QUEJICAS PERO VAGOS

Publicado: abril 29, 2012 en Artículos

                                                  QUEJICAS PERO VAGOS

 

Nick Johnson, ganador hace años del concurso de vagos del Reino Unido, ni siquiera se inscribió en el concurso porque le daba pereza. Lo hizo por él, su novia, Helen Broom, que, suponemos, tendrá muchas cosas que contar y que, desde luego, debe profesarle un desmesurado amor.

 Nick dirige una tienda de muebles de oficina desde su casa y sólo atiende a los clientes que le llaman por teléfono. Se despierta a media mañana, desayuna en la cama, lee la prensa y, ya puesto, contesta a las llamadas de trabajo. Se levanta para tomar unas cervezas, regresa a casa para comer y se echa la siesta. Después, vuelve al bar, donde realiza su único ejercicio del día: jugar al billar hasta la hora de cenar y acostarse.

 En su hoja de méritos figura también plancharse las camisas sólo por la parte delantera y lavar el coche arrimándolo a una boca de riego.

 A veces, el aragonés, en su indolencia, me hace acordarme de Nick. Mucho protestar de boquilla y encalabrinarse por el robo del arte ribagorzano, por el tranvía y habituales alcaldadas, porque no desdoblan la autopista, por Agapito o por las mil cosas que le cargan de motivos pero de mover el bulto y salir a la calle, nada. Excepto si es con el señuelo acuífero, de lo que habría mucho que hablar. Incluso tiende a votar al mismo que la última vez, por eso de no complicarse la vida con lo de “más vale malo conocido”.

 Un poso de escepticismo, que -provenga de Marcial, de Gracián, de Cavia o de siglos de llevar revolcones a cargo de Austrias, Borbones, dictaduras y gobiernos de toda laya- está ahí, remarcado por el abandono de sus símbolos: la renuncia de Costa, la imposibilidad metafísica del Canfranc, el exilio de sus mejores cabezas…

 Quizá sea de sabios mirar en derredor apoyados en el pensamiento oriental de que aquello que sucede es inexorable; quizá el pesimismo cenizo que nos caracteriza esté justificado por la experiencia y sea lo más conveniente para recibir con resignación los próximos contratiempos pero, a pesar de todo, uno prefiere alinearse con Don Quijote y luchar por las causas perdidas apostrofando, como él hace con su escudero, a los adoradores del mentiroso éxito:

 “Bien se ve, Sancho, que eres villano y de los que gritan: ‘Viva quien vence”.

(Publicado en Aragón Digital el 6 de octubre de 2010).

 

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