EL MAESTRO MONTORIO

Publicado: septiembre 3, 2012 en Canción popular

  A los treinta años de su muerte, cabe decir que con algún retraso, Huesca ha nombrado al compositor Daniel Montorio, hijo predilecto de la ciudad. Recupero aquí las primeras páginas de un libro que publiqué hace ocho años y que fue el primer texto de alguna extensión dedicado a este compositor absolutamente fundamental en la música popular española, el teatro musical y la música cinematográfca del siglo XX*.              

Maestro Montorio. Medio siglo de música popular española, Zaragoza, PRAMES, 2004, pp. 9-27.                     

         

                                                     LA VIDA

 Inicios

 La vida de Montorio es un prodigio de fuerza de voluntad, precocidad y capacidad de trabajo. Venciendo obstáculos para cualquiera insalvables, el maestro, como sin darle importancia, batió récords  que hoy parecen increíbles en una sociedad en la que la música tenía mucho mayor protagonismo que ahora. Pionero del cine musical en España, el más prolífico compositor de música escénica, versátil hasta lo increíble en su facilidad para componer los más diversos ritmos y tipos de música, descubridor de talentos y tantos títulos más, Montorio en cambio ha sido un perfecto desconocido excepto para los recaudadores de derechos de la Sociedad de Autores. Una pequeña exposición realizada en Huesca en 1999 es todo lo que ha deparado Montorio desde que murió hace más de dos décadas.

 Daniel Montorio Fajo vino al mundo el 4 de enero de 1904 en la misma portería que, por una peseta diaria, sus padres regentaban en la calle Zalmedina número 26, actual plaza de Los Fueros. Iba a ser el mayor de una familia de cinco hermanos; Daniel, Ascensión, Pilar, Pedro y José María.

 En una ciudad con tanta tradición de melómanos como Huesca, su padre, Pedro, pertenecía a la Rondalla Sertoriana en calidad de guitarrista e intentó que su primogénito siguiera su sendero a pesar de los problemas económicos. Sabemos que lo llevó al músico impedido de las piernas Alejandro Coronas, que, para aceptarlo, le impuso una condición: si no tenía cualidades, lo despacharía al poco y, si las tenía, no le cobraría nada. Ocurrió sin duda esto último y Daniel demostró rápidamente la celeridad con que asimilaba todo lo que tuviera que ver con el arte musical. En algunas viejas fotos de la banda del colegio de los Salesianos aparece con una flauta de cinco llaves,  obsequio de don Alejandro al que había costado tres pesetas con cincuenta céntimos. Es el primer instrumento que se le conoce, que debió tocar desde pequeño en el dicho centro docente.

 Vistos los avances que Daniel hacía en el solfeo, que entonces se estudiaba a través del método ideado por el compositor Hilarión Eslava, pronto, el maestro le regaló un viejo piano con varias teclas inservibles para que practicara a modo. Pero don Alejandro falleció al poco, la viuda reclamó el piano y fue el hermano de aquel, Eusebio Coronas, quien tomó ahora las clases de Daniel, al que llevó hasta el quinto curso.

 Por otro lado, la llegada del resto de los hijos había forzado al padre de familia a aceptar, por medio duro al día de jornal, un empleo de repartidor del Diario de Huesca. Daniel y la hermana que le seguía hubieron de ayudarle en esta actividad. Con ocho años debía levantarse a las ocho de la mañana para acudir a la imprenta, doblar los ejemplares y correr a distribuirlos. El propio Montorio contaba cómo a veces debía repartir el mismo periódico en el que se reseñaban sus conciertos.

El futuro compositor pasó ahora a estudiar con don Mariano Lloro en cuyo domicilio, en mejores condiciones, podía ensayar a gusto. También este maestro se portó excelentemente con él, según Montorio declararía muchos años más tarde.

 En 1914 entra en la Banda Municipal con la flauta que le había regalado Alejandro Coronas, aparte de estar adscrito junto a su padre, como se dijo, a la Rondalla Sertoriana, dirigida a la sazón por Manuel Sariñena. El joven músico también acompañaba con el piano las películas mudas que se proyectaban en el Palacio de La Luz (Cinema Pardo), ubicado en el actual edificio de Correos. El “palacio” en cuestión tenía un techo de lona con agujeros por donde se filtraba el agua de lluvia, lo que no interrumpía la proyección sino que los espectadores abrían sus paraguas y santas pascuas. Montorio contaba que habían de ponerle un cajón bajo la silla para que llegara  al piano y que aquél solía contener terrones de azúcar, a los que daba buenos viajes. Esta actividad de acompañar las películas mudas proporcionaba mucha soltura a los músicos pues, frecuentemente, debían  improvisar sobre la marcha. La costumbre de improvisar con temas musicales, que debían estar en lo posible integrados en la acción y ser lo más descriptivos posible, le vendría de perlas unos años más tarde cuando comenzase su  actividad de músico para el cine. Daniel cobraba cuatro pesetas por el acompañamiento y, con su ayuda, logró que sus padres dejaran la portería en 1916.

 A los once años Daniel entra en un sexteto, del que pronto será la estrella y tomará su apellido, que tocaba en el Casino, en el Teatro Principal y en el Odeón. En una curiosa foto tomada en Málaga la agrupación aparece con un negro formando parte de ella y con el nombre de jazz-band -como entonces se llamaba a las orquestas con batería y al propio instrumento- en el bombo. Aunque la instantánea no tiene fecha, por el aspecto de Montorio ha de corresponder a las cercanías de 1920, por lo que debió de ser una de las primeras jazz-band que se formaron en España.

 En 1918 fallece su padre con lo que las dificultades se incrementan y Daniel ha de multiplicar su actividad tanto en la música de acompañamiento como en la más seria. De hecho estudia también órgano y en 1921 es nombrado segundo organista de la catedral. Finalmente, gracias a la ayuda de Ramón Mayor, amigo de la familia que les favorece en estos años difíciles, consigue en 1922 ser becado por la Diputación de Huesca con ciento veinticinco pesetas mensuales para estudiar en el Conservatorio de Madrid. Posteriormente, el ayuntamiento también le pensionó un año con la cantidad de setecientas cincuenta pesetas. Montorio decide dejar la pensión a su madre,  vivir de momento con treinta pesetas y trabajar en Madrid para poder llevarse la familia con él, cosa que hizo en seguida.

Músico de carrera

 Daniel llega a Madrid con una pobre maleta y treinta y siete pesetas en el bolsillo pero totalmente formado como hombre y con su increíble capacidad de trabajo, forjada en la necesidad, que será su característica más señera. Al mes y  medio de estancia encuentra trabajo en el teatro Infanta Isabel, donde le dan cinco pesetas por sesión. Entra también como pianista en una academia de variedades, propiedad del maestro Barbero. Le saldrán otros empleos eventuales, como acompañante en casinos y cabarets, que él acepta siempre, al tiempo que ejecuta los primeros encargos como compositor, por ejemplo, el Himno al árbol (1924), con letra de José María Banzo Echenique. Pronto tocará en los sitios más prestigiosos de la capital, como el Palacio de Hielo o el Liceo de la Música.

  Todo es poco para poder seguir ayudando a la familia, de la que es el único sustento pero tiene claro que la prioridad son sus estudios a los que se entrega con avidez. En junio de 1924 termina toda la carrera, que se componía de 23 cursos, entre ellos ocho de piano y tres de solfeo, con premio extraordinario por unanimidad en Piano, Armonía y Composición. Su paisano José María Llorens, que había pertenecido a la Banda Municipal de Huesca, fue su primer profesor de armonía, que luego perfeccionaría con Bartolomé Pérez Casas. Al poco, fue nombrado auxiliar de este profesor, de modo que tuvo que dar clase a compañeros que habían empezado la carrera antes que él. Ejerció esta función durante siete años. Los estudios de composición los hizo con Joaquín Turina y, después, con Emilio  Vega, director de la Banda de Alabarderos. También llegó a sustituir en la cátedra a don Amadeo Vives, los últimos meses de su vida.

 Los primeros triunfos

 Al poco tiempo, comienza su dedicación a la música escénica y en febrero de 1928 consigue estrenar en el teatro Victoria de Barcelona su zarzuela, La moza de la alquería (Altar castellano). Colabora en ella con Jaime Uyá en la composición y Luis Pascual Frutos y Ángel Díaz Enrich en el libreto. Consiguió setenta representaciones, cifra verdaderamente admirable para el fruto de un compositor primerizo.

 El 28 de julio del mismo 1928 se casa con Teresa Bigas, sobrina de Ignacio Llauradó, maestro de capilla de la catedral de Huesca, con la que mantenía relaciones desde hacía ocho años. El matrimonio tendrá dos hijas, Mercedes, nacida en 1930 y que morirá diabética en 1952, y Teresa, nacida en 1932 y también muerta trágicamente a los quince años a consecuencia de una peritonitis. Cuando se celebra la boda hacía tan sólo tres meses que el maestro había conseguido por oposición frente a otros cuatro aspirantes la plaza de saxofón en la Banda de Alabarderos. La obra de examen fue Apasionata de Beethoven. Montorio se preparó el instrumento en un mes y su madre contaba que llegaba con los labios hinchados y tumefactos de tanto practicar. En la banda, que tenía gran prestigio y hacía giras tanto por el interior del país como por el extranjero, forma el quinteto de viento y crea una  orquestina de música ligera. La estricta conexión de la banda con la realeza permite a Montorio entrar en el círculo del monarca y también crea una orquestina ad hoc para amenizar las comidas y otros compromisos sociales de la familia real y con la que hará diversas giras. Con la República la agrupación pasa a llamarse Banda Republicana y Montorio llegará a ostentar el grado de capitán. A esto debe referirse alguno de los que han escrito breves reseñas biográficas del maestro cuando habla de que “durante su época en el ejército creó una orquestina”. Como hijo de viuda, Montorio no realizó el servicio militar pero los miembros de la banda de Alabarderos ostentaban una u otra graduación. Uno de los números fuertes de la banda era Noche en los jardines de España, obra de gran lucimiento y por la que fueron entusiastamente felicitados por los reyes belgas en su visita a Bruselas en 1933.

 De cualquier modo, si se caracteriza por algo la actividad de Montorio en los años treinta es por su dedicación a la música del cine sonoro español de la que es el auténtico pionero. (V. el capítulo correspondiente). También, por sus inicios en el teatro musical, como ayudante del maestro Alonso y como autor de sus primeras obras sin que esto implique que abandone el resto de sus labores. Como acompañante al piano de diversas figuras o como director de orquesta, su dedicación es también incansable. Un acontecimiento fundamental se producirá el 10 de enero de 1934 con la presentación en el Price -con Angelillo, un guitarrista y orquesta de veinticinco músicos bajo su dirección- de la primera ópera flamenca, denominación que hará fortuna y que será  uno de los géneros más habituales en el espectáculo español durante los cuatro lustros venideros.

 La sublevación militar encuentra a Montorio en Barcelona, adonde había acudido para estrenar y dirigir la orquesta de su opereta Bésame que te conviene, ya que el maestro en su dilatada trayectoria no se limitó a componer tan enorme número de obras sino que solía dirigir la orquesta en los teatros en que se representaban. Durante la guerra trabajará, como se vio, casi siempre para el cine en funciones de propaganda, primero para un bando y luego para el otro.

Terminada  la contienda, su ritmo laboral se hace incesante, trabajando, sobre todo, en teatro musical y cine. El maestro tal vez huye con su ajetreada vida de las desgracias familiares que le sobrevienen. En 1944, a los dieciséis años de casado, enviuda. El 19 de noviembre de 1947 fallece su hija Teresita, de tan solo quince años. Al año siguiente muere su amigo y colaborador, el maestro Francisco Alonso, el mismo día en que iba a estrenar Un pitillo y mi mujer. Otro miembro de su familia, su hermano Pedro, había hecho carrera como violinista y en 1949 marchó a Cuba formando parte del conjunto Los Churumbeles de España, que durante muchos años paseó en triunfo la música popular española por tierras americanas. Por cierto, que bastantes composiciones de Daniel Montorio figuran a nombre del tal Pedro, que no era compositor, porque al llegar al tope máximo que entonces pagaba anualmente la SGAE, el maestro las firmaba con el nombre de su hermano para poder cobrarlas, recurso también utilizado por otros autores en época de triunfos.

El 15 de enero de 1950, Montorio y la compañía de Antonio Paso embarcan hacia América para una gira en el que la obra estrella es Róbame esta noche. El debut es en febrero, en el Teatro Blanquita de la Habana que se anuncia como el más grande del mundo con sus más de seis mil localidades. La gira americana, con el gran éxito que solía acompañar a las agrupaciones españolas, entre otras cosas por la nostalgia de los exilados que acudían a verlas, dura hasta el 2 de septiembre en que la compañía regresa a España.

En 1952 muere su hija mayor y Montorio decide volver a matrimoniar, ahora con Maruja Paso, hija de su colaborador, el tan prolífico autor teatral, Antonio Paso y de Carmen Andrés, años antes famosa artista de varietés, y hermana de los también autores y colaboradores del maestro, Alfonso y Manuel.

La ajetreada vida del compositor le había dado poca ocasión a entrar en contacto con su ciudad natal. La ocasión se presentó con el encargo del Himno de Huesca, por parte del Ayuntamiento, a quien va dedicado, con una no muy inspirada letra del Enrique Capella (1906-1985), también músico, casi contemporáneo de Montorio, y hombre tan vinculado siempre a la Rondalla Sertoriana. El himno fue estrenado por el Orfeón de Huesca, dirigido por José María Lacasa, en el teatro Olimpia el 8 de agosto de 1954. Años más tarde incidiría en la hímnica, componiendo temas tan variopintos como el Himno de los donantes de sangre de la Cruz roja (1965), Himno al mini-basket (1966), Himno de la Peña Alegría Laurentina (1966), Himno del Festival de Cante de las Minas (1973) o el Himno a la Cofradía de las sopas de ajo (1978).

A partir de 1952, y durante los próximos once años, se va a convertir en director musical de dos compañías discográficas tan importantes como Montilla y Columbia, que incluía asimismo la marca Regal. También creó la editorial Montorio para la edición de sus propias composiciones.

  En la cumbre

A pesar de su ya dilatada trayectoria, Montorio no había cumplido todavía cincuenta años y, fiel a su imparable actividad, sigue estrenando obras musicales, componiendo canciones para los intérpretes más cotizados de la canción española o dirigiendo orquestas y coros, cuando no hace orquestaciones sobre obras preliminares con uno u otro fin, por ejemplo para discos de Alfredo Kraus o Nati Mistral o arreglando un viejo cuplé para Imperio Argentina, como se refleja en el CD que acompaña este volumen. En el mismo  campo es notable su labor al frente de los Coros de Radio Nacional de España y de la Orquesta de Cámara de Madrid, agrupaciones con las que grabó numerosas zarzuelas en una época en que, pese a la decadencia del género, se llevaron al disco las obras más populares del repertorio nacional, muchas de las cuales se siguen reeditando en el día de hoy. Por citar solamente unas cuantas de las que siguen disponibles en el mercado y, si es en formato long play a precios irrisorios, nombraremos: Alma de Dios, Doña Francisquita, El caserío, El huésped del sevillano, El rey que rabió, La alegría de la huerta, La canción del olvido, La corte de Faraón, La leyenda del beso, La tempestad, La verbena de la Paloma, La viejecita, Los claveles,  Los gavilanes, María de la O… O en una etapa anterior, Marina, con Miguel Fleta y Marcos Redondo.Y, también, otras de ambientación aragonesa, como La Dolores, Gigantes y cabezudos, Los de Aragón o La Dolorosa (1930), la zarzuela de Juan José Lorente y José Serrano que fue la penúltima de las obras musicales importantes de tema aragonés. La que le siguió fue El divo (1942). Grabó también una excelente versión de Las Leandras, cuyo estupendo libreto pertenece al bilbilitano José Muñoz Román. Para estas grabaciones contó con las voces más importantes de su tiempo como fueron, Alfredo Kraus, Pilar Lorengar, Ana María Olaria, Manuel Ausensi…

  Todavía Montorio tuvo otra incursión en el mundo de la zarzuela cuando en 1972 es reclamado por Fernando García de la Vega, encargado de realizar una serie de programas para Televisión Española sobre zarzuela y revista, para que colaborase y asesorara en la parte musical. A pesar de que la serie no fue muy brillante, entre otras cosas porque se optó por actores que pusieran su estampa y doblaran las voces de los cantantes, todavía se reedita de vez en cuando en colecciones de kiosco.

 Sin embargo, la labor más constante de Montorio durante sus tres últimas décadas, como consta en el capítulo correspondiente, fue la preparación de teatro musical, especialmente, en el apartado de la revista y la preparación diversos espectáculos musicales en que los intérpretes más famosos de la época escenificaban sus canciones, hiladas por un leve argumento y sostenidas por una vistosa escenografía. Montorio no sólo escribía las composiciones sino que a menudo dirigía la orquesta en dichos espectáculos. Todo esto sin abandonar sus colaboraciones cinematográficas y combinándolo con actividades múltiples, como la confección de música para los tan populares anuncios radiofónicos de la época, en unión de Ramón Perelló su colaborador más constante. Aún se recuerdan algunos de ellos, como el de la tableta Okal.

 Daniel Montorio muere el 24 de marzo de 1982. Desde entonces, su figura ha estado prácticamente ausente del Aragón que le vio nacer y sin embargo, sus obras siguen siendo interpretadas y generando ingresos en la Sociedad General de Autores y Editores que en 1989, y de acuerdo con su heredera, creó los  Premios Daniel Montorio para promocionar la composición de obras musicales integradas en espectáculos teatrales, el género que el maestro había practicado durante casi toda su vida. Este premio de música escénica se ha concedido a compositores tan prestigiosos como Albert Guinovart (1990), Carles Santos (1993), Joan Cerveró (1996), Carmelo Bernaola (1998), José Luis Turina (2001), Luis de Pablo (2002) o Tomás Marco, que lo obtuvo en 2003 por su ópera El viaje.

 Sería deseable que los actos programados en Huesca para celebrar su centenario tengan la brillantez que la pervivencia de la música de Montorio en la memoria de los españoles de varias generaciones merece**.

*Sólo Quiroga y Monreal presentan una obra comparable.

**Lo cierto es que no fueron gran cosa.

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comentarios
  1. xavierQuiñones deleon dice:

    magnifico trabajo ..por cierto ese himno al futbol de 1923 o 24 puede ser el que impresiono para odeon en barcelona Jacinto guerrero cantado por el tenor JMLloret que por haber sido vocal en la federacion Española del RCD Español tantos años me atreví a subirlo a youtube como el primer himno dedicado a nuestro RCD ESPAÑOL de Barcelona y que ahora esta en situacion bien delicada ..ah tambien subí LEONES ROJOS que fue el himno de la seleccion Española de 1934 cantado por Pablo Hertogs

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