(Publicado en Aragón Digital, 23-25 de agosto de 2021)                                                                        

Visito la exposición que conmemora el 150 aniversario del tranvía en Madrid. Se muestra en la antigua fábrica de cerveza El Águila, convertida en centro cultural de la Comunidad de Madrid. El hermoso ladrillo rojo de la antigua factoría es una vociferante denuncia de la clamorosa fealdad de la arquitectura moderna que le han adosado.

La exposición es ilustrativa para aquellos a quienes nos gustar saber cómo fue el pasado. Sin embargo, la parte de los libros dedicados al tranvía es muy pobre. Se reproducen artículos de Ortega y Gasset, Ramón Gómez de la Serna y Antonio Espina, una novela moderna de Manuel Rico, que lo único que tiene que ver con los tranvías es el título y el Diario de Juani, una universitaria bilbaína, a la que atropelló un tranvía en 1963. Los dos últimos títulos parecen una broma.

El año pasado se celebró el centenario de la muerte de Galdós. Una buena ocasión para recordar que el novelista canario, siempre atento a lo que ocurría en su tiempo y en fecha tan temprana como la de 1871, recién inaugurado el tranvía, publicó en la revista La Ilustración una novela corta que tituló La novela en el tranvía, una divertida narración que oscila entre lo psicológico, lo humorístico y lo policiaco. Este año el centenario le toca a la Pardo Bazán, de la que ya la Biblioteca Nacional ostenta una buena exposición, como sucedió con Galdós. Mira por dónde que también doña Emilia publicó en 1899 un libro con el  título, En el tranvía, pero en este caso el cuento que da título a la obra es hondamente dramático. Por su parte, un autor tan justamente popular en su día como Wenceslao Fernández Flórez editaría años después sus tan amenas como desopilantes, Historias del tranvía. Y, si recurrimos a lo local, José García Mercadal dio a la luz en fecha tan temprana como 1908, su Zaragoza en tranvía, del que hay edición facsímil.

En fin que quienes montaron la exposición lo tenían fácil para encontrar libros con que rellenar la patética vitrina sin tener que recurrir a la pobre Juani y el maldito tranvía que la sacó del mundo.

En estos relatos de los tranvías del pasado, además de su valor literario, podemos afrontar algún modesto apunte sociológico acerca de sus viajeros. La diferencia más patente con la actualidad es lo mucho que hablaban los desconocidos entre sí, lo mismo que sucedía en bares, tiendas y mercados. Si hoy alguien escribiera alguna página sobre los actuales viajes en estos vehículos eléctricos, quizá debería titularla “Epifanía del silencio”.

comentarios
  1. anamariapalos dice:

    Reblogueó esto en Blog de Ana María Palos.

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