¡KE ESTUPIDEZ!

Publicado: diciembre 26, 2012 en Artículos
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 Publicado en Aragón Digital, 31 de octubre-3 de noviembre de 2007.
 K-1
  La borregada, como es propio y natural, no se entera de la fiesta pero de vez en cuando descubre algo. No a fuerza de discurrir, sino porque la repetición consigue la receptividad de sus meninges. Entonces, una tontería cualquiera aparece como novedad revestida de prestigio y la borregada se apresta a asumirla, inmisericorde. 

Así ocurrió con el genitivo sajón. Una caterva de bobos deslumbrados por los rótulos de las películas americanas decidió que era más prestigioso añadir una S al nombre de su negocio y, así, empezaron a poblar nuestras ciudades locales con el nombre de Pepe’s, Bonanza’s o Espiga’s. Hasta hubo peluquerías de señoras que incluyeron un apóstrofe antes de la última S y pasaron a llamarse Angeline’s. Otra posiblilidad, igualmente mentecata, hubiera sido Angelines’s. Pero es peligroso darles ideas. No poco estupor me ocasionaba el té Olonam’s -Manolo al revés- que aún se encuentra por alguna cafetería e incluso existió, hasta hace poco, el bar Onairam’s en esta capital del Ebro. 

Pero lo que hace años priva es la K. Lo que surgió en pintadas, fanzines y carteles como un prurito ácrata, cortazariano y subvertidor de lo establecido terminó invadiendo mentes más cansinas y todo el que quiera participar de los beneficios de estar al día debe rotular con K, ese sonido para el que el español posee tres grafías: Q, C y la susodicha. El afán diferenciador del nacionalismo vasco no poco tuvo que ver con esta moda y cualquier Coldo pasó a llamarse Koldo y todos detrás, empezando por los Quiques. Mal que les pese a algunos, la K no es letra vasca, ya que esa lengua no tuvo cultivo escrito hasta la Edad Moderna y entonces tomó su escritura del latín y del español.

La K, en su forma actual, está en el alfabeto romano, procedente de la griega Kappa, que a su vez provenía de los jeroglíficos egipcios y en español siempre ha sido una letra marginal, usada para transcribir términos de otras lenguas. Más triste es que, al comenzar la moda, un andaluz prototípico, fino y farandulero, como el futbolista Quico, decidiera de repente convocar a los medios de comunicación para decirles que “a partir de hoy mi nombre se escribe Kiko”. Y todos detrás… Hoy no hay un solo deportista que se llame Quico, como toda la vida. Es como si el Pastor de Andorra nos comunica de pronto que hay que llamarle Galateo Andorra’s, lo que, bienaventuradamente, no se dará.

La K, que era una letra maja y simpática, precisamente por lo inusual, hoy se ha convertido, por mor de su abuso, en signo de majadería e ignorancia.

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comentarios
  1. autillo dice:

    ¡Ké acertada observación de los usos y kostumbres kontemporáneos!

  2. Delicioso…el toque humorístico que necesitaba para terminar el año.

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