ADOLFO BIOY CASARES: HISTORIAS DESAFORADAS

Publicado: julio 31, 2016 en Artículos, Literatura

Todavía me produce estupor certificar que libros tan maravillosos como éste -y si hubiera lecturas veraniegas a fe que ésta de Bioy lo sería especialmente- figuren a disposición de todos en la red con sólo escribir su título en Google y dejar caer el dedo sobre la tecla “Entrar”. Además de recomendarlo encarecidamente, rescato una vieja reseña sobre el mismo.

                                                              LA DESAZÓN DEL VIGÍA*

¿Qué mayor desafuero que el de convivir con nuestras conductas cotidianas, asistir a nuestra perpleja precariedad sin hacer dejación jamás de lo poco que aprendimos, Bioy Historias desaforadassin ser capaces de sustituirlo? parece querer decirnos Bioy a través de estos diez relatos que se asientan en el humor, el hábito de la lucidez y el patetismo de cualquier afán. Acaso una mayor incidencia en la problemática de la vejez y de la muerte -temas ya tratados antes por el narrador- nos dé la clave de las obsesiones del actual Bioy, pero, como es habitual, nos movemos en ese mundo donde lo azaroso anula toda convención, donde esos hombres bienintencionados e ingenuos que suelen ser los protagonistas manotean impulsados por un viento del que nunca sabemos de qué lugar sopla, persiguiendo mujeres inextricables y sabias, habitando un mundo que, extraña o lógicamente, sobrevive gracias a los malentendidos.

Lo fantástico, muletilla que demasiado gratuitamente se achaca a las ficciones de Bioy, es más un clima, un modo de ver, una actitud ante el caos que nos concierne que un tema. La metafísica paradojal que destilan estos relatos, la transparencia de los enigmas que allí se disponen habitan más cerca de nuestro mundo que de la fantasía.

Como siempre, la sutileza de la alusión, la propuesta de un desmadejado escepticismo vienen servidas por una transparencia en el discurrir del relato, una suerte de facilidad en la progresión que mantiene al lector en una tensión sin ahogos ni ansiedades. Sí, con episódicos sobresaltos.

Efectivamente, en medio de esa controlada fluencia aparece el estallido, el ramalazo, la chispa que nos deslumbra para volver a sumirnos en ese sonambulismo de las vidas que se nos describen. Vidas casi siempre enmarcadas en hombres solos, a menudo cándidos y crédulos pero no necesariamente simples, sabedores de sus limitaciones y pequeñas miserias y – al contrario de los fatuos personajes de su heterónimo Bustos- que se recrean en su irrisoria malignidad, sintiéndose culpables de no ser del todo dignos.

El gusto por la simetría, tan consustancial a Bioy, vuelve a revelarse pero no manifestando un espíritu matemático, lógico o lineal sino como programa de escepticismo. Todo se repite para que nunca nos enteremos de que el universo es iterativo, tautológico. El hombre es incapaz de aprender poco más de una docena de pautas de comportamiento que repetirá sin cesar. Sólo nuestra inocencia, nuestro incomprensible optimismo nos llevará a arrostrar por enésima vez acciones en las que sólo es nuevo nuestro deseo.

Humor y culturalismo se mezclan sin prejuicios gracias a un lenguaje claro y sintético pero que funciona a través de filtros complejos y matizadísimos. El humor no vacila en recargar las tintas pero tampoco se recrea en el chafarrinón. Suspensión, alusión, retruécano, desmantelamiento de probabilidades verbales y perspectivas lógicas, así como esa misma lógica llevada a un estado de tensión en el que estalla son algunas de sus armas. Lo culto no se exhibe pero se percibe espesamente. Una edición crítica de estos cuentos daría no poco trabajo al pesquisidor. Desde la mención estereotipada que llega hasta a la inclusión al desgaire -esa que muchas veces da la pauta del sentido- de frases de raros tangos hasta la apabullante inclusión de elementos variopintos como la máquina de pensar luliana, la semana trágica bonaerense, los personajes del cuento Una semana de holgorio, de Arturo Cancela, que además resulta el protagonista de “El Número”, el relato al que aludimos, cuyo título nos remite al esencialismo kantiano.

Los relatos de Bioy propician además, la desazón inherente a todo arte, a toda conciencia avizor. Esa inquietud tan cerca de la heterodoxia, de la casi posible perfección.

 

*Javier Barreiro, Reseña de Historias desaforadas de Adolfo Bioy Casares, Madrid, Alianza Tres, 1986, publicada en El Día, 14-VI-1987.

Otras entradas del blog acerca de Adolfo Bioy Casares:

https://javierbarreiro.wordpress.com/2012/02/10/entrevista-con-adolfo-bioy-casares/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2012/01/08/un-cuento-de-borges-y-bioy-con-tema-aragones/

https://javierbarreiro.wordpress.com/2014/10/08/nuevos-cuentos-de-bustos-domecq/

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