MILICIANOS “PANCHO VILLA” EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

Publicado: mayo 24, 2015 en Artículos
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 Pancho Villa Efectivamente, un número indeterminado de combatientes fueron apodados por sus compañeros con el sobrenombre del caudillo revolucionario mejicano Doroteo Arango  (1878-1923) “Pancho Villa”, cuya actividad era todavía reciente. Solía otorgarse el remoquete a milicianos muy arrojados en el combate, de acusada personalidad y conducta anárquica, por lo que fue frecuente entre las columnas libertarias aunque no faltó en otras facciones. Como el guerrillero mejicano, casi todos murieron de forma violenta, aquél tiroteado en su automóvil y éstos en el campo de batalla. Señalaremos aquí algunos de quienes hemos tenido noticias aunque ninguno alcanzara notoriedad alguna ni llegara ni siquiera a la pequeña historia. Pancho Villa, jefe de grupo de la Columna de hierro, El LIberal 3-9-36Seguramente, el más popular fue Rafael Martí (1907-1936), un obrero anarquista de Puerto de Sagunto –alcoyano, según otras fuentes- que trabajó como operador cinematográfico y desde 1931 participó en numerosos actos revolucionarios. En 1936 intervino en el asalto a los cuarteles valencianos y se encaminó hacia Teruel. Fue uno de los líderes de la Columna de Hierro, al que incluso llegó a dedicársele una calle –la de Trinquete de los Caballeros- en Valencia. En la foto aparece con el sombrero de palma que evocaba al líder mejicano. Su principal actividad bélica la desarrolló en el frente de Teruel, donde participó en los asaltos más peligrosos.

En los primeros días de noviembre de 1936 figuraba en cabeza de su pelotón cuando se atacó Puerto Escandón, de gran importancia para el dominio de la ciudad. Cuando los suyos se retiraban, pistola en mano, se plantó frente al parapeto y reanimó a sus milicianos, que conquistaron la posición aunque él muriera en el intento. En su honor se otorgó el nombre de Posición Pancho Villa a dicha cota, muy disputada durante la guerra.  Así lo cuenta el diario La Libertad en su número del 4 de noviembre. También se divulgó otra versión, según la cual su muerte se produjo durante un tiroteo surgido tras pactarse una tregua para recoger los caídos de ambos bandos. En él moriría también el comandante Vélez, del bando nacionalista y unos sesenta soldados. Elías Manzanera, un miliciano de la columna, escribió en Documento Histórico de la Columna de Hierro que fueron los fascistas quienes enarbolaron bandera blanca para engañar a sus enemigos.

Alguna popularidad obtuvo también Luis Gallardo García, minero en Linares y relojero en Madrid, cuya borrosa figura, recojo. Sorprendido en Sevilla al estallar la rebelión, consiguió llegar a Castuera (Badajoz). Jefe de las guardias rojas y capitán de un escuadrón de Caballería, fue trasladado a Andalucía, donde resultó herido en las cercanías de Alcaudete. Al recuperarse, se incorporó al frente de Teruel, donde la metralla dejó numerosas huellas en su cuerpo. Pronto pasó a participar en la defensa de Madrid, su ciudad natal, como jefe de dinamiteros, actividad que dominaba por su antiguo oficio en las minas. Allí desarrolló una incesante actividad en los lugares de mayor peligro, minando edificios como el Clínico y hasta las alcantarillas desde las que los asaltantes disparaban sus ametralladoras. De nuevo volvió a ser herido. Un parte de guerra fechado el 21 de noviembre de 1936 reza:

 El jefe de Estado Mayor certifica que el día 13 del actual en que el enemigo atacó duramente con gran número de tanques, hubo precisión de recurrir al servicio del teniente coronel Luis Gallardo, jefe de dinamiteros, el cual vino con 80 de sus hombres, quienes, con el arrojo que les es peculiar, lanzaron sus terribles artefactos desde casas y parapetos, medio el único por el que se pudo evitar –ya que se carecía de antitanques y de carros propios- que los tanques enemigos rebasaran nuestros parapetos y entraran, cruzando el río, en Madrid.

Otra de sus hazañas bélicas la relataba Solidaridad Obrera en su número del 5 de enero de 1937:

“Otras de las gloriosas actuaciones de este Batallón de Dinamiteros recientemente el Estado Mayor llamó a “Pancho Villa” para encomendarle una delicada misión. Inmediatamente “Pancho” reclutó nueve hombres entre los que había dos hermanos y dos cuñados suyos; se internaron por la colectora del Matadero y llegaron hasta bajo de los parapetos de los enemigos. Allí planearon la práctica de la Dinamitero Pancho Villaoperación y a las nueve de la noche comenzó el trabajo; cavaron 18 galerías debajo mismo de los parapetos enemigos en una extensión aproximada de unos 250 metros, en estas galerías repartieron 1000 kilos de dinamita de primera clase, colocaron la mecha en cada una de ellas y las juntaron a un cable de alta tensión que salía fuera de la colectora terminando en los bordes del conmutador. Todo este trabajo tuvo que hacerse con agua hasta más arriba de la cintura y en muchos trayectos a rastras. La dinamita se transportó en paquetes ya que no era posible en cajas, lo que obligó a los dinamiteros a hacer infinidad de viajes por aquella galería de unos 1700 metros de largo; el trabajo era penoso de sí, agotador para hombres que no hubieran estado habituados a la mina, pero lo que más molestó a nuestros héroes fue el tener que estar a oscuras y en absoluto silencio. Mientras operaban al final de la mina, se iban orientado por el ruido que hacía el enemigo por encima de sus cabezas; oían cómo funcionaban las ametralladoras, los pacos los distinguían claramente, pero ellos seguían cumpliendo con su misión sin inmutarse por nada; a las 5 de la mañana quedó toda la operación lista; todo quedo repasado por el propio “Pancho”, que igual que los otros compañeros trabajó con gran entusiasmo para que con su ejemplo no desmayaran; el Alto Mando ordenó (retrasar) las avanzadillas unos 2000 metros para evitar los efectos de la explosión y a las 7 y 20 de la mañana se dio la orden de fuego. Funcionó el conmutador y seguidamente una terrible explosión lanzó por los aires todo lo que se encontraba encima de las 18 galerías; el estampido fue enorme desde los 1500 metros en que nos hallábamos observando y los efectos sorprendentes; nuestras avanzadillas que ya estaban preparadas avanzaron sin necesidad de disparar un solo tiro, por un gran sector que el enemigo abandonó huyendo a la desbandada y abandonando todo el material que poseía en manos de nuestra gente que les persiguió sin encontrar ninguna resistencia; después de un detenido reconocimiento, se comprobó que se habían destruido al enemigo las fortificaciones y parapetos que tenía en este sector desde los que se hacía fuerte y de donde era difícil desalojar; ante el brillante resultado de esta operación, el Alto Mando felicitó a “Pancho Villa” y sus valientes muchachos que con tanto valor y entusiasmo lograron un avance en este sector. Esta acción es un eslabón más a la larga cadena de victorias que los hombres de la C.N.T. y de la F.A.I. van elaborando en esta lucha contra el fascismo; victorias verdad, hechos probados y reconocidos por los Altos Mandos, cuyos testimonios de felicitación son el orgullo de nuestra Confederación; “Pancho Villa” y sus hombres pertenecen a la columna “Tierra y Libertad…”

No sabemos qué fin tuvo tan eficaz dinamitero

De Ciriaco López, de quien nos habló en una de sus admirables artículos Eduardo Zamacois, tenemos una imagen fotográfica, al menos aceptable. Había participado en la guerra de África y en la guerra intervino en la campaña de Extremadura. Reproducimos parte del vívido relato del escritor:

Las botellas pasan de mano y mano y lo cerebros se acaloran. López propone entrar en Medellín a los compases de “La cucaracha” y los circunstantes asienten entusiasmados. Varios de ellos, en vez de gorrilla cuartelera, llevan sombreros haldudos de paja, atavío que les da un perfil mejicano y es que el espíritu guerrillero de Méjico va con nosotros. Luego todos, a voz en cuello empiezan a cantar, sobre una tonadilla muy conocida estos versos, de los que el alférez Ciriaco López se declara autor: Los hijos de “Pancho” / son buenos muchachos; / tienen una falta: / que son muy borrachos. / Unos son de vino / y otros de aguardiente, / y la mayoría / de vino corriente… Estallan risotadas, el buen humor cunde, la gente se enardece y los cuerpos adquieren una elasticidad felina. Las armas que porteamos nos estimulan a la lucha y nos traen el placer, nuevo para nosotros –aunque viejo como la Humanidad- de sentirnos “bárbaros”. Nadie piensa en la muerte. Pancho Villa (Ciriaco López)

Tampoco sabemos de la suerte del buen Ciriaco.

Otro Pancho Villa fue un comunista muy conocido en Tetuán de las Victorias, donde, al parecer, compraba y vendía hierro. Viejo. Aparece en Rascafría al principio de la guerra para reforzar a las fuerzas leales organizadas por el después comandante Pando. Su bravura hizo que en el batallón Thaelman alcanzara el grado de capitán, con el que murió en la defensa de Madrid el 23 de junio de 1937.

Hay referencias a otro Pancho Villa en el Diario de Manuel Gutiérrez, un miliciano que combatió en el Frente de Aragón alistado en la 24 Brigada mixta, Batallón 493, sección de Transmisiones. El miliciano lo comenzó el 4 de abril de 1937, después de haber perdido otro que había iniciado en su alistamiento en el cuartel de Sarriá. Un alférez provisional lo encontró en el frente de Zuera, junto al cadáver de su autor en septiembre de 1937. Salvo en el momento de su muerte, no son muy positivas las referencias que nos da Manuel Gutiérrez de este Pancho Villa:

…un individuo muy popular, que se hace llamar “Pancho Villa”, alto como un San Pau y con pose de perdonavidas, cara de fanfarrón y tipo de matón, que dicen que es muy valiente, que va de permiso a Barcelona cargado de galones y correas con municiones y fusil-ametrallador; era guardia de asalto y me cuenta el compañero Cabrera que, en cierta ocasión, en la carretera de Tardienta a la ermita, estaba Pancho Villa hablando con dos chicos y otros guardias y decía a los primeros “¿Recordáis aquel día que vino a vuestro pueblo una camioneta de guardias y apaleó a los trabajadores? Pues yo estaba entre ellos y recuerdo haberos apaleado a vosotros”. – Y reía con cinismo mientras los dos chicos sonreían para disimular el odio que reflejaban sus ojos. Este desgraciado es el ayudante del comandante de nuestro Batallón. Poca confianza me inspiran estos autómatas al servicio del capitalismo, antes dedicados a perseguir al trabajador y que hoy luchan a nuestro lado porque no pueden luchar al servicio del fascismo, al cual servirían mejor y la mayoría son tan fascistas como los que tenemos delante de las trincheras (…) 

En la 4ª Compañía Pancho Villa se ha hecho popular. Al llegar se presentó a la Compañía y dijo: “Me han dicho que la 4ª Compañía es incontrolada. Pues bien; yo también lo soy” y arrancó el número del coche que tenía parado a su lado(…)

Dicen que Pancho Villa fue fusilado. Se había llevado a cabo una operación brillante en Zuera y toda la artillería rebelde cayó en poder nuestro. Entonces venían fuerzas nuestras y él mandó abrir fuego; en total trescientas bajas y la operación perdida. Un hombre tan presumido nada bueno podía hacer(…)

Dicen que ya han fusilado a “Pancho Villa”. A los componentes del pelotón de fusilamiento se les crisparon los nervios al constatar la sangre fría del condenado. Dijo a los soldados: “Vais a matar a un hombre que no es fascista; durante muchos meses me he portado con dignidad revolucionaria pero la revolución necesita inmolar víctimas inocentes” y dirigiéndose al oficial que por ser amigo suyo estaba tembloroso. “Ten serenidad hombre que no es nada y no te descuides de escribir a mi esposa e hija comunicándoles mi suerte”. Después de examinar la fosa destinada a él y rehusar la gorra y el pañuelo el oficial mandó ¡fuego! Y en medio de la descarga se oyó un grito: “Viva la Revolución” y cayó Pancho Villa con el pecho y la cabeza agujereados por treinta balas. El oficial le clavó otra. Los que lo fusilaron se habían ofrecido voluntarios; todos pertenecían a su batallón y recordaban a los compañeros que habían caído por su culpa. 

Este Pancho Villa, guardia de asalto, debió de morir, a finales de agosto de 1937, sólo unos días antes de que lo hiciera Manuel Gutiérrez.

Finalmente, hay referencias acerca de José Monserrate “Pancho Villa” que, en el frente andaluz ,voló un puente para cortar el paso a una caravana de treinta camiones, lo que le valió el grado de alférez, otorgado por el general Burguete, al que servía de chófer.

Obviamente, hubo otros milicianos anónimos a los que se les llamó Pancho Villa y existió también un escuadrón de caballería y un grupo de la UGT, mandado por Fernando Igeno Toledo, con el nombre del guerrillero mejicano. Del mismo modo que hubo combatientes, con el  sobrenombre de El Negus, por el emperador abisinio, que no tenía nada de revolucionario pero supo resistir la invasión de los fascistas italianos y, por ello recibió también el homenaje de milicianos, siempre bien barbados. A unos y otros les correspondió la peor parte de la partida y la posteridad no les ha recompensado con su recuerdo. Sirvan estas líneas, si no para remediarlo, sí, para evocarlos.

EPSON scanner imageJuan Fernández “El Negus”

EPSON scanner imageHilario Salanova Carreras “El Negus del Norte”, El Grado (Huesca, 1900-?)

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comentarios
  1. manelaisa dice:

    Hola Javier soy Manel Aisa de Barcelona y estoy sumergido en una biografía sobre Aurelio Fernández desde hace muchos años y ahora que ya está tocando a su fin, veo está fotografía de Pablo Villa q

  2. manelaisa dice:

    si, pero lo he terminado por el otro lado , preguntaba si tienes más información sobre está fotografía de Pancho Villa (Ciriaco López) y la dedicatoria a Aurelio Fernández intuyo que esta dedicada a Aurelio en un viaje a la ciudad de Barcelona (de permiso del frente) y alguna historia deberían tener ambos, el personaje con la autoridad del momento en la Barcelona revolucionaria ,
    en fin sabes alguna cosa más, , tendré que mirar otra vez las Soli y los artículos del pobre de Zamacois

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