SANTIAGO LAPUENTE (El tío Jotero), Fuentes de Ebro (Zaragoza), 22.XI.1858 – Zaragoza, 10. II.1937.

Niño Moreno-Santiago Lapuente

Con  una enorme vocación jotera pero con poca voz, bebió de la tradición popular de su lugar natal. Su padre perdió gran parte de su patrimonio y Santiago hubo de dedicarse al comercio de trigo, con lo que recorrió Aragón y pudo, además, entregarse a la investigación y decantación de materiales joteros y, poco más tarde, a la formación de cantadores.

En 1886 conoció al bandurrista Ángel Sola, secretario del ayuntamiento de Salillas de Jalón y comenzó una colaboración fecunda. Las  tonadas inéditas que recogió en sus viajes las hizo cantar a sus discípulos para evitar su pérdida. Entre estos destacaron el Niño Moreno, llamado El Baturrico de Andorra (en la foto), Asunción Delmás, Juanito Pardo y Bernardo Benito, pero llevó a muchos más.

Lapuente es, probablemente, la figura más importante en la enseñanza de la jota. Con su instrumento acompañó también a mitos de las tablas como María Guerrero o las sopranos Lucrecia Arana y Regina Pacini, a quienes iniciaría en la jota. Las treinta y siete tonadas que recogió fueron transcritas por su amigo, el músico José María Alvira y en 1895 se publicaron como cancionero*.  También contribuyó decisivamente a la creación del Certamen Oficial de Jota que, desde 1892, se celebra anualmente. En la capital de España fue también reconocidísimo y uno de los principales impulsores del éxito de la jota en el periodo de entresiglos. En su vida civil fue funcionario del ayuntamiento zaragozano

En 1893, su hermano, César, empresario del Teatro Principal, le presentó al maestro Bretón, que había llegado a Zaragoza para dirigir unos conciertos y que andaba madurando La Dolores. El trato con Lapuente, con Santiago Sola, Monforte y dos bandurristas de Gallur le fue al maestro extremadamente útil para la conformación de su obra. Por entonces pronunció aquellas palabras que transcribo, según se hizo en la época:

“Ya sabía yo que la jota era el mejor de los cantos populares del mundo; lo que nunca sospeché, sin embargo, es que con sólo cuatro notas, con sota, caballo y rey, como si dijéramos, pudiera fabricarse tal mundo de armonías y sentimientos”.

Bretón volvió poco después para a visitar a Lapuente en su pueblo y allí, tuvo ocasión de oír de viva voz a la gran Ascensión Delmás y se cuenta que lloró. De la mano del compositor, Lapuente llegó a Madrid en 1894, acompañado del gran bandurrista y secretario del ayuntamiento de Bárboles, Ángel Sola, llamado por Bretón el Sarasate de la jota, con el que colaboraría también en el antedicho cancionero, para participar en el beneficio, organizado por el Teatro de la Comedia, de la tan famosa actriz María Guerrero, a la que en el transcurso del año anterior había dado unas clases de canto jotero en Huesca. En un Madrid hace tiempo fascinado por la jota, el éxito de ambos artistas fue grandioso. Además de en la llamada “Fiesta de la jota”, que a partir aquella época celebraban todos los años los aragoneses residentes en Madrid, hubieron de tocar en las casas de Cánovas del Castillo, del Conde del la Viñaza, en la Peña del Café de Londres y en el Palacio Real.

Tres años después, Lapuente llegaría de nuevo a Madrid, ahora acompañado por José Moreno, El baturrico de Andorra, que, como su maestro, prendó también a los madrileños y fue el cantador que promocionó con gran éxito en todas partes, labor que luego continuó con Juanito Pardo e Inocencia Sebastián. A finales de la primera década del siglo XX se retiraría de toda actividad pública aunque continuó con la enseñanza y, en muchas ocasiones acompañaría a sus alumnos. La última vez de la que hay constancia de que lo hizo fue en 1926 con Amalia Forcén. El 20 de octubre de ese mismo año se le organizó un homenaje en el que se le regaló una guitarra. La suya se la habían robado tres años antes, con lo que se organizó una suscripción popular para comprarle otra. El tiempo transcurrido da idea de la precariedad en que casi siempre vivió el mundo de la jota.

Los calificativos de “padre de la jota”, “catálogo jotero” y “monstruo de la jota”, le fueron adjudicados, respectivamente, por los maestros Bretón, Chapí y Fernández Caballero. La gente popular lo conocía como “El tío jotero”.

*Santiago Lapuente y José María Alvira, Fiesta de la Jota madrileña. Repertorio de jotas aragonesas de Lapuente y Sola. Transcriptas para piano, Madrid, Casa Romero, 1895. (2ª edición ampliada en 1914, con el título, Jotas aragonesas. Repertorio Lapuente-Sola).

Lapuente y Burillo_Cilindro para fonógrafo

       Cilindro para fonógrafo (1898)  con jota cantada por la Burillo y acompañamiento a la guitarra de Santiago Lapuente

                                                        BIBLIOGRAFÍA

-BARREIRO, Javier, Diccionario biográfico español, Vol. XXVIII, Madrid, Real Academia de la Historia, 2012, p. 826.

-COELLO, Rafael, “Los de la jota”,  La Época, 2 de diciembre de 1897.

-GALÁN BERGUA, Demetrio, El libro de la jota aragonesa, Zaragoza, 1966, p. 661-666.

-LASIERRA RIGAL, José Vicente, “El tío jotero”, Heraldo de Aragón, 12 octubre 1983.

-SÁNCHEZ CANDIAL, Jorge, “Cultivo de la jota aragonesa en Aragón y sus provincias”, Anales de la Escuela Oficial de  jota aragonesa nº 4, Ayuntamiento de Zaragoza, 1945, pp. 36-37.

-SOLSONA, Fernando, La jota cantada, Ayuntamiento de Zaragoza, 1978, p. 72-73;

-SOLSONA, Fernando y Mario BARTOLOMÉ, Geografía de la jota cantada, Zaragoza, Prensa Diaria Aragonesa, 1994, p. 60.


Lapuente-Inocencia Sebastián-Ángel Sola                     Santiago Lapuente con la cantadora Inocencia Sebastián y el bandurrista Ángel Sola

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