VIVIR EN PROVINCIA

Publicado: septiembre 8, 2015 en Artículos
Etiquetas:, ,

Bartolozzi-Uno de tantos Vieja bohemia literaria 1930

(Publicado en Aragón Digital 4-6 septiembre 2015)

La incomodidad que la provincia suscita en ciertos de sus pobladores acostumbra a obedecer a un doble motivo: la autoinculpación y el resentimiento. La primera no suele reconocerse en conversaciones privadas, sí en los procesos de horadación de conciencia a los que, de vez en cuando, se somete el individuo no tajantemente perezoso. En el gobernador civil, el catedrático de universidad, el director de banco, si lo son de provincias, pugnan el rubor que ocasiona el poder en toda persona sensible (aceptemos la posibilidad del adjetivo) con la búsqueda de una coartada, que muchas veces deviene verdadera, para justificar su no acceso a los centros de hegemonía. Toda disculpa o coartada de puertas afuera encubre una incapacidad de enfrentarse consigo mismo. Incapacidad en la que tantos somos excesivos. La autoinculpación ocasiona entrañamiento, estrechez de horizonte, predominio de la reminiscencia sobre la aventura, de la astucia sobre la profundidad, de la intromisión sobre la capacidad de abrir huecos por los que se escape el aire retenido.

El provinciano está lejos de Ulises y cerca de Yocasta, fluctúa entre Narciso y Atlas, el titán condenado a sostener el firmamento. Si pensó alguna vez en emular Prometeo pasó a odiar a los audaces. Su reducto es el tú, la espiral y lo elusivo, el miedo y sus fantasías.

  El resentimiento apenas necesita glosas. Su omnipresencia y espesura exime de precisiones. Que no estarían de más a la hora de su deslinde frente al complejo de culpa, pero la disciplinas psicoanalíticas son artes en retracción, Cidón003obsolescencias de pirado.

Lo que aquí se dice del provinciano sería achacable al rural en su relación frente al urbano, o al capitalino frente al habitante de New York o San Francisco. En cuanto a éstos, su habitación les exime de pensamiento, la entidad física de su mundo – tan patente en lo rural – se anula en beneficio de la imagen ya indeformable que los mass media han difundido de su ámbito. El poblador de Los Ángeles trasplantado a Broadway resume en su incapacidad de desorientación la desmesura del sinsentido; el habitante de Amposta que viaja a Barcelona siente, incluso en una esquina que por ensalmo fuese exactamente igual a otra de su pueblo, el peso de la desubicación, de la desinformación, el miedo del magma, la certeza de ser un entrometido, un personaje fuera de la novela de esa ciudad. Un sujeto sin tierra y, por tanto, sin cimiento, perseguible y hasta eliminable.

¿Dónde vivir? No donde nos pongan, no donde somos más conocidos, queridos o señalados, no donde nadie nos conozca. Vivir en las lindes donde el extrañamiento resuelve en disfunción y paradoja cualquier intento de indefinición por nuestra parte o por la de ellos, en esas lindes tan estrechas que la incomodidad del aposento permita obviar la constatación del propio bienestar y contemplar el de los situados a derecha e izquierda, arriba o abajo, bienestar o malestar del que sólo el de las márgenes percibe su constante: el tedio.

Sancha368

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s