La editorial Olifante acaba de publicar una nueva edición de Los Borbones en pelota, las láminas satírico-pornográficas acerca de Isabel II y su corte, que Valle-Inclán llamara “de los milagros” firmadas por Sem, seudónimo que encubría varios dibujantes de la época entre quienes se encontraban los hermanos Gustavo Adolfo y Valeriano Bécquer. 

Se trata de la cuarta edición, tras las de El Museo Universal (1991), La Compañía Literaria (1996) -hace tiempo agotadas- y la Diputación de Zaragoza (2012). Además de incluir alguna lámina nueva, hasta totalizar 107, incluye una introducción del especialista becqueriano, Jesús Rubio Jiménez, y textos de diversos escritores, coordinados por Manuel Martínez Forega, con glosas, poemas o comentarios de cada una de las acuarelas. Reproduzco el texto de la que me tocó en suerte, la nº 5, titulada

                                                          “Los ejercicios del chal”.

Los Borbones en pelota Los ejercicios del chal

Una de las primeras reflexiones que me suscitó Los Borbones en pelota -cuya primera edición adquirí, fascinado por el descubrimiento, en la Librería Contratiempo, el 26 de junio de 1991- fue la variedad de registros del poeta sevillano. Era el de este álbum uno más que sumar a los muchos por casi todos conocidos y hasta a alguno menos popular como la novela que comenzara en 1855 y que llevaba el inmejorable título, Mal, muy mal, peor. Al parecer, se trataba de una narración realista cuyo protagonista, un músico, moría joven y loco. Lo contó el escritor cubano Ramón Rodríguez Correa, que se inspiró en ella para su Rosas y perros (1871).

 Nada mejor que lo circense para expresar la mirada que preside esta obra. El personaje central y la corte que encabeza son vistos más como patéticos y grotescos que como los criminales, conscientes o inconscientes, que también fueron. El género bufo, de origen francés como gran parte del teatro programado en España durante el siglo XIX, había sido introducido en España por El joven Telémaco (1866), obra escrita por Eusebio Blasco y musicada por José Rogel a instancias del empresario Arderíus. Isabel II, que se exiliaría sólo cuatro años más tarde y que conocería la famosa pieza, fue, sin saberlo ni quererlo, una suripanta más, nombre que se les dio a las coristas de la citada obra por un estribillo en griego macarrónico que en ella se cantaba, palabra que en seguida quedó como una más de las que designaban jocosamente a las mujeres de “vida fácil”.

En la ordenación del álbum, esta acuarela es la primera en que aparecen la reina en el exilio, Carlos Marfori, el amante más constante de Isabel, y el asunto del circo. Exilio, reyes innobles y degenerados, arribistas bien dotados o provistos de alguna gracia especial –la de Marfori, aparte de sus probables habilidades amatorias, era la de preparar espaguetis, que gustaban tanto a la reina como los revolcones- y, sobre todo, el circo nacional, elementos tan infaustamente frecuentes en la vida del país y que, como defensa, algunos españoles, como los hermanos Bécquer, nos hemos querido tomar con humor. Lo que no siempre ha sido posible.

Los Borbones en pelota

 

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comentarios
  1. Manuel dice:

    Muchas gracias por la nota, Javi. Abrazo.

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