EL COSMOS ZARAGOZANO DEL DIBUJANTE LUIS SANZ LAFITA “RODIO”

Publicado: abril 21, 2012 en Artículos
Etiquetas:, , ,

Publicado en Luis Pablo Sanz Lafita “Rodio”, Universidad de Zaragoza, 1902-1996), 2000, pp. 15-17.

                      

   Resulta difícil explicar desde la distancia como un ilustrador de las posibilidades técnicas y la modernidad de Sanz Lafita no lograra salir del entorno zaragozano ni que siquiera su labortrascendiese apenas, después de marchar a Barcelona, tal vez instalado en un conformismo o fatalismo provocado por un exceso de sentido común o, quizá, por las secuelas de la guerra. Durante los años veinte existió una amplísima demanda de ilustradores de libros, sobre todo por la gran difusión de las numerosísimas colecciones de novela corta[1]. Pese a este amplio mercado, Sanz Lafita se volcó en el peor pagado dibujo para la prensa. De hecho, aparte de sus ilustraciones para la edición de la Vida de Pedro Saputo de 1927, en el periodo de preguerra, sólo conozco unas excelentes portada e ilustraciones para la novela corta de Sara Insúa, La mujer que defendió su felicidad[2], sin duda llamado por el también aragonés José García Mercadal, el director de la colección en que apareció, “La Novela Mundial”[3]. Después de la contienda civil, aunque es muy posible que pudiera haber colaborado en otros, únicamente he documentado su participación en la ilustración de dos libros[4]. Asímismo es curiosa su escasa intervención en una empresa local como “La novela de viaje aragonesa”, que aglutinó y prestó atención a los ilustradores aragoneses y en la que Sanz Lafita se limitó a colaborar en el número 19, Rutas, novela corta de Pedro Galán Bergua publicada el 1 de Noviembre de 1925[5].

   Sin embargo, sus trabajos sueltos de la década 1925-1935 le muestran como un hombre cosmopolita, con un buen sentido del humor y preocupado por los elementos que constituían el aspecto exterior más específico de la modernidad como podían ser el cine y el deporte que, iban sustituyendo a pasos agigantados al teatro y a los toros como las expansiones más habituales de los españoles. Si en 1925 había en Zaragoza cinco cines estables (Ena Victoria, Doré, Aragón, Madrid y España) diez años más tarde contaba se habían agregado cinco más: Alhambra, Madrid, Gran Vía Parisiana Teatro Circo y Fuenclara.

 De los trabajos recogidos en esta exposición, resulta ilustrativo que todas sus caricaturas con relación al cine hagan referencia a artistas extranjeros como Clara Bow, Greta Garbo, Lillian Harvey, Ronald Colman, Janet Gaimor, Bette Davis, Claudette Colbert, Fred Astaire, Ginger Rogers y Lewis Stone, lo que muestra bien a las claras lo que casi era un tópico en nuestras clases más o menos ilustradas: el desdén por un cine español anclado en lo costumbrista, que sólo desde hace poco se comienza a reivindicar[6].

 Sobre teatro[7], en cambio, sólo hay dos caricaturas de Margarita Xirgu, cuya compañía visitó varias veces Zaragoza durante la década[8], y Alfonso Muñoz, actor que trabajó con la Xirgu al menos desde 1921 y de cuya compañía llegó a ser director artístico.

La Garbo y la Xirgu, por Sanz Lafita

 

 

 

 

 

 

La Zaragoza de los años veinte tenía cuatro teatros estables: Principal, Circo, Parisiana y Variedades[9] que solían programar tres funciones diarias, normalmente a las 15, 18 y 22 horas, muchas veces con espectáculos diferentes. Es decir, que el público potencial en una ciudad que en 1925 rondaba los ciento cincuenta mil habitantes era mucho más numeroso que en la actual, que cuadruplica el número y no digamos las posibilidades económicas de sus pobladores. La costumbre habitual de ir al teatro implicaba que la oferta fuese muy diversa y así las compañías solían parar en Zaragoza poco tiempo y además para representa un repertorio de varias obras diferentes. Por supuesto que en la programación predominaba la comedia y sus derivados con mayor vocación cómica, como el sainete y los derivados del género chico. El Principal, frecuentado por un público más acomodado y, frecuentemente, con mayores prejuicios morales, se inclinaba naturalmente por géneros más serios, lo que no quiere decir más interesantes. Por cierto, es sabido que el público zaragozano siempre tuvo fama de difícil y organizador de grandes tanganas. Como Zaragoza siempre fue ciudad de prueba y preestreno, muchos espectáculos salieron de aquí pateados de tal forma que se renunció a su exhibición posterior. Las cosas han cambiado y hoy el “respetable” resulta de lo más manso y acomodaticio, pero todavía a finales de los cincuenta la incomparable Concha Piquer decidió su retirada a raíz de las protestas del público de Zaragoza por algún gallo proferido a consecuencia de una afección de garganta.

 En lo referido a la música destacan la expresiva caricatura del almuniense Rafael Martínez del Castillo (1895-1953), hermano de Florián Rey y uno de los músicos cinematográficos más importantes de nuestro cine. Músico muy precoz, cosechó títulos y premios y ejerció la docencia en Madrid y Zaragoza. Designado por aclamación concertino de la Orquesta Filarmónica y después con la Sinfónica, alternó estos trabajos serios con sus actuaciones en cafés y salas populares hasta llegar a ser el violinista español más solicitado. El muy bello dibujo con ciertos aires expresionistas que reproduce el ajustado paso de una pareja de tango -él con atuendo de “apache” parisino y ella con muy moderna indumentaria-hay que incluirlo en la pasión por esta música que arrasó el país desde 1923 con el primer arribo de Carlos Gardel y las actuaciones constantes de Spaventa, Celia Deza, Imperio Argentina o Celia Gámez. Como es sabido, estas dos últimas artistas vinieron a España como cantantes de tango lo que fue el fundamento de su éxito posterior. La Zaragoza musical de los veinte y treinta tenía numerosos reductos, aparte de la música al aire libre que podía oírse en kioscos de música, verbenas, organillos y ciegos ambulantes. Además de las muy abundantes obras musicales representadas en los teatros, no olvidemos que el apogeo del género revisteril ocupa precisamente la década 1926-1936, había música en los cafés, en los cines, en los cabarets -Lido y Maxim’s fueron los más importantes- o en los complejos de diversiones populares como el Velódromo de los Campos Elíseos el Iris Park o el Saturno Park. Y, a partir, de principios de los veinte, además del tango, comienzan a hacer furor los bailes americanos tanto los importados de los U.S.A., como de la América hispana. El dibujo del bailarín negro ilustra esta tendencia que bien pudo presenciar Sanz Lafita en el café Royalty, sito en la plaza de España cuya orquesta dirigía el maestro Vázquez y de la que formaba parte el albino Cuevas, primer, jazz band que vino a Zaragoza con la compañía de opereta y revista de Esperanza Iris.

                                                  Pareja bailando un tango (1923-1927) 

Un aragonés más que vio limitadas sus posibilidades por el medio. Pablo Sanz Lafita lo probó casi todo, bebió en las fuentes que encontró y trabajó en lo que la circunstancia le puso a mano. Le cayó en suerte vivir en Zaragoza y ser químico. Pero su mano ágil y su mente sintética y aguda le pudieron mostrar caminos que luego no llevaron muy lejos. Del confín marchó a Barcelona y de su labor como ilustrador sólo algunos ejemplos aislados nos dan el hilo de “lo que pudo haber sido y no fue” lamento tan aragonés, tan humano, tan universal, que Rubén Darío ya había ejemplificado en uno de sus estremecedores nocturnos de Cantos de vida y esperanza: “la pérdida del reino que estuvo para mí”.

                                    Sanz Lafita, retratado por su amigo, el pinto Martín Durbán, 1926.


    [1] V. Alberto Sánchez Álvarez Insúa, Bibliografía el historia de las colecciones literarias en España (1907-1957), Madrid, Libris,  1996.

    [2] La Novela Mundial nº 61, Año II, 12 de mayo de 1927.

    [3] Sobre esta colección puede verse el estudio descriptivo de Alberto Sánchez Álvarez-Insúa y Mª Carmen Santamaría Barceló, La Novela Mundial, C.S.I.C, Madrid, 1997.

    [4] Luis Pericot, Alberto del Castillo, Juan Ainaud y Jaime Vicens, Barcelona a través de los tiempos, Barcelona, Mercedes, 1944. 351 pags. con láminas y grabados intercalados de Sanz Lafita y Luis Marsillach, La mujer y la bicicleta, Barcelona,  Mercedes, 1944. 59 pags. con 9 láminas en color y grabados intercalados de Cozzi, Riera, Rojas, Blasco y Sanz Lafita. Manuel García Guatas se refiere también a sus ilustraciones -suponemos que un trabajo muy menor- para un libro de texto, Mon libre de français. Manuel García Guatas, “Sanz Lafita: un dibujante de Zaragoza en Barcelona”, Revista Aragón (S.I.P.A), Mayo, 1999, pp. 16-19.

    [5] Sobre esta colección todavía poco estudiada y que en sus cuatro años de vida, llegó a publicar 71 números entre el 18 de enero de 1925 y el 7 de diciembre de 1928 pueden consultarse: Pedro Montón Puerto “Una aventura editorial: ‘La novela de viaje aragonesa'”, Cuadernos de Aragón, 18-19, Zaragoza, Institución Fernando el Católico nº 18-19, 1984, pp. 211-230. Jesús Rubio Jiménez, “La novela de viaje aragonesa (1925-1928): Crisis y contradicciones del costumbrismo aragonés en los años veinte” en Jornadas sobre prensa y sociedad, Instituto de Estudios Riojanos, Logroño, 1991, pp. 115-130. Eloy Fernández Clemente, “La Novela de Viaje Aragonesa y su entorno” en Gente de orden. Aragón durante la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930). Tomo IV. La Cultura, Zaragoza, Ibercaja, 1997, pp. 51-54.

    [6] Respecto al cine en la Zaragoza de la época resulta imprescindible el libro de Agustín Sánchez Vidal, El siglo de la luz. Aproximaciones a una cartelera I. Del Kinetógrafo a Casablanca (1896-1946), Zaragoza, Caja de Ahorros de la Inmaculada de Aragón, 1996. En cuanto a las salas de proyección:

Amparo Martínez Herranz, Los cines en Zaragoza. 1896-1936, Zaragoza, Ayuntamiento de Zaragoza, 1997.

    [7]  El teatro en la Zaragoza de la época está prácticamente sin estudiar, por lo que es difícil dar un diagnóstico fundado de la situación. V., sin embargo, Francisco Ortega Suárez, “Aproximación a diez años de teatro en Zaragoza: la década de los veinte”, Zaragoza nº 8, Julio-Agosto, 1979 y Eloy Fernández Clemente, Op. cit. pp. 69-88.

    [8] Actuó por ejemplo en el Principal en 1924 y en el Teatro Circo en Abril y Mayo de 1928. En este último representó La noche iluminada, comedia de magia de Jacinto Benavente.

    [9] En 1924 fue comprado por la empresa de los hermanos Parra y convertido en el Cine Aragón, el primero que impuso la entrada única.

Vista de San Juan de los Panetes, 1924.                                                        Comandante Franco, 1922

About these ads

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s