PRÓLOGO A “RÍO DE AMOR” DE ROLANDO MIX

Publicado: septiembre 29, 2011 en Literatura, Prólogos
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(Prólogo a Rolando Mix Toro, Río de amor, Ólvega (Soria), Los dichos de la mano, 2006, pp. XI-XVI).

No resulta extraña la incursión de un poeta latinoamericano en este terreno de la poesía erótica, que incluso podría calificarse de sexual, y así lo hicieron Simón Latino y Alfredo Tapia Gómez, que titularon sendas recopilaciones del género, Antología de la poesía sexual de Rubén Darío a hoy (Nuestra América, Buenos Aires, 1959) y Antología de la poesía sexual latinoamericana (Freeland, Buenos Aires, 1969). La propia poesía chilena tiene ejemplos ilustres como los de Neruda y Gonzalo Rojas, que incurrieron con brillantez en estos territorios líricos en los que el amor físico se desborda generoso.

Rolando Mix es un lírico de expresión tardía. Su primer libro de poemas, El espejo y tú (1994), se publica cuando el poeta lleva muchos años lejos de sus lares chilenos y ha sobrepasado los sesenta años. En el siguiente, mucho más cuajado expresivamente, La mar de amor (1999), el erotismo ya tiene una presencia central, aunque en este caso sea un erotismo variopinto y generoso.

Pero los poemas de Río de amor pueden ser calificados como sexuales sin ambages, en cuanto que lo físico es absolutamente primordial y protagonista y, además, es el elemento desencadenante de la emoción. No hay en ellos platonismo alguno, es la certificación de la vitalidad que el otro cuerpo manifiesta y ofrece lo que provoca en el poeta el estallido que lleva al verso. Ved, por ejemplo ese denso poema “Básicamente tú”, donde el poeta fundamenta ese protagonismo de lo corporal, aun conociendo que el pasado lo conforma y que el futuro lo difumina.

Río de amor surge como un reencuentro con la sexualidad de un hombre que, por diversas circunstancias vitales, creía haber culminado su ciclo. El destello, la intensidad y la maravillada sorpresa ante el ejercicio del amor que estos poemas tantas veces muestran tiene mucho que ver con esa mirada primicial de quien redescubre el amor físico, con la gozosa intensidad de quien se interna por lo desconocido, aunque este caso constituya un reconocimiento. La recuperación de un cuerpo amado y sentido sirve para reconciliarse con el propio, para dar alas a la sensación de vida, que un cuerpo en deterioro a veces quiere desmentir. El amor es por naturaleza el terreno de lo imaginario por lo que, aun cuando aparentemente repitamos fórmulas y modos de actuar, la presencia de la fantasía y la imaginación provoca que el verdadero erotismo sea siempre vario. La imaginación interviene sin cesar para perfeccionarlo y reinventarlo. Los amantes crean el amor, y no al revés. Y en esta poesía se certifica constantemente. No existe el amor. Existe el ser amado.

Desde Los 120 días de Sodoma y Gomorra es común entre los libertinos la idea de que las sensaciones auditivas son las más halagadoras y las que producen impresiones más vivas, por eso hay melodías o palabras que nos erotizan especialmente. Sin embargo, Rolando Mix es poeta que privilegia mucho más la comunicación y la brillantez de la imagen que lo rítmico y lo sensual de la expresión. Habiendo en ocasiones un fuerte sentido transgresor, visible en la sinceridad y el excelente y poco usual empleo de términos físicos en relación al acto amoroso, no hay carnalidad en sus palabras, contrariamente a lo que sucede con su admirado Neruda, pero se percibe, en cambio, una fuerte originalidad, por otra parte consustancial a todo lo que queramos calificar de poesía. No olvidemos, además, que el erotismo no se deja reducir a un principio, su reino es el de la singularidad, escapa a la razón y constituye un dominio regido por la excepción y el capricho, por ello su experiencia sólo es comunicable desde parámetros personales.

En Río de amor hay un estilo propio. Rocoso, denso, entre sensual y conceptual, donde se percibe ese deseo de atrapar verbalmente la emoción, lo que no suele ser posible con procedimientos lingüísticos excesivamente lógicos o racionales. Así, muchas veces, esa intensidad, que es quizá el rasgo más notable de estos poemas, se consigue con audacias expresivas —que aunque no debiera ser así casi un siglo y medio después de Mallarmé— llaman la atención, dados los tiempos de tibieza poética que corren. Por eso mismo perjudica a ciertos poemas un regusto retórico que no se corresponde con el tono vital y entusiasta del libro.

Entusiasmo. Es la sensación que nos comunica de sí mismo el poeta. Un entusiasmo reflexivo pero retozón y jocundo. Una suerte de evohé jubiloso que, lanzado por alguien que sobrepasa la edad madura, tiene un aliento más vital, más sincero y creíble en cuanto que se reencuentra con un yo, que abandona el ensimismamiento para proyectarse en un juego de intercambios vitales que incluyen tanto los fluidos físicos como la percepción esencial del otro, sin el cual el yo aparece des-conformado.

“Mi amor es más real cuando lo escribo” proclama Rolando Mix, haciendo cierto el axioma de que es la poesía la que revela al autor y no al revés. Alguien escribió que quien ama a una sola mujer ha comenzado a cogerle gusto a la muerte; la poesía —fundiendo los opuestos— es una manifestación de vida y de temporalidad que, para serlo, reclama el sentido de finitud que se agazapa en lo más hondo de nuestras pasiones. Cuando el poeta escribe: “no existen valores temporales cuando se ama” está reconociendo su peso, pero si algo nos hace dioses y —perentoria y angustiosamente nos redice— es el placer, la práctica de la estrategia del olvido que se filtra en los últimos y hermosos versos de “Engarce atávico”:

                                                            Vamos a remontarnos, amada,

                                                            nada nos perturba

                                                            exprimamos cada minuto

                                                            de nuestra hora,

                                                            ahora es siempre.

                                                 Rolando Mix (Fotografía de Mariano Alfonso)

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