UN CUENTO DE BORGES Y BIOY CON TEMA ARAGONÉS

Publicado: enero 8, 2012 en Artículos, Literatura
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Publicado en Gaudeamus nº 2,  abril, 1982.

   

Como es sabido, la amistad entre los dos grandes escritores bonaerenses dio lugar a la colaboración en varias obras, entre las que se cuentan alguna de las mejores antologías publicadas en castellano. Pero, quizá, lo más original de su producción conjunta lo constituyen las colecciones de cuentos que, bajo el seudónimo de Bustos Domecq y Suárez Lynch, aparecieron a partir de 1942, en que se publican Seis problemas para don Isidro Parodi (B. D.). Después, Dos fantasías memorables (B.D. 1946), Un modelo para la muerte (S.L. 1946), Crónicas de Bustos Domecq (1966) y Nuevos cuentos de Bustos Domecq (1977) son las restantes muestras de esta cooperación. Inexplicablemente no habían sido distribuidas en nuestro país, pese al auge de la literatura borgiana, más, teniendo en cuenta que todas se caracterizan por su amenidad, aparte de la prodigiosa recreación lingüística en la que tanto Bioy como Borges son avezados maestros. Esta situación se ha remediado y hoy pueden verse editados por Alianza-Emecé. Es ésta una literatura entre lo paródico y lo costumbrista, donde el sarcasmo –que no los procedimientos- recuerdan a nuestro mejor Valle-Inclán.

Borges y Bioy Casares

 El trabajo que nos ocupa aparece en el útimo de los libros citados publicado por Ediciones Librería La Ciudad, en Buenos Aires, y lleva el título de “Deslindando responsabilidades”. Es el octavo de los nueve que componen el libro y quizá aquel en el que lo feroz de la causticidad de los autores aparece de modo más patente.

 Se trata de poner en solfa tanto la académica erudición provinciana como la chirle literatura localista a la que se aplican, un tanto descomedidamente, rasgos de zafiedad y palurdismo que pondrían los pelos de punta a cualquiera de los abnegados, pero habitualmente cortos de vista, defensores de cierto modo de entender la identidad regional. El propósito de los autores no es, naturalmente, ridiculizar lo aragonés como tal, sino desatar la hilaridad del lector magnificando el tópico y aplicando un aparato erudito a una escritura rancia y desmesurada.

 El pretexto de esta historia de Bustos Domecq es el informe de un tal Mejuto, que reseña un pretendido opúsculo del doctor Puga y Calasanz: Rebusco entorno a las composiciones que por de común se atribuyen a Maese Pedro Zúñiga, apodado asimismo El Molinero, en el que se polemiza sobre la adscripción o no de determinadas obras al susodicho autor. Es El Molinero un rústico que vivió supuestamente entre los siglos XVIII y XIX en tierras del Somontano y que cultivaba el estro popular. Se rinde homenaje al compilador de sus obras, El Conde de Labata, “que señorea las tierras de pan llevar que ciñen las roquedas Guarra (sic)”, y se mientan La Hoja de Alberuela, El faro de Ballobar y un periódico zaragozano, El pregón de Pretilla, como ejemplo de las publicaciones que acogen de vez en vez las publicaciones de El Molinero. Los títulos de éstas nos dan la tónica de su línea poética: Quesillos y requesones, De conejo el escabeche, Gran señora es la toronja… aunque haya quien niegue la atribución de las mismas al vate coterráneo.

 En el relato se mezclan los datos biográficos del poeta, como cuando el conde de Labata hace su presentación en  la Corte y Jovellanos besa en la frente al Molinero, con las disquisiciones eruditas:

 Apoyado en la erudición enjundiosa y en el acumen imparcial, el tesonero Puga acaba de probar que gruesa parte del querido volumen que la casa Rivadeneyra consagrase ¡en pasta española! a nuestro Molinero, es realmente obra de plumas menores, cuando no impertinentes. No hay tu tía. Fuerza es negarle al Molinero los sabrosos romances de rancio sabor popular… que hicieron las delicias de don Marcelino Menéndez y Pelayo y de tanto otro crítico sagaz. Sin embargo, no arriemos demasiado pronto el pendón: tras la doliente merma se trasluce un fenómeno positivo, que nos robustece como el que más: ESTAMOS EN PRESENCIA DEL MOLINERO. Barrida la hojarasca, se erecta ante nuestros ojos el Hombre.”

 Veamos alguno de los versos que consigna Bustos Domecq como pertenecientes a lo más granado de la producción de nuestro bardo:

                                       Al que remude una voz

                                       le darás con la bastona.

                  (“Pláceme a Larrañaga”)

                                   Se te huele, Manuel.

(“Aviso respetuoso al señor alcalde de Magallón”)

                                   Acude, alada hembra.

(“El ave zancuda”)

Se alude también a cierto verso que “helaba la sangre a don Marcelino”:

                         es más grande que dos o tres conejos

 Y “al imponente endecasílabo, que aún ahora sobrecoge y espanta a los auditorios”.

                         Saco la espapapapapapapada

 No falta la alusión a alguna de sus polémicas literarias –tan frecuentes en la época-, como la que mantiene con cierto erudito a la violeta que le reprocha la mala escansión de un verso:

   “¿Mal medido? ¿Mal medido? Le conté con las dedas”.

Así se defiende el Molinero. Como reseña Bustos, el comentario huelga.

 Los datos hasta aquí reseñados nos dan la pauta de la intencionalidad del cuento, pero también nos hablan del extenso conocimiento que de la toponimia local y de ciertas de las particularidades aragonesas poseen los autores. El que éstas hayan trascendido la zarzuela, el sainete y la literatura costumbrista para llegar a la ciudad del Plata, puede ser motivo de reflexión pero también de orgullo. Aunque pocos aragoneses lo sepan, don Jorge Luis, además de Alejandría, China, Islandia, Persia, la India y otros ámbitos más o menos legendarios, también se ha ocupado de nosotros.

V. también: https://javierbarreiro.wordpress.com/2014/10/08/nuevos-cuentos-de-bustos-domecq/

 

Fernández Chelo_Deslindando responsabilidades005

 

                                                                                       Ilustración de Fernández Chelo al cuento que se comenta

 

 

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