), también músico. El compositor de Ricla había fundado la editorial El Momento Musical, que luego vendió a Ediciones Quiroga. Ahí se juntaban dos de los músicos más populares de la edad de oro de la canción española. Quizá proveniente de sus primeros tiempos de penuria, y como ha sido frecuente en la música popular, parece que Monreal tenía cierta tendencia a registrar en la Sociedad de Autores músicas populares como suyas. Así ocurrió con “La pulga”, “Fru-fru”, “Los cuatro muleros”… Esta última, arreglada también por García Lorca para la Argentinita, provocó alguna polémica en la que el maestro supo defenderse con buenos argumentos:

http://hemerotecadigital.bne.es/issue.vm?id=0001076544&page=4&search=monreal+%22los+cuatro+muleros%22&lang=es

En esta línea de música popular, a Raimundo Lanas, el cantador de Murillo el Fruto, que instituyó la forma canónica de cantar la jota navarra, Monreal le armonizó e instrumentó todo el repertorio de jotas escritas por Ezequiel Endériz, con las que instituyó el canon  de la jota navarra.

Cuando en España no existía la televisión y la radio era sin duda el electrodoméstico más popular para los españoles, aunque un gran contingente de ellos ni siquiera podía acceder a ella, la publicidad radiofónica tenía una gran importancia en la vida social y en la economía.  Como además, apenas había emisoras, el zapeo era complicado pero no importaba mucho porque los anuncios eran maravillosos. Frecuentemente se recurría al humor y a la música y, como ocurre hoy en los factores de la publicidad, las empresas requerían el concurso de los mejores compositores y letristas. Por ejemplo, el anuncio del DDT Chas, entonces recién inventado y que supuso una revolución en la lucha contra el insecto,  desternillante chotis en que los insectos convocan asamblea para luchar contra los devastadores efectos del DDT Chas. El cantante de esta y de casi todos los anuncios que musicó Monreal, hoy olvidado, es uno de los vocalistas que más actuó en los años cuarenta, Don Liñán.

El texto de este y de casi todos los anuncios cuya música firmó el maestro fue de Ramón Perelló, De los muchos que colaboraron con Monreal como autores de las letras, el más constante  fue este murciano, que, después de haber pasado unos años en las cárceles de Franco por su pasado leal a la República, se convirtió en uno de los letristas más dotados de la larga posguerra española.

En cuanto a la relación de sus principales canciones, es complicado elegir: ¡Ay, mi sombrero!, Tani Campanera, Mesonera de Aragón, Clavelitos, Las tardes del Ritz, El capote de paseo, El berebito, Serva la Bari, Mi vaca lechera, Habanera del cariño, La gallina papanatas, El lerele, Pasodoble te quiero, Ni se compra ni se vende, ¡Que se mueran los feos!, una creación del gran cómico Ramper, naturalmente, anterior a la que firmó Curiel para Los Sirex, que triunfó en los años sesenta.

Apenas se conoce la historia de una canción tan famosa como “Clavelitos”. Con este título ya hubo un cuplé de La Fornarina, que se hizo muy popular hacia 1910 y que después han cantado numerosas artistas. El “Clavelitos” moderno parece una melodía de toda la vida pero fue escrita en 1949 por el famoso dibujante ecijano Federico Galindo Lladó,  que la dedicó a su novia y después esposa, Rosita Calonge. El maestro Monreal le puso música a ritmo de vals pero tardó nueve años en estrenarse. Aunque no fue compuesta como canción de tuna, lo hizo con su título original “Dame un clavel”. Fue la Estudiantina de Madrid quien la llevó al disco, en el que se dice que es el primero (1958) grabado por una tuna. Desde entonces se convirtió en la más cantada por parte de estas agrupaciones, hoy en decadencia. En aquel disco Philips de cuatro canciones todavía el título fue “Dame un clavel”; en él figuraba también la canción de tuna que sigue en popularidad a la del maestro Monreal,  “Cuando los tunos pasan”, también creada por otro aragonés, el médico y compositor Luis Araque. El solista era Antonio Albadalejo, después psiquiatra, y la futura “Clavelitos” fue inmediatamente incluida en dos películas: Escucha mi canción (Antonio del Amo, 1958) cantada por  Joselito y por la tuna que actúa en La casa de la Troya (Rafael Gil, 1959) y, después, intelrpretada por multitud de artista en numerosos los idiomas

Muy famosa se hizo también “Campanera”, la  canción que logró la mayor recaudación en la España de 1956. Con letra de Naranjo y Murillo, la estrenó la sevillana Ana María (Ana Mª Catalán López) en 1953, pero la popularizó enormemente Joselito en El pequeño ruiseñor (Antonio del Amo, 1956).

Monreal fue nombrado en en 1956 delegado de la SGAE en Madrid y sus últimos años transcurrieron con la tranquilidad de sus saneados derechos como autor 

El 22 de octubre de 1974, pocos días después de su muerte, Ricla, su pueblo natal, le rindió homenaje y puso su nombre al Grupo Escolar pero su figura -uno de las grandes nombres de la música popular del siglo XX- ha sido, de momento, poco reconocida, incluso en Aragón donde, con Montorio, Marquina y Luna, forma el póker de grandes maestros de la pasada centuria. 

                                                                                           OBRA LÍRICA

-Las cosas del mundo (zarzuela en un acto en colaboración con Luis Barta con libreto de Ernesto Tecglen y Rafael Solís, estrenado en el Circo Americano el 19-9-1924).

-Los ponchos rojos (zarzuela en un acto en colaboración con C. Roig y libreto de Julián Moyrón, estrenado en P. Nuevo, XI-1933).

Viñeta romántica (un acto en colaboración con Eugenio Barrenechea y libreto de Manuel Machado y Basilio García Cabello, estrenada en el T. Español, 24-XI-1942).

Filigranas (Fantasía en dos actos en colaboración con Gerardo Gómez de Agüero y libreto de Ramón Perelló, estrenada en el T. Albéniz de Málaga, 28-XII-1945).

Tablao ((apropósito en dos actos con libreto de Ramón Perelló estrenado en el Gran Teatro de Córdoba el 2-II-1946).

Caravana (comedia musical en dos actos con libreto de Francisco Muñoz Acosta, estrenado en el T. Cervantes de Ciudad Real), 8-VI-1946).

Sol de España (fantasía en dos actos con libreto de José López de Lerena y Pedro Llabrés, estrenada en el cine Salamanca, 30-VIII-1946).

-Combinado de estrellas (fantasía en dos actos con libreto de Pedro Llabrés y José López de Lerena, estrenada en el T. de la Comedia, 16-IX-1946).

Gracia española (fantasía en dos actos con libreto de José López de Lerena y Pedro Llabrés, estrenada en el Liceo Salamanca, 19-IX-1946).

Volando por el mundo (fantasía en dos actos con libreto de José López de Lerena y Pedro Llabrés, estrenada en el cine Salamanca, 11-X-1946).

Porcelanas (fantasía en dos actos con libreto de Pedro Llabrés y José  López de Lerena, estrenada en el T. Albéniz, 15-XI-1946).

Melodías de España (comedia musical en dos actos con libreto de José Blanco Ruiz y Ramón Perelló, estrenada en el T. Pradrea de Valladolid, 14-II-1947).

-Fiesta 1947 (revista con libreto de Ramón Perelló, estrenada en el T. Cervantes el 15-IV-1947).

Coplas al viento (fantasía en dos actos en colaboración con Manuel Monreal y libreto de Ramón Perelló y Manuel Martínez Remis, estrenada en el T. Cómico 13-V-1947).

Dos gemelos de oro (comedia musical en tres actos con libreto de Luis García Sicilia, estrenada en el T. San Fernando de Sevilla el 14-I-1948), 14-I-1948.

Alrededor del mundo  (revista con libreto de Ramón Perelló, estrenada en Barcelona en 1948).

– Acuarelas (fantasía en dos actos con libreto de Francisco Ramos de Castro y Ramón Perelló, estrenado en el Teatro de la Comedia, 15-IX-1948)

Maracas y castañuelas (comedia musical en dos actos, con libreto de Francisco Muñoz Acosta, estrenada en Aranjuez, 6-XI-1948).

Tus ojos negros (comedia musical en dos actos, con libreto de Ramón Perelló y Antonio Paso Díaz, estrenada en el Teatro Pradera de Valladolid, el 15-IV-1950.

Cascabeles españoles (revista en dos actos con libreto de Consuelo Losada Sánchez y J. A. Verdugo, estrenada en el T. Pavón el 2-6-1950.

Sin fecha: Almadieros (con libreto de Ezequiel Endériz), Luz y color (fantasía en dos actos con libreto de José López de Lerena y Pedro Llabrés, estrenada en el T. de la Comedia),

                                                                                                    BIBLIOGRAFÍA

Burgos, Antonio, Juanito Valderrama. Mi España querida, Madrid, La Esfera de los Libros, 2004.

Cobos Aparicio, Carlos, Homenaje al maestro Monreal, Ricla (Zaragoza), Asociación Cultural Ricla y sus raíces, 1999.

Baliñas, María, Voz: “Monreal Lacosta” en Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana. Vol, VII,Madrid, SGAE, 2000, p. 698.

Molina, Miguel de, Botín de guerra. Autobiografía, Barcelona, Planeta, 1998.

Retana, Álvaro, Historia de la canción española, Madrid, Tesoro, 1964, p. 431 y 451.

Román, Manuel, Memoria de la copla. La canción española de Conchita Piquer a Isabel Pantoja, Madrid, Alianza, 1993.

-, La copla, Madrid, Acento, 2000.

VVAA, El cine y su música, La Almunia de Doña Godina (Zaragoza), Asociación Cultural Florián Rey, 2003.

(Publicado en Aragón Digital, 23-24 de marzo de 2017)

Cuando oigo la palabra coach no echo la mano a la pistola, tal como decía Albert Leo Schlageter que obraba al escuchar la palabra cultura –luego, la frasecita se la han atribuido a otros- pero sí que me prevengo con la guardia alta y el uniforme de soportar chorradas. Cuanto más ignorante es la persona y menos títulos ostenta, más tiende a colocar el feo barbarismo en su tarjeta o como se diga ahora, que se dirá en inglés. Porque, a pesar de la justa fama que llevamos los españoles de saber menos idiomas que un caracol de campo, nos gusta dar la razón al refrán: “Dime de qué presumes y te diré de qué careces” y, así, ya en los años sesenta, había un Té Olonam’s, propiedad, obviamente, de algún Manolo amante del vesre, un bar Mariano’s o una peluquería Angeline’s; no Angelines’s, como hubiera sido lo correcto, pero daba igual porque -no sé entre los consumidores del té- pero entre los parroquianos del bar o la peluquería, está claro que ninguno conocía la casuística del genitivo sajón.

La verdad es que me gustaría poner ejemplos sangrantes pero lo peor es que entre ellos estarían amigos y amigas, que no han atendido mis aullidos de reconvención y espanto y dicen que son “couch” a quien se lo quiera permitir.

A coach le ocurre como a profesional. A nadie se le ocurre decir ahora que es un buen carpintero, un buen maestro o un buen taxista, ahora todos quieren ser un profesional, vocablo, que, si no me desmienten, alude a quien ejerce una profesión y no a quien la ejerce bien.

Parece que la palabreja coach procede del idioma más raro de Europa, junto al lapón, el húngaro. Los viajeros que en el siglo XV hacían el trayecto entre Viena y Budapest, podían tomar en la ciudad de Kocs, un carruaje con suspensiones más cómodas, que aligeraba las fatigas del recorrido. Kocs derivó en “coche”, palabra ya documentada en España en el siglo XVI, y de ahí salió coach, en el sentido de algo o alguien que ayuda a conseguir los objetivos personales.

Es verdad que un profesional del huevo (huevero) de Astorga puede legítimamente aspirar a ser actor de cine, como Miguel Fleta, un campesino, aspiraba a cantar en los teatros. El huevero no está en disposición económica  ni geográfica de contratar a un actor que le enseñe  a convertirse en Marlon Brando o Paul Newman ni a matricularse en una escuela de interpretación, equivalente al Actor’s Studio. ¿A qué coach contratará para cumplir sus objetivos? Es más que probable que en Astorga exista un jeta, que se dedique a todo esto y prepare a la gente para triunfar en la interpretación, sin otra formación que un curso municipal. Mientras tanto, la antaño tan ibérica capital de la Maragatería ha perdido sus chorizos, sus tabernas, sus cocidos y ostenta sus international foods, sus pizzerías, sus mexicans, sus burgers de plástico y carne de mula, que en eso ha quedado la arriería.

Miguel Fleta se buscó o encontró a una señora, Luisa Parrick, que sabía casi todo lo que hay que saber para cantar ópera. Incluso se casó con ella. Si hubiera buscado un coach, los zaragozanos de entonces, gentes de otro criterio, le hubieran arrojado tormos, tusos, pellas y hortalizas, cuando bajaba, con su carro de alcachofas, de Cogullada al mercado de Zaragoza.

Y se le hubiera estado muy bien.

Distintos tipos, sui generis, de coach: monitor de sueños, maestro de vida, animadora (de azul) para el baile del cangrejo.

Hará unos doce años fui a visitar al veterano tenor cincovillés, Mariano Ibars, que vivía en una muy modesta parcela de Garrapinillos, a pocos kilómetros de Zaragoza. Yo acababa de publicar un libro, Voces de Aragón, donde daba cuenta de quienes en dicha tierra habían destacado en cualquier tipo de canto, desde que existía memoria sonora: figuras del género lírico, cupletistas, cantadores de jota, de canción ligera… En el volumen hablaba, naturalmente, de Ibars pero a través de las noticias que había encontrado sobre su carrera, ya que no había logrado localizarlo. Mariano con noventa años, conservaba intactos el vozarrón y la memoria y la larga conversación fue tan ilustrativa y agradable que, unido al evidente placer con que desgranaba el tenor sus recuerdos, me determinó el proponerle una entrevista formal, ya que yo no había previsto otra cosa que charlar. Como uno ya había escrito el libro aludido y andaba enredado en muy diversas cuestiones, me pareció oportuno plantearle a Mariano García Cantarero, acreditado periodista de Heraldo de Aragón, muy aficionado a estos temas, que me acompañara y fuera él quien redactase la entrevista para su periódico. Aceptó encantado este nuevo Mariano pero a la hora de concretar la cita surgió una figura con la que he tenido la mala fortuna de tropezar en mis ya bastantes años hacer historia de muy diversos protagonistas de la canción en España: me refiero al familiar que convive el viejo intérprete y que, provisto de toda clase de necias precauciones, lo rodea de alambradas, fosos y prohibiciones que  hacen imposible las confesiones. ¿protección de la intimidad, rescoldo de una sociedad cerrada, envidia subconsciente…? Con el pretexto de la salud, que en ningún momento vi amenazada en mi larga conversación anterior y la prueba fue que el cantante vivió siete años más, la señora en cuestión canceló la entrevista y Mariano Ibars no pudo ver gratificado el comprensible orgullo por contar lo que había sido una sólida carrera ni los aragoneses pudieron rescatar la memoria de un personaje al que ya habían olvidado.

He recordado este asunto al tropezarme con un recorte sobre la muerte del tenor, que le llegó, poco antes de cumplir los 98 años, el 8 de marzo de 2012 y de la que sí se hizo eco la prensa local. Por cierto, la fecha coincidía la del día en que había nacido Raquel Meller. Próximo el quinto aniversario de la desaparición del navardunense, reproduzco, con algún añadido, el texto publicado en el citado libro: Voces de Aragón. Intérpretes aragoneses del arte lírico y la canción popular. Zaragoza, Ibercaja, 2004, pp. 77-78.

ibars-mariano

navardunNavardún, a la entrada del la Val de Onsella, el hermoso y desconocido valle en la punta norte de la provincia de Zaragoza, vio nacer el 17 de abril de 1914 al tenor Mariano Ibars, hoy, pues, con noventa años cumplidos. De familia campesina, Mariano comenzó como jotero de gran voz que le serviría para obtener premios en varios concursos antes de inscribirse en el Orfeón Zaragozano, que dirigía Pepe Cortés.

Al poco tiempo se marchó a Barcelona para hacer el servicio militar y pudo colocarse como taquillero en el Teatro Victoria del Paralelo, puesto que, pensó, le daría ocasión a mostrar más fácilmente a los empresarios su privilegiada voz. Se inscribió en la academia de Enrique Novi y Federico Cortó y también recibió los consejos del tenor Jaime Ferré y de Ramón Gorgé, hermano del famoso bajo alicantino Pablo Gorgé, que ejercía funciones semiempresariales en el aludido teatro. Según Hernández Girbal, su aprendizaje fue rápido, por su gran memoria musical. También habla de su voz “fresca, homogénea en todos los registros y de agudos tan claros y afinados como los de un clarín”.

Cuando su carrera apuntaba, le sorprendió en la capital catalana la guerra, que hizo en el ejército de la República. Al final del conflicto, en muy penosas condiciones, hubo de volver a Zaragoza para cantar nuevamente en el Orfeón y, otra vez, a  probar suerte con la jota. Esto le dio la oportunidad de repetir sus éxitos iniciales y ganar unos cuantos premios pero no le significó gran alivio a su situación económica, por lo que decidió volver a Barcelona.

Su debut en la ópera se produjo en el Teatro Lírico de Palma de Mallorca cantando Rigoletto, que constituiría su ibars-mariano-1piezamás constante en el bel canto. Durante 1944 estrenó en el Teatro Cervantes de Sevilla la zarzuela Mari Nieves, la Camerana pero a lo largo de estos años actuaría casi siempre en Cataluña, Valencia y las islas Baleares. En abril de 1945 dio el salto a América con la compañía de Pablo Sorozábal. Allí fue muy apreciado en Montevideo y Buenos Aires donde combinó las grandes zarzuelas con las óperas, entre las que llegó a cantar tres funciones de Rigoletto en el Colón con un elenco en el que figuraban los mejores cantantes argentinos. En 1946 se recuerda asimismo otra gran Marina en el montevideano Teatro 18 de Julio.

Regresó a su patria y, en tiempos cada vez más problemáticos para la zarzuela, deambuló sucesivamente por diferentes compañías líricas de importancia, como la que llevaba el nombre del eximio Pablo Luna, a la que se incorporó a finales de 1953, y con la que actuó varias veces en Zaragoza. En esta época, quizá el mayor hito de Mariano Ibars fuera estrenar en España las dos grandes zarzuelas cubanas de Lecuona, El cafetal y María de la O. En 1959 actuó en la radio y televisión francesas y cumplió un nuevo contrato en la Argentina. Al regresar a España, volvió a la compañía Pablo Luna, hasta retirarse el 25 de marzo de 1965 en el Teatro Marín de Teruel cantando Los claveles de la Virgen.

Mariano Ibars fue un tenor de voz diáfana y voluminosa, con muy vibrantes agudos y “de hermosísimo color”, según Sagarmínaga, capaz de cantar piezas muy diversas y adaptarse a todos los géneros. Fuera de la profesionalidad, siguió cantando hasta cumplir los ochenta años. Apenas, en cambio, dejó registros grabados. Muy apreciado por su gran humanidad, vive en Zaragoza.

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Muchos nos vimos gratamente sorprendidos cuando el viernes 17 de febrero apareció como personaje en la serie Acacias, 38, el sabio biólogo aragonés Odón de Buen. Gratamente, porque era la ocasión de dar a conocer al gran público la figura de este hombre sabio y bueno ya que, si se acometiera una encuesta pública sobre el conocimiento del mismo, incluso en Aragón, apostaría a que es desconocido por más del 99% de los interrogados, cuando su trascendencia científica y civil fueron tan relevantes. Incluso estamos inclinados a perdonar a la serie sus desfases cronológicos y desmanes lingüísticos, de los que ya me ocupé no hace mucho “Acacias 38 y sus anacronismos” https://javierbarreiro.wordpress.com/2016/06/06/acacias-38-y-sus-anacronismos/, si la figura del zufariense, se trata con cierto rigor y respeto. De momento, el parecido físico del actor que lo interpreta es notable y sus ideas son compartidas por los personajes “buenos” de la serie y deploradas por los pérfidos. 

Por si alguien desea alguna información más amplia sobre este santo laico, fundo aquí parte de dos artículos: “En el sesquicentenario del buen Odón de Buen”, aparecido en la revista Imán nº 9, noviembre 2013. http://revistaiman.es/2013/11/27/en-el-centenario-del-buen-odon-de-buen/ y la dedicada a su obra y bibliografía de mi Diccionario de Autores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005), Zaragoza, DPZ-Gobierno de Aragón, 2010, pp. 214-216. En la primera sección incluyo dos breves textos del científico, que dan buena cuenta de su talante civil.

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Un 4 de abril de 2003 Zuera recibía desde Méjico los restos de su hijo más ilustre, Odón de Buen y del Cos, del que este año se conmemora el 150 aniversario, ya que vino al mundo el 18 de noviembre de 1863, festividad de San Odón, como es de suponer.

buen-odon-de001Mucho más conocido como científico que como autor literario, Odón del Buen, hijo de un sastre, su precocidad intelectual le deparó una beca del ayuntamiento zufariense para cursar el bachiller en Zaragoza y realizar en Madrid la carrera de Ciencias, que terminó con premio extraordinario.

Su primera labor científica fue a bordo de la fragata Blanca, que comisionó en 1885 el Gobierno y donde se instaló el primer laboratorio español de biología marina. Ya entonces se manifestó su vocación literaria pues, fruto de este periplo por las costas de Europa, el Báltico y el norte de África, surgieron de su pluma varias publicaciones, entre las que destaca, De Kristianía a Tuggurt: impresiones de viaje (1887), reeditada por la Institución Fernando el Católico en 1998.

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Primer barco del Instituto Oceanográfico Español

En su vertiente de militancia civil, Odón de Buen fue miembro de la entonces muy numerosa masonería española y tomó postura en gran parte de las cuestiones político-sociales que ocupaban a los españoles: miembro del Partido Republicano Centrista de Nicolás Salmerón, fue también concejal en Barcelona y senador. En su etapa madrileña y con el seudónimo de Polemófilo colaboró en el muy combativo periódico, Las Dominicales del Libre Pensamiento y, junto a otros jóvenes, fundó El Radical y en 1988 tradujo la autobiografía de Garibaldi.

En 1889, alcanzó en la Universidad de Barcelona, la cátedra de Historia Natural que ocupó hasta su traslado a Madrid en 1911. En tal periodo afrontó un ingente quehacer científico, que lo convirtió en una autoridad mundial en Oceanografía. Su defensa de las teorías de Darwin le valió la excomunión, dictada por el arzobispo de Barcelona, y la consiguiente expulsión de su cátedra, lo que provocó disturbios estudiantiles hasta su reposición en la misma, dado que el Papa no llegó a ratificar la pena. Es verdad que, además de su inclinación hacia el evolucionismo, había participado en las actividades de la Escuela Moderna de Ferrer Guardia, el maestro anarquista que cargó con las culpas de la Semana Trágica.

buen-odon-de-_mitin-anticlerical-en-barcelona                                                                            En un mitín anticlerical en la plaza de toros de Barcelona

Aparte de sus numerosas publicaciones pedagógicas y científicas, Odón de Buen,  reincidiría en la escritura. Ya en 1893 había publicado, El conflicto de Melilla y la cuestión hispano-marroquí, con el que ratificaba su calidad de ciudadano preocupado por los temas candentes en su tiempo. En 1905 volvería a dar a las prensas un libro de viajes, Excursiones por Mallorca, fruto de sus escarceos entre científicos y placenteros por una isla todavía incontaminada.

Tras su regreso a la Universidad madrileña y la fundación en 1914 del Instituto Español de Oceanografía (1914), su obra y su relevancia intelectual se incrementaron. Durante décadas desarrolló una labor ingente en los terrenos de su competencia. La Guerra Civil le sorprendió en Palma de Mallorca, donde fue encarcelado. Al contrario de lo que sucedió con uno de sus hijos, presiones internacionales evitaron su ejecución y continuó en prisión hasta su canje por la esposa y una hija de Miguel Primo de Rivera, de quien había sido amigo desde su juventud. Después de su liberación, se afincó temporalmente en Banyuls sur Mer, localidad del sur de Francia, donde,  presintiendo su próxima muerte, entre el verano de 1940 y otoño de 1941, redactó sus memorias, una síntesis de las cuales fue publicada en Buenos Aires en 1943 y seis décadas más tarde publicaría completas la Institución Fernando el Católico. Finalmente, se radicó en Méjico, en cuyo Distrito Federal falleció el 3 de mayo de 1945.

La magnitud de sus investigaciones y los reconocimientos alcanzados dan cuenta de una de las personalidades aragonesas más valiosas de su tiempo. Pero fue también un humanista, de lo que dan fe muchos de los textos que nos dejó y su compromiso de hombre íntegro y preocupado por la moralidad de sus actos. Como remate transcribimos su reflexión acerca de la Guerra Civil y el exilio que tanto le afectó: “lo he presenciado, lo he vivido, lo sufrí, desgarró mi alma” y unas líneas de su testamento:

¿Cuál será el fin de esta tragedia espantosa? No puede ser otro que el triunfo de las virtudes humanas, la destrucción de la barbarie, el restablecimiento de todas las libertades con tanta sangre conquistadas y sostenidas. Pero, ¿alcanzarán mis años a verlo?”.

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Escribo estas líneas al cumplir los ochenta años. Persisto en mis ideas librepensadoras de siempre. Desde muy joven he vivido fuera de toda comunión religiosa y en un feliz hogar librepensador os habéis educado. Enterradme civilmente. Si a última hora la pérdida de la razón o cualquier acto de fuerza me arrancara declaraciones contrarias no las respetéis; no representará mi voluntad consciente y libre.buen-odon-de-y-esposa004

Que mis restos reposen, si es posible, al lado de los de vuestra madre. Murió fuera de toda religión positiva y se enterró civilmente. Nuestra religión se cifraba en una gran rectitud de conciencia y en el culto del bien, de la familia, de la ciencia, de la libertad, de la justicia y del trabajo. Hicimos todo el bien que nos fue posible; no hicimos a sabiendas mal a nadie.

Si se recupera algo de lo que nos han arrebatado brutalmente, repartíoslo como buenos hermanos.   Todo lo que ha sido de vuestros padres, poco o mucho, es vuestro. Así pensaba también vuestra madre.

Guardad siempre el recuerdo de vuestro mártir hermano Sadí.  Era bueno y sabio.

Os bendice amorosamente vuestro padre.

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                                                                                                      OBRAS

De Kristianía a Tuggurt: impresiones de viaje (libro de viajes), Madrid, Imp. de Fortanet, 1887. / Zaragoza, IFC, 1998.

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Península Escandinava, Golfo de Botnia, Argelia (impresiones de un viaje científico): discurso pronunciado en la sesión que celebró la Asociación Española de Historia Natural en el Ateneo de Madrid el día 18 de mayo de 1887, Madrid, Imp. de Fortanet, 1887.

El conflicto de Melilla y la cuestión hispano-marroquí (ensayo), Barcelona, Imp. de Salvador Manero, ¿1893?

Excursiones por Mallorca (libro de viajes), Barcelona, Imp. de Pedro Toll, 1905. / Madrid, Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, 1989.

Síntesis de una vida política y científica (memorias), Buenos Aires, Patronato Hispano-Argentino de Cultura, 1943. / Zaragoza, IFC-Ayuntamiento de Zuera, 1998.

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Mis memorias (Zuera, 1863-Toulouse, 1939), Zaragoza, IFC, 2003.

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                                                                                     BIBLIOGRAFÍA

-A&L, “Reseña” de Mis memorias, Heraldo de Aragón, 22-V-2003.

-AYALA, Jorge, Pensadores aragoneses, Zaragoza, IFC, 2001, pp. 507-509.

-BOIRA, Pascual, Voz: “Buen y del Cos, Odón de”, Gran Enciclopedia Aragonesa, tomo II, Zaragoza, UNALI, 1980, pp. 513-514.

-CALVO ROY, Antonio, “Desenterrar a Odón de Buen” (Reseña de Mis memorias), El País, 31-I-2004.

-CASTÁN PALOMAR, Fernando, Aragoneses contemporáneos 1900-1934 (Diccionario biográfico), Zaragoza, Herrein, 1934, pp. 111-113.

-CASTRO, Antón, “Odón de Buen, el aragonés que reinventó el mar”, Heraldo de Aragón, 12-I-2003.

-CORTÉS ARRESE, Miguel, Estampas rusas, Zaragoza, IFC, 2006, pp. 54-64 y 162-169.

-FATÁS, Guillermo, “Odón de Buen y del Cos”, Aragoneses ilustres II, Zaragoza, CAI, 1985, pp. 30-31.

-, “Presentación” de De Kristianía a Tuggurt: impresiones de viaje, Zaragoza, IFC, 1998.

-, “Presentación” de Síntesis de una vida política y científica, Zaragoza, IFC-Ayuntamiento de Zuera, 1998.

-JUSTE, Chus, “Odón de Buen en los libros”, Trébede nº 73, marzo 2003, pp. 37-38.

-MANERA, Danilo, Viaggi di carta. Carte di viaggio, Milán, I Libri di Damoli, 2006.

-PÉREZ MORTE, Antonio, “Odón de Buen, padre de la Oceanografía”, Trébede nº 27, junio 1999.

-, “Odón de Buen regresa del exilio”, Trébede nº 73, marzo 2003, pp. 29-36.

-, “La voz brava del mar” (Introducción a Mis memorias), Zaragoza, IFC, 2003.

-ROMERO MAURA, Joaquín, La rosa de fuego. Republicanos y anarquistas: la política de los obreros barceloneses entre el desastre colonial y la Semana Trágica, Barcelona, Grijalbo, 1975.

En un reciente artículo acerca de esta cuestión, publicado  en el diario bilbaíno El Correo, se atribuía al escritor Tomás Borrás la invención del apellido más largo. Se escribe allí:

La longitud y complejidad de algunos apellidos vascos es un eterno cliché, explotado a menudo con intenciones humorísticas: desde aquel Iturriberrigorrigoicoerrotaberricoechea, que se inventó el escritor madrileño Tomás Borrás en la prensa de los años 30…

Borrás, Tomás

Como no hace mucho edité los Cuentos gnómicos de este gran narrador, empresa en la que me acompañaron los borras-caballero-ideas-a-peseta001excelentes prosistas y mejores amigos, Pardeza  y Petón, puedo corregir amigablemente al colega vasco Carlos Benito, que firma este trabajo titulado “¿Quién tiene el apellido vasco más largo?”. Efectivamente en un cuento de humor publicado por Tomás Borrás en el diario ABC correspondiente al 18 de octubre de 1931 con el título “Caballero, ideas a peseta”, aparece un personaje que explica jocosamente el porqué de la longitud de los apellidos vascos y afirma poseer el apellido citado:

Lea mi tarjeta: Iturriberrigorrigoicoerrotaberricoechea. ¿Sabe lo que quiere decir? “Te aguardé hasta las cinco y me tuve que ir a la fonda porque tenía que escribir unas cartas”.

eustaquio_pellicer_y_charles_schutzEvidentemente, la traducción es falsa y lo que se narra, pura ficción, como corresponde a un cuento, pero el apellido es real aunque quizá hace tiempo que haya desaparecido del país vasco. Sin embargo, en Caras y Caretas, popularísimo semanario “festivo, literario, artístico y de actualidades”  bonaerense, que apareció entre 1898 y 1939 y que había fundado (1890) en Montevideo el emigrado burgalés Eustaquio Pellicer, a finales de los años veinte, se publicaba un anuncio recuadrado que rezaba así:

               caras-y-caretas-anuncio003

                                                    

                                                         

Existía, pues, este apellido con 39 letras y 33 fonemas, muchas más que el más largo que encontramos, si buscamos en Google, donde el mayor,  Pagatzaurtunduagoienengoa, no supera las 25 letras. Y, de los que todavía están vivos, es decir, que existe alguna persona que en España los ostente, es Arietaleanizbeazcoechea, con 23 letras. Es verdad, que en la Enciclopedia de los nombres propios de Josep María Albaigès (1996) se cuenta que un funcionario del Ministerio de Finanzas en el Madrid de 1867 se apellidaba Burionagonatotorecagageazcoechea, que, con 32 letras, aún queda lejos de nuestro comerciante de calzados vasco-argentino.

Es más, ni siquiera lo supera el más largo del mundo, que corresponde a una ciudadana hawaiana de nombre Janice, keihanaikukauakahihuliheekahaunaelepues sólo alcanza 35: Keihanaikukauakahihuliheekahaunaele. El Guinnes que manejo (edición de 1996) no dice nada respecto a apellidos largos.

Por tanto, mientras nadie diga lo contrario, el apellido más largo del mundo es el citado Iturriberrigorrigoicoerrotaberricoechea*, que, según traducción que me brinda mi prima Arantxa Oyárbide, significa “Fuente nueva roja de la casa del nuevo molino de arriba”.

Se comprende que el propietario de aquel céntrico Gran Bazar bonaerense estuviese tan orgulloso de su extenso patronímico y, junto a su breve nombre, lo ostentase en sus anuncios.

(Publicado en Aragón Digital, 8 de febrero de 2017: http://www.aragondigital.es/noticia.asp?notid=152915&secid=21#comentarios).

*En una de las Tradiciones peruanas de Ricardo Palma aparece un personaje llamado Doña Angustias Ambulodegui de Iturriberrigorrigoicoerrotaberricoechea. Un oscuro escritor uruguayo, Jesús Aldo Sosa Prieto, que firmaba Jesualdo, también cita un alumno con dicho apellido en el capítulo VI de Fuera de la escuela (Dato comunicado por el amigo e investigador marplatense Tuqui Rodríguez).

Suripantas_Gil Blas25-4-1867Se conviene en establecer la fecha del 22 de Septiembre de 1866 como la del origen de las Variedades en España. Tal día se estrena en el Teatro de los Bufos, El Joven Telémaco (pasaje mitológico-lírico-burlesco en dos actos y en verso), del zaragozano Eusebio Blasco[1] y música del alicantino maestro Rogel, que inicia en España el género bufo triunfante anteriormente en París.

En efecto, el teatro de Los Bufos parisinos acogía la representación de una suerte de operetas frívolas muy en consonancia con la sociedad del Segundo Imperio cuyo autor musical más representativo fue Jacobo Offenbach, un judío alemán recriado en París y casado con una española. Músico de inspiración alegre y satírica, desbordada espontaneidad y con evidentes dotes creativas, dio forma definitiva e impuso el can can -aunque ya se conocía[2]– a partir de su obra Barba Azul. Otras obras de éxito, que incluso se siguen representando, son La bella Elena, quizá su obra maestra, con libreto de Meilhac y Halévy, Orfeo en los infiernos, La hija del tambor mayor, Madame Papillon, Bataclán

Los Bufos de París dieron paso a Los Bufos madrileños, compañía dirigida por el famoso actor, pianista, activista político y empresario Francisco Arderíus que, habiendo asistido a los grandes éxitos de Offenbach en la capital del Sena, tomó del famoso actor y empresario Julián Romea, el Teatro de Variedades para convertirlo en el de los Bufos al inaugurar la temporada. Con esa intención propuso a Eusebio Blasco escribir un disparate mitológico a imitación del Orphée aux Enfers offenbachiano con mujeres vistosas y música pegadiza para lo que arriesgó diez mil reales que tenía ahorrados.

Arderius le espetó a un joven Blasco, que empezaba lo que fue una brillante carrera en el periodismo, el teatro y la poesía:

-Si me haces una cosa rara, nueva, estrafalaria, algo asó como Orphée aux Enfers o esas cosas que he visto yo este verano en París, estrenarás la temporada. Pero necesito eso antes de diez días. Si no gusta perderé lo que tengo y tú tendrás la culpa. (Eusebio Blasco, “Prólogo” a El joven Telémaco (refundida en un acto), Madrid, R. Velasco, impr. 1900, p. 5).

El autor la confeccionó en seis días con sus seis noches. Mezcló a las diosas Calipso y Venus con la ninfa Eucaris, el joven Telémaco, su padre, Ulises, el sabio Mentor, el niño Amor y un coro de ninfas, que derivarían en suripantas. De hecho, en la segunda edición de la obra, el autor cambia el complemento de “coro de ninfas” al de “coro de suripantas”. 

El joven Telémaco se estrenó (22-IX-1966) en el teatro Variedades, que pasó a llamarse de “Los Bufos madrileños”, e hizo furor[3] hasta el punto de que Arderíus, que hizo el papel de Telémaco, llegó a poseer teatro propio y, años después, a ser el empresario del Teatro de la Zarzuela. Como sucedió tantas veces en la historia de la literatura española, una obra paródica habría de marcar un hito.

En la escena IX de esta obra, Mentor ordenaba al coro que cantara en griego (macarrónico):

                Suripanta-la-suripanta,

                maca-trunqui-de-somatén;blasco-eusebio003

                sun fáribun, sun fáriben,

                maca-trúpiten-sangasimén.  

                     ¡Eri-sunqui!

                     ¡Maca-trunqui!

                     suripanten…

                     suripen!

                ¡Suripanta la suripanta

                melitónimen-son pen!

La popularidad de este estribillo deparó la extensión del motejo “suripantas” aplicado a las actrices del teatro frívolo[4] y, posteriormente, a las mujeres descocadas. Las razones del éxito hay que buscarlas en la “desvergüenza” vestimental de la que hacían gala las tiples de los “bufos” -mostraban la pantorrilla izquierda- y también en la parodia del griego que el coro femenino acometía, como también se hizo famosa la habanera que entona Telémaco: “Me gustan todas, me gustan todas, me gustan todas ene general,  pero  esa rubia, pero esa rubia me gusta más”. Por cierto, que las dos docenas de coristas se estrenaban con esta obra en el teatro[5]. Hay un bello cuadrito de José Cala y Moya, “Suripanta saliendo de los Bufos”, en el Museo Municipal de Madrid[6].

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                                                                                                        NOTAS

[1] V. https://javierbarreiro.wordpress.com/2012/08/20/eusebio-blasco/

    [2]  “En el teatro de la Infantil… se daba una función para hombres solos en la que se bailaba un can can que era la débacle. Por toda indumentaria sacaba la bailarina una camisita tan corta por arriba como por abajo y unas medias polícromas. Tal eran las contorsiones, los movimientos y las actitudes, que el público entero, sin excepción de guardias, rugía como león enjaulado, tomándose precauciones por los posibles asaltos al escenario y para la integridad de la can-cancista“. Florentino Hernández Girbal, Una vida pintoresca. Manuel Fernández y González, pp, 248-249. Madrid, 1931.

    [3] El precio de la función no era, en la época, un regalo: oscilaba desde 16 reales la butaca a 4 la general. Sin embargo, la aceptación fue masiva y la compañía de los Bufos tuvo una larga y exitosa trayectoria pese a los denuestos que solían proyectarles críticos y currinches. Arderíus llegó a obsequiar a los espectadores con almanaques para el año entrante.

     [4]Del éxito de la palabra “suripanta” -hoy en desuso- puede dar idea su rápida conversión en adjetivo. Véase por ejemplo el famoso periódico satírico Gil Blas que en su número del 4 de Octubre de 1868 menciona, entre una supuesta relación de objetos abandonados en palacio por Isabel II tras su huida a Francia, “Un reloj, secreto confidente de ideas un sí es no suripantescas”.

     [5]Véase Martínez Olmedilla, Augusto, Op. Cit. pp. 41-42; Villarín, Juan, El Madrid del Cuplé, Madrid, 1990, pp. 23-28; Morayta y Sagrario, Miguel, “El teatro de variedades”, Comedias y Comediantes, año ii, nº 9, Madrid, 1910.

     [6] V. el citado e interesante prólogo de Eusebio Blasco a El joven Telémaco, Madrid, Imp. de R. Velasco, 1900 y su artículo “La suripanta”, recogido en Costumbristas españoles. Tomo II, 2ª ed., Madrid, Aguilar, 1964. También el artículo de Eduardo Huertas Vázquez, “Las suripantas”. El Bosque nº 5. Mayo-Agosto, 1993, Zaragoza, pp. 121-132; la biiografía de Eusebio Blasco de Mariano Faci, Don Eusebio Blasco y Soler, zaragozano,aragonés y pilarista, Ayuntamiento de Zaragoza,  2003, pp. 110-143. También, la nueva edición de la obra por parte de Pedro Villora (Teatro frívolo), publicada en 2007 por la editorial Fundamentos.

(Publicado en Javier Barreiro, Raquel Meller y su tiempo, Zaragoza, Gobierno de Aragón, 1988, pp. 14-16). Introduzco ahora algunos añadidos y notas.

La fotografía ovalada corresponde a Eusebio Blasco en 1866. Propiedad de la Biblioteca Nacional.

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Arderíus tras sus suripantas