EMBESTIDAS A LA LENGUA

Publicado: febrero 3, 2014 en Artículos
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Quienes mejor conocen y manejan la lengua son los poetas. Por eso lo son. Hasta la llegada de la desventurada LOGSE, en la escuela se enseñó poesía, se leían poemas, se conocían, al menos, sus reglas elementales. Hoy –“a día de hoy”, diría una víctima de la nueva educación- se cree en muchos ámbitos que la lengua se aprende hablando, en vez de leyéndola, se prima la espontaneidad en detrimento de la correcta sintaxis, la indispensable prosodia, la precisión en la elección de vocablos. Nadie parece creer que en la comunicación es tan importante el cómo como el qué; porque el cómo hace al qué.

gerardo feldstein 3[5]

 Es una ofensa para todo un país leer los twits que aparecen en las pantallas televisivas, auténticas aberraciones de la expresión y la ortografía. Debe parecer muy democrático a los hacedores de programas que quienes deberían dedicar su tiempo a pulirse en vez de opinar, suelten sus majaderías en una lengua que no conocen. Una torpe expresión es siempre vehículo de un torpe pensamiento. Y nos lo muestran en esa corretona banda inferior del televisor por la que pasan escarnecedoras barbaridades. Eso sí, para un país que tan poco ha cuidado su lengua, es una excelente muestra de su estado lingüístico. Y, ya se dijo: la lengua es pensamiento. Aquí, el pensamiento se reduce a ocurrencias como usar la @ para designar algo que engloba a ambos sexos.

 Leer a los clásicos, además de un gozo, es una lección de lengua. A quienes nos querían enseñar democracia les pareció mucho más didáctico, aprovechar la lengua de los alumnos para dar la clase. Preferir una canción de moda o un tebeo a San Juan de la Cruz o Quevedo. El papel directivo se atribuye al alumno. La demoledora frase de Luces de bohemia: “La democracia no excluye las categorías técnicas”, se volvía del revés como una ofensa a don Ramón y a la inteligencia.

 Muchas gentes creen que saben hablar porque son capaces de decir “Buenos días” o “Déme una barra de pan” aunque frecuentemente sean renuentes a saludar y, si pueden, sustituyan con una seña o un gesto el esfuerzo de construcción de una frase como la antedicha. Como no saben hablar tampoco sabrán leer, como nos recuerda la Unión Europea con sus sucesivos revolcones en comprensión lectora a escolares y universitarios. Tampoco parece que nuestros políticos crean que sabemos escuchar, dado que en sus mítines se preocupan tan poco de los contenidos y sí del tono impositivo, el énfasis vacío, el grito autofirmador y gratuito.

 Dicen –y lo creo- que los españoles somos muy cortos en el aprendizaje de lenguas. Habrá, pues, que implementar instrumentos para poner en valor nuestras competencias en tan sofisticada temática. Pero ¿qué digo? si tampoco parece que una gran mayoría de la población sea capaz de identificar la ironía, esa figura literaria con la que Cervantes o Valle-Inclán hacían literatura.

(Publicado en Aragón Digital, 27-30 diciembre, 2013.)

Franz Falckenhaus

 

 

 

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comentarios
  1. mayusta dice:

    Magnífico artículo, Javier. Un abrazo.

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