SIMÓN, Vicente Zaragoza, 10.XII.1898 – Madrid 12. I. 1963. Tenor

 

El 10 de diciembre de 1898, setenta y dos días después del estreno de Gigantes y Cabezudos, nacería en el número 18 de la zaragozana calle de Forment el que iba a ser famoso tenor zarzuelero Vicente Simón. Su padre era dueño de un taller de restauración y platería en dicha calle, muy cercana al Pilar y hoy desaparecida.

Vicente, el menor de cuatro hermanos, estudió con los maristas y, después, música y pintura en la Academia de Bellas Artes, al tiempo que ayudaba en el taller familiar. Sus afanes musicales y la buena relación de su padre con el cabildo le habían ya llevado a ingresar en los Infanticos del Pilar y, luego, en el Orfeón Zaragozano, donde rápidamente llegaría a solista. Allí le escuchó el barítono vasco Eulogio Villabella, que se convirtió en su profesor de canto y dictaminó que su voz no era de barítono sino de tenor y así fue cultivada desde entonces.

En esta, la Zaragoza de la senderiana Crónica del alba, Vicente da sus primeros recitales como aficionado y consta que el día de Santiago de 1917 cantó en el Salón Blanco, ubicado hasta no hace tanto al lado del Palacio de los Pardo, actual sede del Museo Camón Aznar. La pieza que el joven tenor interpretaba fue Telva, la gitana, una zarzuela de Miguel Sancho Izquierdo -que, por lo visto, hizo de todo- con música de José María Olaiz. Muy poco después, sin haber cumplido aún los dieciocho años, Vicente se traslada a Barcelona para ampliar sus estudios de canto con maestros como Luis Canalda, Concepción Callao y Adela Marra. Algo más tarde, logró también ingresar, en calidad de restaurador, en el Museo Municipal de la Ciudad Condal. Pronto, sin embargo, hubo de servir como soldado en Marruecos, donde participó en muchas acciones y resultó herido en el desastre de Annual (1921). Con su voz y su guitarra amenizaba los días de campamento y se dice que el propio general Sanjurjo lo sentó a su mesa. Es muy probable, pues, que en algún momento coincidiese con Sender aunque la melomanía fuese una de las pocas pasiones que no afectó al novelista de Chalamera.

Una vez licenciado, Vicente volvió a Barcelona para seguir con su oficio de restaurador –había ya instalado un taller en la calle Consejo de Ciento- y aprovechaba los fines de semana para afirmar su vocación cantando en las sesiones de los cines con el nombre de Víctor Smith. Hasta 1929 no tuvo la oportunidad de debutar en un escenario de algún prestigio. Fue en el llamado Teatro del Bosque, sito en la barriada de Gracia, donde hubo de sustituir al tenor en el papel de Almaviva de la ópera El barbero de Sevilla, acompañado del barítono Ricardo Fuster, la soprano Elvira Serra y el bajo Gabriel Olaizola. Este último, que se disponía a estrenar en Madrid Noche de verbena, lo recomendó a Amadeo Vives, autor de la música. El maestro le probó haciendo que cantara fragmentos de Tosca, quedó satisfecho y dispuso que Vicente fuera el tenor designado para el estreno de su obra en el Eslava el 21 de diciembre de 1929. Todo salió a satisfacción y, pronto, el 5 de abril de 1930, el tenor aragonés estrenaría otra obra en el Teatro de la Zarzuela, El ruiseñor de la huerta de Leopoldo Magentí. A lo largo de su vida Vicente llegó a representar el alto número de treinta y seis zarzuelas.

Desde el inicio, su recepción crítica fue muy positiva. En su citado debut con El barbero de Sevilla, un comentarista titula “Gran actor y excelente cantante”. Sin embargo, como ocurrió en el caso de Juan García, la recuperación de la zarzuela en su época le hace inclinarse hacia este género, aunque volviera a cantar la ópera de Rossini en otras ocasiones. Así, su papel más constante fue el de protagonista (el hermano Rafael) en La Dolorosa de Serrano.

La condición de restaurador del tenor se acomodaba perfectamente al hecho de que el tal hermano Rafael fuese, además de lego, artista del pincel y pasase buena parte de la obra pintando un óleo de la Virgen, a la que da el rostro de su amada. Vicente colocaba en escena un cuadro suyo y así todo se desarrollaba con la mayor naturalidad. Incluso hay quien recuerda que en su actuación aplicaba realmente pintura a la tela de la Virgen y en cierta ocasión en que la obra se representaba en Zaragoza, al final, llegó a sortearse el cuadro entre el público. Con esta zarzuela recorrió España e Iberoamérica y llegó a cantarla en más de mil cuatrocientas ocasiones. La Dolorosa es obra de ambiente aragonés, que había sido estrenada por Emilio Vendrell en 1930 y constituyó un gran éxito, de modo que fue llevada rápidamente al cine. Tal vez por esta vinculación de su papel con lo religioso, fue reclamado por el ayuntamiento sevillano para interpretar el Miserere de Hilarión Eslava durante la Semana Santa de 1931, acontecimiento que el cantante consideraba como uno de sus mayores timbres de gloria.

También interpretó en más de mil ocasiones otros títulos tan populares como Doña Francisquita, de su descubridor, Vives, y Luisa Fernanda, como se verá más abajo. Era época en que las representaciones que se daban eran muy numerosas y los cantantes debían prodigarse mucho más que hoy cantando, tarde y noche, un repertorio variadísimo para lo que, evidentemente, hacía falta una técnica especial. Técnica que a Vicente, recordando sus inicios, también le permitía actuar como barítono y en esta tesitura logró una gran interpretación en Molinos de viento, la hermosa partitura de Luna, el maestro de Alhama de Aragón. Igualmente, hizo papeles de barítono en La rosa del azafrán, Maravillas y Don Manolito. Fue también muy buen actor, que se crecía en escena, según los testimonios de quienes pudieron verlo. Incluso, según declaraba su hijo Ángel, pudiera haber vivido de la comedia.

Su período de mayor éxito coincide con el renacimiento de la zarzuela que se dio en la época de la II República, resurgimiento que debería haber dado que pensar a los sustentadores de la idea identificación del género con el nacionalismo español. Quienes se identificaban con lo que la zarzuela representaba eran las gentes que vivían en España y, por cierto, que en las mismas fechas hubo una eclosión de zarzuela catalana. El propio Vicente Simón cantó alguna de ellas e incluso llevó al disco La reina ha relliscat.

Con Felisa Herrero

Con Felisa Herrero

El tenor zaragozano también fue importante partícipe de otra de las zarzuelas más populares de los años treinta: Moreno Torroba había estrenado Luisa Fernanda el 26 de marzo de 1932 y el tenor Pepe Romeu enfermó, de modo que Vicente hubo de sustituirle. Junto a Emilio Sagi-Barba y Matilde Vázquez, la representó ciento cincuenta y nueve noches consecutivas.

Durante esta época Vicente perteneció a las compañías de Moreno Torroba y Marcos Redondo, actuó con los tenores aragoneses Miguel Fleta y Juan García en Doña Francisquita y La picarona, respectivamente, y viajó a Buenos Aires. El 31 de marzo de 1934 estrenó La chulapona en el madrileño Teatro Calderón, interpretando el papel de José María. Ni siquiera a lo largo de estos años de tráfago abandonó la otra vertiente de su actividad y llegó a decorar el techo del Salón de Ciento del Palacio de la Generalidad de Barcelona.

Cuando sobreviene el estallido de la guerra civil, el tenor acababa de protagonizar un largometraje, La canción de mi vida (Miguel J. Mayol, 1936), con Nieves Aliaga como partenaire. Durante la contienda no lo pasó bien aunque cantó mucho, a veces a precios tan irrisorios como duro y medio por función, cuando en su debut ya había cobrado ciento cincuenta pesetas. No se olvide que en los lugares donde los anarquistas tomaron el poder, la revolución implicaba que los sueldos fuesen parejos y en el teatro, tenía que cobrar lo mismo el acomodador que la primera figura.

Terminada la guerra, aunque continuó actuando profesionalmente, prosiguió con su oficio, cosa sorprendente para quien conoce las exigencias profesionales del canto. Incluso existe un lienzo restaurado por él, San Cosme y San Damián, en el Museo Municipal de Barcelona. Vicente Simón era un hombre serio, al que le gustaba pisar sobre terreno firme y, por eso, combinó esas dos facetas del arte: la de restaurador, que era la segura, y la del canto. A los cincuenta y siete años, cuando ya llevaba más de un cuarto de siglo como profesional de la lírica y actuando en muchas más ocasiones de lo que haría un cantante de nuestros días, decidió ir poco a poco abandonando el canto, entre otras cosas porque tenía la creencia de que no se le pagaba de acuerdo con su categoría. Empezó a pintar copias del Museo del Prado y vendió muchas, incluso para museos de Sudamérica. Cuando ya estaba retirado fue requerido para grabar discos en los que muestra una voz excelente.

Vicente Simón fue un tenor lírico-ligero de voz valiente, dulce y flexible aunque un poco afalsetada, que además triunfó en una época en la que no faltaban las grandes figuras en la zarzuela. Se dice que su final de la romanza de Leandro (“No puede ser…”) en La tabernera del puerto, en el que daba un agudo en SI sostenido igual que el del principio de la misma, no lo ha repetido ningún otro tenor. Se puede comprobar fehacientemente pues es una de las zarzuelas que grabó con La Voz de su Amo antes de la guerra junto a Luisa Fernanda, La Dolorosa, La chulapona, La viuda alegre, Los claveles…, esta última editada no hace mucho en disco compacto. En su última época grabó con el sello Montilla, cuando ya casi tenía sesenta años. De este período son también muy valiosas sus interpretaciones de las romanzas de Alma de Dios y Los de Aragón. Algunos han visto en ellas un cierto parecido de timbre con el del gran Beniamino Gigli, tenor a quien admiraba tanto Vicente que hacía que su mujer, Araceli, le pusiera discos del divo italiano para despertarse.

  De mucho carácter, muy sincero, serio pero con retranca, Vicente Simón aprovechó bien los años que la vida le dio. Además de sus dos profesiones mencionadas, fue un buen cazador que obtuvo premios de tiro. El mismo día y año, 12 de enero de 1963, en que Ramón Gómez de la Serna lo hacía en Buenos Aires, el tenor zaragozano moría en Madrid, a resultas de un infarto. 

Publicado en Javier Barreiro, Voces de Aragón, Intérpretes aragoneses del arte lírico y la canción popular (1860-1960), Zaragoza, Ibercaja, 2004, pp. 69-73.

BIBLIOGRAFÍA

-BARREIRO, Javier, Voces de Aragón, Intérpretes aragoneses del arte lírico y la canción popular (1860-1960), Zaragoza, Ibercaja, 2004, pp. 69-73

-, Voz “Simón, Vicente”, Diccionario biográfico español (Ed. digital), Madrid, Real Academia de la Historia, http://dbe.rah.es/biografias/46590/vicente-simon

-CASARES RODICIO, Emilio, Historia gráfica de la zarzuela. Del canto y los cantantes, Madrid, ICCMU (Instituto Complutense de Ciencias Musicales), 2000.

-HERNÁNDEZ GIRBAL, Florentino, Cien cantantes españoles de ópera y zarzuela (Siglos XIX y XX), Madrid, Lira, 1994.

IBERNI, Luis G., Diccionario de la zarzuela. España e Hispanoamérica II, Madrid, ICCMU (Instituto Complutense de Ciencias Musicales), 2003, pp 770-771.

MARTÍN DE SAGARMÍNAGA, Joaquín, Diccionario de cantantes líricos españoles, Madrid, Fundación Caja de Madrid-Acento, 1997.

DISCOGRAFÍA

La Dolorosa (con María Badía). Gramófono 112-691 CN1117 AF379pzr

La viuda alegre, Mi costilla es un hueso, Los claveles. Gramófono-La Voz de su Amo (1932-1941).

La chulapona, La Voz de su amo DA4252 OKA313-314.

La tabernera del puerto (con María Espinalt), La Voz de su Amo DA4254 OKA317

Alma de Dios, Los de Aragón, La alegría de la huerta. Zafiro-Montilla MS520.

La reina ha relliscat (canción de la comedia musical homónima),  CD-BM7701.

Alhambra, El cantante enmascarado, El divo, El renegado o La historia de Juan Valdés (con Sta. Villa), El Romeral, La del manojo de rosas, La moza que yo quería, La viuda alegre, Los claveles, Blue Moon CD-BM549.

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