Más descreído que creyente, sin embargo, siempre que puedo, mantengo la tradición de acercarme a la zaragozana iglesia de San Pablo para ver a San Blas cada 3 de febrero. Lo cierto es que, y aun sin ánimo de emprender una elegía, la peregrinación tenía más sabor –y más público- años atrás. Mi costumbre era arrearme un carajillo en el Bar Tres Hermanos, frente a la puerta de la iglesia, deambular entre los puestos de las rosconeras, entrevistarme con el  santo y, en el puesto que unas beatas colocaban en el recinto interior del templo, comprar la revista El Gancho, que traía interesantes asuntos del barrio y, como es característico del mismo, privilegiaba la jota.

San Blas. Roscones

Precisaré un poco más. El Bar Tres Hermanos, cerrado hace unos años pero que aún mantiene su puerta metálica y su letrero, era uno de esos establecimientos de toda la vida. Es decir, un bar auténtico que San Blas. Bar Tres Hermanosabría a las seis de la mañana, cerraba cuando el último borracho se iba y que cumplía absolutamente todas las funciones que se enmarcan bajo el marbete de Hostelería. Aureliano, uno de los camareros-propietarios, era de Borobia, el pueblo soriano en el que, desde hace años, unos cuantos caciques pugnan por abrir una mina que arruinaría infaliblemente al río Manubles, que fluye por una de las más hermosas comarcas zaragozanas*. Las rosconeras eran unas señoras, que cubiertas por un impoluto delantal blanco, pregonaban su producto, con estribillos netamente aragoneses y buscaban atraer a los escasos clientes masculinos con calificativos que iban desde “guapo” hasta” amante”, pasando por “macizo” y “jaquetón“. Por entonces, los roscones eran artesanos y, generalmente, preparados por ellas mismas. La forma de pregonarlos era, simplemente: “¡Bendecidos! ¡Bendecidos!”.

San BlasLa entrevista con el obispo de negra faz -ya sabemos lo que la hermenéutica dice acerca de  las vírgenes y santos negros- era breve. Pocos santos hay con más devoción por parte de los aragoneses y cada parte sabe lo que espera de la otra. Uno celebraba que siguiera allí, le pedía protección para la garganta y se disponía a adquirir su estampa –a veces, también, una insignia- y la citada revista El Gancho.

Hoy día las cosas son diferentes. Cerrado el Tres Hermanos, el bar más próximo es La Sacristía,regentado por una simpática brasileña de origen filipino.  Pese a tender a lo minúsculo, en él se dan actuaciones.

DSC_0473En la puerta está anunciada la de José Luis “La Zaragozana”, un veteranísimo travesti del barrio, al que, José Luis La Zaragozanacreo, alcancé a ver en el Oasis. Las rosconeras han sido sustituidas por cuatro puestos que despachan roscones y rosquillas industriales. Ya no se pregona “¡Bendecidos!” e incluso, puede que alguno lo haya sido por Alá, dada la fisonomía de quien lo vende. Con la prensa escrita en desuso, el tenderete del interior no ostenta la revista El Gancho, que desapareció en 2008; las estampas de San Blas son distintas y, ahora, se venden caramelos de mentol y unas chocolatinas modeladas con la efigie del protagonista: el santo. Él es el único que no ha cambiado, como hemos cambiado nosotros, los bares, las rosconeras y los productos que lo celebran. Sigue en su peana, mirando hacia la puerta y a quienes vienen a rendirle tributo y demandarle protección. Con su mitra, su báculo y flanqueado por San Joaquín y Santa Ana, desde el siglo XIV, que lleva allí su imagen, habrá tenido tiempo de acordarse de la armenia Sebaste, donde ejerció su ministerio, de la República del Paraguay, de la que es patrón, y del emperador Licinio, que, a fuerza de aplicarle hierros candentes, logró que se hiciese con la palma del martirio y que disfrutase de apartamento con derecho a cocina en el cielo cristiano.

Ya digo que, por una razón o por otra, los aragoneses lo solemos apreciar.

*Hoy (2017), la mina en cuestión ya ha sido abierta ante el silencio, más cómplice que cobarde, del periodismo aragonés y el pasotismo de la ciudadanía. Me cuentan que el agua de Borobia ya fluye contaminada. Espero enterarme pronto de si ya notan algo los ribereños del Manubles.

(Publicado en Aragón Digital 6-9 de febrero de 2015)

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comentarios
  1. Agustin dice:

    Buen relató san blasiano y pabliano.

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